bombita de luz

lunes, 19 de julio de 2010

I
¡Pum! Escuchó Jackie desde la habitación. Cuando llegó al living Jim estaba tirado en el piso, algunos vidrios se habian desparramado por ahí.

- ¿Qué pasó?

Jim ponía cara de nada, mientras registraba todo el escenario como si chequeara que él estaba vivo y que no había viajado en el tiempo ni a otra dimensión.

- ¿Estás bien? - dijo Jackie mientras atendía a Bentham en el suelo - ¿Qué pasó?

- Estaba cambiando la bombita de la luz del living porque se quemó.

- ¿Y no cortaste la luz? ¿Pero vos estás loco? Al menos avisame que vas a hacer eso, para que esté. Está todo cortado ahora.

Jim no contestó, sensillamente continuaba con los ojos buen abiertos. Efectivamente la tarde nublada no dejaba entrar mucha luz por la ventanas, y las térmicas habían saltado. Entonces el departamento entero estaba en una especie de semioscuridad.

- Ah, ahí está la silla. Me resbalé y me caí.

Jackie reprochó una vez más a Jim, mientras lo levantaba.

- Estoy bien, estoy bien, no pasó nada - decía él.

- Vamos al hospital, por las dudas - dijo Jackie-. Es un toque, nada más para ver que estés bien, te agarró corriente. Creo que saltó la térmica. Puf, tenés los pelos parados, corazón -se rió-.

- Pero no hace falta - dijo Jim mientras testeaba su tacto. Estoy bárbaro.

- ¡Estamos a una cuadra! No seas cabeza dura.

Tuvieron una breve discusión sobre el tema "ir al hospital" que obviamente Jackie ganó.

II
En la guardia del hospital justo había llamado la madre de Bentham, que al enterarse del saltado de térmica dijo que en seguida salía para allá. Cortada ya la comunicación, Jim se quejaba:

- Pero no le digas a mi vieja que casi me mato por una puta bombita.

- Le conté, pero no te preocupes que le digo que estás bien - dijo Rousseau sin mucha paciencia.

La madre de Bentham llamó nuevamente a los cinco minutos. Jim no atendió, le delegó el celular directo a Jackie.

- Si, está todo bien. En cinco minutos entramos. No, está bien, no perdió el conocimiento. Camina bien. Es que no cortó la luz. Es que no sabía yo, no me avisó. Si me hubiera dicho yo le advertía. Bueno, no no, no hace falta. Quédese tranquila que su hijo está bien, igual ahora lo ve un doctor. La llamo ni bien salimos

Cortó.

- Bueno corazón, tu madre piensa que no te cuido.

- Nada que ver, es así ella. Se piensa que es gran cosa. Además, jodete por decirle. Yo ni le hubiera dicho nada.

Jackie miró a Jim con cara de odio.

- Posta. Si pasa algo yo a tus viejos no les digo, vemos como la remamos, pero si un día salís volando por los aires por una bombita, trato de ver cómo hago para que no pase nada.

Jackie seguía mirando con odio a Jim.

- Dale, vamos. ¿No te gusta mi pelo así?

Se abrió la puerta del consultorio.

- Bentham - llamó el doctor.

Dos estúpidos que no se hablan

jueves, 15 de julio de 2010

[Érase una vez dos estúpidos que no se hablaban]

I
Chejov lo había preguntado en medio de las achuras: "¿Por qué no la llamás de una vez?". Pero si ella se equivoca entonces ella me tiene que llamar pero... ¿sigo con esa versión estúpida? Evidentemente.

Me costó horrores levantar el teléfono y llamarla. Como si mi orgullo me estorbara de una forma incomprensible. Miré el teléfono desde el living como media hora hasta que me decidí.

El teléfono llamó dos veces y:

- Hola - dijo ella.

Saludo afirmativo. Vio mi número en el caller ID y contestó. Pensé que no la encontraría, o pensé que quizás no me atendería. ¡Una puta semana!

