Una chispa

domingo, 20 de abril de 2008

Luna: Jamás voy a entender qué corchos le viste a esa Jennifer...

Cuando Hamlet comienza su famoso monólogo de "Ser o no ser", el personaje se encuentra bajo la lupa. Se trata más de un personaje que se sabe abandonado, solo en medio de la multitud real, dispuesto a sobrellevar una ardua tarea de investigación policial.

Jen: No siempre comprendo lo que pasa a mi alrededor. Siempre todo es igual, pero hace un tiempo que me pasan cosas. Hoy me tuve que encerrar en el baño a llorar sin saber por qué y a veces la angustia me tiene a la deriva.

Justamente estabamos bajo la lupa, aunque por motivos más triviales que los del joven Hamlet. Creo que en esa segunda charla con Jennifer fue que ambos nos soltamos más, nos probamos a ver a hasta dónde llegaba nuestra honestidad. Ella confesándome sus dislates, yo los míos. Ella con su jean roto en la rodilla, yo con mi remera fuera de moda.

Jen: No sé si alguna vez funcionará todo. Nunca funcionó. Cuando me parecía ser feliz, fueron sólo ilusiones ópticas.

Desiluciones ópticas, quizás. Nuestros rayes se rozaban, de repente se parecían pero no eran iguales. Ella con sus angustias y sus llantos, yo con mis insomnios y ataques de pánico. Ella con su personalidad opresiva y yo con mi personalidad redundante. Ella saludando desde la lejanía, yo haciendo señales de luces desde otra orilla.

Bajo la lupa nos parecíamos tanto. Yo le parecía más resuelto, lo cual es una mentira. Ella me parecía recontra seria, lo cual fue mentira. Había un misterio, una coincidencia que se transformó en accidente.

Allen: Siempre me pongo a analizar los cuadros de Dalí. Bah, no analizo nada, más bien me pongo a interpretarlos, a ver qué me dicen.

Jen: ... que mi tiempo es un desierto. Hay días en que los detalles me parecen trágicos, por eso lloro. Por que en esa oficina todo sería más simple si no fuera parte de un todo que no va a ningún lado, sino fuera porque perdí ese cosquilleo que me hacía algún desconocido por las mañanas.

Cuando se lo acusa a Hamlet de loco, el personaje no se preocupa por aparentar lo contrario. Hace caso omiso más bien y vuelca sus esfuerzos en la investigación que le ocupa, no duda de sus desilusiones ópticas, sino que trabaja en pos de ellas.

Jen: Vivo demasiado en mi cabeza, Allen.

Allen: No se trata de abandonar sus ilusiones, pero sí trabajar para que sean verdad. Es preciso conservar ese razgo infantil de soñar, de divagar, porque sino estamos condenados a lo que esto es - Señalé la ventana del local, la av. Corrientes, con todos sus autos -.

Jen: Ya una se cansa de preteder siempre lo perfecto -voltea para ver la ventana, la avenida-. A veces pienso que mis ataques me agarran porque sé que no se puede cambiar, que lo que es así será.

Creo que los dos estabamos un tanto desgastados de la historia propia, de ese actuar errante que nos caracteriza. Ella parecía calmarse cuando la abrazaba. Yo me sentía menos paranóico cuando estaba con ella. Fue eso: una coincidencia. Dos personas que se alivian en el momento necesario.

Ambos intentabamos acercarnos, aunque nos dabamos cuenta de nuestras diferencias. Intentabamos ser compatibles, formar dos siluetas que al menos por un momento conformaran una escena. Es cierto... ahora lo entiendo mejor. Fue un momento.

La misma Dinamarca digna, inundada de renovaciones, no era para Hamlet más que un paisaje de la repetición. Repetición no solo aburrida, sino montada en una farza.

Ambos nos quejamos de lo efímero, pero no somos más que eso. Nos quejamos de nosotros entonces. Aunque Jen se sonreía de mis observaciones ridículas y luego me tentaba llevándome la contra en cualquier cosilla. Era una forma de encontrarnos en medio de toda esta pérdida, me imagino.

