Comunicación

miércoles, 25 de febrero de 2009

Nos encontramos ante un escenario, cuya única iluminación es un reflector que dibuja una especie de círculo deforme y blanco. Entonces, vestido con camisa y pantalones negros, entra Jim Bentham. Se para justo bajo la luz del reflector, erguido, y con sus manos cruzadas tras la espalda, comienza:

Jim: La comunicación, a esta altura del partido, debe ser entendida como la forma de realización del hombre. ¿Qué es la felicidad, sino una forma de comunicación? ¿Qué es el amor, sino esa especie de fluido a veces tóxico otras veces alucinógeno, que fluye entre nosotros y un otro? Nadie es solo, ni siquiera el ermitaño.

Se enciende una luz en ese momento, dibujando una pequeña escena alterna ubicada atrás y a la derecha de Bentham. En ella participan Debord sentado en una silla y su novia Rose Luzemburg, de pie, junto a él. Ninguno de los dos puede ver a Bentham, pero este, se voltea para observar lo que dirán.

Guy: No es que quiera irme de vos, pero sí quiero alejarme de la ciudad. Estaremos más lejos, sí, pero me ayudará a mi a desintoxicarme de este cruel suelo del Abasto.

Rose: Lo sé, sé que sufrís la monotonía de cada calle, de cada cuadra, de cada parada de colectivo corroida por los años. Pero... ¿Qué querés? Yo no me quiero ir. Y estamos tan cerca ahora. ¿Pensaste en un futuro juntos? ¿Cuál será? ¿Tu campo y mi ciudad?

Guy: No creo sea este momento de hacernos cargo de esa decisión, que ni siquiera hemos esbozado en nuestras mentes.

Rose: ¿Ni siquiera hemos esbozado? No hables en plura.

Jim -dirigiéndose al frente-: Incluso la no comunicación es comunicación. Al no decir, decimos, el que calla otorga y el que huye jamás escapa del todo...

Rose: Ya el otro día te dije de salir, de vernos... Y me dijiste que tenías que leer... Y jamás notaste ni mi corte de pelo de de la semana pasada, así como tampoco recordaste que cumplimos once meses juntos.

Guy: ¿Es ese el problema? ¿Pensás que nos estamos alejando? Por favor, no...

Jim: Es increible la lógica de lo inevitable. Lo que no se ha dicho termina desparramado, de una forma u otra, sobre el juego.

Rose se va. Queda Debord, que no ha atinado a levantarse de su silla. Mira al suelo algo ido, despide un suspiro que cae roto contra el piso. Alza la mirada, ve a Bentham que lo observa. La luz que lo iluminaba se esfuma.

Es a la izquierda de Bentham que un nuevo y gran círculo da lugar a la interpretación de Bataille frente a Susana Sontag. Sólo dos metros tienen entre sí, pero ambos permanecen de frente, mirándose pero eludiéndose.

Casi si darse cuenta, los personajes se van aproximando. Susana, entre más se acerca a Jorge, menos lo mira. Jorge le clava la mirada, mientras continua aproximándose. Justo antes de que su mano encuentre la de ella, deja de mirar.

Jim: Y cuando hablamos de comunicación, no hablamos necesariamente de la palabra, de los vocablos, de las claves secretas. En realidad, creo, es el cuerpo el que no puede evitar comunicar. Es por eso que esto de la comunicación, de ser uno con el mundo, es una cuestión bastante central.

Susana le muestra las palmas de las manos a jorge. Él suma sus palmas. La luz se concentra en ellos dos, mientras que ella comienza a llevar a Jorge por el resto del escenario. Al pasar al lado de Bentham, Jorge le dirige una mirada...

Jim: Bueno. Lo disfruta. Claro, los indeterminados de la comunicación son ese punto preciso en el cual nos realizamos en ella. Porque en nuestras imprecisiones somos nosotros mismos de forma más libre. Lo explícito es sólo una forma -no por ello menos rica- que intenta presentarse como la más común. En realidad, si vamos a los tantos, el cuerpo, sin valerse de la palabra, habla mucho más.