- Hola Jackie - dije.

Hubo un silencio, no sabía qué decirle. Había pensado todo el tiempo en llamarla y no había planificado qué le diría si atendía, no tenía ninguna estrategia retórica.

- Iba a llamarte - dijo finalmente ella -. Me ganaste de mano.

No supe si creerle. Pienso que ella no tenía el... ¿coraje?

- Bueno, como sea, aquí estoy. ¿Te acuerdas de mi?

Sentí su respiración como si hubiera exalado al sonreír, como si una felicidad algo tristrona hubiera aflorado en ella.

- La verdad que no sé bien qué decirte - le dije mientras pensaba que en verdad la extrañana-. Estuve pensando en vos - articulé.

- Yo también. Em, ¿podemos vernos?

- Claro. No ahora, que en un rato me junto con Jorge y Gilles.

- ¿Ensayan?

- Algo parecido.

- Mañana tengo ensayo... ¿Venís? - se despachó ella.

No lo podía creer. Finalmente. Si me decía que fuera era que estaba todo bien. ¿Pues quién hace eso para que se pudra todo? Eso, una vez más me valía de la lógica pura para calmarme un poco, una vez más

II
Estaban ensayando y a ella le tocaba hacer un breve monólogo. Su outfit eran unos pantalones de vestir, una camisa blanca, el pelo recogido y unos zapatos sin taco, que no hacían juego. Nada que ver con lo que ella viste usualmente. Lo único que quedaba de Jackie eran los anteojos que usaba de vez en cuando, como los que ella sostenía que yo debía usar más periódicamente.

La directora la llamó a escena. Lucía un poco intranquila, me miró sin sonreir, pero constato que yo estaba ahí observándola.

Jackie: Debe tratarse de un engaño sutil, de algo que sufrimos sin darnos cuenta hasta que un día es demasiado evidente. El engaño no se oculta, más bien es algo que aparenta.

Hizo una pausa. Ella miró para abajo. No sé por qué, pero asumí que tenía ganas de fumar.

Jackie: A una nunca le enseñan a rehacerse, ha tener el coraje de dar vuelta el timón tan drásticamente. Llevo diez años trabajando en algo que no me apasiona, en un lugar que me parece tan colorido como periódico de los años treinta, sufriendo por cosas que... que no tienen ya sentido. ¿Qué me importa que no haya café del bueno para la reunión con esos chupasangre?

La última frase la dijo enervada, casi gritando, con un tono de voz tan tajante que cortó el aire de la sala.

Jackie: Verán: creo que no estoy hecha para esto, que yo aprendí bien cosas que me enseñaron mal. Eso es lo grave. Y juro que no lo soporto más, que se me caen los días del bolsillo y no me sobran.

Mira de reojo a la audiencia. Dirige luego su vista hacia la derecha, para encontrarse conmigo. Nos miramos, sostiene la vista.

Jackie: Pero ya sé lo que piensan. Otra loca histérica. No no no, no me vino, nada de eso. Son años, años de llevar adelante una farsa, de vivir con el hombre equivocado, de esforzarme por las cosas equivocadas. ¿Y cómo carajo quieren que no me cueste tirar todo esto que por más que me hace infeliz es todo lo que tengo? Es fácil, demasiado fácil, decir desde allí "cambiá tu vida". "Mudate a Miami". No, no están entendiendooooo.

La entontación de mujer desesperada me pareció genial.

Jackie: Lo que aquí verán es sólo efecto de lo que ustedes crearon, de pequeñas imperfecciones que ustedes no perciben, pero día a día están frente a sus narices.

Caminó tres pasos hacia su izquierda para salir de escena.

Jackie: Aquí verán un poco de sus historias. Aunque no lo admitan. Aquí están ustedes. Quizás no nosotros les resultemos un tanto bruscos, quizás hasta burdos, pero si no encuentran algo que les resulta familiar, entonces sencillamente no tienen ni por asomo ganas de experimentar realmente lo que es la libertad.

