El David no está en el Uffici

jueves, 24 de febrero de 2011

De: jackie@rousseau.edu.ar
Para: Jim@rocknroll.com
Subject: Hola!

Hey! ¿Cómo llegaste? ¿Cómo te fue en el resto del viaje?
Me encanta Firenze, pero no doy con el David. ¿Dónde anda eso?
Beso,

J.

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De: jackie@rousseau.edu.ar
Para: Jim@rocknroll.com
Subject: FW: Hola!

Hola. ¿Te llegó mi mail? Igual encontré el David. No está en el Uffici, está en la Galería de Arte, la del Panteón. Antes estaba en el Uffici creo yo.
¿Cómo estás?
Beso,

J.

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De: jackie@rousseau.edu.ar
Para: Jim@rocknroll.com
Subject: FW: Hola!

Ok, entiendo que estás enojado. Y no te puedo expresar lo que lo lamento. Pero al menos me podrías contestar el mail. ¿Siquiera me estás leyendo?

J.

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De: Jim@rocknroll.com
Para: jackie@rousseau.edu.ar
Subject: RE: Hola!

Según tengo entendido, el David jamás estuvo en el Uffici.
Estoy bien.

Bye.

JB.

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Pasaron solo un par de días y Jackie volvió. Respondió una parrafada en otro mail, que no importa. Y me dijo de juntarnos.

II
La cosa fue algo así, fue en Belgrano, fue sentados tomando un café, fue escuchando un tema de Black Eye Peas, fue:

- A vos te molestó que yo anduviera vaya a saber con quién. Te molestó muchísimo, se te notaba en la mirada. Me odiabas.

- No me debías nada, no te dije nada ni te echo en cara nada. Tampoco digo que me encantó.

- ¿Realmente te importaba yo? Si te significaba algo, podrías habermelo hecho saber. Jamás me dijiste nada, te comportaste raro, de a momentos cariñoso, de a momentos un iceberg.

Me hablaba, pero no me miraba. Parecía que dialogaba con su taza de café, le contaba lo mal tipo que soy. Tenía su fleco que ondulaba por su frente, parecía que lo lucía sólo para mi.

- No fuiste a Bélgica -dijo, reluciendo todo su intelecto-. Pero sé que una belga te trató bien.
Una belga. Debía estar haciendo referencia a St. Claire. Y tengo que recopilar la información de cómo se enteró... Recapitulé: Chejov no sabía los detalles, quizas Jorge, por boca floja, se lo hubiera dicho a... Debord... El circuíto es fácil, de Debord a Darío. Y el sorete de Darío me incineró nomás. Tengo que hablar con Guy, se mandó un moco.

- O sea: un día estás conmigo y al otro salís así nomás con otra. ¿Te importaba yo?

A partir de aquí la conversación se puso realmente buena. Practicaba una pose de ofendida que le quedaba pésimo.

- Querías estar conmigo, y al otro día salís con la belga en "la cita más cara del mundo". Y te jactás de eso, claro.

A ver, citó textualmente "la cita más cara del mundo". Eso lo dije yo... ¿A quién?

- Era holandesaaaaaaaaaaaaa! - exclamé como si estuviera corrigiendo un dato relevante.

Me miró. Ella odiaba que en plena discusión yo hiciera ese tipo de "chistes". Se enojó peor.

- Escuchame - continué-: si, está bien, salí con otra. Pero vamos a los tantos: no nos debíamos nada, vos andabas con otro y la verdad es que yo ni me metí en eso. Y si bien no me "copó" precisamente lo tuyo, no te dije nada. La diferencia entre vos y yo es que vos me echás en cara el salir con alguien más y yo no. Porque evidentemente a los dos aún nos importa...

Me miró sin escucharme porque le importaba tres pitos lo que pudiera decirle.

- Cuando nos encontramos allá no lo pude creer. Pero, qué ilusa, todo para esto...

Ese tipo de manipulaciones de Jackie me tenían harto. Me di cuenta que precisábamos mandarnos a la mierda.

- Si nos hubieramos encontrado en Brugge, como sugerí, la historia hubiera sido otra. Pero insististe con Gaena.

Jackie estaba lo suficientemente enojada como para no contestarme. Seguramente quería decirme que había estado con otro u otros, pero esa extremada cordura que tiene no se lo permitía. Yo quería que lo dijera, más por ella que por mi. Que se liberara, que hiciera su mejor intento de herirme. Pero no.

- Estás a esto de mandarme a la mierda, pero no lo hacés...

