Abstracciones

jueves, 14 de julio de 2011

I
Fueron 33 minutos de bus. Llegué a Volendam un miércoles soleado. Lo primero que me hizo sonreir fue el molino que está antes de entrar a la pequeña ciudad, uno verde enorme que data del año 1650. Cuando me bajé, me encontré frente a la misma cafetería que hace dos años, atendida por una holandesa que podía ser la misma o no, pues para mi no habría diferencia.

Caminé un poco por esa especie de feria improvisada, en esa callecita que termina dando en el puerto. Remeras, souvenirs, pequeñas imitaciones de Van Goghs, réplicas a escala de barcos. No iba a comprar nada, pero me quedé mirando la gama de cafés que ofrecían en uno de los lugares. K7. ¿Quién tomaría K7? Suena bien.

Llegué al puerto y me quedé congelado un tiempo, observando todo el escenario, abstrayéndome mi entorno para poder apreciarlo más aún. El amor es algo así, quedarse como un estúpido mirando, sin poder reaccionar. Es algo hipnótico. Si no te perdés en ese tipo de cosas, no estás enamorado.

Caminé un poco por la costa y los muelles. Los capitanes estaban preocupados porque la marea no bajaba desde hacía una semana. Tres de ellos debatían, hablaban, uno decía que esto era lo que se pagaba por querer ser dios. Me hubierea unido a la conversación, pero no soy holandés ni marino.

La Jürgen Tavern estaba aún allí, así que pensé que podría comer y beber algo ahí en breve. Me senté en el banco de uno de los muelles. Uno que tiene una estatua de un viejo sentado en él. Una idea genial, porque pude ponerme a discutir con el viejo, que me ignoraba por completo. Pensé entonces que el hecho de que te ignore una estatua es más gentil, el viejo al menos tenía una mirada apasible. Que te ignore una persona es más rústico, nunca queda bien, quizás hasta opina diferente a uno y se da el lujo de contestarle a uno.

Ahí me sentí exiliado.

II
Pensé que uno en verdad nunca admite una adicción hasta que llega a una especie de bottom line. O sea, hasta que el maleficio que eso presenta no sea realmente heavy todo sigue. Y de alguna forma, el que sale fácil entonces jamás fue un verdadero adicto.

Por otro lado, ocurre más allá de todo esto que uno hace una especie de abstracción y se observa desde afuera. Es común que en tal ocasión se diga "oh, que desastre soy". Es como si uno alcanzara la verdadera reflexión, un momento lúcido. Eso me gusta. Yo me alejo de las cosas para obtener vistas panorámicas, para ver el todo.

Pero puntualmente con respecto a las abstracción de este tema, de la dependencia, debo decir que es mentira eso, porque el momento de abstracción reflexiva no impacta profundamente. Es una de las vueltas de la cabeza. Aún así, he de admitir que reconocer el problema es un primer paso. Pero no es nada más que eso, un primer paso.

III
Es diferente. A ella siempre la traumó un poco la diferencia de edad. Tanto que me terminó convenciendo. Siempre en algún momento de la conversación salía la cuestión generacional, e incluso se notaba en boludeces como la música que nos gustaba o las cosas que recordábamos de nuestra infancia (el Italpark, sí lo rememoro).

Y por otro lado, ella se comportaba como una chiquilla. Ese fue otro de los momentos de abstracción donde me planteé que en verdad no comprendo ni medio a las mujeres. Ella necesita sentirse linda, claro, pero creo que no tenemos exactamente la misma vivencia de eso. Ojo, no es que esté mal, pero la diferencia es...

Cuando conoció a mis amigos, me dio la sensación de que se sintió atacada, como si todos las estuvieran juzgando. Y dije "corazón, tranquila". El problema es que las novias de Oliver y Orlando son un tanto jodidas, no incluyen a la gente así nomás. Entonces que ella empezara a hablar con esas dos era un drama...

IV
La primera pelea que tuve con Antonella fue por el médico. Pero ella se puso mal en serio. Lo gracioso fue que yo terminé consolandola a ella, pero se puso tremenda con que me iba a acompañar. Y yo me reí. Lloró más. Es pelotudo reirse en esas situaciones.

