La Prensa

martes, 15 de julio de 2008

Entonces salió del edificio. Todo fuera por conseguir algo de lectura de actualidad. En realidad, era extraño para él, pues tenía esa necesidad extraña de hacerse con material poco habitual, alejarse quizás de todos esos libros que de los que venía rodeándose Allen.

Cruzó la calle con sumo cuidado, pues a los colectivos que pasan por esa cuadra les importa tres carajos si le arrancan la puerta a un auto, atropellan un changuito y se llevan por delante a un bebé.

Él quería comprar el diario, sólo eso. ¿Tan difícil de entender es?

El del puesto de diarios vio en una de esas que Gallagher se acercaba, se paró frente a los ejemplares apilados de La Prensa. Llevaba un billete de dos pesos en la boca, que dejó en el piso y luego empujó con un pata para en seguida sentarse.

El gato quería leer La Prensa. El tipo del puesto se rió, levantó el billete. "Gracias gato", le dijo. ¿Gracias qué? ¿Y el diario?

Y nada. Gallagher se quedó esperando, pero no le iban a dar ningún diario. Entonces emitió un maullido, y miró nuevamente la pila La Prensas. Era claro el asunto, un cliente esperando que le dieran su ejemplar. Pero no cazaba nada el tipo, sólo levantó los dos pesos y se los guardó.

Pobre Gallagher, ni bola y le cagaron los dos pesos. Encima este gato no está enterado que esa plata ya no se compra ni el diario. Había obtenido el dinero del bolsillo del pantalón de Allen, tirado en la habitación, entre algunas zapatillas y Vigilar y Castigar, que se había caído del escritorio. Visto que Jana seguía con su hábito de leer periódicos online, el gato decidió hacerse con un diario real de papel y tinta.

Pero con decisión no basta, Gallagher. Entonces el felino se acercó a la pila de diarios, y le apoyó la pata. A ver si me da mi diario, señor kioskero.

Ni pelota, el tipo seguía anotando no sé qué cosa, de tanto en tanto miraba al gato que esperaba. Otro tanto se fijaba si había vendido tal revista o no. En una de esas apareció una mina que se compró la Rolling Stone. ¿Qué, mi dinero acaso no vale?, habrá dicho Gallagher.

Era un ping pong eso. Gallagher miraba el diario. Luego lo miraba al del puesto, a ver si entendía. Volvía a mirar la pila, ni siquiera podía leer la tapa porque no le daba la altura. El del puesto se fijaba si todavía le quedaba la Hombres del mes.

Él era solo un gato que quería leer La Prensa. No porque fuera lector de ese diario, simplemente quería leer La Prensa, ni que hubiera que ahondar tanto en explicaciones. "Juira gato", dijo el dueño del puesto, que ya se sentía incómodo, "no tengo comida, vaya vaya". ¿Por qué mierda se piensan que los gatos solo pensamos en comer, che?

Y cayó un viejo nomás, de esos que compran la Noticias y seguro leen La Nación. Entonces, mientras el tipo atendía al viejo, Gallagher saltó sobre la pila de La Prensa y empezó a arañar el primer ejemplar que dejaba ver su tapa.

Corriendo el dueño del puesto auyentó al gato, agarró el diario insultando, algo le dijo al viejo que ya tenía su revista. Puf, dejó el diario medio roto a un costado del puesto. Sí señor, que tenga buen día.

Gallagher, que se había dado a la fuga por la esquina, llegó por atrás del puesto con una bolsa medio roñosa que encontró tirada. Se cargó el diario medio roto ahí, olvidado al costado, y chau, cruzó la calle mientras el semáforo se lo permitió.

"Hipertensión", decía e titular de tapa, que estaba medio deshecha. Cuando Allen llegó, Gallagher estaba tirado en el sillón, con el diario entre las patas.

Allen: Siempre me pregunté quién carajo podía leer ese diario. Y mirá vos... No te concentres demasiado en la lectura, que tiene unos serios problemas tipográficos que deben dar dolor de cabeza.

Gallagher no le dio bola, continuó su lectura:

Hay dictamen de mayoría sobre las retenciones en el Senado. Obtuvo la firma de 16 senadores, sobre los 30 que componen las comisiones de Agricultura y Presupuesto, el dictamen del oficialismo que propicia convertir en ley el proyecto sobre las retenciones bla bla bla bla bla bla bla bla.

Derecha

sábado, 12 de julio de 2008

Paula me dice que sea positivo, que me deje de romper las pelotas. Es lógico, me agarró en una de esas rachas en las que lo único que hago es...

Pau: Quejarte. Es como que vos estás en una carrera y de antemano decís que el otro va a correr más rápido. No digas eso hasta que el otro esté de hecho corriendo más rápido que vos.

