Digamos que le tengo tanto repudio a los hospitales como a las iglesias. Es obvio, las situaciones en las que suelo concurrir a estos establecimientos son... nunca buenas. Sea porque me obligan o sea por falta de suerte y/o pericia, la sensación de caminar por esos pasillos blancos inundados de nada es similar siempre.
Orlando: Esto es una mierda. Estamos cagados de sueño y de hambre che.
Completamente cierto. Si vamos a los hechos, dormí cinco horas porque me levanté a las seis. Bob nos había advertido que debíamos ir en ayunas.
Me caí de la cama. Gallagher me miró, me habrá puteado porque lo desperté. A los diez minutos me pasó a buscar Orlando y nos fuimos al maldito Hospital Naval, ese edificio grande que queda cerca del puente Pueyrredón, gran pasaje al otro lado de esa provincia que no conozco.
Orlando: Un bello lugar.
Sexto piso. No podía ser el segundo, tenía que ser el sexto la puta madre. Decime qué necesidad tenían che. Cuando llegamos estaban Bob, Ludi y Esthershack.
Bob: Que cara.
Allen: No me hables, no tomé mi café.
Ludi: Bueno, es por una buena causa. Además, después nos vamos a desayunar a la confitería de arriba.
Sí. Ya desyuné en circunstancias similares en al cafetería de arriba. Tienen un lemon pie que es un golazo.
Entonces:
Breve repaso del cuestionario para donadores de sangre:
- ¿Ha donado sangre en los últimos seis meses?
- ¿Tenés alguna enfermedad de transmisión sanguinea?
- ¿Ha mantenido relaciones sexuales sin protección alguna vez?
- ¿Ha mantenido relaciones sexuales con personas de su mismo sexo?
- ¿Ha ingerido algún tipo de droga ilegal?
Cualquier sí nos dejaba afuera, compa. Orlando miraba los dibujitos, ese tipo inyectándose o esos dos tipos que evidentemente se iban a dar un beso.
Orlando: Que educativos que son los militares che.
Bob: Bueno, cada hospital tiene sus propias medidas de prevención. Es obvio que estos van a desconfiar de este tipo de cosas. Son boludeces, de hecho, todos mentimos en alguna respuesta, ¿no?
Orlando me miró, mientras yo miré a Ludi que miraba a Esthershack mientras este miraba a Bob.
Esthershack: Claro.
Feli hizo ese gesto de no sé, vamos a ver. Yo le estampé la firma al cuestionario, quería irme a desayunar cuanto antes. Para setirnos seguros, debo confesar que el asesoramiento de Bob fue crucial:
Bob: No se preocupen. Ninguno de acá es gay, y si lo fuera, en realidad no es motivo para no donar. Con respecto a las drogas, creo que estamos todos ok desde hace un mes mínimo, good enough. El resto estoy seguro está ok, no tenemos problema.
Esthershack: No tenemos problema...
Esthershack al final se bajo, no donó nada. Explicaciones sobre eso no hacen falta creo. Igual, tremendo salame, se levantó temprano al pedo. Entonces Feli nos dijo que nos esperaría arriba, puso cara de bueno al fin me voy por un tostado.
La enfermera nos preguntó todo nuevamente. No, la última vez que doné fue hace dos años. Tengo tatuaje, pero hecho en el 2000. Al menos tuvieron la desencia de no meterse con la preguntas más personales. Sí, todo lo que contesté en el cuestionario es verdad. No, no me caes bien. Sí, si quiero terminar con esto de una puta vez.
Nos dieron un último papel. Mas o menos: "Esta es tu última oportunidad de certificar que tu sangre es segura. blabla bla bla"
Es increible, Ludi y Orlando ahora se hablan casi. En estas circunstancias es al menos raro, yo no tengo ganas de hablarle a nadie. Es que por las mañanas soy pitufo gruñón convertido al stalinismo, vio.
Aún así, tuvimos otra descalificada: Ludi. ¿Motivo? Según la autoridad médica: "Tenés venas míseras". Creo que intentaron decirle que no le encontraban donde darle el pinchazo.
Orlando: Bueno compas, quedamos nosotros tres.
Allen: Rock n roll.
Fue cuestión de segundos para que el enfermero nos enchufara la jeringa al brazo y que el líquido de la vida comenzara a fluir. La primera vez que vi mi brazo incrustado me dio impresión, como esa puta aguja levantaba mi piel, yo conectado a todo ese aparato mientras una bolsa se llevana de...
Enfermero: Abran y cierren la mano, para ir bombeando.
