¿Presea?

martes, 1 de enero de 2008

I
Según la RAE:
Presea.
(Del lat. praesidĭa, pl. n. de praesidĭum, defensa).
1. f. Alhaja, joya, tela, etc., preciosas.
2. f. Cuba. Medalla que se otorga al ganador de una competición.
3. f. ant. Mueble o utensilio que sirve para el uso y comodidad de las casas

II
Todo comenzó cuando yo estaba parado, esperando en esa barra improvisada, que todo ocurriera y que me alcanzaran una cerveza. Aproximadamente a los cinco minutos cayó ella, una chica morocha, más bien menudita, y definitivamente con carácter. Ella, tan resuelta en sus modos de conquistar al mundo, posó sus brazitos en la barra, y reclamó lo mismo que yo esperaba.

Digamos que estaba empañado, más que de costumbre. Así como descubrí que no me animaba a ofrecerle de beber a Guillermina en la reuniones de amigos, tampoco me animé en ese momento a decirle a la muchacha algo. Del lado de la cocina, estaba el que asumo era el dueño de casa, que obviamente escuchó primero el llamado de la recién aparecida chica.

Jan) A ver qué tenés por ahí. Por favor, evitemos la Schneider, que no es cerveza. ¿Esa verde que tenés ahí, qué es?

Decidí que era la excusa inevitable, que debía interceder. Tanto por no quedarme sin cerveza, como para saber quien era la del paladar refinado y carácter notorio.

Allen) Eres una chica muy inteligente. Necesito una de esas también - le dije al de la barra/cocina.

Jan) Claro, porque vengo tomando de esa hace rato. No me la banco.

Allen) Me temo que debe haber una única verde. Tendremos que compartirla.

Jan) Vos podrías tomar de la otra, ¿no? - A todo esto, ella ya se servía de la verde que le había alcanzado amablemente el bartender improvisado.

Por suerte se hizo la dura, y era sólo una broma. Fue cuestión de milisengundos para que le preguntara cómo era su nombre, y qué hacía ahí.

III
Al salir al patio, acompañado de Jan y su charla, y su no tan encantadora voz, noté que los muchachos me miraban. Fue tras un breve lapso de tiempo que me informó Orlando que Jan había estado hablando largo y tendido con el recién llegadito Oliver. Digo recién llegado porque el personaje había arribado a Buenos aires justo ayer, de su larga estadía en Paris.

IV
La relación entre Allen y Oliver, es cuando menos, tensa.

Ambos personajes intentan lucir una intelectualidad no en pocas oportunidades exasperante. Mientras uno definitivamente es más pragmético (Oliver), el otro es más un utopista perdido en su propia fábula.

(Los recientes destellos de pragmatismo de Allen no denuncian sino la disfuncionalidad de sus utopías, pero no lo vuelven definitivamente un pragmático).

Ambos pequeñoburgueses fueron criados en familias "bien". Fue Oliver quien luego apuntó a los lugares más altos, mientras que Allen se perdía en las mencionadas utopías, sus inventadas ciclotímias y esa manía contestataría, pero jamás revolucionaria.

Oliver es sabido como mucho más sociable que Allen. Allen es reconocido por su mayor capacidad de relfexión. Oliver dirige las luces del escenario hacia él. Allen levanta la mirada, para darse cuenta repentinamente que está en medio de la escena.

Oliver pudo irse a Europa. Allen, debe conformarse con proyectar ese destino.

Pero por más que la relación entre ambos sea tensa, aclaremos que son amigos legítimos.

V
Oliver) Digo, podrías haber preguntado, ¿no?

Allen) Mirá, tengo entendido que no estabas en nada con ella. Yo me quedé charlando, sin estar al tanto de nada de lo que contigo ocurría, y paf. Tenés un sentido de la propiedad algo extendido. Vamos oliver, no me vengas con eso che. Hace un año que no te veo y me venís con esto.

Oliver) Si, lo sé. Pero venís medio afilado. Creo que el corte definitivo con July te cambió. Bah, hace demasiado que no nos vemos, efectivamente.

Allen) Dejame a Jan, que me llevo bárbaro. Total, no pasó nada. Vos sos mucho más carismático que yo, enseguida te arreglás con otra.

Oliver) Si - sin ocultar cierto displacer-. Igual te digo que la remé como un condenado con esa piba eh. Veremos como va la cosa, yo la llamé hoy.

VI
Efectivamente, nada pasó entre Allen y Jan. Tampoco pasó nada especial con Oliver. Pero Jan se reía, mientras le enseñaba el paso de "dame gasolina" a Allen, que no sabía no cruzarse. El peor bailarín del mundo. Al ritmo de presea, presea...

Yo no sé cómo explicarlo. Entiendo que podría haber hecho mucho más, que no tendí abrazos ni nada. Cuando terminamos sentados charlando a un lado del jardín, no hice nada. Y repentinamente nos fuimos.

La cruda verdad es que me volví inoperante otra vez, creo.

1 comentarios:

Lucas Tañeda dijo...

bravo tomká, avanti con este diario de vida literaria. Muchos tópicos reconocibles, la botella verde me suena...
Abrazo
Luc