Los idiotas

viernes, 2 de octubre de 2009

(Somos una pareja tan fugaz, una especie de recuerdo explosivo, pero definitivamente corto. Diría relampagueante, pero es una característica que reservo para cosas de otro valor afectivo.)

- No sabés todo lo que pensé en vos estas últimas dos semanas -dice Rocío, mirandome no sin algún esfuerzo a los ojos-. ¿Crees en el destino? Me hacía falta que nos cruzaramos.

Achina sus ojos, ese es el método expresivo de ella para otorgarle seriedad a sus palabras. Pero, ¿qué ocurre cuando nada de lo que ella diga va a cambiar nada de lo que yo soy? Somos, nuevamente, una imposibilidad, ¿verdad?

- Digamos que de una forma extraña, forma parte de mis creencias. Pero eso no significa que se trata de iluminaciones ni salvaciones - contesté resaltando la última palabra con mi sonrisa más malévola-.

- Te duelo. ¿Verdad?

Justo el mozo nos trajo el café. Ella cortado. Yo con crema doble. Me gusta el café de Java, es fuerte, me hace acordar a cuando me ocupaba la semiótica y los parciales. Me hace acordar al aula, a un Allen un tanto más inexperto pero un tanto más lúcido.

Belgrano. Me doy cuenta que es la segunda vez que termino en Belgrano, olvidado, Cinema. Es definitivamente un lugar de mala fama para mi. Primero Jennifer, ahora Rocío. Recuerdo mejor los epílogos en Serrano, pero por otro lado mejor, no quiero degradar a la meca con...

- Como diría una amiga, yo tenía mi estantería toda ordenadita, y vos la tiraste a la mierda - prosiguió ella-. Me aburría, y justo vos...

- Justo yo...

Le diría que ella es perfecta, salvo por el detalle de que es increíblemente ridícula y estúpida. Es ridícula que se conozca a Castoriadis y que siga atada a su "estantería". Es estúpida porque ese carácter mío que supuestamente le gusta, es el mismo que ella debe reconocer que me obliga a alejarme de ella.

- Tenés una linda mirada - me dice-. Penetrante. Aunque ahora la noto distante, me acuerdo cómo tus pupilas se fundían con la mías. Fue impresionante.

Le diría algo parecido. Pero, está todo tan devaluado.

- Volviendo a las cuestiones destinales. Efectivamente creo que uno va formandose a lo largo de su maldita existencia - disparé-. Ahora bien, si pensás que ahora podés cambiar tu vida con solo dar un paso, para dejar lo que realmente tenés ahora, estás muy equivocada.

- ¿Por qué? Me sirvió muchísmo estar con vos.

- ¿Te parece? Yo creo que demuestra tus miedos y mis falencias.

- Mis miedos. ¿Tus falencias? Sos muy duro con vos mismo.

Eso me lo dijo una vez Day. Soy duro conmigo. Alguien más me la dijo, a muy temprana edad. Pero qué carajo importa.

- No sé qué quiero... - escupió casi con verguenza-.

- Bienvenida al club - contesté sin el menor interés en lo que acababa de decir-.

Mi café era sabroso. Era perfectamente como lo recordaba. Jen y todas las cosas que vinieron después no tenían ese sabor. Pero el café de Java sí. Era como si pudiera beberme los mejores momentos de mi vida en una taza. Todo esto, mientras Rocío especulaba

- ¿Hubieramos funcionado?

- ¿Qué?

- Nosotros. Vos y yo, como pareja. ¿Funcionaríamos? Creo que jamás me entendí tan bien con alguien. Digo, si yo me hubiera separado y nos hubieramos cruzado luego de eso, ¿pensás que estaríamos...

- ¿En la cama otra vez?

Ella me miró lastimada. O al menos actuó como si la hubiera herido.

- ... Iba a decir de novios - miró su café y lo revolvió-.

Dicen que una falencia grande en mí es que mi mal carácter me posee en ocasiones por completo, negándome todo tipo de mesura, llegando a puntos en los que realmente vuelvo las conversaciones/discusiones insostenibles. Podría haber sido más crudo. Podría haber dicho "cogiendo otra vez". Creo que en realidad soy un gentleman.

