Desvíos

miércoles, 22 de agosto de 2007

Personajes:
- Allen
- July
- Guillermina

I
2) Sabés que me gusta mucho cuando me agarrás así de repente, me tomás por asalto, improvisás con todas las letras, y hasta nos armamos un abecedario propio los dos, viste. Nunca te lo digo, pero es lindo encontrarte de frente, compartiendo las sábanas los sábados a la mañana. El otro día te extrañé, ese lunes que me dije que no estabas.

1) Bien. Nos vamos soltando, eso es bueno July. Me gusta que puedas decir las cosas un poco...

2) Lo que pasa es que vos tenés esa idea de que si no te digo las cosas, es que no siento nada. Vos me enseñaste a jugar con los implicitos, querido. Y si a veces no me salen las cosas, bueno, al menos mejoré, no?

1) Si, debo reconocerte que eso de enviarme un regalo a la oficina sin motivo fue excelente. Me gusta a mi que improvises. Y me gusta que planees las cosas también, porque la verdad que estaba teniendo un día de los mil demonios y justo llegaste al rescate. Por eso me pasa todo lo que me pasa con vos, porque llegas en el momento justo, cosa que no suele ocurrirme con nadie.

II
#) Eso de jugar con los labios, es una de las mejores cosas que aprendí de vos. Me acuerdo que te pregunté cómo preferías los besos. Y me dijiste "introducción, desarrollo y desenlace". Hay que hacer las cosas con variedad, ¿no Allen? Yo prefiero que juguemos así, que crucemos nuestros ojos constantemente, viste que cuando te acercás mucho a la cara de la otra persona, parecés un cíclope, que tiene un único ojo, y nos quedamos así cuanto tiempo al otro día de conocernos realmente (adivinamos que nos gustabamos pero nos conocíamos de antes y ya el primer beso que nos supimos inventar recuerdo perfectamente cómo fue, pero no como nos animamos a darnoslo) y decirnos cosas y tomar helado para luego recostarnos en la plaza del conocernos más, de ir a la par, siguiéndonos el uno al otro. ¿Te acordás cómo eramos, Allen?

1) Si, Guille. Lo recuerdo. Eramos casi perfectos, nunca nos peleabamos, ibamos de acá para allá en plena sintonía, eras mi aeropuerto más cercano, je.

#) ¿Me extrañás?

1) Esto no se lo dije nunca a nadie, y es una completa irresponsabilidad que largue esto así nomás frente a la principal implicada: Tenemos esta relación actual de no hablarnos nunca, salvo por este desvarío que estamos compartiendo ahorita, pero te digo, que me acuerdo de vos en algún momento de todos los días, desde que no somos nosotros.

#) ....

1) No sabés que decir, claro. Por eso no te digo estas cosas.

#) Es que no entiendo, me duele aún. Me dijeron que si se menciona mi nombre automáticamente el aire a tu alrededor se vuelve espeso, salta la térmica. Me duele que al menos no podamos estar en la misma habitación, que al menos no nos podamos saludar, que a ve cómo estás, que... ¿Qué te pasa Allen?

III
Juliet por Allen:
Julieta como en Julieta Cinadi, chica capitalina especial para este libertario fracasado que soy. July posee un sentido del humor delirante, una sonrisa realmente envidiable, pelo castaño ideal para remolonear por las mañanas, brazos suaves que son geniales para llevarlos en la espalda, en claro gesto de "ahora". Persona de autoestoma variable, tirando a nublada. Muy audaz con sus silencios, que funcionan como un gran sistema estereo para decir las cosas en voz alta con una inmutabilidad pasmante.

Contadora arrepentida, ama sus números tanto como los odia, se sirve de un análisis continuo de las realidades hipertensas para justificar una serie de ausencias contínuas, saberse de memoria qué ocurrió desde la vereda de enfrente, y cuántas veces le demostró la historia que en realidad tiene mala memoria.

Es temerosa por naturaleza, pero cuando al toque, cuando te pasaste de rosca, dejaste de ser el león para ser el cordero. Y pafff, no la para nadie. Y ahí es donde somos iguales, donde jugamos a cambiar los roles, aunque me parece que a mí me toca más veces ser león, pero a ella le encanta dar el revés y repentinamente sacarse la piel de oveja y lucir las fauces. Je.

También es propio tener en cuenta que ese cuerpito chiquito (1.58 de altura), destella continuamente emociones varias de todos los colores y sabores, de las cuales yo me quedo con el tutifrutti porque es su especialidad, sobretodo con crema chantilli y frutillas los viernes a la noche.

IV
Allen por July
Primero: un tipo tan interesante como difícil. Dulce como él sólo, pero hay que entender la frecuencia. Me contó una vez que su tía le tiró las cartas, y que predijo que lo que él más añoraba era la libertad, pero que eso no iba a poder ser, al fin de cuentas. Yo creo que eso lo marcó, desde chico, hasta llegar a ser Allen, residente de Almagro, 24 años, soltero, mirada penetrante, capaz de ser tan docil como cabezadura.

