Algunas formas para decir "te amo"

miércoles, 29 de agosto de 2007

I
Creo que es porque desde que tu mano toma la mía, está esa especie de sensación que me cubre, que me inunda, que sé que sos vos, pasando un rato. Y es mucho mejor decirnos hola, porque detesto esos chaus. El hola es una palabra creativa, inaugura un encuentro, una performance, una estadía en nosotros.

Hola nos sirve siempre de principio, pero sostengo que lo retomamos a cada ratito, para saludarnos nuevamente, no caer en ese solipsismo que a veces nos domina. En cambio, adios es una palabra fea, no me gusta. Es por eso que no te la digo nunca, ni chau ni nos vemos ni hasta luego. Siempre un beso acompañado de una caricia. No me gusta decirte chau, quisiera que fueramos un continuo hola.

El hola me permite desplegare en vos, un domingo, que no llega a lunes. Aunque parece que la semana siempre nos amenaza.

II
Estoy molida - le digo por el celular-. No puedo con nada. Allen, corazón, no salgamos hoy, en la oficina me tuvieron loca. Sólo quiero dormir, ¿si? Gracias por entender. Te prometo que salimos este viernes.

Noto esa caida en tu voz, no te pongas así. Vamos. Je, mirá vos, Allen enamorado, y yo acá, que buen motivo que resulté ser. Me encanta que estés. Lamento hoy no poder verte.

Hoy no quedaba más de July. Con las fechas de entrega por todas partes, esa oficina era un nido de culebras. Hoy te toca hacer todo este papelerío, aceitá tus engranajes, que vas a tener flor de problema hoy. Y en realidad son una cadena, y te quitan la energía, y cuando salí, lo único que quedaba de mi era... nada.

Y después a la facultad. Le mando un mensajito a Allen. "Te quiero. Jules". No me responde. A veces me arma pataletas, parece un nene. Pero se está portando mejor ultimamente, doctor, no hace tanto despiole. Me da besos sin motivo, lo veo perderse en mi. Allen tiene una hermosa mirada, pero ¿sabés lo que es verla en mi? Salgo de clase. Lo único que quiero es pedir algo de comer apenas llegue a casa, tirarme en la cama, que mañana hacemos todo de nuevo. Hoy no sale nada bien.

El ascensor al quinto. La llave en el B. giro, y vamos... July se encontró con un pollo recién hecho, servido sobre la mesa del living. Había agua mineral y jugo de naranja. La vajilla correctamente dispuesta, servilletas. En la cocina, los platos sucios de ayer no estaban, y un cartelito pegado en la heladera: "hay un cuarto de helado; banana split, chocolate crocante y mousse de limón". La habitación estaba arregladísima, cama hecha (esta mañana era un desastre). Le dejó un bombón sobre la almohada (con un papelito: "Encontré a tu hermanito menor"). Sobre el escritorio, una nota: "no te podía decir esto por mensaje de texto".

Seguro que Allen estuvo hasta hace dos minutos aquí adentro. Qué sincronización.

III
Me estaba mirando desde hacía rato ya. Yo me hacía la dormida, pero él me miraba, lo sabía, me acariciaba el pelo, su nariz jugaba de repente en mi frente, como en esos roces en los que Allen es experto. Cuando la superficie de contacto es tan ínfima, pero todo tiembla tanto tanto, que casi no me puedo contener.

Y me dice al oido, y esta sonriendo, lo sé, aunque mantengo los ojos cerrados. Quería quedarme así un buen rato, que él me recorra. Tan apasiblemente, porque para la danza siempre encontramos nuestro momento, pero los amaneceres de sábado al medio día son los amaneceres de sábado al medio día.

Siempre me dice que me no le satisfacen las palabras, que le quedan cortas, que yo soy más que eso y que su mano está... llegando desde otro flanco. Y nuestros cachetes se rozan, está haciendo arte, esa forma tan linda de hacer las cosas. Allen, Allen, sos un dislate vos. Y te juro que me olvido de los enojos, porque ahora estás pintando un cuadro conmigo, que empezaste por mi cara y seguís por mi cuerpo. Yo sigo dormida, pero te juro que me estoy guardando este momento, que me lo quedo.

Y yo ahora decidí que sos mío.

IV
Si nos ponemos así de cerca, cara con cara, hacemos el uniojo. Parece que tenemos un ojo. Y hace cuarenta minutos que estamos así, perdidos, sin registrar al nene que le tira arena a la hermana en el arenero, al chiquito que hace la vertical, otro viajando en tobogán hasta la luna, y un picadito de gritos, corridas atónitas ante una pelota que se deja querer sólo de a ratos.

Te tengo en frente mío, así, mirandote a distancia nula, queriendo llegar, aunque sé que más lejos que esto no llego. ¿O si?

Allen, las distancias no son cuestiones físicas nomás.

Claro Guille, porque creo que adentro de tus ojos me veo un poco, y debe ser la primera vez que mi imagen no me molesta. Te abrazo y me dejo caer, pero caer en vos es una de mis sensaciones preferidas, es todo tan nuevo... y si navegar por tus brazos es para perder la brújula un poco más, pero para encontrarme menos perdido.

V
La improvisación es la siguiente:

Sonó el timbre. Era una salida extraoficial, un claro intento de ponernos de acuerdo aunque sabíamos perfectamente que no nos podríamos de acuerdo, ni en transición, ni en una playa en Mar del Plata en pleno enero.