400 centímetros cúbicos es el límite que un ser humano puede donar casa seis meses. Según me explicó Bob, una persona tiene dentro de sí entre cuatro y cinco litros de sangre, es decir, un 7% de su peso corporal. Jamás recuerdo mi tipo...
Orlando: Vamos, a ver quién termina primero.
Orlando terminó primero. Yo casi casi pero Bob se me adelantó. Entonces quedé yo un toque bombeando solo, dejando que el líquido corriera. Es claramente una sensación extraña, claramente una idea idiota esta de sentirse un poco menos vivo cuando pasa esto. Un poco de mí en una bolsita, ponele que no es para tanto.
Cuando llegamos al séptimo piso, Felipe y Ludi estaban con café, medialunas y tostado. Desayunamos, ahí recuperé mi humor, mientras un algodón delataba el pinchazo en mi brazo, que se sentía débil.
Bob: Qué lindo momento, todos juntos...
Allen: Vos querías hacer algo divertido, tomá.
Ludi: No me refería exactamente a esto.
Por fin pude esbozar algo parecido a una sonrisa.
Esthershack: No importa, ahora estamos libres libres. La verdad que no sé por qué la internaron acá, es demasiado lejos de todo este lugar.
Allen: Sep. Que al pedo viniste, Felipón.
Esthershack: Andate a la puta que te parió.
Seguimos comiendo, seguimos charlando, casi como si nada hubiera ocurrido y nada fuera a suceder. Un viernes maldito. Sabíamos que al otro día operaban a Day.
El poder hospitalario
(des) varieté
- Allen Jana
- Paula Belén Poliansky
- Orlando G. Alarcón
- Felipe Esthershack
- Julieta Cinadi
- Sonia Fernández O'Hara
- Roberto "Bob" Casaballe
- Valeria García Grant
- Oliver Hestond
- Ludmila Oliveira
- Gallagher Le Kat
Quien quiera sumarse a esta convocatoria en contra de otro futuro fracaso en el mundial, queda invitado.
Allen: Sí, apoyo la idea, es necesario un rejunte.
Ludi: Pero hagamos algo divertido.
Allen: Comer.
Ludi: Jajaja. Pero, ¿y algo más divertido?
Allen: Comer con postre.
Ludi: ... ¿Y quizás algo un poquitín más divertido?
Es que ella no entiende que comer, en sí, es divertido. En fin...
- Stalin baila rap y te juro que Perón se está chamuyando a la rubia. Entonces yo juego con dos expulsados y gol de chilena.
- Estaba pensando que en realidad todo esto a esta altura nos involucra irrefutablemente en cualquier tipo de sensación de esas que no entendemos del todo pero simplemente no podemos evitar, y eso pasa cuando... ah, me perdí.
- Cadsberg! Cadsberg! Las latas verdes nos rodean, oh no, valentía mis soldados. Pidan por la unión de nuestros hermanos, recomienden este mensaje a sus amigos más cercanos.
- Es increible cómo se ha industrializado todo. Estoy bailando con un maniquí, estoy bailando con un maniquí. Ea Ea viva el rock.
Con su carácter irreverente, Gallagher me hubiera dicho algo así como "Qué paciencia que te tiene ella, eh". Cuando tiene razón, tiene razón. Entonces se fue para la cocina, para hacerse el sota nomás y ver si pasaba algo.
Estoy seguro que al cruzar la puerta, se quedó atento del otro lado escuchando. El ruido revelaba que estaba comiendo. Mientras se reía de mis opinionismos contra los flogers y nos tirabamos un rato a pasar la noche.
Cuando Gallagher apareció nuevamente miró la escena con ojo clínico, maulló pero no se quedó quieto. Habrá dicho algo así como "Entonces me voy. Me aburrieron, hablan demasiado ustedes dos." Andá gato, después te cuento.
Dos Momentos Con Ellas
¿Te pensás que con unos mimos matutinos lo arreglás? ¿Que con un desayuno en la cama está todo en orden? ¿Que el sólo hecho de levantarte antes te da la ventaja irrefutable de venir cariñosamente a decirme cosas al oído? Sí, sí, está bien, reconozco que tu maniobra es linda, que me dejo abrazar, que me dejo besar, entonces me hacés reir.
Entonces, los dos tirados en la cama somos...Vos me decís que yo soy recontra racionalista, pero vos tenés tus estrategias que no te hacen menos reflexivo. ¿Vos te das cuenta cómo pensas las cosas, como das vueltas sólo para esto? Por eso te quiero, sos un detallista.