Suele meditar mucho. Demasiado. Compartimos eso. Pero cuando deja de pensar, deja de hacerlo en serio y entonces empieza el gran mambo, el gran baile, donde él dispone que la pista hay que gastarla, quela música nos incita a cosas que se supone no debemos hacer porque no son socialmente aceptadas. Y así terminamos haciendo al amor en la terraza de la fiesta de Ludi.

Como sostiene Meri (piensan que yo no sé lo que dice Meri, pero se equivocan), tiene una espalda excelente para hacer besos deportivos, de salto en largo, carreras cortas y natación sobre los homoplatos para llegar al chapuzón en la oreja. Allen gestiona los dos extremos: una rapidez implacable en la cual perdemos nuestra forma de ser en eso que somos. O una sutileza, una forma de sostener la tensión con un susurro y un roce de piernas que me ha metamorfoseado en leona más de una vez. Todo porque el cordero provocaba desmanes.

Racionalista que reniega de su herencia inevitable, ahora anda un poco más suelto, pero para esa soltura con esa caida inherente de ladrillos, esas destrucciones tan contemporáneas de nosotros mismos. Tiene una puntería para los misiles teledirigidos asombroza. Cree tanto en las sorpresas, en esa necesidad de fisurar la rutina. Y se queja de que el mundo no cambia lo suficiente. Ese es Allen Jana, demasiado soñador y demasiado despierto.

V
1) Deberíamos irnos un rato, alquilarnos una habitación en nunca jamás un fin de semana, y dedicarnos a coleccionar lo efímero de nosotros, que nos importa tanto y yo me quiero quedar con tus abrazos, que ya me malacostumbraste. (introducción, desarrollo y desenlace.)

2) Quisiera. Deberíamos. Sostengo que es una excelente idea, un beso en la comisura de los labios, que me gusta porque estimula la imaginación, es un pequeño detonador de fantasías Allen. Sería lindo, vernos un poco sin ese resto de mundo de la avenida, los puestos de diarios, las bocas de subte, el sesenta que pasa, mi prima que llama por cel, tu padre mensajeando por tu paradero y decime ¿eres feliz conmigo?

1) Si. No estoy acostumbrado. Es raro, incluso a veces me asusta, me pregunto por las ilusiones ópticas que sé sufrir demasiado a esta altura, a la vista de todos, sin que nadie lo note demasiado.

2) Te cuesta pensar que el cielo pueda ganar el juicio. Pero sabés que es lo mejor.

1) Siempre y cuando vos, así como sos, Julieta muchacha de ojos marrones, jeans gastados pero bien lucidos, remera negra de los Beatles, pulcera de plástico de poca monta y sin aros en ninguna de sus orejas; seas la abogada del cielo, que argumentás mucho mejor que yo.

VI
#) Cuando recuerdo que estabas... Porque mi gran herida es que no estés, Allen. Que hayas dicho lo que dijiste, que caminaras en dirección contraria, que me evites, que yo sea el chispazo que inicia la reacción en cadena. Duele saber que yo estoy ahí, de fondo, entre tanto desierto.

1) Creeme, si vos pusiste eso en palabras, yo soy la carne viva.

#) ... Que soy la causa por la que iniciaste una y otra vez el juicio este que llevas acabo...

1) Si, Guillermina.

2) Detesto que me digas Guillermina. Es obvio, cuando me llamás por mi nombre entero, todos lo notan. Todos me dicen Guille, que queda muchísimo más cerca que Guillermina. Millas más cerca, continentes más cerca. Guillermina está en la otra punta del mundo, Allen.

1) Sabés como es esto, se presenta la evidencia, el juez escucha a las partes, a la querellante y a la defensa, y el jurado, tendencioso como nunca emite un veredicto. Pero todo esto es un proceso largo, tenso, denso, poco brillante, más bien opaco.

#) No sé, no sé si quiero ser la abogada defensora. Ese afán de que el cielo termine perdiendo la querella, me duele. Es que me molesta ser mera "prueba del delito", me molesta ser la pieza inerte sobre la cual se debate. Dime ¿alguna vez podríamos suspender el juicio, dejarlo ahí un rato? No arreglaremos nada, lo sé, ya es tarde, pero me gustaría compartir impresiones por fuera de la corte. Por fuera de lo que nos hemos convertido.

Jugada de gol

domingo, 19 de agosto de 2007

Personajes:
- Meri
- Orlando
- Bruno
- Felipe
- Allen
- (Luna)
I
Mientras me siento un poco a disfrutar del paisaje, veo como las paredes relampaguéan al ritmo de un reggaetón inescuchable, la lluvia empieza a salpicar a los que afuera disfrutan de eso que es intomable y Bruno inicia otra escalada con otra mina que otra vez lo va a mandar a freir espárragos.

Primero fuimos a comer, a celebrar que se nos va un grande, que Allen inició su escapada hacia otro lugar, y vamos a ver en qué termina. Orlando es una especie de presencia fantasmagórica, aparece y desaparece. Felipe baila con todo el mundo, nunca pensé que alguien pudiera beber tanto, de tal manera.

