el error

sábado, 7 de junio de 2008

El error, la antilógica, lo de ses truc tu ran te. Ir para el lado contrario. Demoler lo usual, contrariar al itinerario, perforar el cronograma de la forma más creativa posible.

El error, la fisura. El cuerpo, su "impericia" es sencillamente brillante, sus rayes colorean las formas. El error como forma accidental de ser en el mundo.

Es el concepto de error el que hay que revisar, pues muchas veces resulta ser lo correcto, acompañado de la poesía del azar y esa melodía de la espontaneidad, que encontramos cuando pasamos el umbral de nuestra incomprensión.

Hate big plans: They never work.

La teoría del choque

Pensé que me gustaría cruzarte allí. Zunny dice que tengo que charlarte un poco las cosas de manera más clara, pero te juro que no me sale. Peor, me doy cuenta de cómo no me sale.

Gallagher dice que detengo los desarrollos en cuanto algo parece ser demasiado relevante. Debe tener razón el gato, se me ocurre.

Zunny: Prefiero los casos en los que te equivocás. La historia a comprobado que al equivocarte terminaste envuelto en buenas ideas, en lindas ideas.

Sí. Es un hecho histórico. Del error sale muchas veces un invento genial, de esas cosas que aparentan andar solas pero en realidad uno tiene tan incorporadas.

Zunny: Fijate que en realidad lo que vos estás midiendo frenéticamente son las oportunidades de error.

Oliver: Del error no te librarás jamás. Quizás deberíamos tomarle el gusto a esto de los errores. En algunos casos surfearlos, como vos decís. En otros, dejarnos atrapar por completo por ese despelote que armamos.

Sí, lo que pasa es que uno se siente inoperante, poco creativo, cuando no puede resolver un dilema tan simple como un beso. No es para tanto, es introducción-nudo-desenlace, eso ya lo sé. Tengo mil variantes inclusive.

Zunny: ¿Entonces?

Entonces ponele que nos accidentamos de más. Gallagher piensa que esta observación fue estúpida.

Zunny: Me parece que corrés más riesgo de accidentarte de menos. Te empujaría para que choques directo con ella, desactivaría tu freno. Sobre todo tu freno.

Sostiene el gato pensador contemporáneo, que el freno se opone categóricamente al choque.

Oliver: Igual, tampoco se entiende mucho qué pasa del otro lado. El camino no es tan claro, generalmente está poco iluminado. Uno siempre piensa "la puta, por qué mierda no ponen un par de luces por acá".

Me doy cuenta que estoy tocando la guitarra, que se me ocurren melodías al pensar todo esto, al acordarme de... ¿Hasta qué punto chocar es una metáfora?

Oliver: Todo eso tiene nombre propio.

Me interesan las denominaciones, pero no tanto como la situación de choque, como averiguar la pericia de ella frente al volante. Me gustaría chocar de manera poética, justo cuando los dos escribimos las líneas tan al unísono, que es imposble que no terminen de frente.

Lo disperso

miércoles, 4 de junio de 2008

I
Cosas que te pueden pasar por mensaje de texto:

Pau: A que no sabés? Tengo de nuevo credit doble x 1 semana. SONASTE! Jua!

Me causa gracia esta chica. Es muy ocurrente y oportuna.

II
Orlando: Sábado.

Allen: Sábado...

Orlando: Sinceramente no sé que esperar.

Allen: Yo tampoco.

Orlando: Ponele, dijo que iba a poner todos monitores en toda la casa. No entiendo para qué.

Allen: Yo le escuché algo así como que se iban a ver todas las habitaciones de la casa. Una especie de reality show que se le ocurrió. Sólo hasta ahí sé, decidí no preguntar más apartir de que dijo eso.

Orlando: Felipe tiene problemas...

III
Allen: En realidad, pienso que la palabra adecuada es "surfear". A la industria hay que surfearla, porque viste, el surf es algo que se hace ahí, sobre la superficie, muy volátil, siempre cambiante y preparado para domesticar el evento.

