La falta de talento de Allen Jana

lunes, 14 de enero de 2008

I

Querido Allen:

En principio, quiero decirte que espero no importunarte con este mail, que no es mi intensión molestarte ni tener ningún efecto negativo en vos...

Entiendo que no quieras saber de mi, de la misma manera que yo en su momento no quise saber de ti. Pero sinceramente, no puedo omitirte en mi vida. Sos el que mejor comprendió, aunque hayamos tenido nuestros desencuentros. ¿Y pretendés ahora que hagamos como que nunca nos conocimos? Me estoy yendo mañana al DF y no dejo de pensar en dónde andarás.

No sé quién sos, Allen Jana.

Una vez me dijiste que yo estaba en todas partes, que me veías en todas las esquinas, en todas las paradas de colectivo, en todos los bares, en todos los lunes-a-viernes, entre el living y la habitación, en la marca que dejé en tu colchón. No te lo dije en su momento, pero a mi me pasa lo mismo.

Tengo esa sensación de que intentamos escaparnos de nosotros una y otra vez, pero los accidentes de la vida siempre nos traen enfrentados. Pero ya ni me mirás. ¿Te pensás que está todo bien, que los silencios declaran que la tormenta pasó? Es una farza, Allen.

A esta altura sabés que no soy inocente. Y me enteré de que vos te declarás culpable también, que te das cuenta que esta distancia hace agua por todas partes, y no estás como para navegarla. Decís que siempre que nos juntamos los dos terminamos mal. ¿No será que siempre que volvimos a acercarnos nos redujimos a esa constante deconstrucción fanática?

No digo que olvidemos todo, pero quizás, aceptar más que las reglas del juego cambiaron, pero que entre ellas nosotros somos la permanencia.

Sé que esto te caerá como trompada. Me decís fría, que no me importa ya nada, que te he olvidado en puro estado de cenizas. Que prentendo hablarte como si pudieramos ser amigos, como si no se me escapara esa misma lágrima (porque es siempre la misma) cada vez que te veo (y vos no me ves). Yo tengo sea sensación de vos, de que ya no soy nadie, ni siquiera parte de tu historia. Te recuerdo que siempre que me preguntaste si yo realmente creía en nuestra amistad, jamás contesté.

Pero también sé que ádquiriste ese hábito de no leer los mails que te envío. Quisiera, otra vez, equivocarme...

sin firma -

II

Terminé de leer eso, y tuve esa urgencia evasora de... simplemente cambiar los cielos. Gallagher se dio cuenta, creo, porque se me sentó al lado, con su mirada penetrante, reclamando una respuesta. Yo me aventuré en la alucinación de mi mismo una vez más, ayudado por quien prometí dejar, debatiéndome entre los analgésicos y el peso de sus palabras. Sentir la caída libre.

(Y no hay nada como recibir tus balazos esta madrugada, nena) Soltarme y dejarme caer, es lo único en que tengo fe...

Holly day inn

sábado, 12 de enero de 2008

I

No habrá más penas ni... ¿olvidos?

II

No es para tanto, digamos. Porque tampoco tenemos que ordenar todo tanto, ni fijarnos en cuál valija ponemos las medias, ni ponernos a chequear esa listita mil veces. Ponele que nos olvidamos un libro. Vamos, Day...

Day) Tenemos que llamar a mamá cuando lleguemos. Haceme acordar, que mi cabeza está hecha un desastre. Y fijate por favor el mapa, cómo vamos a hacer desde la terminal hasta el hotel, corazón. ¿Llevamos las milanesas estas? Para mi que no aguantan y se pasan.

No sé por qué, a veces me choca tanto, y otras me parece la persona mas brillante que he conodido.

Day) Fijate en la compu, en un excel que dejé en el escritorio, la lista de cosas. Espero no olvidarme de nada, porque la verdad, tu ayuda ha sido casi... imperceptible. ¿Te fijaste si vamos a estar cerca del centro cívico? No vaya a ser que terminemos lejos del centro y tengamos que tomarnos ocho colectivos para hacer una puta compra.

Les soy sincero: No había cumplido con el 90% de los requisitos de Day. No por malo, sino de contrera nomás. Para mi, las vacaciones son época de distención, y no quiero planificarlo todo comosi fuera el presupuesto anual de Microsoft. Entonces dejé todo seguir su curso, libre alvedrío.

