I
No sé por qué mencioné mi pésima memoria. Ella contestó "por favor, acordate de nuestros lindos momentos".
II
París me parece hermoso. Siempre quise estar aquí, y aunque no te conocía la primera vez que vine, siempre quise venir con vos. Entonces vos dijiste que se trataba de "Buenos Aires, pero atavesada por el Sena y con una torre de metal en el centro". Me tomaste por sorpresa. Tan espectante, tan ilusionada. Y vos me decís eso.
Todo eso fue después de la borrachera que me agarré en ese pub, porque vos pediste esa cerveza tan fuerte. Tomé dos sorbos, y me cayó de lo peor. Eloise se rio cuando le conté. Se imaginaba cómo vos me tuviste que llevar arrastrándome por las calles de París hasta el hotel. Me gusta parecer tan desequilibrada con vos, porque tengo la libertad de hacerlo. Total, vos estás, me llevás, amás a mi desequilibrio como me amás a mí.
Entre risas pudimos entrar en la habitación. Creo que ni llegué a desvestirme. Siempre dijiste que tengo el sueño fácil. Tenés razón.
III
Ahora me siento bien, no se preocupen. Tampoco es que iba a estar herida toda la vida, simplemente son cosas que suceden. Ya volví a salir los fines de semana, dejé de llamarla a mi madre a las dos de la mañana para decirle que me sentía mal. Además estoy comiendo menos, porque la depresión me estaba matando.
Cuando realmente me sentí superada fue cuando Pablo me invitó a salir, y me di cuenta que sí, que quería salir con Pablo. Un muchacho atento, creo que siempre me estaba esperando, pero como yo estaba de novia se portó como bien. Incluso cuando terminé con Paliers me dio un tiempo, me dejó tranquila. Cuando le conté pensé que iba a darme la razón en todo. Nada que ver, simplemente escuchó, opinó sobre algunas cosas, me explicó otras.
Entonces ahí estaba yo, con esa sonrisa boba que suelo poner a la tarde cuando salgo del estudio. "Otro boceto devenido en pieza". Tal como me había comentado ese otro sujeto -al que quiero mucho-, un día resulta que hace seis meses que dormís con alguien a tu lado. Bueno... no seis meses, pero...
Pero bueno, me desvié. Ahí estaba yo, con esa sonrisa boba. ¿Vieron cuando una no siente el peso de su historia? Como si me hubiera liberado de esa lágrima que no terminaba de caer desde mi cachete. Bailando con Pablo. Eso es lindo. Realmente lindo.
El otro hijo de puta me manda un mensaje: "todavía no descolgué la foto nuestra en Cataratas". ¿Para qué necesitaba esa notificación? Rompí a llorar instantáneamente. No tenía más ganas de salir, y pedí pizza en casa como cuatro días seguidos. Además, le daba explicaciones a Pablo. No sé ni qué dije, pero sé que... un pasito para adelante, dos para atrás.
IV
- ¿Vale la pena? -pregunté- Tengo miedo. Sinceramente tengo miedo, no sé qué pensar de vos, de mi, de tus modos contra mis ideales... -entré a reir, un tanto nerviosa- ... ideales. Me molesta que me digas esas cosas, ¿quién te crees para quererme? Un desubicado sos.
- Es que... estás tan en tu lugar que me sacás de quicio.
Siempre tenemos este tipo de intercambios en los que yo protesto y él me señala a mi como la culpable. Es nuestra química, nuestros besos son eléctricos porque no son del todo acordados, siempre tienen un elemento sorpresa.
- No sé cómo decírtelo, pero aún no. No me siento segura. No sos vos, s... perdón, casi caigo en tremendo cliché. Lo que quiero decir es que no me gusta pensar que no vaya a funcionar. Y sé que pensás que soy una pelotuda por decirte esto.
- Claro. No puedo obligarte.
Odio cuando se da por vencido tan fácil. ¿Es que acaso te quedaste sin argumentos? Hay veces que me pregunto por qué te sigo escuchando. "No quiero obligarte". Quedate tranquilo, que no podés obligarme, eso ya lo sé. Pero me guardo todo esto que pienso y digo...
- Gracias por entender.
- Sí. Entiendo, aunque sabés perfectamente que nuestra "amistad" jamás será tal. Por otro lado, no me decís nada. ¿Tanto miedo me tenés? A veces pienso que en realidad me tenés por otro, que no te interesa quien soy. Lo que sea.
Le gusta decirme ese tipo de cosas e irse. No lo voy a detener. Lo detuve en el pasado, no me dio resultado. Es hora de que aprendas a esforzarte por mi.
V
Tengo ganas de darte un beso de más y salir impune. Tengo ganas de que antes de que se detenga el tren hayamos finalmente chocado. Ya nos descarrilamos, cariño. Ya me lastimaste, yo te voy a lastimar. ¿Podríamos, no? La próxima estación es Olivos, apurate. Nos acercamos. ¿Que vamos a hacer, como si no sintieramos nada?
Eso. Sabemos que pasan cosas aún. No te acepto que me ignores, pues todavía no soporto -es más, me enoja- saber que soy tu pasado.
Las imprecisas
jueves, 16 de julio de 2009
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