Sincericidios

jueves, 21 de octubre de 2010

Quizás crean que esto es una especie de repetición:

I
Entonces te pusiste pesado, dijiste que querías llevarte el cuadro. ¿Vos te das cuenta de que quedás como un pelotudo? No sé como conseguiste que te dijera que sí, que te iba a ayudar a llevarte ese cuadro del lugar. No sé por qué te escuché, no sé por qué te seguí, no sé por qué incluso terminé siendo yo la que sacó el cuadro de su lugar. Todo para... ¿vos?

Cuando me sacaste a bailar ya el cuadro estaba oculto entre nuestras camperas. Vos te fijabas que nadie descubriera lo que teníamos ahí. ¿Sabés qué te diría su te dignaras a escucharme? Te diría que vos tenés una debilidad por mí, o algo, y no la asumís. Te diría que cuando me tomás de la cintura no lo hacés con inocencia.

Bajamos la escalera del lugar. Abrazados. Tenemos nuestros abrigos, que cubren el cuadro que nos estamos llevando. Como no se lo puede llevar uno, tenemos que esconderlo de a dos. Entonces dijiste "somos novios", para que podamos dramatizar el escape con tu preciado trofeo. ¿Tab fácil decís las cosas? No me gusta que me trates así, que me lleves así tan a la ligera. Buscate a otra.

Sinceramente, y por más sonrisa que ponga: creo que no tenemos nada que hacer.

II
Repertorio de la dupla Ukelele-Bentham, a la fecha:

1. Somewhere over the rainbow [Judy Garland]*

2. What´s up [Four Non Blondes]

3. Don´t look back in anger [Oasis]

4. Yellow [Coldplay]

5. Nada es gratis en la vida [Cuarteto de Nos]

6. Rise [Ed Vedder]

7. The kids are alright [The Who]

8. Live Forever [Oasis]

9. Black Hole Sun [Soundgarden]**

10. Stand By Me [Ben E. King]***

Work in progress:

11. Mrs. Robinson [Simon & Garfunkel]

12?. Alguna de los Beatles tiene que salir che


III

No lo percibiste cuando ocurrió. Jamás lo sabrás probablemente. No tenés ni idea, y ahora estamos en pleno libreto que ninguno de los dos sabe definir demasiado, somos malos guionistas para nuestros encuentros. A esta altura ya lo tenemos claro.

Cuando estábamos mirando Rudo y Cursi, cuando tu sofá era nuestro lugar en el mundo, cuando nadie más que nosotros existía, vos dijiste:

- Perdón, ¿puedo?

Te acurrucaste junto a mí y me tomaste la mano. Me pediste permiso. Después decís que no sabés qué hacer conmigo, cómo hablarme, cómo hacer las cosas.

Jamás lo sabrás, no te lo voy a decir, porque sería darte una pauta de cómo enfrentarme. Pero cuando me pediste permiso eras la cosa más dulce del mundo, cuando te acurrucaste, cuando posaste tu cabeza sobre mi hombro. En definitiva, cuando todo tu cuerpo me dijo que querías estar conmigo.

¿Podrías echarme la culpa de todo lo que ocurra? Seguramente. También yo. Pero se me ocurre que debo aprender a ser más benevolo. En definitiva, tenemos nuestras diferencias pero admito que me decís las cosas con una sinceridad que me apabulla.

IV
Así se expone una. Así, un sincericidio. Porque no sé qué me pasa con vos, a veces te pongo en la mira, me digo "¿y por qué no?". Otras veces no congeniamos en nada. Y cuando te insinuo las cosas, te las digo entre líneas, te hacés el pelotudo, esquivás los balazos como si estuvieras en la Matrix.

Eso, vos a mi me aplicás Matrix. Odio cuando hacés eso.

En verdad, me lo advertiste: "soy muy bueno no dándome por aludido", dijiste. Sos muy bueno haciéndote el pelotudo.

Te conozco hace... ¿un mes? Y cada vez que salgo con mis amigas te menciono quinientas veces. Y no sé qué quiero de vos. Amigos, ya lo taché. ¿Uno más del montón? Me caes bien, no quiero herirnos, esas cosas no... ¿Novio? Proyecto a futuro en una de esas...

V
Sueño de forma recurrente con vos, Jimmy. En mi último sueño, vos vas manejando y yo te miro como colgada, pensativa. Como me pasa cuando te sentás a mi lado a preparar tu clase. Y te miro y pienso. En el sueño en un momento me mirás, y me decís "bueno, si lo estás pensando, claro. Yo también creo que tengo ganas de besarte".