Llegó un punto en que me obligó a pedir turno por teléfono frente a ella. "Dale, llamá ahora. Tenés tiempo, estás en horario". Me puse en cabeza dura, porque quería ponerme a hacer otra cosa, como por ejemplo escuchar mis nuevos discos de Yann Tiersen.

Agarró mi credencial y se puso a llamar. Se ve que la pasearon un rato por algunos internos, porque llamó varias veces. Y yo tirado en el puf como una larva, abstraido por la música. Imperdonable. Me lo oba a cobrar caro esto, se ve que estaba angustiada, pero juro que en ese momento no podía responder como un tipo copado, siquiera serio.

Sacó dos turnos, me dijo que un día tenía que entrar algo más tarde al trabajo. Luego de hablar con ella, pedirle disculpas, cocinarle y prometerle ir al teatro, mas o menos limpié mi imagen de imbécil.

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martes, 14 de junio de 2011

(post perdido, del 4 de agosto de 2010)

I
Me hablás y no sé exactamente cómo lográs aliviarme. Me siento mal, pero cuando vos me decís que va a estar todo bien, te creo. Tenés una forma de presentarme el balance de bueno/malo de una forma muy... no sé cómo llamarla, cálida, dulce o como quieras. Y te creo.

Si mi vieja me dice "no te preocupes, ya te va a salir algo", no le creo. Si mi mejor amiga me dice "bueno, es cuestión de tiempo, va a salir algo", no le creo. Si mi hermana me dice "no te preocupes, algo aparecerá", no puedo creerle. Ahora, vos venís y me decís "tranqui, que vas a estar bien. Vas a encontrar algo para vos y vas a estar contenta"... te creo! Te creo y me hacés sonreir.

Vos decís que sos malo reconfortando a la gente, que no sos capaz de aliviar a nadie. Y yo tengo que  desmentirte, corazón. Tengo que decirte que me levantaste el ánimo siempre. Un misterio es cómo lo lográs, como aunque estés con tus "malos humores", te las arreglás.

Y me encanta cuando me traes la barra de Cadbury de yogurt de frutilla. Me hace sentir segura.

II
- Hello - dijo ella al otro lado del teléfono-. No te quise llamar antes, a ver con qué humorcito tuyo me encontraba de mañana...

- Hola - contesté con la cabeza totalmente detonada.

- ¿Y vos que querías venir a buscar en ese estado? - dijo ella-. ¿Qué hiciste anoche?

- Salimos con Bataille y Guy, comimos el mexicano más caro del mundo, pero buenisimo. Luego creo que anduvimos por... Bangalore. Y había dos por uno.

Ella se rio. Con voz resfriada me contó del kayak y que el Wilkenny estaba como lo había dejado.

III
Recopilo un poco la información: tengo un carácter de mierda, tiendo a ser bastante inconexo con las cosas que digo y además duermo poco, lo cual acentúa todo esto.

La verdad que, tengo que decir, por más que vos digas que no tenés paciencia, soy testigo de todo lo contrario. Para mi que trabajar con chicos te armó del temple justo para que no te enojes si aún no fui al hospital. je.

IV
- Sos de Buenos Aires, ¿de dónde?

El micro ya había salido, no había retorno. Volvía a la ciudad, al trabajo, maldita sea.

- De Olivos - contestó ella, mientras veía alejarse la terminal de omnibus.

- ¿Por donde anduviste? ¿Bariloche y algo más?

- El Bolsón, dos días - contestó ella mientas descubría que en la bandejita le tocaba pollo con una crema rara.

Mientras continuaba investigando su cena, su compañero de asiento la interrogaba sobre sus quehaceres cotidianos: era maestra, tenia veintinueve años, vivía en Olivos. Muchacho macanudo, pero ella no estaba de humor. Por su acento cantado, el pibe era de Córdoba.

Él le habló de que estudiaba música, guitarra. Se dedicaba a dar clases y visitaba al hermano que vive en Buenos Aires dos veces al año. Porque el hermano era abogado y estaba de feria.

- ¿Viajaste sola?