Hace tiempo que venía acomodando la jugada. Esto es como un partido de fútbol, querido. Si, vos contra mi. Allen contra Meri. Je. Tanto tiempo intentando, y nada. Vos cuando querés das cero feedback, guapetón. Y no sé si es que tomamos un poco de más pero esta vez te la voy a hacer más difícil.

II
Orlando: ... estuvo no sé cuánto tiempo puteando por el olor a mierda, porque no se podía laburar. Y cuando le llegó el mail invitándolo al gay resort, jajaja, nadie en la oficina pudo contener la risa, incluso Olga, lo miraba a Alberto.

Allen: Debía pensar "oh no, es peor de lo que yo creía, mi marido me cornea con otro tipo". jajaja.

Meri: No sabés. Están todo el tiempo hablando de vos, de que no hiciste esto, de que no dejaste listo lo otro, de que no dejaste un celular y que ahora cómo te contactamos.

El lugar: La Farola de Belgrano. Excelente para las milanesas a la napolitana, tamaño tanque. Cervezas de por medio, algunas papas fritas. Estrenando salida de ex compañeros de laburo. Allen festejante, en dos días comienza otra cosa. El resto, adaptándose a una isla nueva, de la que el demonio de tasmaña se fue, auto eyectado.

Orlando nos dice que hay fiesta, que no sabe qué onda. Las nubes amenazan con tirarnos baldazos de agua fría, pero estamos con ruedas todos, móviles esperándonos a que los llevemos hacia el próximo estallido. Felipe le mandó el mensajito a Orlando: Niceto Vega y Bondpland. Fiesta de no sé qué, no conocemos a nadie, vamos.

Allen piensa que hoy tiene que ser una noche normal. Aunque algo está alborotando todo, pero tiene que ser normal. Orlando no da dos mangos por esa idea. Meri tiene otros planes. Bruno entiende que la noche es todo lo posible que aún no ocurrió.

III
Volvemos a la locación: fiesta desconocida.
Este partido me lo debés desde hace rato, querido Allen. Desde las caricias en tu espalda cuando me llevabas a casa en el auto, esa noche en Juan B. Justo. Desde la vez que fuimos al recital en River, que yo me cambiaba en el auto, en plena avenida Libertador, a tu lado, y vos manejabas imperturbable, y yo me preguntaba si terminaríamos yendo al reci o teniendo relaciones por ahí nomás.

Es como una pelota de pase de gol, intenté jugadas por donde fuera, por el centro, jugando bajito a los pases cortos. Al pelotazo desde lejos, a ver si entraba al arco. El referí no me da penal ni en pedo. El estadio está en silencio, viendo a ver qué hago, cómo me las arreglo para meter gol o no.

Allen veía cómo las paredes vaban vueltas y vueltas, el piso hacía zoom in y zoom out, y el techo se derretía como si lo hubiera pintado Salvador Dalí. No recordaba hacia cuánto que estaba ahí. En algún momento había estado Orlando, que se había sumergido en la multitud de la noche. Felipe estaba tomando algo que se hacía llamar "nectar", y seguro era un derivado del petroleo y el ácido tartárico. Meri estaba reposando un rato en una banqueta, al costado, cerraba los ojos y se tambaleaba. Bruno estaba afinando la puntería, se olvidó el tirador láser, así que estamos viendo si con escopeta de perdigones cazamos algún venado, que está lleno.

Entonces yo tenía pelota, estaba el juego parado en realidad. Era como un tiro libre. Patee. Le dije a Allen que viniera un rato, que cómo andaba, que no habíamos tenido oportunidad de hablar los dos bien desde esto de que él se va, y cómo se va a notar tu ausencia...

Orlando estaba hablando con una de las chicas del lugar. Curiosamente, la noche no acompañaría a Orlando ("reboté quince de quince intentos", diría al otro día). Era une bella casa, digna de cualquier residente de Palermo. El living había sido despejado de todos los muebles que seguramente lo poblaban. Estaba el lugar lleno. Ninguno de la troupe sabía cómo habían llegado ahí, de parte de quién, quién los esponsoreaba, cuánto habían tomado, blablero, ... Estaban seguros de que mañana todos absolutamente todos tendrían un dolor de cabeza terrible, que los recuerdos serían fragmentarios, que las selecciones de la memoria serían muy arbitrarias, pero que el cuerpo pasaría la factura de todo lo acontecido, detalle a detalle.

IV
Paso a paso. Primero mi mano trepa tu espalda, y te digo que la verdad, se siente re linda. Y tu pelo ni hablar, me encanta jugar con tu cabellera, hacer remolinos. Mientras vos manejas, mirás todo Buenos Aires desde esa pantalla frontal que tenemos en tiempo real y con sonido superemvolvente, esa gran bestia que nos hace suya a cada momento, de la cual renegamos. Y por favor, que no estes pensando en tu chica, que July es nada más que un accesorio. Yo quiero que los dos nos olvidemos de ella y que...

No entiendo a Meri. O mejor dicho, si, la entiendo a la perfección. Digo, las señales son irrefutables. Orlando me mira con cara de "sos un salame" cada día que nos decimos hola el la oficina, cada momento que ella viene y se sienta en mi oficina a charlar de la vida, y Alberto nos mira de reojo porque resulta que yo anduve con la otra piba que estuvo antes que Meri (es mentira) y que no trabajamos nada (otra mentira).