Pero ahora sé que no soy la única que sueña con el otro, porque vos me dijiste que habías soñado que ibamos en un ascensor, y que yo tenía miedo porque subía muy muy alto, iba rápido y el motor hacía un ruido bárbaro. Tenía miedo de que se cayera.

Vos me decías que no iba a pasar nada, que era seguro. El ruido de los motores era anormal. Vos mismo me confesaste que en el sueño, vos no creías lo que decías.

Cambios, metáforas, traspolaciones. Como sea, por más que te creas Neo, tenemos un temita.

VII

"En cuanto te conocí me dije que no tenía que enamorarme de vos", fue la frase que Bentham elucubró al pensar sobre su relación con ella.

VIII
Lindo cuadro.

Me lo llevé de Jackie O.

Lo sé, me lo dijiste.

No puedo explicar demasiado por qué se me da por llevarne cosas de los lugares.

Porque habías tomado. No me gusta cuando tomás, me hiciste enojar.

Sí. Por eso cuando te conté me pusiste por mensaje de texto "grrrrrr". Me gruñiste.

No me gusta cuando hacés eso, ya tuve malas experiencias al respecto. No necesito otra, ahorratelo.

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*: Podríamos decir que me baso en la versión de Israel Kamakawiwo'ole

**: Es totalmente mentira, al día de la fecha me es imposible tocar semejante cosa.

***: Again, la versión que conocemos todos es la de John Lennon, la mejor del mundo de la historia

Omitir

jueves, 14 de octubre de 2010

Odio que me envie un mensaje diciendo que me extraña. Odio que me mande un mensaje para preguntarme si me puede llamar. Odio que me deje un mail preguntándome cómo está todo. Odio que me diga que me tiene que devolver un libro, Tecnologías del Yo.

Y ella debe odiar cuando no contesto. También seguro que odia cuando ni siquiera doy acuse de recibo. Odia cuando no estoy en mis cabales, como ayer que me agarró en pleno mal viaje y terminamos por accidente hablando dos horas por teléfono. Odia eso porque ve que yo no cambio, y entonces como no cambio sencillamente no hay vuelta que darle.

Yo extraño cuando ella me decía que no hicieramos vida sana. Se extraña también como ella urgaba de a ratos en mi biblioteca, mientras me decía que me iba a prestar este u otro tal libro. Extraño cóomo hacía aros con el humo de su último cigarrillo del día, o cómo espontáneamente me abrazaba y me tiraba sobre el sofá.

Ella quizás extrañe un poco el café que preparaba yo por las mañanas, o el rasguido del ukelele que tocaba Somewhere over the rainbow. En una de esas extraña mi presencia intermitente en su casa, o como charlaba con su gata Stefy. Aunque es probable que no extrañe nada a esta altura.

nada más que eso

jueves, 7 de octubre de 2010

Porque yo debo estar vulnerable o necesitado, o en una de esas las dos cosas. Y con ella vengo hablándome todos los días, siempre me pregunta cómo estoy, me tiene el rastro bien seguido. Los últimos días he de decir que las cosas han estado raras entre nosotros dos, una especie de tire y afloje que no se sabe para donde va.

No se sabe para donde va porque no sé qué quiero, no sé qué quiere ella y me parece que somos el agua y el aceite. Ella es tan sociable, tan positiva, tan extrovertida. A mi no me queda más que refugiarme en la barra y pedirme otra cerveza. Siempre me llevé mejor con las calladas, me parecían más sencibles. Qué idea ridícula, lo sé.

La "primera cita" que tuvimos fue por accidente. Yo le dije que iba al barrio chino por la tarde y ella dijo que quería sushi, por lo que allí me encontraría. En su sentimiento de culpa -o lo que fuera- por haberme abandonado en mi viaje local a oriente, me invitó a cenar esa misma noche a la casa, cosa que me venía bien porque yo luego acudía a lo de Jorge.

Conocí a sus dos gatos y hasta saludé telefónicamente a su abuela. Ella me habló de su hermana, de menganito que no sé quién es y de lo mal que se lleva con sus padres, sobre todo él. Yo me la pasé escuchando, mientras comíamos chow fan.

Como le dolía el cuello le hice masajes, pero no significó nada de nada. Se trató simplemente de un servicio que a ella le venía bien por sus recurrentes dolores en la zona. Ni hablar de que me retribuyera el favor, porque según ella no da buenos masajes.

