Le fabuleux destin d'Amélie Poulain

viernes, 10 de agosto de 2007

(cómo la queremos... ¿no?)


Tomo la primera persona de la enunciación aquí por primera vez. Es decir, me dejo de inventar cosas y personajes. Y escribiré sobre otras invenciones.

Y aquí está ella, Amelie. A esta altura es siempre una buena visita para mi, siempre alguna pirueta para hacer, algún revoleo de ojos, algún montaje que me toca ejecutar entre mi día a día y la pérdida completa del tiempo. Y está bien diversificarse. Lo primero que debemos aceptar de esta chica es que las cosas no tienen que ser como son. Es decir, tenemos la oportunidad de nosotros mismos inventar formas nuevas de hacer las cosas, sorprendernos hasta a nosotros mismos, y por sobretodo a los demás.

Esta chica se ha dedicado a salirse con la suya, pero de una manera tan linda, que no puedo hacer más que aplaudirla. Mandar enanos de jardín a recorrer el mundo, escarmentar a un jefe mala onda, invitar a un hombre a revisitar su niñez, demostrarle a un viejo encerrado que hay mundo y que está ahí nomás. Realizar todo ese montaje para ver si este otro muchacho con hábitos tan peculiares como entretenidos termina parado frente a su puerta, preguntando por ella.


Aquí la tenemos de niña. Como todo chiquitín, alcanza a ver cosas que los más grandes no podemos, o que se nos dificulta (igual bien saben que yo no me destaco por haber crecido... je). Creo que tiene que ver con ese momento inicial de la vida de una persona, en el cual está descubriendo el mundo, siendo uno con el mundo (Merleau, se me filtra este tipo siempre...). Porque cuando crecemos , pareciera que aceptamos las reglas, y entonces perdemos esa relación lúdica con nosotros y con el resto.

Y encima era ta linda la nena (de grande también, obvio). La primera parte de la peli es genial, me encanta. Ella desde la ventana, ella con los dedos llenos de frutillas. Simplemente magnífica. Aquí, sacando fotos, un amor.

Amelie fue adoptada casi como un modus operandi, no solo en situaciones de cumples, sino en otras. Con resultados diversos, pero de los cuales no me arrepiendo. De hecho, de tener otra oportunidad de hacer las cosas (ya que veníamos debatiendo sobre el control del espacio y tiempo), seguramente procedería a meterme incluso en cuestiones que no debería haberme metido. No me interesa que comprendan a Amelie como lo hago yo, en absoluto. Y ojo que a raiz de Amelie he tenido mis lindos despelotes... ¡Y también festejos!

Esa sonrisa... jamás me canso de verla. Hay que ser un poquito más como ella. Es bueno provocarle una sonrisa a otra persona, sin pretender contraprestación, ni siquiera un gracias. Por eso los anonimatos.

Plena indeterminación de una forma de ser en el mundo. Corrijo: de ser CON el mundo. Son lindos los proyectos, los montajes, los paisajes de utilería de los que esta muchacha se sirve para jugar un rato, para hacer la película un disparate tan real como alentador. (Además recomiendo la banda sonora, por Yann Tiersen... Es bellísima.)

Amelie es ese intento (siempre con sus riesgos, pero sin ellos nada vale la pena) de encontrar caminos alternativos a eso que hacemos todos los días, a esas rutinas. Hay costumbres que matan, que no nos dejan ver otras cosas que nos rodean.Digo: ¿Por qué las cosas tienen que ser estandarizadas? Hay que divertirse un poco, hay que encontrar formas creativas de meterse en problemas. Los problemas van a estar seguro.

Love always,

TomK

Discusión: ¿Volar, o controlar el espacio-tiempo?

miércoles, 8 de agosto de 2007

Personajes:
- Lisa
- July
- Orlando
- Allen
- Felipe
- Ludi
- Bob

July: ... Porque no podés andar pretendiendo continuar con esas ideas tuyas de que metiéndote hasta el cogote en todo vas a manejar tus problemas. Digo, si ya hay desastres espacio-temporales con la naturaleza, imaginate lo que podés llegar a ocasionar vos, Allen.

Lisa: Si, Jules tiene un punto ahí, es cierto. Tipo que, ¿para qué querés controlar eso? Pensá que cualquier desmán, vos serías el responsable. ¿Entendés?

Allen: A ver a ver si nos ponemos de acuerdo. Volar, volar. PARA VOLAR YA TENEMOS AVIONES, HELICÓPTEROS, COHETES, ETC ETC. O sea que están votando por algo que ya podemos hacer. Además, sería genial viste, el completo control del espacio tiempo... ¿Sabés la cantidad de cosas que podría deshacer, rehacer, poner en pausa, en slow motion? Ni que hablar de las distribuciones geográficas, que están claramente mal. Yo debí haber nacido en Inglaterra, y déjense de jorobar.

July: Sos cabeza dura. Claro, a vos te dan la oportunidad de ponerte al mando y faaaaaa... agarrás así nomás. ¿Te pensás que vas a poder arreglar todo con controlar el espacio-tiempo? No nene, seguís siendo humano, y para colmo sos Allen.