Salió de escena caminando de una forma furibunda. No volvió a aparecer. Amo a esta mujer.

III
Nos encontramos directo a la salida.

- Hey - dijo ella al aparecer ya cambiada. Era ella de vuelta, con su pulóver marrón y blanco, con dibujitos de llamas indias. Simplemente me abrazó, lo que fue una especie de cachetazo doloroso.

- ¿Vamos a La Continental? - propuso.

Mientras caminabamos nos rodeaba un silencio, que yo me había propuesto aniquilar porque ya llevaba una semana.

- Jackie, lamento lo de la última vez. Quizás no fue la mejor manera de decir las cosas, pero yo qué sé...

- Es difícil. Sé que no debería, pero me es difícil. Sé que... ¿puedo preguntarte si ahora...?

Negué con la cabeza. No me gustaba que me solicitara detalles, como si buscara quitarle relevancia o algún argumento que volviera todo "menos grave" para su cabeza.

- Más de un año, si precisás saberlo.

- Perdón, lamento mi reacción. Me tomaste por sorpresa, lo que es ridículo, lo sé, porque yo te pregunté por el asunto inicialmente...

Tuve la sensación de que ese "perdón" le costó tanto como a mi levantar el teléfono aquella vez. Tuve la sensación de que fuimos dos estúpidos testarudos que no nos hablamos cuando ambos quieríamos hacerlo.

- Me dio miedo, o no supe como reaccionar. No sé, me hubiera gustado que me hablaras del tema antes. Lloré como una condenada toda la semana. Iba a llamarte pero pensé que me odiabas.

Tengo la sensación de que soy tan tan tan tan hermético a veces que entonces ellas no sabes qué mierda me pasa por la cabeza. Algo así me había dicho Bella.

- En fin, te extrañé mucho.

Simplemente detuve nuestra caminata para La Continental, que quedaba a dos cuadras, y la besé. No podía creer lo que la había extrañado en una semana.

Erase una vez dos estúpidos que morían por hablarse pero no lo hacían, hasta que uno de ellos, contra su arraigado carácter, rompió el hielo.

Azí Ez Ezeiza

miércoles, 14 de julio de 2010

Me sentía como la mismísima mierda ese mediodía que me fui hasta Ezeiza para recibir a Antonella. La muy maldita se había ido tres semanas a recorrer Madrid, Barcelona, París y Roma, entre otras menudencias. Mientras iba para el aeropuerto pensé en lo bien que me vendrían unas vacaciones de ese estilo, aunque más al norte.

Era un domingo soleado. Ya sin Argentina en el mundial había una preocupación menos, aunque la notoria falta de sueño había hecho mermar mi capacidad intelectual y mis sentidos: creo que ya no podía multiplicar correctamente y el frío me era une sensación más bien neutra.

Cuando apareció Antonella, vi en verdad a una hippie de exportación, con sus tobilleras de colorinche y sus jeans medio rotos. Los padres de ella la abrazaron como si no la hubieran visto en años, mientras que yo a un costado me preguntaba cuán pelotudo era por mantener la promesa de irla a buscar.

- Jimmy corazón, te dejo tres semanas y mirate. Estás flaco.

Las crisis, vio.

Más allá de las clásicas preguntas y respuestas, ella me dijo que logró una visita extendida del College de France -a mi me echaron diplomáticamente-, y que se tomó dos días para el Louvre.

- Ojala yo hubiera tenido ese tiempo - dije -. Te venís conmigo, ¿no? O vine hasta acá para ver cómo te llevaban tus viejos?

Me imagino que los padres Chejov no podían dejar que su hija arribara sola. Así que por más que Antonella les dijo que yo la iba a buscar, aparecieron igual. Tardamos unos venite minutos en liberarnos de los protocolos, y mientras ella le encajó a sus padres dos valijas me dijo que la llevara a comer algo de carne argentina.

