¿Y qué mierda debería importarme? Acá yo puedo tirar piedritas al mar cuando me interesa, y ya. No necesito nada más. El sol quema un poco, pero está bien. Recién a esta hora empiezan a caer los viejos. ¿Que son? ¿Las diez?
Lo lindo de acá es que podés tomar una cerveza directo des escaparate del super, pagarla y venirte acá a tomar. Diez de la mañana y esto. Allá son las seis. Y mientras intento calcular cuánto nos tomará llegar a...
Justo ahora pasa un avión. Me quedo mirándolo. Es la primera vez que me parece bonito ver una de esas cosas de metal que cruzan el cielo. ¿Dónde estará el aeropuerto? Estoy a un día de averiguarlo, no doubt.
La gente que desayuna frente al mar, ¿qué piensa? O sea, eso debe ser una nube de pedos. ¿Y yo? me hago el contestatario mientras me tomo una... Kostriker, o como sea. Y ya hace 17 grados, quisiera poder meterme al agua.
Ella está durmiendo. No me interesa pero no puedo dejar de pensar. ¿Se acordará de algo de lo de anoche? Seguro de alguna parte, de la que menos me convenga. Yo me caigo a pedazos, corazón. Son las diez de la matina y me quiero colapsar a dormir pronto.
Y las piedras... creo que no traje malla. Todo esto lo pienso y estamos a dos días de tener la pelea de nuestras vidas. Yo no lo sé, pero lo sé. Va a ser en cualquier lado. Elegimos el castillo, porque transitarnos es eso, las diferentes salas, la muralla.
Eso, vos estás del otro lado de la muralla y yo no sé cómo mierda bajar el puente. No sé cómo mierda llegar a vos, o quien sea que está del otro lado. Desde alguna de las torres vigías, detrás de la muralla, sé que me han insultado.
El ruido del agua es relajante, pero te juro que no puedo dejar de pensar en esta mujer. Me pregunto si siquiera le importaré cuando despierte, si se tomará el trabajo de perguntar en la recepción a donde estoy. O si se hará la mensa, tomará su café con cereales y se irá para...
Estaría bueno dejar de dar vueltas, y sencillamente tocar algo. Para algo traje el ukelele, ¿no? Ya que ni pude dormir, al menos quiero seguir existiendo al ritmo autómata de una canción, como por ejemplo esa.
La playa
martes, 31 de enero de 2012
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Etiquetas: IV
In & out the skies
lunes, 30 de enero de 2012
(De las pocas veces que se me ocurre un título antes de comenzar a escribir)
I
Fue tan rápido como fulminante. La noche anterior me había besado como nunca, me había hecho sentir como nunca. Cosas lindas, recuerdos bonitos. Y a la mañana siguiente lo esperaba, me preguntaba cómo sería todo, cómo nos saludaríamos, cómo sería de ahora en más. Y llegó y me dio un beso en la mejilla, me dio un seco "hola". Cosas lindas, recuerdos bonitos que quedan opacados por lo que pasa después.
Por dios, que mal que me cae ahora.
II
En el auto eramos Barthes, Bentham, Debord y yo. Ibamos a una peña en Caballito, en un local de La Campora (me encantaría explicarles cómo fuimos a parar ahí, pero no lo sé). Yo navegaba mi ser como se navega un naufragio, vieron. Porque cuando terminás una relación estás en el ojo de la tormenta, vos sos la tormenta, la otra persona como que te llueve encima...
Manejaba con algo de tristeza, con algo de bronca, con algo de depresión. Mientras Barthes me indicaba que debía girar a mi izquierda en tres cuadras, que me fuera tirando para ese lado. Y les dije:
- Me separo.
Barthes me puso la mano en el hombro. Yo tengo tenía sobre mi ser todo el peso de mi existencia, ni se imaginan.
- Bueno chango, no te preocupes. Venías en crisis continua, te juro que vas a estar bien - dijo Jim, que siempre utiliza esas fórmulas vacías para alentar.