(July le dió un beso a Allen y le hizo sana sana colita de rana, aunque no hacía falta...)

Orlando: ¿Viste? Son todas iguales. No les gusta que algún otro pueda romper las bolas. Total, nena, vos controlás el espacio-tiempo. Si uno quiere encontrarse, no que estoy indispuesta. Si uno quiere allá, no que nene, que a mi me gusta más otro lado. Y entonces hablan de volar. Por favor, semejante ideota agarraron, eh.

Bob: Yo qué sé... si me imagino volando, como flotando, sería lindo.

Orlando: Ya me aflojaste nene. No les sigas la corriente que...

Ludi: Vos si que sos injusto. No se trata de que nosotras elegimos todo siempre como se nos antoja. Te aseguro que el que controló el espacio y tiempo con Cami fuiste vos, pedazo de salamín con queso.

Allen: No desvíen su atención de lo que importa. El gran problema acá, que nos tiene aquí reunidos frente a los chops, y frente a lo que queda de tan sublime picada, es que los problemitas del mundo, de uno, de ella y tuyos, no se arreglan vo lan do. Eso es una paparruchada...

July: Nada de paparruchadas. Vos lo que pasa es que frente a tus manías te encerrás más en ellas. Siempre girás a la derecha, ¿por qué no probás de girar a la izquierda por una vez en tu vida?

Orlando: Pero si este es bastante zurdito....

July: Es una forma de decir. ¿Y vos querés controlar el espacio y el tiempo? No podés ni ordenar tu habitación, y menos llegar a horario. Dejense de joder chicuelos. Volar es la key de la cuestión. Porque volando uno se libera, es como si tu cuerpo se desprendiera, fuera un satélite que se remonta, imaginensé los chicos jugando por el aire, los besos en pleno arrebato de caida libre, las correteadas espaciales. Y me comparás eso con un avión, vos no entendés nada.

Allen: Es que si uno controla el espacio y el tiempo, volás. Volás entre las dimensiones, volvés, avanzás, y cuando querés te quedás un poco más. Si querés que la peli dure dos horas, dura dos horas, si querés darte besos en la cama con tu chica, lo haces durar días, semanas, meses; si querés viajar a Holanda y tomarte una cerveza como se debe, listo y paf.

Lisa: ¿Cerveza? ¿Holanda? ¿Esos son tus motivos?

Orlando: Bueno, he de dicidir un poco con el licenciado Allen. Pero que la verdad, chicas piénsenlo. Cuando uno habla de controlar el espacio y el tiempo, habla de establecer una relación más armónica con la existencia. Piensen que uno nunca llegaría tarde...

Ludi: ¿Están escuchando las mismas ganzadas que yo, muchachinas?

Bob: Volar estaría bueno porque uno podría viajar a Holanda, ver todo el oceano ahí... Lo del espacio y tiempo, me parece que es mucho che. Y es completamente cierto que si se licitara el control espacio-temporal, a nosotros deberían inhabilitarnos para concursar. Solemos romper cosas con el en tiempo real, así nomás, y en cualquier parte, imaginensé el despelote de Allen desbalijando alguna fiesta en el Soho, Orlando llevandose a veinte minitas al cuartito del fondo, y Felipe arrojándole los vasos de tragos y clericó al deejay...

Felipe (tirado en el sofá, pseudoconciente por el vodka): ¿ehmmhhsmemmmmmffff?

Allen: Volar me aburre. Ya detesto los aviones.

Lisa: Mirá, debe ser algo cercano al bungee jumping.

July: Si, pero más libre todavía. Libertad nenes, eso es vida. Controlar las cosas nos ha llevado a perdernos en oficinas hasta las siete de la tarde (con suerte), a arruinar nuestra propia casa, planeta bello si lo hay, a inventar excusas para someter al otro. Porque el control es eso, someter, hacer un arreglo instrumental para volvernos un poco menos humanos, un poco más macabros. Esa propuesta es patética, porque no acepta el azar, la vida misma, el juego con el destino. ¿Y saben qué es lo peor? Que en realidad no están eliminando el azar. Ese control que tanto añoran es una perla maldita, una verdadera cagada.

Lisa: Te aplaudo compañera, yo te voto, postulate para lo que quieras que te banco. Esta es una mujer, sepanlón.

Bob: Si, porque las decisiones acarrean responsabilidad. Y muchachos, admitámoslo, lo dijimos el otro día, queremos evitar las responsabilidades.

Ludi: No es un motivo muy noble, pero vale.

Bob: Es cierto. Lo dijimos el otro día cuando lo cargabamos a Orlando, que no quiere admitir que está de novio con María, que pasó al bando de los pollerudos.

Allen: Si, admitime eso Orlando.

Orlando: Nada, digo, el día que yo le pueda decir a María "mirá, soy mujeriego, me gusta revolear casas por sus respectivas ventanas", entonces me caso. Si ella es la que acepta eso, ME CASO.

Ludi: ajamm...

July: Menos mal que no influencias a tus amigos.

