En un toque llegaba Orlando, que había encargado a Paula que le pidiera una pizza porque desde la facultad no había tenido tiempo de comer. La pizza estaba helada ya.
Paliers: Yo no entiendo a este tipo. Se queja de que llega tarde, pero pierde tiempo en ir a la casa para llegar todo limpito eh.
Feli: Cuestión de tipos exitosos, creo.
Weird fishes, creo que era el tema que estabamos escuchando. Supuse que podría cambiar el estilo a un Killers más circense, más acorde con la velada. Zunny, a pesar de estar aún hablando por celular y decidiendo algo sobre un descuento de no sé qué entradas, se dio cuenta de mis intenciones de cambiar la música. Por lo que, además de discutir por teléfono, debatía mimicamente conmigo...
Zunny: ,....!!! shhhhhh... ee ee
Allen: Saquemos esto que me deprime...
Zunny: Uiraaa, mmm, poffff..., swish swish
Allen: Buuuuuuu... buuuuuu...
Zunny: Blaf, (che no) *.* :@
Feli: ¿Quiénes son, de todas formas? ¿Pink Floyd?
El departamento de Paula es un dos ambientes en Caballito, contrafrente, metros cubiertos aceptables, heladera llena de bebida.
Paliers: Siempre tan prolijo Orlando, ya es la una. Deberíamos haber salido...
Entonces me sonó el celular. El mismísimo Orlando.
Orlando: Che, estoy abajo, no sé qué departamento es. Ábranme.
Paula prendió el horno y como noté que Paliers no pensaba ofrecerse a bajar para abrirle (por cabrón nomás), entonces tiré el celular sobre la mesa, como para probar si se rompía o algo, y me ofrecí a bajar.
Paula: Ah, perfecto, dale, así mientras caliento la pizza.
Paliers: ¿Encima viene a cenar el señorito?
Con esto de los celulares ya nadie recuerda números teléfonicos. ¿Por qué todo esto? Bueno, explico: el edificio de Paula es raro, tiene pasillos, uno da vueltas y vueltas hasta llegar al ascensor. Cuestión, que cuando bajé, le abrí a Orlando, no recordaba el camino de vuelta.
Orlando: Vos sos un boludo. ¿Qué piso es?
Allen: Décimo, u once, no recuerdo.
Orlando: Vamos, es la una y media, no podemos andar tocando timbres hasta llegar a lo Paula.
Allen: No me acuerdo, che, siempre es ella la que cae en casa, no yo acá. No entiendo por qué no nos juntamos en tu casa o en lo de Felipe.
El problema era simple: estábamos perdidos en el mismo edificio de Paula, porque ni Orlando ni yo sabíamos cuál era el piso. Yo me había dejado mi celular arriba y Orlando no podía comunicarse con Paliers, ni Felipe. Zunny evidentemente estaría hablando aún, o no sé. Y Paula averiguando cómo prender el horno.
Orlando: Genial, la verdad eh.
Allen: Bueno, vamos al décimo, en una de esas descubrimos cuál es por memoria visual.
Mi memoria visual es buena. Pero nada, todos los pasillos me parecían iguales. Ya hacía diez minutos más o menos que había bajado a abrirle a Orlando. La pucha.
Parecía una película de cine catástrofe. Orlando se esaba poniendo de malas, se sentó en uno de los escalones y prendió un pucho con un fósforo. Mirana con cara de ojete, mientras yo no recordaba desde dónde había bajado.
Entonces, oh sí señores: Corte de luz.
Orlando: Pará, no te alejes tanto que no veo una mierda.
Allen: Chep, creo que es en el once.
Orlando: Fantástico. No entiendo por qué no llamaron aún, o algo. Bah, aún no tengo señal. ¿Por qué no baja Paula o Feli? ¿No se les ocurre eso?
Allen: Ellos también están sin luz, yo qué sé, andarán buscando las velas.
Orlando: Edenor de mierda.
En una de esas escuché voces abajo, en el noveno. Tenía que alejarme un poco para poder quizás increpar al de abajo que me dijera dónde vivía Paula Poliansky. Entonces así me fui un toque, total sabía volver a la escalera de Orlando.
Orlando: eh eh! La luz locooo...
En fin, no sabía ni quién era Paula el del noveno, nada. Ni le vi la cara, hablaba con la oscuridad. ¿Usted quién es?, me preguntaba. ¿De dónde viene? No, acá no hay ninguna Paula. Váyanse que llamo a la policía.
Volví con Orlando, que se había parado porque ya no tenía más pucho.
Orlando: La conch de la lor. No me dejes así boludo, solo, a oscuras, en edificio que no conozco. No sabía nada el de abajo, ¿no? Mirá que hay vecinos pelotudos, mirá que a la gente ya no le importa nada eh.
Subimos al once. Estabamos racionalizando los fósforos, andabamos de la mano, adivinando los escalones, tratando de no perdernos. Entonces llegamos al piso, prendí algo de luz, para ver un toque. El mismo agujero negro del piso anterior. Avanzamos
Orlando: Ahora sí que Paliers va a putear, se nos hizo de tarde.
¿Veinte minutos vagando por el edificio llevaríamos?
Entonces escuchamos pasos que venían de abajo. Orlando y yo nos asustamos. ¿Qué? ¿El viejo había llamado a la policía? ¿El swat? Esos encima tienen vista infraroja, noooo.
Alguien subía... pfff
Se me fue otro fósforo. Instintivamente, cuando los pasos estaban por llegar a nuestro piso, hicimos cuerpo tierra. Aún no sé explicar esa reacción...
Nada... silencio casi, los pasos seguían, pero se habían vuelto más sigilosos, la puta madre. ¿Morir por intentar una noche de joda? Malisimo nuestro status.
Orlando me estaría mirando en la oscuridad, deseando que me tiren primero a mí, o pensando en ponerle un tacle al tipo, o pensaba en las vacaciones cuando no nos pasaban estas cosas. Es en esos momentos que te sentís tremendamente al borde de la muerte, eso negro que te rodea por completo. ¿Qué pasa si no salimos de esta? Pensé en la noticia en la tele, quizás relatado como un dobrel crimen, o un malentendido con el swat porteño que pensó que eramos asesinos seriales.
Los pasos llegaron, los sentía a unos metros, pararon unos diez segundos ponele. Reanudaron su marcha al doce. El garrón de vivir en los pisos más altos, me imagino.
Entonces se abrío la puerta ahí nomás, de uno de los departamentos. Vimos salir un brazo con una vela. Paliers se asomó, y nos vio a Orlando y a mi tirados, con una cajita de fósforos. Media hora para subir once pisos, beibi.
Paliers: ¿Qué hacen, boludos?
Se escuchó a Zunny en el fondo, que Mariano conseguía entradas gratis para el Personal Fest...