Supongamos que nos invitan a una fiesta de casamiento miti judio miti cristiano. Supongamos que llegamos tarde, porque antes nos juntamos en mi casa y vos empezaste a tomar licor de melón. Además, supongamos que cuando llegamos nos encontramos con Guy que estuvo de colado en toda la ceremonia y además cenó de garrón "pollo al champignon, buenísimo".
Supongamos que ponen la canción esa del panamericano. También, podemos barajar la posibilidad de que cansado de esperar al barman, yo mismo me haya adueñado de la chopera para servirme mi vaso. Porque antes, probablemente haya probado uno de los peores destornilladores del mundo, y debido a tal infracción haya retornado a mi bebida natal.
Y entre tantos supuestos, cabe la posiblidad de que vos hayas terminado en mis brazos porque no te podés mantener parada, y nos hayamos sentado en los sillones de un costado. Mientras todos bailaban, supuestamente yo podía hacer lo que quería con vos, porque estabas más detonada que Hiroshima.
Ahora bien, no sé bien qué suponer sobre la cuestión de por qué no te di un beso cuando estabas completamente a mi merced. Elaboré una serie de teorías al respecto -digo, ¿cuando no?-, en las que se supone que yo no me aprovecho de nadie, que prefiero tener el completo acuerdo de la otra persona, o...
En algún momento de la noche, Guy me increpó: ¿Y? ¿Le vas a dar pelota o no? Hoy te la ganás.
Pero creo que no... Si bien he de admitir que ella estuvo muy al pendiente de mi volátil estado de ánimo estos días, y he de admitir que cuando uno anda inestable entonces necesita cariño, y que ella es una fuente de eso, mi cabeza no estaba de acuerdo en llevar las cosas acabo así.
Diría Guy: Está con vos. De fi ni ti va men te no es tu a mi ga. Tampoco la estás violando, che.
Eso, ella en mis brazos, ojos cerrados, se sonreía de a ratos. Me decía cosas como "¿De qué color es el techo?" o "Pa panamericano... ", mientras yo le decia a todo que sí. Un breve momento me retiré a la barra a traerle un vaso de agua, para que ella dijera "pero, ¿y tu cerveza?"
Y acotaría Guy: Te hacés demasiado drama. A vos ella te gusta. Quizás no para casarte, pero el tema es que te tomás todo demasiado en serio. Podrías aprovechar un poco de atención femenina, que a todos en algún momento de nuestras vidas nos ha hecho falta.
Porque siempre, en algún momento nos falta. Como en ese momento faltaba que bajaran el volumen, o faltaba que me trajeran mi vaso de cerveza porque no sé dónde andaba, o faltaba que ella no me tome por la cintura apretándose contra mi pecho. Y faltaba que ella me pidiera "¿Porfa, me acompañás al baño?"
El momento glamoroso de la noche: yo llevando a Betina de la mano, sosteniéndola por el salón, atravensando las mesas y esquivando las sillas -que evidentemente la atacaban-, todo para dejarla en la puerta y que dijera "Chaucito. Esperame eheeee".
Y los hechos, más que los supuestos, son que estaba yo esperando a una chica hiperquinética pasada de copas en el Golf Club de Villa Adelina, con Guy que se preguntaba si realmente yo era idiota y yo preguntándome por qué realmente soy un tipo tan estructurado.
"Hola, volví", dijo risueña ella. Y otra vez la odisea de atravesar el salón, abrazado a Betina. Saludamos a mi ex jefe, que ahora debe pensar que comploto con ella para destruirlo. "Así que ustedes dos andan juntos", debe haber dicho. Y yo, preocupado como buen imbécil, "no, señor, no es lo que usté piensa".
Nuevamente en el sillón, Betina me preguntó si yo tenía novia. ¿Qué más me faltaba? Eso, que quisiera bailar. Fue como si ella se revitalizara ebriamente para sacarme a bailar en medio del carnaval carioca. Elal con peluca celeste y sombrero de bruja. Yo con las orejas de Shrek y un garrote inflable.