Allen: Basta que el desvío es insostenible. El tema es que volar sería muy difícil de regular. Viste esto del espacio aéreo, es una cagada. Si, obvio que sería lindo, sería simpático dar volteretas en pleno parquecito, al lado del planetario. Pero es que uno hace tanta cosa y después putea porque no lo hizo asá, o porque le faltó cinco para el peso, que bueno, si me ofrecen sacarle la conseción al de arriba y darmela a mí, obvio que acepto.

July: Te juro que yo te quiero, pero a veces estás muy equivocado cariño.

Allen: Si, lo sé. Que bueno que yo también te permito tus despioles.

Lisa: Eso de controlar es cualquiera, un claro envenenamiento de todo. El tiempo y el espacio son para vivirlos, para desplegar en ellos todo lo que somos, incluso si pudieramos volar. Tipo que controlar las cosas es un chiquitaje maquiavélico sin sentido, o con un sentido pobre. Bob, vos por ahí lo intuís a lo que te digo.

Bob: ¿Intuir? Gracias, que me toca sólo intuir eh. Entiendo, si está bien, estoy de acuerdo.

Ludi: Volar sería despelote, pero claro. Vos pensá que es casi como caminar, pero mejor. Más livianito, digamos. Las calles son un despelote, caminamos, el centro es imposible. Con el vuelo pasaría masomenos lo mismo, no sé. Pero no es grave, ya lo sufrimos de última. Pero nos podríamos dejar caer más gentilmente en la cama en los brazos de... quien esté de turno... y

Orlando: ejem....

Ludi: ...podríamos hacer bailecitos más lindos, con más posibilidades. Yendo y viniendo arriba abajo a la izquierda en desde el centro y a la bolsa. Choques y chisporroteos en pleno centro porteno, a diez metros de altura. Besos anatómicos hechos a medida, aptos para despegar los pies de la tierra e irse un fin de semana a la playa. El piso lejos, porque en realidad no hay piso, sino esa sensación de estar parados establemente en nuestras vidas.

Allen: Muy lúdico el asunto. Me gustó lo de tirarme gentilmente en la cama...

July: Claro que te gustaría. Yo sé que tenés esos destellos tan brillantes, que me dejan pasmada. Te das cuenta de lo que te digo, volar para jugar.

Orlando: Y después me dicen que yo soy el pollerudo...

Esa sensación acuática

lunes, 6 de agosto de 2007

Personajes:
- July
- Allen
- Iván


I
Corrí y corrí, como jamás lo hice en mi vida, más de lo que hubiera corrido si MI vida dependiera de esto. Ella estaba inconciente, en mis brazos, no reaccionaba, tenía el pulso ido, las emociones se le habían disuelto en pleno corazón, y mientras yo la llevaba en brazos, corriendo a más no poder.

Chapoteaba cada charco de la vereda, sorteaba ese desierto de la capital en plena tragua de domingo a la mañana, que no llegaban a comprender que había alguien que estaba por irse, que había otro corría para evitar el vuelo, que a veces la infelicidad es demasiada, lo inunda todo, y entonces empezamos a correr como locos...

Decir que July es chiquita. Su pelo flameaba a una velocidad que me recordaba a la FM. El ruido de la calle era sordo, mi psique lo había anulado, no me interesaba nada más en el mundo que llegar al hospital, buscar a alguno de esos tipos de bata blanca que se creen que todo lo saben, y que arregle esto, que no sé cómo se arregla.

Chapoteos, mis pies mojados, me olvidé la campera, hacía un frío inhumnado, pero mi cuerpo ya no sentía. O mejor dicho, sólo podía sentir una cosa, únicamente cumplía la función de salvataje, de inmersión en esa urgencia que rompía el viento, que esquivaba esa paz tan falsa de la urbe. En otro día, en otro horario, hubiera tenido que sobrevivir a sancazos entre los autos, hubiera recibido insultos por la impericia y quizás por tal intento de rescate. Hubiera tenido que hacer volteretas entre los cuerpos dóciles del invierno de Buenos Aires. Y todo por haberla conocido a ella.



II
- Vos decime, - le decía Iván a July - ¿siempre tuviste ese brillo en los ojos, o con el tiempo aprendiste a que hagan juego con las luces?

- Creo que aprendí con el tiempo - se sonrió, con un pie que simulaba el ritmo de la música -. Es sólo cuestión de mirar a las luces, insinuarles que yo también brillo, que somos las dos una sola, y listo: Miro a mi alrrededor y soy July, ojos de estrella.

- Definitivamente.

Iván tomó por la cintura a July, causandole un terremoto que se sintió desde su cabeza hasta esa parte que estaba con Allen. Sobre todo en esa parte de ella que residía en Allen.

(No creo que sea esto lo que tenía planeado, no creo que Iván sea una opción del destino, sino una jugarreta. Probablemente, pero por otro lado el terremoto ya pasó, hemos tenido una receptividad muy linda. Somos plena sensación de primavera en un invierno hostil y renegado.)

