Mientras mi coherencia vuela vaya a saber dónde, Lisa logra reirse un poco. No sé qué convicciones la llevaron a eso, pero ahora comprendo un poco cómo terminamos acá. Al principio la miré, quería enojarme pero no podía. Mi coherencia hacía rato que no importaba, no así lo otro.
- Entonces, no la tenés vos...
- ¿Qué? - dijo ella, entre risas-. ¿Qué puedo tener yo tuyo? Además, vos tenés también algo mío. Jamás lo reclamé. Jamás te pedí nada. ¿Es justo?
A veces pienso que hay algo que ella no me perdona. Tampoco entiendo tanto por qué. De alguna forma, ya perdí el interés. Volví sólo por eso... Pero me ha disparado una pregunta: ¿yo tengo algo de ella?
Entonces busqué en mi cabeza, miles de pedazos. El barco, todo me llevaba al barco. Lisa me miraba, me decía "sabés de lo que te hablo". Claro que sé, pero no me acuerdo. No lo tengo del todo claro, es más una intuición que una certeza, más una silueta borrosa que una foto en alta resolución.
- Claro. Te confieso algo, me hubiera encantado poder llevarme esa tristeza tuya. Pero creo que me equivoque, por eso no lo tengo en claro. En mi mano estaba, parte de su inocencia.
- A eso me refiero. Mi tristeza no me la podrán quitar jamás. Pero si hay algo que te llevaste fue mi propia navieté. ¿Sabías que podés lograr que la gente se sienta un tanto estúpida? ¡Y encima no tenés la culpa! Hay momentos en los que lográs esquivar toda responsabilidad de los hechos.
Le tendí la mano para que tomara su inocencia. Ella miró, se rió. Era obvio que no la quería. "Jamás te pedí nada". Tender la mano hacia la nada es algo que ya me tiene mal acostumbrado. No me sorprende, y menos de ella. Pero tampoco me siento triunfador.
- Pensás que todo es diferente desde ahí, ¿verdad? - le dije-. Ahora estás más preparada, o te deshiciste de eso que te molestaba. Pues no te das una idea, Lisa...
Simplemente me vi alzar la mano, dejar su pluma volar, la pluma de su inocencia, blanca, un tanto despareja. Y flotó, se fue lejos, parecía escabullirse por los edificios, en busca de alguna idea sutil que alimentar. Ambas plumas se copertenecen. Fueron extraidas al mismo momento, bajo la misma quimera. Antes de partir hacia la escalera, de retornar al mundo, continué mi frase:
- ... no te das una idea, de cuánto te equivocás.
Coherencia (II)
martes, 14 de julio de 2009
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