Jorge acompaña los suaves pero rápidos movimientos de Susana. Se sientan, se dejan caer. Ella juega a la muerta, Jorge intenta levantarla. Es cuando lo logra que ella lo toma de la mano y lleva a Jorge fuera del escenario. Con ellos, la luz que los perseguía.

Jim: Digamos... nada puede ser en sí mismo. Entonces, ser es comunicar. Cuerpo, palabra, expresión. En realidad, son todo lo mismo, diferentes formas de algo inevitable.

Un circulo, al lado de Bentham, ilumina a Deleuze. Su mirada es de angustia, es evidente que quiere llorar y no se anima.

Gilles: Se fue. En realidad, siempre supe que se iría. Es por eso que andaba con la otra. No de malo, sino de... descreido. Lo que pasa es que tantas veces uno termina solo. Vos me vas a decir que eso no justifica nada, que al amor hay que corresponderlo. Andá vos, con tu mundo perfecto.

Jim: Somos expresión de nosotros mismos. No importa cuánto intentemos engañarnos, la realidad de lo que somos siempre llega. Tarde o temprano. Lo mejor es intentar conocerse antes de tener sesenta, porque entonces la mentira parece haber sido demasiado larga, casi tanto como una vida.

Gilles: Lo trágico. No la dejaba porque no me quería sentir solo. Lo estúpido. Era justamente porque estaba con demasiada gente que ella ahora no está. No sabés lo que tenés hasta que lo perdés, como dijo alguien...

Bentham miró de reojo a Deleuze. La cita de Jana era más que inoportuna...

Gilles: Es que sentía todo como un retroceso. Eso me dijo ella, pero no podía más. Se tuvo que volver a la casa de los padres. Una cagada. ¿Cómo me siento yo? Imagínense. Les juro que traté, pero no soy tan buen tipo...

Bentham se aproximó a Deleuze, lo abrazó. Mientras lo acompañaba afuera del escenario...

Jim: Lo inevitable... Es preferible pasarla mal ahora que terminar en un completo desastre después. No hay que preocuparse, pues todo puede parecer negro ahora, pero no es más que la vida entera lo que nos queda por delante...

Te borré

- Che, hace mil que no te veo en el msn.

- Ah sí, creo que ya no te tengo más.

- ¿Eh?

- Nada. Te debo haber borrado. Bah, nunca nos hablabamos. En realidad, hablo más con tu hermana. Igual todo bien, ¿no?

- Pero eso no se hace. ¿Para qué me borraste? ¿Qué pasa si te quiero hablar?

- Bueno bueno, igual tenes mi mail y el celular. Es que de vez en cuando limpio contactos del msn, vio. Me dan la sensacion de que abren demasiadas conexiones y me alerdan la máquina.

- Cualquiera, además, ¿qué tiene que no nos hablemos mucho? Bueno, vos sabrás...

- Me aburrí de la conversación.

Entonces empezó a decir que era cualquiera, porque yo la había agregado a ella en un primer lugar, pero bue, qué carajo. Ahora se ofende. No es para tanto. Encima como ni le propongo volverla a agregar, se enoja más. Loca de mierda...

Matar a Bentham

martes, 17 de febrero de 2009

Hubo un complot para matar a Bentham. Según fuentes no policiales, Deleuze y Bataille complotaron contra el racionalista, porque según a juicio suyo, este era demasiado inmune.

Fue en la casa de Debord, a la vuelta de las vacaciones, un día de febrero o enero, no nos interesa la fecha. Gilles y Jorge habían adquirido en tierra brasileña unos chiles en conserva, de forma secreta, una noche. Lo consiguieron en un restorancito de Guarda, cuando casi mueren intoxicados con semejante picante. Entonces, decidieron que la supuesta inmunidad de Bentham a los hemorroides debía ser testeada.

Quince días planificando la situación, hasta que Bataille envió el correo que dictaminaba la reunión en el departamento de Guy Debord, la cual no carece de cierta cuota de surrealismo, pues esos patos que hacen de canilla son llamativos. Y las pinturas de Dalí en las paredes. Y el perro de cerámica en el dormitorio.

