jueves, 21 de julio de 2011

I
- ¿Cómo? - preguntó la vendedora.

- Digo, ¿cuándo es el regreso?

- ¿En el día? ¿Usted quiere ticket de regreso en el día?

- Pues claro, porque me estoy quedando por aquí hasta volver a casa. Muy linda estación tienen aquí, me encanta la jungla esta. Nada que ver con Retiro.

La mujer tuvo que contener esa leve carcajada que le venía a su ser, pero una sonrisa delató risa. Evidentemente yo, el muchacho que tenía delante de sí, medio jocoso y relajado, no entendía demasiado de la vida, quizás ni siquiera supiera a dónde estaba comprando el pasaje. Chequeó entonces:

- Señor, bueno, entonces sería a Toledo de ida y vuelta en el mismo día. El tren de ida a las 10:30, porque antes usted dice que es muy temprano. De regreso, puede ser a las ocho de la noche.

- Sí, ese. Deme.

Me largué de ahí medio riendo. Eran las dos de la tarde y ya los 100 Montaditos me habían dejado un poco out. Saludé a la jungla de la estación Atocha y me di a la fuga.

Tenía que hacer tiempo para llegar al Museo Reina Sofía, por lo que arrojé lo que quedaba de mi en el Parque del Retiro. Me morí un rato en serio. Fue hermoso, creo que ni respiraba. Mañana ya tenía asegurada la visita a Toledo -cosa que mis piernas recordarían el día después-, y ahora podía dedicarme a visitar el resto de Madrid. Pero debía asegurarme de llegar al Sofía a tiempo.

Luego, cuando resuscité, me perdí un rato más en el Parque, hasta llegar al palacio de cristal y un Mickey Mouse totalmente fuera de lugar. Subí, caminé, seguí. Agarré Tirso de Molina hasta arribar al Templo de Devod. Todo eso en una tarde nomás.

II
Entonces Toledo es un accidente. Accidente, porque en tanta calle sinuosa uno se pierde, se desorienta con mapa y todo, se choca con gente, con un ¡fantasma de Antonella!

¿Era? ¿Cómo puedo comprobar que no era? Porque iba, caminaba delante mío. Y mi visión estaba un poco descolocada. ¿Me había hecho mal tan poco sueño durante los últimos quince días? No llevaba su clásica pollera, porque era invierno, pero esos pantalones negros, y el bolso...

Era ella.

Y la seguí un poco, pasamos por unos locales de armaduras. Siempre las calles arriba y abajo, al otro día las piernas me pasaron factura. Se metió en el museo de la tortura, ese al que ya había ido justo hacía una hora. Esperé afuera, y salió a los diez minutos.

Española. ¿Antonella española? Sigo viendo espejismos pero mi problema central es no poder dejar de seguirlos, de darles bola.

Siguió camino, para el lado del Alcazar. La tarde ya caía, mi tren era a las siete y cuarto. Ella caminaba y yo pensaba qué mierda hacía yo siguiendo a una Antonella que no era, o por qué no le preguntaba algo. No era, pero era.

Pasamos por la estatua de Cervantes, esa que está abajo de las escaleras que dan al ayuntamiento. Y llegamos a las afueras, para seguir la ruta que sale del casco histórico y cruza el río, hacia el San Servando:


El tren o seguir a Antonella, que iba al Castillo de San Servando. Crucé de a poco, dudando. Es odioso cuando me pongo así, no me decido entonces no hago nada. Ella se alejaba, cruzando el puente y yo miraba el paisaje, me había congelado el el tiempo, en Toledo de la edad media. Era un memo, un Sancho Panza cualquiera.

- ¡Hey! - grité.

Se dio vuelta, y saludó.

Tenía veinte minutos para descender y recorrer la ruta a la estación. Porque los trenes son recontra puntuales allá.

anecdótica

lunes, 18 de julio de 2011

I
Me dolía todo. Fui víctima de un calambre en plena noche, y lo siento a tres días del evento. Y eran las cuatro am y ella de repente me miraba de cerca, estba vestida. Me dijo "bueno, me voy". Jamás le voy a perdonar que me haya despertado, con lo que me cuesta dormir. "¿Qué?", pregunté con mal humor. ¿No podía quedarse tranquila unas, digamos, seis horas?