Y abrí, y estaba él, vestido de traje formal. Detestaba hacer eso, pero ahí estaba. Ay Allen, y yo vestida así nomás. Bueno vamos.

Camisa, corbata, pantalones, sólo te vi así en un casamiento al que fuimos, que me contaste que detestas la formalidad. Y bien que te conozco que la detestás, porque sos muy... muy "casual", como quien dice. Y manejas, me llevas, sonrisa, juego de labios, mi mano en tu pierna.

Me llevaste a comer a tu casa, y estaba casi todo hecho, solo faltaba calentar un poco el pollo con el arroz. Me dijiste que quería tomar. Yo contesté que agua estaba bien pero ya tenías la cerveza en la mano. No cocinás mal, y al poco tiempo me demostrarás que además tenés otras hablidades culinarias. Y seguirás inventando platos, conmigo de por medio.

Sorpresa, de helado. Ese que que yo quería, cómo tomás nota. Me sorprende que recuerdes detalles, que recuerdes tanto de mi. Veo que me prestás atención, y que ahora y las órdenes las doy yo, que vos ya dijiste demasiado...

Postales

lunes, 27 de agosto de 2007

I
Y claro, ¿por qué no? ¿Por qué no omitir un rato que vos estás del otro lado del teléfono, imaginándome a mi del otro lado del teléfono, haciéndole caras al techo y olvidándote de que es por vos que estamos acá reunidos pero separados?

Porque sostengo que entre los capítulos, entre la líneas, vos lees más de lo que te dignas a explicar, Allen. Porque sos claramente vos el que está detonando los puentes, renunciando a cada palabra que digo. Y es horrible que ya no me escuches...

(Ya se te va a pasar, lo sabés, estas cosas se superan. Lo que no quita que sos lo único que da vueltas en mi cabeza desde hace días...)

Duele que digas eso. Sé que lo haces por mi bien, lo cual llega a sorprenderme, cómo podés ser tan crudo y decirme que la realidad es que no me conviene estar con vos.

II
Navego desde tus pies hasta tus piernas, pero me gusta naevegar lento, imponer mis tiempos, que total sé que vos estás ahí, esperando, sintiendo cada desmán, cada temblor, cada movimiento que es un mundo demasiado táctil. July, sabés que me gustan las expediciones, abstraerme en el paisaje, que la luz del velador me muestre sólo tu perfil, que sea domingo y no tenga que salir corriendo, sino estar acá con vos dejándome circular un poco entre los dos.

(¿Y te conté que mis pies son un trampolín hechos para que vos saltes desde ellos? ¿Te diste cuenta de que hay verdades que se hacen con el cuerpo al lado, no con la vista? Sé que te gusta jugar, cada vez un poco más lento, un poco más rápido. No querés quedarte en ningún lado demasiado tiempo.)

... en el ombligo, cerca de la costa sur. Pero me la saltee, porque todavía no tengo que star ahí, sino visitar tus ojos, que me quedan arriba. Vos mirás y te reís, July, pero en verdad estamos los dos riéndonos. Nos soltamos un poco y hacemos cosquillas con la mano, que va haciendo malabares, que va improvisando multitudes. Pero parece que hay terremotos, que abriste los ojos y...

Primero león, luego cordero.

III
(originalmente, un comentario que dejé en el blog de Lusmala)

Y ni te hubieras molestado en derramar el café, que ahora hace siluetas de animalitos en la mesa.Ahora chapoteando me entero de las cigueñas, de los divanes, de las tostadas desaparecidas y los rebeldes que abordaron tus agallas.

Yo jamás te dí garantías contra los cristales rotos, contra las bombas de tiempo (que admito, suelo colocar), ni prometí ambulancias para los heridos. No chiquita, eso te lo prometiste a vos por mi...

Ni contra los llamados de mi alter ego, que encima cuando la atiendo me corta. tu tuu tu... Siempre me encuentro con ese tonito, que yo sé me lo está tirando una máquina, pero es ella, es ella.

Te estás cortando con los critales, chiquita.

Sabías que me iba a cortar. Dejaste que me cortara... y no me digas chiquita.

IV
- No me digas de nuevo que estás ahí, recomenzando por décima vez las cosas. No, no me gusta esa falta de dirección. No entiendo por qué desarmás y rearmás todo, constantemente. Es como si te cansaras de todo, y optaras por detonar.

- Tengo esa sensación. Ya me dijeron alg parecido, y no estoy de acuerdo, pero entiendo de dónde sacás la versión. Es una mala versión, creo que hay evidencia para sostener en contra de eso que decís.

- Es que solés tirar tus proyectos por la borda Allen. Reconocelo. Sé que no es la totalidad de lo que haces, que creaste inventos que considero brillantes. Pero veo cierta tendencia abortiva, cierto afán demoledor.

- ... ¿Y por qué no ves también el afán constructor? ¿Por qué no te das cuenta de los movimientos repentinos para rescatar las cosas, para darles nueva vida porque si las cosas no camban entonces no están vivas? Sostener algo no es mantenerlo inmutable, es lograr su fluir en el tiempo y el espacio, es hacerlo existir, que no es existir siempre de la misma manera. Temo que vos tengas una tendencia a la rutina...

- ¿Es eso? Pensás que soy rutinaria, siempre más de lo mismo, una figurita repetida en tu vida. ¿Qué pasa Allen?

- ¿Qué pasa? No sé cómo reconstruirte. No me malinterpretes, no me voy, me quedo, me quiero quedar. Estoy acá, hablándote, con más urgencia que nunca, porque no me voy...