Los rumores del affair Meri-Allen habían surgido del día a día. Orlando sabía que Meri le tenía ganas a su amigo. Allen se ocupaba de omitir esas evidencias. Una vez, en el cumpleaños de Orlando, Meri y july se conocieron. Meri siempre confianzuda, mandándole el brazo alrededor de la cintura a Allen. July trinaba. Se daba cuenta. Sabía que no pasaba nada por parte de Allen, que él jamás visitaría esos labios, que no rompería el contrato de exclusividad que mantenía con ella. Pero Meri lucía esas ganas de estar con Allen, demasiado escotadas, demasiado insinuantes. ¿Y si algún día quebraba la defensa, y si algún momento de flaquesa lo abordaba a Allen? Allen no era una persona estable, pero en cuestiones de amoríos era...

V
... un dinosaurio - dijo Luna-. Vos crees que el amor es para siempre, que no nos damos besos con nuestros ex aunque hayamos encontrado otra pareja, que nada más tenemos lugar en el corazón para nuestro compañerito de toda la vida. Actualizate Allen. Pensá que ahora Guillermina anda con cualquier otro, y vos estás recién testeando a ver si July es July. ¿Y si tuvieras la oportunidad de besar a Guillermina otra vez? Ahí te quiero ver, aunque la hayas enterrado, yo sé que ella tiene ese poder sobre vos.

Allen se sentía desactualizado, efectivamente. Para estas cuestiones se daba cuenta de que se aferraba a las personas demasiado quizás. Pero iba más allá de las elecciones que pudiera realizar, no eran racionalidades, eran cuestiones ancladas en lo más profundo de su ser, eran parte de su carne. Él era eso, esa persona que no juega a varias puntas, que no soporta las infidalidades, las visitas furtivas a labios prohibidos. Porque las aventuras, según Allen, se viven con esa persona que efectivamente no somos nosotros pero nos hace sentir más nosotros.

VI
Conseguí que vinieras, Allen. Bien. Un logro, una ventaja. Se te nota más relajado hoy, será que ahora te espera ese estrellato, esa nueva constelación que vaya a saber a quién implica. Y me enteré de tu alejamiento de July, que era la marca principal en tu defensa, a ver si ahora puedo gambetear. Porque mi brazo dice que tu cintura está esbelta, que tu espalda me sigue gustando tanto como las otras veces en tu auto. Que me cuesta acercarme pero porque me gusta que estés cerca tanto, y los hombres suelen hacerme las cosas más fáciles, pero vos, Allen, tenés tus mañas.

Existen los goles de pelota parada. Te voy a extrañar. Vos también. ¿Qué esperás? Tantos cambios, vos tan joven, tan idealista aún, por encima del resto, yo te juro que me alegro de tu nuevo trabajo, pero lamento tu partida, mi sonrisa guarda algo de tristeza, ya te lo dije.

Es simple, como encontrarnos en ese bar de las cañitas, tomar unas cervezas, reirnos de Alberto, sobre todo de Alberto. Después que me lleves a casa completamente borracha, y abrazándome a vos, porque no puedo ni caminar, y gracias, me encanta que me cuides, que estés, que seas Allen aquí y ahora, en pleno abrazo de sábado a la madrugada. Si te pregunto cómo estás es porque quiero compenetrarme en el tema, porque ahora apoyo mi cabeza en tu hombro, porque te doy un beso en el cuello. Si, te di un beso en el cuello, ¿y?

Meri estaba jugando el partido como nunca. No lo podía creer, escalaba posiciones. Pero Allen, fiel a Allen, no desarmaba la defensa. Pero no pasaba nada. Pero el tiempo estaba yéndose y no pasaba nada, era ella en el campo de juego. Creo que esto es un corner, creo que todo el equipo tiene que ir a cabecear, creo que esta vez aunque sea con falta metemos el gol, creo que patee, que mi boca aterrizó en la de Allen, que estoy viviendo en Allen un rato, que llegó el vuelo, que patee del corner y pude cabecear y la pelota entró.................. Gol.

Bruno perdió el interés en los perdigones, dio media vuelta, para encontrarse que la cara de Allen y la de Meri era una sola. Felipe empezó a aplaudir, riendo compulsivamente, no comprendía bien qué pasó o cómo, pero avalaba el resultado. Orlando escupió un "por fin" que tenía atragantado desde hace al menos tres meses. Una ausente July lloró de rabia, le hubiera gritado que ella lo amaba, a diferencia de "otras". Bruno miró a Orlando que miraba a Felipe que miraba su destornillador, y elevó el vaso. Un brindis.

Gol. Jugada de labios. Magistral jugada de labios.

VII
Allen: Ehm.... Perdón Meri, pero... No es lo que quiero.

Meri: ¿Cómo que no es lo que querés? Si no me dijiste nada, no frenaste mi juego.

Gol anulado. El resto fue una cordial ráfaga de puteadas de Meri a Allen. Que sos un pelotudo, no sos mi amigo, entendelo. Que no me vengas con estupideces, que la verdad es que bien te dabas cuenta, no puedo creer que seas tan boludo.