Oliver: Es una posibilidad. En realidad, creo que no hay que tomárselo tan a pecho. Aún así, es cierto que uno no es de plástico, que estas cosas le afectan. Eso de separar así tan tajantemente lo laboral de lo personal es cualquiera.

Allen: Precisamente. Pero si lográs surfear...

Oliver: Sí, depende de cómo lo viva uno. También es el ritmo al que elegimos vivir. A mí ya me tiene podrido esto, y no pasó tanto tiempo.

Allen: Sep, te entiendo. Quizás nos falta pericia con la tabla de surf, poder domesticar las olas. Pensalo, siempre terminan en el mismo lugar. Cuando te caes es cuando el agua te cubre, cuando te falta el aire. Llegar a la playa, dominar el surf, es...

IV
2) En realidad, no tenés tan mal carácter como vos decís. Tenés tus vueltas, tus mañas. Me gusta cuando sonreís, y más cuando pienso que es por algo que dije. Se me pasa la hora con vos, ¿sabés? No te pregunto, sólo espero que a vos también se te pase volando.

1) Yo ahora te dejo en la boca del subte. Te dejo porque tenés que llegar temprano a tu clase, no porque quiera. Vamos, que no me gusta que pierdas cosas por quedarte en nimiedades conmigo.

2) Estoy medio perdida. Me pregunto cuántas de esas sonrisas me tendrán por autora.

1) Me pregunto si a vos también se te pasa el tiempo volando cuando estás conmigo.

2) Me voy. Pero no quiero.

1) Ve. Pero no te librarás de mí tan fácilmente.

Se despidieron con un beso casi accidental, olvidando la avenida, los autos y los transeuntes que los rodeaban. En realidad, si ambos querían chocar, no hubo ningún accidente.

V
Después de una semana totalmente dry, totalmente sobrio...

Zunny: ¿Y?

Allen: ¡¡¡Aliveeeeeeeeeeeeeee!!!

Ella se rió. Una semana sin cerveza, totalmente desintoxicado. Cuando probé la Heineken me parecía el elixir de la vida, lo mejor que me podía pasar en ese momento. ¡Heineken y Zunny es una gran combinación!

Zunny: ¿Viste? La sobriedad no rinde. Te hace pensar en problemas y esas cosas, vos tenés que estar libre.

Allen: Ser en situación, beibi.

Zunny: O sea, cuando estás sobrio también me caes bien, hasta me podés llegar a parecer buena persona. Pero yo necesito que tomes conmigo, sino no da. Imaginate que nos juntemos y estar sobrios todo el tiempo, no daaaaaa.

Entonces se levantó de la silla, se puso de rodillas y comenzó a decir "Es horrible es horrible, no no". Tuve que contenerla, pobre criatura.

Zunny: Es horrible es horrible, no no.

Estabamos escuchando The Who decidí que es lo más. Zunny no estaba tan de acuerdo, porque ella escucha esas cosas raras de música electrónica, y ahora me explico tantas cosas...

Zunny: Salame.

Allen: Mortadela...

Zunny: Me dio hambre, improvisemos una picada.

garabatos

martes, 3 de junio de 2008

¿Notaste los vidrios casi empañados? Esta Buenos Aires que nos quiere pero nos abandona tan a su manera. Pensalo, conocerte acá no hubiera sido lo mismo que conocerte en... Trenque Lauquen, París o Atlanta.

Creo que cuando nos sumamos, cuando sabemos cómo jugar con el otro, es cuando mejor somos cada uno. Porque cada uno resulta ser entonces una medida del otro, sin ser el otro, pero involucrándolo.

Y ni te preocupes por olvidar la hora, yo ya la he olvidado por ti, la he escondido en algún lugar para que no la encuentres. Ni la busques, no me gustaría que la busques, pensá mejor en cómo los vidrios siguen empañados, en cómo la ciudad esta nos identifica aunque no la querramos tanto.

Pensé menos esta vez, eso es bueno. ¿Vos? Sí, ya sé que cuesta, que la costumbre nuestra es volver una y otra vez sobre nuestro encuentro, a ver cómo corchos nos explicamos lo que pase desde ahora en más. Suena lógico.