- Sí.

- Uh, de habernos conocido antes, te mostraba todo. Hace un año que vivo acá en el sur. Quizás me puedas mostrar algo de Buenos Aires.

Va a Buenos Aires dos veces al año, tiene al hermano ahí. Pero solicita un tour... ajá.

- Tengo novio - contestó ella.

El hambre

I
Cansado. Estaba can sa do de ella, de su forma de despertarme a las mañanas, de quedarse todo el día en casa, de no entender que esa noche quería salir con mis amigos, de que se apareciera de sorpresa en las fiestas de cumpleaños.

Todo eso, así que le eché fli. Un momento de convicción y determinación pocas veces vistos. Agarré y la senté en el sofá, le dije que yo no podía darle lo que ella quería, que necesitaba espacio, que no significaba que nos tuvieramos que pelear, pero sí que la cosa no iba más así.

Todo bien. Momento tenso, pero lo entendió.

Salí esa noche, nos fuimos a una fiesta en San Isidro de un amigo de Gilles. A las cuatro de la mañana cayó ella, me dejó tres mensajes en el celular. Alta mierda. Cuando Jim se estaba esfumando se la cruzó a la salida, me dijo "che, te busca Miriam". Callate boludo que no quiero, no sé, que no entre, que se joda, yo me quedo acá un rato más.

Enervado me tenía, enervado. Logré a lo largo de los días ir limitando sus momentitos. Pero no había pensado en el hambre por venir...

II
- ¿Holá?

- Hola Miri, soy Jorge. ¿Cómo andás?

- Ah, ¿Qué hacés loqui por acá?

En uno de esos arrebatos me decidí por no volver a casa, aparcar mi coche en avenida Maipú al 2000 y tocarle timbre. Una idea genial, según Gilles. Una caradurés imperdible, según Jimmy. Una decisión de hombre, según Rolland. Una gran iniciativa, según Guy.

- ¿Estás muy ocupada?

- Algo... estaba preparando una chocotorta para mañana, es el cumpleaños de Beatrix.

Qué carajo me importaba. Traté de actuar serenamente.

- ¿Necesitás ayuda? Soy un gran testeador de chocotortas, yo te puedo decir cuando está a punto.

- Es que ahora vienen las chicas.

- ¿Cuándo? ¿No tenés un rato? Te traje las caripusas, así ya no te doy más vueltas con eso. De paso veo cómo está el potus.

Hubo un silencio tedioso. Pensé que me había colgado.

- Es un toque, te dejo todo y me voy.

- Jor, te juro que no puedo. Estoy hasta las manos, si querés hablamos mañana. Por las caripusas no te preocupes, las paso a buscar sino.

- ¿Una vez que te las traigo y me las despreciás así?

- En serio...

- Además, creo que me olvidé mi libro de Osho en tu living.

Era mentira. Osho estaba perdido, pero seguro que ahí no.

- Bueno, mañana reviso y si está te lo acerco - dijo Miriam hinchada las pelotas-. Hablamos Jorge.

Penal. Eso me pasa por tomar decisiones precipitadas... cómo desempolvar la agenda a ver cómo soluciono esto che.

TNT

lunes, 23 de mayo de 2011

I

Era todo de mentira. Por eso empezamos, porque nada de esto era en serio. Entonces uno simplemente se deja recorrer, investiga. Y vos hasta cerraste los ojos, porque sabés que sos muy mental. Y entre todo el lío, cuando nos encontramos no nos quisimos soltar, nos investigamos, nos reconocimos, tu mano pasaba por mi espalda. No te quedabas en la típica de tomarme de la mano, sino que hacías caminar tus dedos por mis brazos, rozabas mi cuello, bajabas por mi espalda hasta... Hasta que te recatabas.

Y tenía tus labios tan cerca, estábamos ahí nomás. Y me tomabas de la cabeza, en una especie de abrazo. Fue ahí cuando me di cuenta de toda la electricidad que nos estaba recorriendo y de que evidentemente nos atraemos. Ya lo sabemos, pero esa fue una reactualización de nuestro pasado que se apareció de repente, sin avisar.