- ... porque te pregunté hace un rato, y me dijiste que no tomabas cerveza.

(La lata en la mano me delató. Allen hubiera puesto el grito en el cielo si me hubiera visto con esa cerveza en la mano. Quizás hubiera omitido a Iván, pero el hecho de tomar una cerveza "común", en vez de una Haini, le hubiera hecho saltar la térmica. Duele eso, y sólo puedo matarlo con cerveza "común" y asaltos comando desde las estrellas a la pista de baile.)

- A veces tomo. Lo que pasa es que me gusta la Heineken, y no tienen. Y me costó decidirme, pero vengo ya tomando de otro lado, y no quiero mezclar. Peor es nada.

- Nunca conocí a una chica que sea tan selectiva con eso.

- Je. Me lo pegó un tipo de la radio, de la FM. Aprendí bastante, y bueno, sin querer fui refinando el chop. Cosa que como verás ahora no vale.

Iván extendió un paquete de Philip a July. July tenía los suyos, pero aceptó, a ver si empezamos a transmitir no so tros en FM y nos olvidamos del anterior locutor che.

- Me cabe el lugar, sobre todo esa luz que cuando giras la cabeza así, se forma la figura del camello. Y estamos encerrados acá, y en verdad nos movemos y nadie entiende nada, y es así como en unas horas somos resaca y aspirinas.

- Si, igual, estoy tranca yo hoy, prefiero evitar las aspirinas y las corridas al baño. Ya el finde pasado fue mortal.

- Me imagino, alta jarana. Pero si buscas tranquilidad, cometiste dos errores, porque viniste aquí.

- Ajá... No, no siento que haya cometido ese error. ¿Cuál es el segundo?

- Yo no soy un tipo tranquilo, y estás acá, hablando conmigo.

(Creo que cualquier otra mina lo hubiera dejado hablando sólo en ese momento, pero me quedé. Me atemorizó semejante frontazo, semejante jugada, riesgosa, tan... no estoy acostumbrada, y me parece digno de alguien que SI arriesga, que sí intenta desbordar por otro lado, inventar sobre la nada, hacer flotar el piso, ir de frente al trampolín, y a ver si nos corrieron la pileta de lugar. Y su brazo me toma, y yo no le dije que no, pero debería, pero no me sale.)

- ¿A qué me dijiste que te dedicabas? ¿Coleccionas conquistas estelares, o simplemente destellas entre la multitud hasta que un astronauta lo suficientemente valiente para resistir las radiaciones, se acerca y saluda en pleno sueño?
- Soy asistente contable, si esa es tu pregunta. Y si, además me dedico a iluminar la habitación con eso que sólo yo tengo y que me lo pienso quedar. No es cuestión de regalar mi vivadez a todo el mundo, vio.

Iván era tan sobervio como Allen, pero hacía verdadera gala de su seguridad, de su firmeza. Era un tipo que sabía lo que quería, que buscaba más siempre, que sabía que podía lo que podía dar y darse a cada instante. No explotaba las sutilezas como Allen, explotaba lo explícito, las directas, los juegos en plena cancha, los exhibicionismos puros, los fuegos artificiales más brillantes y ruidosos que los del vecino.

Es algo nuevo, me digo. Una debe probar en esta vida, debe ir. Y no entiendo porque tiemblo tanto. Ni tampoco esa tristeza que de a momentos me doy cuenta me desborda. Allen me dijo que la tristeza es como agua, se siente como una inundación.

La sensación de las depresiones es acuática - decía un Allen imaginario, hablándole al oido.

(Creo que en ese momento impactó. ¡Colisión! Terremoto, que tiembla desde mis pies, que entró nomás, que hizo estragos, que se está cayendo todo, que ¿por qué se mueve todo? De repente tengo miedo, tengo pánico, quiero salir del lugar, quiero irme de acá, respirar profundo, dejar de existir, desintegrarme entre los cuerpos que bailotean al ritmo de la nada, de la resaca y la aspirina a futuro. De repente estoy yo en FM, y no me gusta ni cuartos).

July se alejó de Iván, que la miró en claro gesto de desilusión, pero no perdió más de dos segundos en encontrar otra estrella, en otro punto de la pista, mientras July veía las paredes caerse, que el suelo se movía y comenzaba un incendio. Admitió recién, en pleno desborde, que le faltaba otra persona.



III
Allen. Allen - Le decía July al portero eléctrico -. Allen, ¿estás?

July estaba atolondrada, se mareaba, daba vueltas todo. Era la madrugada del domingo, ella se había escapado, había fugado, a pesar de que le había prometido a Alicia que esta vez se quedaba toda la noche, que no le importaba nada. Y resulta que si importa, pelotuda, que si me importa todo. El portero eléctrico no decía nada.

Tomó su celular, y mandó el mensaje "Dónde estás? Jules".