Y será que a mi me gusta quedarme con las preguntas porque no me banco las respuestas, pero entre danza y danza no hubo más que alún roce y algún abrazo, alguna mano que se deslizaba por la espalda del otro y siempre la sonrisa implacable de los dos. Mientras alguno de "los otros" observaba de reojo cuando nos ibamos a dar un beso, yo pensaba si realmente estaría genéticamente impedido para aprovecharme de una chica en pedo. Yo me aprovecho, pero no en estas circunstancias che. Me gusta más la labor psicótica o alguna oportunidad de quedar mal frente a alguien muy lúdico. ¿Pero así?
Diría Guy: Así uno se la pasa, así uno conoce gente, así uno se manda cagadas, así uno se caga de risa, así uno después no la mira a la cara al otro día en la oficina, así uno después se despierta con ella al lado. Es así como uno improvisa, es así como uno anda en cualquiera, es así como uno se lame las heridas. Porque uno puede y debe permitirse estas cosas, sin culpa.
Aclaré que yo no tengo culpa.
Él desaclaro el asunto, pues invocó "¿Qué mierda te importaba si ella estaba en pedo o no? En definitiva, estaba con vos".
Y yo desaclaré otro poco: "Se me ocurrió que estaría mejor vernos en otro momento, ella no en pedo y yo no atajándola por el salon".
Guy desaclaró más: "¿Podés tratar de no planificarlo todo? Justamente, hoy era la chance... Ahora ella está sobria y se piensa que vos tenés cero onda con ella".
Claro. Ahora estamos en una mesa vacía del salón, porque casi todos se fueron. Betina se ríe de los chistes que hace un desconocido que quiere levantarsela y yo charlo de a ratos con Guy, de a ratos con otra gente. Y de los abrazos que desperdicié ya no queda nada, y al otro día me levantaré con un corsódromo en la cabeza y la pregunta de "¿Qué mierda me pasa?"
Esquivando el salón
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Reciclar
Y tengo esa sensación de avanzar para siempre llegar al mismo lugar. También, estos últimos días estuve muy ciclotímico: de triste a desmotivado, pero pasando por lo alegre. Esa alegría que uno reconoce como infundada, sin motivo. Recuerda las cosas que lo hacen sufrir pero es como si no las viviera.
Siete días sin saber de Jacqueline Rousseau, y la verdad es que pensé en llamarla. Pero soy demasiado orgulloso.
Y ella debe estar triste. o no. Quizás no le importo tres carajos. Y de todas formas, tiene a quien recurrir. Seguro alguno de sus mil amigos se le tira encima.
En este living hay humo. Y me tengo que acordar de olvidarme de llamar a Jorge, por lo de la heladera.
Menos mal que la vieja de abajo no destruye mi paz con sus ruidos molestos. Y menos mal que recordé poner la música más baja. También, menos mal que recordé devolverle a Jackie su libro de García Márquez -aunque según ella me lo podía quedar, porque ella no es fan-, así no le quedo debiendo nada. Ni hace falta que me llame para nada.
Che, teníamos que ir al teatro el domingo, a ver la obra de Rose. ¿Se cancela eso?
Chejov dice "es la primera vez que te dejan. Suena terrible al principio, lo sé. Uno se siente cómo el orto Pero te vas a poner bien y vas a conocer a otra y te va a gustar". No sé cómo, pero logró que me sonriera con lo de "otra".
Cerrar los placares no tenía sentido. Siempre uno los termina abriendo para buscar algo que tiene perdido. Además, era un gran tema de conversación con ella, que decía que acá no se podía estar y yo usaba esa discusión tonta en la que le abría nuevamente los placares, para seducirla. Ahora creo que cerrarlos da un aspecto de amplitud al ambiente, y el orden no está mal.
ARPANET es el proyecto militar del que luego surgió Internet. Recordé eso y lo anoté, porque si bien no tiene que estar necesariamente, quiero darlo en clase, sobre todo porque ahora puedo quedarme hasta después de hora total nadie me espera a la salida.