Tuve que esperar hasta que cayera su remís. Mientras, ella me decía cosas como "no sé qué me pasa", o "pienso demasiado". Y a mi me dolía el mundo. Si quería irse, pues que se fuera. Lo peor de todo es que con tanto cansancio no iba a poder continuar durmiendo.

Nos despedimos abajo en lo que puedo describir como un breve despacho, bye bye.

II
Well, detox hurts. And yes, you know you will fall back into that shit again sometime. It´s like a ghost that appears everytime you are alone.

III
Parque del Retiro, Madrid.

Por el mero hecho de cumplir una apuesta, JB se ha ubicado en uno de lso bancos que está en las proximidades del palacio de cristal para ejecutar el charango. Además, ha dejado pertinentemente un gorro con unas monetas.

El origen de esto fue la frase de Guy: "Dale, ponete en la plaza a tocar el charango y que te dejen unas monedas". JB lo pensó: era obtener unos euros para luego gastárselos en 100 Montaditos. Eso lo hizo sonreir.

Tocó algunas canciones: No surprises, can´t help falling in love, stand by me, pero las más hiteras fueron Someone is there y What a wonderful world. No obtuvo demasiado, ya que el Parque del Retiro no es el lugar ideal para esto, sino más bien la Puerta del Sol. Pero no quería quitarla trabajo al pibe vestido de Bob Esponja.

IV
Hay gente que si se entera de como es uno, se ofende. Hay gente que en verdad no quiere saber lo que a uno le pasa, porque es un problema. Omitir, eso.

Abstracciones

jueves, 14 de julio de 2011

I
Fueron 33 minutos de bus. Llegué a Volendam un miércoles soleado. Lo primero que me hizo sonreir fue el molino que está antes de entrar a la pequeña ciudad, uno verde enorme que data del año 1650. Cuando me bajé, me encontré frente a la misma cafetería que hace dos años, atendida por una holandesa que podía ser la misma o no, pues para mi no habría diferencia.

Caminé un poco por esa especie de feria improvisada, en esa callecita que termina dando en el puerto. Remeras, souvenirs, pequeñas imitaciones de Van Goghs, réplicas a escala de barcos. No iba a comprar nada, pero me quedé mirando la gama de cafés que ofrecían en uno de los lugares. K7. ¿Quién tomaría K7? Suena bien.

Llegué al puerto y me quedé congelado un tiempo, observando todo el escenario, abstrayéndome mi entorno para poder apreciarlo más aún. El amor es algo así, quedarse como un estúpido mirando, sin poder reaccionar. Es algo hipnótico. Si no te perdés en ese tipo de cosas, no estás enamorado.

Caminé un poco por la costa y los muelles. Los capitanes estaban preocupados porque la marea no bajaba desde hacía una semana. Tres de ellos debatían, hablaban, uno decía que esto era lo que se pagaba por querer ser dios. Me hubierea unido a la conversación, pero no soy holandés ni marino.

La Jürgen Tavern estaba aún allí, así que pensé que podría comer y beber algo ahí en breve. Me senté en el banco de uno de los muelles. Uno que tiene una estatua de un viejo sentado en él. Una idea genial, porque pude ponerme a discutir con el viejo, que me ignoraba por completo. Pensé entonces que el hecho de que te ignore una estatua es más gentil, el viejo al menos tenía una mirada apasible. Que te ignore una persona es más rústico, nunca queda bien, quizás hasta opina diferente a uno y se da el lujo de contestarle a uno.

Ahí me sentí exiliado.

II
Pensé que uno en verdad nunca admite una adicción hasta que llega a una especie de bottom line. O sea, hasta que el maleficio que eso presenta no sea realmente heavy todo sigue. Y de alguna forma, el que sale fácil entonces jamás fue un verdadero adicto.

Por otro lado, ocurre más allá de todo esto que uno hace una especie de abstracción y se observa desde afuera. Es común que en tal ocasión se diga "oh, que desastre soy". Es como si uno alcanzara la verdadera reflexión, un momento lúcido. Eso me gusta. Yo me alejo de las cosas para obtener vistas panorámicas, para ver el todo.

Pero puntualmente con respecto a las abstracción de este tema, de la dependencia, debo decir que es mentira eso, porque el momento de abstracción reflexiva no impacta profundamente. Es una de las vueltas de la cabeza. Aún así, he de admitir que reconocer el problema es un primer paso. Pero no es nada más que eso, un primer paso.