Allen estaba lo suficientemente pasado como para no terminar de comprender, pero si entendía que eso no debía ser, que el gol no valía, que era todo un error, había posición adelantada, la fecha no correspondía y el árbitro no estaba en sus cabales. Las explicaciones posteriores fueron la gran omisión de todo esto, y el hagamos de cuenta que no pasó nada, aunque Orlando lo vio todo, Felipe va a preguntar, y veremos quién más vio la jugada.

El terror

jueves, 16 de agosto de 2007

1) Digo que quizás pifié en un par de cosas, cariño. Sé que tengo esa manía, ese afan irrefutable de hacer las cosas un poco peor que la vez anterior. Lo admito, a veces me dejo llevar por esa nada, por la pérdida total, esa esperanza que queda crucificada, pero no ha muerto aún.

2) Cariño, lamento que digas eso. Te veo dar vueltas, giros y giros, coletazos que pueden llegar a mover el mundo, pero todo queda truncado en lo anecdótico. Creo que fue eso lo que me desgastó a mi también, verte tan... inestable Allen. Sos como un electrocardiograma que sube repentinamente, y que termina pagando los daños, esos vidrios rotos con los que me tocó cortarme más de una vez. Y sé que no lo haces a propósito, que solo recreaste esa versión tuya, ese...

1) ... Dibujo animado,una caricatura de lo que se suponía debía llegar a ser. No sé dónde exactamente se perdió todo July, no lo sé. Hay una fisura, el sistema no anda, y cada vez que intento romperlo, parece inmutable.

2) Allen, mi amor, te extraño. Voy a seguir extrañándote, y por más que mis lagrimas me delatan, que lo que siento por vos se me escapa por la mejilla y rueda al piso en otro chapoteo más, desearía que vos esta vez pudieras escaparte... Pero sé que no lo harás.

1) Vivo escapando querida, pero nunca paso la frontera. Es como si mi fuga fuera siempre dentro de los límites del mismo estado, viste. Me escapo pero siempre logro retener las emociones más eficaces, más brillantes.

2) Digo, ¿la onda de FM no es eso? ¿No es ese rayo, ese relámpago destructor que choca contra la frontera, que se desmantela a sí mismo, y por ende a vos?

1) Es probable, pero no lo puedo cambiar.

Allen y July permanecían abrazados cerca de Plaza Italia, cerca del zoológico. Plena noche de martes, un estancamiento del tiempo que deseaba simplemente dejar de discurrir, hacerse pura emotividad liberada a sí misma, como cuando solían mirarse furtivamente escapando de sus propias negaciones. A July le costó horrores admitir que Allen era parte de la ecuación de ella, que se sentía mejor con él al lado. No estaba completa con él, pero se sentía definitivamente menos incompleta. Era un factor que tenía que estar.

July funcionaba como esa parte de Allen que le otorgaba coherencia. Sobre todo eso, coherencia. Pero le permitía sus desmanes.

Es que somos dos personas muy miedosas, querida July. Y cuando nos conocimos, nos experimentamos un poco en el laboratorio, y nos dimos cuenta de que ambos teníamos miedo, que nos asustaba tirarnos desde lo alto de nosotros porque abajo no había piso, no había nada. Fue ahí que dijimos que bueno, que vamos a hacerlo juntos, que vamos a tener miedo pero vamos a estar los dos teniendo miedo y haciendo las cosas. Y entonces el miedo fue cediendo, porque estabamos los dos.

2) Sos demasiado importante como para que yo, simplemente yo, te retenga en mis brazos. Pero sé que si te suelto me arrepentiré.

1) ¿Volvió el miedo? ¿Es que nos estamos separando, estamos solos, esta escisión está haciendo que el terror vuelva?

2) No, eso no por favor. Quedate...

Allen no pensaba en moverse. Podían quedarse los dos cuerpos ahí parados en plena avenida, fundidos, ambos dándole la espalda al mundo, que nada ocurriría. Mientras July estuviera con Allen, el cuerpo de él permanecería ajeno a los temblores, ajeno a ese nerviosismo, ajeno a los desmanes, ajeno a la pérdida total de diección. July supo lograr que Allen evitara los estallidos, tenía el mérito pocas veces reconocido de desactivar la bomb, de evitar que la térmica salte y vuele todo por los aires. Si Allen a veces se le salía de las manos, la ausencia de July provocaría un continuado de coletazos, de explosivos ubicados adrede, de luces destellantes en el horizonte, que indicaban claramente la guerra, los misiles cayendo.

July se resguardaba, hundiéndose cada vez más en Allen, cada vez más adentro, y no afuera. Se negaba a enfrentar esa ciudad maldita que la había visto crecer, que hoy pretendía llevarse a su corazón, que pretendía esgrimir su cabeza. ¿Por qué estás tan enojada con el mundo? Le preguntaba Allen cuando ella fruncía el ceño. Ahora Allen no preguntaba, ambos entendían perfectamente qué ocurría.