En la cocina se compenetró Barthes, también confabulado para el envenenamiento contra Jim. Preparaba cuidadosamente el relleno de los tacos mientras Bentham y Debord desvariaban sobre las teorías del punto de fuga, discusión en la que hubiera sido pertinente la intervención de Gilles, pero este elaboraba una salsa a base de los mencionados agies picantes, cayasa y ajo.

Se dice que la conversación entre Debord y Bentham se volvió más aspera cuando se aludió al asunto "radiohead en Argentina". Puede haber ocurrido así:

Jim: Son unos chorros.

Guy: Eeee, pará, es que son una banda grosa. Mucho más progres que tus queridos hermanos Gallagher...

Jim: Radiohead está cobrando tres gambas. ¿Quiénes se creen? ¿Noel Gallagher?

La alusión ha la famosa cita del cejijunto sobre el rey del pop -adaptada para los Yorkes en este caso- sólo logró profundizar el debate "neo emos" vs. "brit pop".

Guy: Neo emos tu vieja.

Jim: Manga de depresivos automáticos...

Mientras la discusión llegaba a ningún lado -la deriva-, Deleuze seguía preparando -mal- la salsa tal como se la había comentado el mozo del restorancito de Guarda. No le había dado las medidas, pero al menos ahora sabía menos tóxico, el veneno era más sutil.

Roland: Che, ya estoy. Esto está para darle.

Noche de muchachos, no girls around. El escenario ideal para atentar contra la vida de alguno de los presentes, por motivos tan justos como inmorales. Entonces Roland Barthes llevó todo su significante de los tacos -pollo y carne vacuna, de primera- a la mesa. Deleuze dispuso la salsa en un frasco de tabasco, para que todo pareciera natiural.

Jorge: Todo lucirá como un accidente...

Los confabulados se acercaron a preparar sus tacos, mientras el despreocupado Bentham, deshecho de su manía por el control unidireccional de las cosas, se dispuso a preparar su taco.

Jorge: Ohhh, que tonto de mí, le he puesto demasiada salsa picante. Ohhh, Bentham, a vos que te gusta lo picante, ¿quieres mi taco? Tu sabes que no tengo tu resistencia.

Por detrás reíanse Roland & Gilles, mientras Guy engullía su chicken taco libre de toda toxina.

Eso tenía un baño de salsa. Bentham agarró la botella de salsa y probó un poco. Tenía un gusto a cayasa espantoso.

Jim: Esto tiene alcohol...

Gilles: Mirá, lo compramos ahí en el chino, parece rico... Mmmmm

Jim: A esto le pusieron algo...

Jorge: Naa, además, vos no estás vivo, resistís todos los picantes.

Entonces Bentham, sabiéndose en medio de un complot, simplemente cenó su taco, siendo el espectáculo de todos. Sí, luego de medio taco -ácido- seguía vivo.

Jorge y Gilles miraban como su victima continuaba comiendo el veneno, pero nada parecía detenerlo.

Jim: Bueno, ya que están tan fanáticos para que pruebe esto (que no tiene tan buen gusto, tiene demasiado alcohol, permitanmé decirles), ¿de dónde mierda lo sacaron?

Fue allí el momento de la confesión, que venían elucubrando esto desde hace quince días, que habían dispuesto frascos y frascos de estos agies picantes, que casi mueren aquella noche ausente en Guarda.

Jim: Débiles -y se terminó el taco-.

Jorge: No tenés corazón. Eres un cadáver vivo.

Jim: Vos... -dirigiéndose a Jorge- ¡oh, acéfalo!

Gilles: Pará, ok ok, como intento de matarte, ¿Cuánto le ponés? Un diez, la verdad que bastante bien.

Jim: Mmmm, no está mal. Pero demasiada cayasa, es una bebida que no me gusta. Démosle un nueve.

Debord: No entiendo cómo te estás preparando otro.

Luego Jim le contaría a Bella que intentaron matarlo. Bella, risueñamente indignada, le dijo que esas son cosas que hacen los hombres cuando están solos. Manga de brutos.

