Entretelón: Palermo

miércoles, 19 de octubre de 2011

"Fuck, fuck, fuck" refunfuñó ella en medio de un llanto, mientras golpeaba sobre la mesada. Él se había ido y sus ojos se topaban, oh casualmente, con los aros que eran su regalo de aniversario.


"Me quiero separar", le había dicho. ¿Cómo? ¿Quién se lo esperaba? Ni ella. Le costó horrores tomar la decisión, estuvo tres días sin casi comer. Pesa 55 kilos y una culpa tremenda.

"No sé cómo existo ahora", se dijo a sí misma. Es como haber vomitado todo el dolor de repente: duele como la concha de la lora pero es para mejor. Es para mejor, se decía a ella y explicaba a sus amigas luego de un "jojojo" que jamás podía liberarse de una entonación trágica.

Él se fue de casa esa misma noche. Llamó al hermano y vino con la camioneta. Sacó algunas cosas: ropa, obviamente su computadora y por qué no, la juguera. Ella de a ratos ayudaba, pero por momentos se quedaba sin hacer nada, sólo miraba. Hubiera pensado "se está yendo", pero no podía pensar en palabras, sino en imágenes: un hijo en común y cómo explicarle, ocho años de pareja que se terminaban, no conocía a otro hombre desde los veinte, mierda.

De alguna manera se le vino a la cabeza una canción qué siempre cantaba un amigo suyo: "My name is Ivor, I'm an engine driver". Y todo lo que eso implicaba.

Cuando él se fue eran cerca de las doce de la noche. Ella se paró en un cuarto semi vacío, que daba a un living desolado. Hablaba, decía "Bueno, listo lo hice", y le sonaba un eco. Qué sonido de mierda cuando uno está solo. No solo en el momento, sino solo en la coyuntura.

Se tiró en el sofá hasta las tres de la mañana, sin hacer nada ni poner música (algo raro en ella). Desde ese momento se propuso recuperar unos kilos que no recuperaría en meses. Cuando recibió un llamado de alguien que no era él, no contestó.

"Necesito concentrarme en otra cosa" dijo mientras agitaba uno de las dos copias que tenía de Las manos sucias. "Sartre y la puta que te parió", exclamó revoleando el libro por los aires.

"Mierda... ¿y entonces por qué yo necesito esto?", dijo llorando. Se acostó sola en la cama y tuvo pesadillas.

Él la llamó al otro día. Para ver cómo estaba, viste. Atendió bien, un poco lúgubre, aún sin entender esa decisión que ella misma había tomado. Su cuerpo se lo pedía, pero no entendía bien por qué. Ese malestar previo, ese estómago cerrado, ese temblequeo en las manos. Todo se lo pedía y ella no sabia por qué pero había tenido que dejarlo.

"¿Y si el tiempo lo arregla todo?" Todo. Vamos. ¿Todo? Ocho años y todos creían que estaba todo garantizado, que los buenos tiempos ya estaban comprados. Todo pleno verano, che. La Belle Epoque.

"Todo una mentira". No no no, hay algo que no estás entendiendo, es todo parte de un proceso, todo fluye. Es todo un accidente pero tiene sentido. No de antemano, pero te juro que tiene sentido. "¿Para qué? Ahora haberlo conocido es lo mismo". Correción: no hay chances de que seas quien sos si no es un poco por él.

Al otro día llamó él nuevamente: el oxido y toda la existencia que los unía.

Soltarse un poquito

domingo, 16 de octubre de 2011

En ese momento me parecía el hombre más tierno del mundo. Por primera vez podía hablar con él honestamente, podíamos conocernos un poco más. Creo que eso me conmovió.


Porque él es tremendamente respetuoso. A veces quisiera que no lo fuera tanto porque es una de sus formas de ser distante. Era como si necesitáramos un empujoncito, y me pregunto hace cuánto que nos queríamos y no nos dábamos cuenta.

Entonces lo que quedaba de nosotros se abrazó, pero no se retiró como suele hacerse. Nuestras caras quedaron cerca y fue como si descubriéramos que estábamos de acuerdo en besarnos.

