Personajes:
- Allen
- July
- Guillermina
1) Bien. Nos vamos soltando, eso es bueno July. Me gusta que puedas decir las cosas un poco...
2) Lo que pasa es que vos tenés esa idea de que si no te digo las cosas, es que no siento nada. Vos me enseñaste a jugar con los implicitos, querido. Y si a veces no me salen las cosas, bueno, al menos mejoré, no?
1) Si, debo reconocerte que eso de enviarme un regalo a la oficina sin motivo fue excelente. Me gusta a mi que improvises. Y me gusta que planees las cosas también, porque la verdad que estaba teniendo un día de los mil demonios y justo llegaste al rescate. Por eso me pasa todo lo que me pasa con vos, porque llegas en el momento justo, cosa que no suele ocurrirme con nadie.
1) Si, Guille. Lo recuerdo. Eramos casi perfectos, nunca nos peleabamos, ibamos de acá para allá en plena sintonía, eras mi aeropuerto más cercano, je.
#) ¿Me extrañás?
1) Esto no se lo dije nunca a nadie, y es una completa irresponsabilidad que largue esto así nomás frente a la principal implicada: Tenemos esta relación actual de no hablarnos nunca, salvo por este desvarío que estamos compartiendo ahorita, pero te digo, que me acuerdo de vos en algún momento de todos los días, desde que no somos nosotros.
#) ....
1) No sabés que decir, claro. Por eso no te digo estas cosas.
#) Es que no entiendo, me duele aún. Me dijeron que si se menciona mi nombre automáticamente el aire a tu alrededor se vuelve espeso, salta la térmica. Me duele que al menos no podamos estar en la misma habitación, que al menos no nos podamos saludar, que a ve cómo estás, que... ¿Qué te pasa Allen?
Julieta como en Julieta Cinadi, chica capitalina especial para este libertario fracasado que soy. July posee un sentido del humor delirante, una sonrisa realmente envidiable, pelo castaño ideal para remolonear por las mañanas, brazos suaves que son geniales para llevarlos en la espalda, en claro gesto de "ahora". Persona de autoestoma variable, tirando a nublada. Muy audaz con sus silencios, que funcionan como un gran sistema estereo para decir las cosas en voz alta con una inmutabilidad pasmante.
Contadora arrepentida, ama sus números tanto como los odia, se sirve de un análisis continuo de las realidades hipertensas para justificar una serie de ausencias contínuas, saberse de memoria qué ocurrió desde la vereda de enfrente, y cuántas veces le demostró la historia que en realidad tiene mala memoria.
Es temerosa por naturaleza, pero cuando al toque, cuando te pasaste de rosca, dejaste de ser el león para ser el cordero. Y pafff, no la para nadie. Y ahí es donde somos iguales, donde jugamos a cambiar los roles, aunque me parece que a mí me toca más veces ser león, pero a ella le encanta dar el revés y repentinamente sacarse la piel de oveja y lucir las fauces. Je.
También es propio tener en cuenta que ese cuerpito chiquito (1.58 de altura), destella continuamente emociones varias de todos los colores y sabores, de las cuales yo me quedo con el tutifrutti porque es su especialidad, sobretodo con crema chantilli y frutillas los viernes a la noche.
Primero: un tipo tan interesante como difícil. Dulce como él sólo, pero hay que entender la frecuencia. Me contó una vez que su tía le tiró las cartas, y que predijo que lo que él más añoraba era la libertad, pero que eso no iba a poder ser, al fin de cuentas. Yo creo que eso lo marcó, desde chico, hasta llegar a ser Allen, residente de Almagro, 24 años, soltero, mirada penetrante, capaz de ser tan docil como cabezadura.
Suele meditar mucho. Demasiado. Compartimos eso. Pero cuando deja de pensar, deja de hacerlo en serio y entonces empieza el gran mambo, el gran baile, donde él dispone que la pista hay que gastarla, quela música nos incita a cosas que se supone no debemos hacer porque no son socialmente aceptadas. Y así terminamos haciendo al amor en la terraza de la fiesta de Ludi.
Como sostiene Meri (piensan que yo no sé lo que dice Meri, pero se equivocan), tiene una espalda excelente para hacer besos deportivos, de salto en largo, carreras cortas y natación sobre los homoplatos para llegar al chapuzón en la oreja. Allen gestiona los dos extremos: una rapidez implacable en la cual perdemos nuestra forma de ser en eso que somos. O una sutileza, una forma de sostener la tensión con un susurro y un roce de piernas que me ha metamorfoseado en leona más de una vez. Todo porque el cordero provocaba desmanes.
Racionalista que reniega de su herencia inevitable, ahora anda un poco más suelto, pero para esa soltura con esa caida inherente de ladrillos, esas destrucciones tan contemporáneas de nosotros mismos. Tiene una puntería para los misiles teledirigidos asombroza. Cree tanto en las sorpresas, en esa necesidad de fisurar la rutina. Y se queja de que el mundo no cambia lo suficiente. Ese es Allen Jana, demasiado soñador y demasiado despierto.
2) Quisiera. Deberíamos. Sostengo que es una excelente idea, un beso en la comisura de los labios, que me gusta porque estimula la imaginación, es un pequeño detonador de fantasías Allen. Sería lindo, vernos un poco sin ese resto de mundo de la avenida, los puestos de diarios, las bocas de subte, el sesenta que pasa, mi prima que llama por cel, tu padre mensajeando por tu paradero y decime ¿eres feliz conmigo?
1) Si. No estoy acostumbrado. Es raro, incluso a veces me asusta, me pregunto por las ilusiones ópticas que sé sufrir demasiado a esta altura, a la vista de todos, sin que nadie lo note demasiado.
2) Te cuesta pensar que el cielo pueda ganar el juicio. Pero sabés que es lo mejor.
1) Siempre y cuando vos, así como sos, Julieta muchacha de ojos marrones, jeans gastados pero bien lucidos, remera negra de los Beatles, pulcera de plástico de poca monta y sin aros en ninguna de sus orejas; seas la abogada del cielo, que argumentás mucho mejor que yo.
1) Creeme, si vos pusiste eso en palabras, yo soy la carne viva.
#) ... Que soy la causa por la que iniciaste una y otra vez el juicio este que llevas acabo...
1) Si, Guillermina.
2) Detesto que me digas Guillermina. Es obvio, cuando me llamás por mi nombre entero, todos lo notan. Todos me dicen Guille, que queda muchísimo más cerca que Guillermina. Millas más cerca, continentes más cerca. Guillermina está en la otra punta del mundo, Allen.
1) Sabés como es esto, se presenta la evidencia, el juez escucha a las partes, a la querellante y a la defensa, y el jurado, tendencioso como nunca emite un veredicto. Pero todo esto es un proceso largo, tenso, denso, poco brillante, más bien opaco.
#) No sé, no sé si quiero ser la abogada defensora. Ese afán de que el cielo termine perdiendo la querella, me duele. Es que me molesta ser mera "prueba del delito", me molesta ser la pieza inerte sobre la cual se debate. Dime ¿alguna vez podríamos suspender el juicio, dejarlo ahí un rato? No arreglaremos nada, lo sé, ya es tarde, pero me gustaría compartir impresiones por fuera de la corte. Por fuera de lo que nos hemos convertido.