- Azí ez Ezeiza - decía yo mientras manejaba-. Vamos lento porque estoy un poco derrapado de ayer.

Azí ez Ezeiza. Y qué ganas de irme a la mierda, pero no. Aquí estoy volviendo. Por un raje creo que me banco el pánico de los aviones y todo.

- Siempre de joda. Mirá- aprovechó la parada del peaje-, te traje algo.

Rápidamente descubrí que Chevoj me había traído Quadrophenia, edición especial. Tuve que confesarle que ella era lo más grande del rock, y que sobre todo un domingo de demolición, le daba esperanzas a una pequeña alma corroida. Y me comentó de fotos de un cadalzo que me iban a interesar, luego me enteré por qué: por Damiens.

- Así que mucha jarana, eh.

- No tanto. En verdad es mala época, menos mal que estás acá.

- ¿Que pasó?

Dude en decir, pero necesitaba hablarlo. Precisaba un oído, sobre todo femenino.

- Jackie...

- Puf, con razón. Tenés aspecto de no haber dormido...

- ¿En tres días?

Le conté a Anto los hechos. La conversación me mantenía despierto para no chocar ni hacer nada estúpido en la autopista como dar vuelta en U o esas cosas. Además de que tenía que dilucidar en qué miércoles de Liniers dar la vuelta para Saavedra.

- Tiene miedo - dijo Chejov-. Quizás tu forma de decirle las cosas no fue la más feliz, tenés que entender eso. Pero sí, ella no tiene derecho a meterse con esas cosas tuyas, que encima ya fueron. Ay chiquito, tenés una cara de terror. ¿Pero tan mal se lo tomó?

- Hace una semana que oficialmente no sé nada de ella.

- Relajate.

Silencio.

- Perdón, sé que es más fácil decirlo que hacerlo. Estoy en el limbo aún. Me da lástima, Jackie es intelingentísima, pero justamente ustedes dos comparten eso, ese miedo desmedido a ciertas cosas.

Quería que llegaramos a una parrilla y ver el partido. Sólo eso.

- Pero ojo, creo que está bien que seas honesto, Jimmy. Sólo trabajá en alguna forma más suave de mandar esas noticias.

No se trata de noticias si son cosas de ayer, che.

- ¿Y vos? ¿No te pusiste romántica en París con nadie? - pregunté ya harto del tema mío.

- Mmm, mirá...

Y ella contó lo suyo.

Snap

miércoles, 7 de julio de 2010

I
- ¿Dónde está Jackie? - preguntó Guy.

Refunfuñé. Tenía un mal humor de los mil demonios, mi objetivo era olvidarme de todo y embriagarme. Bataille iba de un lado para otro, preparando el teclado, disponiendo parlantes, acomodando alguna hoja con las letras. Tocaba su pequeña orquesta en un lugar muy paquete, en el cual me sentía peor imposible. Yo ya estaba hasta las pelotas de analgésicos.

- ¿Qué pasó? - insistió Guy -. Tenés una cara de los mil demonios. ¿Tan grave?

- Nada. Desacuerdos, esta vez me terminó acorralando con...

II
- Perdón, pero me sorprende. Me desilucionás -dijo Jackie de forma lapidaria.

Fantástico, era exactamente lo que quería escuchar. Repentinamente Jackie juzgaba demasiado para mi gusto, se metía con mi pasado y me acusaba por él.

- Todos hacemos estupideces, Jackie, ¿ok? Fue una etapa algo desordenada de mi vida, no entiendo por qué te lo tomás tan a mal. Tampoco es nada tremendo.

- ¿Tremendo? La verdad que no creí que vos...

