El temor al reflejo

martes, 23 de marzo de 2010

- Bueno, hice cualquiera, exactamente lo contrario de lo que tenía que hacer. En realidad no quise
decir "saraza", como alegás vos.

Ella estaba parada en plena calle Thames. Yo la tomé del brazo y la llevé a la vereda, porque entendía y no entendía lo que ella me quería decir. Era como una especie de revés que me daba la vida sin que yo hiciera nada al respecto. Jackie no me miraba, y pensé que era un buen momento para dejar de esquivar las obviedades.

Estuvimos parados un minuto sin decir nada, pero ese minuto pareció un cuarto de hora. Por un lado quería aproximarme a ella y por otro no quería espantarla. She´s like a little kitty, if you treat her nice, you can get to know her better.

- Jackie, ¿qué pasa? - le dije-. ¿Te puse nerviosa?

- Es que no me lo esperaba, perdón, soy yo. Me agarraste con la guardia baja y yo pienso todo, no me gusta hacer tanto equilibrio sobre algo que no sé qué es. O quién es. Y vos...

Media hora antes estabamos sentados en un bar de Serrano. Cuando logré sentarme a su lado, tenderle el brazo por la cintura bastó para que ella me repeliera de una forma que para mi no tenía prescedentes.

- Creo que no - me dijo en ese momento, tajantemente.

Lo inexplicable era cómo Jackie había aceptado salir conmigo, cómo nos habíamos quedado hablando toda la noche y cómo habíamos dicho de ir a al cine la semana que viene. Encima a mi Avatar me importa tres carajos.

Entonces fue cuando le pregunté si prefería que nos fueramos. Ella no contestó, lucía incómoda, casi asustada. Ella me dijo que no hacía falta que la acompañe a avenida Córdoba. Yo, entre enojado y dolido, le dije que no le estaba dando opción. Luego transcurrieron cuatro cuadas de silencio hasta que ella se detuvo en plena calle Thames, como ya mencioné.

Pensé que yo era un pasatiempo para Jackie, pero su mirada esquiva comenzó a indicarme lo contrario.

- Hey, Jackie, soy yo. Soy inofensivo. Mirá - le dije haciendo una mueca.

No funcionó.

- ¿Qué precisás? Si querés te dejo en un taxi y me voy - dije, con verdaderos ánimos de abandonarla.

- No, está bien. Perdón - contestó con una voz adorable y temblorosa.

Finalmente sonrió y logró posar sus ojos en mí:

- Es simplemente no sé. ¿No tenés esa sensación de que somos iguales?

No le contesté. No tenía ganas de contestarle que si, que me había dado cuenta. No tenía ganas de decirle que a veces me parecía que coincidíamos demasiado, así como tampoco tenía ganas de abandonarla. Nos mirabamos de frente, cerca, como quien mira un espejo. Quizás le temíamos a esa especie de reflejo que teníamos en frente.

No sé cómo ni porqué logré tomarla de la mano. Cuando me di cuenta ya lo había hecho, y ella no se había ido ni me había rechazado tan tajantemente como antes. Pensé que mientras menos me concentrara en ella mejor iría la cuestión.

Let go the steering wheel honey. We certainly need to crash.

Recordé que una semana antes, al recibir el mensaje de Jackie Rousseau, estaba con Gilles y Roland. Nos abrazamos y cantamos la canción de Italia 90, pues ella había aceptado mi invitación al teatro.

De todas formas, tengo esa sensación de ciertos tropezones iniciales condenan a una historia feliz.

Racionalistas en rehabilitación

miércoles, 17 de marzo de 2010

1) Quizás no lo notes, pero me hiciste sonreir en varias oportunidades con tus observaciones. Aunque te veo un tanto enfrascado en una retórica que no precisás, como si intentaras forzar algo para que yo me de cuenta de que...

2) ... deberíamos olvidar un poco todo nuestro academicismo, ¿no? Digo, de momento no es que la chica letrada no me interese, sino que la misma chica que desea tener un Mercedes Benz me explique quién es. Me explique... es una palabra desacertada. Diría relate, cuente, pinte, coloree...

