Utilizo este espacio para recomendar La Paranoia, obra de Rafael Spregelburd que utiliza elementos audiovisuales, delira mucho, desnaturaliza palabritas y desestructura algunas ideotas. En la foto, los personajes Kendry Morales y John Jairo.


"Las inteligencias mantienen el equilibrio del cosmos. Es un enorme esfuerzo, el de las inteligencias. El cosmos es vasto y lleno de inexactitudes. ¿Y qué aporta nuestra pobre Tierra a todo esto? Muy poco. Nuestra visión de lo lejano es magra, nuestro encéfalo carece de las coordenadas de infinito. Pero hay algo que las inteligencias no pueden obtener en ningún otro planeta: ficción. Somos la única especie capaz de imaginar lo que no ocurre. Ellas se alimentan de la ficción, y este lujo ha garantizado la paz del cosmos. Pero ahora se está acabando. No quieren más de aquello que ya conocen. La paz peligra. Un grupo de elite, armado a los apurones en Piriápolis, está destinado a cambiar el destino de la humanidad. No estamos preparados para lo que ha existido desde siempre."
COMPLEJO CULTURAL CINE-TEATRO 25 DE MAYO
Entrada: $ 20,00 y $ 7,00 - Domingo - 19:00 hs
Av. Triunvirato 4444, Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Mas datos, aquí.
La Paranoia
Publicado por T. en 16:09 0 comentarios
Etiquetas: essay
Breakfast at Pau´s
Just another glass, and i´ll be intact.
Hay veces que nos peleamos un poco, otras que nos tiramos en la cama simplemente a estar juntos. Otras tantas veces, ella se queda tocando la guitarra mientras yo la escucho con los ojos cerrados, tirado en el sillón del living.
Otra cosa que suele ocurrir seguido es que me planteo por qué estamos juntos. Ella reniega de que salgo demasiado, pareciera preocuparse en exceso con quien ando. Pero salgo con los chicos igual. Entonces le manda mensajitos a Allen, que en una de esas se da cuenta que tiene tres mensajes desde hace por lo menos dos horas. "Es que no escucho el celular", alega.
Entonces una de las peleas que nos tocó fue esa en la que le dije que parecía que ella le mandaba mensajes a mis amigos para ver dónde andaba yo. Allen dice que Paula le mandó mensajes desde siempre. Pero no pude evitar y ella se hizo la desentendida, entonces terminé invitandola a cenar para que me perdone.
Porque todas esas cosas pasan rápido, empezás a salir con alguien y resulta que en un domingo al mediodía hace ocho domingos al mediodía que lo primero que veo son sus ojos. Entonces otro domingo (o sábado, no importa), te encontrás en el súper haciendo las compras. Otro de los pasos que suele ocurrir con el tiempo es planear algún viaje, llamar a la aerolínea, hacer toda la transacción y pafate nos vamos un rato a Uruguay.
Pau: De chica ibamos seguido con mi familia a Montevideo. Mis tíos están ahí.
La chiquita se olvida pero no se olvida. Yo también soy así, en eso nos parecemos.
Se lleva bien con los chicos, lo cual es importantísimo. Feli es amigo del mundo entero y Orlando hace sociales con ella y más con las amigas. Con Allen es una perpetua joda, total, ellos se entienden.
Conmigo muy bien. Aunque por detalles específicos de nuestra relación, algunas veces se enoja conmigo. Por ejemplo:
- Cuando no doy señales de vida en todo el fin de semana
- Cuando sabe que me junto con los "otros"
- La vez que me gasté un fangote de guita en ir a volar
- Y cuando, una vez a 1800 metros de altura, me tiré del paracaídas
- Los miércoles que nos quedamos con Allen, Feli, Orlando y Bob en el Video Bar o Lo de Pepe hasta demasiado tarde
Igual me quiere, toca un poco más la guitarra, desayuna cerealitas con dulce de durazno y nos quedamos viendo un rato The Savages hasta que nos aburrimos.
