Los hospitales psiquiátricos son hospitales, pero un tanto más tenebrosos. Jamás pensé que hubiera un ambiente tan gris como un hospital, hasta que ingresamos a mi madre a una institución mental.
Se trata de lugares donde algunos de los enfermos se les permite deambular libremente. Hasta tienen sus habitaciones. "Ella es Celina, intentó cortarse las venas", así te presentan a la roomie. Se trata de enfermos "que sólo representan un peligro para sí mismos".
Cuando mi madre ingresó allí, fue todo un verdadero choque para nosotros. Yo había sido enemigo de esa idea hasta que agoté todas mis opciones de diálogo. Con Jacke nos decíamos que nuestros padres estaban locos. Cada uno tenía sus motivos para hacer suyo ese slogan. Pero realmente cuando te quedás sin armas, realmente ese es el momento en el que te das cuenta de que no podés, de que no das a basto. Y el curso de las cosas se tuerce tanto que terminás haciendo es contra lo que te oponías.
Ingresó de buena voluntad un martes. Su psiquiatra la derivó luego de un ataque de pánico que terminó con su mano quemada por tirarse una olla de agua hirviendo y una silla rota. Ingresó en silla de ruedas, con la mano vendada y sonrisa de empastillada.
Entonces me toco verka cuando entraba a ese hospital, que uno de los enfermeros la llevaba y le hablaba. Ella era una nena. Se había encargado de cortar los lazos con la realidad, o lo que sea que es esto que nos rodea y tenemos en común.
Mrs. Robinson. Una especie de mujer desvalida que no encuentra su lugar. Aprendí a tocarla en el ukelele, en una versión más lenta, más... melancólica. Me hubiera pasado horas tocándola en esos pasillos.
Sus depresiones crónicas la volvieron intratable y demandante. La amargura, que le nacía desde adentro. El desgaste que nos impusimos. Todo. Entonces te das cuenta de que no hay vuelta atrás, que ese atrás generó ese adelante que ahora es un pasillo con gente en batas.
Estaba tan lúcida que cuando la hicieron firmar, lo hizo sin problemas. Porque su enfermedad, estoy convencido, era el miedo. El miedo a hacer todo. Lleva años replegándose, era obvio que terminabamos en esto.
Según Rolland, este tipo de lugares lo único que hacen es posponer la realidad.
Que tu madre desde hace años que venía así. Mi padre entre lágrimas no se podía explicar cómo aquella chica de veinte años tan bonita, había devenido en esa otra mujer que se encargó de desequilibrarnos a todos.
Me gusta pensar en Mrs. Robinson como la versión "pintorezca" de mi madre. Preciso conservar algún sonido bello, porque si me quedo con las imágenes, los pasillos del hospital son terribles.
Here´s to you, Mrs. Robinson
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Etiquetas: estupidos
El efecto Amelie
I
Verán, queridos amigos: el efecto Amelie es inescrutable, su mismo poder -tan revolucionario como temeroso de sí mismo-, es la causa de su debilidad. "Magnifique". Cualquier cosa que les pudiera decir Betina al respecto, sería mentira: que es aburrido, que es una cosa de nenes, que se trata de una novelita de tórtolos. Cualquier cosa que les pudiera decir su servidor, les sonará demasiado "celebratoria". Los medios y fines de Amelie van más allá de las lecturas edulcoradas.
Lo siguiente ocurrió varios años atrás, pero recién hoy encontré las ganas para ejemplificar todo esto, para dejar caer las palabras y...
II
"Simple y sencillo", era la nueva frase de Allen. Era la fórmula con la que él decidía las cosas de buenas a primeras, porque suele dar vueltas. Que a donde vamos, que te parece, a vos que te viene bien, que te queda más cerca, eso. Pero cuando definía rápidamente, utilizaba fórmula: simple y sencillo.
Entonces: "Simple y sencillo: venite y la vemos en casa". De esa forma él me invitó a ver Amelie, cuando descubrimos dos hechos:
- Que ni él ni yo la habíamos visto en el cine, porque eramos tontos y la habíamos desestimado.
- Que los dos pensábamos que era genial y era su ejemplo constituía un pequeño sistema filosófico que nos habíamos formado.