1) ... resbale, roce, hasta lime te diría. Y cuando me mirás desde el otro lado de la mesa te escucho, pero te miro a los ojos más que nada, concentrado en... ¿Te interesa lo que digo? No puedo creer que alguien encuentre interesante mi historia sobre cómo me bocharon en historia tres.

2) Fuiste sin dormir, con dos jarras de café encima, un papelerío de temas preparados. Te tocó algo de mala suerte y tus nervios usuales ante los finales. Querías que se tratara de una ficción escrita, no tener que comprometerte tanto con la situación. Preferías abandonarte en un papel antes que tartamudear ante la profesora. Pero el destino muchas veces nos ataca por nuestros puntos débiles. Lo que no es una casualidad, sino...

1) ... como las cosas ocurren. Si no te pinchan, nada ocurre. Si no me tomás la mano entonces yo no puedo dejarla con la tuya. ¿O pensás que...? Tu problema es que pensás demasiado, y se te nota. ¿Es por eso que sos un racionalista en rehabilitación?

2) Creo que di varios giros, pero no soy bueno para cambiar las cosas. Siento más como si las cosas me ocurrieran de una forma impersonal. Salvo vos, porque yo te vine a buscar y ahora que te encontré, después de tanto tiempo de silencio entre los dos, no sé qué hacer.

1) That´s my point: you think too much.

2) Dijiste que vos también sos una racionalista en rehab. ¿Y por qué?

1) Por qué por qué... Creo que siempre estuve en mis casillas. Hará unos años, suponete, a mitad de la carrera, que perdí un poco la brújula. Cuando digo perdí quiero decir que la arrojé porque ya no servía. Antes yo era una chica cero alcohol, por ejemplo.

2) La válvula de escape. Bien Bajtiniana.

1) Y volviste a tus observaciones, que son de alguna forma mis observaciones. A veces creo que me robás el libreto un poco, que espiaste las respuestas que utilizo demasiado frecuentemente y te valés de ellas para hablarme. Y tu mano me acaricia el brazo, pero no me mirás. ¿Por qué me hablás así a mí? Con los demás no...

2) ... ocurre lo mismo. Y no sé qué hacer con vos a veces, sabelo. Te ponés a distancia y yo estoy cabezadura, manejo los tramos con torpeza pero los manejo.

1) Ahora me mirás. Y me doy cuenta de que te gustan mi ojos. Nadie me lo dijo antes, pues no tienen nada de especial. Pero vos me mirás como si apreciaras algo, como si...

2) ... me gustaran tus ojos clavados en mi. Como si no sangrara un poco cuando me mirás, me escuchás diciendo boludeces que no le sirven a nadie, con mis irrelevancias. ¿Por qué le das bola a lo efímero?

1) Compartimos algo, muchacho: por más de que nos tildemos de demasiado académicos ambos, hemos pintado pequeños relatos de color. Ahora sé un poco más quién sos, y vos querés conocer a la chica del Mercedes. Se te nota en la cara que no querés irte por más cansado que estés.

2) Y sin embargo nos iremos.

1) Debo.

2) ¿Debes? Entonces cometeré una serie de torpezas, si me lo permitís.

1) No soy yo la indicada para evitar esas torpezas. No soy yo quien te dirá qué hacer ni qué decirme. Prefiero que te arriesgues más de lo que te arriesgas. Porque tengo esa sensación de que no estás llegando lo suficientemente lejos.

En ese momento él se acercó a ella, sonriente. Ella lo seguía con la vista, tratando de descifrar qué ocurriría. Pocas veces en la vida dos racionalistas en rehabilitación se habían juntado tanto, buscando eso mismo de lo que escapaban, como si se tratara encontrar los mismos errores pero de un color diferente.

1) ¿Nos iremos? Sabés que no tengo mi brújula. ¿Cómo regresaré?

2) No puedo pedirte que te quedes, pero sí puedo retrasar nuestra despedida. Te acompaño. Y no te pienso decir que tengo formas más directas de volver a mi casa, para que no me digas que no hace falta que te acompañe, porque no pienso siquiera darte la oportunidad, al menos por ahora, de deshacerte de mi tan fácilmente.

