Efecto Doppler

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Y yo mientras acá acostado, mirándome los interiores de mi ser en la pantalla. ¿Vieron qué fea que es la Eco Doppler? Esa imagen de mi corazón latiendo, acompañada de ese sonido de líquido viscoso. Mientras el tipo me habla del partido de Aldosivi - River. Me importa tres carajos, no me puedo sacar la imagen de la cabeza: mi corazón latiendo.


Pero escuchame, me dice ella, porqué siempre vos terminás siendo un flor de quilombo para mí. La miré con cara de desentendido, de qué me hablás.

El corazón bombea sangre, espesa. Y yo cuando me lo imagino bombeando rápido no entiendo cómo no se cae todo de repente. Es una especie de máquina perfecta en la que no termino de confiar.

Pulsaciones al despertar: 100 por minuto. Sin razón aparente, doctor.

¿Razón? Acotó ella.

Decir las cosas II

Decime las cosas, pero quizás de otra forma no tan explícita. Porque vos decís las cosas más explícitamente con palabras, cuando me das un beso. ¿Y yo qué? Se me pasan una serie de cosas en la cabeza, entre ellas:


1. Tu ex es conocido mío, se supone que soy amigo de la (ex) pareja
2. ¿Te conté que allá atrás está la mujer perfecta? Sí, esa con la que estaba hablando antes de que llegues y me tomes del brazo y me saques saques a bailar y todo el resto.

Después voy a tener que dar explicaciones, que en definitiva nunca voy a dar. Todo esto por un par de abrazos que nos dimos. ¿No podés controlarte? Hacía como dos meses que no nos veíamos. ¿Pero no es que yo te resultaba soberbio? ¿O peor, por qué me quejo si acepté tu beso?

Dejar a alguien es una decisión que primero toma el cuerpo, y después recién al tiempo llega a la consciencia. Creo. ¿Hace cuánto que venías con esto vos? "Las cosas se me interfieren", me contestás. ¿Qué?

"Es que vos de repente tenés carácter fuerte". What???? Me reí un rato con esa, mientras me llevabas de la mano recorriendo toda la fiesta hasta la barra, y de repente me decías "Ahí hay una chica que tiene cara de baterista. ¿Vamos a chamuyarla?".

Surrealista esa noche, corazón. Ah, y por favor no me digas querido, que eso me lo decía una ex suegra y me caía pésimo.

Todo esto lo pienso mientras espero en la guardia por una Eco Doppler, luego de haber finalmente salido con la mujer perfecta ayer a la noche y de haber hablado con ustedes dos. Ambas me dijeron que les cuente qué me dijo el doctor. Qué momento fantástico.

Decir las cosas

martes, 1 de noviembre de 2011

"¡Me enamoré! Te juro Clotilde, me enamoré. Este muchacho es un amor, me encanta, es un dulce y un tierno. Ayer me decía que me esperaba despierto a que volviera de salir con las chicas, es un amor."


Sí, ella. Ella, la que se separó hace dos meses después de ocho años de relación está re estable. Sabe lo que quiere, tiene todo clarísimo eh.

"Es que no sé qué voy a hacer para las vacaciones. Yo me quiero ir con vos, ya le dije a él que te tengo que disfrutar más, amiga mía".

Después de decirme eso, paf. Desapareció toda la semana. Y cae un día y me dice que quiere salir, que está harta, que:

"No va más. Lo dejo. Me viene con cada planteo".

Y al rato:

"Y bueno, ya estoy de novia de vuelta¨.

Mientras tanto el otro se ríe. Dice que se ríe del personaje del cuento que está leyendo, un tal Jim Bentham. Pero no, sé que el se ríe de lo que le digo. De cómo se lo digo.

"Estás indignada", me contesta él.

Mientras me la imagino a ella:

"Bueno, es que no me quiero enganchar tanto porque no disfruté mi vida de soltera. Mañana salimos, fija, vamos a ver a quién nos encontramos".

Yo no entiendo cómo hace esta para encontrar chongo tan rápido y yo, que soy más estable, me cruzo con cada uno que ni te cuento. Y vos, sì vos, que te reís. Te reís porque te olvidás que vos y yo podríamos haber sido algo. Pero no, vos estabas en cualquiera. Y elegí el peor momento para cruzarte.

"Me conociste en un momento bastante... turbulento de mi vida".

Eso me decís vos, que te la das de impredecible y no salís sin el libreto bajo el brazo. Vos decís que no querés que te tire flores, pero te gusta. Y si te digo que sos un genio y menciono todo lo que hacés que me encanta, decís que no alimente tu ego. Pero te veo la sonrisa.

"Yo te digo que es el hombre perfecto - dijo ella -. Me arrastra, me gusta cómo me habla. Es buena persona, se preocupa por mi. Quizás hasta mucho, debería pararle el carro, no sé si estoy para ponerme en serio."

¿Será posible que justo ahora se ponga tan densa? Ella está sensible, pero yo SOY sensible. ¿Y a mi cuándo me toca la impunidad de decir las cosas?

Entretelón: Palermo

miércoles, 19 de octubre de 2011

"Fuck, fuck, fuck" refunfuñó ella en medio de un llanto, mientras golpeaba sobre la mesada. Él se había ido y sus ojos se topaban, oh casualmente, con los aros que eran su regalo de aniversario.


