I
Aproximadamente a la altura de Rivadavia se puso intratable. Quería que frenáramos a toda costa el coche, ahí nomás. Claramente desorientado, Bentham se retorcía en el asiento trasero mientras con Roland tratábamos de contenerlo.
II
Lo dije en algún momento antes: una de las principales alteraciones a nivel perceptual es el tacto. Uno está como expandido, lo que uno tocara pareciera tener zoom y un eco sensorial un poco extraño. Usualmente caigo, me doy cuenta de esto. Es por eso que se genera como una especie de autismo, o algo así, porque uno se encuentra totalmente concentrado en lo que el tacto le ofrece, esa emancipación sensorial de...
III
Se agarró del asiento y no paraba de mover la cabeza, miraba para todos lados. Se agarraba el estómago. Ahí entendí que tenía vértigo, que el movimiento del auto le parecía insoportable. Le pregunté si se sentía bien. Qué pregunta pelotuda.
Ahí le dije a Guy que fuera más despacio, porque sobre todo cuando había alguna cuneta o algo así, Jimmy la pasaba mal. La hipersensibilidad, brother. Se expanden los sentidos y entonces cada movimiento parece una recorrida de kilómetros.
Luego, dijo algo como: "la química es irracional". No sé qué quiso decir.
IV
Eco.
Is there anybody out there?
Tan entumecido me encontraba que no sentía los pies, pero caminaba. De alguna forma me encontraba en el tercer piso y escuchaba la música que venía de algún lado. Era evidente que en una de esas yo provenía del cuarto piso. Pude razonar los números. Es raro: uno duda de sus sentidos y entonces empieza a razonar las cosas, como si estuviera bien de la cabeza.
Entonces bajé, pero me di cuenta de que no podría salir. ¿Para qué? Necesitaba el aire libre. Y fue en ese momento que llegaron Guy y Roland, me preguntaban cómo me sentía, qué hacía ahí. En ese momento tengo una laguna en la memoria.
V
Resulta que él insistía con salir. Hacía un frío de la puta madre, le dijimos se volver a subir, lo llevamos. No entiendo cómo los vecinos no nos putearon, porque hicimos un quilombo padre. Lo dejamos en la cama de Nora un rato, estaba casi conciente. Al toque roncó, pero le duró poco.
Igual, de todas formas la fiesta era medio desastre porque las amigas de Nora estaban todas casadas y creo que hasta nos entretenía más cuidar a Jimmy que charlar con esas. En seguida apareció algo despeinado, con cara de casi dormido, se sentó al lado de una y le habló de lo lindo que era el Mediterraneo.
Lo mejor era que la piba le contestaba. Estaba un poco borracha, de hecho al rato terminó vomitando. Nosotros pensamos que por ahí se le había pasado, pero nada. Después nos armó el quilombo en el auto, cuando lo estábamos llevando a la casa.
VI
En cuanto me tensionaba, era una puntada y un ataque de pánico. Y Roland ya no sabía cómo pedirme que pare y Guy simplemente me decía que me tranquilice. Yo estaba tranquilo, el tema es que se me movía todo.
In a momentary lapse of reason, un ataque de lucidez, entendí que sólo era cuestión de relajarme, de dejar que la sensación me recorriera por completo. La sensación se había ido pero el corazón me latía a mil. Uno mide el despegue, pero no sabe qué turbulencias hay y a veces se olvida de chequear si hay tren de aterrizaje.
Despegar
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Drain the blood, the hardest way
Usualmente los doctores son poco receptivos. Subestiman al paciente, lisa y llanamente. Después me preguntan por qué soy foucultiano, bueno, digamos que ahí está parte del fundamento. Por otro lado, observación no menor, en definitiva el doctor debería ser alguien que sabe escuchar y ocurre en el 80% de los casos que no saben.
Hay de dos tipos, creo: los que no quieren hacer nada, los que indican pelotudeces: "cambiá tu estilo de vida". Y otros, los que hacen la fácil y te enchufan la primer pastilla que pueden.
