- Te molesta lo efímero que nos sentiste, claro. ¿Te cuento algo? A mí también me molesta, y me molesta por ser un intento fallido, pero no sólo eso, sino por serlo precisamente con vos. Es lo tedioso de este tipo de accidentes.
- Y ahora me vas a decir que te arrepentís, Allen. Que quedarnos charlando en la cubierta de un barco se ha convertido en delito, que seremos condenados por sostener nuestra propia irrelevancia en la práctica. Sí, a mí también me molesta... Lo sé... Pero en tu irrelevancia, ya no te puedo ver como antes.
- Ni yo tampoco. No adhiero a esa verdad explosiva de la nada, a ese ser que se nos va, que es como si no hubiera estado y somos de vuelta los mismos. Pero no me arrepiento, pues evidentemente se nos escapó. Y perdón que te lo diga, pero tu actitud me pareció reveladora.
- ¿Reveladora de una depresión que llevo dentro, de un invento maltrecho que me pesa sobre todo los fines de semana? No me malinterpretes Allen, no sos el culpable de esto, vengo fallada de fábrica.
- Jamás me gustó cuando te tratás así.
- Vos también lo hacés - noté que Lisa usualmente no me mira a los ojos cuando me tira esta serie de críticas.
Ni Orlando ni Esthershack saben demasiado de esto, pues justamente suelen hacerse menos problema, saberse una de las millones de estrellas en el universo. El tema es que noto que Lisa no sabe, al igual que me ocurre a mí, resolver este tipo de inconvenientes.
- Mirá, no tengo demasiado para decirte. La paso bien con vos, pero algo no está bien, creo que tengo otras cosas atragantadas. Pero no te agradecí jamás el haberme escuchado, el haber estado ahí sólo para reconfortarme. Me gustaría...
- Terminamos los dos envueltos en una complementariedad de la que no nos percatamos del todo. Y sí, resultamos en algo que se pensó de más, o que no se pensó. No me arrepiento porque lo peor que podríamos haber hecho era no tomar cartas en el asunto.
- Te conté que Julieta no me habla, ¿no?
- Al unísono nos pasan las cosas, pues Valery a mí me costó un muy buen amigo.
- No me interesan tus conquistas.
- No son conquistas, y ciertamente sé que no te son interesantes. Pero son cosas que ocurren, Lisa. Lamento lo de julieta, pero la entiendo. Tampoco me debe tener mucho afecto a mí por eso. No fue nada planeado, no te morifiques.
- Es que no logro sacármelo de la cabeza. No sabés el cagazo que tenía, le tuve que contar. No te odia, pero a mí no me habla. No dormí esa noche, me acordaba de vos, de cuando contabas lo de las 72 horas de insomnio. Me puse nerviosa, jugué al pacman en la compu, temblaba. Al otro día llamé a la oficina para decir que me sentía mal, para esperar a un médico que jamás apareció.
¿Cómo abrazarnos sin que signifique nada? No, no es que no signifique nada, es que estamos aún más al tanto de nosotros. Te siento imposible, pero te siento. No te traicionaré esta vez, aunque no me creas, no te voy a traicionar.
Los unísonos
jueves, 6 de marzo de 2008
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