Y yo la miro, le digo que la quiero, ella me sonríe mientras mira como mi desayuno consta de pan, café y alguna fruta a elección.
En fin...
Publicado por T. en 15:33 1 comentarios
(But baby...) I was in the sky!
(Suele pasar, vio. Ya dije que no soy detallista. Recién ahora notas que soy un tipo poco perceptivo. En fin, encima trabajo de esto, nena.)
- La otra parte del problema... Te tengo que sacar las cosas con pinzas. No sé quien era Mr. K., pero lo lamento mucho. Me gustaría que me dijeras las cosas con más libertad. Vos encima tenés esa forma de mirar cuando las cosas no andan bien, tus ojos te delatan.
(Hay veces que mis ojos buchonazos me han hecho jugar malas pasadas. Otras, me han ahorrado trabajo.)
- Ahora me venís con la excusa de que no estabas en tus cabales.
(No. La excusa es la justa: que a pesar de no estar en mis cabales no hice nada más que no estar en mis cabales.)
- Por más de que te lo tomes a chiste, me dejás pensando. Una sonrisa. ¿Ves que no escuchas? Sí, lo sé, yo también tengo mis cosas. Pero te hago saber, te hago enterarte en seguida.
(¿...? ¿Sure? Debo ser yo, como soy poco perceptivo, viste.)
- Y esto -señala-, sabés que no soy precisamente fanática. No me tomés por consevadora. Tampoco por paranóica.
(No honey, nada de eso. ¿Y si cenamos y vemos alguna película de esas locas que tanto nos gustan?)
- Es que no me gusta hacer de cuenta que no me doy cuenta. No simular que no puedo simular. Eso, me gusta que me hables, me gusta que me cuentes, que me abrazes y me digas cosas y...
(I was in the sky, baby)
Porque yo le pregunté, y ella no me dio ninguna ayudita.
- Corona 330cm
- Corona 330cm
- Queso Dambo 300g
- Pechugas de pollo Sadia
- Citric
- Corona 330cm
- Heineken 970cm
- Jamón 300g
- Salamines x 2
- Donnuts x 6
- Roquefort 150g (totally necesary)
- Heineken 970cm
- Chorizo colorado
- Cepillo de dientes
- Heineken 970cm
- Mendicrim
- Anchoas
- Quilmes Bock 970cm (la stout es de mina)
- American Beauty
- Bondiola Serrana (beibi!)
- Citric
- Limón
- Babaria 8.6
Much very important sir.
Publicado por T. en 18:33 2 comentarios
Etiquetas: anonimos
Evol
Entonces yo digo que:
E-volution es un trampolín para irse a otro lugar...
quizás haciendo un par de chapoteos se llegue efectivamente a estar mejor.
Vieron.
O sea, no te podés quedar demasiado tiempo en E-vol, simplemente no da, no vale la pena.
Terminamos todos en otro lado, eso seguro.
Publicado por T. en 0:09 0 comentarios
Etiquetas: essay
Death Strikes
Mr. K. se habría olvidado ya de los números, o de aquella vez que se me quedó charlando con los "muchachetes" sobre el luto obligatorio durante el peronismo, al morir Evita. Según él, estaba en el cine y dieron la noticia. Y luego, no llevar el cinto rojo en el traje era pecado mortal.
Mr. K. era conocido por su afán de orden, su cupación predilecta era armar grillas presupuestarias sobre los diferentes consorcios que administraba. De chico, Allen solía trabajar para él haciendo todas las planillitas, porque el primero llevaba bien con la compu y el segundo no. Era común que Mr. K. le devolviera las cosas para que corrigiera algo, sino todo.
Mr. K. inició viaje un martes por la tarde. Siempre le gustaba andar por lugares desconocidos, como bien le recordaba a Allen que "una escapada nunca viene mal". Efectivamente, era común que todos preguntaran dónde corchos estaba Mr. K.