Yo, que soy un tipo bastante esquemático, sencillo, rústico de pensar, polarizado al extremo en opiniones, noto la ausencia de términos medios. Pensé que me equivoqué de profesión, que en verdad debería haberme dedicado a la psiquiatría. Pero para eso hay que estudiar medicina y no me copa, yo no puedo trabajar con cadáveres. Yo necesito abstracciones, .
Aún así, sigo siendo víctima de ese excesivo relativismo que muchos han notado, eso de no poder ser sólido en nada, no poder comprometerme con nada, no tener una creencia más que lo volátil e irrelevante. Esto se demuestra en ese intento constante de contextualizar todo para explicarlo todo, como si estuviera casado de forma indivorciable con esa utopía de la comprensión, o lo que supongo yo debería ser. Pobre.
Los médicos son conductistas: causa efecto. Lo he charlado incansablemente con el señor Roland, y siempre obtuve la respuesta "el ser humano es un animal de hábito". Supongo que están más interesados en la repetición que en los cambios, leerían más a Bourdieu que a Castoriadis.
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Etiquetas: bentham
I
- ¿Cómo? - preguntó la vendedora.
- Digo, ¿cuándo es el regreso?
- ¿En el día? ¿Usted quiere ticket de regreso en el día?
- Pues claro, porque me estoy quedando por aquí hasta volver a casa. Muy linda estación tienen aquí, me encanta la jungla esta. Nada que ver con Retiro.
La mujer tuvo que contener esa leve carcajada que le venía a su ser, pero una sonrisa delató risa. Evidentemente yo, el muchacho que tenía delante de sí, medio jocoso y relajado, no entendía demasiado de la vida, quizás ni siquiera supiera a dónde estaba comprando el pasaje. Chequeó entonces:
- Señor, bueno, entonces sería a Toledo de ida y vuelta en el mismo día. El tren de ida a las 10:30, porque antes usted dice que es muy temprano. De regreso, puede ser a las ocho de la noche.
- Sí, ese. Deme.
Me largué de ahí medio riendo. Eran las dos de la tarde y ya los 100 Montaditos me habían dejado un poco out. Saludé a la jungla de la estación Atocha y me di a la fuga.
Tenía que hacer tiempo para llegar al Museo Reina Sofía, por lo que arrojé lo que quedaba de mi en el Parque del Retiro. Me morí un rato en serio. Fue hermoso, creo que ni respiraba. Mañana ya tenía asegurada la visita a Toledo -cosa que mis piernas recordarían el día después-, y ahora podía dedicarme a visitar el resto de Madrid. Pero debía asegurarme de llegar al Sofía a tiempo.
Luego, cuando resuscité, me perdí un rato más en el Parque, hasta llegar al palacio de cristal y un Mickey Mouse totalmente fuera de lugar. Subí, caminé, seguí. Agarré Tirso de Molina hasta arribar al Templo de Devod. Todo eso en una tarde nomás.
II
Entonces Toledo es un accidente. Accidente, porque en tanta calle sinuosa uno se pierde, se desorienta con mapa y todo, se choca con gente, con un ¡fantasma de Antonella!
¿Era? ¿Cómo puedo comprobar que no era? Porque iba, caminaba delante mío. Y mi visión estaba un poco descolocada. ¿Me había hecho mal tan poco sueño durante los últimos quince días? No llevaba su clásica pollera, porque era invierno, pero esos pantalones negros, y el bolso...
Era ella.
Y la seguí un poco, pasamos por unos locales de armaduras. Siempre las calles arriba y abajo, al otro día las piernas me pasaron factura. Se metió en el museo de la tortura, ese al que ya había ido justo hacía una hora. Esperé afuera, y salió a los diez minutos.
Española. ¿Antonella española? Sigo viendo espejismos pero mi problema central es no poder dejar de seguirlos, de darles bola.
