... Nos volvimos a encontrar, después de tanto tiempo. Vos a tu distancia, yo a la mía. No existimos el uno para el otro, no intercambiamos nada, sólo había imágenes a lo lejos. ¿Por qué deberíamos, si yo ya soy parte de tu pasado?
Omisiones... Mi memoria es muy selectiva. No importa la distancia para ella. Sos una absoluta desconocida, quizás tengo esa suerte.
Hablaría contigo, pero lástima que tus palabras sigan cortando como cuchillos.
La distancia
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Conversaciones 2
Mirá, Gallagher, era sólo cuestón de tiempo. Claro, vos me decés que no le di oportunidad, que no en cuanto alguna promete algo, me resguardo en las excusas de ese pasado que no funciono.
(Maullido de Gallagher.)
Pero no es así. No voy a negar que vivo ciertas dudas que antes no tenía. Ahora estoy más aventurero, vos ya lo notaste. Quizás sea cuestión de acostumbrarme a la idea de que ella ya no es ella, y que entonces debo ir y reencontrarla en otra persona. Es solamente así que lograré salirme de este estánque.
(Gallagher miraba las noticias: había ganado la candidata Cristina. El felino no podía ocultar su desagrado. Allen observaba de reojo, ya estaba resignado desde hacía días.)
Tarde porque habia mucha gente. ¿Esperaste demasiado para tu comida? Qué querés que te diga, creeme que en la cola para votar deseaba poder tomarme una cerveza. No paraba de sonarme el celular, me rompían las pelotas todo el tiempo. Y que corté que estaba por entrar al cuarto oscuro.
En la otra mesa estaba votando Orlando. Ese pibe es un personaje, se ponía a hablar con la mina que estaba a su lado, haciendo la cola para votar ella. Y caía de sopetón a visitarme. Casi dos horas para votar. Me decía que vení, que hay dos, ponele onda. Yo nada. Desde hace tiempo que noto eso: tengo muy poca onda y no sé por qué me sale así.
(Gallagher se debatía entre las observaciones de Allen y el noticiero. Este gato ya sabe demasiado, hace análisis de la vida de su dueño y de la política nacional, los dos en paralelo... En una de esas maneja precisiones que nosotros no podemos siquiera percibir.)
Gato, la verdad es que sos un maestro. No pongas esa cara. Sos el felino más informado de la nación, la verdad que un orgullo vivir contigo.
(Entonces el gato se levantó, hizo algunos pasos estilizados, suaves, saltó al sofá, y se tiró al lado de Allen. Ambos se miraron la tele un rato. Allen destapó una Corona, le puso un limón, y comenzó a celebrar el final de la veda. El gato lo miraba.)
Decime, vos que sos más inteligente que yo: ¿Pensás que tendría que haber seguido a Orlando? Sabés con quién estuve ayer, con Dali. me gusta esa chica, pero está difícil la mano. La verdad que no da espacio para maniobrar. Es macanuda, pero te juro que remarla costaba horrores.
(El gato posó una de sus patas en el regazo de Allen.)
¿Es eso un sí? ¿Debo ser menos Allen y más Orlando?
(¿Ronroneos afirmativos? Allen no sabía, y no le convencía la versión Orlandística, aunque se divertía mucho con ella.)
Resulta que Orlando terminó de votar quince minutos antes que yo, y se vino para donde estaba yo. Entonces, trataba de hablar con la hija del tipo que estaba adelante mío. Buena onda, hasta qye me metió en la conversación. Me acordé de la fiesta en la que Bob me presentaba a la gente como el líder de la banda. Me daba cosa, no me sentía cómodo. Pero el boludo este me empujaba.
(El maullido sonó a risa, pues el gato estaba muy al tanto de los replanteos de Allen. Seguro estuviera adelantando hipótesis. Los datos que manejaba Gallagher le indicaban un tire y afloje entre Allen y Jennifer. La realidad, que Allen se había guardado, era que Jenny ya era historia.)
Ah... No salgo más con Jen. Sé que no te caía bien. Sinceramente, no la entiendo. No tengo ganas de andarle atrás, si eso es lo que ella busca. No quiero ir a correrle atrás, quiero a lo sumo que los dos estemos empatados. ¿Soy tan utopista? No me maulles de nuevo.
No sé. Gato, vos sos el omniciente, quizás alguna vez me puedas tirar una punta de cómo hago para no meter tan seguido la pata, o por qué en este país siempre ganan las elecciones los mismos tres salames.
(Y Gallagher volvió a prestarle toda su atención al noticiero.)
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Leaving song pt.1
Me voy.
Y es ahora que pienso la cantidad de veces que me he ido, muchas veces para no llegar a ningún lado. En realidad, uno se da cuenta de que no pertenece a nada, que quizás ni siquiera es hogar de uno mismo. La total falta de pertenecia.
