If

viernes, 30 de marzo de 2012


I
Hacia 1531 la ciudad era un punto estratégico militar, y tal como casi lo demuestra Carlos V al intentar sitiarla, se encontraba indefensa. Fue entonces cuando Francisco I, ordenó la construcción del Chateau D'If en la isla. A su vez, las murallas en la costa del Fuerte de San Nicolás completaban la estrategia defensiva.

"La vecina inoportuna", le decían los marselleses, pues era símbolo de un poder central que los incomodaba. A partir de ese entonces, el puerto era una boca de lobo: entre el satélite de If y aquel fuerte, que dominaban la costa francesa.

II
Las piedras le chisporroteaban bajo los pies, mientras el sol le había desear que hubiera dejado su sweater en el hotel. Recién allí entendió los horarios de la lancha: tenía una hora para recorrer todo el Chateau, sino debería esperar otra hora más.

El australiano le había dicho que era hermoso. A ella sólo le interesaba por la fábula de El Conde de Montecristo. Además, le encantaba escuchar a la guía turística hablar en francés, no entenderla, estar tan afuera de todo.

La voz imaginaria de Bentham le recitaba:

- Sabés que cuando le ganaron a Carlos V, a este castillo lo tiraron al tacho. Bah, no al tacho, pero lo convirtieron en una prisión. O sea que sólo sirvió para defender esa vez.

- Como tu historia sobre Salsburgo.

- Algo así. Te das cuenta de que arquitectónicamente, no es para lo que terminó siendo.

Ella caminaba por el interior del castillo, por el pulmón central. Miraba las placas arriba de las entradas de las celdas. Los nombres de los reclusos, una de las recámaras incluso tenía algo parecido a una parrilla.

- Esto no puede tener un pulmón central sin tener una torre central. Es Foucault básico. Lo que pasa es que una fortaleza no es una prisión. Mi bisabuelo decía que el poder debía ser inverificable, omnisciente.

- ¿Sabías que acá tuvieron un rinoceronte no sé cuánto tiempo? - dijo ella hablándole a un imaginario Bentham.

- Me enteré. ¿Es fábula?

- Como nosotros.

- Se murió ahogado cuando trataban de llevarlo a España.

- No melón, al revés. Iba para Roma. Era un regalo para el Papa.

III
Pasé toda la tarde mirando en 360 grados la ciudad. Un punto de vista privilegiado, como el Chateau. Pero esto es otra cosa. Y allí a lo lejos ella debe estar discutiendo con él.

Y yo acá, tocando, pasan mis compañeras de cuarto, sonríen. ¿Está mal? Hoy a la noche salimos, no se preocupen. Pero me molesta un poco que estén hablando ahí, mientras yo toco canciones pasadas de moda en lo alto de la montaña, mirando toda la ciudad, entera, completa, íntegra.

Me acomodé en la piedra un poco, y toqué Mrs. Robinson. Un señor se detuvo a mi lado, mirando el panorama. Al costado izquierdo, el Chateau.

- La chanson est très jolie.

- Merci monsieur, vous etes tres aimable.

No estaba pidiendo dinero. No atinó a dármelo, por suerte.

En punto siempre sonaban las campanas de la iglesia, gran atracción de la ciudad, pero más por la vista panorámica que por la capilla en sí.

IV
- Ay, Jimmy - dijo ella parándose en el centro de la torre de San Cristóbal, punto más alto donde la vista podía ser espectacular. Desde allí miró al monte, donde estaba la iglesia.

Ninguno de los dos lo sabía, pero en ese preciso instante se estaban mirando exactamente a los ojos, desde esa distancia indiscernible. Ella se preguntó cuál canción estaría tocando.

- Fijate que las otras dos torres - dijo un Jimmy imaginario-, Saint Jaume y Maugouvert, dan a la costa. Entonces, podían armar como una especie de cerrojo con el Fuerte de San Nicolás. Lo que no comprendo es por qué no hay una cuarta torre, al este. Solo los cañones en la muralla baja.

- Me imagino que por más que construyamos el fuerte, siempre queremos que alguien entre, que nos haga fracasar.

- Pero es muy evidente.

- No te creas. De hecho, fijate lo bien que sirvió en su momento. Era ese flanco por donde entrabas vos.

Se escuchó un ruido de piedritas crujiendo debajo de unos zapatos.

- ¿Yo?