Coincidimos en nuestra propia debilidad, en ponernos bajo la lupa los dos juntos al mismo tiempo. Miramos desde un ángulo similar, parados uno al lado del otro. Y casi vimos lo mismo. Justo cuando más nos acercamos a la lupa para ver más en detalle sentimos de más.

Allen: Dos locos parecemos.

Jen: Me parece bien, sí. No veo a los cuerdos mejor que nosotros. Viven así pero ni se dan cuenta.

Coincidimos en nuestra propia fortaleza casual, esa que por error nos llevo juntos, esa que nos hizo sentarnos frente a frente una tarde cualquiera en los bulevares de la 9 de Julio. Sí, todo fue casualidad.

Ella casi no me miraba, caminaba a mi lado, tratando de sacarse ese hábito de esquivar mis comentarios. Yo no quería más vidrios rotos en su novela ni en mi cuento, pero muchas veces las cosas se rompen si uno no las fuerza. Entonces cuando llegó su colectivo nos accidentamos en un chisporrotazo de labios y ella se apresuró a volver a su casa.

Hamlet no confiaba en nadie, ni siquiera en los que aparentemente le entendían. Bajo la lupa, nos resultó más fácil confiar. Creo que cuando la retiramos vimos que todo estaba más lejos de lo que creíamos.

Luna: Menos mal que ya fue... no te hacía bien. Che, toy aburrida. Venite y vemos un dvd, ¿te parece?

No tenista

viernes, 18 de abril de 2008

Luna: No neutral es lo que somos, ¿no?

La muchacha dejó esa idea de los tiempos de paz entre dos amantes y terminó de pelearse con Julio nomás. Desde que sale con Rodrigo la veo más equilibrada, aunque continúa sosteniendo los interrogantes lunares, que siguen resultántome melancólicos.

En otro lugar de la Capital Federal, Carla se peleaba con Allen de una manera estúpida. Pues esa oficina a veces trastoca los humores de todos, y justo:

Carla: No puede ser que me tires toda la información así y pretendas que yo entienda todo. Después Ernesto me dice que no te ayudo nada, eso es mentira. Estoy tapada de trabajo acá, y encima lidiar con vos.

Allen: Lo que dice Ernesto lo dice él. Yo siempre digo que me ayudás.

Carla: No me ayudes Allen, simplememente volvé a lo tuyo. Y tratá de resolver tu agenda solo. Deberías ser más ordenado, por favor, parecés un nene. No puedo creer...

Zunny: Mandala a la mierda. Esta hecha una loca hoy.

Perdí el interés en esto. Si todo está enquilombado en esa oficina no es culpa nuestra, ni de ella ni mía.

Un año antes, Alberto se volvía loco porque le enviaban setenta veces el formulario web de la empresa lleno de puteadas hacia su persona. Orlando se reía, Meri ni hablar. Gordo pelotudo, lleno de olor a mierda. Sufrió los inconvenientes durante diez días, lo que le obligó a cerrar el formulario web.

Meri: Que hijo de puta, jajjaa. No tenés cara.

Allen: Hay que ponerle onda a esa oficina.

Meri: Claro, total vos ya no trabajás acá.

Volvamos a la actualidad: Seguramente cuando Ludi se cruzó con Orlando en Av. Santa Fe y Junín, ella fingió no verlo pero él se le acercó. Hablaron como si nada, en una conversación bastante efímera que duró quince segundos exactos:

Orlando: ¿En qué andás?

Ludi: Nada, me voy para una entrevista.

Orlando: Ah...

Ludi: Bueno, te dejo me que tengo que ir.

Fue un viernes cualquiera que Esthershack mandaba mensajes a mansalva, y se le ocurrió llamarme a las ocho, completamente borracho, para hacerme un cuestionario:

Esthershack: Vos, ¿pondrías un mango por Kempes en los ochentas?

Allen: Mmmm... sí.

Esthershack: Perdiste. Feli 1, Allen 0. Ahora decime, hubieras apostado a favor de una agrupación que se llamara Vilma Palma e Vampiros, a principios de los noventa.