Igual, vos te ponés mal con estas cosas, se den como se den -recordó Chejov-. No sos del que sale a romper todo y le tira a todas, sos más del que le agarra la depre y se encierra. Si te digo que te tomes las cosas más a la ligera, estoy diciéndote una burrada, dirías vos.
Perdí el apetito unos días. Y mañana tengo que ir al médico, en una de esas se piensa que mi problema es nutricional. ¿Te imaginás todo esto por no comer las suficientes verduras?
A reciclarme un poco en la detox, che.
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Etiquetas: estupidos
She´s leaving
Ocurrió en el Burguer King de Maipú:
- Jim...
Algo presentía, claro. Ella y yo somos como una especie de montaña rusa de intensidad variable, pero últimamente todo venía sintiéndose plano, carente, inmutable.
- Jim... Creo que necesito estar sola.
La previa con ella había sido tajante. Me devolvió el libro de Sibilia casi antes de decirme hola, su beso fue express. Había en ella algo de inmanejable, que la trascencía, que era mío pero debía dejar de serlo.
- Ajá... - contesté con tosquedad-.¿Qué te está pasando?
No me hacía falta ahondar demasiado en sus palabras. Tampoco sentía la necesidad de hacerla explicarse con respecto a mi, pero si una curiosidad de ver en detalle su microcosmos actual. Soy prescindible, ya lo sé, pero eso no me quita ese interés por Jackie.
- Creo que no sé, me desgasté. Nos desgastamos. ¿No tenés esa sensación de que somos demasiado iguales? Racionalistas en rehabilitación. Con diferentes matices, somos lo mismo, quizás eso me terminó apabullando. Y no sé qué voy a hacer porque demostraste ser una de las personas más comprensivas que he conocido.
Me sorprendió esa afirmación de su parte. Este es el momento donde una mujer pregunta "¿te enamoraste de otra". Ridículamente me reí de eso, pensé que aunque ella estuviera enamorada de otro, no era lo que me interesaba saber.
- Tenés miedo - le dije-. Quisiera poder ayudarte pero sé que no.
- ¿Cómo estás vos?
Eso si me pareció una pregunta pelotuda, decidí no contestar. Simplemente tomé lo que me quedaba de Coca, me quería ir del lugar. Ella me tomó de la mano y la retiré.
- No, porfa no te pongás así - me dijo-.
Recordé que Anto dice que me pongo despiadado.
- No hablás y no sé entonces qué te pasa y me preocupás.
¿Cuánta sorpresa había en eso? No puedo decir que no advirtiera cierta falta de emoción. Así como fui protagonista de las intensidades, soy testigo de mis inmutabilidades. Creo que tengo la culpa de todo esto, ¿no?
Dije eso último.
- No, no creo que sea culpa de. Somos dos personas diferentes, pero que nos resultamos demasiado iguales, casi una redundancia. Venimos de lados diferentes pero somos vos y yo y... no sé, preciso más espacio. No es que vos me lo hayas quitado, sino que necesito estar por mi cuenta. Y es contradictorio porque te voy a extrañar y cuando lo pienso me angustio...
Y decidió arbitrariamente ponerse a llorar.
Los dos quizás nos preguntábamos lo mismo: Ahora quién se va a bancar nuestro mal carácter, quién se va a bancar nuestras manías, con quién nos vamos a quejar, quién nos va a decir que todo está bien y que solo necesitamos respirar. Respirar, ese es el truco, ¿verdad?
- Perdón Jim.
- ¿Perdón por qué? - dije con una depresión que me inundaba por completo.
- Quisiera que no te duela, si yo significara nada para vos ahora sería genial.
Mentira. Tan grande como una casa, pues si yo le dijera que no me importa y estuviera intacto ella se sentiría más irrelevante de lo que se siente, no creería en nada de lo que ella y yo creemos mágicamente, por más que somos dos racionalistas.
- ¿Cómo estás? - repitió su pregunta.