Siguió camino, para el lado del Alcazar. La tarde ya caía, mi tren era a las siete y cuarto. Ella caminaba y yo pensaba qué mierda hacía yo siguiendo a una Antonella que no era, o por qué no le preguntaba algo. No era, pero era.
Pasamos por la estatua de Cervantes, esa que está abajo de las escaleras que dan al ayuntamiento. Y llegamos a las afueras, para seguir la ruta que sale del casco histórico y cruza el río, hacia el San Servando:
El tren o seguir a Antonella, que iba al Castillo de San Servando. Crucé de a poco, dudando. Es odioso cuando me pongo así, no me decido entonces no hago nada. Ella se alejaba, cruzando el puente y yo miraba el paisaje, me había congelado el el tiempo, en Toledo de la edad media. Era un memo, un Sancho Panza cualquiera.
- ¡Hey! - grité.
Se dio vuelta, y saludó.
Tenía veinte minutos para descender y recorrer la ruta a la estación. Porque los trenes son recontra puntuales allá.
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anecdótica
I
Me dolía todo. Fui víctima de un calambre en plena noche, y lo siento a tres días del evento. Y eran las cuatro am y ella de repente me miraba de cerca, estba vestida. Me dijo "bueno, me voy". Jamás le voy a perdonar que me haya despertado, con lo que me cuesta dormir. "¿Qué?", pregunté con mal humor. ¿No podía quedarse tranquila unas, digamos, seis horas?
Tuve que esperar hasta que cayera su remís. Mientras, ella me decía cosas como "no sé qué me pasa", o "pienso demasiado". Y a mi me dolía el mundo. Si quería irse, pues que se fuera. Lo peor de todo es que con tanto cansancio no iba a poder continuar durmiendo.
Nos despedimos abajo en lo que puedo describir como un breve despacho, bye bye.
II
Well, detox hurts. And yes, you know you will fall back into that shit again sometime. It´s like a ghost that appears everytime you are alone.
III
Parque del Retiro, Madrid.
Por el mero hecho de cumplir una apuesta, JB se ha ubicado en uno de lso bancos que está en las proximidades del palacio de cristal para ejecutar el charango. Además, ha dejado pertinentemente un gorro con unas monetas.
El origen de esto fue la frase de Guy: "Dale, ponete en la plaza a tocar el charango y que te dejen unas monedas". JB lo pensó: era obtener unos euros para luego gastárselos en 100 Montaditos. Eso lo hizo sonreir.
Tocó algunas canciones: No surprises, can´t help falling in love, stand by me, pero las más hiteras fueron Someone is there y What a wonderful world. No obtuvo demasiado, ya que el Parque del Retiro no es el lugar ideal para esto, sino más bien la Puerta del Sol. Pero no quería quitarla trabajo al pibe vestido de Bob Esponja.
IV
Hay gente que si se entera de como es uno, se ofende. Hay gente que en verdad no quiere saber lo que a uno le pasa, porque es un problema. Omitir, eso.
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Abstracciones
I
Fueron 33 minutos de bus. Llegué a Volendam un miércoles soleado. Lo primero que me hizo sonreir fue el molino que está antes de entrar a la pequeña ciudad, uno verde enorme que data del año 1650. Cuando me bajé, me encontré frente a la misma cafetería que hace dos años, atendida por una holandesa que podía ser la misma o no, pues para mi no habría diferencia.
Caminé un poco por esa especie de feria improvisada, en esa callecita que termina dando en el puerto. Remeras, souvenirs, pequeñas imitaciones de Van Goghs, réplicas a escala de barcos. No iba a comprar nada, pero me quedé mirando la gama de cafés que ofrecían en uno de los lugares. K7. ¿Quién tomaría K7? Suena bien.
Llegué al puerto y me quedé congelado un tiempo, observando todo el escenario, abstrayéndome mi entorno para poder apreciarlo más aún. El amor es algo así, quedarse como un estúpido mirando, sin poder reaccionar. Es algo hipnótico. Si no te perdés en ese tipo de cosas, no estás enamorado.