Pero juro que no fue más que eso. Aunque Anto y Jorge digan que ella no es mi amiga, aunque a mi se me confundan las cosas, aunque ella sea ambigua de a momentos, aunque nos quedemos en el que habría sido sí..., anyways, ahora tengo otro tema del que ocuparme.

the beggar & the queen

miércoles, 6 de octubre de 2010

Jim se encuentra tocando su ukelele, sentado en el piso, apoyado contra la pared. Entona una canción que probablemente había inventado hace cinco minutos. Está en la calle. Se escuchan autos pasar, y de vez en cuando algún transeunte aparece, caminando apresurado hacia algún destino, para desvanecerse nuevamente.

Apareció Jackie, caminando lentamente. Va hacia algún lado que le pesa, cada paso es hacia un lugar al que no quiere llegar. Se detiene junto a Bentham, que continua ejecutando a un tempo más lento que el de la versión original:

Dime, ¿hay sinónimos de ayer?
Que no duelan tanto como tú y yo hoy…
Dime, ¿encontraste un nuevo amor?
Espero que no sea otro dictador…

Jackie: ¿Justo eso tenés que estar tocando?

Jim deja de cantar, pero continúa tocando. No contesta.

Jackie: Te escribí y no me contestaste. Te llamaría, pero no tenés teléfono. Supuse que te encontraría aquí.

Jim detiene su rasguido.

Jim: ¿Para qué querrías tener algo que ver conmigo? La verdad es que no estuve de humor. Perderte es suficiente. Ahora, eso de que vos te preocupes por cómo estoy yo, me parece algo innecesario.

Jackie: No lo puedo evitar.

Jim: Ok. Ya ves cómo estoy. Te preguntaría lo mismo, pero no quiero ahondar en tu respuesta. Simplemente asumo que te encuentras bien.

Jackie: Me cuestab bastante dormir. Te extr...

Jim extiende la mano en un gesto para detener a Jackie.

Jim: Te juro que no es lo que tenés que decir. Creo que no hay que explicar nada, ni darle vueltas al asunto. Sencillamente necesito estar solo, y probablemente vos también. Eso dijiste. No lo estás cumpliendo.

Jackie: Bueno, irme me resulta bastante más difícil de lo que esperaba.

Jim: Bienvenida al club. Uno no se va, simplemente se olvida de quedarse.

Jackie: Vamos a volver a hablar. Lo sabés perfectamente.

La cara de Jim es un gesto grave. Sabe que lo que dice Rousseau es verdad.

Jim comienza a cantar, mientras retoma con su ukelele unos acordes escritos hace años ya:

Aún me preocupa la lluvia
Sigo de más tus advertencias
A contrareloj, siempre bien educado
Yo y mis excesos de paciencia…

Jackie lo observa. Retoma su caminata.

Esquivando el salón

lunes, 4 de octubre de 2010

Supongamos que nos invitan a una fiesta de casamiento miti judio miti cristiano. Supongamos que llegamos tarde, porque antes nos juntamos en mi casa y vos empezaste a tomar licor de melón. Además, supongamos que cuando llegamos nos encontramos con Guy que estuvo de colado en toda la ceremonia y además cenó de garrón "pollo al champignon, buenísimo".

Supongamos que ponen la canción esa del panamericano. También, podemos barajar la posibilidad de que cansado de esperar al barman, yo mismo me haya adueñado de la chopera para servirme mi vaso. Porque antes, probablemente haya probado uno de los peores destornilladores del mundo, y debido a tal infracción haya retornado a mi bebida natal.

Y entre tantos supuestos, cabe la posiblidad de que vos hayas terminado en mis brazos porque no te podés mantener parada, y nos hayamos sentado en los sillones de un costado. Mientras todos bailaban, supuestamente yo podía hacer lo que quería con vos, porque estabas más detonada que Hiroshima.

Ahora bien, no sé bien qué suponer sobre la cuestión de por qué no te di un beso cuando estabas completamente a mi merced. Elaboré una serie de teorías al respecto -digo, ¿cuando no?-, en las que se supone que yo no me aprovecho de nadie, que prefiero tener el completo acuerdo de la otra persona, o...

En algún momento de la noche, Guy me increpó: ¿Y? ¿Le vas a dar pelota o no? Hoy te la ganás.