Puso unos ojos tristemente hermosos. Sabía que ella se moría por prender un cigarrillo pero no se animaba. Quizás ridículamente pensaba que con eso me haría enojar.
- Hablame...
"Te aburriste de mi y ahora pensás que en una de esas lo que diga te va a divertir", pensé en decir. Hubiera sido demasiado, hubiera estado mal. En un acto de lucidez, aunque no lo crean, no dije lo que se me había pasado por la cabeza.
- No te preocupes, me imagino que todo estará bien - dije por decir algo -. No es tu culpa ni te sientas mal, quiero que estés bien, creeme.
- ¿Me puedo sentar al lado tuyo?
Un signo de temor es cuando te piden permiso. La pregunta era pertinente, pero el tono la delataba. Un "no" o un "sí" de mi parte no haría diferencia y sin embargo ella preguntaba. Asentí con la cabeza.
Se sentó al lado mío y me puso la cabeza en el hombro. Su mirada ausente quizás chequearía en el panel superior de las cajas el precio del Whopper.
Si hubiera tenido que musicalizar el momento, hubiera elegido Bewildered by the city.
Me miró desde abajo, desde mi propio hombro. Yo no quería mirarla. Era como si la ignorara. Miré por la ventana un poco, los autos que salían del automac -o auto burguer, como se llame-. Ella me invitó a voltear mi cara para su lado, y me dio un beso. Uno de los más tristes que me han dado.
La acompañé hasta la casa, aunque ella no quería. Llamenló obligación machista o como quieran. Ella de vez en cuando me miraba, pobre muchacha. No sabría qué hacer con un tipo callado a su lado toda la caminata.
En la esquina de su casa, en la cuadra esa que supo estar cerca de mi casa de Olivos y en la que seguramente anoche se estacionaban algunos pibes que salían de bailar de Sunset, nos despedimos. Hubiera dicho sencillamente "chau", porque soy un tipo carente de todo sentimiento cuando quiero, un freezer o un iceberg. Pero ella me abrazó y me dio un beso largo.
Recién ahí pude irme al carajo, como había querido desde hacía una hora. Me pregunté si tendría en casa toda la química necesaria para sobrellevar esto, pues me haría falta. No tenía ganas de recuperar a mi viejo enemigo, el insomio.
Publicado por T. en 4:24 0 comentarios
VosTubo
I
Ambos coincidieron:
"Realmente te crees tan especial?
II
Uno de los últimos deseos de Bentham, antes de dejar su trabajo era asistir al lanzamiento de YouTube Argentina. No por que le gusten los eventos (señalados por este tipo como "gilada"), sino porque era de las últimas veces que podría asistir. Si hay una teoría que siempre se cumple en la práctica para ese sujeto, es la válvula de espace bajtiniana.
El especimen en cuestión se encargó de robarse remeras del merchandising del lanzamiento de YouTube. Remeras que no le interesaban en lo más mínimo, y con las que pretendió pagar un BigMac. Luergo caminaba a altas horas de la noche exclamando "¿Para qué mierda quiero tres remeras de YouTube?". La acción no había tenido sentido alguno.
Ante tal hecho, al ser indagado, el sujeto explicó:
- Tenían muchas remeras. Había que llevárselas. Luego uno ve si sirven o no.
También, el señor Bentham incurrió en otra discusión con un barman, acerca de la cantidad de consumiciones que el primero había pedido. Una semana antes, un altercado similar ocurrió en la fiesta del IAB (Internet Agency Boreau), debido a que Bentham y Debord ingresaron con bebidas al Hotel Hilton.
- Se trata de dos casos similares pero de naturaleza diferente. En el segundo caso, el más irrelevante pero que terminó siendo más polémico, sencillamente el tipo no me quería reconocer que yo tenía nueve consumiciones cuando lo permitido por persona eran tres.
Al rescuchar este argumento, ella dijo "qué pelotudo".
- En el primer caso, que fue más aventurado pero pasó más desapercibido, el tema era que no liberaron las cervezas hasta las nueve y media. Y los idiotas solo daban Fernet. ¿A quién se le ocurre semejante burrada? Entonces nos arreglamos nosotros.