No era de simple mal inventor que Allen preguntaba. Si él supo ser más optimista, fue porque realmente July era July como en Allen y July. ¿Qué debes hacer cuando te vuelves insensible a la droga que te mantiene vivo? ¿Morir nuevamente?, se preguntaba Julieta. Los brazos de Allen lograban retener sus temblores, como la primera vez, ¿pero hasta cuándo?

3) Yo te juro que en este momento sos lo más importante en mi vida. Pero siento que no estoy preparado/a para llegar tan lejos, para ser tan nosotros... Quisiera volver.

Se alejaron unos pasos. Allen mirando para el norte, July enfrentando ese Sur de avenida Santa Fé que aprendió a odiar, y que desde hoy resentiría por años.

2) Por favor, quiero que evites a H., ¿si? No te hará bien.

1) No te preocupes - dijo la máquina avanzando o retrocediendo, ya no lo sabía -, mis acciones sólo se cobrarán una única víctima. El cielo está en juicio, y lo va a perder...

Y así volvió el terror.

Sismos

miércoles, 15 de agosto de 2007

Personajes:
- Orlando
- Ludi
- Allen


I
Orlando: Creo, fue un momento realmente ganador. Es decir, se fue como pocos lo hacen, haciendo bullicio, demasiado bullicio. Fue eso: un epílogo. A ver, por dónde puedo comenzar a contarte...

Ludi: Y... Jamás entendí esa relación entre Allen y su jefe. ¿Tan mal tipo es?

Orlando: No es mal tipo. Se llevaban mal entre ellos. Yo con Alberto, está todo bien. Es un pelotudo, pero está todo bien. Tiene esas cosas de imbécil, de que quiere siempre forrearte. Y Allen es así. Lo peor que podés hacer es insultar su inteligencia.
La cuestión es que consiguió otro trabajo, y empezó la rienda suelta. Lo que no rompía se lo afanaba, con el que no se peleaba, le hacía la vida imposible, a la que no podía...


II
Ya estaba todo casi listo. Allen había reconfigurado la red interna de las compus del laburo especialmente para que no anduviera ninguna en un plazo de 72 horas. No quedaban cds virgenes en toda la oficina, y una impresora Canon yacía en su habitación, tomada de prestamo permanente. La compactera de la máquina de Alberto tenía una feta de salame, y dentro de la electrónica del aparato había un pedazo de carne cruda que le daría noticias a toda la oficina en un par de días.
Orlando me decía que era un loco de la guerra, que siempre me dejaba llevar demasiado por mis olas destructivas, que lo de Nordelta, que lo de la fiesta del amigo de la amiga de Ludi, el complot para romper el sistema de sonido de la gente de The End (mierda... eso fue Nordelta también!).

(July opina, aunque no está: Allen es un tipo perfectamente racional. Pero cuando se le zafa un tornillo, cagaste, se va de mambo, pierde todo rasgo de coherencia que lo caractariza, se sabe incapaz de conquistar el mundo, así que empieza a generar caos. Y con el caos se divierte.)

Mientras Allen había dispuesto toda una serie de herramientas en el depósito estratégicamente ubicadas para caerse monumentalmente, en una perfecta avalancha de metales desconocidos que tampoco le interesaban. Había seteado el servidor para que le enviara, cuando el lo incidase, una serie de mensajes anónimos poco educados al correo general de la empresa: "gordo pelotudo", "Dejá de ver pornografía en tu máquina Alberto, ya lo saben todos por los pelos en tus manos" "Alberto, ¿te acordás cuando nevó? a vos te sigue nevando en el..."

Orlando: Mirá, vos, sos mal tipo cuando querés. Claro, te vas, renuncias, no te importa una goma nada. Pero el que se va a tener que bancar la perorata con el dogor soy yo.

Allen: Nene nene. Estás tratando conmigo, es obvio que ya con la cadena zafada voy a armar un despelote de aquellos. ¿Te conté que le voy a pinchar las cuatro ruedas del coche? Así cuando se va a las once de la noche sabés la pataleta que le agarra. Esto es así, hay gustos en la vida que uno debe darse. Mi viejo me decía que tenía que quedar todo bien acá. No nada, guerra, nene.



III
Orlando: No lo odia. Simplemente, a Allen le gusta desestructurar. Capaz sea porque él se piensa a sí mismo como alguien muy estructurado. Es una forma que tiene de atacarse, aunque no lo creas. Él lo ve así. El tema es que el tipo este Alberto, cuando Allen comenzó a crecer adentro de la empresa, le empezó a tirar obstáculos: No le aprobaba los avisos, le rechazaba ideas y después las proponía como que eran de él, lo hacía hacer y rediseñar a diestra y siniestra las gráficas.

Orlando le daba besos en la espalda a Ludi. La noche ya había pasado, la cama estaba revuelta, no había ideas propias para compartir. Se habían desagotado todas las emociones en plena histeria de invierno, primavera y verano. Allen era tema de conversación. Ludi supo confesar, completamente borracha, que Allen en un principio le atrajo. Luego se dio cuenta de que el pibe era una bomba de tiempo a veces...

Ludi: Él ya había hecho eso de mandarle mails con jodas a Alberto. Trascendió que...