Se sentó en la escalerita y empezó a hacer respiración como le habían dicho en la Cruz Roja, como lo había visto en todos los partos televisados. Le dolía el pecho, de las emociones fuertes, de los alaridos a la salida, de la caída. Ella caía en que iba a estar todo bien, en que su paranoía era un efecto temporal, que en un rato estaría bien. Sabía que temblaba, pero se le iba a pasar, pero el momento... había que sobrellevar el momento. Lo que realmente le asustaba, la tenía sin consuelo, era el hecho de que ella tenía que autovalerse, que hacerse respiración boca a boca, completamente sola. Y cuando legara Allen... Cuando llegara Allen, no sabía. Era una bomba de tiempo, sabía que tenía que hallarlo, que decirle algo. ¿Pero qué le iba a decir, qué iba a confesar, cuál era su crimen? Pero ella se hallaba culpable, tremendamente culpable, se deshacía en ese escaloncito, tratando de huir de la existencia, de esa situación que ella había creado también.

- Allen no sé dónde estás, pero por favor, vení...

Lloraba, lloraba a esta altura, miraba el amanecer y simplemente le parecía que se seguía cayendo todo. Quería gritar, pero temía despertar a alguien, temía salir en las noticias, temía enloquecer por ese sólo hecho de haber roto las reglas, de haber conocido a Iván, de haberlo comparado con Allen.



IV
Allen la abrazaba, sin comprender qué le ocurría. En cuanto el bajó del auto, ella se le tiró encima, lo abrazó, llorando. July llevaba casi una hora y media sentada, caminando de lado a lado, deshecha completamente, cuando el Gol se aproximó, estacionó, y llegaron los calmantes. Allen no comprendía. Algo la angustiaba tenebrosamente, pero esto era un baldaso en pleno domingo, una madrugada de un día que parecía iba a ser una joyita.

Allen había llegado de juntarse con Orlando, Bob y sus demás secuaces. No habían ocurrido más desmanes que el robo de un cartel de una famosa cerveza, que se encontraba dentro del auto. Allen se había mantenido despierto a base de Cervezas varias - como a él le gusta - y luego unos destornilladores bastante buenos. Odiaba los destornilladores hechos con vodka mediocre e imitación de jugo Tang.

July miró a Allen, no podía soltarlo. Todo se caía, se caía en serio. July quería decirle que lo sentía, que ella no quería, que tenían que hablar, que no entendía todo lo ocurrido desde la noche anterior hasta la caída en sus brazos de recién. Estaba aterrada de que Allen no entendiera, de que Allen se extinguiera, se fugara. Sobre todo de eso, de la fuga. Ella sabía de la famosa tendencia de Allen a la desintegración, de ese caracter fantasmagórico del locutor.

- ... ¿Y vos con quién estuviste, eh? - farfullaba entre el llanto.

Allen iba armando en su cabeza el complot. Algo se había roto, y el trataba de teorizar qué había sido y cómo. Sus teorías era mucho peores de lo que en realidad había pasado. Su imaginación lo hacía todo tremendo, hacía a la pequeñas catástrofes cotidianas parecer simples chascarrillos.

Ella se alejó, caminó unos pasos para atrás, tambaleando.

- Allen, yo te juro que te...

Se caía todo. El cielo, los edificios de Billigurst, los árboles, Allen, ya no reconocía dónde estaba el piso. Era borroso, formas pomposas que la rodeaban. Cayó inconciente, Allen la salvó tremendo porrazo. Ahora ella estaba devuelta en sus brazos, pero agachado.

.. Y entonces intenté reanimarla. No entendía, pobre, tanto stress. Yo no hice nada July, creeme. Sabés que nada intenté, pero vos, evidentemente vos te has ido para el otro lado, o algo. Ni quiero enterarme de qué pasó. Qué pálida que estás, necesito sal, necesito que al menos abras los ojos. Necesito saber que estás bien, necesito encontrar tu pulso. Necesito recorrerte hasta encontrar que estás bien, que sólo te tenés que acostar un rato, que mañana verás qué hacés, qué hiciste. Yo no quiero enterarme de nada que sé que me va a doler, pero quiero que estés bien. July, ¿dónde estás? ¿Pulso? ¿July?



V
Correr, patear la puerta del hospital, sin emitir un grito ni pedido de auxilio. Frío, inmutable y a la vez totalmente fuera de mi. Simplemente debía hallar al de la bata blanca, decirle que la tiene que revivir, que no sé qué le pasó. Esquivar al de la silla de ruedas, al quemado y al quebrado. Saltar sobre la nena que juega con la Barbie, dar una voltereta para eludir al anestesista que debe estar corriendo por un motivo similar al mío. Ir con la de recepción, que maldita imbécil, necesitas que me acerque con ella en brazos para entender que tengo una emergencia, que me viste entrar pero hasta que me tuviste enfrente no hiciste nada, no levantaste el tuvo, no llamaste a nadie, no existis más que el potus que está en el escritorio, no pasate por más cosas que yo, y esto lo demuestra.

July no respondía. No miraba, pero sus ojos cerrados tenían una capacidad penetrante inédita. Su boca semi abierta era un claro indicio de que había que preocuparse. La escuchaba pensar, o soñar: "Allen, basta. Quedate pero basta". Allen era... él creía que ya era una circunstancia en July, un accidente que se había ido de mambo.