- Me alegra eso. Me alegra que me estés besando en este momento, que tus brazos me hayan atrapado y me tengan fuerte. Yo tampoco me voy. Me alegra que nos podamos comunicar, que no estemos perdiendo las sensaciones por completo.

V
(originalmente, un comentario a un post de Hani)

Te quiero pero por otro lado: (Cosas que no le dijo J. a A. pero las pensó)

- Fijate que por la derecha está bloqueado, porque se estacionó ese con el que ya no quiero tener nada que ver y molesta el molesto eh. Y guarda con venir desde el frente xq no me gustan los choques bruscos, nada de eso. Por atrás ni hablar, olvidalo querido... ¿Izquierda? Hasta para los besos sos zurdito, che. Quizás, fijate si llegás a quererme por ese lado...

VI
No, si, claro, cómo no. Ajá, ajá. Te aseguro que aunque encuentres mi mirada perdida, estoy acá presente. Si, fue buen recital, y no recuerdo precisamente si volví a casa o me digné a salir luego.

Que raro, vos siempre tenés algo para hacer.

Eso no es verdad (y detesto esa imagen errada que te has hecho de mi).

Y bueno, eso es culpa tuya, ser construcciónficional. Porque si sos el chico malo del lugar, si tu comedia nos involucra a todos, si las ideas se te escurren en disparates... al fin y al cabo, sos vos.

No creo en explicaciones tan simplistas. Me duele que pienses así, porque en realidad tengo otro punto de vista de mi mismo. Duele porque resulta que uno construye de manera equivocada entonces, y encima no es realista, porque paf, uno termina siendo una ilusión óptica.

Claro, a vos no hay nada que te caiga peor que el hecho de que vos seas irrealista.

El síndrome

viernes, 24 de agosto de 2007

Personajes:
- Ludi
- Luna
- Orlando
- Felipe
- Allen
- Lisa
- Seres nocturnos varios

Creo que nos habíamos olvidado en el auto la coherencia, que el cielo de la noche no nos negaba nada y que fue recién al otro día que nos volvimos un poco menos santos y otro tanto más maniáticos. Un cajón de cervezas en el baul, 35 conitos de plástico naranja que adornan la pileta del club, deshechos tóxicos en pleno patiodevenidoenpistadebaile. Porque nadie vio a nadie taponar los inodoros con toda la fruta que había, ni nadie fue el responsable del sex on the beach que aterrizó en la consola de musicalización. Son los percances de haber conocido a esta gente, ¿no? - Decía Lisa.

Yo lo miraba bailar entre toda esa gente, y era él solito que le ponía mute al mundo y me venían esas ganas de correr, arrebatarlo de sí, llevarmelo a los arbolitos y... Pero no, Orlando es de todas esta noche, me imagino. Mientras Felipe se encuentra con el décimo tequila (su mejor amigo hoy), Allen está tramando algo (nos damos cuenta, por su mirada pícara y su merodear ciertas partes del lugar). La pequeña Luna es el único ser medianmente racional en eta tierra de la danza hacia la derecha, ideal para el reconcimiento de plataformas no submarinas. ¿Desde cuando Orlando me gusta? Desde que Yo, Ludi, me hago cargo un poco de todo esto que me atraganta, desde que mandé a la mierda el trabajo, desde que dejé a mi escapadita de los fines de semana, desde que inventé nuevas formas de olvidarme que yo no soy de este mundo, porque se equivocaron al traerme acá.

Orlando bailaba como nunca, con un grupo de absolutas desconocidas. Era evidente que los nombres ya surgirían, que los encuentros serían los domingos, que el martes nos encontramos después de clase a las diez, y que Felipe después va a preguntar de dónde salió esa morocha.

Yo no me ando con más cosas entre manos que el amor puro, viste. Puro porque es lo que realmente me vale, y no me importan los reproches del otro día, el dolor de cabeza ese que me parte el cráneo, o la verdad de la milanesa. Para eso está...

... Allen, esa persona que está entre los árboles, que fichó los cajones de cerveza, que se aburrió de esta fiesta de rugbiers high class (¡me llevarón a ella!), al lado de la autopista Illia, en un club de vaya a saber qué náutico. Hay que inventar, che, se safó el cabito, la térmica quiere estallar, quiere dar vuelta un poco toda la noche.

Allen) Hace falta caos acá, tanto desorden controlado me pone mal. Necesitamos un disparate ya.

Luna estaba monitoreando las diferentes situaciones: Amiga 1 conociendo a chico X, que mañana no le importaría. Amigo 2 tratando de levantarse (as usual) todo lo que tuviera tetas. Amigo 3 pasadísimo de tequila, un desastre en potencia. Amiga 4 con un aire de tristeza (Lisa, si no me contás que te pasa, cada vez te conozco menos). Amigo 5, por favor, no.

Felipe bailaba. Se aproximaba a un grupo de señoritas. Lindas chicas, como todas, eran su target. Tequila tequila que vamos para adentro, que el cuerpo de Felipe es un barco que vaya a saber dónde encalla hoy, pues todos saben que él es experto en dejar los problemas mal planteados pero funcionando. Las ideas se le escapan como el vaso con su trago que salió disparado...