Allen: Mmmm... no.

Esthershack: ¡Muy bien! Feli 1, Allen 1. Me empataste.

Nunca entendí la lógica del juego.

Todo esto ocurrió durante una media hora más, y es probable que Oliver estuviera dignándose a escribir su tesina de Comunicación, la cual comenzó hace ya unos meses y avanza, a veces gateando pero avanza.

Oliver: Te juro que me cuesta. Me siento tosco a la hora de escribir.

Zunny: Vos ponete las pilas, no hagas la tontería de dejar correr demasiado el reloj. Ya jodimos demasiado, ahora es tiempo de responsabilizarnos de nosotros mismos.

Oliver: De repente sonás tan... Que vos hagas referencia a la responsabilidad no es algo muy tuyo. ¿Te sentís bien?

Zunny: No se trata de una boludés. Sí, ustedes están acostumbrados a verme en cualquiera, pero creanme, yo soy una persona muy seria. Es una seriedad intermitente. Vamos, cursaste toda esa carrera, ahora sentate a escribir, cuán difícil te puede ser, vos sabés tipear muy bien.

Oliver: Demasiada confianza que me tenés...

Un par de horas antes, precisamente el jueves, Paula y yo habíamos asistido a una función de El ojo del panóptico, en el Centro Cultural Konex. Me dieron ganas de volver a Foucault nomás.

Paula: Muy bueno el trabajo con luces y movimientos de los actores.

Allen: Bentham Bentham... Sí, concuerdo con usted Paulette, la oscuridad total de la sala fue manejada muy bien por los protagonistas. Cuando aparecieron los cuatro tan cerca, de repente, eso estuvo bueno. Pero digame qué haremos de nosotros ahora.

Paula: Comer por lo pronto, que me muero de hambre.

En teoría, tendría que haber ido a ver esta obra con Valery.

Nosotros fuimos a comer algo no muy lejos, optamos por una tabla de fiambres. Dos días antes fue la gran marcha a la plaza convocada por el Gobierno contra el Campo (notensé las mayúsculas). Ese mismo día Val tuvo una entrevista con Ernesto Celian, en la que le informó que no quedaba para el puesto de PM en la agencia y que seguiría liderando el equipo de edición.

Val: Me da bronca porque yo acá me vengo quemando las pestañas por esto. Encima en la facultad me están volviendo loca.

Justo ese día yo venía medio a las patadas con el programador, Sebastián. Él más preocupado por optimizar el código, yo más preocupado por la diagramación y el look & feel. El humo ya nos estaba quemando.

Val: Vos sabés cómo soy, yo dejo mucho acá. Pero en este lugar te tratan como si fueras invisible, cuando dos segundos antes eras la estrella de la empresa. Soy una estrella fugaz, eso es lo que soy. ¿Me estás escuchando?

Justo en ese momento no. Orlando me estaba llamando para confirmar mi asistencia a un torneo de tenis en Pinamar. Zunny se reía. Dije que sí.

No. No juego al tenis, ni pienso hacerlo. Voy como no tenista.

Negociadora II

jueves, 17 de abril de 2008

Mientras ella fumaba yo miraba las estrellas, me servía un poco de Warsteiner porque ya no nos quedaba más Heineken. Esa noche la terraza era nuestra, y ni nos esperabamos que hiciera tanta niebla en Buenos Aires, eso sería recién al otro día.

Paula: ¿Cuantas veces te enamoraste?

Conozco a Paula hace... esperen que pienso... febrero entonces eso me dice que recién tres meses. Y la verdad es que me llevo bárbaro con ella. Le contesté que mis enamoramientos reales no llegaban a cuatro. Ella como es muy inteligente se rio porque entendió la precisión con todo rigor. Ella se enamoró cinco veces, dice.

Allen: Es que eso del enamoramiento es complicado, pues a uno le pasa de repente que se siente enamorado, pero no es amor amor lo que está pasando. No sé si me explico. O sea, a veces te engaña todo ese cosquilleo, viste.