III
Es diferente. A ella siempre la traumó un poco la diferencia de edad. Tanto que me terminó convenciendo. Siempre en algún momento de la conversación salía la cuestión generacional, e incluso se notaba en boludeces como la música que nos gustaba o las cosas que recordábamos de nuestra infancia (el Italpark, sí lo rememoro).

Y por otro lado, ella se comportaba como una chiquilla. Ese fue otro de los momentos de abstracción donde me planteé que en verdad no comprendo ni medio a las mujeres. Ella necesita sentirse linda, claro, pero creo que no tenemos exactamente la misma vivencia de eso. Ojo, no es que esté mal, pero la diferencia es...

Cuando conoció a mis amigos, me dio la sensación de que se sintió atacada, como si todos las estuvieran juzgando. Y dije "corazón, tranquila". El problema es que las novias de Oliver y Orlando son un tanto jodidas, no incluyen a la gente así nomás. Entonces que ella empezara a hablar con esas dos era un drama...

IV
La primera pelea que tuve con Antonella fue por el médico. Pero ella se puso mal en serio. Lo gracioso fue que yo terminé consolandola a ella, pero se puso tremenda con que me iba a acompañar. Y yo me reí. Lloró más. Es pelotudo reirse en esas situaciones.

Llegó un punto en que me obligó a pedir turno por teléfono frente a ella. "Dale, llamá ahora. Tenés tiempo, estás en horario". Me puse en cabeza dura, porque quería ponerme a hacer otra cosa, como por ejemplo escuchar mis nuevos discos de Yann Tiersen.

Agarró mi credencial y se puso a llamar. Se ve que la pasearon un rato por algunos internos, porque llamó varias veces. Y yo tirado en el puf como una larva, abstraido por la música. Imperdonable. Me lo oba a cobrar caro esto, se ve que estaba angustiada, pero juro que en ese momento no podía responder como un tipo copado, siquiera serio.

Sacó dos turnos, me dijo que un día tenía que entrar algo más tarde al trabajo. Luego de hablar con ella, pedirle disculpas, cocinarle y prometerle ir al teatro, mas o menos limpié mi imagen de imbécil.

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martes, 14 de junio de 2011

(post perdido, del 4 de agosto de 2010)

I
Me hablás y no sé exactamente cómo lográs aliviarme. Me siento mal, pero cuando vos me decís que va a estar todo bien, te creo. Tenés una forma de presentarme el balance de bueno/malo de una forma muy... no sé cómo llamarla, cálida, dulce o como quieras. Y te creo.

Si mi vieja me dice "no te preocupes, ya te va a salir algo", no le creo. Si mi mejor amiga me dice "bueno, es cuestión de tiempo, va a salir algo", no le creo. Si mi hermana me dice "no te preocupes, algo aparecerá", no puedo creerle. Ahora, vos venís y me decís "tranqui, que vas a estar bien. Vas a encontrar algo para vos y vas a estar contenta"... te creo! Te creo y me hacés sonreir.

Vos decís que sos malo reconfortando a la gente, que no sos capaz de aliviar a nadie. Y yo tengo que  desmentirte, corazón. Tengo que decirte que me levantaste el ánimo siempre. Un misterio es cómo lo lográs, como aunque estés con tus "malos humores", te las arreglás.

Y me encanta cuando me traes la barra de Cadbury de yogurt de frutilla. Me hace sentir segura.

II
- Hello - dijo ella al otro lado del teléfono-. No te quise llamar antes, a ver con qué humorcito tuyo me encontraba de mañana...

- Hola - contesté con la cabeza totalmente detonada.

- ¿Y vos que querías venir a buscar en ese estado? - dijo ella-. ¿Qué hiciste anoche?

- Salimos con Bataille y Guy, comimos el mexicano más caro del mundo, pero buenisimo. Luego creo que anduvimos por... Bangalore. Y había dos por uno.

Ella se rio. Con voz resfriada me contó del kayak y que el Wilkenny estaba como lo había dejado.

III
Recopilo un poco la información: tengo un carácter de mierda, tiendo a ser bastante inconexo con las cosas que digo y además duermo poco, lo cual acentúa todo esto.