Day) Ojo con este bolso, que adentro está la laptop. Me tienen que mandar un reporte del laburo.

Canciones repudiables

miércoles, 9 de enero de 2008

Nada que no pudiera pensarse demasiado lento, sobretodo teniendo en cuenta el grado de alcohol que la veraniega noche nos obligaba a pasar y la cantidad etílica que teníamos encima. Mientras canturreaba y jugaba con los acordes de la guitarra, tirado en el puf,el destino parecía escamotearme una noche más. O quizás no.

Perry) Digamos que podemos tocar en un lugar canchero, como Club 69. No quiero pasar de nuevo por experiencias nefastas de mi juventud. Pero tampoco quiero decirles a mis amigos que la entrada sale 45 mangos.

Allen) Recuerdo una vez en caballito, que tocamos en La Colorada. Fue con una de mis primeras bandas. La entrada le salió un huevo a mis amigos, que para esa altura de nuestro secundario tampoco teníamos un cobre.

Yo seguía ideando pequeños planes para conquistar brevemente un escenario. No lo digo sinceramente, sino quizás todo lo contrario. Orlando celebraba su primera noche in house en toda la semana, y Perry se tomaba su tiempo y su cerveza, probablemente meditando...

Perry) No te puedo creer que toques eso.

Allen) Quiero tener tu presenciaaaaa, quiero que estés a mi ladooo oo oo. No quiero hablar de la guerra sino estamos preparados, no quiero hablar de la guerra sino estamos preparadossss.

Orlando me miró fijo, mientras se tomaba su chop. Acto seguido, comenzó a aplaudir. Hasta Gallagher se levantó de su siesta y se acercó a maullar aprovación. Perry... Perry es una caja negra, señoras y señores. Pero creo que se va a prender.

Allen) La idea es hacer un recital de canciones repudiables. Y otras no tanto, pues creo debemos guardar espacio para esos éxitos que de alguna manera respetamos, pero que son malísimos.

Perry) Podría ser. Un espacio para... hacer que esos hijos de puta de disculpen.

Orlando) ... Por tan mala música. Genial. Creo es una buena idea.

Allen) Enciende tu motor, yo soy tu dirección. nah nha nah nah...

Perry) - Dirigiéndose a Orlando - Creo que deberíamos ponerle un límite. Aunque la idea es cuando menos, interesante.

Si a todo esto le agregamos nuestro largo tiempo de inactividad, creo que obtenemos dinamita. Mi idea no va más allá de la diversión sana. Mientras me tomaba mi cerveza, las canciones seguían cayendo en mi recuerdo.

Perry) Una de Erasure. Pero debo ir un poco más lejos en este detestable juego que nos hemos impuesto: Ace Of Base.

Siempre de toques anglosajones, Perry introdujo lo que quizás yo no me animé, u omití en otro de mis lapsus. Pero cuando me estaba planteando todo esto, mis manos ya rasgaban al ritmo de The Sign...

Orlando) Una fecha, nuestros amigos, mucha cerveza. Incluso podemos invitar a enemigos, ¿no Allen? Podemos hacerlo en no demasiado tiempo, y utilizar la experiencia como base de... no sabemos qué.

Perry) La idea es tan repudiable que debemos hacerla. Yo voy a la guitarra, y puedo bancarme algunos teclados. Orlando cubre los parches. Allen, podés ir a la otra guitarra, y tendríamos que ver si te bancas las vocales. Nos falta el maldito bassplayer.

Allen) Podemos ponerle un título al show: "Canciones que odiamos", o algo así.

K.O.

viernes, 4 de enero de 2008

Fue hace casi un instate que sonó la campana. Al trote, nos aproximabamos el uno al otro. Ella lucía una cara particularmente enfadada, guerrillera, dispuesta a hacer daño. Yo ya había perdido consciencia de dónde estaba, pero no de quien era ni de cómo había llegado hasta ahí. El referí nos observaba de cerca, nos había chequeado los guantes. Quedó asentado que ni yo ni Guillermina teníamos herraduras de caballo en las manos, y que no había ningún tipo de truco.

El primer golpe de ella alunizó en mi frente, pero estoy seguro que buscaba mi nariz, debido a la frustración que se respiró de repente en el aire. El público disparó un "whoaaaaa", mientras yo lograba esquivar el segundo golpe, que me venía al pecho. Orlando me gritaba desde afuera del ring "pegale, pegale, boludo, pegale". Yo te juro que los golpes no me salían.