El resultado fue una foto de Jim y Debord, quien tenía su zapatilla izquierda en la cabeza. La foto la sacó Brecht.
Hablamos de un sujeto que realiza -sin un claro sentido del "para qué"- una serie de imbecilidades sin sentido, nimiedades que le ayudan a sobrellevar lo escaso de su existencia, su insoportable levedad del ser. Un sujeto que termina grabando cuasi ebrio un video desde las cabinas de upload de YouTube, y decide epilogar la cinta con "Gracias, sanguche". Aquel video que fue grabado bajo el nombre de Microsoft Latam, en el que Bentham & Cia. hacen una coreografía bastante ridícula.
- Fue mucho mejor que los saludos de "Bienvenido YouTube Argentina". Parecían todos idiotas mandando eso.
Efectivamente, tal especimen encontró divertido utilizar un nombre que no le corresponde. Eso trajo problemas con el ahora ex jefe de Bentham, porque se tomó a mal que hubieran subido un videito en nombre de un cliente suyo en el cual hablaban de "un sanguche de milanesa que hubiera sido una gran persona, quizás hasta presidente".
- Se tomó las cosas demasiado enserio. Arrancó con su teoría del complot.
III
Dos días antes del "Termination Day"*, un día después de los eventos de YouTube Argentina, la charla entre Bentham y su jefe fue:
- El videito ese les habrá resultado gracioso, pero me molesta que usen el nombre de mi empresa para poner ese tipo de cosas. Y peor si encima le adjudican a un cliente el contenido.
- Tantas cosas hay molestas. Es sólo un video, y ni que hibieramos hecho nada desagradable.
- Se trata de la forma en que tratás las cosas. Vos sos un tipo muy inteligente, muy capaz, pero de repente hacés estas cosas.
- ¿Tan preocupado por tu imagen estás?
- Te tendrías que haber dado cuenta que acá la imagen pesa, y mucho.
- Claro. Ciencia ficción.
En una amena y áspera charla, ambas partes acordaron que no había acuerdo.
- La verdad, no entiendo por qué el miedo. No incendié nada, no destruí la reputación de nadie, no estoy haciéndolos quedar como el orto con ninguno, de hecho estos últimos días me ocupé bastante de dejarlos en orden...
- Sencillamente no entendés...
IV
- Hoy no tengo ganas...
- ¿De?
- De lidiar con tus mañas, por favor. Entiendo todos los cambios que estás pasando, pero necesito que no hagas cualquiera ahora, que no intentes "desestructurar a la gente".
La discusión había surgido porque la mejor amiga de Jackie se enojó con Bentham. Y el enojo había surgido porque Bentham comenzó con sus hipótesis sobre la inexistencia del colesterol, y la muchacha tenía problemas cardíacos por tal motivo. "El colesterol es sólo una cuestión de creencia". El speech cayó mal.
Tan mal que Beatrix, la amiga de Jackie, se levantó y se fue para la otra punta del living.
Jackie observó a Bentham con una ráfaga de odio. "Dude, no te metas con la mejor amiga de tu novia", hubiera ducho Bataille.
- Bueno, ya fue Jackie.
- No, no fue. No es sólo eso. El otro día también estabas diciendo que hoteleria era un hobbie y no una carrera. Y también, la gente se lo toma a mal.
A Bentham lo atacó la idea furiosa de que Rousseau se preocupaba demasiado por el que dirán, sin reparar demasiado en el stress de la dama. Los dos que no se hablaban repetían el error pero de una nueva forma, superponiendo palabras sobre el silencio del ruido. It all adds up to:
- Ok, Mañana no voy a lo de Deleuze.
- Ajá - contestó Bentham.
- La verdad, no estoy de humor.
- Ajá.
- ¿Te pensabas quedar acá esta noche?
- Olvidalo. Lo último que necesito es que me eches. Me voy solo.
--
*: Denominación elucubrada por Bentham para denominar su cese laboral.