Ante tal asunto, y hablando al respecto, surgió. Era esa época donde resultaba evidente que nos teníamos ganas y no nos animábamos. Quizás el hecho de que yo fuera pariente de un gran amigo suyo motivaba su mutismo -alco que me confirmaría a medias meses después-. Y yo de él entenría poco y nada, en un principio me había parecido un tipo tremendamente sobrebio, que intantaba sobresalir todo el tiempo con sus chistes lúcidos.
Pero entonces, dejando ya todo eso de ladi, fui a su casa.
Me recibió con una tarta de jamón y queso, porque en esa época era más rústico de lo que es ahora para la cocina. Estaba buena.
En el sillón, ocurrió uno de mis primeros encuentros con sus mañas. Él vio cómo yo me ponía mis anteojos para poder ver la película y dijo "ok, si vos usás yo también!" y fue a por los suyos. Eso me dio letra para el siguiente año y medio criticarlo por su negación a la utlización de gafas.
Pero bueno, vamos a lo que interesa. Vimos la película y él me comentaba sobre la habitación de Amelie y cómo era el efecto visual, caricaturesco, de dibujo animado. Y yo me preguntaba qué ocurriría esa noche, si el sofá sería un buen lugar para darnos un beso y si el apoyabrazos sería incómodo para apoyar mi cabeza mientras el me miraba de cerca sonriente.
El el momento en que Amelie no se anima a abrirle la puerta a Nino, no sé cómo, pero terminó tomándome de la mano. O yo le agarré la mano a él, y entonces él me miró y yo lo miré de vuelta. El se perdería en explicaciones e hipótesis, pero yo por mi parte prefiero presentar la sencilla fórmula de "nos tomamos de la mano". Son de esos momentos en que sabés que está todo dicho, pero ahora, hay que hacerlo.
Fue caricaturesco. Eramos dos nenes. Ambos queríamos estar juntos, pero nos daba vértigo. Pasamos el final de la película inmóviles.
III
Digamos, sinceramente: uno no puede ver Amelie y que no pase nada. O sea: no da ver Amelie de a cinco amigos. Uno la ve solo para reformular, claro, pero más vale verla con la persona con la que va a terminar a los tortazos. Y es eso, simple y sencillo.
Por otro lado, supongamos: si ella acepta ir a ver esa película a la casa de él, y ambos saben de qué se trata, es evidente que se tienen ganas. "Da para darse", si quieren tomar la frase de Kusnetzoff.
Entonces, el momento experimental entre dos sujetos:
IV
La primera "cita" que tuvimos ocurrió así. Yo ya lo conocía, claro. Pero, ¿cómo aceptar una primera salida a la casa de él? Lo pienso y me da risa.
Cuando me besó estaban los títulos y era evidente que no teníamos que mirar la película sino dedicarnos a reconfortarnos. Son de esos momentos que uno no sabe de dónde surgen, pero cuando se me acercó yo le puse los labios por si acaso. Ja.
Fue bonito porque los dos habíamos visto a Amelie dar más vueltas que una calecita y nosotros estabamos en algo parecído. Aunque él sí me abrió la puerta y lo nuestro fue un poco más fácil. Nos conocíamos hace tan poco, pero yo estaba tan lanzada y me había molestado que ni hubiera pasado nada dos semanas antes, en su mismo cumpleaños. Bob hasta nos había dejado a solas bailando, yo le enseñé un par de pasos de baile. Me llevó a casa. ¿Y? Nada. Casi lo mato.
Pero me imagino que es mucho más pintoresco el beso en el sofá que en el boliche, claro.
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Sincericidios
Quizás crean que esto es una especie de repetición:
I
Entonces te pusiste pesado, dijiste que querías llevarte el cuadro. ¿Vos te das cuenta de que quedás como un pelotudo? No sé como conseguiste que te dijera que sí, que te iba a ayudar a llevarte ese cuadro del lugar. No sé por qué te escuché, no sé por qué te seguí, no sé por qué incluso terminé siendo yo la que sacó el cuadro de su lugar. Todo para... ¿vos?
Cuando me sacaste a bailar ya el cuadro estaba oculto entre nuestras camperas. Vos te fijabas que nadie descubriera lo que teníamos ahí. ¿Sabés qué te diría su te dignaras a escucharme? Te diría que vos tenés una debilidad por mí, o algo, y no la asumís. Te diría que cuando me tomás de la cintura no lo hacés con inocencia.