- Sí. Era tu entrada garantizada. Yo tenía mis torres apuntando para otro lado, para que no me molestara el de la cafetería, ponele. Y vos tenías vía libre por ahí.

- Si es como acá, pues te juro que tuve que remar y remar para llegar a la costa, luego trepé, y me tiraste un par de cañonazos.

- Lo sé.

Se había perdido la lancha de regreso y debía esperar otra hora. Había quedado con él en verse a las ocho, así que debía apurarse porque quería estar arreglada y antes hacer unas compras.
Wellington

V
Revisando la historia, me doy cuenta de que se trata de un entrelazamiento de caprichos de los poderosos, de los reyes que se peleaban, de almirantes que habían jurado honor a una patria, de ebrios que irrumpen en el palacio real.

No doy con otra explicación. Una serie de caprichitos, la historia es eso. Jugar con el destino, así, de caradura nomás...

Revés

martes, 27 de marzo de 2012

Y felizmente me dejé caer sobre la cama, luego de otro largo día de trabajo. Todo había quedado atrás, como si se tratara de siluetas en una ráfaga fugaz. Y ya. Silencio, como te quiero. No me importaba recibir llamados de mi madre, tampoco me importaba que él estuviera con otra, ni que mañana me esperara flor de quilombo con la vecina debido a que mi gato le había cuadriculado la cara al suyo.


Sólo la libertad es tiempo real, me dijo él una vez. Se jactaba de haber descubierto eso. Pero por favor, eso lo sé desde que tuve trece años, cuando finalmente me dejaron tomarme el palo del equipo de voley para poder dedicarme a la danza.

¿Qué sentido tenía? Porque te juro que no quiero ser bailarina. Ahora me di cuenta de que no, de que lo hago porque me divierto, y mejor la paso mientras menos seriedad le doy al asunto.

Me pregunto si mañana mi jefe se irá a enojar, ya que... pobre, un toque de lástima me da, Pero trato de no enfocarme en eso. Porque seguro me provoca arrugas, ya no tengo 23 años.

Suena el teléfono, pero te juro que no pienso atender. Me da vagancia levantarme a bajarle el timbre, qué molesto que es.

Sólo le enviaría un mensaje a él, para contarle. Pero sé que no me va a hacer bien, que estoy tan acostumbrada a contarle todo. Me pregunto cuánto tardará en hablarme de nuevo. Meses. Hijo de puta, no puedo creer que te sea tan fácil.

Ojo, tengo que acordarme de que mañana... Bah, tengo todo el santo día, puedo ir... puedo hacer lo que quiera. Sólo la libertad es ti... ¿sabés qué? Odio recordarte por eso. Así, tan glorioso. No es de mala, pero me gustaría verte sufrir un poco por mi al menos. No de mala, pero me demostraría que te significo algo.

Soy tan ilusa que pensé que me ibas a escribir para saludarme por el día de la mujer. Que idiota, ya había preparado la forma de mandarte a la mierda. Y cuando no hiciste nada, no me escribiste ni nada, me deprimí como una pelotuda.

Mi madre... mi madre se convierte en un ser molesto: pasó de llamarme a enviarme mensajes de texto. Y yo sigo en la cama, tirada, mirando el techo. Revolución. Anarquía. Soy la activista más paja del universo, quiero cambiar todo con solo desearlo, tengo complejo de genio de lámpara mágica.

Hoy obviamente pido delivery. Tengo muchas ganas de comer pollo al champignon. Amo el pollo al champignon. Harta de las boludeces como empanadas, pizza, y eso.

Soy tan la peor que no quiero ni levantarme a llamar por teléfono. Quiero yo qué sé, mandarles un sms y ya, no me rompan. Y por favor, deseo con toda mi alma tener vino. Por favor, no recuerdo. ¿Me lo terminé el finde o...?

¿Me traerán un vino decente con el pollo si lo pido? Pero que gilada. Esos son mis problemas: el delivery. A ver, repitamos: "Yanina, tus problemas son bastante pelotudos".

Sigo odiándolo, a él y al otro. A uno porque ni me habla. Al otro, porque me habla todo el tiempo, como se le antoja. Dejo de ver al que quiero ver, sigo viendo al que deseo ni siquiera haber conocido en primer lugar. Esto está al revés.

Maldito sea el día en que mi madre aprendió a usar un teléfono celular. No quiero que me llame más. Y el delivery, no sé, que me traiga cualquier vino, no problem. Y sino tengo el vino barato, ese que compré para cocinar y que nunca uso. Total, ponele que me quedo ciega y ya.

