I
- Che, creo que acá paramos. Hey...Abrí los ojos, y efectivamente el micro se había detenido. Era un estacionamiento ámplio, con ganas de recibir autos con familias y amigos, turistas franceses recorriendo sudamérica, en fin, todos fugitivos de lo que somos día a día cada uno en su ciudad. Un parador grande, al que bajamos a cenar.
Me levanté, me estiré, y de mi asiento empezaron a caer latas vacías de cerveza.
- ¿Y vos sos el que tiene problemas para dormir? -reía Feli.
Mientras el Bob, Orlando y Oliver se habían quedado en Brasil, Felipe y yo debíamos retornar a nuestras obligaciones laborales ese lunes. Matilda sea... digo, maldita sea.
II
El viaje: Casi me caigo de un risco directo al mar, estrellamos un auto en plena carretera de jungla, yo me había lesionado la rodilla y debido a una ola de pequeños destrozos lugareños tuvimos que abandonar Guarda. El detonante fue el cono de seguridad vial que terminó en nuestro living, el cual yo recordaba haber tomado prestado, pero había olvidado para qué.
- Seguro fue para señalizar cuando no se puede entrar al baño.
- O tal vez, para las mañanas, porque siempre que nos despertamos esto es una zona de desastre.
- ¿Sabés qué va a pasar cuando vuelvas? ¿Vos decís que ella te espera, o algo?
- Che, hay abejas en todo el living.
Mientras yo trataba de limpiar la zona, las abejas se precipitaban sobre el tacho de basura y el gran balde de caipirinha que había hecho Feli. Orlando aún dormía, y Bob miraba apático desde su cama. La noche anterior habíamos tenido visitas, una salida a la playa nocturna, fogón, guitarra y dance.
- Me imagino que hablaremos. Aunque ya no trabajemos juntos, no creo que quede todo ahí.
III
Meri me miraba fijamente. Había decidido largar todo, y aunque hacía fuerza para no llorar, estoy seguro que al despedirnos y dar la vuelta a la esquina, el resto fue llanto. Yo me iba esa madrugada de viaje, y había optado por salir, estar en casa a las cinco, y luego ir a Retiro. Entonces salí con Meri.Fue en Plaza Serrano, tierra de buena cerveza, ambiente agradable y picadas con mucho queso. Al recapitular la charla (que July, la cerveza, Soda Stereo, comida y comida, los jefes conflictivos, etc), tengo esa sensación de ser yo muy poco divertido.
Cuando salimos del cantobar, ya se hacían las cinco, y llegó el epílogo:
- Allen, sabés que siento cosas por vos. Y sé que a vos no te pasa lo mismo. Es difícil decírtelo, pero esta es la última vez que nos vemos. Me voy, y no me verás cuando vuelvas.
Si mi oratoria es mala, la misma se vuelve pésima en momentos donde las palabras son cruciales. Y contesté como ese imbécil que puedo llegar a ser:
- Entiendo lo que decís. Pensé que eso ya había pasado, que las cosas estaban más ordenadas. Pero me equivoco una ves más. Me ha pasado, y creo no puedo hacer nada para evitar que te vayas.
- Me voy, y me voy porque sos mi historia de amor fallida, que renguea hasta el día de hoy. Sé que me voy a arrepentir, que voy a querer volver, pero no. Esta vez no. Voy a extrañar tus cuentos sobre Gallagher, los desvaríos con tus amigos, que me lleves a casa porque estoy medio borracha, que pases un rato a casa, y ni hablar de tus imitaciones de mi jefe y tu ex jefe. Pero a esta altura, todo eso sinceramente me hace mal.
Y eso fue verdaderamente lo último que supe de ella.
3 comentarios:
Hace rato que paso por acá y leo con ganas tus diálogos. Me cuesta reconocer si son ciertos, mitad ciertos mitad mentira o directamente mentira ficcionalizada. Igual es algo que no me interesa corroborar, porque está bueno el borde en el que transitan tus palabras. Además -y esto lo digo con envidia sana- te sale muy bien escribir diálogos!
Saludos por ahí.
Salud!
Qué grossa Meri.
¿vos estás borracho cuando comentás mi blog?
Niña Sta.: Agradezco sus palabras de aliento. Alégrome de contarla entre mis readers.
Paz: Nó. Y no festeje a Meri, pls. Igual te quiero.
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