Alguna vez se habrán cruzado con nosotros en lugares tales como barcet de acá a la guelta. Según Orlando, el caso de Mr. K. era muy particular, pues era habitué de pedirse un whisky y luego vodka y luego hasta una Stella. Entonces no tardó en llevarse bien con Feli, que se quedaba escuchando sus historias sobre la hiper, su viaje a Budapest cuando conoció a la china o cuando se cruzó con Fangio en el baño de una estación de servicio.
Y en ese momento, Mr. K. miraba las luces que pasaban, como corría todo tan rápido. La vida pasa rápido, nene. "Lo que te da la sensación de viejo no es el tiempo que pasó, sino el tiempo que no pasó". Entonces era el momento donde Allen y Mr. K. dibagaban un poco sobre el tiempo, la existencia, donde ellos nunca se ponían de acuerdo. "La temporalidad es un progreso", decía Mr. K. Allen le debatía el término... se trataba de un proceso para él.
El portón del garage eléctrico de Av. Libertador 240 siempre necesita arreglo, pensaba Mr. K. mientras el techo corría sobre él, mientras las luces pasaban y pasaban. Ahora se las iban a tener que arreglar ellos solitos, porque él no pensaba llamar al técnico ni arreglar la fecha "lo antes posible, que así no se puede estar".
Además de las planillitas de Jana, hay que corregir a los inquilinos, decía Mr. K. Siempre se peleaban pero en joda. Una de las cosas que quedaría pendiente era que Jana siempre perdía a las cartas con Mr. K., fuera al juego que fiera. Pocker, truco o escoba de quince, siempre Mr. K. ganaba por goleada.
Entonces entraba a joder. Que mirá la biaba que te doy, entonces apostaba una cerveza, entonces le apostaba un tostado, entonces le apostaba que el espacio y el tiempo eran lineales o que el peronismo era un movimiento de derecha.
Felipe recordaba que algunas veces lo dejaba ganar a él, pero nunca a Orlando "el mequetrefe" o a Allen "el cerebrito". Los tenía carpiendo. Alguna vez los habrá dejado ilusionarse con que iban a ganar, pero a último momento les mostraba un full y todo estaba acabado. "Corrijan su juego, muchachetes", les decía.
Hablando de correcciones, otra de las actividades predilectas de Mr. K. era corregir guiones de tele. Lo llamaban, le había quedado el contacto por su amiga Eleonora, que un día le heredó sus responsabilidades guionísticas. "Un pasatiempo cualquiera", decía Mr. K., mientras se calzaba los anteojos, apoyaba sus pies sobre el escritorio y mientras se reclinaba, ojeaba el "desastre que habían mandado estos sátrapas".
Una vez les había mostrado el libreto de una, en el bar. Orlando, Feli y Allen se reían de las burradas que escribía un tal Lorenzo. "No podés ser guionista si te expresás tan mal. Además, no se les cae una idea. Siempre se separan, se vuelven a enamorar, se separan, se vuelven a enamorar... paf."
Los números no son precisos, decía, pero nos hacen jugar bastante con la imaginación. Mr. K. se ponía a armar metáforas sobre el universo, la cantidad de células en el cuerpo humano, interconexiones neuronales, o cómo el cambiarle los pañales a tu hijo derivaba la idea de que las relaciones eran "algo así como una limpiada de culo al otro de vez en cuando, porque hay veces que hay que ponerse".
Entonces lo iban llevando, rápido rápido volando casi, aunque el tipo de celeste parecía tener un día cualquiera. Mr. K., vamos, Mr. K., ¿cómo se siente? Entonces seguramente la mujer de Mr. K. les daría la noticia a los tres "muchachetes" de que su marido había sido llevado al hospital un martes por la tarde, y que allí había fallecido.
Orlando simplemente se sentó en la vereda de su casa, prendió un porro y miró al cielo. Con laguna lágrima dijo adiós. Felipe puso Pappo's blues y se sirvió un whisky. Propuso un brindis a nadie, en honor a Mr. K. Allen pateó un agujero en la puerta de su habitación y rompió el despertador con otra patada más. Luego se tiró en el puf a insultar.
Y otra vez toda esa mierda...
Publicado por T. en 15:05 0 comentarios