El desperdicio

jueves, 4 de marzo de 2010

Algo así:

Fue un viernes por la tarde que sorpresivamente se estrelló un mensaje en mi celular. "Hola, al final no nos cruzamos en el msn en toda la semana.". Era Susana. Obviamente me encontré entre la sorpresa y el júbilo, entre la estupidez y el pánico -como si entre esas dos obras de Spregelburd existiera otra-.

Le pregunté a Gilles. Contestó "Te está tanteando. Dale pa frenchi".

Le pregunté a Rose. Contestó "¡Epa! Yo creo que está interesada".

Le pregunte a Bentham. Contestó "Efectivamente, suena a un tanteo".

Entonces procedí: efectué una respuesta un tanto estúpida que no vale la pena contar. Lo importante es que conseguí salir con Susan un viernes a la noche así de la nada. Y yo me sentía re copante y ella estaba hermosa.

La encontré en Santa Fe y Callao, para ir a comer por ahí y luego quién sabía. No teníamos mayor plan que encontrarnos, y eso era lo que me había puesto tan contento, tan vital. Ella esbozó esa sonrisa que tiene tan practicada como sus tiros de hockey. Yo implementé alguna de mis observaciones jocosas como "qué pintusa la chiruza", o similares.

Y entonces, a Miró, un restaurant con velas y mesitas lindas. Ella me contó que había cambiado de trabajo, que se había pasado a otro estudio (contable). Yo le conté que pensaba en irme a Europa, que Barthes y Bentham me habían llenado la cabeza con su viajecito. Eramos dos personas contándonos nuestras existencias, el tiempo era vertiginosamente personal para nosotros, eramos dos. Y entonces decidí que era hora de aclarar algunas cosas. Por lo que fui al baño y al retornar, me senté a su lado.

- Oh. Bueno Jorge -dijo ella-. ¿Ahora estás aquí?

- Es que me molesta la mesa en el medio. Atenta contra mi ser en este momento, y además desde acá puedo llamar al mozo para pedirle otra margarita.

Ella sonrió, que era lo mejor que me podía pasar. Susana Sontag tiene una hermosa sonrisa y yo me consideraba dichoso de que me sonriera tan cerca. Continué la charla -dije algo del recital de Coldplay, que a ella le gusta-, y entonces la tomé de la mano.

- Creo que hay un malentendido - dijo ella-. Es que...

Creo que en ese momento recordé la metáfora de Bentham sobre los montajes y cómo estos se desmoronan, pues en ocasiones las construcciones más elaboradas son las más frágiles. "Es cuestión de atar un par de palabras a un lugar y tiempo precisos para que se vaya todo a la mierda", o algo así, había dicho Jim. Y efectivamente sentí todo desmoronarse.

Estaba demasiado expuesto, demasiado con ella en ese momento. Y repentinamente quería estar sin ella, omitirla, irme. No recuerdo qué más dijo ella, ni qué le contesté. Pero si recuerdo que largué un:

- ¿Te parece que nos vayamos?

Viernes once y media de la noche y ya era un fracaso. Me pregunté si los muchachos habrían salido, pero no era más que una pregunta pelotuda, pues no quería salir.

- Jorge, plis - dijo ella-. No quiero que estés mal. Pero me gusta ser tu amiga.

No dijo nada de que eso de ser amigos era una mierda. No dijo anda de lo ridículo que era decir lo que estaba diciendo. Tampoco dijo nada cuando la dejé en un taxi, pues ni ella quería subirse a mi auto ni yo quería llevarla.

Y luego:

- No sé. La verdad que me desorientó.

- Es una frígida - dijo Gilles-. Ni ella sabe lo que quiere. No le conozco ni un novio a esa piba. Y mirá que es linda eh. Pero se ortiva. Con vos tiene buena onda, pero a nosotros...

- Jorge, estimado Jorge - acotó Jim-. Nunca se sabe qué ocurre en la cabeza de una dama, y menos en el corazón. Todos pensamos que finalmente se iba a poner las pilas, que una chica amable como Susana se había dado cuenta de el gran partido que es Bataille. Aún así aplaudo la pirueta con la que conseguiste salir con ella, me encantaría que se me hubiera ocurrido a mi.