Mal no me vendría, así no veo a quienes no quiero ver y me fijo en las cosas que importan. ¿Una es una hija de puta si acepta la invitación de un hombre pero sabe que no le va a dar cabida de entrada, no?

Un poco de maldad. No soy profesional, soy amateur: no entiendo nada, ni de la vida ni de la profesión, menos de lo que es querer a alguien ni de lo que es que no te quieran.

Papafritóloga. Eso debería ser. Porque sé bastante de papafritas, en todos sus formatos. Desde las comestibles hasta los pelotudos con los que una sale un domingo a la noche al teatro a ver una versión de Freshwater y luego va a cenar y se ríe para hacer enojar a ese...

Odio reconocer que esa vez me fui al carajo yo. Pero una no es de plástico, no me gusta que me esquiven, decime las cosas en la cara.

Otra vez, todo al revés: el que quisiera que me diga todo en la cara, me esquiva. Y el que quisiera ni escucharlo, me dice todo así de frente como se le canta.

Menos mal que mañana ya fue, menos mal que mañana tengo el día entero para no explicarle a uno por qué lo mandé a la mierda y al otro porqué cuando llegue de viaje, me va a encontrar tirada en su cama, esperándolo. A ver su ahí no me habla.

Hipotesis

jueves, 22 de marzo de 2012

1) Me veo obligada a sostener que nuestros "diálogos" tienen algo de Cortazariano. Esa especie de solemnidad respetuosa pero querendona, algo chambona, vaga, retrucadora. Como si estuvieramos exponiendo una clase o algo y de repente saltara alguien de atrás a decirte "che boludoooo".


2) Te juro que a veces tus hipotesis me...

1) Opté por no intentar comprobar o refutar las hipótesis. Son eso: tesis con hipo. El problema es que vos siempre le ponés hipos a mis tesis, ¿te das cuenta? ¿Y mientras qué hago? Trato de dibujarte la silueta, pero no te quedás quieto. Te malcriaron de chiquito a vos, para que no se te pudiera dibujar como corresponde.

2) Entonces claro, resumime como si yo fuera sólo un mal dibujo. A mi siempre me toca la denuncia, siempre me toca el rincón del aburrido. Y cuando me mandás y te lo descontrolo, te das cuenta de que lo hago divertido, te ponés peor.

1) Yo no me pongo peor. Me pongo mal, pero no peor.

2) Tus tecnicismos...

1) Tus criticisisismo...

2) Tus tesis...

1) Tus hipos...

2) Ahora no estamos solemnes.

1) Es solo un bache de las circunstancias. Es más, si no hubieras hablado te hubiera dicho, con el debido respeto, que te quiero. Así como sos.

2) Sí. Perdón, tuve la sensación de que te frené. Es que me dio miedo, porque eso, decir "te quiero", pero "te quiero" en serio, es todo un acto. Y me agarró vértigo, porque sólo me lo decís vos.

1) Mentira igual, te lo dijo la otra.

2) ¿Qué otra? Ah... pero ese te quiero no vale, es otro "te quiero". No está convalidado por nadie, es un pacto medio a la ligera, sacado al paso.

1) ¿Y? Me sigue no gustando..

2) Es que te juro, me cuesta explicarlo y me cuesta encontrar las ganas de debatir eso.

1) Debatir...

2) Eso, que vos des y que yo entre a batir. Siempre terminamos sacando cualquier cosa, te juro que no es, te lo juro, te lo prometo, te lo imploro.

1) Bah, perdoname, es que a veces no sé medir el ancho de mis celos. ¿Te acordás cuando ella... -le hace un gesto con la mano, que hace un firulete sobre al frente de él, y le tira un beso-. La odié desde ese momento.

2) Admito que fue, muy a mi pesar, un gesto desubicado. Pero eso no revaloriza su "te quiero" de ninguna forma, más bien lo contrario. Porque entonces, si es por eso, se genera inflación con los "te quieros": la gente empieza a emitir "te quieros" de forma descontrolada. Y necesitamos querer, pero a un precio razonable.

1) Querer a alguien jamás cuesta un precio razonable.

2) Bueno, se entiende...

1) De hecho, no. O sea, la razón te juro que no tiene que ver con la inflación de los "te quieros".

2) Te amo, en verdad es ahí a dónde quería llegar, y así de paso evitamos el índice inflacionario, sea cual sea.