Somos los dos así, ¿no? Ninguno un descocado, ninguno es una máquina aventurera, ninguno es un... hey, esos son mis pies que estás... apa
Mi amor, no pienses que no me doy cuenta, que no me gustan todas estas cosas no convencionales que hacés. Me gustaría yo sorprenderte alguna vez. No, no me digas que yo soy una sorpresa.
Vos me decís que soy tu cable a tierra. En realidad yo pienso lo mismo de vos. No te creas que sólo me interesan las grillas de Excel ni que ando pensando en saldos y curvas de elasticidad todo el tiempo. No no porque... Das buenos masajes maldito, ¿por qué no hacés esto más seguido?
Entonces vos subís un rato, me ofrecés con tu boca una tostada con Mendicrim. Yo acepto y terminamos envueltos nuevamente en... onda, me quiero deshacer de la tostada para ver si te encuentro y entonces después de desvariar un rato consigo que vuelvas a mis pies...
Está bien. Entonces nuestro negocio es así. Me hacés acordar a cuando no me dejabas estudiar. A veces tenés eso de desubicado. ¿Qué pasa si yo te agarro con uno de tus diseños y te empiezo a desvestir, eh? Te quiero ver. ¿Terminamos abrazados o me mandás a freir espárragos?
Allen: No me gustan los espárragos...
Te crees demasiado listo vos, con respuestas para todo. Ya veremos, la proxíma... Yo también puedo planear ataques, tomarte por sorpresa, irte a buscar y traerte aunque no quieras, pataleando y diciéndome que no. No nada...
Entonces ponele que sacamos la bandejita del desayuno, que la dejamos medio tirada por ahí. No, vos tampoco podés dejarla así nomás, te conozco. Entonces te la llevás a la cocina. Ponele que en una de esas yo me voy caminando despacito atrás tuyo, a ver si, quizás por casualidad pueda ...
... go. Gracias. Mirá, vos caminás muy rápido, no me pidas que corra che. ¡Meri a boxes, Meri a boxes! Traigan un mecánico, Allen ¿vos no sos mecánico? Porque necesito un chequeo de a...
Noooooo, como se te ocurre, mirá, me voy a reivindicar sacando mi mano de tu espalda, que se coló por debajo de tu buzo, que te juro que no me di cuenta. En serio. Che, ¿ese 60 por qué es violeta? Decime cómo haces. Te tomaste no se cuántas y estás cero kilómetro. Pero vos no... Mirá estoy perfecta, no me mires así. Mirá pendex, no te necesito para llegar a casa ni nada, puedo sola, no estoy en pedo ¿entendés? Soy bastante más grandecita que vos...
Dale, al fin y al cabo yo puedo sola. Eso, ¿no me vas a seguir? ¿No era que estabas preocupado, a ver si me pasa algo en esta calle? Mirá, me alejo de las vías del tren, voy subiendo para la parada del colectivo, lo hago todo yo solita, por que m...
¿Cómo mierda llegaste en frente mío? Pensé que te habías quedado atrás. Hola Allen, ¿no me querés más? Podrías ponerte un poquito más flexible y darme un beso, ¿eh? Pero que tipo ortiva...
Yo sabía que no me ibas dejar volver sola, yo sabía que no iba a llegar sola. Mirá, te invitaría a dormir a casa, pero no quiero que pienses que soy una lanzada. No como la yegua de tu novia, nunca te lo dije, me cae mal Julieta. Toda chiquitita, ella no se tropieza con cualquier boludés llegando a Cabildo.
Paremos un rato a descansar, que los pies no los siento. Eso, nos sentamos acá a esperar un ratito que se me pase esto que me pasa. ¿A vos no te pasa? Bueno, ponele que en un rato amanece, total mañana no trabajamos, Alberto no nos rompe las pelotas ni vos tenés que. Bueno, prometo que es la última vez que te toco atrás por la nuca.
Mirá que sos un tipo jodido a veces Allen, una no sabe bien qué pensar de vos. Si tuviera más conciencia en este momento sabría que nos vamos a terminar peleando, que voy a terminar haciendo, que incluso te voy a terminar insultando. Pero no me voy a arrepentir, eso te lo digo ahora y te lo diré después, cuando me vaya...
Publicado por T. en 20:59 1 comentarios
Tres Momentos Con Ellas
Nos saludamos con esa sonrisa, como si nada hubiera ocurrido. Mierda, a veces me sorprende lo pragmático que sos, Allen. Parece que a veces te quedás en la nada, simplemente no logro dilucidar lo que te pasa.
¿Y si me lo contaras, si me hubieras hablado más cuando estabamos juntos? Sí, lo sé. Te lo dije, asumo mi culpa también, sé que no soy una mujer de una mente re amplia exactamente.