Y recuerdo todas las veces que me fui, que dejé gente atrás: dede una madre en su casa hasta amigos del secundario, ocasiones de festejo que prometieron pero jamás cumplieron, amigos de toda la vida que duraron algún que otro cuatrimestre. Familiares, compañeros, amigos, al amor de mi vida y esa implacable capacidad de cambiar las cosas que una vez tuve.
Es raro, porque al fin y al cabo uno termina desarrollando un sentido de la transitoriedad bastante molesto. Jamás ha funcionado bien. Jamás lo he visto funcionar bien.
Entonces podría desarrollar una serie de hipótesis de por qué no me quedo jamás, porque dejo a los demás siempre en la historia: quizás sea porque jamás logro mi plenitud, que mi inmutable ser se mueve intentando descongelarse.
Otra opción es que soy un accidente, que la historia la hacen los otros y soy sólo parte de una circunstancia sitacional. Ambas explicaciones me resultan.
Dejo los mediodías, las carcajadas, los huevasos, los guiños de complicidad, los proyectos imbéciles, las malas ideas, el ruido de la guitarra, las quejas online, los destellos de Medrano, las implicancias de tu sonrisa, las revoluciones industriales, las bombas de tiempo y el pánico.
Pero no puedo más que retomarlo, otra vez, de momento. Hasta que escape de nuevo.
Me toca irme una vez más, y no ceso de construir esa imagen de mi como ese ser abandonadizo, que siempre se va, que muchas veces ni siquiera avisa de su partida. Es un escape inevitable, un modo de existencia. ¿Será que jamás logro estar realmente en ningún lado? ¿Será mi irrelevancia?
Hay caras y expresiones que no quiero olvidar, que desearía mantener vivas conmigo, quedándome. Hay sismos que desearía no tener que provocar, vuelos que me gustaría no estrellar...
... Pero creo que ya soy así, irrefutablemente, un escapista.
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Instrucciones para dar un beso
Allen) ... entonces, después del roce inicial, comenzás a transportarte en el otro, a proyectarte como si la sombra se uniera a la forma que la recorta de la luz. Cuestiones de Merleau, viste. Porque un beso mal dado me pone de mal humor, te cuento.
Jen) Jaja... No lo había pensado así. O si...
Allen) Labio con labio, podemos ahora abrir un poco. Hay que investigar las papilas gustativas, o tratar de descifrar cómo lográs esa hermosa sonrisa. Y desde allí a mi me gustaba tomarte de la mano, darme cuenta que estabas ahí de frente, a distancia nula, porque habíamos chocado.
Jen) Entonces...
Allen) Entonces es necesario que nos acariciemos, viste, que los roces sean de una geografía muy detallista, sentir la figura. Conocer mi medida en tu medida, acariciando diferencias. Jugar, viste, porque si no te divertis en el beso estás frito, sos un salame.
Jen) Si, una vez un pibe me dio un beso que parecía un cabezaso. Qué poca capacidad de maniobra, que torpeza.
Allen) Mirá que acá no estás hablando con Fangio, precisamente...
Jen) Lo sé, pero me gusta cómo los das (beso...)
Allen) Bueno, pará. Entonces, luego de un poco de ludismo literario, podemos comenzar esa especie de repliegue que no es tal. Algunas maniobras menos pretenciosas, menos grandilocuentes. Tengo mi mano casi acariciando tu mejilla, y abro los ojos.
Jen) Labios que aun coinciden. Narices vecinas. Me gusta verte a los ojos, con esa mirada tan penetrante que tenés.
Allen) Me doy chapuzones en los tuyos... (beso...)
Jen) Esas aproximaciones que haces son muy lindas. Sos un dulce Allen.
Allen) Muchos dirían lo contrario. Creo, he logrado en varias ocasiones evitarle los dulces a la gente, ponerlos a dieta forzada. Cada despelote he armado. En otras ocasiones decidí pensar que esa etiqueta de "dulce" era un código que utilizaban ustedes las mujeres, para decirme que soy un imbécil.
Jen) Ay, Allen. Yo pienso que eso que decís es parte de tu campaña difamatoria, como sostenía Orlando.
Allen) No escuches a Orlando. El sabe de besos, seguro. Pero es de otra escuela, digamos, de una escuela de mayor popularidad.
Jen) Claro, y vos...
Allen) Entonces, la idea es clara. En algún momento está bien que se crucen nuestros ojos. si un beso se da todo el tiempo con los ojos abiertos, algo está mal. Acordamos eso. Pero en algún momento, buscar el chapuzón, es genial.
Jen) Y recostarse en la plaza del Parque Centenario jugando a ver cuanto dura también.
Allen) Es importantisimo tener en cuenta en las situaciones de beso, que la delicadeza es apremiante. Delicadeza para elegir lo justo en el momento indicado. O sea, los frontazos están bien, pero si es la única manera que tenés de hacer la previa, no es bueno.
Jen) ... - te miro, Allen. Si a vos, aunque no lo creas.