- Sí - retuiteó Guy -. La verdad es que no los veíamos bien hace rato. Será mejor así... aunque ahora parezca todo una reverenda mierda.
- La verdad, no sé qué decirte - contestó por su parte el juicioso Rolland.
- La verdad, quiero olvidarme de todo muchachos. Sólo les cuento que cuando Clarise venga y les hable, el estatus es ese.
Los escuché hablar de cualquier cosa el resto del trayecto. Al llegar a la peña, disfrutamos de un excelente quinteto de tango, que versionó Adios Nonino y me resultó memorable. Me olvidé un rato de me tenía que llevar las cosas de casa, de que teníamos que hacer al división de bienes.
Casi me engañé de que estaba vivo y todo. Luego fuimos a por una pizza. El lugar era chiquito, sencillo. Se originó una queja de parte de Bentham porque sólo tenían Quilmes. Se había iniciado la charla sobre mujeres, de la cual no participé, y sólo recuerdo fragmentos:
- ... ahora las pendejas están tres mil veces más rápidas -explicó Debord-. El problema es que las de nuestra edad, las que son más para sentar cabeza, están peor que nunca. Muy inaccesibles las pib...
- ..pre, todas las veces, jamás falla - decía Jimmy-. Te preguntan si hay otra. No tuve ninguna relación en la que la chica en cuestión no me preguntaba si no había otra. Como si nec...
- ...sulta difícil, la verdad -confesaba Rolland-. O sea, no soy un tipo de salir a encararme a nadie. Entonces toda esa movida me aburre. Ya sé, ustedes me dicen que me tengo que avivar, que me ten...
- ... son mucho más liberales de lo que pensamos. Digamos, es todo un tema de publicidad, nada más. Es como si tuvieran que mantener una imagen de pulcritud que jamás podrían cumplir en...
- ... mito tener un problema con el compromiso. Me di cuenta de eso, siempre ando buscando el porque no, tengo esa tendencia a creer irrefutablemente que todo va a fallar, que de alguna forma todo se va a cagar...
- ... n dado cada chance a mi. Tengo que admitir que soy un incompetente, que las jugadas a mi me salen de suerte, y nada más que de suerte. Porque no soy bueno hablándoles...
- ... dejé como loca a esa! Mirá, creo que está bien llevarse a una de esas a la cama, es una experiencia necesaria. Te ayuda a dejar atrás un montón de fardos que ten...
- ... estuve a punto de decirle de volver, que la quería. Aborté la idea cuando supe que estaba en una relación bien, me parece egoista meterme a arruinarle las cos...
- ... me pegó un cachetazo, así nomás. Fueron unos años en los que se había generado como una moda en golpearme. Pero esa vez si que me hicieron ver las estrellas.
Todas esas fórmulas efímeras que ellos saben construir, porque ninguno de ellos estuvo casado, o siquiera convivió. Y me doy cuenta de que voy a volver con ellos, en un intento de hacer la revolución, o algo que se le parezca.
III
Empezás a salir con ella y te vas a dar cuenta, a medida pasa el tiempo, que no es tan perfecta como vos pensabas.
IV
Era todo un desastre. Porque a la mañana siempre todo es un desastre. Abrí los ojos, la habitación era Vietnam. Todo tirado. El living seguro también. Extendí mi brazo entre las sábanas, hacia la mesita de luz. Quería alcanzar el fucking despertador.
Las 10.30. Era demasiado temprano, pero cuando duermo con alguien por primera vez sobre todo, suelo dormir menos. Ella estaba durmiendo como la mejor, no le importaba nada. Su maraña de pelos no me dejaba ver bien su cara. Roncaba levemente
"No sabía que podíamos hacer esto", me había dicho ayer, justo antes de darme besarme. Sí, yo tampoco. Pero las cosas están raras.
Estaba despierto, pero no tenía ganas de levantarme. El café era muy necesario, pues mi humor era el matutino, o sea: no el mejor. Me pregunté si cuando ella se despertara pretendería tener una conversación civilizada conmigo. Me imaginé cómo sería desayunar con ella, así, como pareja.