Ella se sonroja un poco. Algo molesta, porque no queda solemne sonrojarse. Pero si queda querendón.

1) Tus tesis...

2) Tus hipos...

En definitiva son todas hipótesis.

Nantes

lunes, 19 de marzo de 2012

Nobody raise your voices... just another night in Nantes (pronunciese "Nontes").




Todo mi interés por este lugar surgió de la información que llegó a mi, de parte de alguien que no les voy a mencionar, de que hay una compañía de teatr que trabaja con muñecos gigantes. Entre esos muñecos gigantes, una niña y un elefante son las estrellas.

Obviamente, deposité todas mis expectativas en eso. Como si se tratara de un pedazo de escenografía que necesitaba ver.

Me encontraba levemente desviado de Montpellier, por un no tan leve error logístico que tuvo que ver con un paro de trenes en la gran ciudad de Marseille, capital del fin del mundo.

Ponele canales a todo. Merodeé por la ciudad al menos unas tres horas, sin rumbo fijo. Es lo que me gusta hacer. Además es barato, porque nadie te cobra por perderte por ahí.

El problema con la logística es que me retrasó al menos un día con mi plan de viaje. Pero en esa confusión llegué aquí, y he dicho en reiteradas oportunidades que a veces mis errores son geniales.

En verdad, ¿saben qué? Marseille tiene poco que ver. Todo surgió por confundir Port Bou con Bordeaux, todo por la pronunciación francesa. Vieron que cierran todo. Que la E es O, que le sacan las letras a todo, que juntan todas las palabras y celebran todas las contracciones.

Bueno, entonces a Nantes llegué de pedo. Y me podría haber ido así como llegué, pero no pude. Si me había equivocado, debía equivocarme grosero.

¿Por qué mierda tienen una calle que se llama J. F. Kennedi? ¿Por qué camino hacia cualquier castillo que encuentro? Creo que esto lo hago a propósito, y que escuché Bordeaux porque quise escuchar Bordeaux y no Port Bou.

O sea que atentó contra mi mismo.

Mis problemas cada vez me resultan más snob.

Amsterdam

I went to meet Jim at Schiphol Airport. I finally saw his face a year later: slimmer, short haired, same beard, really bright smile. I didn't quite understand at the time what was going on, and perhaps I still don't get it.


I didn't know what to do. Should we shake hands? Just say hi? Should we kiss? We had a kiss in the cheek, just that. Altough we both wanted something else.

I asked several times if he wanted help with his bag. He just let me carry his petite guitar (let me clarify this: it is not a ukelele). And at some point, walking throught the hall, to the station, we hugged. I could tell he was really pleased, he smelled my hair.

We took the train to Centraal Station. He was like a little boy, looking outside the windows, amazed. I was surprised. I mean, he already knew Amsterdam, so... Why is it so incredible to him?

- Homes, houses, cars. The trams. This is beauty - he said-. I can't wait to reach the canals, and Damplatz.

Damplatz was my everyday life, nothing serious. Then he mentioned something about going to Volendam. Which of course I agreed, coz it's a really nice town.

- Please, can we go to the Rijksmuseum? - He said.

He knew that i do not enjoy going to museums.

When we reached Centraal Station, we hopped off and went to the street. The sunset was really stunning. It was not cloudy, and that's rare in Amsterdam at this time of the year. But somehow, the sky was clear.

He just stood, and cried. He was disarmed, completely shocked,

- Is there somethig wrong? - I asked-. What happens?

I hate it when I don't understand what is going on. And I was clueless about Jimmy. I even thought that he was crying about someone else, that bothered me.

- I'm alright. It's just that I thought I would never come back here, and...

He could not even finish the sentence.

Somehow, we hugged again, what this time it was really strong. He was still carrying his backpack, really heavy, so my arms could not get around his body. It felt like being faraway, but getting closer. So close.

He looked at me, maybe for the first time since he arrived. He kissed me, in a really slow gesture which I loved so much. I understood a little: he was really touched by being in Amsterdam, but I didn't know exactly why.

He smiled., I love to see a nice smile after a kiss, so close you know. It's not so common to see happyness right there in font of you, hugging you.

I believe we stood there like ten minutes before we could reach the tram and get home. We stayd home, talked til pass midnight. I believe we told each other our whole lifes, and I understood a little bit more: he loves this city and he was really happy to be back and "in really good company", he said.