Y no me soltabas, y yo no quería soltarte. Pero me hubiera sido imposible mirarte a los ojos, porque me hubiera sentido descubierta, como si algo me hubiera traído a la realidad. Yo quería ser como vos: todo tacto, todo piel, todo para recorrer.

No era que me ponías nerviosa, sino que... quizás me descolocabas un poco, acariciándome el pie. No era lo "estándar", ibas por más. Y no sólo con tus manos, porque tu espalda también acarició la mía y ahí yo te tomé de los brazos. Y entonces nos fuimos alejando, pero el proceso nos costó minutos, porque siempre volvíamos para atrás, nos tomábamos de nuevo. Y justo cuando la yema de tu dedo estaba por abandonar la del mío, me tomabas de vuelta.

II
Inestable, como el plutonio. Porque otra vez llegué estallando a mi casa, porque nuevamente me sentía un poco vacío. Todas esas cosas que me produce ir a visitar a lo que queda de mi madre, a ese lugar tan lúgubre, tan solemne. Y encima pelear. Entonces es esa energía negativa la que me recorre, la que me impulsa. Es cuando estoy más soberbio, más ácido, más frontal.

Y con toda esa energía fue que respondí al plan de salida. Necesitaba irme, era necesario. Si algo no ocurría esa noche, volvería a no dormir. Estaba en plena crisis y precisaba devolverle a mis sentidos algo de vida. Y es sabido que me puedo volver criminal, que ejerzo mis impericias con una precisión de cirujano.

Entonces, envueltos en la nulidad de Martínez, intenté mezclarme con todos. Un desliz: pensé haber visto a Jackie entrar al lugar. Un desliz del que me costó zafarme, porque le dije a Guy que me ayude a escrutar el local a ver si era ella. Creo que no era, creo que el fleco la asimilaba. Pensé "Y bueno, no es Jackie, dale entonces mejor...". No, para nada. Era sólo un dato que quería chequear.

Pedí una Corona. Alguien me dijo "¿Sabías que ponerle limón hace mal?". Negué el hecho. ¿Quién precisa más panfletos de medicina?

III
Es un poco mi culpa. En verdad, tenés razón. Fui y no fui. Estaba ahí, queriendo pero no. Yo me sentía como si nada. Casualmente me había puesto esa remera roja, casualmente llevaba el con bucles, casualmente decidí tomar un daikiri.

Yo te digo que la casualidad no existe, vos decís que es un elemento más de todo lo que ocurre, no un determinante pero sí un "factor". Y te ponés matemático. Sos tan torpe a veces, como cuando me preguntás por mi trabajo. Y después me decís que el peinado me queda lindo. Son dos lados del señor JB. Es como una forma de tirar humo que tenés.

Me mirabas de reojo. Y sos tan salame que cuando te devolvía la mirada, en seguida te hacías el que estabas hablando con Jorge. Al principio pensé que iba a hacer sociales con cualquier otro hombre. No es que quisiera nada, pero... bueno, quizás estaba un poco animada.

Pero te apareciste en lo que seguramente describirás como una "gran jugada". Yo estaba charlando con Susana y parecíamos lejos. De repente, en un paso de baile te las arreglaste para quedar frente a mi, y dijiste "Hola, ¿cómo andás?".

Pensé que me ibas a decir de bailar. Pero no. Te metiste directo en el problema, en eso que nos había pasado dos días antes. Eso que te hizo que me agarres de la cintura y te me acerques. Eso por lo que te olvidaste que en una de esas estaba Jackie por ahí, no te importaba, vos sólo querías deshacerte de todos conmigo.

Fue tan rápido, tan... Me sentí un poco fácil. Ja, mentira. Suelo hacer prólogos más largos, pero te conozco hace años y encima cuando nos vimos la electricidad seguía ahí. De tal forma que nos tuvimos que ir a tu casa porque era lo único que podíamos hacer: terminar lo que habíamos empezado.

No nos importaba que nos vieran, no nos importó dejar la fiesta temprano, no nos importó viajar cuarenta minutos a la madrugada. Tampoco te importó dejar la ropa en el living, tampoco esperaba tu cama hecha. Pero precisábamos tirarnos ahí.

