Instrucciones para pudrirla

domingo, 8 de mayo de 2011

Proceda a aguantarle todas sus críticas por un rato. Procesa a mantener una semana de serenidad, de introspección, de pausa. Ante los reclamos de ella, diga a todos que "ok".

Salga con la chica. Invitela a ver una obra de treatro (Por ejemplo, La importancia de llamarse Ernesto, muy bien, bonita, y todo eso). Llévela a cenar. Banquesé otro reclamo. Cuando lo considere menos propio, mandela a la mierda públicamente.

Cuando ella reclame una disculpa por el agravio, usted proceda con la mayor impericia posible. Pero disculpese, porque eso le dará más bronca aun. Usted conservará el status de "pelotudo adorable".

Corte la conversación, de mala manera.

Ella lo llamará a los diez minutos (máximo, sino antes), para decirle:

"No me vas a hacer enojar"

Usted responda:

"Mmm, no era mi intensión. Pero, creo que ya lo logré". Hable jocoso. Ahí, estimado, acaba de pudrirla. Felicitaciones, que lo disfrute.

City Lites

Top 5 de ciudades en el mundo, según el Arquitecto Bentham:

1. Amsterdam*
2. Brugge
3. Niza
4. Gaena
5. Barcelona

Este ranking generaría polémica con Rousseau, porque no le gustaría que deje afuera la ciudad que lleva su nombre. Cada uno con sus dogmas, che.

*: Los alrededores de Amsterdam, como Volendam o Edan, cuentan también para el rankeo.

Talk show host

viernes, 8 de abril de 2011

I
Pero es que... ni nos hablamos. Nada, en serio. Intercambiamos miradas, o algo así. Y eso viste. Eso de compartir una mesa con amigos y que entre nosotros esté tan complicado porque ella estaba en frente un derecha y yo me reí de su chiste. Eso: ella dijo algo y yo me reí. ¿Hace cuánto que no ocurría?

Cuando me la crucé en la cocina me pregunté si era accidente. ¿Ella había ido a que la vaya a buscar o yo había ido a buscarla? No se entendía una mierda.

Pero me sonrió, mientras dejaba unos platos para lavar. Yo saqué una cerveza del freezer, mientras desde la mesa me pedían que trajera un Speed. Nos miramos, puse cara de "qué gente loca". Me sonrió de vuelta.

O sea: estuvimos juntos y ahora nos cuesta horrores comunicarnos mediante muecas. Bien ahí.

II
- Me lo veía venir - me dijo Micaela.

Odio ser tan obvio.

- Me parecía que estábamos en... que no estábamos motivados.

Es raro: primer corte de relación mutuo en la historia del rock. Pero lean esto che:

- Me da le sensación de que nos caemos bien y que por una cosa del momento empezamos. No te digo que no la pasé bien. Me gustó mucho.

Micaela cortó hace tres meses con el ex novio. Era un poco cantado que yo no le iba a funcionar. Y ella conmigo...

- Yo seguía un poco por inercia.

El día que me despierto y me doy cuenta que no quiero compartir el desayuno con la persona que tnego al lado, es el día en que comienza a laburarme el marote a full. Es cuando uno empieza a tener dudas, cuando uno empieza a elaborar planes de escape o lo contrario, justificaciones para quedarse. Porque las crisis no son claras: o hay que navegarlas o hay que naufragarlas.

- Por momentos me daba la sensación de que me inventabas cosas de más.

Lo que Micaela jamás compartió conmigo es ese código de "me lo tomo a la chacota" que tengo, ese código que supe compartir sea por oposición o complicidad. O sea: no me entendía las sátias, las ironías, los sarcásmos, mis inventos. No porque fuera tonta, nada de eso. Sino porque no era su onda.

- No, por favor, hagamos miti-miti - me dijo ella ante mi clara intentona de pagar.

III
- ¿Y por qué no?

- Simplemente no. Dejalo ahí.

Noté cómo le costaba, pero me era honesta. Era una especie de duro trabajo, que nos costaba a los dos sudor y lágrimas. Insistió:

- Me gustaría verte, a ver qué tal lo hacés. Jamás te vi en un escenario actuando nada... Me pierdo de eso.

- Tampoco vale la pena. Lo juro. Porque esto no es un fin, es un medio.

- ¿Y por qué siempre nos vemos en situaciones tan maquetadas?

Odio que me hagan preguntas tan excelentes, porque me provoca la curiosidad, me pone en una situación tan comprometedora, me moviliza de forma que...

- ¿Qué clase de pregunta es esa?

- Lo sabés perfectamente.

El tema es cuando yo empiezo a interesarme por ella. Todo surge ahí. Es como un reestarting point inconfesable, es su espacio en el cual ella me tiene. Y es en ese espacio donde ella puede quizás agarrarme de vez en cuando.

- No es nada serio que vaya a verte.

Me pregunté qué debía hacer con esa frase: desestimarla, tirarla, reconvertirla, eludirla, olvidarla.