- No quiero mandarte a la mierda, pero la verdad es que ahora te odio.

- Me odias... Jamás te gustaron mis comentarios en estas circunstancias.

- No te odio por tus comentarios.

- Quizás sea porque tiendo a tirarte las estanterías, estoy casi seguro de que es por eso. En verdad, debieras darte cuenta que me porto bien.

- No es eso. Te hacés el que te portás mal, pero sos bueno. Pero te mandas cagadones bárbaros, hacés tremendos quilombos y a veces no se sabe con qué podés caer...

Decidí continuar jugando con la dinamita.

- ¿Con qué puedo caer? ¿Por que se trató de una holandesa y vos esperabas una belga?

Logré detonarla.

- ¡Pero la puta madre! Yo me cojí a un italiano muy lindo, me trató como a una dama, paseamos por Venecia y dormí en su casa.

Tenía la mirada envenenada. Por primera vez pensé que me iba a volar un cachetazo en serio.

Empeoré la cosa al reirme. Puso una cara tétrica, fue como si la insultara. Pero no me reí porque no le creyera, ni por hacerme el desentendido. Me reí porque me parecía ridículo. Todo esto me parecía ridículo, de una paparruchada cuasi brillante, una parafernalia macabramente satírica, un mamarracho sin gracia.

Me dijo "pelotudo" por lo bajo, se levantó y se fue. Ese enojo que tenía se había transformado repentinamente en una tristeza tremenda, como si finalmente hubiera logrado yo pegarle el batacazo. Mientras una pareja sentada dos mesas a la derecha nos miraba y decían cosas, la mina me daba la espalda como si pudiera ocultar algo de todo eso. Se fue, se retiró así nomás. La vi irse, dejarme ahí, abandonarme. Pagué la cuenta y me di a la fuga yo mismo. Odio el Cinema porque jamás me fue bien ahí.

Todo esto, por buscar el David donde no estaba...

Lección nro. 725: no encontrarse con una ex en otro continente. Estoy aún aprendiendo, che.

El tipo más garca del mundo

martes, 22 de febrero de 2011

Mientras me iba contando, yo me reía. Casi escupía mis cereales del desayuno, se me salían por la nariz los cachos de tostada. Guy había finalmente pegado onda con Beatrix.

- ¿A dónde la llevaste?

- Fue un tema, porque acá no hay telos viste. Y en la habitación están ustedes. Entonces, le dije al de la recepción que me había olvidado la campera en la sala común, y me dio la llave. Eran como las cuatro de la mañana.

- ¿En la sala común anduvieron?

- Sí. No sabés lo ruidosos que son los sillones esos. Encima ella quería estar en los de adelante.

- Decime en cuál sillón estuvieron, porque no quiero sentarme en ese. A todo esto...

Le señalé la pantalla lcd frente a la recepción, que tenía las cámaras de seguridad. Guy abrió los ojos como dibujito japonés, y le preguntó al recepcionista:

- ¿Esa cámara da a la habitación común?

- Claro - le contestaron-.

- Bueno, Guy - le dije riéndome-. ¡Ahora sos actor porno amateur!

Guy se entró a reir también. Ya toda la noche anterior había sido medio ficcional. Pero estaba cantado que Beatrix y él tenían onda. Sólo hubo que dejarlos solos en el boliche ese "Mi madre era una Groupie", y listillo.

- En un momento, entró un chino.

En ese momento escupí más cereales, porque me impedían reirme.

- Entró un chino. Posta. Y el sorete nos vio y no se iba. El tipo más garca del mundo...

Yo estaba de humor: sin noticias de Jackie, y St. Claire me había respondido mi mail. Iniciar la mañana con el cuento de Debord fue realmente chistoso. Nadie le borraba la sonrisa de la cara. De ahí, nos fuimos al Uffici.

Situación política en el Vaticano

domingo, 20 de febrero de 2011

Claire se reía, mientras yo elucubraba alguna de mis estupideces sobre el Vaticano:

- ¿Cuándo entramos al Vaticano? No vi ninguna aduana. ¿Cómo puede ser que un país no tenga aduana?

Sonreía destellantemente, sacaba fotos hasta de las texturas de las paredes. La plaza de San Pedro estaba llena de gentes y había una cola enorme para ingresar a la iglesia. Mi llegada a Fiumicino ya había sido algo accidentada (item con un tipo de seguridad de la aduana, que quizás algún día relate), pero el Vaticano era otro asunto.