Dieron las doce, Gilles y Roland automáticamente sacaron sus celulares para enviar los mensajes correspondientes del día de los enamorados (lo que descarta la hipótesis inicial de que era una noche de enero).

Jim: Débiles -comía su taco-.

Aunque al rato de dió cuenta de que si bien el veneno no lo había matado, la cantidad de cerveza ingerida lo había vuelto tan torpe como para que se le cayera un vaso por el balcón e iniciar otra discusión con el dueño de casa, que no llegaría a ningún lado...

Por lo que resta, resulta que Gilles comió un taco que estaba pasado en salsa y terminó tomando agua directo de la canilla de la cocina. Luego, después de una cuasi zambullida en el baño, se acostó medio húmedo para reponerse. Lo habrán tidado en la casa, porque no podía más. Guy re reía, Bentham sentía vértigo de la idea de tan sólo parase, y Bataille estaba intacto, pues ese sujeto es inmune al alcohol.

Cars

lunes, 16 de febrero de 2009

I
Sostengo que la autopista es un lugar hermoso, no por sus paisajes, vehículos obstaculizadores o el suave aroma a asfalto veraniego, sino por esa sensación de libertad que puede llegar a provocar.

Ya una lucecita al lado de los indicadores de la baliza delataba algo que no andaba bien. Luego Bella dijo que escuchaba un silvido, y que estabamos yendo quizás demasiado rápido. Desestimé la observación.

El susto vino a la altura del Unicenter, cuando el capó comenzó a escupir humo. Bella se puso un tanto nerviosa, pidió que pare el auto. Parar así nomás en la ruta, sí, claro, intentenlo. Encima justo en una curva. La visibilidad era mala. Tuve que abrir la ventanilla, asomar el cogote, ver por donde apartarme.

Bella: Jim, please, pará el auto que el motor está para el carajo -dijo con esos nervios que caracterizan sus pedidos más serios.

Logré parar el auto. No sin bocinazos, claro. Detesto que me toquen bocina.

Bella estaba asustada, seguro pensaba que el auto iba a explotar como en Brigada A. Se bajó al instante y se alejó del Gol unos diez metros, con cara de pánico. Corazón, vamos, no pasó nada. Le falta agua parece. Ahora en la estación le ponemos. Please, come back... come back...

Genial, no sólo el auto está averiado, sino que mi chica también.

(No es la primera vez que una crisis de motor se combina con una crisis femenina... debe ser mi carma).

II
9 de julio, supongan. Roland Barthes va piloteando de maravillas su Ford Ka. Se levantó a las cinco am. Son las tres de la tarde y el sol está castigándonos por todos nuestros pecados. Lo único que quería hacer Roland era darse un chapuzón en la pileta...

Entonces se paró.

El aparato en un semáforo decidió dejar sin continuidad el servicio de sus cuatro ruedas, el Ka deseaba quedarse a tomar sol. El sol ese que a Roland le quemaba la cabeza.

Roland: Necesito una pileta...

Nada. No arrancaba. Obvio, bocinazos. Roland se exasperó. Lo fácil que es exasperar a este tipo en ocasiones. Intentó con el burro de arranque, unas patadas al acelerador, unas patadas al neumático, unas patadas al capó.

Simplemente se detuvo, dejó de tirarle bronca al móvil.

Se sentó en el cordón, a disfrutar de un poco del pasto de los bulebares de la avenida más ancha del mundo, sumergido en un mar de bocinazos y un sol tirano. Total, no iba a arrancar.

Cuando llegó, el policía no entendía nada. Un Ka parado sin nadie en medio de la avenida. De qué rayos se trataba. Se acercó a Roland y le preguntó de quién era el auto.

Roland: Yo qué sé, de algún boludo que lo dejó tirado ahí...

III
En viaje, yendo para Baradero, Bataille se preparaba para reunirse con Debord, Deleuze y Bentham allí. La ruta estaba un tanto tranquila, se preparaba para salir de un pueblucho en el que había almorzado y disfrutado de una breve respiración en el parque. Luego se subió a la Combi para emprender el resto del viaje.