- Bueno, me interesa. Podrías confiar un poco. Si querés, en retribución, yo puedo también mostrarte qué hago, aunque probablemente no te interese.

Decidí no meterme en eso, y eludí la conversación diciéndole que le enviaría la invitación esa que jamás le llegará.

IV
Entonces hay una vez en que ella me dice que se va. Y yo me siento pésimo por su ausencia. Pero a que no saben qué. Efectivamente, me di cuenta de que fui presa de un cualquierismo súbito, de algo que en verdad no es. Y entonces me di cuenta que:

Si bien estoy en camino, la ausencia de Jackie me afecta.

Los treinta también, me están afectando.

Y que ambos items convergen en lo que describo como una carencia de ideas global: no se me ocurre un carajo de nada.

En fin, como sea: nos vimos, por más que hubo un par de situaciones, no pasó nada. Y fue como si hubiera podido mantener el timón, como si hubiera dicho "ok, Justine, ya estamos ok. No sos tan peligrosa después de todo".

Luego de eso, me olvidé del asunto y todo estuvo bastante mejor.

V
Tiene el premio a la más quejosa, a la más fanática, a la más obse, a la más celosa, a la más controladora. El premio a la más demandante, a la más acaparadora, a la más reclamadora.

Y cambió, casi irreconocible. Que sale, que se emborracha, que se fuma un porro, que se divierte, que ahora conoce los boliches de la Costanera. En un principio me revolvió el estómago, pero después juro que puse todo en su lugar. Porque uno idealiza y cuando se da un tortazo, la puuuu

Todo es lo mismo. Nada cambia, en verdad. Digamos, sí, ya sé que todo cambia. Pero siempre cambia, entonces, es lo mismo. Bueno, algo así.

Entonces, cuando Bella viene y me pregunta "qué es de tu vida", yo sé que me lo pregunta Bella. Pero no me lo pregunta la Bella que conocí. Entonces, bueno, ustedes saben...

Notas (a expandir)

lunes, 28 de marzo de 2011

I
Ir a un hospital un viernes a la noche no está bueno.

II
Tic tac, tic tac, tic tac. Pensé en cuánto tiempo me había quedado esperándola. Me di cuenta de que en verdad, el problema es esperar. Yo me quiero volver un hombre de acción, corazón, como Indiana Jones.

Tic tac. Hay veces que me sorprendo con mis jugadas de último minuto, con una serie de gambetas que no sé dónde aprendí, pero ejecutando todo como si conociera toda la maquinaria. En esos momentos me siento orgulloso.

III
Y están los días que de tejan sin cancha, que te cancelan el partido. Ni siquiera es que jugaste mal: no te van a dejar jugar. Entrenaste como un condenado toda la semana, ¿para qué? Para que te cancelen. Y es... es mi culpa, por no saber improvisar otro partido, por quedarme con cara de culo en medio de la nada.

Está bueno cuando uno logra jugar, sea en estadio, potrero y en Alvarez Thomas y Humboldt.

IV
Fue gracioso porque ella no me devolvía un centro, porque charlabamos y nos entendíamos y a mi me parecía genial, pero ella no me ayudaba. Se distanciaba, era fría, se reclinaba en su sillón, no me tomaba la mano ni jugaba con mis dedos.

Pero lo gracioso es que ella se haya cansado de ese viene que va, como si se hubiera cansado de esperar -de su indecisión o de la mía, como quieran-, se acercara de repente, tomandome la cabeza y paf.

¿De nuevo?

Primero me mandaste una serie de incoherencias por mensaje de texto, con hashtags y arrobas, como si se tratara de Twitter. Se te notaba que a las ocho ya tenías un pedo para quinientos. Y cuando nos encontramos en el bar, te quedaste charlando con cualquiera un buen rato, a mi ni bola.

Hasta que nos cruzamos, me sonreiste, te sonreí. Me preguntaste como andaba. Hasta nos abrazamos. Antes ni bola, me veías como charlaba con Tina, de reojo. Y ahora, paf, todo amor y cariño. Y te dije de volver. Sí, sabías que te iba a decir eso.

¿Qué te hacés el sorprendido? Si me mensajeaste, me buscaste. Entonces obviamente que yo quiero y me pareció bien decirte que quería que volvieramos.

Hasta me banqué tu aventurita. Me lo tomé con humor, aunque no te voy a mentir: no me encantó lo que me dijiste, precisamente. Pero bueno, yo también tuve mis encontronazos, ¿no? Lo que pasa es que sos siempre tan inteligente como para ni preguntar, para obviar esa parte de la historia. Y por eso te molesta tanto que hurguen en tu pasado.

Estabas borrachín, pero yo no te voy a cambiar, así como vos no vas a cambiar que a mi no me guste tu bandita preferida. Ni tampoco vamos a compartir una cerveza nunca, ni tampoco vamos a comer pescado juntos jamás. Pero de nuevo, juntos...

Quedamos en vernos el sábado.