Mientras la chica se hizo cargo de la guitarra y empezó a entonar algo así como un tema de los Beatles. Pero no eran los Beatles. Pero se parecía, vio.

Allen: Siempre tuve alma de viejo. Siempre tuve ese costado apocalíptico. Aunque recuerdo una época en la que estaba más alegre. También fue una época en la que estaba sumamente equivocado.

Pau: Feliz y equivocado. Me suena. Lo que pasa es que uno después se da cuenta de cosas, resulta que no tenés amigos cuando los necesitas, o tu ex es un claro caso de éxito y vos estás hecho un desastre, o que uno trabajaba en la oficina pensando que lo iban a ascender. En fin, pero uno va cambiando.

Dijo algo de un cambio de perspectiva. El tema es que lo dijo de una manera muy linda, muy poética que no recuerdo y a mí no me sale.

Allen: No es lo mío esto de ser positivo. En realidad, me pongo quejoso. Creo que según pasan los años uno se va tirando a la derecha, viste. Ahora veo floggers por la calle y me ponen de la cabeza, a uno le agarra esa derechización... Eso, me derechizan.

Paula comenzó a reir. Que los floggers lo derechizan a uno, dijo mientras miraba las estrellas del techo. Simplemente se dejó caer en el puff entre carcajadas, seguramente se habrá dado cuenta de que en serio estamos más viejos, que entonces uno empieza a ponerse reticente, a volverse más conservador, a optar por lo seguro.

Allen: Y un día cualquiera, me imagino que te despertás y resulta que querés votar al partido nacionalista y leer el diario por la mañana para cada tanto decir "que tremendo", o "estamos todos locos".

Un desvarío

jueves, 10 de julio de 2008

(Sometimes I miss her...)

Comptine D’Un Autre Ete - L’Apres Midi



Luna: El arte de meterse en problemas, ¿habías dicho?

Allen: Es más ir por una tangente. En realidad, para ciertas cosas, me harté de los convencionalismos. Esta todo tan industralizado. Crear es accidentarse, si lo pensamos de alguna manera.

Luna: Digamos que sí, que nos hemos accidentado, pero como decís vos, un accidente muy lindo. Ya tenemos conocimiento de la materia. Pero lo lindo de todo este montaje es que es nuestro, ¿no? Bah, yo recuerdo toda esta serie de cosas y la verdad es que me digo que somos grosos.

Allen: No se trata de sentirse groso, sino más de ir para otro lado. El problema mayor de volverse conservador es que justamente uno se vuelve completamente hacia ese estado. Entonces no cambia.

Luna: Jamás me llevé con los conservadores.

Allen: Sin embargo, aunque uno se crea el liberal o progre, en demasiadas ocasiones solemos caer en eso. Tengo la creencia de que uno cae en conservadurismos por temor, o quizás por esa tendencia a domesticar alguna serie de desastres que hemos hecho, ese desencadenamiento de problemas. Pero uno no se arrepiente.

Luna: Arrepentirse es haber fracasado desde el primer momento. La práctica muestra que no hemos evitado los problemas. Es más, debo decirte que no estoy completamente de acuerdo con tu retirada en la última acción. Amelie no es retirada, es acción.

Allen: Nop. He recibido críticas por eso, pero decidí que me tenía que dejar de romper las pelotas con eso y hacer de cuenta que soy un tipo coherente.

Insomnia

viernes, 4 de julio de 2008

Lo extraño de la situación era que Allen, relajado y todo, no dormía hacía 48 horas. Paula no entendía cómo al otro día estaba tan lúcido, parecía que estaba descanzado y activo.

Paula: ¿Estás consumiendo algo vos?

Allen estalló en una carcajada.

Paula: En serio, es raro que depués de no pegar un ojo durante dos días estés así, como si nada.

Allen: Bueno, me duele un poco la cabeza y las cervicales. Decir que no me viste realmente corroido.

Luna recuerda que fue durante el primer gran conflicto con Jules que Allen estuvo así, casi sin pegar un ojo, pero lúcido, de acá para allá, siguiendo con todo.

Allen: El cuello es lo que más se reciente, es porque no descanso.

Paula: No entiendo por qué no vas al médico para verte.

La reticencia de Jana hacia el poder hospotalario viene de años ya. Tiene que pasar algo serio como para que se digne a visitar ese tipo de instituciones. Además, ya ha visitado tres en lo que va del año, cantidad que sostiene suficiente y hasta excesiva.

Recuerda Eloise que debido a la falta de sueño de Allen Jana, hubo que suspender sesiones de ensayo.

Eloise: Según explicó luego, fue ataque de pánico. Recuerdo que estaba con taquicardia.

Uno se acostumbra a esos desmanes corporales y medio los domestica. Esa vez fue tremenda, me costó dos horas convencerme a mi mismo de que nada sucedería.