Recuerdo ver caras conocidas en el ring, de a flashes. Felipe, Day, Jen, Oliver, Valery, entre tantos otros. También recuerdo haberla visto a ella, a la otra habitante del ring, en duplicado, sentada el las gradas, comiendo pop corn y vitoreando cada trompada que recibía yo.

El referí, o árbitro, o lo que sea, seguía la acción demasiado de cerca. A ver cuando le pegas, pibe, porque ya te encajo unos buenos bifes.

Orlando) Dale que se está cansando.

Allen) ¿Qué?

Guillermina me miraba, me tenía clavados los ojos. Así como así, me salió automáticamente:

Allen) No tengo ganas de escucharte rujir.

Guillermina se me avalanzó, pues parecía que la había hecho enojar. No emitía sonido alguno ella, no decía nada. Respetaba ese contrato de silencio pactado hace años ya. /duplicaba su velocidad, se movía rápido. Pero yo era un poco más rápido, hasta que...

Paf!

Otro golpe, este en la cien, seguido de otro en la mandíbula. En seguida tuve que cubrirme, porque la ráfaga de sus guantes de box me tenía completamente a tiro. En ese momento, el referí nos separó, me miró a los ojos casi indignado.

Orlando) Che, mañana al final vamos a lo de la colo, ¿no?

Allen) Deberíamos encontrar una mejor excusa, me parece. En una de esas podríamos caerle a Bob a la casa. Hablá con Felipe, que el sabe más.

Mi falta de atención fue recompensada con otro golpe en la mandibula, mientras mis piernas se cansaban de esquivarla, de moverme hacia los costados, de retirarme de la red, para encontrarme con ella, cubrirme, agacharme, amagar un golpe que ambos sabíamos no podía ejecutar. Entonces salió:

Allen ) Julieta.

Guillermina abrió los ojos, sus pies se detuvieron. Intentó tirarme otro golpe a la cara, pero algo la detuvo. Salió volando para atrás, golpeada por no sé qué.

Orlando) Vamos pibe, eso eso. Bien, parala un poco porque sino esta te mata. No le importas ni medio, pensá eso. Tenés que demolerla.

Guillermina se levantó, mientras el referí se ocupaba de tenerme una distancia prudente que ni se me ocurría franquear. Escupía algo de sangre.

Me miró. Pero no era la mirada furiosa de antes. Había tristeza en sus ojos. No sé si había lágrimas, pero se secó la cabeza, se limpió el labio, y volvió a la carga.

Mi afán estaba destruido, si es que alguna vez lo había tenido. Orlando, nene, sinceramente no te das una idea de lo que es estar en el campo de batalla sin querer atacar, esquivando misilasos sin poder evitar un poco la inquietud. Guillermina, no tengo problemas en bajarme, pero no me cabe duda de que bajarías a por mi, o de que en otro ring nos encontraríamos mañana.

Alguien dijo "dale apercá, dale apercá". Creo que escuché eso, y fue instantáneo. Cerré los ojos, y un gancho a mi mandibula me hizo volar. Y volé, volé no sé cuántos metros. En el techo había una imagen de las playas de Mar del Plata, de Parque Centenario un viernes por la tarde, tirados al sol.

Orlando) Aterrizó inconsciente. Guillermina se dio vuelta y encaró para la red, dejando al referí plantado que la buscaba para levantarle el brazo trinunfador. Salió casi en un destello, mirando no sé qué. Además, en las gradas había otro lugar vacío, y un paquete de popcorn tirado todo desparramado.

¿Presea?

martes, 1 de enero de 2008

I
Según la RAE:
Presea.
(Del lat. praesidĭa, pl. n. de praesidĭum, defensa).
1. f. Alhaja, joya, tela, etc., preciosas.
2. f. Cuba. Medalla que se otorga al ganador de una competición.
3. f. ant. Mueble o utensilio que sirve para el uso y comodidad de las casas

II
Todo comenzó cuando yo estaba parado, esperando en esa barra improvisada, que todo ocurriera y que me alcanzaran una cerveza. Aproximadamente a los cinco minutos cayó ella, una chica morocha, más bien menudita, y definitivamente con carácter. Ella, tan resuelta en sus modos de conquistar al mundo, posó sus brazitos en la barra, y reclamó lo mismo que yo esperaba.