Ingresamos, y a los quince minutos un tipo de seguridad me dijo que "no dijera malas palabras", y me señaló un cartel:

"Sea respetuoso: usted se encuentra en un lugar sagrado".

Claire se reía. Me imaginé como Jackie me hubiera cagado a pedos, pero Claire me sonreía. Seguro me hubiese salvado de ser deportado.

Yo solo había dicho "Papa pedazo de hijo de ..." y ya me estaban pidiendo que casi me retire. Después pagamos encima cinco Euros para subir a la cúpula, porque Claire quería ver la panorámica de la Plaza de San Pedro.

Su inglés imperfecto sólo la volvía más adorable. Sacaba fotos de todo, de bichitos que caminaban por las columnas, de piedritas que se estaba por caer de la baranda de alguno de los balcones, de todo.

Fuimos al shop del Vaticano, donde Claire debía comprar un rosario para su abuela. Cuatro euros un cacho de rosario, pero por favor. También ahí me miraban las monjas del local, pensé que me habían entendido cuando había dicho "pero qué chorras que son".

- They´re stealing from you - le dije a Claire. Se rió nuevamente, me tomó del brazo y me dio un beso en el cuello.

Mi situación política se agravó cuando visitamos las tumbas de los Papas. Los más antiguos eran cremados, por lo que pasamos frente a una serie de urnas. También algunas lápidas que llevaban esculpidas las figuras del Papa correspondiente. Hasta que tuve frente a mi


Joannes Paulus p.p. I

Dije algo así como "A este lo mandaron a matar. Yo lo vi en El Padrino 3". Saqué una foto. Me vio el de seguridad.

- Jimmy, you can´t take pictures in here - dijo Claire mirando de reojo como se acercaba uno de los tipos de traje.

Me sobana raro que dejaran. No había visto el cartel. Hice un ademán, presioné un botón. Le dije en un inglés raro al tipo que había borrado la foto. Me miró mal. Me dijo en un inglés maltrecho que no se podía usar la cámara adentro. Le dije que no me había dado cuenta, que ya había borrado la foto.

Minga la borré. Me sentí re fuera de la ley.

St. Claire

jueves, 17 de febrero de 2011

Volvía de Gaena con una depresión atómica. Era obvio que iba a pasar esto, o que iba a pasar cualquier cosa poco copada con JR. Lo que ocurrió, es que encontrame con ella tan lejos tenía una especie de aura mítica. JR y JB se accidentan en Italia, cerca de la estación de tren.

Y si bien JR no ocultó su gran emoción, es evidente que estos últimos días ha estado convulsionada y que yo estoy tan inestable como el plutonio. Guy me dijo que era insostenible:

- Es insostenible. Te quiere dar a toda costa.

- ¿Y si yo te digo que no?

Guy se rió. Sabía que si bien no teníamos chances, Jackie y yo seguiamos siendo potencialmente un quilombo.

- ¿Que no qué? - dijo al terminar su carcajada.

Ni lo uno ni lo otro. Pues si bien nos perdimos con JR por las calles de Gaena, esa ciudad italiana tan bonita, pero no tanto como Brugge. Cuando Jackie me había anunciado que se iba para Europa, pensé en esta probable coincidencia. Y luego:

- Hicieron ambos dos todo lo posible por coincidir en aquella ciudad. Ni siquiera estaba en nuestro itinerario original - reclamó Guy-. Pero está bueno eso de elegir destinos que no sean tan conocidos.

Con Jackie nos encontramos en la estación de tren, a la que habíamos llegado una hora tarde. Pensé que se había ido, que se había cansado de esperar. Pero dí con ella en mi search desesperado.

- Hicieron mucho para encontrase en esa ciudad. Para ir a ver a Boticelli.

- Y te juro que ni ella ni yo teníamos planes de que pasara nada.

- Lo peor es que lo creo de los dos. Pero que no se plantearan las cosas así, de frente, no significa que no tuvieran intensiones ocultas. Ambos.

Como Jackie habla italiano, me ayudó a pedir el almuerzo: un bocadillo de jamón crudo y una Heineken. Almorzamos en las escaleras de la estación. Paseamos por los puentes de el Revere, río que corta la ciudad por la mitad. Fuimos al museo de bellas artes. Guy merodeaba por ahí, mientras Jackie me abrazaba y a mi me entraban a picar las ideas.

Me la pasé rascándome la cabeza.

Llegamos a la plaza de las estatuas, donde encontramos diversas réplicas de obras como el David, o Venus, o Afrodita.