Paula: Exactamente mi amigo, mucho de esto es engaño y entonces terminás forzándote a más. Mi consejo es que no te exijas algo que no es, porque siempre salís perdiendo. Malditos ex, la verdad que me caen re mal.

Eso me hizo acordar a la otra vez que estabamos en un bar de avenida Maipú, con Orlando y Felipe, y escuché a una integrante de una mesa femenina que dijo "los ex son todos putos". Me causó gracia y ellas vieron como me reía y bueno, todo quedó en a la mierda nos escucharon. Tampoco para tanto.

Ella me convido un poco del humo.

Antes de pasarnos a la terraza: Según ella, sabía tocar la guitarra, entonces le dije que me muestre. Resulta que sí, que podía, que lo hacía bastante bien y que encima puede cantar con voz de mujer, que siempre entonan mejor que los hombres. Mi amiga musical, finalmente estás aquí. Mientras escuchabamos Spoon, demostró que sabía.

Paula: Esto de los amores es raro, viste. Te juego a que en las canciones que hacés, en la mayoría de ellas, hacés referencia a algúna de ellas.

Perfectamente cierto, incluso cuando me meto a bucear en cuestiones que aparentan otra cosa. Perspicaz, señorita Paula.

Paula: A ver, demostrame algo.

Entonces toque algunas cosas que tenía en mente. ¿Qué quiere que le diga, doctora? Es lo mejor que tengo. Algunas ideas perdidas, algunas en desarrollo. Ella simplemente afirma, me dice que tal riff parece de tal cosa, que eso que toco se parece a... Pearl Jam. Un honor, pero no nos engañemos.

Volvamos a eso de la terraza, justo cuando yo le devolví la cuestión a sus dedos, entonces fumó y me dijo:

Paula: Una vez estuve enamorada de un tipo exitoso, vivía en Palermo, tenía auto y trabajaba para una gran empresa. Un perfecto imbécil, porque resulta que a la hora de pelearnos por cualquier chiquitaje, resulta que él ganaba más que yo y él iba a comer a Puerto Madero y andate a la mierda pelotudo.

Allen: Sí, ¿qué quiere que le diga doctora? Yo también salí con gente que considero pelotuda. Mi primera chica pretendía que yo le pagara todas y cada una de las salidas y caprichos que ella tuviera. Está todo bien, a mí hasta me gusta consentir, pero uno siente que el otro es un materialista de mierda en una de esas.

Paula: A todo esto, me tenés que decir cuánto te debo por las bebidas.

Allen: Nada.

Paula: No seas salame, dale.

Arreglé la discusión en que ella invitaba la próxima y listo. No me costó tanto, Paula entendió que me gusta invitar y nextime vemos. A todo esto, mañana tengo que ir al súper porque necesito más cerveza porque te tomaste todo y jugo de naranja.

Paula: Don't mess around with me Allen. Sometimes you are such a dumb ass, You'll see... Yes, I'll buy you green beer, okay. Perhaps you can come over to my place, we can smoke one of these, honey.

Allen: Ok, but you get the other stuff, like food and green ones. And I am worried about the music (entonces ella me pegó en el hombro, está bien dale, sé que no vas a poner cumbia).

Paula: I always knew you needed someone to get you on track. Te tendré cortito Allen.

Me pasó la cuestión a mis manos, entonces un par de pitadas y yo nos preguntamos cuanto de toda esta vida de la urbe valía la pena. Paula me hubiera contestado que menos de la mitad, pero nunca se lo pregunté.

Esto de hacer cualquiera entre semana está de más. A la mierda, estamos viejos. Lo que pasa es que Paula tiene veinticuatro y todavía no siente nada, pero ya te va a llegar.

Paula: Es que me siento que ya a esta altura me enamoré demasiado Allen, fue demasiado intenso.

Allen: No fue demasiado intenso. Fue lo que tenía que ser, Pau. Si el amor no es desmedido, no es amor. No sirve algo que esté mensurado, que sea controlable, que nos tenga encasillados. Por favor, vamos, el amor es algo desontrolado -me paré en medio de la terraza, agitando la cuestión en pleno cielo oscuro y mirando a las estrllas. Me sentí re poético-.