Jim lo había relatado: la chica sensible que por un cambio de circunstancias deviene en la chica cruel.

- ¿Cómo era? ¿Una chica sensible, un tipo egocéntrico y un creído?

- En rigor - corrigió Bentham-: la obra versa sobre una chica sensible, un tipo egoista y otro tipo soberbio. Ahora no recuerdo las extrapolaciones más allá de la chica sensible que deviene en chica cruel, pero no creo que sea el caso de Susana. No hablaba del caso de Susana.

- Mirá - dijo Gilles-, es así. Ahora te la podés sacar de la cabeza a la pendeja. Listo, ya sabés que está loca, que no sabe lo que quiere, que te dice de salir y después no te da bola. Ahora te podés dedicar a pleno a otra cosa.

- Debo admitir que el argumento de Deleuze es al menos en parte, cierto - dijo Jim.

- Sí sí, ya se me va a pasar -contesté-. Ni que hubiera pasado algo con Sontag. Ni que hubiera sentido amor por ella, ni que hubieramos estado juntos verdaderamente.

Me llegó un mensaje. Era Susana preguntándome cómo estaba. Tanto Gilles como Jim votaron por no responder, por lo que seguí su opción. La verdad, ni ganas tenía. Entonces la charla prosiguió en los problemas de los otros. Gilles comentó que la Rusa le había llamado, pero él no le contestó. Luego el debate se movió a sobre quién versaba la figura de la chica sensible devenida en cruel: ¿Bella, Male Ponty o Justine Frischmann?

Llegué a la conclusión de que si yo protagonizara la obra intermedia entre La Estupidez y El Pánico, esta debería titularse El Desperdicio, pues tanta energía para llegar a nada...

Operativos

martes, 2 de marzo de 2010

Un tanto desorientado, Barthes intentaba explicarse cómo había terminado una muchacha ebria a sus pies, rodeada de pasto vomitado. La chica se encontraba inconsciente, farfullando cosas. Él quería hacerla reaccionar, pero no lograba respuesta. Su pulso estaba intacto, un poco acelerado a su parecer.

- ¿Rusa? ¿Rusa? - decía.

Nada. Todo parecía genial, estaba en cualquier parte del parque y tenía que arrastrar a esa piba hasta la casa. Desde lejos se veían las luces, se escuchaban gritos y Bataille corría al rededor, tirando chicas a la pileta y acusando a Bentham de traidor.

- Aunque sean más, si trabajamos en equipo las podemos tirar a todas - decía Jorge interesado en el asunto de mujeres mojadas.

- Definitivamente, pero tenemos que armar un perímetro cerca de la puerta del baño - explicaba Bentham mientras dibijaba en el aire el display-. De esta forma podemos cortar su paso al living, y ahí creo que un 50% de las asistentes terminará en la pileta. Luego creo que es altamente probable que de ese 50% podamos reclutar a algunas para arrojar a las otras a la pileta.

- El gran problema es extraer a las del living, que no quieren salir.

El principal objetivo de Jim y Jorge eran Rose Luxemburgo y Antonella Chejov, quienes habían hecho del living de la casa su bunker. Deleuze se encontraba en el living, pero más que un infiltrado, se ocupaba de otra cosa:

- ... llegué hace poco Brasil. No me canso de vacacionar allí, es un paraiso. Estoy considerando seriamente irme a vivir allí -le explicaba Gilles a una desconocida.

No tardó en convencerla. Luego la muchacha le señaló a Bataille que claramente desbordaba la operación indicada por bentham, todo para tirarse al agua con una chica vestida de rojo.

- ¡El celular! -gritó la chica de rojo, recién ingresada a la pileta.

Gilles se reía, por primera vez quizás apreciaba el paisaje de quilombo desde la distancia, a través de la ventana del living. ¿Y esa paz para no participar de dónde salía? Se quedó charlando con la chica. Un tal pablo preguntaba por su novia, que hacía rato que no la veía. ¿Dónde está Marín? Nadie sabía. El pibe buscaba en el área de la pileta, pero ninguna de las chicas empapadas era su novia.

