(Perdón, es que no se me ocurren cosas. Esto es parte de una escena que se elucubré hoy)
Simple, efectiva. Ella puede ser tan fría cuando quiere. Aunque la conozco, sé que las cosas no son tan como ella las pinta, que Lisa es simplemente una idea que se me escurre por la cabeza a la hora de pensar en "oh, una fachada". Pero ahora luce un tanto enojada, un tanto molesta, porque sabe que vine a buscarla, que ella tiene algo que es mío y que preciso...
Nuevamente coincidimos en cualquier lugar de Buenos Aires, en cualquier fiesta de cumpleaños. Dejé a los chicos en el piso de abajo. Lisa se perdío por la cocina, se metió por el lavadero, subió las escaleras, está en la terraza. Qué descaro, ni siquiera es su casa. Qué estúpido, me siento en una misión secreta al querer alcanzarla. La necesito sola.
Tengo que llegar a la terraza, pero la pesada de (no recuerdo el nombre) me sigue hablando de algo así como...
- ... proyectos online. Vos lo debés saber, tanto tiempo lidiando con esos cuentas, esos clientes, esos vende patria. Yo soy una persona muy esquemática, no quiero que me saquen de mis casillas con que...
- Claro - contesto-.
No me interesa la conversación en absoluto.
No quiero que nadie se entere dónde estamos. Seguro vos tampoco, ¿no Lisa? La terraza es tan tuya, pero no te preocupes, aquí voy, aquí vamos, aquí estamos. Creo que terminé la conversación con un cordial "me tengo que ir". Entonces: cocina, lavadero, escaleras... dejé una escoa cruzada, como un símbolo de "no pasar". Me sentí uno de la guardia urbana implotando por autoridad. Finalmente, terraza.
- Algo que vos y yo compartimos son las escapatorias, ¿sabías? - escupí mientras ella no me veía.
Lisa se dio vuelta repentinamente. Estaba fumando.
- Ah, sos vos.
- Bueno, tenés que entender que tu refugio no tiene nada de inviolable.
- Allen, ya sé que no estás de acuerdo, pero la verdad, no tengo ganas de hablarte. Nunca más. Ya sé que vos hablas de accidentes, de choques, de cosas que suceden, pero bueno. A mí me cuesta más que esas explicaciones entender las cosas. Seré estúpida...
- No sos estúpida, para nada...
- O seré simplemente rara, pero la verdad es que no tengo ganas de sermones.
- Sermones no - dije-. Pero creo que tenés algo mío, Lisa. Sabés perfectamente que te llevaste algo que no es tuyo. Puedo entenderlo, son cosas que pasan, sobre todo cuando ambos nos accidentamos. Pero no entiendo que no hayas intentado siquiera devolvérmelo.
Caigo en un detalle. Ella no puede tenerlo. Pues lo perdí hace poco, y ella hace mucho que no aparece por mis pagos. Garrafal error, me lo merezco, pero acabo de hablar.
- Bueno, sí, tengo algo tuyo. No sé. No lo devolví porque me pareció linda en cierta forma, tan... ordenada, tan... simple. Por otro lado, cuando pasó lo nuestro me dio rabia, aunque no fueras tan culpable. Rabia con eso, con tu coherencia, y entonces si había fallado decidí que no te la quedaras.
Eso. Mi Coherencia. Lisa no tiene lo que busco, pero tiene mi coherencia. Cierra perfecto, claro. Desde hace un tiempo que la he perdido, lo cual es lógico. Ella la tiene.
- Bueno - la increpo-, sería bueno que me la devolvieras.
- ¿Sería bueno que te la devolviera? Chanfle, no tengo ganas - saca su mano del bolsillo, tiene el puño cerrado-. Tu coherencia, claro, acá está, pero... ¿Para qué la querés, si no funciona?
Probablemente fuera cierto. Pero de todas formas, no me gustaba que ella se la hubiera apropiado así nomás. Es una cuestión de principios. Si quiero ser incoherente, quiero que sea por elección, no porque alguna me robó mi coherencia. Entonces me aproximo a ella, que me mira tranquila, sin deseo, sin excusas. Expuesta en su propio terreno, en terraza ajena. Ella es visitante en todos lados, por eso se mueve siempre como si fuera local.
Su puño cerrado. Intento tomarla del brazo. Ella se resiste. Me desafía, sabe que no quiero que esto pase a mayores. Entonces me provoca.
- Lisa...
Tomo su muñeca, quiero que abra la mano, que me de mi coherencia. Ella me golpea en el hombro. No me duele. Si hubiera querido lastimarme hubiera hecho otra cosa mucho más predecible. Pero no, elige perdonarme. Ella tampoco quiere escándalo después de todo.
- ¡Soltame!
No puedo obedecerla.
- ¡Basta! ¿Para qué? ¿Para qué, Allen? ¿Para hacer cualquier cosa otra vez? No somos nada, no sos nada. Pero perfiero que te pierdas intentando alguna locura con pretexto de incoherente, antes que te vuelvas a resguardar sobre esto.
- Abrió la mano, la ví, mi coherencia. Sí, la recuerdo, mi coherencia, esa especie de estructura, de efecto de seguridad perpetuo, de idea de la vida clara y elocuente.
Intento agarrarla, pero ella escabulle su mano, la hace girar. Ríe, se deja ir, da vueltas, parece borracha. Intento agarrarla, pero soy un acto fallido en una noche cuyo éxito no acepta reservas. Si creo que voy a obtener lo que quiero, me equivoco.
- Allen, pará, no deberías. Esto -señala a mi coherencia-, es una mentira Allen. No te sometas a esto. Entiendo lo que quieras, menos lo que vos querés.
- Lisa, no es algo que te toque decidir a vos.
Me acerco nuevamente, la tomo del brazo, ella se suelta, me da un beso en la frente pero huye. Entonces, llegnado al borde de la terraza, en el límite con la casa de al lado, ella se detiene. Me mira, me ha clavado los ojos. Sostiene a mi coherencia con su mano izquierda, la agita. Es escuchan las voces de la fiesta, una canción, el barullo.
- Allen - decreta Lisa- Esto se va... Mirá, se va.
Entonces arrojó mi coherencia al aire. Flotó. Hubiera querido saltar para agarrarla, pero volaba como una pluma. El aire la hacía bailar, seguía yéndose, escapándose. Lisa y yo la mirabamos alejarse por la noche nocturna como una pluma que se ha escapado, vaya a saber a dónde llegará.
De todas formas, no era lo que pensé Lisa tenía de mí.
(esto debería ubicarse hacia la mitad de lo que sea que estoy tratando de escribir)
coherencia
lunes, 13 de julio de 2009
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2 comentarios:
No se debió dejar escapar la coherencia! Es lo único que cuenta en estos tiempos...
Es que era una desfachatada!
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