Ya una lucecita al lado de los indicadores de la baliza delataba algo que no andaba bien. Luego Bella dijo que escuchaba un silvido, y que estabamos yendo quizás demasiado rápido. Desestimé la observación.
El susto vino a la altura del Unicenter, cuando el capó comenzó a escupir humo. Bella se puso un tanto nerviosa, pidió que pare el auto. Parar así nomás en la ruta, sí, claro, intentenlo. Encima justo en una curva. La visibilidad era mala. Tuve que abrir la ventanilla, asomar el cogote, ver por donde apartarme.
Bella: Jim, please, pará el auto que el motor está para el carajo -dijo con esos nervios que caracterizan sus pedidos más serios.
Logré parar el auto. No sin bocinazos, claro. Detesto que me toquen bocina.
Bella estaba asustada, seguro pensaba que el auto iba a explotar como en Brigada A. Se bajó al instante y se alejó del Gol unos diez metros, con cara de pánico. Corazón, vamos, no pasó nada. Le falta agua parece. Ahora en la estación le ponemos. Please, come back... come back...
Genial, no sólo el auto está averiado, sino que mi chica también.
(No es la primera vez que una crisis de motor se combina con una crisis femenina... debe ser mi carma).
Entonces se paró.
El aparato en un semáforo decidió dejar sin continuidad el servicio de sus cuatro ruedas, el Ka deseaba quedarse a tomar sol. El sol ese que a Roland le quemaba la cabeza.
Roland: Necesito una pileta...
Nada. No arrancaba. Obvio, bocinazos. Roland se exasperó. Lo fácil que es exasperar a este tipo en ocasiones. Intentó con el burro de arranque, unas patadas al acelerador, unas patadas al neumático, unas patadas al capó.
Simplemente se detuvo, dejó de tirarle bronca al móvil.
Se sentó en el cordón, a disfrutar de un poco del pasto de los bulebares de la avenida más ancha del mundo, sumergido en un mar de bocinazos y un sol tirano. Total, no iba a arrancar.
Cuando llegó, el policía no entendía nada. Un Ka parado sin nadie en medio de la avenida. De qué rayos se trataba. Se acercó a Roland y le preguntó de quién era el auto.
Roland: Yo qué sé, de algún boludo que lo dejó tirado ahí...
Fue precisamente a la salida de ese pueblito en medio de la nada que un control policial lo paró. Shit. Aún no tenía los papeles de su recién adquirida Combi, lo cual implicó un problema para con las autoridades locales. Además, las botellas de vodka atrás no sumaban. Otra cosa que tampoco convenció a los oficiales fue que vieron que antes de volver a la ruta, en el parque, Bataille había estado tomando Smirnof en un banquito, al sol.
Jorge: Es que aún no tengo hecho el traspaso de titularidad, pero la camioneta es mía. Y lo del vodka no es tan así, pues no es mío, entonces tampoco es para tanto...
El oficial procedía a confiscar la Combi, lo cual era un tremendo problema porque iba a tener que llamar a Deleuze para que lo venga a buscar a unos cientos de kilómetros.
Deleuze: ¿e? ¿Saliste sin los papeles de la Combi? Pero vos sos un boludo.
Jorge: No entiendo por qué esta gente le cree más a los papeles que a las personas. Pues es sabido que las peores mentiras las venden por escrito, no tanto de parla.
Deleuze: Boludo, vas a tener que volver encima a declarar ante el juez y pagar la multa para llevarteta de vuelta.
Comandada por un oficial policiaco provincial, la Combi se alejó a lo que Jorge imaginaba sería una comisaría venida abajo, de ladrillo a la vista, rejas oxidadas y un ventilador que hacía ruido...
Una semana después buscó los papeles del propietario, se pegó un viajecito al pueblucho, declaró ante el juez, pagó una suma de dinero desconocida hasta la fecha, y pudo regresar con el móvil.
Manejar y encontrarse con policías no está copado.
Esto no tiene forma de ser piloteado. Mire oficial, emmmm... No sé, yo vivo acá a tres cuadras. Emm, mire, si, venga, que digo al verdad. Prometo que tiro el auto ahí... Digo, lo estaciono como se debe y me voy a dormir. Quizás desayune antes, aunque no sé si es buena idea.
Oficial, sigame, llegamos bárbaro, damos una vueltita. Tres cuadras, esto, sí. Yo vivo sobre la calle Ugarte. Sí, es un decir, en realidad yo vivo en el mundo, como usted seguro. Aunque, ahora, me cuesta un tanto bajar, pero vea, puedo caminar hasta la puerta. y...
Poner la llave, y girar, y... Sí, no se preocupe. Está bien, le agradezco acompañarme, gracias, es que a veces uno no sabe con quién se puede encontrar a estas horas. Sí, soy un ciudadano bien, me gusta que la ley se haga cumplir. Gracias, un abrazo, que le vaya bien...
Puf, caí demolido en la cama. Por suerte el cana ya se había ido.