El calor del adentro es tan diferente al frío del afuera. Y si dibujás animalitos y cosas con tu dedo en el vidrio invernal no está nada mal. No todo son cuentas, no todo es razonable. Deshagámonos de las teorías un poco, total sabemos que volverán solitas a nosotros.

Eso es un león, eso es un hombre, ese es el sol que sonríe aunque hoy no sale del todo. Esa es la avenida, esa es la gente que camina, estos somos nosotros sentados en medio de cualquier lugar, con una mala excusa para nosotros. Mejor excusa son los vidrios empañados, mejor excusa es el volvernos a ver.

No tengo nada escrito. Verás, a duras penas me gusta pensar estas cosas. Prefiero imaginar que tenemos crayones, que podemos dibujar como vos lo haces con tu dedo sobre el vidrio. Vos quedate con el verde y el rojo, yo usaré el azul. Jamás fui bueno para los paisajes, siempre me centré mejor en los detalles de un personaje. ¿Qué personaje? Ninguno que valga la pena recordar, pero te aseguro que en una época lo supe hacer bien bien.

Dejaste tus huellas en los vidrios, llevándote todos esos garabatos con nosotros. Me gusta que sean nuestros garabatos, que el vidrio no sea nuestro pero sea más nosotros al menos por un rato. Como la ciudad, como la muchedumbre, como el colectivo que jamás pasa cuando lo necesito. No me hago problema, no sabría a donde ir.

En realidad, podrías quedarte con los garabatos, son más tuyos que míos.

¿Viste? Prefiero que no estemos en Trenque Lauquen, París o Atlanta.

9 sets

domingo, 1 de junio de 2008

I
Les juro que a mi me había costado llegar ahí, al lado de la cabaña. Me daba vueltas todo y estaba clarísimo que habían cancelado el paso del tiempo al menos por esta noche. El pasto no estaba nada mal, me gustaba eso de tirarme y mirar las estrellas. Ahora entiendo un poco más lo que decía Allen. ¿Será esta la sensación de la que hablaba?

Me suena esa canción medio cubana y no sé por qué. Es el efecto post... no me puedo dormir.

Escuché la puerta que se abría. No supe hace cuánto había pasado, pero era obvio que alguien que estaba adentro de la cabaña (pensé que estaba vacía) salió.

Allen: Ah mi querido Esthershack, bienvenido a...

Se acordaba de que la situación ameritaba una bienvenida, pero no recordaba a dónde...

II
Llegamos a Pinamar el sábado por la mañana. Yo por lo general estoy de mal humor cuando me hacen despertar muy temprano, me parece una injusticia encima un fin de semana. Pero ahí estaba, en el auto, esperando como un salame que el resto se dignara a aparecer.

Esthershack: Llegamosssss.

Sí, ahí estaban en el móvil reconstituido de Orlando. Esthershack y su hermano, Charlie, lo acompañaban. Parecen tan contentos, no entiendo que mierda le ven al tenis, no entiendo por qué se emocionan tanto por ir a jugar a eso, no entiendo por qué Orlando y yo vamos con ellos si ni siquiera sabemos lo que es una puta raqueta.

Mientras me dignaba a tomar mi imprescindible café matutino llegaron los otros dos Bob & Oliver. We were ready to rock.

Manejé cinco horas llevando a estos vándalos conmigo, mientras en el Orlando móvil también viajaba un tal extraño que conocí para tal ocasión, decididamente un maldito tenista. Al llegar a Pinamar la sensación fue irrefutable: Un paraiso industrial high class.

Oliver: Uno tiene que meterse en estas cosas de vez en cuando.

Bob: Esto es una grasada jjaja.

Orlando: La verdad, donde fuimos a parar, mirá todas estas casas de gente tan...

Tan snob. Perfectamente saben que yo no pertenezco acá, lo cual agudizará mi mal carácter cuando vaya cayendo la noche.

El complejo era más de lo mismo: pileta climatizada, canchas varias, sauna, ducha escocesa (no tenía ni idea de qué era eso hasta que lo probé), bar, salón de juego. La excusa perfecta para cualquier tipo exitoso que quiera venir a disfrutar de la buena vida, una partida de poquer y un buen vino de 100 mangos.