Ni ganas de hablar del tema, che. Cuando me siento más libre lo digo así a la ligera -y me han acusado por ello-, pero en verdad es algo que pesa. Lo extraño es que no me arrepiento para nada. Me pasa con varias cosas que me han ocasionado problemas: sé que estuvo mal lo que hice, o que no era lo más adecuado pero debía hacerlo, sino jamás me hubiera sacado las dudas.

- Todo cambia, Jackie. ¿Vos jamás te pasaste de rosca? ¿Jamás hiciste algo que luego no podías creer? Es como cruzar la frontera de uno mismo, una forma de éxtasis, es increible lo que ocurre cuando uno mismo viola sus límites.

Jackie me miró fijo, no le causó nada de gracia mi explicación. Su rostro era una mezcla de depresión con enojo. Eso. Le daba bronca que yo era lo que era y que no me podía cambiar. Le daba bronca saber además que su enojo era infundado, porque yo por más historia que tenga, soy en la actualidad otro.

Y le duele. Le duele demasiado, es desmedido, según mi opinión. ¿Pára qué preguntó si no quería escuchar la respuesta? Lloriqueó un poco. Traté de abrazarla pero ella no quería, me alejó tajante, sus manos se clavaron en mi pecho punzantes. "Salí".

III
Cuando comenzó a tocar Bataille yo iba por la tercer cerveza, y discutía con Bob y Guy sobre el desempeño de la selección en el mundial, que justo ese mismo día había quedado eliminada. Gilles se rió por atrás, me dijo que estaba gritando, y que era un caradura por hablar de fútbol como si supiera. Y tenía toda la razón, claro.

Comenzó a sonar un tema de los Stones conocido, pero que no recordaba el título...

Por más que no había dormido nada, opté por salir. Para despejar mi cabeza, despreocuparme, olvidarme un rato de ella. Un fracaso total, he de decir.

Si hay algo que no comprendo es cómo Gilles maneja tan bien tantas cosas a la vez: charla con una amiga de Clarisa a la que le tiene ganas mientras la susodicha está en la barra comprando Speed con vodka. La toma de la mano, le está haciendo algún cuento de lectura de la palma, y que ve el futuro. Yo debo ser un ser muy simple que no puedo manejar las cosas así de lúcido.

Y yo me preguntaba que sería de Rousseau esta noche.

En un momento Deleuze nos llamó a Guy y a mi, para que nos unieramos a la conversación con Clarisa y sus amigas. Guy fue encantado, yo hubiera preferido que me dejaran embriagarme tranquilo.

- Chicas, él es el señor Debord, -presentó Gilles -, experimentado en las artes esotéricas y futuro ingeniero de última generación. Y aquí presente está Jim Bentham, gran cantautor y especialista en medios digitales. Se trata de dos hombres de vanguardia, cada uno destinado a disciplinas inconexas pero que logran conjugar con una pericia implacable, sobretodo después de unas copas.

La imbecilidad de Gilles es sencillamente genial, está muy por delante nuestro.

- ¿Cantautor? - preguntó una de las amigas de Clarisa.

- Sí sí, -contestó rápidamente Deleuze para no darme chance de echarlo a perder - Jim compone todas las canciones de su banda.

A Deleuze le encanta mandarme al frente, le encanta comprometerme. Por eso es verdaderamente más inteligente que yo.

Bataille era rock puro: tocaba con anteojos negros, mientras de vez en cuando sorbía un Jack Daniels y las luces violetas lo bañaban por completo. Estaban tocando una solemne versión de Comfortably Numb, de Floyd.

En algún momento apareció Jeremías, ese amigo de Jorge que a todos nos cae un poco mal y que casualmente porta un apellido similar al mío. Se presentó ante todos, con su cara redonda de afietada limpia y perfecta, su chomba celeste y sus zapatillas con wifi de última tecnología.

La cara de Gilles no logró ocultar su displacer: él ya había tenido un encontronazo con Jeremías, que desde esa vez era considerado persona no grata entre nosotros pero se lo recibía aún así de una forma "políticamente correta".