Pero ahora, encontrarte así, tan de repente. Me saludás, venís así. Entonces comenzamos a caminar, charlando, porque se suponía que no nos veríamos más, pero acá estás, acá nos volvimos a cruzar.
La calle Armenia está cada vez más fría, cada vez menos apetecible. Encima se rozan nuestras manos por accidente. ¿Es un chiste del destino, que nuestras manos se insinúen de tal manera y no lleguen a tomarse, a acariciarse? Sabías que iba a estar yo, aún así viniste. Yo sabía que venías, entonces me quedé.
Allen, no sé qué mierda se te cruza por la cabeza a vos. Claro, me parece que vos tampoco tenés idea de lo que se me cruza la cabeza a mí. Otra vez, caemos en esto de no decir las cosas...
Así nomás, en avenida Córdoba nos despedimos, como si nada hubiera pasado.
¿Fuimos sólo una historia de gatos y perros perdidos? Yo creo que al menos vos me quisiste. Da por seguro que yo te quise a vos.
Algo de luz, un poco del afuera que logra colarse en el adentro. Mar del Plata definitivamente es una ciudad que me hace sentir extrangero, espectador de un paisaje.
Y mientras me quedo mirando tus ojos cerrados, como dormís, esa sonrisa que tenés incluso cuando soñás. Cuando juego con tu nariz me siento en un tobogán, tan cerca de tus labios, como si estuviera bordeando las mil sensaciones que me hacés sentir.
El rayo de sol me deja ver tu silueta, me deja ver tu cara a medias, un paisaje entre las sombras. Si me quedo demasiado corro el riesgo de perder la noción del tiempo. ¿Tarde, no? Ya la perdí hace rato. La perdí hace bastante. Entonces un día decidimos irnos de vacaciones y otro día llegamos a Mar del Plata recontra temprano, caídos de sueño.
Es un rato nuestro, eso es lo más importante. Y mirarte así, esta mañana se siente como si me la hubiera apropiado. Sos vos, pero de una manera tan mía que casi me olvido que somos dos. De alguna manera esos labios son míos, al igual que tu espalda, al igual que los dedos de tus pies. Aún así, sería tonto de mi parte negar que la verdadera artífice de tu belleza sos vos, Guille, y solo vos.
Me pregunto cómo vos, muchacha, te pudiste meter con un tipo como yo...
Se supone que estás durmiendo. ¿O lo hacés porque te diste cuenta que me gusta verte dormir apasiblemente? De cualquier forma yo estoy hecho, sigo disfrutando de vos de una manera casi furtiva.
Debe ser la mejor manera de disfrutar estar juntos, por más que yo llene todo esto de imperfecciones. Prefiero olvidarlas y seguir observando como soñás tus sueños.
¿Sabés lo que me costó tomar esta decisión, Orlando? ¿Sabés que mis lágrimas me decían, mientras me iba de una vez por todas, que estaba dejando a mi amor? Mis pasos por esta ciudad jamás se sintieron tan errantes. Tomar un colectivo a cualquier lado lejos de casa jamás fue una necesidad tan urgente.
Lejos de vos, que la herida sangra, que los días serán más largos de ahora en más. Eso es lo que siento, un espacio que vos provocaste en mí. No tenías derecho a hacer que yo me enamore de vos. No tenías derecho a hacerme sentir la mujer más afortunada del mundo, todo eso fue una mentira.
Soy una dramática de mierda, ya lo sé. El chofer me mira de reojo, mientras yo miro la ventana que mira a la calle. Todo se mueve, pero no voy a ningún lado. Orlando, ¡aún quiero besarte! Eso es lo triste, aún te necesito.
No quiero llegar, pero ahora la bajada es esta, el aterrizaje en la vereda para retomar esa caminata desesperada. Me siento ridícula, me deshago, me caigo, me voy una y otra vez de mi. Mis propias lágrimas se estrellan contra las lozas. Por favor, qué imagen que debo estar dando...
Toqué el quinto C. Esperé. Soy una ridícula, pero no están Luna, no están Lisa. Entonces el portero eléctrico contestó:
Allen: ¿Sí? ¿Hola?
Le dije que me deje entrar, le dije que me deje guarecerme de mi ridiculés, que hiciera de cuenta que él realmente puede arreglar las cosas. Sé que las pasate mal vos también, necesito por favor que al menos me ayudes a detener la hemorragia.
Cuatro Momentos con Ellas
Tu pelo colorado me hizo pensar en por qué no habíamos salido antes. No fue sólo tu pelo, sino ese momento en que posaste tu cabeza en mi hombro, que te dormiste un ratito dejándome a cargo de la vigilia.