II
Mientras volvíamos a Gaena, Bentham estaba en un estado de cuasi depresión llamativo. No habló durante todo el viaje. Esgrimió la excusa de "estoy cansado". Cuando todos sabíamos que Jackie lo había dejado mal.

Cuando llegamos a Roma estaba más despierto, pero seguía sin hablar.

Discutíamos con Beatrix -nuestra compañera de viaje de Ururguay, chica muy simpática con la que yo tendría algo dos días después, al irnos de Roma-, y Lidia -amiga de Bea-, los lugares a visitar mañana: el Vaticano y el barrio Tras Tevere.

Como quién es artífice de su propia revolución, Bentham no perdió tiempo y al llegar al hostel fue derecho a la habitación. Yo me quedé chequeando mails y charlando con Beatrix, nuestra compañera de viaje de Uruguay.

Teníamos que definir la cena, cosa que ibamos a discutir con Bentham pero cuando él bajó:

- Estimados, me voy a cenar con la holandesa.

Teníamos una compañera de cuarto holandesa, con la que Bentham había estado charlando. Una chica de una sonrisa radiante. Tenía un aire a... una actriz que no recuerdo el nombre. Bentham lo mencionó, pero no me sale ahora.

- Epa - dije-. Muy bien señor. Me deja con las dos damas esta noche.

Jim estaba renovado. Causa-efecto. Dejó a Jackie en el fin del mundo, pero precisaba confort, contención. Se ve que la cosa con Rousseau no había quedado diez puntos. Pero se las ingenió para reciclarse, y se iba a la cita más cara del mundo.

III
- Hello! How was your day? -said Bentham as soon as he opened the door, to find Claire sitting in her bed and checking some maps.

- Hi there. Pretty well. I visited Vatican city today. Got some pics to show you. Where did you go?

- Gaena. Wonderful place, nice people and ice cream.

- Oh...

The thing about Claire is that she had this wonderful smile. She smiled at me since de first day I saw her, when we arrived with Guy, Lidia and Beatrix, late.

We talk a little while, about some places in Rome, as well as our schedules.

- So, are you doing something tonight?

- No - she said with a sad face -. I´d love to see de Colliseum at night, I´d love to take some pictures of it.

- Oh, that would be nice. We can go tonight, my friends are staying in, so perhaps we...

- Yay! I would like that.

- ... perhaps then we can have something to eat, or hang around in the city.

She smiled.

We said at nine.

IV
- Please, prestame Euros que no pude cambiar hoy.

Genial. Él se iba con la holandesa, y yo tenía que financiarlo. Para mi que se vino el viaje pensando, y es obvio que subió directo a la habitación para encontrase con Claire.

Volvieron temprano, los escuché llegar. Claire se iba la siguiente noche, por lo que ambos recorrieron el resto de Roma por su cuenta, mientras yo me preparaba para...

Diaz Velez

lunes, 24 de enero de 2011

La cantidad de vueltas que llevabamos dadas en esta puta ciudad no tiene nombre. Lo peor era que estábamos originalmente a diez cuadras del cumpleaños de Rose, pero no sé de dónde sacamos la idea de subirnos al auto en claro estado post-scriptum.

- Lo que pasa es que tenemos que llegar a Diaz Velez, de ahí doblar a la derecha y...

- Che, tengo que cargar nafta - dijo Gilles -. Esto está en rojo y me pone del ojete. ¿Dónde hay una Shell?

- ¿Shell? - pregunté- Estamos casi en Parque Centenario y no recuerdo que siquiera haya estación de servicio. ¿Shell tiene que ser?

- Sí, eso se le carga a este auto.

Fue el inicio de una voltereta que definitivamente no deberíamos haber hecho. Pero bueno, el problema había sido, como dije, que en lugar de caminar un poco nos quisimos venir manejando.

- Che, ¿eso que fumamos qué era? - preguntó lo que quedaba de Jorge, arrojado desde el asiento de atrás. Pensé que en una de esas en breves quince minutos lo teníamos vomitando al lado de la avenida.

- Son de esas cosas que hacen que todo se vea con delay - dije, mientras efectivamente no estaba en el mejor de mis estados. Pero como soy un tipo muy conciente me descarté automáticamente como probable conductor.

(Conciente nada, diría Jackie, que cuando le conté se puso de mal para abajo, porque "claro, conciente de que no podías manejar, pero te subiste al auto igual". Y yo me pregunto por qué mierdas siempre termina teniendo razón...)