Aterrizó en la cabeza del dj. Terror. Al tipo le chorreaba todo el líquido, un desastre todo pegote, una idea que Allen festejaba desde el anonimato. Felipe hizo casi cuerpo a tierra entre los danzantes, se agachó, tenía que rajar de ahí, antes de que se dieran cuenta de dónde había salido el proyectil. La noche era genial, el cielo era el mejor techo de todos, derramaba un poco de luz de cada una de las estrellas. El pasto del campo era una mugre de vasos, puchos, papelitos, una lástima. Parecía lindo club, lástima que caímos nosotros y parece que estamos aplicando los clásicos esquemas de lo que nosotros llamamos "ponerle onda".

Allen estudiaba claramente la situación: tenía el auto de Orlando afuera del alambrado. Los cajones de cerveza estaban abajo de un árbol, pero bastante alejados del griterío, la música, los barmans y sobretodo, el equipo de rugby claramente presente entre los asistentes. Era tomar eso, ir por el fondo, sigilosamente, tirar el cajón del otro lado del alambrado, y buscarlo en el momento oportuno de salir porque "me olvidé el celular en el auto".

Orlando) No Allen. Te van a cagar a trompadas. Pará, no es el momento ni el lugar para tus jugarretas - había aparecido de entre los suyos, la voz de la razón, que se hacía medio el sota porque bien que había acompañado a Allen en más de una, pero de repente se le ocurre crecer. En seguida retorno a las chicas, y dejó a un Allen advertido, aunque no impedido.

Entonces Ludi conoció a un tal fulano que le ecordaba a un mengano que le hacía olvidar a Orlando, y que se puso a visitar su lengua en medio del quilombo de gente, casi sin preludios.

Era lo que yo necesitaba, no pedía nada más que un poco de alguien, quería ese cosquilleo que me producen los besos, aunque te los den mal. Pero odio cuando dan mal los besos, pibe, no necesito que me rompas la boca, que me tengo que buscar una nueva, a ver está bien vení. Es medio errático esto, viste, pero a ninguno de los dos nos importa tanto, y resulta que me vio Orlando. Jodete. Vos no te diste cuenta de que yo estoy acá, andá con la otra, que nadie te quiere acá, salvo esta estúpida acá en pleno acto de degradación sólo por un cosquilleo.

Lisa miraba anonadada a su amiga Ludi, irreconocible. Ludi a los frontazos con ese otro pibe, y podría haberse agarrado a uno mejor. No gracias, tu amigo no me interesa, gracias, tengo cerveza ya, no fumo, no me interesa tu habitación de hotel y no necesito que me revisen el aceite. ¿Lisa la mejor rebotera del mundo?

Lisa estaba ahí, en medio de la multitud, haciendo de cuenta que la estaba pasando bárbaro. Pero lo que la tenía un poco con las lagrimas adentro era que nada le pasaba en realidad, que era lo mismo que estuviera o no, que se hubiera quedado en casa durmiendo, porque aquí no estaba él, esperando conocerla, con una calidez que ella no conocía. En vez de eso, estaba el frío (era el final del verano, en realidad), el frío de Orlando con una, Ludi no admitiendo que la cosa no estaba bien, Allen siendo Allen, Felipe...

... Se dio vuelta, las pibas estaban bailando, y vomitó ahí nomás el tarado - contaría dos días después Luna-.Yo lo vi, estaba al lado de Feli. Ya ni pelota me daba ya, pero tenía miedo que termine tirado en coma alcohólico. Las pibas vieron como les caía esa inmundicia frente a ellas, salpicones, y la puta que te parió. Allen se reía, había alejádose de su objetivo momentáneamente para compartir con nosotros eso que somos.

Luna) Y vos, nene, ayudame un poco. Dale, que Felipe está bien.

Lo bueno de Allen es que se pone las pilas cuando hay que poner. Entonces nos ocupamos de llevar al borrachito este a un lugar de reposo, al lado de las duchas del club, donde lo tuvieramos a mano. Y Feli quedó ahí, hasta que nos tocó llevarlo al auto.

Luna) Allen. ¿Vos cómo estás? Noté que July no vino.

Allen) Si. Salía con otras amigas. Sinceramente la extraño, me viene la ola destructiva.

Luna) Bueno. Hace mucho que no hablamos, sin July de por medio ¿no? ¿Por qué no me contás cómo estás? Y no me vengas a esquivar, quiero saber cómo andás de tu insomnio y de tus inestabilidades, que noto hoy están en voga.

Allen) ¿Sabés algo? Te extraño a vos también a veces. Nunca te lo dije pero me gusta eso de que opinemos tan diferente. Creo que si dijeras exactamente lo mismo que yo ni me caerías bien. Eso, me prometí que te iba a decir esto, porque a veces parece que no te reconozco que sos buena en lo que haces. Aunque a veces me enervan algunas de tus respuestas empapadas de realidad y joyas de verano.

Previamente Allen había hecho muchas de las cosas que nos fuimos enterando. Inodoros con problemas, y desde el fondo vino corriendo uno de los organizadores, diciendo que alguien había iniciado un chapuzón de conitos, y que mañana iban a tener un lío con los del club. El cajón de cerveza había caminado desde los árboles, bordeando la valla que separaba la fiesta con la cancha, y luego de trepar y trepar por el alambrado paf estaba del otro lado, a pasitos del Reanult Clio, móvil de esta noche.

Luna miró a Allen. Allen esbozó esa sonrisa. Ella estaba obligada a ser complice, para que no le dieran una golpiza a su amigo.