- Andás un poco ido vos eh, ¿Qué hacés solo? - me dijo Jeremías.

Caí en la cuenta de que seguramente él estaba desactualizado, y pensaba que la gran ausente de la escena era Bella. No me preocupé por aclararle nada.

Guy se compenetró en la charla con las damas, mientras que Deleuze pedía nuevamente una recarga de vodka.

- Pues sabes tu, un día ellas te pasan factura por tu pasado y pafate - le contesté a Jeremías.

- Bueno, pero entonces buena cara. Estás libre hoy, mirá que bien acompañados que los encontré.

- Claro. Igual estoy tranqui. Respeto, vio.

- ¿Respeto? Tu novia salió por ahí y se garcha a otro y vos hablás de respeto?

Snap.

Cuando me di cuenta había empujazo a Jeremías, puteándolo. Este reaccionó alejándose levemente, al cántico de "¿Qué te pasa, tarado?", mientras Guy se daba cuenta de que algo pasaba.

Nos paramos como quien se va a trompear, de tal forma que Bataille y los suyos hicieron ademán de deneter la performance justo en un tema que no recuerdo porque no le di pelota porque estaba ocupado mirando con odio al boludo de Jeremías.

Gilles y Guy se pararon también, y vinieron a "retenerme" mientras no sé quién hablaba con Jeremías para intentar calmarlo. Al pedo, porque ni él ni yo nos ibamos a las manos, es sabido. Clarisa y sis amigas observaban probablemente indignadas por nuestra reacción de pendejos.

- ¿Qué pasó? - dijo Guy. Luego se dio vuelta para chequear el status de Jeremías.

- El estúpido ese dijo pelotudeces, eso pasa. Ya fue.

- ¿Ya fue? Decime que lo agarramos - acotó Gilles que no se bancaba ni un gramo al otro.

- En serio, no pasa nada.

- ¿Qué pasó? - repreguntó Guy.

No quería decir nada porque me daba cuenta de que todo era una tremenda pelotudés, que al fin y al cabo el estúpido era estúpido pero yo había reaccionado mal. Pero me insistían.

- Sólo dijo una boludés sobre Jackie - confesé.

Eso. Escucho eso de un pelotudo y me imagino a Jackie y evidentemente me salta la térmica. Anto dice que así pasa, soy como un jueguito a veces, apretan dos botones y chau, me pasan cagadas, siento cagadas y hago cagadas.

Si Jackie hubiera visto la escena hubiera sido genial, le hubiera dado más excusas para enojarse. Hubiera justificado aún más sus miedos y pánicos. Todo porque yo me decido a lucir mi estupidés de lujo.

Expliqué con mayor precisión los dichos de Jeremías. Guy dijo que no era para tanto, Gilles opinó que el tipo era un idiota. Pero por votación unánime se definió que no se puede andar empujando a la gente así, porque agita las cosas.

En ese momento sonaba All of my love, cover de Zeppelin.

IV
- Tengo bastante energía del odio - le dije a Bataille cuando me dijo de manejar su camioneta porque él tenía un pedo atómico.

Guy se subió atrás, acomodado entre el teclado y dos amplificadores. Bataille se sentó en el asiento del acompañante, diciendo "dale, no tenés rock". Pasaron dos viejas paseando al perro -¡a las dos de la mañana!- y les gritó "¡Montoneraaaas!", mientras yo arrancaba.

- Che, es para la derecha - dijo Bataille.

- Izquierda - dije yo-.

- Doblá a la derecha, mierda. Es para allá porque el Zoológico está para allá. Vamos.

Doblé a la derecha, aunque era obvio que debíamos ir a la izquierda.

- Che, creo que es para el otro lado - dijo Guy un con aires de irse a dormir.

Bataille se había dado cuenta por el puente que cruza sobre avenida Córdoba.

- Lo arreglo fácil.