¿Cómo es cuando tenés a alguien en tus brazos y no lo querés dejar ir? Cuando sentís su espalda, la recorrés, le pasas la mano por el pelo y le acariciás la nuca. Y cerrás los ojos, porque el tacto predomina, pero no sólo las manos sino los dos cuerpos fundidos en uno.

Y me puse así de melosa. ¿Y si nos soltamos un poco? Nada de esto lo planeamos, así que hagámoslo.

Yo que nunca me pongo de acuerdo con él, que siempre me lleva la contra (él me apodó Dra. No). Nosotros no tenemos tanto en común, pero es como si en el fondo sí lo tuvieramos. Es como si luego, cuando nuestras personalidades se desarrollan, algo cambiara. Pero no somos tan diferentes.

Sentados a las seis y media de la mañana en un zócalo, frente al Dashi, él me contaba sus últimos tres meses y yo le decía que no quería que le hicieran daño. El posaba su mano en mi pierna. Yo en una de esas le daba un beso en la frente. Él me lo contestaba. Y así.

Previamente un transeúnte nos había dicho "chicos, amensé, ya se van a arreglar". Discutíamos sobre sus viejos y los míos, yo le contestaba un tajante no mientras él defendía lo indefendible. Cuando dijo eso nos sonreímos los dos.

Me pregunté qué sería de nosotros al otro día... pero no le dije nada.

baldosas

jueves, 13 de octubre de 2011

Cuando uno camina relajado va esquivando las uniones de las baldosas, vieron. Es por en sencillo hecho de que uno tiene tiempo, que se fija en esa boludez. Hacía rato que no me daba ese gusto de perder el tiempo así.


Cuatro semanas antes él me había contado que estaba con otra. Me dolió como el carajo, caminé pesada toda usa semana. Le dije que aún así "seguimos siendo amigos". Qué mentira. No volvimos a hablar desde entonces.

Ahora camino ligero.

El tema es olvidarse, dejar ir a la gente. Es difícil, pero pasa todo el tiempo: olvidamos lo trascendental. El amor nos impide esquivar las uniones de las baldosas, es así.

Venía todo bien, hasta que me enteré que a las dos semanas ya él no salía con esa chica. Me enteré que ella era psicóloga, ni en pedo pudo soportarlo. Me enteré que él también manifesto una breve crisis de desinterés súbito por ella. Me enteré que nuevamente mi cuerpo lo quería un poco entonces.

Estuve a punto de hablarle un sábado. No me animé. Pensé que estaba hablando con otra. Seguro que estaba hablando con otra. Esa misma noche, más tarde, aproveché utilizar el Facebook de Jackie para ver su perfil. Sus fotos. Se habla con la reventada esa, para qué.

Me deprimí. Jackie me tuvo que levantar de la cama para salir. Fuimos Mika. Terminé dándole mi teléfono a un flaco alto con cara de nada, y vomitando en casa de Jackie. La pasé genial. Ahí si que llegue pisando las uniones de todas las baldosas. Un desastre, pero estaba relajada.

No se me ocurrió nada mejor que al otro día comenzar a hablar con un amigo de él, que sé que me tiene onda. Total, soy libre. Si piso o no las baldosas, es asunto mío. Igual, bastante histerico el conchudito, porque me tiró pero para joder nomás, porque jamás formalizamos la salida esa de la que hablamos.

Días después pensé que este pibe se lo había contado a mi ex. Y eso detuvo todo. En una de esas él no soportaría verme con su amigo.

Me paré frente a las baldosas rayadas. Era imposible no pisar las uniones, porque no me entraba el pie en una baldosa. Entonces dije que de una forma u otra, tenía que avanzar. Y le hablé de nuevo al amigo de él, de cagona que soy porque en verdad me hubiera gustado hablar con él.

Hubiera precisado de la ayuda de Jackie en ese momento, pero ella estaba ocupada mandando a la mierda a su Jimmy. Ninguna de las dos tuvo brújula esa semana che.

Y como yo no entendía nada, agravé mi situación preguntándole finalmente al amigo por él, que era quien realmente me interesaba. Entonces él se hizo el boludo y a los tres días me habló. Nos juntamos, la pasamos fenómeno, me trató súper bien, me acarició genial.