Orlando estaba bien acompañado, la morocha era cita del domingo a la tarde. Ni se percataba de que lo querían mucho ahí nomás, a siete metros, Ludi, que lloraba en otro beso, porque lo único que quería era no ser tan Lisa, que estaba allí, esperando el milagro, pero ni siquiera dispuesta a mover un dedo por el cielo, que Allen estaba dispuesto a enjuiciar hasta instancias ridículas, porque July hacía lo que podía pero no corresponde hecharle semejante carga encima. Orlando puteaba porque lo obligaban a dejar a su conquista ahí en la fiesta, para irse nomás. Menos mal que tu celular ya realizó nuevas adquisiciones, nene.

Luna me dice a mi - Allen - que nos juntamos luego, que le explico esto del cajón de cerveza en el baúl, de los sueños rotos que total no uso porque ni duermo casi, hace 48 horas que mi conciencia artificial es casi todo mi ser, que por qué llevamos a Felipe ella de los brazos y yo de los pies, y por qué hace tanto que dejamos de resplandecer para disolvernos. Orlando putea porque nos vamos y la morocha se queda. Los rugbiers miran a un Allen demasiado jocoso, Lisa agradece el escape, al igual que Ludi, que viajará sentada en el regazo de Orlando.

Desvíos

miércoles, 22 de agosto de 2007

Personajes:
- Allen
- July
- Guillermina

I
2) Sabés que me gusta mucho cuando me agarrás así de repente, me tomás por asalto, improvisás con todas las letras, y hasta nos armamos un abecedario propio los dos, viste. Nunca te lo digo, pero es lindo encontrarte de frente, compartiendo las sábanas los sábados a la mañana. El otro día te extrañé, ese lunes que me dije que no estabas.

1) Bien. Nos vamos soltando, eso es bueno July. Me gusta que puedas decir las cosas un poco...

2) Lo que pasa es que vos tenés esa idea de que si no te digo las cosas, es que no siento nada. Vos me enseñaste a jugar con los implicitos, querido. Y si a veces no me salen las cosas, bueno, al menos mejoré, no?

1) Si, debo reconocerte que eso de enviarme un regalo a la oficina sin motivo fue excelente. Me gusta a mi que improvises. Y me gusta que planees las cosas también, porque la verdad que estaba teniendo un día de los mil demonios y justo llegaste al rescate. Por eso me pasa todo lo que me pasa con vos, porque llegas en el momento justo, cosa que no suele ocurrirme con nadie.

II
#) Eso de jugar con los labios, es una de las mejores cosas que aprendí de vos. Me acuerdo que te pregunté cómo preferías los besos. Y me dijiste "introducción, desarrollo y desenlace". Hay que hacer las cosas con variedad, ¿no Allen? Yo prefiero que juguemos así, que crucemos nuestros ojos constantemente, viste que cuando te acercás mucho a la cara de la otra persona, parecés un cíclope, que tiene un único ojo, y nos quedamos así cuanto tiempo al otro día de conocernos realmente (adivinamos que nos gustabamos pero nos conocíamos de antes y ya el primer beso que nos supimos inventar recuerdo perfectamente cómo fue, pero no como nos animamos a darnoslo) y decirnos cosas y tomar helado para luego recostarnos en la plaza del conocernos más, de ir a la par, siguiéndonos el uno al otro. ¿Te acordás cómo eramos, Allen?

1) Si, Guille. Lo recuerdo. Eramos casi perfectos, nunca nos peleabamos, ibamos de acá para allá en plena sintonía, eras mi aeropuerto más cercano, je.

#) ¿Me extrañás?

1) Esto no se lo dije nunca a nadie, y es una completa irresponsabilidad que largue esto así nomás frente a la principal implicada: Tenemos esta relación actual de no hablarnos nunca, salvo por este desvarío que estamos compartiendo ahorita, pero te digo, que me acuerdo de vos en algún momento de todos los días, desde que no somos nosotros.

#) ....

1) No sabés que decir, claro. Por eso no te digo estas cosas.

#) Es que no entiendo, me duele aún. Me dijeron que si se menciona mi nombre automáticamente el aire a tu alrededor se vuelve espeso, salta la térmica. Me duele que al menos no podamos estar en la misma habitación, que al menos no nos podamos saludar, que a ve cómo estás, que... ¿Qué te pasa Allen?

III
Juliet por Allen:
Julieta como en Julieta Cinadi, chica capitalina especial para este libertario fracasado que soy. July posee un sentido del humor delirante, una sonrisa realmente envidiable, pelo castaño ideal para remolonear por las mañanas, brazos suaves que son geniales para llevarlos en la espalda, en claro gesto de "ahora". Persona de autoestoma variable, tirando a nublada. Muy audaz con sus silencios, que funcionan como un gran sistema estereo para decir las cosas en voz alta con una inmutabilidad pasmante.

Contadora arrepentida, ama sus números tanto como los odia, se sirve de un análisis continuo de las realidades hipertensas para justificar una serie de ausencias contínuas, saberse de memoria qué ocurrió desde la vereda de enfrente, y cuántas veces le demostró la historia que en realidad tiene mala memoria.

Es temerosa por naturaleza, pero cuando al toque, cuando te pasaste de rosca, dejaste de ser el león para ser el cordero. Y pafff, no la para nadie. Y ahí es donde somos iguales, donde jugamos a cambiar los roles, aunque me parece que a mí me toca más veces ser león, pero a ella le encanta dar el revés y repentinamente sacarse la piel de oveja y lucir las fauces. Je.

También es propio tener en cuenta que ese cuerpito chiquito (1.58 de altura), destella continuamente emociones varias de todos los colores y sabores, de las cuales yo me quedo con el tutifrutti porque es su especialidad, sobretodo con crema chantilli y frutillas los viernes a la noche.