Orlando: Lo del curriculum del perro, el mail de la competencia que le decía "venite que sos groso", las pasadas de teléfono de tipos que en realidad lo querían putear, el newsletter porno que le llega a Alberto con nombre y apellido y que lo vio la mujer... Hay una ley, querida Ludi: si algo extraño está pasando en tu vida, es probable que Allen tenga que ver.

Ludi: Vos mucho no lo bancás con esas cosas.

Orlando: Me divierte. Allen es todo un tipo, no me lo pierdo ni por puta. Es el único ser que conozco arriesga su laburo haciendo semejantes pequeñeces transformadas en grandes artimañas: pasa ronzando un patrullero en plena autopista Illia a las seis de la matina, cae completamente bajo los efectos del ya sabemos qué a una reunión de jefes de proyecto, que se calienta cando la rubia esa le toca el ojete, como el otro día...

Ludi: No sabía lo de la rubia. Ni lo del patrullero. Y pensé que habia dejado ciertos hábitos, cuando July se entere se va a armar la goma...

Orlando: ¡Si fue con July que se pegó el primer viaje! Esa mina primero lo provoca y luego le quiere poner el freno. Como el cross que le dio la otra vez... jaja. Que se la banque, y además bien que le gusta que Allen sea así.


IV
Allen había dispuesto la cafetera expreso para que largara café con burbujas de detergente por un rato, el saco del jefe, olvidado en el perchero, tenía en los bolsillos excremento de gato. El asiento del jefe carecía de los tornillos que usualmente aunaban las partes metálicas, por lo que en cuanto Alberto atinó a reposar su importante trasero, viajó automáticamente al piso, que era un charco de agua de deshielo de vaya a saber dónde.

El último día de trabajo de Allen constó en borrar todas las carpetas personales de la computadora, terminar de setear el site para que cayera cuando el diera el ok desde su casa, la impresora estaba cargada con helado de frutilla y banana split, y había elaborado un video que se dispararía en todas las máquinas a las doce del mediodía del martes siguiente, que comenzaría con un simpático capítulo de los Teletubies para terminar con una clara escena en triple equis, dirigida directamente al jefe. De todo esto, Orlando sabía el cincuenta porciento.

Me gusta hacer quilombo, lo admito. De ese santo proyecto inspirado en la ficción francesa he caido en dos vertienes, la buena de los asaltos sorpresa a mis seres queridos, y la mala de armar despelotes e idear verdaderas rupturas de cráneos (ambas vertientes del proyecto francés: Project Franz y Project Mayhem respectivamente). De todas formas, todos los caminos me llevan a deconstruir.

Entonces saludo, un abrazo fuerte a Meri, que no la vería todos los días, unas carcajadas con Orlando, el finde me contás cómo fue, un amable adiós con la de contaduría, una escabullida de la asistente del jefe de laboratorio, un estrechón de manos muy falso con Alberto. Salió, miró el sol radiante, era libre por una semana hasta que empezara su próximo trabajo en la agencia. Y se fue cantando "to to torito, torito.... voy al mataderooooooo". Desde el ventanal de la oficina lo miraban, yéndose.

Temblando frágil en la multitud

martes, 14 de agosto de 2007

(intentaré hacer honor a los comentarios de que debo escribir más breve... a ver si me sale.)

Personajes:
- Allen Jana
- Resto del mundo


I
Un duchaso después del día de laburo. Mierda, me olvidé la toalla en la habitación. No logré afinar la guitarra, terminar la melodía que ayer no me costaba nada. Y ya casi no me hablás, me sacás totalmente de mis casillas con esas respuestas tuyas. "Ah mirá vos, Allen... ". Te juro que caminaba por las paredes, hice salto en largo en el techo, cuando me hablabas así, tan suelta de ideas, tan olvidadiza de mi, que al fin y al cabo no soy más que yo en un hermoso mal día.


II
El monitor me miraba atónito, no sabía qué hacer sin que yo presionara el clic del mouse, el Esc del teclado. Y seguí recibiendo los mails, de que el cliente no estaba conforme con el aviso, ya no podía esquivar las miradas. Fue en ese momento, alrededor de las 11.30 de la mañana que me di cuenta de que este día sería una verdadera cagada.

No es difícil, suelo hacerlo todo el tiempo. Me piden un aviso: diseño claro, fondo verde, muchacha en bikini, y vamos a ver si el tipo que lee el aviso asocia la mina con el aparato este que tenemos que vender. Si, lo sé, lo hago todo el tiempo. Detesto hacerlo. Allen, que se vende como la peor prostituta de todas, que sabe que podría estar en otro lado, haciendo otra cosa, con otra gente... Pero no, Allen es este tipo sentado frente a la pc ideando imbecilidades, que para colmo hoy no le salen.

"Tengo un problema", estalló Dani desde la computadora de enfrente a la derecha. Yo había superado la crisis mediática superconcentrada de darme cuenta que doce de doce avisos que había hecho, gozaban de tremendos errores. Salvé las papas, pero ahora, Dani.