- Lamento que me veas así - continuó hundiéndose en su café. Su cabellera morocha caía sobre su cara, la cubría. Se escudaba de lo que yo pudiera decirle con los ojos-.

Le diría que me gustaba mucho, que disfrutaba de cada palabra que decía, que su risa conjugada con sus ojos eran perfectas. Pero no quería darle nada, quería que tuviera la sensación de no llevarse nada de mí. Cuando ella me tomó de la mano la retiré al momento. Cuanndo ella me miraba mi rostro era inexpresivo. Era una especie de entrenamiento para mí.

¿Fui demasiado duro con ella? Seguramente la salud de Gregor esta semana no contribuyó. Me sentí más una especie de asesino a sueldo antes que un tipo aburrido como soy.

- Me quiero separar de Richard -vomitó luego de un silencio inescrupuloso-.

Me pregunté qué tenía que ver yo con eso. No conocía a Richard, pero sonaba a un tipo altamente rutinario. Y ella ya no importaba. Me dije que de todas formas ella y yo nos hubieramos entendido en exceso, lo cual no hubiera sido bueno para la relación. ¿Estaba ella esperando un "dale, venite conmigo"? No podía soportarlo. Quizás sólo estaba compartiéndo la estupidez que tenía en la cabeza.

- Ya se te va a pasar -contesté-. Tenés miedo de estar sola, tenés miedo de lo que te pueda ocurrir después de él. Y es esa la razón por la que dilatarás tu libertad. Temer no es una forma de ser libre, ni tampoco una forma de amar.

Me sentí Coelho. Qué tipo imbécil que puedo ser, como si yo la tuviera atada y me las supiera todas. No dudo de la bondad de Rocío, no dudo de lo brillante que sea ella, pero me comporto una vez más como esa especie de moralista experimentado... un perfecto idiota.

Así que terminé mi café de Java, y por ende, no tenía nada más ahí que fuera medianamente copado para pasar la tarde.

- Que idiota que soy -dijo ella-.

Entones, tal como me pareció al conocerte, tenemos mucho en común. Más de lo que ahora me gusta reconocer.

Ahí nomás en la esquina, en donde alguna vez me despedí de Day, nos encontramos parados para hacer lo propio y decirnos chau. Ella es escurridiza. Me acerca la mejilla para que le de un beso, pero corre su cara lo suficiente como para que nuestros labios se rocen. Y todo parece un maldito montaje otra vez, y ella cruza Cabildo. Y yo voy a buscar mi auto.

[Morfina]

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Leer en una habitación de hospital a Merleau-Ponty se siente un tanto subversivo. Algo parecido debe ocurrir si uno toma El Nacimiento de la Clinica y se lo lleva ahí, a pasear por los pasillos poblados de residentes y anestesistas. Anyways, uno se siente como si hubiera entrado a una iglesia escuchando Marilyn Manson, o a Clarín con una copia de la nueva ley de servicios audiovisuales.

Gregor no quiere morfina. Yo quiero morfina, nunca la probé.

No dormir era algo que me molestaba. Ahora es algo más cercano a una costumbre, mi cuerpo sabe cuándo pasará la noche en vela. Y mucho mejor, porque uno se lo toma de otra manera, hasta se ríe pensando en la morfina. Por otro lado, no comprendo cómo aquí anuncian la "cena" y traen unos despojos de pollo con arroz blanco.

- Hay un claro problema de concepto - dijo Allen -.

Gregor no respondió. Seguramente todos estarían aún durmiendo. "Cuando a mi me internen - pensó Allen -,
ni se les ocurra traerme ese té de porquería a las ocho. Que sea a las 9.30, y que sea café".

- El hijo... -dijo la enfermera-. ¿Y vos cómo vas de chequeos?

- Ningún chequeo - respondió Allen-.