Allen: Un verdadero refugio industrial, muchachos.

III
Abrió la mano y tenía una de esas pastillas celestes, entonces me contó que era su munición para comenzar la noche. Esthershack ya venía volado por los efectos de eso que fumamos antes, por lo que me pareció prudente quitarle la mitad de esa pastilla para evitar incidentes.

El máximo tolerable de éxtasis para el cuerpo va entre 80 y 160 miligramos. Las pastillas tienen 80. Partidas a la mitad, Esthershack se quedó con 40. A todo esto, habíamos empezado una linda charla con nuestro soon to become médico:

Bob: La tolerancia a las diferentes drogas varía según el individuo, claro. Cada célula tiene receptores, que son los que luego requieren la droga. A medida que va recibiendo dosis, la celula genera más receptores para esa droga, entonces sube la necesidad.

Esthershack ya se había tomado lo suyo, no seguía la conversación. Allen intentaba dar con el hilo, al igual que yo.

Bob: El éxtasis en ese aspecto no es peligroso, la que es jodida es la coca, y ni hablar de la hero.

Oliver: Supongo que todo eso en su cuidadosa medida...

Bob: Siempre con sumo cuidado.

Bob es un tipo bastante limpio en ese aspecto, sólo toma alcohol y no en grandes medidas. Pero el speech parecía dirigido a consumidores de todos los rubros, mientras nosotros alrededor de la mesa debatíamos.

IV
Ponele que efectivamente esta es la cuarta, o la quinta, quizás la sexta. Pero estamos trabajando en base a suposiciones, nada más. No sé si la mina de la barra me sonríe cada vez que me acerco a por otra, o...

Hey hey, Oliver está más contento que nunca, que maravilla de la ciencia y la ficción. Mantengamos los pies sobre la tierra y hagamos de cuenta que el techo no está en el piso. Seamos normales.

Todo parecía normal, hasta que vimos a Esthershack que venía levitando rápido pasando entre la muchedumbre. Tenía un vaso de speed con vodka en la mano, mientras gesticulaba con la otra. Al pasar noté que un patoba se lo llevaba hacia la salida, corrimos para ver que pasaba.

Desde afuera Esthershack nos puso cara de "qué se le va a hacer", y luego un gesto de me voy a dormir.

Oliver: Hmm... se lo tomó como si se lo mereciera.

V
Mierda, yo no sabía como venía la mano. Sí sí, la mano. Todo lo que toco me llena de... una sensación... que... Si me pienso ahora, debo estar relleno de telgopor, porque no peso nada, casi floto casi... Hey, ese tipo tiene un cartel de Gracias no sé qué.

Terminé abrazándome con ese completo extraño. Eso es el sistema simpático del cerebro en acción, me lo dijo Bob: son todos tan queribles de repente, que me pueden llegar a caer muy mal.

Mientras Allen seguía trabajando con suposiciones, hasta que un trencito se lo llevó puesto y terminó de locomotora entrando al baño equivocado. A nadie le importó, pero estoy seguro de que varios lo notaron.

Bob: ¿Y Esthershack?

Orlando: Vení que hablamos con estas, una está relojeando...

VI
No me gusta cuando veo fantasmas, simplemente porque sé que no son de verdad pero la traición de mis sentidos es tal que uno no puede evitar cierta paranoia.

Me pregunto si Day habrá llegado hasta aquí... Me pregunto si en una de esas todo tiene que ver con todo y esta trama en realidad viene de otro lado. He aprendido a leer las ausencias y omisiones con demasiado detalle, casi haciendo un trabajo arqueológico.

Allen: Todo lo de Amelié me suena a fracaso, ahora me doy cuenta por qué, tengo que repuntar un gran tramo de la historia.

VII

Hey, ¿dónde mierda está Esthershack?

Bob: Genial, lo perdimos en Pinamar drogado y puede estar en el Congo Belga por lo que nosotros sabemos.

Allen: Pará pará, no seas dramático. Bueno, no está en el auto, usemos la cabeza.

