acto 1

viernes, 17 de julio de 2009

I
En el medio del escenario, sentados alrededor de una mesa, se encuentran Orlando y Felipe. Ambos toman cerveza y ríen, no se escucha precisamente de qué. La decoración insinúa una taberna un tanto vieja, pero cálida, con luces ambar y telas rojas colgadas en el fondo. Sobre la mesa están los dos chops medio llenos de los personajes, uno más vacío, y una botella de cerveza empezada.

Orlando: Hubieras visto su cara... jajaja! Dijo que se encerraría hasta el mes que viene, que cancelaba todas sus actividades. Ni nos saludó, ¡se fue!

Felipe: Porquerías. Se ha ido de mambo con testo de la gripe. Ya ni observo sus mails. Ya ni atiendo sus llamadas. Está cooptado por la paranoia, su historia me tiene harto.

Orlando: Hablando de escritos, el correo de Allen fue un tanto rudo. Venía todo caldeado, ¿hacía falta tal intervención?

Entra Allen por la izquierda, llevando su clásica mochila cruzada. Luce un tanto preocupado. Se sienta rápidamente dejando la mochila en el respaldo, junto a los dos personajes. Toma el chop vacío y se sirve. Orlando y Felipe lo observan.

Allen: ¿Qué?

Orlando: Pues, ingresaste así nomás, con esa cara... Nosotros somos los que estamos preguntándonos "¿Qué?".

Allen: Queridos compatriotas, tengo la teoría de que... tengo la teoría de que me han saqueado. Se han llevado algo muy importante para mí. ¿No lo notaron? En realidad creo que me lo han quitado el pasado viernes. Mmm... Eso explicaría lo poco sutil que fue esta semana.

Felipe: ¿Qué? Hace rato que no noto nada. Notar las cosas sólo me llevó al extravio. Que es precisamente un estadío en el cual uno no nota las cosas, viste. Creo que es una cuestión de equilibrio, tenemos que pedir otra cerveza.

Felipe hace señas a fuera de escena, para que le traigan otra botella.

Orlando: ¿Otra de tus teorías?

Allen: Otra de mis teorías... mirá, es obvio. Es obvio, y vos deberías haberte dado cuenta también. Pues me robaron la creatividad, hermano. Ya está, no la tengo.

Orlando: ¿Qué? No puede ser. Te preocupás al pedo, no creo que nadie se haya llevado eso.

Allen: ¿Te parece? ¿Y qué ocurre si te digo que ya no está? Ya no la hallo donde siempre la dejo...

Orlando observa molesto. La moza aparece por la izquierda, les deja otra botella de cerveza. Felipe se sirve de ella precipitadamente, luego le sirve a Orlando y simultaneamente comienza a tomar de su chop. Allen, con cara de repentina iluminación, saca un papel del bosillo. Anota algo en él con una birome.

Allen: Es simple de demostrar. Mirá, tenés que decirme qué escribí aquí. Es completamente predecible.

Orlando: ¿Qué?

Felipe: Escribiste "Malditos Jonas Brothers".

Allen muestra el papel. Orlando y Felipe lo observan, luego se miran entre sí.

Orlando: Malditos Jonas Brothers... no sé por qué pero estuve a punto de decir algo por el estilo.

Allen: ¿Ven? No digo pabadas, es así como digo. Encima yo...

Orlando: ... dependés de eso todos los días, es una de tus principales preocupaciones. No te preocupes, tampoco es que se vaya a acabar el mundo porque tu marketing sea predecible.

Allen: ¡Sí! Soy completamente predecible. Hasta podés vos terminar mis frases, no hace falta que diga las cosas.

Felipe sigue tomando de su chop, con los ojos bien abiertos, mirando a Allen. Este se termina de un trago largo su bebida y vuelve a servirse. Levanta el chop, mira como el líquido amarillento se trasluce.

Felipe: Pensás que en una de esas lo tenga... ¿July?

Allen: Sí, sí. Ya pensé todo eso. Es obvio que pensé eso, que es así, que tengo esa idea. Que es completamente predecible que tenga esa idea. Claramente, pensé en ella porque hace rato que no sé quién es, y por otro lado, era algo que ella siempre destacaba de mí.

Orlando: Pues debes pegarle una visita, ¿no?

Allen lo mira, hace un gesto de "bueno, si no queda otra". Se termina su chop de cerveza.

Allen: Deberíamos haber pedido cerveza negra...

II
Una muchacha plancha, mientras escucha música de jazz, a un volumen moderado. Canta de vez en cuando, y hasta le sale algún pasito. Por la derecha ingresa Julieta, caminando pero sin mirar, observando unos cuadernos, anotando cosas. Parece que está haciendo cuentas, está muy concentrada en lo que está haciendo.

Suena el portero. July no lo oye, así que algo molesta, la muchacha va y atiende.

Muchacha: ¿Hola? Sí, Ah. Emm, sí está. - Le hace señas a July, que no registra nada de lo que pasa-. Aguantá.

Cuelga el portero. La muchacha mira a July, que continua leyendo absorta sus cuentas.

Muchacha: ¡July! Hey, hooola.

July: ¿Eh, qué? La música no me deja oir.

Muchacha: Bueh... Es para vos. Allen está abajo, toco el timbre. ¿Lo hago pasar?

July: Eh...

Julieta se ha quedado un tanto sorprendida. En realidad no dabe qué hacer. Sin mirar lo que hace deja su cuaderno sobre la tabla de planchar. Ent0nces vuelve a sonar el portero.

July: Uuu, ok, ok, voy voy. ¿Hola? Allen. ¿Qué pasa? Sí, estoy... ¿Que necesitás qué? ¿Y yo qué tengo que ver con eso? Mm, mira, no puedo ahora. No, en serio, estoy ocupada. Sé que es importante, bueno, pero... Mirá, si querés te llamo a la noche a ver como... Ahora no, por favor, que estoy en medio de una cosa. Que noooo. No me digas eso. Puf... Te llamo a la noche, en serio. Chau.

Logra colgar el portero. July se queda pensando, mirando la nada. La muchacha sigue planchando, mientras mira de reojo qué hace Julieta. Nada, no responde. Finalmente levanta la mano, en un llamado un tanto grosero, para que se lleve su cuaderno. Julieta la ve, se apresura a tomar su cuaderno, pero antes de irse lo deja sobre un banquito.

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