A veces uno quiere que el viaje se prolongue, que el colectivero se tarde un poco más. Me pasa eso, no quiero estar en ningún lugar, quiero que estemos en tránsito. No, no fuimos a ver Indiana, u qué pesado.
Sí, dale, reíte vos atrás. A ver, si hago una contorsión te puedo responder el mensaje desde abajo, para no llamarle la atención. "Amigos con beneficios extra." Qué paquete que sos Allen cuando querés.
Sí, digamos que somos amigos. ¿No, Lyla? Disfrutamos un poco de estar juntos, de salir un rato, quizás tropezarnos en el cine, hacer de cuenta que lo que realmente nos interesa es Leonera y no nosotros un rato.
Tu respiración es tan apasible, estás para ir directo al sobre chica. Lyla, la chica que se duerme a las nueve de la noche. Menos mal que sé que no soy un tipo aburrido, sino pensaría que yo te puse a dormir.
Bueno Allen, entonces bajate un cacho antes. Hijo de puta mira para cualquier lado. Los celulares deberían venir con una opción de descarga eléctrica o algo, a ver si le borro esa sonrisa y a... ok, nos vemos.
Saco y remera, dijo ella, ¿a vos te parece?
Según ella, no hace nada interesante, que no tiene demasiado para demostrar, lo emocionante no es lo suyo. De más está decir que no le creo.
Ella lleva sus manos en los bolsillos de su campera, intenta tapar su boca con el cuello del pullover. Cuando nos quedamos callados un rato al caminar, me empuja para el costado, me molesta un rato, no vaya a ser que...
Gallagher seguía los eventos, seguro que cuando llegue a casa me va a explicar él, aunque no sepa hablar. A veces parece que nosotros no supieramos hablar, pero jugamos con eso, a comunicarnos de otra manera, a olvidarnos toda esa ornamenta de significados explícitos. Eso, nada de explícitos muchacha.
Mira la calle al cruzar, de hecho, no le gusta que cruce así nomás. Con su brazo me retiene, para que deje pasar a ese auto que está como a una cuadra. Ya podría haber cruzado con toda seguridad, mientras vos encima te viste obligada a congelar tu mano, que por más guante que tengas.
Entonces me puso cara de no seas regañón.
Hay algo que no está bien. No me preguntes qué es, bombón, quizás sea que no estoy lo suficientemente preparada para vos, que tus sentimientos por mí son tan desmedidos, los veo como una ola que se me viene encima y...
Esa es la parábola. Allen dijo que justamente antes yo era la demandante. Ahora que encuentro eso del otro lado, algo está mal. La observación es válida, es así. Antes algo a él no lo motivaba, entonces cortamos. Ahora algo no me motiva a mí.
Él me dijo que entonces no nos vieramos más. No sé qué expresión habrá tenido mi cara, si es que logró gesticular algo al menos.
Tampoco es que me desilusionaste, no, no creas eso por favor. Sos muy lindo, tenés esos toques de ternura que me encantan, pero... No me sale, no es una cosa que yo te pueda explicar tan así nomás. Es... perdoname, no estoy de buenas hoy.
No se parecía en nada a un hippie, pero tampoco tenía que ver demasiado con un tipo de traje coherente y correcto. A veces sus bocados en cualquier conversación me dejaban sin palabras, porque Allen puede ser realmente inoportuno. No inoportuno en un sentido grosero o impropio, sino que comenta cosas fuera de lugar.
En síntesis, sí, yo siempre se lo dije, pero también lo dejaba que hiciera lo que él quisiera. De alguna manera a él le gustaba no hacerme caso. Después si la cosa se ponía medio fea sí, aclaraba los puntos. Igual era una especie de trato que teníamos, cuando uno veía que el otro venía mal con algo, ponía un parate así de toque.
Más de una vez me topé con un Allen cabeza dura. Nunca supe cómo manejarlo sin algún despelote, pero me acostumbré y él también. Cuando y andaba enojada o para atriqui, Allen sabía utilizar una serie de artilugios para al menos llevarme a una sonrisa.
¿Te habías dado cuenta, no? Cuando me ponías cara, me abrazabas y me hablabas como a una nena paf... Lograbas alguna sonrisa. Nunca sabré bien por qué. Teminaba acariciando tu cuello, jugando con tu pelo cuando te lo dejabas lo suficientemente largo.
Educando a Julieta Cinadi, decías mientras me pasabas la mano por la oreja. Luego mi risa era tu risa y entonces yo te podría decir educando a Allen Jana, ¿o no?
¿Me pregunto qué pasó con eso, eh?