Bajamos la escalera del lugar. Abrazados. Tenemos nuestros abrigos, que cubren el cuadro que nos estamos llevando. Como no se lo puede llevar uno, tenemos que esconderlo de a dos. Entonces dijiste "somos novios", para que podamos dramatizar el escape con tu preciado trofeo. ¿Tab fácil decís las cosas? No me gusta que me trates así, que me lleves así tan a la ligera. Buscate a otra.
Sinceramente, y por más sonrisa que ponga: creo que no tenemos nada que hacer.
II
Repertorio de la dupla Ukelele-Bentham, a la fecha:
1. Somewhere over the rainbow [Judy Garland]*
2. What´s up [Four Non Blondes]
3. Don´t look back in anger [Oasis]
4. Yellow [Coldplay]
5. Nada es gratis en la vida [Cuarteto de Nos]
6. Rise [Ed Vedder]
7. The kids are alright [The Who]
8. Live Forever [Oasis]
9. Black Hole Sun [Soundgarden]**
10. Stand By Me [Ben E. King]***
Work in progress:
11. Mrs. Robinson [Simon & Garfunkel]
12?. Alguna de los Beatles tiene que salir che
III
No lo percibiste cuando ocurrió. Jamás lo sabrás probablemente. No tenés ni idea, y ahora estamos en pleno libreto que ninguno de los dos sabe definir demasiado, somos malos guionistas para nuestros encuentros. A esta altura ya lo tenemos claro.
Cuando estábamos mirando Rudo y Cursi, cuando tu sofá era nuestro lugar en el mundo, cuando nadie más que nosotros existía, vos dijiste:
- Perdón, ¿puedo?
Te acurrucaste junto a mí y me tomaste la mano. Me pediste permiso. Después decís que no sabés qué hacer conmigo, cómo hablarme, cómo hacer las cosas.
Jamás lo sabrás, no te lo voy a decir, porque sería darte una pauta de cómo enfrentarme. Pero cuando me pediste permiso eras la cosa más dulce del mundo, cuando te acurrucaste, cuando posaste tu cabeza sobre mi hombro. En definitiva, cuando todo tu cuerpo me dijo que querías estar conmigo.
¿Podrías echarme la culpa de todo lo que ocurra? Seguramente. También yo. Pero se me ocurre que debo aprender a ser más benevolo. En definitiva, tenemos nuestras diferencias pero admito que me decís las cosas con una sinceridad que me apabulla.
IV
Así se expone una. Así, un sincericidio. Porque no sé qué me pasa con vos, a veces te pongo en la mira, me digo "¿y por qué no?". Otras veces no congeniamos en nada. Y cuando te insinuo las cosas, te las digo entre líneas, te hacés el pelotudo, esquivás los balazos como si estuvieras en la Matrix.
Eso, vos a mi me aplicás Matrix. Odio cuando hacés eso.
En verdad, me lo advertiste: "soy muy bueno no dándome por aludido", dijiste. Sos muy bueno haciéndote el pelotudo.
Te conozco hace... ¿un mes? Y cada vez que salgo con mis amigas te menciono quinientas veces. Y no sé qué quiero de vos. Amigos, ya lo taché. ¿Uno más del montón? Me caes bien, no quiero herirnos, esas cosas no... ¿Novio? Proyecto a futuro en una de esas...
V
Sueño de forma recurrente con vos, Jimmy. En mi último sueño, vos vas manejando y yo te miro como colgada, pensativa. Como me pasa cuando te sentás a mi lado a preparar tu clase. Y te miro y pienso. En el sueño en un momento me mirás, y me decís "bueno, si lo estás pensando, claro. Yo también creo que tengo ganas de besarte".
Pero ahora sé que no soy la única que sueña con el otro, porque vos me dijiste que habías soñado que ibamos en un ascensor, y que yo tenía miedo porque subía muy muy alto, iba rápido y el motor hacía un ruido bárbaro. Tenía miedo de que se cayera.
Vos me decías que no iba a pasar nada, que era seguro. El ruido de los motores era anormal. Vos mismo me confesaste que en el sueño, vos no creías lo que decías.
Cambios, metáforas, traspolaciones. Como sea, por más que te creas Neo, tenemos un temita.