La verdad que, tengo que decir, por más que vos digas que no tenés paciencia, soy testigo de todo lo contrario. Para mi que trabajar con chicos te armó del temple justo para que no te enojes si aún no fui al hospital. je.

IV
- Sos de Buenos Aires, ¿de dónde?

El micro ya había salido, no había retorno. Volvía a la ciudad, al trabajo, maldita sea.

- De Olivos - contestó ella, mientras veía alejarse la terminal de omnibus.

- ¿Por donde anduviste? ¿Bariloche y algo más?

- El Bolsón, dos días - contestó ella mientas descubría que en la bandejita le tocaba pollo con una crema rara.

Mientras continuaba investigando su cena, su compañero de asiento la interrogaba sobre sus quehaceres cotidianos: era maestra, tenia veintinueve años, vivía en Olivos. Muchacho macanudo, pero ella no estaba de humor. Por su acento cantado, el pibe era de Córdoba.

Él le habló de que estudiaba música, guitarra. Se dedicaba a dar clases y visitaba al hermano que vive en Buenos Aires dos veces al año. Porque el hermano era abogado y estaba de feria.

- ¿Viajaste sola?

- Sí.

- Uh, de habernos conocido antes, te mostraba todo. Hace un año que vivo acá en el sur. Quizás me puedas mostrar algo de Buenos Aires.

Va a Buenos Aires dos veces al año, tiene al hermano ahí. Pero solicita un tour... ajá.

- Tengo novio - contestó ella.

El hambre

I
Cansado. Estaba can sa do de ella, de su forma de despertarme a las mañanas, de quedarse todo el día en casa, de no entender que esa noche quería salir con mis amigos, de que se apareciera de sorpresa en las fiestas de cumpleaños.

Todo eso, así que le eché fli. Un momento de convicción y determinación pocas veces vistos. Agarré y la senté en el sofá, le dije que yo no podía darle lo que ella quería, que necesitaba espacio, que no significaba que nos tuvieramos que pelear, pero sí que la cosa no iba más así.

Todo bien. Momento tenso, pero lo entendió.

Salí esa noche, nos fuimos a una fiesta en San Isidro de un amigo de Gilles. A las cuatro de la mañana cayó ella, me dejó tres mensajes en el celular. Alta mierda. Cuando Jim se estaba esfumando se la cruzó a la salida, me dijo "che, te busca Miriam". Callate boludo que no quiero, no sé, que no entre, que se joda, yo me quedo acá un rato más.

Enervado me tenía, enervado. Logré a lo largo de los días ir limitando sus momentitos. Pero no había pensado en el hambre por venir...

II
- ¿Holá?

- Hola Miri, soy Jorge. ¿Cómo andás?

- Ah, ¿Qué hacés loqui por acá?

En uno de esos arrebatos me decidí por no volver a casa, aparcar mi coche en avenida Maipú al 2000 y tocarle timbre. Una idea genial, según Gilles. Una caradurés imperdible, según Jimmy. Una decisión de hombre, según Rolland. Una gran iniciativa, según Guy.

- ¿Estás muy ocupada?

- Algo... estaba preparando una chocotorta para mañana, es el cumpleaños de Beatrix.

Qué carajo me importaba. Traté de actuar serenamente.

- ¿Necesitás ayuda? Soy un gran testeador de chocotortas, yo te puedo decir cuando está a punto.

- Es que ahora vienen las chicas.

- ¿Cuándo? ¿No tenés un rato? Te traje las caripusas, así ya no te doy más vueltas con eso. De paso veo cómo está el potus.

Hubo un silencio tedioso. Pensé que me había colgado.

- Es un toque, te dejo todo y me voy.

- Jor, te juro que no puedo. Estoy hasta las manos, si querés hablamos mañana. Por las caripusas no te preocupes, las paso a buscar sino.

- ¿Una vez que te las traigo y me las despreciás así?

- En serio...

- Además, creo que me olvidé mi libro de Osho en tu living.

Era mentira. Osho estaba perdido, pero seguro que ahí no.

- Bueno, mañana reviso y si está te lo acerco - dijo Miriam hinchada las pelotas-. Hablamos Jorge.

Penal. Eso me pasa por tomar decisiones precipitadas... cómo desempolvar la agenda a ver cómo soluciono esto che.