Paula me miró, se rió, me dijo que anotara eso. No lo anoté y seguimos hablando de cómo el enamoramiento era el estado de plenitud del ser. Negociamos algunas explicaciones sobre el sentido de todo esto. La filosofía nunca se sintió tan comercial.

Negociadora

miércoles, 16 de abril de 2008

Paula) No te pongas así, vamos. Estaría bueno que me hables un poco. Perdón que no te pregunté antes, bueno. ¿Me vas a tratar así hasta cuando?

Allen) Son irrelevancias mujer, nada que deba ser dicho al menos por ahora. Se me ocurren algunas historias para contarte, pero ninguna lo suficientemente relevante ahora como para que le dediques tu atención.

Paula) Cabeza dura que sos. ¿Sabés qué? Creo que en algún punto a vos y a mí nos pasa lo mismo, nos aburrimos de ese no sabemos qué. Yo al menos te cuento qué me pasa, sabés que me interesa. Ambos sabemos lo que es la falta de sabor del mundo. ¿Me dirías como es para vos?

Allen) Mmmm... si tengo que arriesgar, es un sabor metálico. Luego le siguen un par de sensaciones acuáticas, pero básicamente se trata de algo ferroso. Ya sé, vos pensás en la coraza. Tenés razón, en parte lo digo por eso.

Paula) Tenés una mirada llamativa, ¿ya te lo habían dicho?

Allen) Sí, algunas...

Paula) Hace cuanto que no charlamos así, los dos juntos. Sería bueno que charlemos como antes. Yo te cuento, vos me contás. Es un diálogo Jana. No me gusta enterarme por mail de las cosas.

Allen) ¿Escuchaste lo que te mandé?

Paula) Me gustó, aunque no lo creas. No te tenía cantando, entonás bastante. Sólo a vos se te ocurre usar la palabra deconstrucción para un estribillo. Me gusta, deberías seguir. ¿Cuando podré verlos?

Allen) Equonim...

Paula) Triste, pero muy linda melodía. Me la imagino con un video en cámara lenta, como el de Across de universe, de Fiona.

Allen) Sos la primera a la que le muestro algo de Equonim, encima conmigo cantando. puf.

Paula) Quedo expectante para cuando toques algo. Ahora no te digo porque sé que me vas a mandar a cagar, pero cuando quieras.

Allen) Está rico esto, ¿de dónde es?

Paula) La panadería de acá a la vuelta. Tienen buenas cosas. Aver, no me vas a contar nada por lo que veo. A Zunny le contás...

Allen) Seguí, contame como es eso de que exponen tu trabajo.

Paula) Tendría que negociarte la información a vos, me parece. Ok, el tema es así...

La industria

domingo, 13 de abril de 2008

Ella jamás pensó que se tratara de la revolución. Yo creo que de hecho la palabra le resultaba chocante, le parecía demasiado. Por mi parte, sé ahora que no la comprendía, o que al menos cambié al respecto.

Luna: (satirizando) Se supone que no cambiás, Jana.

Se supone. No sé hasta dónde es discurso y hasta dónde es verdad. Bah, suponiendo que el discurso y la verdad no son lo mismo, claro.

Cuando me topé con Day la otra vez creo que los dos nos veíamos como los que eramos antes, pero ya habíamos dejado de creer en las ilusiones ópticas. Me imaginé a los diferentes personajes mirando la escena, y decían cosas tales como:

Orlando: No puedo creer que no te hayas retirado. El Allen que yo conozco no hablaría con Day.
Zunny: Me parece perfecto que estés ahí parado en frente de ella. Adelante...

Felipe: Epa! Bien por la resistencia. Vamos campeón eh!

Luna me dijo que cuando nos cruzamos con Guille y su actual novio lo manejé bien. Tengo que recordar ese tremendo dolor de cervicales. Me dijeron que era por la falta de sueño, ajá lo supe todo el tiempo. Logre dormir a base de analgésicos y alguna droga más.

