Omitir

jueves, 14 de octubre de 2010

Odio que me envie un mensaje diciendo que me extraña. Odio que me mande un mensaje para preguntarme si me puede llamar. Odio que me deje un mail preguntándome cómo está todo. Odio que me diga que me tiene que devolver un libro, Tecnologías del Yo.

Y ella debe odiar cuando no contesto. También seguro que odia cuando ni siquiera doy acuse de recibo. Odia cuando no estoy en mis cabales, como ayer que me agarró en pleno mal viaje y terminamos por accidente hablando dos horas por teléfono. Odia eso porque ve que yo no cambio, y entonces como no cambio sencillamente no hay vuelta que darle.

Yo extraño cuando ella me decía que no hicieramos vida sana. Se extraña también como ella urgaba de a ratos en mi biblioteca, mientras me decía que me iba a prestar este u otro tal libro. Extraño cóomo hacía aros con el humo de su último cigarrillo del día, o cómo espontáneamente me abrazaba y me tiraba sobre el sofá.

Ella quizás extrañe un poco el café que preparaba yo por las mañanas, o el rasguido del ukelele que tocaba Somewhere over the rainbow. En una de esas extraña mi presencia intermitente en su casa, o como charlaba con su gata Stefy. Aunque es probable que no extrañe nada a esta altura.

nada más que eso

jueves, 7 de octubre de 2010

Porque yo debo estar vulnerable o necesitado, o en una de esas las dos cosas. Y con ella vengo hablándome todos los días, siempre me pregunta cómo estoy, me tiene el rastro bien seguido. Los últimos días he de decir que las cosas han estado raras entre nosotros dos, una especie de tire y afloje que no se sabe para donde va.

No se sabe para donde va porque no sé qué quiero, no sé qué quiere ella y me parece que somos el agua y el aceite. Ella es tan sociable, tan positiva, tan extrovertida. A mi no me queda más que refugiarme en la barra y pedirme otra cerveza. Siempre me llevé mejor con las calladas, me parecían más sencibles. Qué idea ridícula, lo sé.

La "primera cita" que tuvimos fue por accidente. Yo le dije que iba al barrio chino por la tarde y ella dijo que quería sushi, por lo que allí me encontraría. En su sentimiento de culpa -o lo que fuera- por haberme abandonado en mi viaje local a oriente, me invitó a cenar esa misma noche a la casa, cosa que me venía bien porque yo luego acudía a lo de Jorge.

Conocí a sus dos gatos y hasta saludé telefónicamente a su abuela. Ella me habló de su hermana, de menganito que no sé quién es y de lo mal que se lleva con sus padres, sobre todo él. Yo me la pasé escuchando, mientras comíamos chow fan.

Como le dolía el cuello le hice masajes, pero no significó nada de nada. Se trató simplemente de un servicio que a ella le venía bien por sus recurrentes dolores en la zona. Ni hablar de que me retribuyera el favor, porque según ella no da buenos masajes.

Pero juro que no fue más que eso. Aunque Anto y Jorge digan que ella no es mi amiga, aunque a mi se me confundan las cosas, aunque ella sea ambigua de a momentos, aunque nos quedemos en el que habría sido sí..., anyways, ahora tengo otro tema del que ocuparme.

the beggar & the queen

miércoles, 6 de octubre de 2010

Jim se encuentra tocando su ukelele, sentado en el piso, apoyado contra la pared. Entona una canción que probablemente había inventado hace cinco minutos. Está en la calle. Se escuchan autos pasar, y de vez en cuando algún transeunte aparece, caminando apresurado hacia algún destino, para desvanecerse nuevamente.

Apareció Jackie, caminando lentamente. Va hacia algún lado que le pesa, cada paso es hacia un lugar al que no quiere llegar. Se detiene junto a Bentham, que continua ejecutando a un tempo más lento que el de la versión original:

Dime, ¿hay sinónimos de ayer?
Que no duelan tanto como tú y yo hoy…
Dime, ¿encontraste un nuevo amor?
Espero que no sea otro dictador…

Jackie: ¿Justo eso tenés que estar tocando?

Jim deja de cantar, pero continúa tocando. No contesta.

Jackie: Te escribí y no me contestaste. Te llamaría, pero no tenés teléfono. Supuse que te encontraría aquí.

Jim detiene su rasguido.

Jim: ¿Para qué querrías tener algo que ver conmigo? La verdad es que no estuve de humor. Perderte es suficiente. Ahora, eso de que vos te preocupes por cómo estoy yo, me parece algo innecesario.

Jackie: No lo puedo evitar.

Jim: Ok. Ya ves cómo estoy. Te preguntaría lo mismo, pero no quiero ahondar en tu respuesta. Simplemente asumo que te encuentras bien.