Me la imaginé sentada en el living, en un shorcito mío prestado, y la remera que también le presté para dormir. Esa gris y bordó con el número 16, que le marca los pezones.
Es raro, yo creo que uno es amigo de ciertas personas como si no se diera cuenta de que puede pasar algo más. Tan naive soy. Es como si de repente entonces uno descubriera la dinamita. ¡Paf! Te encajo un beso.
Viste esa electricidad. Yo creo que cuando empezás a sentirla en los abrazos, o en los saludos un poquito más largos que lo habitual, o cuando te toma del brazo, o cuando tiene sueño y pone la cabeza sobre tu hombro y se queja de que la película es larga.
La cubrí un poco con la sábana, porque el ventilador seguro le estaba dando frío. Me di cuenta de que podía hacer algo que siempre había querido: besar a la otra persona cuando duerme. Así que le corrí un poco esa maraña de pelos y le di un beso chiquito, casi te diría robado. Pero era mío, sólo mío.
V
Mm, le puedo decir "¿Qué hacés el viernes a la noche?". No, muy directa. Además, ¿qué hago si me dice que tiene algo ya programado? Necesito algo que deje la fecha abierta.
Podría ser un "Hola ¿te parece si algún día salimos?". Así, mas casual, pero bien distendida se lo tengo que decir. Así, lo tengo que enchufar en medio de una charla de esas en las que pegamos onda. Así, en verdad, es... cualquiera, pero qué hambre que tengo...
En verdad la onda es hablar de algo como teatro o cine, y cuando llegue a una película que él quiera ver yo le propongo así como si nada de ir, porque yo también quiero. Aunque corro el riesgo de tener que fumarme una cagada.
El tema es si me dice "dale, le decimos también a menganita y fulanito". Ahí me recagó. En verdad, debería ser algo así como... algo que deje claro que salimos él y yo nada más, pero que no sea una cita.
Le puedo tirar un "en qué andás" después del laburo, así como así. Y en una de esas le propongo de la nada juntarnos en algún after. Así, relax, tranqui. Ahora se lo puedo mandar, a ver qué contesta.
Así, bien de cobarde, mandarle las cosas por mensaje de texto y no en la cara. Es mucho más fácil. El tema es que si no me contesta, ¿cómo lo tomo? O quizás sea mejor llamarlo, aunque tampoco quiero ser intrusiva. Pero si lo llamo me saco al toque la duda, un sí o un no.
En verdad, debería lograr de alguna forma insinuármele, qué él me diga de salir. O sea, quizás le digo lo del cine y me hago la interesada. Porque si yo le tiro, es como que quedo demasiado foward. O peor, como una desesperada.
El problema es cuando lo veo a él solo. Porque siempre están las otras pololeándole por ahí. Como rompen las pelotas. Es un hecho, haga lo que haga tengo que esperar a que estemos solos, tengo que aprovechar algún momento así.
Ahora, lo que no puedo resolver es cómo generarle el encare. O sea, si yo preparo todo y no me tira nada, no sé. Tengo que encontrarle una forma de dejarlo ahí, fácil pero no evidente. Lo ideal sería... no sé, no sé no sé.
¿Por qué no sencillamente las cosas se dan?
Pero todo es imposible con este pibe. Siempre me puede contestar cualquier batata. Es medio así él, como que le gusta hacerse el estúpido. Y peor, probablemente le de pelota a la trolita de recepción. Todo porque ella le agita las tetas, ella ay sí.
Pendejo de mierda, la puta que te parió, qué difícil que sos.
VI
Esperamos el tren, abrazados, y no tengo idea de cómo mis labios llegaron a los tuyos. Pero que bien.
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Etiquetas: Breaking point 3
La suerte
domingo, 29 de enero de 2012
Digamos que a esta altura las pruebas me han llevado a esto: tengo suerte. No se trata de que yo aproveche mis oportunidades, sino de que a mi simplemente las cosas me ocurren. Es más, si supiera aprovechar mis oportunidades, sería más afortunado.