Pero creo que no... Si bien he de admitir que ella estuvo muy al pendiente de mi volátil estado de ánimo estos días, y he de admitir que cuando uno anda inestable entonces necesita cariño, y que ella es una fuente de eso, mi cabeza no estaba de acuerdo en llevar las cosas acabo así.

Diría Guy: Está con vos. De fi ni ti va men te no es tu a mi ga. Tampoco la estás violando, che.

Eso, ella en mis brazos, ojos cerrados, se sonreía de a ratos. Me decía cosas como "¿De qué color es el techo?" o "Pa panamericano... ", mientras yo le decia a todo que sí. Un breve momento me retiré a la barra a traerle un vaso de agua, para que ella dijera "pero, ¿y tu cerveza?"

Y acotaría Guy: Te hacés demasiado drama. A vos ella te gusta. Quizás no para casarte, pero el tema es que te tomás todo demasiado en serio. Podrías aprovechar un poco de atención femenina, que a todos en algún momento de nuestras vidas nos ha hecho falta.

Porque siempre, en algún momento nos falta. Como en ese momento faltaba que bajaran el volumen, o faltaba que me trajeran mi vaso de cerveza porque no sé dónde andaba, o faltaba que ella no me tome por la cintura apretándose contra mi pecho. Y faltaba que ella me pidiera "¿Porfa, me acompañás al baño?"

El momento glamoroso de la noche: yo llevando a Betina de la mano, sosteniéndola por el salón, atravensando las mesas y esquivando las sillas -que evidentemente la atacaban-, todo para dejarla en la puerta y que dijera "Chaucito. Esperame eheeee".

Y los hechos, más que los supuestos, son que estaba yo esperando a una chica hiperquinética pasada de copas en el Golf Club de Villa Adelina, con Guy que se preguntaba si realmente yo era idiota y yo preguntándome por qué realmente soy un tipo tan estructurado.

"Hola, volví", dijo risueña ella. Y otra vez la odisea de atravesar el salón, abrazado a Betina. Saludamos a mi ex jefe, que ahora debe pensar que comploto con ella para destruirlo. "Así que ustedes dos andan juntos", debe haber dicho. Y yo, preocupado como buen imbécil, "no, señor, no es lo que usté piensa".

Nuevamente en el sillón, Betina me preguntó si yo tenía novia. ¿Qué más me faltaba? Eso, que quisiera bailar. Fue como si ella se revitalizara ebriamente para sacarme a bailar en medio del carnaval carioca. Elal con peluca celeste y sombrero de bruja. Yo con las orejas de Shrek y un garrote inflable.

Y será que a mi me gusta quedarme con las preguntas porque no me banco las respuestas, pero entre danza y danza no hubo más que alún roce y algún abrazo, alguna mano que se deslizaba por la espalda del otro y siempre la sonrisa implacable de los dos. Mientras alguno de "los otros" observaba de reojo cuando nos ibamos a dar un beso, yo pensaba si realmente estaría genéticamente impedido para aprovecharme de una chica en pedo. Yo me aprovecho, pero no en estas circunstancias che. Me gusta más la labor psicótica o alguna oportunidad de quedar mal frente a alguien muy lúdico. ¿Pero así?

Diría Guy: Así uno se la pasa, así uno conoce gente, así uno se manda cagadas, así uno se caga de risa, así uno después no la mira a la cara al otro día en la oficina, así uno después se despierta con ella al lado. Es así como uno improvisa, es así como uno anda en cualquiera, es así como uno se lame las heridas. Porque uno puede y debe permitirse estas cosas, sin culpa.

Aclaré que yo no tengo culpa.

Él desaclaro el asunto, pues invocó "¿Qué mierda te importaba si ella estaba en pedo o no? En definitiva, estaba con vos".

Y yo desaclaré otro poco: "Se me ocurrió que estaría mejor vernos en otro momento, ella no en pedo y yo no atajándola por el salon".

Guy desaclaró más: "¿Podés tratar de no planificarlo todo? Justamente, hoy era la chance... Ahora ella está sobria y se piensa que vos tenés cero onda con ella".

Claro. Ahora estamos en una mesa vacía del salón, porque casi todos se fueron. Betina se ríe de los chistes que hace un desconocido que quiere levantarsela y yo charlo de a ratos con Guy, de a ratos con otra gente. Y de los abrazos que desperdicié ya no queda nada, y al otro día me levantaré con un corsódromo en la cabeza y la pregunta de "¿Qué mierda me pasa?"