Doblamos por una calle, y luego por otra. Y pasamos por el bolichón donde Rose estaba ejecutando su cumpleaños. Y yo vi como pasábamos, mientras Gilles explicaba por qué teníamos que dar con una Shell dentro de poco.

- Seguí por Diaz Velez - dijo algún fragmento de Jorge, que no tenía ni la más pálida idea -, creo que hay una cuando cruza avenida Córdoba.

De más está decir que Diaz Velez no se cruza jamás con Córdoba, pero Gilles siguió la indicación de todas formas.

No sé cuánto estuvimos dando vueltas, pero supongamos que quince minutos. Y creo que en algún momento, en algún semáforo, Gilles consoguió que un tachero le indique que recién a quince cuadras teníamos unas estaciones de servicio.

- Lo que nos hubiera ahorrado mucho tiempo, hubiera sido haber planeado la cosa de entrada -decía Jorge, mientras cargábamos nafta-. Porque vamos a perdidos en la neblina, y cuando nos planteamos a dónde nos dirigimos, en verdad no nos interesa demasiado el asunto. La civilización sólo se pregunta eso de falluta nomás.

- Depende - contesté -. Los ideales ilustrados creo que eran bastante claros, sobre todo con respecto a la razón y el progreso, bro.

- Progreso las pelotas.

- ¿Por qué hablamos de esto? - se quejó Gilles.

- Porque tu amigo está un poco pasado.

- ¿Mi amigo?

Iniciamos el retorno, en lo que ya era una noche demasiado larga para que no hubiera ocurrido más que una serie de cervezas y esas cosas en el depto que Jorge tenía por el verano.

- Yo tengo una teoría sobre Caballito -expliqué-: ese barrio se formó porque la gente que llegaba ahí no podía salir. Entonces debió establecerse ahí.

- ¿No es esa la explicación que das para Flores? - atajó Gilles.

Bueno, es evidente que con la edad me he quedado sin demasiada memoria, pero sobre todo, sin ideas.

- Ahora sólo hay que dar con un garage.

La segunda parte de la peripecia en auto fue dedicada a encontrar lugar donde arrojar el mismo. Tema importante, a eso de las tres y media de la mañana. Nuestra escasa geografía no nos ayudaba a dar siquiera con un garage.

- Se me ocurre que hay uno por la vueltita de Diaz Velez, antes del parque.

- Que se te ocurra lo que quieras, pero cómo mierda llego a la vueltita esa...

- ... de no seguir con un plan, porque el que hace luego otro viene y deshace. Antes había un proyecto colectivo para llegar a algún lado. Como una tendencia, pero ahora, ni siquiera eso. Todo se pierde en cuestiones efímeras y no se lega a ningún lado...

- Es genial hacer esto en tierra macrista - dije, cansado y entrando en un mal humor nocturno anticopado.

Fue en ese momento que Jorge surgió desde atrás, tomó el volante, al grito de:

- ¡¡Es para la derecha!!

Tuvimos que sacarlo inmediatamente con Gilles, que se puso bastante nervioso por el manotón de Jorge, a quien debí explicarle que no se hace eso cuando otra persona maneja. Como si se trata de una clase de educación vial a un nene de seis.

La vueltita de Diaz Velez encontró a Gilles nervioso, a Jorge cumpungido y a mi enojado. Todo porque al pelotudo de Jorge se le había subido el thc a la cabeza y le había arrojado la coherencia por la borda.

Y a todo eso, quizás sea un tema de presión o lo que sea, pero había perdido el efecto de delay y mi percepción se encontraba casi arreglada.

(No le comenté mejor a Jackie lo de los delays, porque se me ocurrió que dada la mala onda que tenía ella con el asunto, quizás esta vez fuera mejor omitir. Luego se enteró charlando con Jorge del tema, y efectivamente no el gustó nada pero al menos ya era cosa del pasado y así todo fue más fácil.)

El primer garage, el de la vueltita, no aceptaba autos. El de Campichuelo ni siquiera tenía sereno conciente que nos viniera a abrir. Y optar por dejarlo afuera estacionado en la calle, era sencillamente imposible para Gilles, que estaba neurotizado con su auto esa noche.

Recién a las cinco de la mañana, entre vueltas y vueltas, finalmente el señor Deleuze se calmó lo suficiente como para dejar el auto a media cuadra de donde teníamos que ir.

A las cinco de la mañana, cuando ya no dejaban entrar a nadie al lugar.

Rose salió para saludarnos, puso cara de "qué amigos pelotudos que tengo". Salió Susana y nos sacamos una foto, la cual espero no ver jamás en mi vida.