#) Hola.
1) Hola. ¿Cómo estás?
#) Bien.
1) No puedo creer que estemos acá, los dos frente a frente sin que se estén cayendo las paredes, sin que resplandesca esa necesidad de huir...
#) Lo mismo digo. Sé que te cuesta estar acá, que te has implantado esa reticencia a mi. Lamento eso. Pero respeto que estés acá ahora, que no hayas optado por no venir.
1) Si. Yo también lo lamento. Y reconozco explícitamente el esfuerzo emotivo que estoy sufriendo ya.
#) Tenía razón cuando dije que no podíamos quedarnos con todo esto embotellado, esa vez abajo de la lluvia. Tuve que perseguirte casi, alcanzarte, lograr que pararas, para poder hablarte. Tanto tiempo a pasado Allen. Ese mismo tiempo que susurra su verdad, no la mía.
1) No sé. Tengo que admitir que recién ahora me doy cuenta de ciertos mecanismos. Y creo que fui efectivo de desarmarlos, sin darme cuenta. Vos no querías que los desarmara, pero creo que tenía que abandonarlos.
#) Creo que no los abandonaste del todo. Entendeme. Renuncié a vos porque no quedaba otra escapatoria, y te digo bien claro, fuiste una de las renuncias más dolorosas que tuve que hacer. Intenté volver, acercarme un poco. Pero siempre me respondiste con una repelencia asombroza, con bombas y estallidos.
1) Decime, ¿vos tenés esa sensación, cuando estamos con todos, los dos presentes, de que tenemos que omitir lo inomitible? Eso, de que nos negamos el uno al otro pero en realidad estamos tan de frente, tan cerca, dolorosamente cerca desde un abismo.
#) Si. Lamentablemente nos hemos vuelto expertos en esquivarnos. Pero vos iniciaste este proceso. Vos fuiste el que se fue, el que comenzó a volar los puentes, a desintegrarse.
1) No pude con tanto dolor, entonces me fui. Y aprendí a desconfiar de mi mismo, entonces comenzaron las detonaciones. Sabía que si existía el puente, iba a cruzarlo, o peor, a intentar que vos lo cruces. Entonces comencé a detonarlo.
#) Recuerdo, escuchar las explosiones a lo lejos. Por favor, si me has hecho llorar con semejantes cosas. Esa lejanía, ese no reconocimiento de que me quisiste, de que estabamos juntos. Te odio por eso. Negación de que yo estuve en vos y vos estuviste en mi. Negación de que las cosas cambiaron. Procediste a borrar las cosas, a convertirme en la nada.
1) Esa nada es la marca de la presencia absoluta.
#) Si, veo. Me doy cuenta. Estamos de acuerdo en eso. Quiero que sepas que yo no hice todo este montaje, que te recuerdo, que estás... que me pone mal acordarme de vos, pero no por el pasado ese que tuvimos juntos, sino por eso que te volviste ahora, Allen.
1) Estoy absolutamente convencido de que el problema no es con vos, el problema es con quien eras antes, y ese por qué del fracaso. Porque creo que ya no te conozco, pero tengo una imagen demasiado explícita de quién eras. ¿Sabés que hasta recuerdo tu número de documento? Fah...
#) ¿Ves? Negás toda mi realidad, todo eso que soy desplegado en la actualidad, mi yo de hoy, que ha pasado por más cosas que Allen Jana. Te quedás con hipótesis de quien soy, y con certezas (discutibles) de quien yo era. Me matás una y otra vez, todos los días. Pero el que sangra los balazos sos vos.
Conversación con el enemigo
domingo, 2 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
"Pero el que sangra los balazos,sos vos". Genial.
Y
es
que
a
veces
nos
desangramos
de
sinsentidos.
Esta frase yo podría copiarla en mi cuaderno?M,
y para cuándo el encuentro con rosende y hanibella? besote,
Cuando quieran, saben dónde hallarme. El clima pide a gritos cerveza.
Ojo con los balazos.
Publicar un comentario