Haciendo el raconto de mis últimos años, lo veo así: mi vida laboral, amorosa y académica ha sido siempre atravesada porque "las cosas me pasan", por la fortuna. Yo en verdad no hago nada, o en el peor de los casos dejo pasar las cosas.
Es como si el destino se apiadara de mi incompetencia, y me forzara a que las cosas pasen. No creo ser el artífice de mi propio destino. Bah, no soy un "actor" de mi propia historia. Siempre hay fuerzas exteriores que complotan.
Lo digo, porque me he dado cuenta de la cantidad de cosas que me han pasado a pesar de mi. La cantidad de veces que zafé de problemas -muchos de ellos graves- por puro y sencillo ojete, nada más. Y si bien estoy agradecido, también da impotencia. Además, da cosa pensar en lo que uno se perdió por no saber aprovechar, por ser un mero actor pasivo de la historia.
Porque todo son sucesos, cosas en las que estoy metido hasta la médula pero con las que no tengo nada que ver. Eso. El epicentro de lo que me pasa, pero un desentendido.
Entonces uno se entra a dar cuenta de que en verdad, uno debería ser el creador de su vida, de su historia. Dejar todo a la suerte está mal. Sino, uno termina siento un estúpido con suerte, y nada más. Porque digamos que no me destaco en nada, no soy bueno en algo, no tengo un "fuerte", o una habilidad.
Sartre me tacharía de estúpido, de pelotudo. ¿Cómo alguien no va a ser responsable de su propio destino? Bueno, sí lo sé, es vergonzoso, pero es mi caso. Si hay algo que aparece en todas las obras de teatro de Jean-Paul, es eso: las circunstancias pueden ser más o menos inauditas, pueden ocurrir como si todo fuera un plan de fuerzas desconocidas; puede parecernos que no somos dueños de lo que nos pasa. Pero resulta que uno elige qué hacer con las situaciones que se le dan.
Pero ese no es el tema acá. Porque yo sé que en verdad tengo responsabilidad. Yo lo que digo es que a pesar de mis malos manejos, a pesar de mi poca lucidez, la suerte me ha jugado a favor. Ese es mi problema: que soy pura suerte.
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Etiquetas: essay
Cosas que pasan
viernes, 27 de enero de 2012
Cosas que pasan:
Ella, precisamente ella, no se va a jactar de no decirle a él que lo ama, que no se anima a mostrarse aunque se lo cruza todos los días. Que se queda con sus hipótesis, antes de tomar riesgos.
Gran inventor, laburador impecable, que terminó en medio de la nada desempleado, debido a que sencillamente no podría elaborar un "no" a tiempo.
Está el pibe que cruzó el océano para encontrarse con su chica soñada y allá se peleó. Volvió totalmente a la deriva, para pasarse un mes en cama de la tristeza.
Está la muchacha que tuvo que internar a la madre en un geriátrico. Esa que tuvo que irla a buscar a Salta, para traérsela acá. Y que a duras penas da con sus nervios.
Podríamos, llegado el caso, mencionar al antihéroe que se mudó con su chica luego de "negociaciones forzadas" para durar tres meses en la convivencia.
Otro muchacho: aquel que terminó internado en rehabilitación gracias a los fármacos que le había recetado para sobrellevar su depresión.
Esa mujer. Esa mujer que se vio envuelta en una confusión que la llevó a un triángulo amoroso. Ella que no sabía cómo explicarle al hijo que entonces, desde ese momento, ellos y su padre vivirían en casas separadas.
La chica bonita, que planeaba su casamiento, mudarse y ser feliz. Esa que una semana antes de la boda y la compra de la casa se enteró que su futuro esposo no estaba preparado para compartir su vida con ella.
Aquel desafortunado que esperaba reconciliarse con su amor, pero justo se la cruzo cuando iba con otra se paseo. Y no era nada, pero ¿cómo explicar la mentira de ocultar la mera salida?
La tarambana que vendió todo para poder irse a vivir al sur, y cuando fue no pudo comprar nada: no le alcanzaba el dinero.