"Esta porquería de publicador no anda". Allen, tiene que reconocerle a Daniel que lo ha ayudado en más de una oportunidad. Hora de pagar: "Mirá, a mi el publicador web me anda, así que pasame lo que tengas que subir que lo liquidamos".
Puta madre, hoy tenía ganas de irme cuanto antes de esta nefasta oficina rodeada de nadie, porque la verdad es que hoy son todos una manga de indeseables, y yo sólo quiero...


III
... Enviarte un mail, amablemente. A ver si nos deshacemos de todos durante un rato. Digo, a vos no te gusta tu oficina, a mi tampoco la mía. Vayamos a odiar el mundo a algún lado, y odiemoslo juntos. Vos con todos tus papeleríos me resultás entretenida al fin de cuentas. Tus ojos son un parque de diversiones, viste. Hace mucho que Allen no va a treparse en ellos.

Creo que me encantaría verte hoy. Entonces ensayé ese texto: "Quiero saber si podemos vernos hoy". Nada muy complicado.

Luego de tanto esperar, y no me respondés. Hoy viene mal.


IV
Salir al mundo, un rato, almuerzo en el mundo exterior. No tengo por qué salir, pero salgo a respirar, a alejarme de los avisadores malhumorados, de los imbéciles perdidos en el chiquitaje de que lo más importante en su vida es la Times New Roman o la Verdana, que los colores no corresponden con el branding, y por qué no se dan cuenta de cuan pequenos son. Yo me siento pequeño hoy, en realidad. El pequeño Allen, esperando el milagro. Y esta piba no me contesta, es la única persona que puede hacer que el día de hoy valga la pena. Pero no, es el destino. Estoy destinado a sufrir este día como de los peores, y yo que pensé que había zafado de la mezcla entre la cerveza sin gas y las papafritas húmedas.

"Eso lo necesitamos hoy, y ojo que en el mail está copiado Ernesto Celian". Ernesto Celian: Capo de tutti la empresa, y si no tengo esto resuelto para las seis, se arma la goma, se prende fuego todo, y yo, tan experto en arrojar combustible, tengo que ver cómo cuernos hago para que estos idiotas tengan su minita al lado de su supermonitor LCD a precio de lujo. Por favor, el mundo de la publicidad es un infierno, más que nunca hoy.

Tomando café a roletes, insultando reiteradas veces al techo, a este sistema macabro que lo único que consigue es dejarme en banda en tan desesperado momento, brillando en plena multitud, sólo, aunque me rodeen todos, aunque todos hagan de cuenta que nada pasa, acá, estoy apagando incendios. ¿Desde cuándo me importan tanto los incendios, mierda?


V
"A ver Luna si me orientás un poco"... Para variar, y siguiendo la línea de desastre de la jornada, de ese almuerzo soso, de esa diagramación que no me sale, de ese servidor que no me deja subir las cosas, de ese café recontra quemado, de ese sol radiante que me mira a través de la ventana oscura y sucia; vos querida Luna, estás perdida en cualquier cosa y no te dignas a responderme los llamados.

"Si nene, qué te pasa? Estoy ocupada", me escribió Luna, después de un largo rato.

Okey, entiendo que tampoco debo hablarte a ti hoy, que te vendiste al complot mundial de "ignoremos a Allen". Haberlo dicho antes, me ahorrabas el pedido de salvavidas, de flotadores en tremenda tempestad de lo irrisorio.

"No importa. Perdón la molestia", le respondí.

"Bueno, dale, contame Allen", insistió. Ya ni te contesto. Ya perdí las ganas, así que el resto fue silencio.


VI
Volverme hacia Dani, que ahora tiene dos archivitos más para subir. Y yo con mis obsesiones por irme a casa en hora. Luego llega esa sensación de que hoy estoy cansado desde que me leanté, desde que ella se fue para no volver, desde que las puertas del cielo son asediadas por proyectiles de larga distancia.

Y justo hoy me llegan datos de la inombrable. En realidad, es bueno irla afrontando a la distancia. Que Guille, ya no estás, no quiero que vuelvas, pero irrefutablemente apareces de vez en cuando. Las desvantajas de conservar los amigos en común. Si quieren juntarse, juntensen, pero no me cuenten. Y ni pienso responder al mail de invitación. July siempre miraba de reojo a cualquier referencia a Guillermina. En realidad, ella ni la conocía. Tampoco la soportaba.

Pero seguimos con Dani y la máquina de descuartizar ideas, de revertir los buenos días, de conservar las ilusiones. Dani no te preocupes que para algo estoy, que vos sos un tipo copado. Van quedando cada vez menos en el piso, se van yendo. Esta vez nos toca quedarnos, justo hoy, día de neuronas quemadas, estómados revueltos y esas estúpidas ganas de que al menos me digas "hola".

VII
Lograr una respuesta tuya hoy me vale más que ningún otro día, mi querida muchacha. Me extraña tu súbita ausencia, me extraña tu silencio tan sólido y polar, me extraña semejante abandono... te extraño. Hoy podrías haberme arrancado una sonrisa con mucha facilidad (te quejás de que soy difícil para ello), y justo no venís. Te juro que te odié ese rato...