Fue precisamente a la salida de ese pueblito en medio de la nada que un control policial lo paró. Shit. Aún no tenía los papeles de su recién adquirida Combi, lo cual implicó un problema para con las autoridades locales. Además, las botellas de vodka atrás no sumaban. Otra cosa que tampoco convenció a los oficiales fue que vieron que antes de volver a la ruta, en el parque, Bataille había estado tomando Smirnof en un banquito, al sol.

Jorge: Es que aún no tengo hecho el traspaso de titularidad, pero la camioneta es mía. Y lo del vodka no es tan así, pues no es mío, entonces tampoco es para tanto...

El oficial procedía a confiscar la Combi, lo cual era un tremendo problema porque iba a tener que llamar a Deleuze para que lo venga a buscar a unos cientos de kilómetros.

Deleuze: ¿e? ¿Saliste sin los papeles de la Combi? Pero vos sos un boludo.

Jorge: No entiendo por qué esta gente le cree más a los papeles que a las personas. Pues es sabido que las peores mentiras las venden por escrito, no tanto de parla.

Deleuze: Boludo, vas a tener que volver encima a declarar ante el juez y pagar la multa para llevarteta de vuelta.

Comandada por un oficial policiaco provincial, la Combi se alejó a lo que Jorge imaginaba sería una comisaría venida abajo, de ladrillo a la vista, rejas oxidadas y un ventilador que hacía ruido...

Una semana después buscó los papeles del propietario, se pegó un viajecito al pueblucho, declaró ante el juez, pagó una suma de dinero desconocida hasta la fecha, y pudo regresar con el móvil.

IV
Escuche oficial, sé que parece que estoy un poco borracho, pero no no. Emmmm, no entiendo cómo no esquivé los carteles de control de alcoholemia. Puta madre, siempre me dijo Bentham que el truco es mantenerse en el centro. Soy un boludo.

Manejar y encontrarse con policías no está copado.

Esto no tiene forma de ser piloteado. Mire oficial, emmmm... No sé, yo vivo acá a tres cuadras. Emm, mire, si, venga, que digo al verdad. Prometo que tiro el auto ahí... Digo, lo estaciono como se debe y me voy a dormir. Quizás desayune antes, aunque no sé si es buena idea.

Oficial, sigame, llegamos bárbaro, damos una vueltita. Tres cuadras, esto, sí. Yo vivo sobre la calle Ugarte. Sí, es un decir, en realidad yo vivo en el mundo, como usted seguro. Aunque, ahora, me cuesta un tanto bajar, pero vea, puedo caminar hasta la puerta. y...

Poner la llave, y girar, y... Sí, no se preocupe. Está bien, le agradezco acompañarme, gracias, es que a veces uno no sabe con quién se puede encontrar a estas horas. Sí, soy un ciudadano bien, me gusta que la ley se haga cumplir. Gracias, un abrazo, que le vaya bien...

Puf, caí demolido en la cama. Por suerte el cana ya se había ido.

Main Characters

miércoles, 11 de febrero de 2009

Los personajes, como habrán dado cuenta, pueden llegar a ser:

Jorge Bataille: Del cual alguna vez se escuchó la frase "yo no tomo porro", este sujeto se ha dedicado a... netamente, vivir. Es el señor fiesta... Se lo ha visto llegar y despertar la sonrisa del público espectante, porque es sencillamente -y locamente- un sujeto entrañable.

Roland Barthes: El más serio de toda esta manga se personajes, también guarda su excelente cuota de "revoluciones programadas sistemáticamente para producir efectos contabilizables sobre factores determinados estadísticamente". El dotor.

Jim Bentham: Los límites de la racionalidad frecuentemente se vuelven cautivos de una irracionalidad terrorista, capaz de llevar a límites exasperantes la sistematización y organización de los efectos. Ahora... ¿qué ocurre cuando el la racionalidad se vuelve irracional?

Gilles Deleuze: Desestructurante de una manera poética. Puede que por momentos su personalidad se desdibuje con la de Jorge. Fugarse para él es siempre la opción. No se trata de un intelectual, se trata de un tipo que simplemente dice cosas verdaderas.