Di una vuelta en U en pleno Juan B. Justo, con la impunidad clásica de la que alguna vez fui dueño. Un auto tocó bocina, otro auto pasaba en el carril más cercano a la vereda contraria y quizás nos haya visto cuando lo saludé.

Bataille me miró. Guy se despertó diciendo "¿Qué hacés animal?".

Me reí. Recordé que en parte romper las reglas me aliviaba. Aunque se tratara de estupideces, me aliviaba. Romper cosas me aliviaba, ir contra algo. Me falta motivación, parece. Nuevamente: si Jackie me hubiera visto, más justificaciones para ella.

- Cheeee, Guy, ¿no querés manejar vos?

Insomniacs

miércoles, 30 de junio de 2010

Yo dab vueltas y vueltas. Ella dormía, pero yo no me acostumbraba a la habitación y mi cabeza iba a mil. Que iba a ocurrir eso era más que predecible. Opté por levantarme y navegar la Wikipedia (hábito del que reniego, pero me divierte ir navegando de un enlace relacionado a otro). Extrañaba mis libros, mi equipo de música, mi laptop que me permitiría navegar recostado.

Evidentemente ella sintió mi ausencia, porque a la media hora aparecio semi despierta.

- Aló, ¿qué pasa? ¿No podés dormir?

- No - respondí -. Es raro porque no estoy nervioso ni nada, pero mi cabeza está muy alerta, digamos.

Jackie se sentó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro.

- ¿Estás preocupado?

Contesté que no, pero era evidente que sí. Aunque no tuviera en claro mi preocupación, algo me molestaba y no lograba distinguirlo en el fondo. Le dije que no se prepocupara, que como ya sabía, yo soy insomne.

- ¿Lo de Justine te descolocó? - siguió indagando Jackie.

- Maso. Por un lado no me sorprende, por otro lado no sé...

- No terminaron muy bien ustedes. Bah, me parece que hablan el uno del otro como una especie de molestia.

- No terminamos mal, pero luego la relación pos relación se fue degradando digamos. Igual es buena chica, aunque tiene sus mambos. Pero ¿quien no los tiene?

Jackie me miraba. Probablemente la noticia de Justine me hubiera generado algo de ansiedad. No por nada en particular, pero si uno comienza a recordar un monton de cosas, como cuando ella y yo nos tirabamos a mirar pájaros en Plaza Francia o ella llegaba tarde de trabajar y yo la recibía con la cena casi lista.

- Pero igual no es eso. Creo que entre el trabajo, las clases y otros yuyos estoy medio tenso.

- Mmmm, sí - dijo Jackie mientras posaba nuevamente su cabeza sobre mi hombro y cerraba los ojos-. Tenés que relajarte más, hacer más cosas que te gusten. Te quemás demasiado con el trabajo, no lo hagas que para eso estoy yo.

Sonreí un poco. Ella se "despertó" y me miró.

- Hey a mi también me cuesta dormir.

- Vos dormís re bien che, callate - contesté medio risueño -. Me robás sábana.

- No no, recién estaba dormitando. Me di cuenta que te levantaste. Y lo de la sábana es que...

Era cierto que Jackie dormía menos que la media: Bella, Male y Justine no tenían ningún problema en plancharse toda la noche tranquilas. Incluso yo llegaba a despertarme varias horas antes que cualquiera de ellas. Esto de que alguien me siga de toque, o encima se levante antes, era nuevo.

- Bueno, ¿y entonces te ponés a ver la Wikipedia? Siempre refunfuñas por esto vos, qué raro. ¿Quién es Keith Moon? - dijo al ver la página que navegaba -. Podríamos aprovechar que estamos despiertos y me explicás lo de los archivos comprimidos.

tuve que explicarle cómo se parten los archivos, las claves, etc. Se ve que eso nos dispersó, porque tardamos treinta minutos en irnos a dormir y caer rotúndamente en un pausado sueño de seis horas.