Si iba al oculista, seguro le diría que su degradación ocular había avanzado aún más. Si iba al neurologo, seguro le diría que sus problemas de memoria estaban relacionados con los insomnios crónicos, y por qué no, con esa contractura permanente del cuello. Tenía miedo de ir al cardiólogo.

- En algún momento te va a tocar - replicó la enfermera-. Estas cosas son así, de familia. Ya tenés antecedentes.

Algo así había dicho el cura ayer. No le había importado demasiado. Lo más interesante fue eso, cuando trajeron la morfina. Casualmente Bob vive cerca, lo que me dio oportunidad de visitarlo fugazmente:

- Sabés que esos la venden, ¿no? - dijo Bob.

- Me hace acordar a la historia de Cobain con la metadona. Claro. Pensá todo lo que tienen ahí guardado. Vos deberías vender.

- Preciso recibirme antes...

No lo veo a Bob traficando morfina.

- En fin -dije-. Mañana fijate si estás libre, al menos podemos irnos a comer a la noche. Te contaré cuentos que probablemente ya te haya contado.

Las Heras

lunes, 28 de septiembre de 2009

I
Es increíble cómo los cuerpos palidecen dentro de los hospitales. Es como si esos edificios tuvieran un aura lúgubre que los convirtiera en esa especie de recinto tan noble y sublime. Es el lugar donde muchas veces la vida se conserva para no ser vida, donde el espacio vital permanece analgésicamente aislado del mundo. ¿Y qué es la vida si no es mundo?

II
- Es simple, firmá -le dice Gregor a Allen-.

Gregor jamás fue un hombre expeditivo, jamás organizó demasiado rápido y eficazmente nada en su vida salvo quizás su oficina. Pero cuando pensó en qué demonios podría ocurrirle en ese maldito quirófano, no tardo en hacer a sus dos hijos Anthony y Allen co-titulares de todas sus cuentas bancarias, además de ponerlos al tanto de cuestiones de escribanía y papelería de muchos colores pero no divertida.

- ¿Es para tanto? - protestó levemente Anthony mientras estampaba su firma-.

Allen también desestimaba el asunto, pero Gregor delataba con su mirada una intranquilidad de la que todos eran complices en algún punto. Greta ya había "digerido" la cuestión como pudo, pero ciertamente no quería saber demasiado de papeles y cuentas. No por maldad, sino porque ella no sabe nada del asunto, y lo sabe.

Allen no dijo mucho al momento de firmar. Sólo otorgó un "estate tranquilo" con la mirada. Consideraba cualquier discurso un artificio inválido a esas alturas.

III
Simple: sólo era cuestión de levantarse a las cinco de la mañana para llegar a lo de mi padre a las seis. De ahí, yo tomaría las riendas del móvil para llevarlo por esas calles que recién comienzan a poblarse, llegar al hospital. Hace bastante que no pisaba un hospital. Justo cuando había adquirido el buen hábito de evitar esas salas blancas... mmmm...

Just when I thought I was out, they pull me back in..., como dijo Michael Corleone en El Padrino III.

Y los cuerpos casi vivos de las habitaciones me causan poca gracia. Tan inanimados. Será un problema cuando me toque a mí una intervención de tal calibre. Mi madre oculta su nerviosismo detrás de unos anteojos negros, mientras Anthony probablemente esté aún durmiendo en lo de la novia. Como él es el que duerme como un tronco, él se queda la primera noche y nos deja a los inspomnes volver a casa.

Y creo que no dormí. Mi madre tampoco debe haber dormido demasiado. La noche de ayer es una especie de continuo y en realidad el despertador de las cinco de la mañana no interrumpió nada. Salir al frío. Debí haber aceptado la idea de mi madre y quedarme a dormir en casa, pero la verdad, ya no puedo.

Y me encantan los doctores, esos especialistas que se sienten tan seguros porque conocen algo de química y nada del cuerpo. Pienso que Bob se va a convertir en uno de esos sujetos. Aunque siempre disfrutaré de sus consejos medicos, ese beneficio de recetas sin pisar consultorios. Pero estos doctores... Estos doctores se llevan a Gregor en camilla, y repentinamente mi padre se ha convertido en un cuerpo de hospital, semi vivo. Su rostro ha palidecido.