IV
Un poco instrumental. La necesitaba. Es como cuando a uno se le ponen las cosas entre ceja y ceja. Ella era mi objetivo y no me iba a ir sin antes tirarle con toda la artillería. Y toda esa negatividad, esa depresión, funcionaba como propulsor. Era mi seguridad. Estaba tan hecho mierda que ya nadie me podía hacer daño.

Entonces cualquier caricia de ella era reparadora. Pero ella no podía ser cualquiera. Ella tenía que ser ella, ya la conozco de hace años, ya me conoce, ya tenemos un tacto irrevocable. Alguien que pudiera compartir todo lo que me dolía, alguien que realmente pudiera compartir afecto. El sexo es mil veces mejor cuando es con alguien que querés.

Pero también era extraño: necesitaba tenerla. Tomarla por la cintura, ser dueño de ella por un rato. Para luego dejarla en libertad, que ella se hiciera cargo de mi. Es un juego de roles, todo va y viene con un compás exacto. Era ella que se estiraba, yo que la recorría. Descargaba mi tristeza, mi abstinencia de otras cosas. Y ella se entregaba. Otra vez habíamos coincidido, pero habíamos coincidido en lo más profundo de nuestra depresión. Eramos cada uno el paliativo del otro. Se le notaba en la mirada.

Nunca la vi tan libre. Yo me liberaba a cada desgarro, a cada movimiento. Caí demolido. No me había dado cuenta lo que me hacía falt...

Fue a las 13.30 que abrí los ojos. Estaba nublado.

V
No entiendo. No entiendo porque me importa tanto. Si ya estuvimos juntos antes. ¿Por qué tengo esa sensación de que puedo llegar a quererte aún más? Hasta amarte. ¿Fuimos una historia de gatos y perros perdidos?

Fuimos mil veces más tiernos en la cama que cualquier en cualquier otro momento. Es como si hubieramos activado una bomba. Pasamos el punto de retorno. No podemos ser amigos, no no. Ya nos besamos antes, pero ahora... Vos con tu café por la mañana ya no sos vos, sos aquel con el que estuve anoche. Y yo, ¿soy la que te agarraste la noche anterior?

Eso: tengo una necesidad imperiosa de que me definas, que me digas quién soy.

No te enojes

lunes, 16 de mayo de 2011

Me sentí como el culo todo el sábado, no tenía ganas de comer, me pelee con mi gato Jaffi, no quería atender a mi mamá en el teléfono. Todo probablemente fuera efecto del viernes de mierda que había pasado, en el que Jim no tuvo mejor idea que mencionar a otra. Y lo genial es que ni siquiera me aclaró nada.

O sea que no sé si está con ella, si es de antes o lo que sea. Se resguardó en un simple "no me parece que tengamos que hablar de esto". Y no lo conozco tanto, pero si alguien se pone esquivo es que algo pasa. Entonces en una de esas resulta que venía viendo a la otra hace dos meses o lo que sea.

En una de esas es esa pibita con la que se encontró en el viaje.

En una de esas... Pero lo llamé a los diez minutos y le dije "no me vas a hacer enojar". Estaba que quería explotar. Y él estaba tan suelto, tan "qué me importa". Lo saqué de todos lados, lo borré.

Pero el jueves me pasó que la pelotuda de mi ex amiga Gillian anduvo diciéndo no sé qué cosa en el Cara Libro. Y en la desesperación de saber qué, de ver qué había puesto, recordé que Jim:

- Facebook tiene un bug de seguridad con las fotos. Hay álbumes que se supone uno no puede ver, pero en fin... Pueden verse. No así nomás, pero...

Lo llamé. Me atendió otro, me pasó con él. Entonces, recibí otro palo:

- Ah, hola. Pffff....

Una falta de respeto. No entiendo cómo no lo mandé a la mierda.

Entonces me junto con el otro, con ese pibe que se suponía me había enamorado. Salgo con él. Y luego le cuento a Bentham. Ahí en ese preciso instante fue que él me dijo lo de la otra. ¿Que soy entonces? ¿Y qué carajo me importa?