- Che, creo que vi a la Rusa irse con Barthes para el bosque - dijo Antonella-. ¿Qué onda?

- Onda que quizás a Pablo no le guste demasiado eso ... - contestó Rose.

A lo lejos Barthes había logrado que la Rusa caminara, con gran ayuda de él claro.

- Rusa... ahora te vamos a dejar en el sofá, o quizás hasta te consiga una cama. Seguro tienen una cama. Habrá que conseguir que el escuadrón chapuzón no te tire a la pileta, pero a penas nos vean iniciaré acciones diplomáticas con Bataille y Bentham para que nos dejen secos en paz.

- mm arrdf - dijo la Rusa.

Arrastrar a esa piba era realmente un suplicio. De vez en cuando escupía algo de vómito y le quedaba un hilo de baba colgando. Barthes pensaba que seguro tenía algún pedazo de daikiri de durazno en la ropa, producto de las expulsiones de la chica.

Pablo desde que había llegado que no daba con su chica Marin, la Rusa. Jim y Jorge habían optado por dejar en paz al sujeto y no solicitar su ayuda.

- Tiene cara de ortiva - dijo Jim.

Cuando Barthes llegó al área más iluminada del parque, se dibujó una silueta de guerra: un soldado que llevaba a otro herido a cuestas. "Restatando al soldado Rusa", o algo así. Fue ahí cuando Antonella divisó a los combatientes que se aproximaban.

- Habría que iniciar un operativo de entrar a la Rusa a la casa sin que Pablo haga escándalo, lo que probablemente implique que no vea a su novia ebria en los brazos de Barthes.

Rose observó.

- Pero si salimos nos van a querer tirar. Y no están abiertos al diálogo.

- Sí sí - dijo Antonella-. Jim me escucha a mi, ahora vas a ver.

Antonella se asomó por la puerta al jardín, donde estaba operando el escuadrón chapuzón. Llamó la atención de Bentham, que se acercó pero inmediatamente tomó a Antonella del brazo para llevársela. Ella resistía, tomándose del marco de la puerta. "Pará boludo no".

Bentham logró llevarse a Antonella, justo cuando esta puteaba y cuando escuchó otro insulto detrás suyo. Fue ese el momento en que Pablo corría hacia Barthes y la Rusa.

- ¿Qué pasó? - preguntó Bentham.

- Que tenemos que ir a ver que Barthes esté bien, porque apareció el novio de la Rusa y tememos que se arme - dijo Antonella-.

- ¿La Rusa tiene novio? Puf pobre pibe...

Bentham dejó a Antonella para ver qué onda con los soldados.

- Te dije que me escuches, pero estabas demasiado ocupado tratando de tirarme al agua - dijo Antonella.

Jim ni contestó.

Pablo empujó a Barthes, le preguntó qué hacía con su novia. La Rusa simplemente se sentó, porque evidentemente caminar le había dado vértigo. Roland intentaba explicar: Fui al bosque a buscar el celular al auto y la encontré vomitándose la vida. Pero su explicación no lograba sonar a "no me trinqué a tu novia". Ciertamente la Rusa había estado con alquien, pero no era Barthes.

- Pendeja ebria - decía Deleuze mientras observaba la acción desde el living-. Parece que se arma. Ni me dijo que tenía novio.

Dejó a la muchacha en el living para concurrir a la escena del jardín. Bataille se dio cuenta de la situación recién cuando vio a Gilles salir rápidamente de la casa.

- Mirá, no pasó nada. Simplemente se agarró un pedo padre - intervino Bentham.

- Ee, ¿y a vos quién carajo te llamó? -dijo uno de los tres amigos de Pablo.

- Pará de apurar vos - decía Antonella que lo último que quería era trompadas-. Es así, la Rusa estuvo tomando desde temprano y se bajó no sé cuántos daikiris y vodkas.

Pablo empujó a Barthes, que parecía inmutable. No había chances de una pelea salvo que se pusieran necios Pablo y sus amigos. Una intervención de la Rusa hubiera sido ideal, pero se encontraba ocupada vomitando más aún.