- ¿Cuándo te dijo Anthony que vendría? - pregunta mi madre justo después de darle un beso en la frente a Gregor-.

La verdad, no tengo la más puta idea. Así que no contesto.

V
- Allen - dice Gregor-. Si algo me llega a pasar, te doy aquí el teléfono del escribano Fairlane. Con respecto a dinero, tu madre sabe que está aquí - señaló-, pero considero que está bien que vos lo sepas. Te dejo mi BlackBerry.

Gregor le tendió ese aparato tan espantoso, pero no le dijo qué debía hacer si alguien llamaba. Allen lo apagó.

Allen no había desayunado. Planeaba hacer tiempo en algún café mientras la operación corría su curso, mientras alguno de esos sujetos con autoridad y bata blanca intervienen en los tejidos. Se acentó solo en un café frente al hospital.

"Podría haber sido médico -pensó Allen-. Claro que eso sólo me hubiera convertido en un ser aún más soberbio, nada más". Eso, mientras avenida Las Heras se nutre de colectivos, Allen ingiere un café doble y la medicina valida su conocimiento otra vez más.

28%

martes, 22 de septiembre de 2009

I
Por mi intermedio es como tu puedes adivinar a veces -no sin alguna exasperación-- lo que tú eres: un racionalista algo limitado, muy seguro en apariencia, en el fondo muy incierto, lleno de buena voluntad para todo lo que pertenece naturalmente al resorte de tu razón, ciego y mentiroso para todo el resto; razonador por prudencia, sentimental por afición, muy poco sensual, en una palabra, un intelectual medido, moderado fruto delicioso de nuestras clases medias.

[Jean-Paul Sartre, Los Caminos de la Libertad II: El Aplazamiento]

II
Cuando me llegó el mensaje estaba en la oficina, intentando descubrir qué mierda quiere ese país tan particular que es México. Simplemente un "¿Podemos hablar? Yo invito." Me daba la sensación -seguramente infundada- de que Rocío intentaba espaciar los mensajes para no espamearme. Entonces:

- Según las métricas - decía él-, esto está escendiendo, a la gente le gusta lo que estamos haciendo. Pero, debido a que los tracking codes están implementados para el ojete, no sabemos exactamente qué estamos haciendo bien.

Brillante. No sabemos.

- Entonces, ¿qué tal un poco de orden? - prosigió-. Esta es tu oportunidad. Sos un racionalista empedernido, te preocupás por el más mínimo pixel, ok. Explicame por favor cómo estamos haciendo lo que estamos haciendo.

Vriyante, once again.

El diálogo en la sala de reuniones prosiguió de alguna forma, mientras yo me preguntaba cuál sería la reacción de Rocío ante mi silencio, ese modus operandi acribillador que tengo a veces. Lo que me llevó posteriormente al desarrollo de la teoría, junto con Valery.

- En fin - le dije-, ese método tiene un 98% de efectividad. El otro 2%, si después de toneladas de ametralladoras que no suenan a nada, te sigue hablando, es porque realmente te quiere. Pero, el 98% está a su vez segmentado en, digamos, un 70% que desiste fácilmente, y otro 28% que intenta un tanto más, pero al final decae.

- ¿Pensás que Rocío es del 2%? - Val dijo.

- Para nada, creo que pertenece al 28%. A ese 28% resulta que, quizás por cuestionesde quien dice, piel o química, quieren realmente hablar con nosotros. Pero luego se darán cuenta de que han perdido la guerra.

- ... A mi me suena del 70%. ¿Vas a ir con ella?

Negué con la cabeza.

- Puede llegar a ocurrir que las individuas del 28% intenten alguna movida algo más jugada, como llamar desde un número privado. Eso siempre es más... directo. Por otro lado, sostengo que con las del 2% se genera una especie de comunicación silenciosa, por lo entonces nuestro método tiene cierto fracaso irrefutable.