Y realmente, decime July, ¿me recordarás mañana? ¿Te acordás cuando viajabas en mis brazos, tan rápido que hasta yo estaba asombrado? Eramos la onda de FM que tanto temiste la otra vez. Seguro que mis piernas pronto me pasarán la factura. Y yo sin dormir encima. Jules, te ves tan linda ahí en la camilla, te acompaño. Doctor, yo la encontré así. Si le trato de explicar lo que le pasó, probablemente me tenga que remontar a ocho meses atrás. No es el momento. July, no entiendo que es esto. Vos sos la que está en la camilla, tirada. ¿Soy yo en realidad? ¿Me caí? Somos los dos que estamos, que entramos a la habitación del hospital, que nos encontramos nuevamente en este aprieto que decidimos no darle nombre, pero que irrefutablemente tiene nuestras iniciales. Nos llevamos de la mano el uno al otro, estamos separados pero seguimos agarrados el uno del otro, en pleno circo, en pleno jeringazo, en pleno respirador, en plena emergencia, en plena corrida hasta el hospital. Somos vos y yo que nos agarramos de la mano, que nos aferramos a eso que somos pero no sabemos que somos, a esa idea utopista de que podemos ser uno los dos, de que está bien que nos hayamos conocido. El médico te lleva a otro lado ahora, corren las rueditas de la camilla. Y este chau que te estoy diciendo duele, al punto de que me agacho en el hall del hospital, cierro los ojos, y cómo duele mierda...

Fue entonces que empecé a nadar en esa emoción nuevamente...

Debate entre las estrellas y las estructuras

viernes, 3 de agosto de 2007

Personajes:
- Luna

- Allen


L) El tema es que tenés que hacerte un poco más cargo de lo que sentís, Allen. No puede ser que cada vez que la tenés que enfrentar, te evadas te escabullas entre TUS "por qué nada es como en realidad quisiera que sea". ¿Y sabés qué es lo más ridículo? Que yo sostengo, aunque no la conozco, que ella debe estar tan atemorizada de vos como vos de ella. Pero es un temor a esa exploración de ustedes mismos, de esa ecuación que pueden ser ambos.

A) Te entiendo, y creo que tenés razón. Creo que tengo un problema con esa letra específica del abecedario. Porque, viste, mis problemas siempre empiezan con esa letra.

L) ¿Ya me sistematizaste tus problemas en una letra? ¿Ya te ocupaste de darle un casillero en una grilla en vez de tomar cartas en el asunto? ¡No tenés que hacer la grillita! La grilla es lo que tenés que evitar, lo que termina matándote.

A) Ok, pero asumamos que no todo está perdido, Luna. Que en realidad hay un mañana y no heché todo a perder. Yo te explico el por qué de mis movimientos toscos, ese freno de mano forzado y esa reconceptualización de las unanimidades en plena ruptura: Creo, necesita ella el tiempo para digerir que yo soy yo, y que ella es ella, y que en una de esas dejamos de serlo.

L) ¿Vos decís que ella prefiere la lentitud? No sé, lo he visto antes en vos. Es tu modus operandi. Buscar la excusa para no haber hecho lo que cualquier otro hubiera hecho. Y fijate que siempre terminamos teniendo la misma conversación. Hay un punto, según cuenta nuestra experiencia, que nos remitimos a ese pasado que decidiste sepultar irrefutablemente (y tenemos nuestras diferencias sobre esto también). Allen, pensá un poco en que la verdadera creación es no sólo colocar la dinamita, sino detonarla. Para otras cosas no tenés problema: haces despelote en el laburo, rompes propiedad pribada varia, te infiltrás en casa ajenas para plantar ilusiones subalternas y te convertis en esa bomba de tiempo que muchas veces no apruebo, pero nadie, (¡salvo la sepultada!) pueden detener.

A) Hmmm... Digo, si. En en algunos puntos de mi ser estoy empezando a coincidir contigo mi queridísima Luna. Como si nuestros cuerpos encontraran la alineación cardinal en ciertos aspectos, como si nos pudieramos calcar el uno al otro hasta ese determinado punto en que empieza Luna y por otro lado distinto empieza Allen.

L) Creo que te tenés que hacer cargo de que algo no anda bien, y sólo cuando hagas algo al respecto ese algo va a pasar a estar mejor. No es una cuestión de garantías, porque ya sabés que ni la constitución te las otorga.

A) Lo que dice Allen fríamente es esto: Si la vida es un océano, los sueños nunca entran al menos que tomes riesgos adentro del mar.

L) Allen Allen. Esa metáfora la tenés perfecta, la entendés. Pero tengo que llegar a la conclusión de que no entendiste nada porque no la acatás. Esto se trata de TEORIA Y PRÁCTICA. No son dos partes separadas. Eso lo sabés, mi querido Pontiano, te lo dijo Mauricio, que no es Macri.

