I
- Esto no lo ensayé nunca, te aclaro. Ensayé cómo decirtelo, ensayé cómo sorprenderte, incluso ensayé por escrito al menos 44 maneras para decirte algo por el estilo de esto. Siento que hay algo que compartimos, Allen. Y bueno, cuando terminaste con...- Recuerdo esa época donde mirabas siempre para abajo. Siempre cabisbaja, como si las respuestas de la vida se te hubieran caído al piso, todas desparramadas y seguro que algunas se habían ido por la alcantarilla de una calle sin nombre. Y...
Lisa besó a Allen, en otro movimiento revolucionario, tomó su cabeza, lo dominó sobre la cama otra vez más. Quien lo hubiera dicho, ella llevaba las riendas, su explosión superaba claramente a la de Jana, en intensidad y en imprevisibilidad.
- ¿Desde hace cuanto?
- Meses, días, años... la vida vale lo mismo para mí. Te cuento Allen: una vez me enteré que ibas a visitar a Mili en el internado, todas las semanas. No sé, me estrujó el corazón. Porque yo quería ir y por alguna idiotez mía no me animaba. Y quería...
II
Si. Todo se había iniciado en el barco. De baile en baile, ella se quedaba sentada ahí. Estaba ahí, mirando el piso, y yo de vez en cuando chequeaba que estuviera bien. No lo dije nunca, pero me venía a la cabeza la imagen de que se tirara por la borda. La fiesta estaba muy bien, pero yo empezaba a perder mi paciencia.Y entonces se acercó él. Me preguntó cómo andaba, y las estupideces que suelen preguntar varios. Yo le dije:
Lisa) Salgo pensando que algo nuevo va a pasar. Pero jamás pasa nada. Está todo ahí - señaló la gente bailando en el salón del barco -, pero...
Allen) A veces uno tiene que generar sus propias revoluciones. Sé que vos crees que soy un energúmeno, que hago estupideces sin sentido, que los enanitos de jardín en una bañadera llena de espuma es una imbecilidad. Pero tiene que ver con la creación eso... cuestionable, siempre, pero prefiero ser un imbécil a un espectador.
Lisa sentía que las cosas se iban un poquito más allá, que su mano estaba en la pierna de Allen. También sentía que le gustaban sus ojos, e intentaba ser menos cobarde, menos escurridisa. "Huir de mi misma. ¿Cómo me he acostumbrado a semejante tenebrosidad?".
Orlando se distraía con la chica cualquiera de la que sabía perfectamente que no le interesaba el teléfono, ni si vivía en Barrio Norte, ni si estudiaba antropología o le gustaba irse a Pinamar en verano. Pero llegó a ver que Lisa estaba mirando a Allen que la veía de vez en cuando mientras sus labios parecían morderse un poco más de lo esperado, un poco dando vueltas alrrededor de toda la situación.
Ludi miraba a Orlando que estaba con la otra. Lo odio lo odio lo odio. Si, ya la vi a Lisa. Ya me contó. Le dije que cualquier cosa, la iban a buscar...
III
Me temblaba todo. Él se habia dado cuenta creo, porque mi mano era un sismógrafo marcando todo tipo de terremotros. No sé, me olvidé. Me olvidé de todos, pero lo más importante, me olvidé de mi, me incendié. Ese era mi terror. ¿Qué había de mí si yo misma me olvidaba de mí, si estallaba en llamas?Cuando levanté la vista para mirarla, Lisa estaba ahí, tremendamente cerca, con sus ojos clavados en los míos, diciéndome que...
... ya que vos no pensás hacer nada, lo hago yo. Y todos estos miedos, Allen, son cosas que estoy quebrando ahora. Porque si vos sos un pragmático yo me vuelvo más pragmática. Conozco tus riesgos, conozco lo que le hiciste a Meri, pero sinceramente me siento con tantas ganas de cortarme.
Peor que cortarme es ni siquiera cortarme. Y confundirnos un poco más no nos va a hacer mal. No. Esta vez no, ahora te lo digo porque antes no te lo dije.
Lisa) Tenía ganas de darte un beso.
Mi incapacidad de reflexión me lleva un poco más allá de mi misma, me vuelve tan intrascendental como suelo ser, pero de una manera tan... Si te tomo del brazo es para que vengas, para que me acompañer a cubierta, para huir de los especímenes raros, y de Orlando que reparte su atención entre nosotros y su chica de la noche, y a la pobre Ludi hoy le toca.
Y si nos encontramos de nuevo yo sé que vamos a volver a ocurrir.
IV
- ¿Somos otro accidente, Allen? Tan fácil nos es chocar...
Abrí los ojos y ahí estaba ella. Me miraba. Para sorpresa mía sonrió, pues pensé que entre sus armas secretas habría escondido esas ganas de que me fuera. Pero no. Me besó, me pasó la mano por el pelo. Me pidió que me diera vuelta, que quería estar en mi espalda. Ese hábito repetido... No le dije que no me gusta eso de la espalda, simplemente me di vuelta, a mirar otra de mis improvisaciones, pero sobre todo, reconociendo una mejor improvisadora que yo.
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