III

From: Rox@
To: AllenJn@
Subject: (no subject)

Hola,

No sé cómo hablarte. No sé como comunicarme con vos. Entiendo que no quieras, pero ni me respondés. Ni siquiera sé si me estarás leyendo ahora.

En fin, quiero que sepas que no quise lastimarte. Me mandé una cagada. Siento que de alguna manera vos sos a la única persona a la que le puedo explicar esto*, sé que no te puedo pedir perdón, pero no sé qué hacer, estoy hecha mierda. Realmente quisiera hablar con vos, sólo hablar, nada más.**

Creo que me equivoqué por las crisis, eso que vos mismo me habías hablado. Pero mi equivocación no fue hacer lo que hice sino cómo lo hice. Me arrepiento y no me arrepiento a la vez.

Un rato podríamos hablar, ser nosotros, decirte algunas cosas que debería haberte dicho antes. Sólo un rato. ¿O tan irrefutablemente me he convertido en la mujer que odiás? Deseo que no.

Beso,

Rox

--
* Una frase sensillamente genial. Desfachatadamente genial.
** Como si eso fuera inofensivo.

IV
- ¡Qué hija de puta! - exclamó Valery-. Me equivoqué, definitivamente no es del 70%. ¿No se supone que si el 2% te manda un mail ni lo lees? ¿El mecanismo no funciona así?

- No es del 2%.

- Bueno, está bien, supongamos que sea del 28%. Repito mi observación.

- Al principio hay que refinar la maquinaria -contesté-. El 28% es menos dañino. Uno tantea, lee ese tipo de frases, esquiva ese tipo de balazos, y ya sabe que los próximos pueden acertar en algo. Entonces...

- En fin, hermanitus, vos si que tenés sangre fría cuando querés eh.

V
Considero a Sartre mejor dramaturgo que novelista. Aún así, su escritura no escénica tiene muy buenos momentos.

Instrucciones para hacer enojar a una dama

jueves, 17 de septiembre de 2009

Bueno, en primer lugar, deberá enfocarse la presente lección en alguna muchacha con la que uno tenga contacto periódico, por no decir diario.

Lo primero que debe hacer es aceptar la propuesta de salida de la susodicha, con la excusa que hubiérase planteado, sea reunión post trabajo para trabajo, sea simplemente "tengo hambre" o "quiero ver la nueva película de Tarantino".

Puede ocurrir que la muchacha, que cuando eramos nuevos en la empresa, se demostraba arisca para con nosotros (quizás incluso con el resto del mundo también), en esta oportunidad nos sonría e incluso remarque que la está pasando bien con nosotros. Simplemente lo que debes hacer es retribuir los cumplidos, sin mayor efusividad que la demostrada por ella. Todo irá tranquilo, ambos la pasarán bien.

Luego de la actividad X (sea comer, charlar de trabajo o ver la película, si se ha dado alguno de esos casos), podrán pasar a charlas más amenas y personales. Quizás en este momento te comiences a preguntar "qué onda". Más allá de todo, como a esta persona la vez todos los días, todo irá tranquilo, liso, sin grandes aventuraciones.

Es probable que entonces, a partir de ese primer encuentro se genere un segundo encuentro. Las excusas, gracias al afianzamiento de la relación, ya no son necesarias: simplemente puede optarse por charlar de la vida o compartir mesa en cualquier lugar. En este caso podrás hacer vos la invitación, o esperar a que ella lo insinúe, cualquiera de las dos formas irá bien.

Vale preguntarse el momento de la invitación, en caso de que debas hacerla: Para saber cuándo es el momento exacto, ejemplicifamos: si van ambos dos caminando a las diez de la noche con futuro incierto, y se genera un silencio de unos 67-134 segundos (aprox.). Si ella hace comentarios sueltos como "que loco tal cosa" o "vamos a conocer la facultad de medicina", quizás sea el momento.

Sentados nuevamente en cualquier lugar, preferentemente tomando alguna bebida alcohólica, podrán retomar debates personales tales como "¿Cómo te llevás con tus viejos?", "¿Por qué estudiate lo que estudiaste?" o "¿A qué lugar tenés pendiente viajar?". Quizás las preguntas suenen un tanto trilladas, pero las respuestas enriquecerán la salida.