"Me quiero separar", le había dicho. ¿Cómo? ¿Quién se lo esperaba? Ni ella. Le costó horrores tomar la decisión, estuvo tres días sin casi comer. Pesa 55 kilos y una culpa tremenda.

"No sé cómo existo ahora", se dijo a sí misma. Es como haber vomitado todo el dolor de repente: duele como la concha de la lora pero es para mejor. Es para mejor, se decía a ella y explicaba a sus amigas luego de un "jojojo" que jamás podía liberarse de una entonación trágica.

Él se fue de casa esa misma noche. Llamó al hermano y vino con la camioneta. Sacó algunas cosas: ropa, obviamente su computadora y por qué no, la juguera. Ella de a ratos ayudaba, pero por momentos se quedaba sin hacer nada, sólo miraba. Hubiera pensado "se está yendo", pero no podía pensar en palabras, sino en imágenes: un hijo en común y cómo explicarle, ocho años de pareja que se terminaban, no conocía a otro hombre desde los veinte, mierda.

De alguna manera se le vino a la cabeza una canción qué siempre cantaba un amigo suyo: "My name is Ivor, I'm an engine driver". Y todo lo que eso implicaba.

Cuando él se fue eran cerca de las doce de la noche. Ella se paró en un cuarto semi vacío, que daba a un living desolado. Hablaba, decía "Bueno, listo lo hice", y le sonaba un eco. Qué sonido de mierda cuando uno está solo. No solo en el momento, sino solo en la coyuntura.

Se tiró en el sofá hasta las tres de la mañana, sin hacer nada ni poner música (algo raro en ella). Desde ese momento se propuso recuperar unos kilos que no recuperaría en meses. Cuando recibió un llamado de alguien que no era él, no contestó.

"Necesito concentrarme en otra cosa" dijo mientras agitaba uno de las dos copias que tenía de Las manos sucias. "Sartre y la puta que te parió", exclamó revoleando el libro por los aires.

"Mierda... ¿y entonces por qué yo necesito esto?", dijo llorando. Se acostó sola en la cama y tuvo pesadillas.

Él la llamó al otro día. Para ver cómo estaba, viste. Atendió bien, un poco lúgubre, aún sin entender esa decisión que ella misma había tomado. Su cuerpo se lo pedía, pero no entendía bien por qué. Ese malestar previo, ese estómago cerrado, ese temblequeo en las manos. Todo se lo pedía y ella no sabia por qué pero había tenido que dejarlo.

"¿Y si el tiempo lo arregla todo?" Todo. Vamos. ¿Todo? Ocho años y todos creían que estaba todo garantizado, que los buenos tiempos ya estaban comprados. Todo pleno verano, che. La Belle Epoque.

"Todo una mentira". No no no, hay algo que no estás entendiendo, es todo parte de un proceso, todo fluye. Es todo un accidente pero tiene sentido. No de antemano, pero te juro que tiene sentido. "¿Para qué? Ahora haberlo conocido es lo mismo". Correción: no hay chances de que seas quien sos si no es un poco por él.

Al otro día llamó él nuevamente: el oxido y toda la existencia que los unía.

Soltarse un poquito

domingo, 16 de octubre de 2011

En ese momento me parecía el hombre más tierno del mundo. Por primera vez podía hablar con él honestamente, podíamos conocernos un poco más. Creo que eso me conmovió.


Porque él es tremendamente respetuoso. A veces quisiera que no lo fuera tanto porque es una de sus formas de ser distante. Era como si necesitáramos un empujoncito, y me pregunto hace cuánto que nos queríamos y no nos dábamos cuenta.

Entonces lo que quedaba de nosotros se abrazó, pero no se retiró como suele hacerse. Nuestras caras quedaron cerca y fue como si descubriéramos que estábamos de acuerdo en besarnos.

¿Cómo es cuando tenés a alguien en tus brazos y no lo querés dejar ir? Cuando sentís su espalda, la recorrés, le pasas la mano por el pelo y le acariciás la nuca. Y cerrás los ojos, porque el tacto predomina, pero no sólo las manos sino los dos cuerpos fundidos en uno.

Y me puse así de melosa. ¿Y si nos soltamos un poco? Nada de esto lo planeamos, así que hagámoslo.

Yo que nunca me pongo de acuerdo con él, que siempre me lleva la contra (él me apodó Dra. No). Nosotros no tenemos tanto en común, pero es como si en el fondo sí lo tuvieramos. Es como si luego, cuando nuestras personalidades se desarrollan, algo cambiara. Pero no somos tan diferentes.

Sentados a las seis y media de la mañana en un zócalo, frente al Dashi, él me contaba sus últimos tres meses y yo le decía que no quería que le hicieran daño. El posaba su mano en mi pierna. Yo en una de esas le daba un beso en la frente. Él me lo contestaba. Y así.

Previamente un transeúnte nos había dicho "chicos, amensé, ya se van a arreglar". Discutíamos sobre sus viejos y los míos, yo le contestaba un tajante no mientras él defendía lo indefendible. Cuando dijo eso nos sonreímos los dos.

Me pregunté qué sería de nosotros al otro día... pero no le dije nada.