- Pablo, simplemente llevátela -decía Antonella-. Mirala está para atrás. Te importa más cagarte a trompadas que otra cosa.

- ¿Qué pasa? - dijo Gilles llegando. Atrás de él venía Bataille.

Se pronosticaba gresca, pero Antonella estaba decidida a que nada ocurriera. Desconfiaba de Deleuze sobre todo, y no quería que a Bentham se le saltara un tornillo.

- Mirá - dijo Jim -, mi amigo te dice la verdad. Si hubieran estado haciendo algo él la deja ahí tirada, pero la estaba trayendo.

Bentham pensaba que ayudaba a distender pero nada que ver. Antonella deseaba que todos se callaran y la dejaran a ella llegar a una solución pacífica. Pablo miraba rabioso, Barthes mantenía su cordura. Bataille observaba la situación sin emitir palabra.

- Con él no estuve... - farfulló la Rusa.

Deleuze tragó saliva. Lo que allí pasara dependía de lo que la piba esa dijera.

- Estuve con él - y señaló por error a Bentham.

Pablo miraba con ira. Esto iba a ponerse feo. Deleuze pensaba que era mejor apartarse y no participar, no fuera cosa que la Rusa corrigiera lo que dijo. Entonces Antonella reaccionó rápído:

- No, él estaba en la pileta, lo viste llegar. Además él está conmigo.

Ahí nomás Antonella le dio un beso a Bentham.

Rose se rio por lo bajo. Barthes miró la tremenda jugada perpetrada por la señorita Chejov. Parecía que con bronca y todo, Pablo aceptaba que sin importar la calidad de relación que hubiuera entre Antonella y Jim, él no podía haber estado con la Rusa.

- ¿Entonces con quién? - preguntó Pablo.

- Ni idea - acotó Rose-. Vaya a saber, hay bastante gente. Algunos ya se fueron.

Jim miraba de reojo a Antonella, y se sorprendía de su docilidad y capacidad para seguir tal improvisación.

- ¿Podemos llevarnos a la Rusa? Que se acueste - dijo Bentham.

Deleuze miraba más apartado. No quería ausentarse pero tampoco llamar la atención. Se escudaba en Bataille y Barthes, que permanecían mudos.

Pablo y un amigo suyo llevaron a lo que quedaba de la Rusa hacia la casa, para recostarla. Ni bien entraron, Antonella dispuso que sacaran a Deleuze del area. Bataille deploró no poder continuar con su operativo, pues aún había como unas ocho chicas sin arrojar a la pileta.

- Qué organizativa que estás - le dijo Jim a Anto.

- Puf, ni que lo digas. Me siento una estratega. A todo esto, perdón pero tenía que inventar la excusa y eras perfecto. Era el elemento para salir del embrollo.

- No problem. La razón nos da los elementos para la creación, con la condición de que los usemos en contra de ella - contestó Bentham.

- Good quote. Who´s?

- Mía. Claramente organizaste elementos discretos, pero para verdaderamente salir de los embrollos, hace falta algún tipo de atentado como el tuyo. Admirable.

Antonella sonrió, mientras Bataille, Rose y Deleuze se retiraban. Ella partió con Barthes y Bentham media hora después, antes de que Pablo comenzara las indagatorias.

- Ahora, fijate cómo Barthes, sin hacer nada más que ir a buscar un celular, creo todo esto - observó Jim-. A todo esto Deleuze tiene que contar cómo mierda hizo.

- Yo qué mierda sabía que la pendeja esa era tal generadora de quilombos - se quejó Roland mientras miraba por la ventanilla del auto.

Estereo(tipos)

jueves, 25 de febrero de 2010

In the play there should be five stereotyped characters:

- A rationalist, can´t really understand anything in this world: Jim Bentham
- An anarquist, a terrorist against structures and discipline: George Bataille
- A romantic, married to his utopic feelings about love & life: Guy Debord
- A seducer, always ready to enjoy creation and improvisation: Gilles Deleuze
- The Doctor, an institution, ready to conquer the world in the name of science: Roland Barthes