Eloise: No entendíamos qué le pasaba. Es raro ver a alguien que está bien, de repente pálido como una hoja blanca.

Paula: Quizás necesitás dispersarte.

Como dije antes, lo extraño es que disperso y todo, es como si el sueño no llegara, como si la melatonina fracasara en su intento de anestesiar la conciencia algunas horas. Según Bob, todo es cíclico, pero debería ver a un neurologo. Y a un cardiologo, por lo de la taquicardia.

Allen: Mis polainas.

Bob no me dijo nada nuevo. Resulta que hay algo que mantiene mi sistema nervioso central alerta. Sí, eso asumo, ya lo sé. ¿No se supone que la medicina es una ciencia más precisa? Tirame un centro.

Bob: Bueno, yo que vos pruebo esto...

Nock out. No recuerdo cuando cerré los ojos, pero fue como un gancho y me desperté a las diez horas.

Bob: Igual, no es bueno acostumbrarse. Yo diría que este tipo de cosas deben usarse circunstancialmente. Aún así, una visita...

Paula: Sos cabeza dura eh.

De vez en cuando Eloise pregunta cómo anda mi sueño. Las últimas veces le venía respondiendo que sin problemas, pero ahora, es la ausencia total.

Allen: Sólo un poco de dolor de cabeza.

Bob: El tema es que luego de no dormir por demasiado tiempo, por ejemplo, la memoria comienza a degradarse.

Allen: Aaaahora entiendo. Sí, de vez en cuando tengo esa sensación de confusión, de no saber dónde estoy parado. Como si mi memoria a cortísimo plazo fallara. Igual, siempre la recupero.

Paula: Nunca te acordás que música pasaron la noche anterior vos.

Allen: Sí, pero eso es porque no le doy bola y está demasiado fuerte como para distinguirla. Además, en todos los lugares es la misma.

Según tuve oportunidad de excusarme con Eloise por aquellas 48 horas, alegué que el problema era tensión laboral. Fue la época previa a que July y yo dejaramos de ser July y yo. La explicación parece demasiado obvia, no me satisface del todo.

Entonces si vamos un poco más para atrás, una serie de sucesos que involucran a gente que a ustedes no les importa pero a mi sí, iniciaron este tipo de manifestaciones. En realidad, también puedo dar cuenta de ilusiones tentativas.

Luna: Lo recuerdo. Pensé que estaría todo bien, lo vi durante toda la noche y parecía ok, pero luego me enteré de que no pegó un ojo en toda la noche. Me dio lástima, hubiera querido que no salieras tan lastimado.

Completamente cierto. Recuerdo nuevamente el tremendo dolor en las cervicales.

Luna: Yo que sé, son cosas de la vida Allen. Me acuerdo cierto momento del proyecto que te vi especialmente tenso. Tu iniciativa por distanciarte era tajante, pero tu incomodidad con el hecho de simplemente existir era tal que no te dejaba en paz.

Por esa época fue el recital de U2, jamás asistí con tantos analgésicos a un estadio. Meri no entendía qué me pasaba, mientras mi mano chequeaba de a ratos que el pulso cardíaco estuviera bien. Subía, bajaba, subía, en el medio, no lo encontraba, ahí está.

Me dejo de racontos al pedo. Creo que en toda la semana sólo dormí el miércoles.

Entonces la vida parace un continuo. Es un continuo, claro. Pero uno empieza a sentirla como un continuo totalmente fragmentado, pues sabe que estuvo al tanto de todo, todo el tiempo, pero se le van olvidando pedazos, confundiendo momentos.

La sinapsis está en crisis, beibi.

Positiva

jueves, 3 de julio de 2008

Puede llegar a darse el caso (en realidad, es lo más probable), de que toda la obsesión teórica de uno de los personajes de este blog decante en multiples hipótesis disparadas simultáneamente, y que tienden a generar diversas paradojas entre sí.

Al afán de tanto rigor teórico le sigue un desgaste que se desarrolla fundamentalmente al pedo. Creo que Maurice me hubiera recontra cagado a pedos por desarmar las cosas de forma tan rigurosa, con tal frenetismo analítico.

Por otro lado, ella ya se está percatando de mis enrosques. Ya está al tanto de mis mambos, pero no se va.

2) ¡Pensamientos positivos! Tenete confianza...

Maurice hubiera señalado que en realidad, esa frase que pareciera ser simple, acarrea el mejor acercamiento al mundo. La confianza se basa no en una sobervia del "todo me saldrá bien", sino la versatilidad de sabernos propios de este mundo, con todas las capacidades y posibilidades que eso implica.

1) Me tenés muchísima paciencia, honey.

2) Jaja, no es paciencia lo que te tengo...