Caminé un poco por la costa y los muelles. Los capitanes estaban preocupados porque la marea no bajaba desde hacía una semana. Tres de ellos debatían, hablaban, uno decía que esto era lo que se pagaba por querer ser dios. Me hubierea unido a la conversación, pero no soy holandés ni marino.
La Jürgen Tavern estaba aún allí, así que pensé que podría comer y beber algo ahí en breve. Me senté en el banco de uno de los muelles. Uno que tiene una estatua de un viejo sentado en él. Una idea genial, porque pude ponerme a discutir con el viejo, que me ignoraba por completo. Pensé entonces que el hecho de que te ignore una estatua es más gentil, el viejo al menos tenía una mirada apasible. Que te ignore una persona es más rústico, nunca queda bien, quizás hasta opina diferente a uno y se da el lujo de contestarle a uno.
Ahí me sentí exiliado.
II
Pensé que uno en verdad nunca admite una adicción hasta que llega a una especie de bottom line. O sea, hasta que el maleficio que eso presenta no sea realmente heavy todo sigue. Y de alguna forma, el que sale fácil entonces jamás fue un verdadero adicto.
Por otro lado, ocurre más allá de todo esto que uno hace una especie de abstracción y se observa desde afuera. Es común que en tal ocasión se diga "oh, que desastre soy". Es como si uno alcanzara la verdadera reflexión, un momento lúcido. Eso me gusta. Yo me alejo de las cosas para obtener vistas panorámicas, para ver el todo.
Pero puntualmente con respecto a las abstracción de este tema, de la dependencia, debo decir que es mentira eso, porque el momento de abstracción reflexiva no impacta profundamente. Es una de las vueltas de la cabeza. Aún así, he de admitir que reconocer el problema es un primer paso. Pero no es nada más que eso, un primer paso.
III
Es diferente. A ella siempre la traumó un poco la diferencia de edad. Tanto que me terminó convenciendo. Siempre en algún momento de la conversación salía la cuestión generacional, e incluso se notaba en boludeces como la música que nos gustaba o las cosas que recordábamos de nuestra infancia (el Italpark, sí lo rememoro).
Y por otro lado, ella se comportaba como una chiquilla. Ese fue otro de los momentos de abstracción donde me planteé que en verdad no comprendo ni medio a las mujeres. Ella necesita sentirse linda, claro, pero creo que no tenemos exactamente la misma vivencia de eso. Ojo, no es que esté mal, pero la diferencia es...
Cuando conoció a mis amigos, me dio la sensación de que se sintió atacada, como si todos las estuvieran juzgando. Y dije "corazón, tranquila". El problema es que las novias de Oliver y Orlando son un tanto jodidas, no incluyen a la gente así nomás. Entonces que ella empezara a hablar con esas dos era un drama...
IV
La primera pelea que tuve con Antonella fue por el médico. Pero ella se puso mal en serio. Lo gracioso fue que yo terminé consolandola a ella, pero se puso tremenda con que me iba a acompañar. Y yo me reí. Lloró más. Es pelotudo reirse en esas situaciones.
Llegó un punto en que me obligó a pedir turno por teléfono frente a ella. "Dale, llamá ahora. Tenés tiempo, estás en horario". Me puse en cabeza dura, porque quería ponerme a hacer otra cosa, como por ejemplo escuchar mis nuevos discos de Yann Tiersen.
Agarró mi credencial y se puso a llamar. Se ve que la pasearon un rato por algunos internos, porque llamó varias veces. Y yo tirado en el puf como una larva, abstraido por la música. Imperdonable. Me lo oba a cobrar caro esto, se ve que estaba angustiada, pero juro que en ese momento no podía responder como un tipo copado, siquiera serio.
Sacó dos turnos, me dijo que un día tenía que entrar algo más tarde al trabajo. Luego de hablar con ella, pedirle disculpas, cocinarle y prometerle ir al teatro, mas o menos limpié mi imagen de imbécil.
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