Usar la cabeza no era mi mayor atributo en ese momento, como será que continuaba saludando a la gente que salía del boliche como si los conociera. Sabía que era ridículo. Igual cuando Bob me puso cara de ojete paré.

Estaba saliendo de esa sensación de que nada importaba. Luchaba para salir, de hecho. La relevancia, claro, siempre el mismo problema, siempre la misma ilusión. Nos convertimos en esto pensando que está bien, la verdad es que... Claro, perdón, estabamos en Esthershack.

Con Oliver más tranquilo, decidimos que era hora de sacarle a aquella muchacha el Orlando que tenía pegado. La historia se traducirá en que le serruchamos el piso. La historia está llena de mentiras, ya sabemos.

VIII

La verdad es que no se me ocurre dónde mierda estará. Mientras manejaba se me ocurría que Esthershack había vuelto a entrar, o que estaba en algún bar de la zona. No contestaba su celular, no mandó nada. No me extraña, está podrido de la tecnología.

Oliver: Tendríamos que haber salido con él.

Orlando dormía, no podíamos contar con él para nada. Bob era el más sobrio y yo, ya estaba casi reconstituido, hasta me llevaba con el volante con mi habitual pericia. El primer lugar donde lo buscamos fue en bar que estaba a tres cuadras.

Bob: Un pibe de baja estatura, barba y pelo castaño, ni tan flaco ni tan gordo.

Ni lo había visto en toda la noche, o no se acordaban. Seguro que no había estado ahí, el barman recordaría a un hincha pelotas pidiendo Smirnoff.

Su celular muerto, los efectos de sus 40 miligramos seguramente vigentes, nadie se animaba a insinuar que hubiera ocurrido nada malo. Preguntamos por la calle, a algunas caras pasadas de rosca. Nada. Nos preguntabamos a nosotros y respondiamos que seguro estaba en algún lugar, ni siquiera al tanto de lo que había pasado.

Dentro del auto parecía que estaban vedadas las menciones que aludieran a una pérdida estúpida, a cualquier gravedad. Implicitamente optamos por pensar todos juntos que Esthershack estaba, y que estaba entero y bien.

En un rato amanecería. Detesto la temporada invernal, las bajas temperaturas vuelven a las noches muy poco hospitalarias. Yo estaba en el sillón, francamente con la mente un poco en blanco otro poco en gris. Habíamos recorrido casi todo pinamar.

Bob: La playa. Boludos que somos, no fuimos a la playa. Seguro está ahí sentado en una fogata mirando el infinito.

Lo que quedaba de Orlando seguía en el auto, y ni hablar de la cara que puso Charlie cuando entremos en plena madrugada. Nos dijo algo de que seguro mañana en el tenis nos iban a romper el...

Oliver: Uh, claro, mañana tenemos que seguir jugando.

Uh, claro, todo esto era a propósito del tenis, ¿no? Es cierto lo que dice Bob, vamos para la playa, seguro que está. Entonces salí para tratar de despertar a Orlando, cuando escuche que alguien cantaba Guantanamera por ahí, por los yuyos.

Allen: Ah mi querido Esthershack, bienvenido a la realidad nuevamente.

Se acordaba de que la situación ameritaba una bienvenida, pero no recordaba a dónde quedaba la realidad exactamente. Puf, che ¿cuándo llegaron? Me estoy cagando de frío lindo acá eh.

IX
Al otro día la performance del equipo fue de medriocre para abajo. Nadie quería jugar. Oliver no había podido dormir en toda la noche y por más que Esthershack lo había logrado, hubiera sido mejor que dispensara al resto de su flojera.

Orlando dormía. Bob era el más integro de todos, pero no logró hacer buena dupla con Charlie, que decidió continuar jungando con él cuando vio que el resto eramos cenizas.

¿Allen? Armando un par de ideas sobre la sociedad postdisciplinaria, dejé reposar mis restos bajo un sol un tanto amarrete, sobre el pasto tan carismático que los del complejo plantaron. De a ratos miraba los partidos, de a ratos volvía sobre Foucault. Al otro día era lunes, tenía que volver a trabajar y ya no me importaba por qué.