Si en algún momento tu compañera estrena una agarrada de brazo, entonces es el momento de continuar elucubrando hipótesis sobre aquel "qué onda" planteado en el cuarto párrafo de este instructivo. Si la chica fue algo osada, aunque le haya costado, al caminar por la calle antes de ingresar al local te habrá tomado del brazo. Ante todo, no seas descortés y no la rechaces.

Tras un buen rato de charla y algún roce de brazos, lo más probable es que la chica comience a jugar con tu pelo, porque dice que le gusta. Cabe la posibilidad de que haga dicha observación entre risitas. Acto seguido, quizás un poco entonada o quizás porque finalmente se está animando, podrá llegar a decir que le "parecés una persona interesante". A lo que vos, entrenado en el arte de la inmutabilidad, simplemente responderás con una sonrisa. Si la sensación es de hostilidad total -cosa que no creemos, porque este instructivo no es para esos casos- no deberás emitir gesto alguno.

Una buena frase para contestar, en algún momento cuando ya esté avanzada la conversación es: "A todas las mujeres les pasa lo mismo". Esta frase es un excelente detonador de crisis. Ejemplo:

- A mi El Padrino me parece un tanto fuerte -dice Verónica-.

- A todas las mujeres les pasa lo mismo con esa - responde Allen-.

- Hey, ¿así que ahora soy como todas?

[Nota: Puede utilizarse cualquier tipo de generalización por más insostenible que sea.]

Para este momento habremos detectado cierto desencanto. Quizás incluso arremetase algún ataque del orden de "qué feo lo que me dijiste". Pero supongamos que el carácter de la individua femenina es lo suficientemente paciente como para volver once again a intentar retomar la amena charla.

Quizás la candidata, entre alguna risa retomada, diga algo así como "dejame ver ese anillo", y tome tu mano, para luego compararla con la suya, recorrer brevemente los dedos. También puede llegar a ocurrir la frase "Para mí que somos muy parecidos", la cual en una de esas haga bastante ruido. Nada de pánico.

Para la salida, seguramente más tarde de lo que ambos planeaban volver a sus respectivos hogares, ella destacará que te quedes esperándola. De esa manera, quizás ella llegue a opinar que como tu colectivo tardará en llegar sería mejor que la acompañes a la casa de ella. Ese movimiento sería totalmente antitáctico, ya que no viven para el mismo lado. Simplemente se hace caso omiso del ofrecimiento. En breve o no, según cuán garca sea el bondi, podrá estar viajando o no. (O quizás intervenga algún taxi, en fin, son variables irrelevantes).

Ambos se irán cada uno por su cuenta. Fin del instructivo.

Caso de éxito:

Cuando Allen Jana ingresó a la oficina, Verónica aún no había llegado. Ambos habían vuelto tarde la noche anterior, luego de haber compartido la cena. Simplemente prendió su ordenador y deseó que no hubiera estallado nada. Si bien Verónica siempre llega más tarde, esa vez fue peor, pues casi no ingresó al trabajo hasta las once de la mañana.

Esta muchacha, que los últimos días había saludado sonriente a Allen, en esa ocasión casi no emitió más que un seco "hola" a la distancia. Además, ante cualquier intercambio con el sujeto, ella ya no sonreía en lo absoluto y no buscó sostener la conversación en lo más mínimo. Contrariamente, se mostó más afectiva con el resto del staff -cosa evidente para los implicados-, mientras que las intervenciones de Allen fueron descartadas.

Por más que Verónica trabaje exactamente al lado de Allen, ella no le dirigió la mirada en todo el día. Valeria acotó cuestiones como "te dije que esa era una malco", mientras que Luna dirá algo así como "Y bueno, la chica quería que pasaran cosas y vos la dejaste solari".

En síntesis: Lo que antes era buena onda, hemos logrado degradarlo en cualquier otra cosa que no le sirve a nadie.

[PD: tanto peor si te espían escribiendo el relato]