Jackie: Me cuestab bastante dormir. Te extr...

Jim extiende la mano en un gesto para detener a Jackie.

Jim: Te juro que no es lo que tenés que decir. Creo que no hay que explicar nada, ni darle vueltas al asunto. Sencillamente necesito estar solo, y probablemente vos también. Eso dijiste. No lo estás cumpliendo.

Jackie: Bueno, irme me resulta bastante más difícil de lo que esperaba.

Jim: Bienvenida al club. Uno no se va, simplemente se olvida de quedarse.

Jackie: Vamos a volver a hablar. Lo sabés perfectamente.

La cara de Jim es un gesto grave. Sabe que lo que dice Rousseau es verdad.

Jim comienza a cantar, mientras retoma con su ukelele unos acordes escritos hace años ya:

Aún me preocupa la lluvia
Sigo de más tus advertencias
A contrareloj, siempre bien educado
Yo y mis excesos de paciencia…

Jackie lo observa. Retoma su caminata.

Esquivando el salón

lunes, 4 de octubre de 2010

Supongamos que nos invitan a una fiesta de casamiento miti judio miti cristiano. Supongamos que llegamos tarde, porque antes nos juntamos en mi casa y vos empezaste a tomar licor de melón. Además, supongamos que cuando llegamos nos encontramos con Guy que estuvo de colado en toda la ceremonia y además cenó de garrón "pollo al champignon, buenísimo".

Supongamos que ponen la canción esa del panamericano. También, podemos barajar la posibilidad de que cansado de esperar al barman, yo mismo me haya adueñado de la chopera para servirme mi vaso. Porque antes, probablemente haya probado uno de los peores destornilladores del mundo, y debido a tal infracción haya retornado a mi bebida natal.

Y entre tantos supuestos, cabe la posiblidad de que vos hayas terminado en mis brazos porque no te podés mantener parada, y nos hayamos sentado en los sillones de un costado. Mientras todos bailaban, supuestamente yo podía hacer lo que quería con vos, porque estabas más detonada que Hiroshima.

Ahora bien, no sé bien qué suponer sobre la cuestión de por qué no te di un beso cuando estabas completamente a mi merced. Elaboré una serie de teorías al respecto -digo, ¿cuando no?-, en las que se supone que yo no me aprovecho de nadie, que prefiero tener el completo acuerdo de la otra persona, o...

En algún momento de la noche, Guy me increpó: ¿Y? ¿Le vas a dar pelota o no? Hoy te la ganás.

Pero creo que no... Si bien he de admitir que ella estuvo muy al pendiente de mi volátil estado de ánimo estos días, y he de admitir que cuando uno anda inestable entonces necesita cariño, y que ella es una fuente de eso, mi cabeza no estaba de acuerdo en llevar las cosas acabo así.

Diría Guy: Está con vos. De fi ni ti va men te no es tu a mi ga. Tampoco la estás violando, che.

Eso, ella en mis brazos, ojos cerrados, se sonreía de a ratos. Me decía cosas como "¿De qué color es el techo?" o "Pa panamericano... ", mientras yo le decia a todo que sí. Un breve momento me retiré a la barra a traerle un vaso de agua, para que ella dijera "pero, ¿y tu cerveza?"

Y acotaría Guy: Te hacés demasiado drama. A vos ella te gusta. Quizás no para casarte, pero el tema es que te tomás todo demasiado en serio. Podrías aprovechar un poco de atención femenina, que a todos en algún momento de nuestras vidas nos ha hecho falta.

Porque siempre, en algún momento nos falta. Como en ese momento faltaba que bajaran el volumen, o faltaba que me trajeran mi vaso de cerveza porque no sé dónde andaba, o faltaba que ella no me tome por la cintura apretándose contra mi pecho. Y faltaba que ella me pidiera "¿Porfa, me acompañás al baño?"

El momento glamoroso de la noche: yo llevando a Betina de la mano, sosteniéndola por el salón, atravensando las mesas y esquivando las sillas -que evidentemente la atacaban-, todo para dejarla en la puerta y que dijera "Chaucito. Esperame eheeee".

Y los hechos, más que los supuestos, son que estaba yo esperando a una chica hiperquinética pasada de copas en el Golf Club de Villa Adelina, con Guy que se preguntaba si realmente yo era idiota y yo preguntándome por qué realmente soy un tipo tan estructurado.

"Hola, volví", dijo risueña ella. Y otra vez la odisea de atravesar el salón, abrazado a Betina. Saludamos a mi ex jefe, que ahora debe pensar que comploto con ella para destruirlo. "Así que ustedes dos andan juntos", debe haber dicho. Y yo, preocupado como buen imbécil, "no, señor, no es lo que usté piensa".