La otra, la loca, que intentó quedar embarazada de su ex novio. Sólo para que tuvieran que casarse. Esa misma que luego perdió al bebé.
Este otro muchacho, el de la vida desordenada, el que llegaba cuasi drogado todas las noches. Ese que no contestaba el teléfono porque dormía y lo llamaban para decirle que su abuelo había fallecido. Y dos meses después, lo llamaron todo el día para avisarle que si madre había sufrido esa misma suerte.
Y el pibe que pospone su operación, que sabe que en algún momento deberá realizarse. Pero que pospone, que dilate lo inevitable o se condena, en definitiva, a correr cualquier otra suerte.
So. Shit happens. Stop complaining.
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Etiquetas: Breaking point 3
Dos centímetros
jueves, 26 de enero de 2012
I
Fue entonces que me senté sobre las piedritas de la playa, frente al mar. Intenté recordar cuál era la ruta aerea, pues horas antes, por la tarde, nos habíamos quedado ella y yo mirando cómo pasaban los aviones sobre el Mediterraneo.
Miré a mi alrrededor. Solo. La escena tenía su encanto. Si la temperatura hubiera estado más agradable, me hubiera metido en el agua.
II
¿Dónde estaba? Se había ido sin el mapa, había salido del lugar sin saber cómo demonios llegar al hostel. Todo por un malentendido. Yo estoy bien, pero él... se pierde a diez cuadras de la casa.
Le dije al francés, casualmente llamado Jaques, que me iba, que tenía que encontrar a Jimmy porque no quería que pase la noche afuera. Por más que no ocurriera nada. Ella me miró, medio borracha, estaba hablando con un londinense bastante guapo. La olvidé y salí.
Me agarró una especie de desesperación. ¿Dónde estaba? Recorrí los edificios del bajo, que se encuentran al costado del Paseo de los Ingleses. La construcción era adorable, los ventanales de los edificios bajos, las luces tenues. Por primera vez creo que unos adoquines me parecieron bonitos.
¿Jimmy?, pregunté por una callejuela. Qué ridícula, yo buscándolo a él que no me quiere ni ver. Y el que se fue sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen. Eso me pasa por permitirle cruzar la raya de mi paciencia de a poco, de a dos centímetros a la vez, en lugar de pelearnos de lleno y decirlos las cosas así, en crudo.
III
- Por favor, te pido que no - dijo ella mientras bailaba al ritmo de algo, quizás Miley Cirrus.
- Necesito un souvenir.
Estaba nuevamente con la idea fija: llevarse uno de los carteles de Bavaria que había en el boliche. Ella se preguntó por qué demonios le había insistido tanto en que salieran a bailar, si ya de cajón no estaban de humor. Ninguno de los dos.
Habían logrado entrar rápido alegando que eran latinos. Él logró elucubrar la fórmula "Nous viennent de loin, je suis argentin", y el de la entrada les charló un poco amistosamente antes de hacerlos pasar.
El lugar era bastante bonito. Oscuro, con luces de neón verdes y un dj que pasaba música y tomaba algo, probablemente... Lleno de extranjeros. Ella había dicho que no quería tomar nada de alcohol, mientras que Jimmy se dedicaba a probar cada tipo de cerveza que no conociera, y si su nombre le resultaba impronunciable, mejor.
Las luces de láser eran un espectáculo. Las palmeras de plástico en la pared le daban al lugar un toque "posmo". Y al lado, un cartel que anunciaba que había Bavaria.
- Además - prosiguió él -, preciso justo ese cartel para ponerlo con el de Heineken. Sino es competencia desleal. Estoy a escasos segundos, dos centímetros de llevármelo.
En ese momento ella lo consideró un perfecto idiota. Se la pasaba mirando ese cartel antes que dedicarse a ella. Y entonces vino un francés y le empezó a hablar. Ella se reía, porque no le entendía nada. En algún momento él le dijo: "Vous êtes Latina? Fougueux!"