El problema es que al otro día yo estaba con una sonrisa de oreja a oreja por algo que en verdad no era. Pensé que me quería, pero era simplemente afirmar que él me tenía cuando quisiera. Y yo una boluda que lo llamaba y ni me contestaba.

Pisé raya porque no me podía sacar de la cabeza como habíamos cogido tan bien y al otro día nada, y al otro día menos, y nuevamente en Pampa y la vía. Me llegué a preguntar si había estado mal.

Entonces, parada plenamente entre baldosas, me pregunté si importaba, si realmente me tenía que preocupar por si él me había siquiera amado alguna vez. Me hice la fuerte, caminé sin pisar las rayas. Pero era mentira, en verdad me tropezaba con la unión de todas y cada una de las baldosas, como una chiquita ridícula.

ir

jueves, 6 de octubre de 2011

I
Cuando me quedé en la calle ella me miraba, con un gesto de tristeza evidente. Trataba de que volviera. Pero yo soy un duro, un tipo difícil, no me banco boludeces de nadie. Me fui. A las diez cuadras de caminar (porque me fui caminando) llamó ella al teléfono y no la atendí.

¿Y por qué esa inevitable sensación de que cuando uno se pone más viejo se pone más intolerante? "Cada día soy más de derecha", pensé. Al otro día discutimos por teléfono. Al otro día también. Pasamos como dos días sin hablarnos, y después nuevamente: a discutir.

II
- No sé, me vino con que por qué me había fijado en Mariela antes que en ella.

- Son así.

- En serio, salimos dos veces. Ya me salió con eso. Espera una explicación: por qué me fijé en su amiga antes que en ella.

- Se va a quedar todo el tiempo pensando que le querés dar a la amiga, y que ella es tu segunda opción.

- No es justo.

- Claro que no lo es. Son cosas que se dan. Cuando conocés a un grupo de amigas, quizás con la primera que hablás es la que más te atrajo de entrada, pero no es con la que terminás teniendo más onda. Pero andá a que entiendan.

- Claro. Pero posta, está ofendida.

- Sí. Y no hay justificativo que le puedas mandar, no hay explicación que ella vaya a aceptar. Porque ella ya decidió.

- Pará pará, quiero creer que se le va a pasar.

- Sí, pero cuando discutan o esté cruzada, te lo va a echar en cara nuevamente. Encima es de las mejores amigas de ella. Y aunque la amiga no te pase ni cabida, se queda insegura.

- Pero yo estoy con ella bien, no con la amiga.

- Sí, seguro. Pero es como si no lo superaran. Ya me ha pasado: el reclamo de por qué me fijé en menganita antes que en ella. Resulta que Menganita era simpática sólo los primeros quince minutos. Jamás pude darme a entender con eso.

- Los primeros quince. La primera salida, ¿tanto importa?

- Les importa muchísimo. Cuando quieren, las mujeres son muy perseguidas. Muy.

III
Si le doy besos en el cuello se vuelve loca. Si le doy masajes en los pies gime. Si en el desayuno le preparo tostadas con manteca y dulce de durazno me da un beso. Si le acaricio la mejilla clava sus ojos en los míos. Si me quedo dormido antes que ella me abraza. Si se despierta antes que yo me roba el libro que estaba leyendo de la mesita de luz.

Si la abrazo por la espalda se convierte en gelatina. Si la abrazo en el sillón automáticamente apoya su cabeza en mi hombro. Si digo muchas malas palabras todas seguidas se ríe. Si me hablan de mi madre ella me abraza para que me olvide.

Si no duermo en toda la noche al otro día me hace historia. Si le doy un Tofi y le digo que la quiero se desenoja conmigo. Si llego preocupado del trabajo me calla la boca de un beso y me tira en la cama. Si ella llega llorando yo me siento con ella a escucharla y abrazarla.

IV
Estaba en plena fiesta cuando todo me empezó a girar. El mundo se sentía raro, las paredes vibraban. Estaba sonado el tema ese de "Hello" y me llevaron puesto como si fueran una locomotora. Mientras ella me miraba y yo no entendía: estábamos tratabdo de bailar.