Nuevamente en el sillón, Betina me preguntó si yo tenía novia. ¿Qué más me faltaba? Eso, que quisiera bailar. Fue como si ella se revitalizara ebriamente para sacarme a bailar en medio del carnaval carioca. Elal con peluca celeste y sombrero de bruja. Yo con las orejas de Shrek y un garrote inflable.

Y será que a mi me gusta quedarme con las preguntas porque no me banco las respuestas, pero entre danza y danza no hubo más que alún roce y algún abrazo, alguna mano que se deslizaba por la espalda del otro y siempre la sonrisa implacable de los dos. Mientras alguno de "los otros" observaba de reojo cuando nos ibamos a dar un beso, yo pensaba si realmente estaría genéticamente impedido para aprovecharme de una chica en pedo. Yo me aprovecho, pero no en estas circunstancias che. Me gusta más la labor psicótica o alguna oportunidad de quedar mal frente a alguien muy lúdico. ¿Pero así?

Diría Guy: Así uno se la pasa, así uno conoce gente, así uno se manda cagadas, así uno se caga de risa, así uno después no la mira a la cara al otro día en la oficina, así uno después se despierta con ella al lado. Es así como uno improvisa, es así como uno anda en cualquiera, es así como uno se lame las heridas. Porque uno puede y debe permitirse estas cosas, sin culpa.

Aclaré que yo no tengo culpa.

Él desaclaro el asunto, pues invocó "¿Qué mierda te importaba si ella estaba en pedo o no? En definitiva, estaba con vos".

Y yo desaclaré otro poco: "Se me ocurrió que estaría mejor vernos en otro momento, ella no en pedo y yo no atajándola por el salon".

Guy desaclaró más: "¿Podés tratar de no planificarlo todo? Justamente, hoy era la chance... Ahora ella está sobria y se piensa que vos tenés cero onda con ella".

Claro. Ahora estamos en una mesa vacía del salón, porque casi todos se fueron. Betina se ríe de los chistes que hace un desconocido que quiere levantarsela y yo charlo de a ratos con Guy, de a ratos con otra gente. Y de los abrazos que desperdicié ya no queda nada, y al otro día me levantaré con un corsódromo en la cabeza y la pregunta de "¿Qué mierda me pasa?"

Reciclar

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Y tengo esa sensación de avanzar para siempre llegar al mismo lugar. También, estos últimos días estuve muy ciclotímico: de triste a desmotivado, pero pasando por lo alegre. Esa alegría que uno reconoce como infundada, sin motivo. Recuerda las cosas que lo hacen sufrir pero es como si no las viviera.

Siete días sin saber de Jacqueline Rousseau, y la verdad es que pensé en llamarla. Pero soy demasiado orgulloso.

Y ella debe estar triste. o no. Quizás no le importo tres carajos. Y de todas formas, tiene a quien recurrir. Seguro alguno de sus mil amigos se le tira encima.

En este living hay humo. Y me tengo que acordar de olvidarme de llamar a Jorge, por lo de la heladera.

Menos mal que la vieja de abajo no destruye mi paz con sus ruidos molestos. Y menos mal que recordé poner la música más baja. También, menos mal que recordé devolverle a Jackie su libro de García Márquez -aunque según ella me lo podía quedar, porque ella no es fan-, así no le quedo debiendo nada. Ni hace falta que me llame para nada.

Che, teníamos que ir al teatro el domingo, a ver la obra de Rose. ¿Se cancela eso?

Chejov dice "es la primera vez que te dejan. Suena terrible al principio, lo sé. Uno se siente cómo el orto Pero te vas a poner bien y vas a conocer a otra y te va a gustar". No sé cómo, pero logró que me sonriera con lo de "otra".

Cerrar los placares no tenía sentido. Siempre uno los termina abriendo para buscar algo que tiene perdido. Además, era un gran tema de conversación con ella, que decía que acá no se podía estar y yo usaba esa discusión tonta en la que le abría nuevamente los placares, para seducirla. Ahora creo que cerrarlos da un aspecto de amplitud al ambiente, y el orden no está mal.

ARPANET es el proyecto militar del que luego surgió Internet. Recordé eso y lo anoté, porque si bien no tiene que estar necesariamente, quiero darlo en clase, sobre todo porque ahora puedo quedarme hasta después de hora total nadie me espera a la salida.

Igual, vos te ponés mal con estas cosas, se den como se den -recordó Chejov-. No sos del que sale a romper todo y le tira a todas, sos más del que le agarra la depre y se encierra. Si te digo que te tomes las cosas más a la ligera, estoy diciéndote una burrada, dirías vos.

Perdí el apetito unos días. Y mañana tengo que ir al médico, en una de esas se piensa que mi problema es nutricional. ¿Te imaginás todo esto por no comer las suficientes verduras?

A reciclarme un poco en la detox, che.