Excuse moi, elle est avec moi - dijo en pésima pronunciación Jimmy. Pero el francés hizo caso omiso y ella no reparó en la intervención. Era su venganza por las pendejadas de él.
- Así que... - dijo Jimmy un tanto alterado. Y se esfumó. Jackie se quedó charlando un poco más con el francés hasta que reparó que efectivamente, la habían dejado sola. Demasiado sola.
Se encontraba solo, medio ebrio y peor, enojado, perdido en Niza. Todo por intentar esa cita fallida.
IV
Jackie había insistido en la cita fallida por un recuerdo que tenía, de aquella vez que Jimmy la había llevado a bailar. Dijo "¿Por qué tenemos que depender del resto para salir? Salgamos nosotros, vamos a un lugar a gastar las pistas".
Ella se rió. Ya llegados a los treinta, era extraño. La vida era más juntarse a cenar con amigos, y si había fiesta mejor. Pero, ¿salir ellos solos? ¿Que él, encima de todo, la lleve a bailar?
Dicho y hecho, le dijo que se vistiera para la ocasión. Él hasta se puso camisa, cosa que no hacía falta pero a ella le gustó el detalle.
Algo lentos para aprender, aún así se divirtieron. Fueron a Vega, un boliche de rock y pop. Lo primero que notaron era que el público era "sub 20". Lo segundo que notaron es que en ese lugar tocaban bandas de rock, y justo le tocó la noche a un tributo a Kiss.
Luego de los alaridos, ellos dos ensayaron un par de pasos. Iban recordando, iban poniendo en práctica eso que los dos olvidaban. A él le gustaba en cada paso recorrer los brazos de ella con las manos. Ella disfrutaba de cada vez que se acercaban, cada vez que se miraban a dos centímetros.
V
- Dos centímetros - dije, aproximando mis pies casi a donde llegaban las olas -. Dos centímetros es la distancia a la que tenés algo que te afecta mucho, pero que no es tuyo. Y si podés saldar esos dos centímetros, si podes efectivamente por una puta vez dejar la distancia, sos feliz.
La luna era llena. El viento era poco amable y las luces del Mediterraneo eran encandilantes. El agua casi casi me tocó los pies.
Eso. porque cuando las cosas se tocan, cuando las personas se encuentran, parece que fuera todo un accidente. Ninguno de los dos sabe que hacer. "Opa, ¿cómo reacciono ante otro ser humano?"
Dos centimetros, o tres, o un oceano. Cuando la distancia es grave, se mide en mares. "Estamos a oceanos de distancia". Y te tengo en frente. Y esos dos centímetros, decí lo que quieras, pero esos dos centímetros son de agua pura.
Porque medir las cosas es una forma de sentirnos seguros. Podemos estar mal, pero si le pusimos una medida a la situación, nos sentimos tanto mejor que cuando directamente no sabemos ni de qué kilometraje estamos hablando.
A vos no te gusta como hago mis olas.
A mi no me gusta que me navegues tan impunemente. Frente a vos, no puedo pretender que no necesito defender una parte de mi. Eso que necesito que sea mío. Y vos...
La escuché gritar "Jimmy!!". Estaba ahí, venía por el Paseo de los Ingleses. Probablemente se habría aburrido del francés. Su silueta bajaba torpemente por las escaleras hacia la playa, me miraba pero yo no la veía verme. Era todo una hipótesis. La pucha, y yo sin mi cinta métrica.
VI
Cuando me desperté él no estaba. Bajé a recepción, pregunté y me dijeron que había tomado el desayuno y se había ido "a tocar el ukelele al mar". Afortunadamente la chica hablaba un inglés impecable, lástima que era demasiado amigable con J.
Lo vi enseguida. Eran las 9.30 am (5.30 en Buenos Aires, solía pensar en la diferencia horaria). Me senté junto a él, sin decirle nada. Estaba tocando una tonadita tonta, algo así:
Don't take one more step, please
Two inches and just breathe
If your love's an ocean, may I swim in your seas?
But there's no such thing as heaven...
Publicado por T. en 0:49 0 comentarios
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