Publicado por T. en 23:53 0 comentarios
Leaving song, pt3
Porque irse de los lugares no siempre es fácil. No siempre se trata de sencillamente desaparecer y tirar una bomba de humo, desconectarse instantaneamente. Dicen que puedo ser un tipo frío, un "freezer" (Bella dixit). Y sin embargo cuando uno cambia de trabajo, siento toda una burocracia del abandono funcionando.
Así fue como nos quedamos con Guy planificando alguna vez una de mis últimas campañas, en claro estado de ebriedad, pero que resultó en una gran idea. Y menos mal que chequeamos la redacción de los documentos al otro día.
Más recientemente, Betina dijo "al fin!" al enterarse. Me mando a actualizar rápidamente mi LinkedIn y mi Facebook, porque según ella ahora hay que tirar la data más actualizada online. "Dale no seas salame", dice Brecht, omitiendo mi relación amor/odio con lo que hago.
En plena pelea con Jackie -se enojó porque no fui a almorzar con sus padres. Tiene algo de razón-, en el teléfono, le conté. Logré que se ofenda porque no le había comentado nada del cambio. También, tiene razón.
Entonces cuando uno está de salida en un trabajo, está entre cosas: por un lado todo ese futuro que se vendrá y que uno desconoce, y por otro lado, disfrutando de una nada hermosa, de una oficina que ya no es propia. Uno logra tomar una distancia de los problemas, ponerse en perspectiva.
- Total, vos ya estás afuera -me dicen mientras cae otro problema gran gran-. Lo que me preocupa es quién va a encargarse del Illustrator.
Illustrator, es una preocupación mayor. Y yo me pregunto quién hará los emoticones ahora en la oficina, porque hay que seguir haciéndolos. Contribuyen al clima laboral, lo juro.
Chejov esbozó una sonrisa al enterarse. Porque yo me enteré que en donde trabaja ella están buscando líder de redacción, y ella me iba a proponer a mi.
- No sabía. Pues, creo que he desbaratado tus planes.
- Lástima, pero te felicito. ¿Me llevás contigo?
- Me encantaría, pero no creo que aún tenga ningún tipo de poder de decisión sobre a quién traer y llevar. ¿Lo discutimos en un martes de Opera Rock?
- Encantada.
Rousseau está hablando demasiadas pestes de la directora. En una de esas, si ella es tan parecida a mi en eso, termina cambiando también.
- Es una cheta reventada - dijo Jackie-.
"Reventada" es una palabra que más de uno me ha afanado.
Y los amigos siempre están dispuestos a festejar, aunque no comprenden el ritmo al que he venido trabajando. Jorge dice que eso de que no duermo es cualquiera y Gilles que me preocupo demasiado. Y el maldito de Rolland, de viaje.
- En una de esas volvemos a trabajar juntos - dijo Guy-. Es un mundo pequeño. Recordá que ya compartimos trabajo en dos ocasiones.
Es cierto. En ambas ocasiones Guy tuvo que ver cómo me iba. Una vez fue como se debe. La segunda, asistió a un relámpago revolucionario. Y ahora, que lo miraba por tv, se trataba de una batalla política entre mi jefe y yo:
- Te crees el inventor de la dinamita acá, Jim. Pero acá somos todos los que trabajamos para mejorar las cosas.
Cuando me preguntan qué característica mía debería cambiar, contesto "la soberbia".
- Sos bueno en lo que hacés, pero tenés algunos issues con la autoridad.
No es para tanto, che. Pensá que no inicié ninguna revolución ahora, ni una revuelta, ni un cirquito. Tengo mala fama nomás.
Hacerme mala fama es una especied e hobbie que tienen Jorge, Gilles y Guy, para molestarme.
- ¿Cómo es que Bella sabe? - inquirió Gilles-.
Esa es una historia esporádica: me la crucé justo cuando iba a hacerme los malditos exámenes clínicos. Increiblemente charlamos como si nada. El 152 es un escenario curioso para charlar con juna ex.
And now, deeper into de wolves jaws, my friends...