VII
"En cuanto te conocí me dije que no tenía que enamorarme de vos", fue la frase que Bentham elucubró al pensar sobre su relación con ella.VIII
Lindo cuadro.
Me lo llevé de Jackie O.
Lo sé, me lo dijiste.
No puedo explicar demasiado por qué se me da por llevarne cosas de los lugares.
Porque habías tomado. No me gusta cuando tomás, me hiciste enojar.
Sí. Por eso cuando te conté me pusiste por mensaje de texto "grrrrrr". Me gruñiste.
No me gusta cuando hacés eso, ya tuve malas experiencias al respecto. No necesito otra, ahorratelo.
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*: Podríamos decir que me baso en la versión de Israel Kamakawiwo'ole
**: Es totalmente mentira, al día de la fecha me es imposible tocar semejante cosa.
***: Again, la versión que conocemos todos es la de John Lennon, la mejor del mundo de la historia
Publicado por T. en 19:33 0 comentarios
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Omitir
Odio que me envie un mensaje diciendo que me extraña. Odio que me mande un mensaje para preguntarme si me puede llamar. Odio que me deje un mail preguntándome cómo está todo. Odio que me diga que me tiene que devolver un libro, Tecnologías del Yo.
Y ella debe odiar cuando no contesto. También seguro que odia cuando ni siquiera doy acuse de recibo. Odia cuando no estoy en mis cabales, como ayer que me agarró en pleno mal viaje y terminamos por accidente hablando dos horas por teléfono. Odia eso porque ve que yo no cambio, y entonces como no cambio sencillamente no hay vuelta que darle.
Yo extraño cuando ella me decía que no hicieramos vida sana. Se extraña también como ella urgaba de a ratos en mi biblioteca, mientras me decía que me iba a prestar este u otro tal libro. Extraño cóomo hacía aros con el humo de su último cigarrillo del día, o cómo espontáneamente me abrazaba y me tiraba sobre el sofá.
Ella quizás extrañe un poco el café que preparaba yo por las mañanas, o el rasguido del ukelele que tocaba Somewhere over the rainbow. En una de esas extraña mi presencia intermitente en su casa, o como charlaba con su gata Stefy. Aunque es probable que no extrañe nada a esta altura.
Publicado por T. en 23:26 0 comentarios
nada más que eso
Porque yo debo estar vulnerable o necesitado, o en una de esas las dos cosas. Y con ella vengo hablándome todos los días, siempre me pregunta cómo estoy, me tiene el rastro bien seguido. Los últimos días he de decir que las cosas han estado raras entre nosotros dos, una especie de tire y afloje que no se sabe para donde va.
No se sabe para donde va porque no sé qué quiero, no sé qué quiere ella y me parece que somos el agua y el aceite. Ella es tan sociable, tan positiva, tan extrovertida. A mi no me queda más que refugiarme en la barra y pedirme otra cerveza. Siempre me llevé mejor con las calladas, me parecían más sencibles. Qué idea ridícula, lo sé.
La "primera cita" que tuvimos fue por accidente. Yo le dije que iba al barrio chino por la tarde y ella dijo que quería sushi, por lo que allí me encontraría. En su sentimiento de culpa -o lo que fuera- por haberme abandonado en mi viaje local a oriente, me invitó a cenar esa misma noche a la casa, cosa que me venía bien porque yo luego acudía a lo de Jorge.
Conocí a sus dos gatos y hasta saludé telefónicamente a su abuela. Ella me habló de su hermana, de menganito que no sé quién es y de lo mal que se lleva con sus padres, sobre todo él. Yo me la pasé escuchando, mientras comíamos chow fan.
Como le dolía el cuello le hice masajes, pero no significó nada de nada. Se trató simplemente de un servicio que a ella le venía bien por sus recurrentes dolores en la zona. Ni hablar de que me retribuyera el favor, porque según ella no da buenos masajes.
Pero juro que no fue más que eso. Aunque Anto y Jorge digan que ella no es mi amiga, aunque a mi se me confundan las cosas, aunque ella sea ambigua de a momentos, aunque nos quedemos en el que habría sido sí..., anyways, ahora tengo otro tema del que ocuparme.
Publicado por T. en 23:14 2 comentarios
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