A) Si. Digo, y ahora me agarra esto del síndrome del demasiado tarde. De no haber al menos intentado esa pirueta en el aire, de caerle de sorpresa entre sus sentimientos, de convertirme en onda de FM también para esas cosas. Soy siempre demasiado prudente cuando lo que está en juego es la revolución a niveles estratégicos que antes supe alcanzar.

L) Si. Claro, vos sabés. Es lo que te digo. Eso de transmitir en FM en la autopista y no transmitir en FM con la persona que te gusta denota un dislate existencial tuyo, es un síntoma y yo creo que tenés que cambiar el dial, bajar un cambio y hacer un nuevo aproach, decidido a alcanzar tu objetivo.

A) Pero, Luna, la onda FM es demasiado creo.

L) Es cierto. Pero no te voy a dejar pasar esto de que en realidad, además de que en una de esas estás en lo cierto, esto es una excusa para no haber iniciado la estratégia pertinente para que la ecuación fuera exponencial antes que un logatirmo malogrado, que ya debería haber quedado en el olvido, para ver si realmente nos cambiamos el nombre, somos menos Allen y más Allen a la vez.

A) Si. Creo, en realidad, no se enojó. Supongamos, en el no tan peor de los casos, habrá quedado esperando un rato. Me imagino, digo, nos tenemos que seguir encontrando, seguimos siendo ella y yo en algún punto, y ante la primera omisión de uno de nosotros, el otro se dará cuenta. En silencio quizás, pero se dará cuenta.

L) No dejés que la vida te pase de largo...

La dinamita

miércoles, 1 de agosto de 2007

Personajes:

- July
- Allen
- Orlando
- Pájaro


I
Desde el árbol me mira chiquitín, a pico abierto, quizás buscando a su compañera, o invirtiendo un poco los roles de un zoológico. Digo, porque ahora nos mira el pájaro desde arriba, nos analiza con una precisión digna de un animalito cartesiano. Mientras Allen apoya la cabeza sobre mi panza (le encanta), un payaso hace su show para que el público se ría de sí mismo, y hace cuánto que no salíamos a revolver nuestro pasado de plazas, Allen.

El pájaro ni vuela. Está re entretenido, a diez metros de altura, intentando comprender por qué nos vinimos desde casa hasta acá sólo a tirarnos al sol, sólo a irnos un rato. ¿Y a usté le parece que tengamos que escaparnos, para luego volver a las celdas? Porque, querido señor pájaro, nuestra situación es exactamente inversa: usted nos mira libres, pero en un rato volvemos a nuestras celdas-casas-oficinas (o como quiera llamarles) y no nos ve. Su zoológico es mucho más bonito que el nuestro, señor pájaro. Es un placer que nos mire, que nos considere dignos de atención a nosotros dos.

Usted sabrá, señor pájaro, que al contrario de ustedes los animalitos, nosotros volvemos a nuestras jaulas por una especie de engendro interno que nos han inculcado, que nos obliga, que nos inyectaron desde chiquitos. Armamos toda esta parafernalia sólo para evitar poner a la mayoría entre rejas.

- Me gusta el pájaro, es muy inteligente.

- Debe ser brillante, digo, quedarse ahí, obtener este reality sin poner un mango - dijo Allen-. Vos pensá que mañana volvemos a nuestro flajelo de los lunes (sostengo que deberían prohibir los lunes), y para el pájaro nada. Está ahí, siendo, y no le preocupa el presentismo, las grillas de saldos, si el café de la ofi apesta o si los babosos de los compañeros le miran las piernas a la chica de uno...

July miró de reojo a Allen. Él tenía esas cosas, de imaginarse complots mundiales en los que sus seres más queridos, hermanos, amigos, vecinos, mascotas, el Papa, compañeros del trabajo, el chofer del 140 y hasta la nena tomando helado en aquel banquito podían estar participando. Le dolía tremendamente que él desconfiara así de ella, pero se había acostrumbrado con el tiempo, había reconocido la personalidad paranóica de Allen, que no lo hacía a propósito. Él ya le advirtió en su momento - fue la quinta frase que le habrá dicho cuando se conocieron - : "mi desconfianza es signo de mi imbecilidad".

Allen estaba en plena maniobra acrobática de darse vuelta para dejar de mirar al inteligente plumífero, toparse con los ojos de July, trepar hasta ellos y besarla, hundirse en ella un rato porque tanto tiempo con él solo lo estaba asfixiando. "¿Debo darte aire?", pensó - sintió - July.

Y ya llegaste trepando, estamos haciendo pinpón con un chocolate que te escondiste y me lo pasaste a mi boca sin usar las manos. ¡Que enchastre! Con vos me olvido del mundo, porque en realidad son todas ilusiones ópticas y vos sos tan real que...

II

Bueno, pero te advierto que quizás no sea lo que vos pensás que soy. Claro claro. Vos sos de esos que sostiene que por el solo hecho de ser mujer nos levantamos a todo el mundo, que tenemos a toda la platea masculina rendida a nuestros pies, y que de guachas que somos nomás les hacemos lamer el barro. Bueno, que las hay las hay, pero no soy una de esas. ¿Vos no venís a bailar seguido, verdad?