Comprendí entonces que cuando me habían dicho "te pongo un cuarto de pepa en la cerveza" no había sido en joda. Es extraño, pero llegué a racionalizarlo: estaba drogado. Y el tema era no ponerme nervioso porque sino iba a tener un mal viaje.

Por suerte ella me entretuvo un poco, me enseñó un paso: nos tomábamos de las manos y cada uno para un lado diferente. Entonces con las manos estiradas, cada uno en una punta, se soltaba la que teníamos más lejos para quedar agarrados de la otra.

Me costó cinco canciones entender el paso.

Cuando yo me acercaba a ella las amigas se esfumaban y nos dejaban solos. Pensé que ella estaría incómoda. Hablamos del principio de entropía mientas el fotógrafo nos sacaba una foto y nos decía "ñoños". "Todo lo que pasa a nivel micro, pasa a nivel macro", dijo ella.

Y de repente desapareció.

Cucú

jueves, 29 de septiembre de 2011

Pasé una noche de los mil demonios. No porque ella me molestara, sino porque siempre, las primeras veces que duermo con alguien, no duermo (sep, se que dije algo contradictorio). Ella furmió genial, pero yo estaba demolido.

Nos levantamos a eso de las diez, momento en el que obserbé que sólo tenía café instantaneo en su casa. Me debí haber callado eso.

En algún momento del temprano mediodía, estábamos mirando Glee (me obligó) y repentinamente me miró y me dijo: "Bueno, ya es hora de que sonrías. Me cansé de tu cara". Mi cara estaba más que justificada por la falta de sueño y café!

"Vamos, ya está. No me interesa que estés enojado con tu hermano, ya está. Sonreí por favor".

Me estaba ordenando que sonriera. Fue sublime. Era un "sé feliz, carajo mierda". Mi postura en el sillón no varió. Necesitaba "mi espacio".

Es que yo no sabía en lo que me había metido: estaba saliendo con una muchacha un tanto inestable. "Cucú", como ella misma dice. En un momento le dije que iba a comprar pan para almorzar, a lo que me contestó: "No, vos no salís hasta que sonrías", y se fue a la puerta y sacó la llave.

Desde ese momento mi falta de confort se empezó a hacer intolerable.

¡Vamos! Raptado por ella, dejenmé de joder.

Decía que teníamos que resolver esto, y que me tenía que quedar. Que se lo debía porque ella me había recibido en la casa (?!!). Tardé días en percatarme de lo abusadora que era ella en verdad. De la fricción psicológica que ejercía sobre mí.

Ella se negaba a dejarme salir, hasta que dijo que ibamos los dos. Ahí fue donde la cagué porque en vez de seguirle el juego le dije "Bueno, no ahora me quiero ir la verdad".

Para qué... "Pero ves que conmigo la pasás mal, pero es tu actitud, vos tenés que pasarla bien y se supone que conmigo te divertís".

Silencio.

Ella se rió.

"¿Perdón?", dije. "Nada - contestó ella-, estoy pensando en todas las cosas de las que podríamos hablar. Pero no las digo, porque soy la única que me esfuerzo".

El summum.

"Bueno, dale, me voy. ¿O vos solés raptar gente?". Me lavanté y la encaré enojado. Tremendamente enojado, estalladamente enojado. "Esto se termina acá - continué-, yo estoy como se me anotoja y la verdad es que no estaba mal aunque no sonriera como vos querías".

En ese momento reculó ella. Puso cara de perrito mojado, me trató de abrazar y me quizo dar beso en el cuello. Pero soy jodido, recontra, y no la dejé.

Se alejó y me miró angustiada.

"Me voy", dije, ya sobrepasado.

Abrió, bajamos por el ascensor en silencio. Hasta que ella dijo "te podés quedar y hablamos".

No contesté. Bajamos cel ascensor y me llevó a la puerta. Puso la llave, pero no abrió. Me miró, como intentando convencerme de quedarme.

"La puerta".

Abrió y me fui sin decir más. "Chau" me dijo ella. Al otro día me llamó cinco veces.