IV
Allen por July
Primero: un tipo tan interesante como difícil. Dulce como él sólo, pero hay que entender la frecuencia. Me contó una vez que su tía le tiró las cartas, y que predijo que lo que él más añoraba era la libertad, pero que eso no iba a poder ser, al fin de cuentas. Yo creo que eso lo marcó, desde chico, hasta llegar a ser Allen, residente de Almagro, 24 años, soltero, mirada penetrante, capaz de ser tan docil como cabezadura.

Suele meditar mucho. Demasiado. Compartimos eso. Pero cuando deja de pensar, deja de hacerlo en serio y entonces empieza el gran mambo, el gran baile, donde él dispone que la pista hay que gastarla, quela música nos incita a cosas que se supone no debemos hacer porque no son socialmente aceptadas. Y así terminamos haciendo al amor en la terraza de la fiesta de Ludi.

Como sostiene Meri (piensan que yo no sé lo que dice Meri, pero se equivocan), tiene una espalda excelente para hacer besos deportivos, de salto en largo, carreras cortas y natación sobre los homoplatos para llegar al chapuzón en la oreja. Allen gestiona los dos extremos: una rapidez implacable en la cual perdemos nuestra forma de ser en eso que somos. O una sutileza, una forma de sostener la tensión con un susurro y un roce de piernas que me ha metamorfoseado en leona más de una vez. Todo porque el cordero provocaba desmanes.

Racionalista que reniega de su herencia inevitable, ahora anda un poco más suelto, pero para esa soltura con esa caida inherente de ladrillos, esas destrucciones tan contemporáneas de nosotros mismos. Tiene una puntería para los misiles teledirigidos asombroza. Cree tanto en las sorpresas, en esa necesidad de fisurar la rutina. Y se queja de que el mundo no cambia lo suficiente. Ese es Allen Jana, demasiado soñador y demasiado despierto.

V
1) Deberíamos irnos un rato, alquilarnos una habitación en nunca jamás un fin de semana, y dedicarnos a coleccionar lo efímero de nosotros, que nos importa tanto y yo me quiero quedar con tus abrazos, que ya me malacostumbraste. (introducción, desarrollo y desenlace.)

2) Quisiera. Deberíamos. Sostengo que es una excelente idea, un beso en la comisura de los labios, que me gusta porque estimula la imaginación, es un pequeño detonador de fantasías Allen. Sería lindo, vernos un poco sin ese resto de mundo de la avenida, los puestos de diarios, las bocas de subte, el sesenta que pasa, mi prima que llama por cel, tu padre mensajeando por tu paradero y decime ¿eres feliz conmigo?

1) Si. No estoy acostumbrado. Es raro, incluso a veces me asusta, me pregunto por las ilusiones ópticas que sé sufrir demasiado a esta altura, a la vista de todos, sin que nadie lo note demasiado.

2) Te cuesta pensar que el cielo pueda ganar el juicio. Pero sabés que es lo mejor.

1) Siempre y cuando vos, así como sos, Julieta muchacha de ojos marrones, jeans gastados pero bien lucidos, remera negra de los Beatles, pulcera de plástico de poca monta y sin aros en ninguna de sus orejas; seas la abogada del cielo, que argumentás mucho mejor que yo.

VI
#) Cuando recuerdo que estabas... Porque mi gran herida es que no estés, Allen. Que hayas dicho lo que dijiste, que caminaras en dirección contraria, que me evites, que yo sea el chispazo que inicia la reacción en cadena. Duele saber que yo estoy ahí, de fondo, entre tanto desierto.

1) Creeme, si vos pusiste eso en palabras, yo soy la carne viva.

#) ... Que soy la causa por la que iniciaste una y otra vez el juicio este que llevas acabo...

1) Si, Guillermina.

2) Detesto que me digas Guillermina. Es obvio, cuando me llamás por mi nombre entero, todos lo notan. Todos me dicen Guille, que queda muchísimo más cerca que Guillermina. Millas más cerca, continentes más cerca. Guillermina está en la otra punta del mundo, Allen.

1) Sabés como es esto, se presenta la evidencia, el juez escucha a las partes, a la querellante y a la defensa, y el jurado, tendencioso como nunca emite un veredicto. Pero todo esto es un proceso largo, tenso, denso, poco brillante, más bien opaco.

#) No sé, no sé si quiero ser la abogada defensora. Ese afán de que el cielo termine perdiendo la querella, me duele. Es que me molesta ser mera "prueba del delito", me molesta ser la pieza inerte sobre la cual se debate. Dime ¿alguna vez podríamos suspender el juicio, dejarlo ahí un rato? No arreglaremos nada, lo sé, ya es tarde, pero me gustaría compartir impresiones por fuera de la corte. Por fuera de lo que nos hemos convertido.

Jugada de gol

domingo, 19 de agosto de 2007

Personajes:
- Meri
- Orlando
- Bruno
- Felipe
- Allen
- (Luna)
I
Mientras me siento un poco a disfrutar del paisaje, veo como las paredes relampaguéan al ritmo de un reggaetón inescuchable, la lluvia empieza a salpicar a los que afuera disfrutan de eso que es intomable y Bruno inicia otra escalada con otra mina que otra vez lo va a mandar a freir espárragos.

Primero fuimos a comer, a celebrar que se nos va un grande, que Allen inició su escapada hacia otro lugar, y vamos a ver en qué termina. Orlando es una especie de presencia fantasmagórica, aparece y desaparece. Felipe baila con todo el mundo, nunca pensé que alguien pudiera beber tanto, de tal manera.