Me llamó la atención cómo te sonreís, como te reís. Lo mirás a tu amigote Orlando, que le tira tiros a todo ser con pechos en el boliche, te quejás de la Isenbeck y ahí fue cuando me contaste de eso de que las mejores cervezas...

- ... vienen de dos lugares en el mundo - le decía Allen a su nueva amiga Julieta-: Holanda y Bélgica.

- ¿Alemania? No me dejes afuera a Alemania, que tu sonrisa aún no has logrado convencerme de las quimeras que seguro sos capaz de decir.

- Te lo digo, en serio, he investigado el asunto intensivamente. Y sinceramente no puedo creer cómo estoy tomando esta porquería - agita la latita de Isenbeck-. Pero son estos - señalo a Felipe + Orlando + Lisa + Rolo + etc... - que no saben lo que es una buena cerveza. La cerveza en serio viene del cereal. Nada que venga del cereal es malo. No engorda, no tiene colesterol, evita los excesos de realidad y sabe perfecta con una tabla de quesos.

- ¿El colesterol no existe? Jajaja.... pará, tenés teorías raras vos... Que a vos no te haga nada no significa que no exista. ¿Y qué me decis de toda esa gente que tiene problemas en las arterias, problemas de co les te rol?

- La cuestión es que si crees en el colesterol, es como que te agarra - respondió ese Allen, desparramando una sinceridad tan inverosímil como célebre de él-. Si vos crees en el colesterol, estás frita... ja. Mis amigos gordos creen en el colesterol, y bueh... viste.

- Quizás debería aplicar esa lógica.

- Y veo que ya estás incluyendo en la ficción que es tu vida a la señorita - apareció Orlando, desde atrás de Allen-. Cuidamela, que esta chica es macanuda eh. Y vos, ojo con lo que haces con este montajista, que lo necesitamos para seguir recolectando anécdotas para contar cuando seamos viejos.

- No creo que me necesiten para eso - contestó Allen, mientras July retenía una risita que pronto serían labios unidos-. Pero claro, a vos te gusta venir a hincharme las pelotas nomás, una vez que me distraigo de mis trabajos antropológicos en la discoteca de turno...

- Dejá la academia y divertite, mirá lo que encontraste nene - replicó Orlando, al sambullirse en una troupe de muchachas claramente ebrias, que llevaban el ritmo de nada de lo que sonaba ahí y sostenían un balde de clericó casi nuevo pseudo adulterado con...

III
Si bueno. Ok, me extraña que estemos hablando hace una hora y vos nada. Digo, ¿hay algo mal conmigo? Ustedes suelen demostrar sus intensiones de invadir la boca a los 30 segundos. Pero vos, te estas tomando tu tiempo. Y hace rato que te di luz verde de que la verdad que vos también me pareces de los ojitos más dulces del area.

Si, dale. Vos apoyate en la pared, mano estratégicamente ubicada. La verdad es que me entretenés. Hacía tiempo que nadie me divertía así, que nadie me escuchaba sin pretender algo así mecánicamente de mí. Me gusta tu capacidad dialógica Allen. Suguro qua la perdés de a ratos, pero me gusta igual.

- ¿Y si al fin nos decidimos por franquear la barrera imaginaria de los 30cm? - reía Orlando desde la distancia.

Salamín, pensó Orlando.

Que pibe tonto, compartió consigo misma July.

No te agradecí la Sprite, ni el volverme a encontrar en esta multitud de almas en pleno estado de mecanicismo puro y sobresaliente, cielo estrellado por el humo y las lágrimas de las luces. Sos medio lentín me parece, pero lograste convencerme de que no la puedo pasar mejor con ninguna otra persona del lugar. Las chicas me van a cargar al otro día, que me borré, que no sé qué, que algo te puso en la bebida. Y nada, sigo pensando que me tengo que quedar, y que por favor hacé algo. Eso, porque no pienso moverme yo, no piendo buscarte así, como con este brazo que te toma por la cintura porque ahora te estoy hablando de mis clases de tango de cuando tenía diez años. Y sos tan dulce que ni acercaste la boca...

Empezamos a bailar algo, los dos juntos, los cuerpos tomados uno del otro, inventando pasos de baile... Allen, hola, ¿que tal? Descubrí que no importa lo estúpido del baile, sino que importa lo lindo que es el bailarín.

(Fue un remate, un momento donde mi racionalidad se desintegró y se disolvieron las fronteras entre ella y yo. No era el alcohol, ni la elección del Papa antes de entrar, ni la revisión técnica frente al espejo en el baño. No sé qué fue, simplemente me proyecté a mi mismo en sus labios, me encontré habitándolos derepente, siguiendo la historia desde el principio, pidiendo a gritos el beso, la caricia, el intento, el salto desde la platea a la cancha, la inversión de los papeles, la revolución industrial y el descubrimiento de la dinamita.)

- Descubrí la dinamita - dijo Allen al tomar 2 cm de distancia de July.

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IV

- Y el lunes el pájaro se queda libre, y nosotros al trabajo...

- Maldita sea, otra vez no.