Allen) En algún momento desconocido del inicio del beso nos tiene que recorrer la sensación, ese temblequeo del otro que es como una celebración de nosotros. Porque sino el beso es de plástico, nos lo vendieron mal. O quizás decidimos comprar por hábito de consumo. Pero la idea central es que no nos damos cuenta que chocamos, que el contacto entre vos y yo lo anulamos porque nos molesta, repentinamente queremos quedarnos adentro de nosotros y no ver las amacas, el tobogán, o la nena que se pelea con aquella otra por la calecita.
Jen) Creo que lo explicaste bien. Es en realidad esa seguridad de que estoy con vos. Digo, el temblequeo lo siento porque sos vos, porque vos sabés como hacer la introducción, el nudo y el desenlace.
Allen) Vos sos la que sabés, querida Jennifer...
Jen) Los besos se hacen de a dos. Pero lo que te decía es que justamente, si el beso es de plástico, al otro día lo tiraste. No me gusta eso. Pero si el beso es verdadero, te lo llevás en la memoria, cuando te acostás antes de dormir, o ante la expectativa de encontrarnos, o al cine, a comer afuera, de vacaciones, y esas cosas.
Allen) Creo que me he vuelto cada vez menos diestro en el arte de los montajes. Pero te tengo... (beso...)
Jen) Creo que en la capacidad de sobrevuelo corporal está lo verdaderamente aventurero, lo realmente brillante del amor. Recorrer, me gusta irme moviendo por tu cuerpo, que vos te muevas por el mío. Acampar, correr, volar, nadar, quizás detenerme a mirar el paisaje.
Allen) Sos muy inteligente, que raro que no te des cuenta que no te convengo.
Jen) Sos tonto cuando querés (beso...)
Entonces Allen posó su oreja cerca del pecho de Jennifer.
Jen) ¿Ajá?
Allen) Pusiste esa sonrisa, y quería escuchar cómo hacía juego con los latidos de tu corazón.
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Carta al cielo
Hace tiempo que tengo pensado escribirte. Si bien ensayé más de una vez las palabras que usaría, jamás estuve conforme, pues siempre me resultaban imprecisas, cuando no poco felices. Siempre me imaginaba tus respuestas, de las menos amables del mundo, ya fueran por dolor, odio o despecho.
La cuestión es que estaba pensando, y si bien estamos lejos, me preguntaba si vos sentirías ese dejo, esa marca intachable que nos hemos hecho. El otro día lo soñaba, te decía que yo sabía cómo estabas, cómo aún me veías; que te dabas cuenta de nuestra perdida de inocencia tanto como de nuestro afán por recuperarla. Entonces, caí en el recuerdo de todas las piruetas que intentaba en su momento para llamar tu atención, para no perderte por completo. Puedo decir, a esta altura, después de algunas batallas y sobre todo de esquivar y recibir balazos, que he perdido. Seguramente esto lo supieras bastante antes que yo.
Por otro lado, pienso que has cambiado, que ahora eres totalmente diferente y entonces la persona a la que amé está muerta. Esa es una explicación bastante plausible a mi entender, pues que en mi reine la inmutabilidad es justamente lo que me ha llevado a ese deseo, un tanto doloroso, de que no le ocurra a nadie, ni siquiera a ti.
Podrías ser feliz, y yo ni lo sabría. Pero no estabas feliz el día que te fuiste por mi puerta, y la cerramos para siempre. El resto fue esa especie de inundación pseudo suicida que algunos conocen con mayor o menor precisión, que otros se jactan de ser complices de, y de la cual la mayoría no percibe ciertos entretelones. Menos mal que no eres testigo. Y menos mal que yo no soy testigo tuyo.
Otra de las ideas que me ha abordado desde hace algún tiempo fue la teoría de que jamás nos conocimos. Quizás por eso todo funcionó en su momento. ¿No lo pensaste? Es la explicación perfecta. Quizás logramos mantener un montaje que nos engañó a ambos, quizás nos dejamos atrás por esa época, pero finalmente afloró el disparate que ibamos. Entonces, bueno...
Algunas de las cosas estas pueden resultarte extrañas, más o menos incoherentes, quizás hasta odiosas. Pero son observaciones que he desarrollado con el tiempo, en medio de los golpes y los gritos sordos, en el recuerdo de esa imagen inborrable de vos corriendo, alejandote, al cruzar llorando la calle, mientras yo no podía evitar los autos para alcanzarte. ¿Qué te hubiera dicho, de llegar a tiempo?
Por otro lado, frases como "vos sos el único que me entiende", fueron yunques que me arrojaste en su momento, yunques que te confieso, yo también quería decirte, pero consideraba más sano para vos dejarte ser libre, que superes el accidente. He pensado más de una vez que vos sola me entendías, quizás en algunas circunstancias mejor que yo, pero jamás a fondo.
Y en visperas de la catástrofe, se me ha ocurrido ensayar otra vez éso que nunca te diré, que quedará en las antípodas del olvido, en pleno desierto de estrellas fugaces. Palabras que no se aproximan a resumir quienes eramos, quienes somos, quienes seremos. Bah, siempre sostuve que soy un pésimo orador.
I must admit, I still do...
Allen
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Etiquetas: guille