Hace tiempo que venía acomodando la jugada. Esto es como un partido de fútbol, querido. Si, vos contra mi. Allen contra Meri. Je. Tanto tiempo intentando, y nada. Vos cuando querés das cero feedback, guapetón. Y no sé si es que tomamos un poco de más pero esta vez te la voy a hacer más difícil.

II
Orlando: ... estuvo no sé cuánto tiempo puteando por el olor a mierda, porque no se podía laburar. Y cuando le llegó el mail invitándolo al gay resort, jajaja, nadie en la oficina pudo contener la risa, incluso Olga, lo miraba a Alberto.

Allen: Debía pensar "oh no, es peor de lo que yo creía, mi marido me cornea con otro tipo". jajaja.

Meri: No sabés. Están todo el tiempo hablando de vos, de que no hiciste esto, de que no dejaste listo lo otro, de que no dejaste un celular y que ahora cómo te contactamos.

El lugar: La Farola de Belgrano. Excelente para las milanesas a la napolitana, tamaño tanque. Cervezas de por medio, algunas papas fritas. Estrenando salida de ex compañeros de laburo. Allen festejante, en dos días comienza otra cosa. El resto, adaptándose a una isla nueva, de la que el demonio de tasmaña se fue, auto eyectado.

Orlando nos dice que hay fiesta, que no sabe qué onda. Las nubes amenazan con tirarnos baldazos de agua fría, pero estamos con ruedas todos, móviles esperándonos a que los llevemos hacia el próximo estallido. Felipe le mandó el mensajito a Orlando: Niceto Vega y Bondpland. Fiesta de no sé qué, no conocemos a nadie, vamos.

Allen piensa que hoy tiene que ser una noche normal. Aunque algo está alborotando todo, pero tiene que ser normal. Orlando no da dos mangos por esa idea. Meri tiene otros planes. Bruno entiende que la noche es todo lo posible que aún no ocurrió.

III
Volvemos a la locación: fiesta desconocida.
Este partido me lo debés desde hace rato, querido Allen. Desde las caricias en tu espalda cuando me llevabas a casa en el auto, esa noche en Juan B. Justo. Desde la vez que fuimos al recital en River, que yo me cambiaba en el auto, en plena avenida Libertador, a tu lado, y vos manejabas imperturbable, y yo me preguntaba si terminaríamos yendo al reci o teniendo relaciones por ahí nomás.

Es como una pelota de pase de gol, intenté jugadas por donde fuera, por el centro, jugando bajito a los pases cortos. Al pelotazo desde lejos, a ver si entraba al arco. El referí no me da penal ni en pedo. El estadio está en silencio, viendo a ver qué hago, cómo me las arreglo para meter gol o no.

Allen veía cómo las paredes vaban vueltas y vueltas, el piso hacía zoom in y zoom out, y el techo se derretía como si lo hubiera pintado Salvador Dalí. No recordaba hacia cuánto que estaba ahí. En algún momento había estado Orlando, que se había sumergido en la multitud de la noche. Felipe estaba tomando algo que se hacía llamar "nectar", y seguro era un derivado del petroleo y el ácido tartárico. Meri estaba reposando un rato en una banqueta, al costado, cerraba los ojos y se tambaleaba. Bruno estaba afinando la puntería, se olvidó el tirador láser, así que estamos viendo si con escopeta de perdigones cazamos algún venado, que está lleno.

Entonces yo tenía pelota, estaba el juego parado en realidad. Era como un tiro libre. Patee. Le dije a Allen que viniera un rato, que cómo andaba, que no habíamos tenido oportunidad de hablar los dos bien desde esto de que él se va, y cómo se va a notar tu ausencia...

Orlando estaba hablando con una de las chicas del lugar. Curiosamente, la noche no acompañaría a Orlando ("reboté quince de quince intentos", diría al otro día). Era une bella casa, digna de cualquier residente de Palermo. El living había sido despejado de todos los muebles que seguramente lo poblaban. Estaba el lugar lleno. Ninguno de la troupe sabía cómo habían llegado ahí, de parte de quién, quién los esponsoreaba, cuánto habían tomado, blablero, ... Estaban seguros de que mañana todos absolutamente todos tendrían un dolor de cabeza terrible, que los recuerdos serían fragmentarios, que las selecciones de la memoria serían muy arbitrarias, pero que el cuerpo pasaría la factura de todo lo acontecido, detalle a detalle.

IV
Paso a paso. Primero mi mano trepa tu espalda, y te digo que la verdad, se siente re linda. Y tu pelo ni hablar, me encanta jugar con tu cabellera, hacer remolinos. Mientras vos manejas, mirás todo Buenos Aires desde esa pantalla frontal que tenemos en tiempo real y con sonido superemvolvente, esa gran bestia que nos hace suya a cada momento, de la cual renegamos. Y por favor, que no estes pensando en tu chica, que July es nada más que un accesorio. Yo quiero que los dos nos olvidemos de ella y que...

No entiendo a Meri. O mejor dicho, si, la entiendo a la perfección. Digo, las señales son irrefutables. Orlando me mira con cara de "sos un salame" cada día que nos decimos hola el la oficina, cada momento que ella viene y se sienta en mi oficina a charlar de la vida, y Alberto nos mira de reojo porque resulta que yo anduve con la otra piba que estuvo antes que Meri (es mentira) y que no trabajamos nada (otra mentira).