Digamos que estaba empañado, más que de costumbre. Así como descubrí que no me animaba a ofrecerle de beber a Guillermina en la reuniones de amigos, tampoco me animé en ese momento a decirle a la muchacha algo. Del lado de la cocina, estaba el que asumo era el dueño de casa, que obviamente escuchó primero el llamado de la recién aparecida chica.

Jan) A ver qué tenés por ahí. Por favor, evitemos la Schneider, que no es cerveza. ¿Esa verde que tenés ahí, qué es?

Decidí que era la excusa inevitable, que debía interceder. Tanto por no quedarme sin cerveza, como para saber quien era la del paladar refinado y carácter notorio.

Allen) Eres una chica muy inteligente. Necesito una de esas también - le dije al de la barra/cocina.

Jan) Claro, porque vengo tomando de esa hace rato. No me la banco.

Allen) Me temo que debe haber una única verde. Tendremos que compartirla.

Jan) Vos podrías tomar de la otra, ¿no? - A todo esto, ella ya se servía de la verde que le había alcanzado amablemente el bartender improvisado.

Por suerte se hizo la dura, y era sólo una broma. Fue cuestión de milisengundos para que le preguntara cómo era su nombre, y qué hacía ahí.

III
Al salir al patio, acompañado de Jan y su charla, y su no tan encantadora voz, noté que los muchachos me miraban. Fue tras un breve lapso de tiempo que me informó Orlando que Jan había estado hablando largo y tendido con el recién llegadito Oliver. Digo recién llegado porque el personaje había arribado a Buenos aires justo ayer, de su larga estadía en Paris.

IV
La relación entre Allen y Oliver, es cuando menos, tensa.

Ambos personajes intentan lucir una intelectualidad no en pocas oportunidades exasperante. Mientras uno definitivamente es más pragmético (Oliver), el otro es más un utopista perdido en su propia fábula.

(Los recientes destellos de pragmatismo de Allen no denuncian sino la disfuncionalidad de sus utopías, pero no lo vuelven definitivamente un pragmático).

Ambos pequeñoburgueses fueron criados en familias "bien". Fue Oliver quien luego apuntó a los lugares más altos, mientras que Allen se perdía en las mencionadas utopías, sus inventadas ciclotímias y esa manía contestataría, pero jamás revolucionaria.

Oliver es sabido como mucho más sociable que Allen. Allen es reconocido por su mayor capacidad de relfexión. Oliver dirige las luces del escenario hacia él. Allen levanta la mirada, para darse cuenta repentinamente que está en medio de la escena.

Oliver pudo irse a Europa. Allen, debe conformarse con proyectar ese destino.

Pero por más que la relación entre ambos sea tensa, aclaremos que son amigos legítimos.

V
Oliver) Digo, podrías haber preguntado, ¿no?

Allen) Mirá, tengo entendido que no estabas en nada con ella. Yo me quedé charlando, sin estar al tanto de nada de lo que contigo ocurría, y paf. Tenés un sentido de la propiedad algo extendido. Vamos oliver, no me vengas con eso che. Hace un año que no te veo y me venís con esto.

Oliver) Si, lo sé. Pero venís medio afilado. Creo que el corte definitivo con July te cambió. Bah, hace demasiado que no nos vemos, efectivamente.

Allen) Dejame a Jan, que me llevo bárbaro. Total, no pasó nada. Vos sos mucho más carismático que yo, enseguida te arreglás con otra.

Oliver) Si - sin ocultar cierto displacer-. Igual te digo que la remé como un condenado con esa piba eh. Veremos como va la cosa, yo la llamé hoy.

VI
Efectivamente, nada pasó entre Allen y Jan. Tampoco pasó nada especial con Oliver. Pero Jan se reía, mientras le enseñaba el paso de "dame gasolina" a Allen, que no sabía no cruzarse. El peor bailarín del mundo. Al ritmo de presea, presea...

Yo no sé cómo explicarlo. Entiendo que podría haber hecho mucho más, que no tendí abrazos ni nada. Cuando terminamos sentados charlando a un lado del jardín, no hice nada. Y repentinamente nos fuimos.

La cruda verdad es que me volví inoperante otra vez, creo.