Los rumores del affair Meri-Allen habían surgido del día a día. Orlando sabía que Meri le tenía ganas a su amigo. Allen se ocupaba de omitir esas evidencias. Una vez, en el cumpleaños de Orlando, Meri y july se conocieron. Meri siempre confianzuda, mandándole el brazo alrededor de la cintura a Allen. July trinaba. Se daba cuenta. Sabía que no pasaba nada por parte de Allen, que él jamás visitaría esos labios, que no rompería el contrato de exclusividad que mantenía con ella. Pero Meri lucía esas ganas de estar con Allen, demasiado escotadas, demasiado insinuantes. ¿Y si algún día quebraba la defensa, y si algún momento de flaquesa lo abordaba a Allen? Allen no era una persona estable, pero en cuestiones de amoríos era...

V
... un dinosaurio - dijo Luna-. Vos crees que el amor es para siempre, que no nos damos besos con nuestros ex aunque hayamos encontrado otra pareja, que nada más tenemos lugar en el corazón para nuestro compañerito de toda la vida. Actualizate Allen. Pensá que ahora Guillermina anda con cualquier otro, y vos estás recién testeando a ver si July es July. ¿Y si tuvieras la oportunidad de besar a Guillermina otra vez? Ahí te quiero ver, aunque la hayas enterrado, yo sé que ella tiene ese poder sobre vos.

Allen se sentía desactualizado, efectivamente. Para estas cuestiones se daba cuenta de que se aferraba a las personas demasiado quizás. Pero iba más allá de las elecciones que pudiera realizar, no eran racionalidades, eran cuestiones ancladas en lo más profundo de su ser, eran parte de su carne. Él era eso, esa persona que no juega a varias puntas, que no soporta las infidalidades, las visitas furtivas a labios prohibidos. Porque las aventuras, según Allen, se viven con esa persona que efectivamente no somos nosotros pero nos hace sentir más nosotros.

VI
Conseguí que vinieras, Allen. Bien. Un logro, una ventaja. Se te nota más relajado hoy, será que ahora te espera ese estrellato, esa nueva constelación que vaya a saber a quién implica. Y me enteré de tu alejamiento de July, que era la marca principal en tu defensa, a ver si ahora puedo gambetear. Porque mi brazo dice que tu cintura está esbelta, que tu espalda me sigue gustando tanto como las otras veces en tu auto. Que me cuesta acercarme pero porque me gusta que estés cerca tanto, y los hombres suelen hacerme las cosas más fáciles, pero vos, Allen, tenés tus mañas.

Existen los goles de pelota parada. Te voy a extrañar. Vos también. ¿Qué esperás? Tantos cambios, vos tan joven, tan idealista aún, por encima del resto, yo te juro que me alegro de tu nuevo trabajo, pero lamento tu partida, mi sonrisa guarda algo de tristeza, ya te lo dije.

Es simple, como encontrarnos en ese bar de las cañitas, tomar unas cervezas, reirnos de Alberto, sobre todo de Alberto. Después que me lleves a casa completamente borracha, y abrazándome a vos, porque no puedo ni caminar, y gracias, me encanta que me cuides, que estés, que seas Allen aquí y ahora, en pleno abrazo de sábado a la madrugada. Si te pregunto cómo estás es porque quiero compenetrarme en el tema, porque ahora apoyo mi cabeza en tu hombro, porque te doy un beso en el cuello. Si, te di un beso en el cuello, ¿y?

Meri estaba jugando el partido como nunca. No lo podía creer, escalaba posiciones. Pero Allen, fiel a Allen, no desarmaba la defensa. Pero no pasaba nada. Pero el tiempo estaba yéndose y no pasaba nada, era ella en el campo de juego. Creo que esto es un corner, creo que todo el equipo tiene que ir a cabecear, creo que esta vez aunque sea con falta metemos el gol, creo que patee, que mi boca aterrizó en la de Allen, que estoy viviendo en Allen un rato, que llegó el vuelo, que patee del corner y pude cabecear y la pelota entró.................. Gol.

Bruno perdió el interés en los perdigones, dio media vuelta, para encontrarse que la cara de Allen y la de Meri era una sola. Felipe empezó a aplaudir, riendo compulsivamente, no comprendía bien qué pasó o cómo, pero avalaba el resultado. Orlando escupió un "por fin" que tenía atragantado desde hace al menos tres meses. Una ausente July lloró de rabia, le hubiera gritado que ella lo amaba, a diferencia de "otras". Bruno miró a Orlando que miraba a Felipe que miraba su destornillador, y elevó el vaso. Un brindis.

Gol. Jugada de labios. Magistral jugada de labios.

VII
Allen: Ehm.... Perdón Meri, pero... No es lo que quiero.

Meri: ¿Cómo que no es lo que querés? Si no me dijiste nada, no frenaste mi juego.

Gol anulado. El resto fue una cordial ráfaga de puteadas de Meri a Allen. Que sos un pelotudo, no sos mi amigo, entendelo. Que no me vengas con estupideces, que la verdad es que bien te dabas cuenta, no puedo creer que seas tan boludo.

Allen estaba lo suficientemente pasado como para no terminar de comprender, pero si entendía que eso no debía ser, que el gol no valía, que era todo un error, había posición adelantada, la fecha no correspondía y el árbitro no estaba en sus cabales. Las explicaciones posteriores fueron la gran omisión de todo esto, y el hagamos de cuenta que no pasó nada, aunque Orlando lo vio todo, Felipe va a preguntar, y veremos quién más vio la jugada.