Disparé mis ideas de tedio hacia la industria hace tiempo y con quienes más he hablado del tema es con Oliver y Zunny. Uno más medido, la otra más anarquista. Ambos tienen mejores ideas que yo, he de decir. Son más lúcidos a la hora de enfrentarse a la realidad.

Day: ... Algunas cosas que me decías. Te juro que la semana pasada las recordé todas, tenías razón. No sé hasta dónde vale la pena desgastarse tanto.

Desgastarse. ¿Llegamos hasta aquí para...? Somos parte de una máquina, usualmente cuando estamos enamorados nos pasa eso de olvidarnos de los engranajes, la falta de aceite y ese chirrido horrible. Le dije a Day que ella tenía su razón cuando hablaba de mis utopías, de que me faltaba crecer.

Day: A los dos nos faltaba crecer.

Esta vez respetamos el contrato, ni ella me mencionó su vida sentimental ni yo la mía. Lo primero que voy a señalar es que esta táctica no fucionará ni siquiera a mediano plazo. La otra es que a corto plazo es la base del éxito para que Day y yo podamos intercambiar más de cuatro palabras sin que nadie salga herido.

La industria. Zunny dice que está podrida desde adentro, que está armada para que no funcione. Luna despolitiza la cosa, hace sus planteos estrellados y me pregunta para qué estamos acá. Como si supiera.

Felipe sigue en su estado de catatonia. Según Luna, no está bien ese escapismo nuestro, que estamos demasiado en el espacio. Zunny dice que las tavernas son el refugio de la prole, que así nos evadimos. Creo que más de un personaje de este blog se lo planteó: querer dejar la taverna para volverse serio, correcto, feliz y coherente. En algún otro momento terminamos diciendo ¡Pamplinas!, y llenamos los chops o vamos a lo que sea.

Igual tuve esa idea: Day no debe pasar la raya, hay que mantenerla a distancia.

Zunny: Sí, hay que mantenerla a distancia porque es una persona peligrosa. Pero está bien que hablen, me parece perfecto.

Aún así me tuve que bancar las versiones esas de qué onda qué hacían eh. Ludi me hubiera dicho que todo eso era una mentira. No puedo evitar darle en parte la razón, pues todo eso tenía algo de mentira,estaba sustentado en omisiones por encargo y vericuetos del lenguaje.

Allen: Me cuesta todo esto. Sos muy importante, yo qué sé. No te odio como vos decís, es sólo que no soy bueno para estas cosas. Tampoco es que siga atado a vos, es que no puedo hacer como si nada, me niego. Si lo pienso en frío, tenés todo el derecho a ejercer tu palabra, a ser oída y que yo te reconozca que estás acá parada mirándome.

Day: Gracias. Necesitaba que dijeras eso.

Habría que ver hasta dónde yo necesitaba decirlo y ella escucharlo. Se me hace imposible, por más que lo intente, no quitarle inocencia al encuentro. Orlando lo dijo, Zunny lo dijo, Luna lo dijo. Ludi descreía totalmente de la inocencia de tal situeishon.

Zunny: Entonces volvemos todos al bar, a ahogar nuestras penas. Nos volvemos volátiles, consumimos éxtasis, marihuana o lo que sea para que esto nos resulte menos grave. Como vos decís, es la válvula de escape bajtiniana que deja salir todas las presiones. Es un requisito del sistema para que todo siga igual.

Oliver: A veces me lo tomo con soda. Otras veces, ya te lo he admitido, la realidad me parece grave y termino herido por la mayor de las pequeñeces. Es la city en la que elegimos vivir, te lo recuerdo.

Estos dos son diez veces más inteligentes que yo. Day me decía que admiraba el tipo listo que yo era. Tres segundos después le parecía un imbécil. Usualmente las respuestas mías se debaten entre el tipo listo y el tipo imbécil.

El tipo listo dijo:

Allen: Bueno, no me odiás. Es bueno eso... Me alivia.

Me dijo que ella también pensaba que yo la odiaba. Lo desmentí. Entonces Day sonrió. La industria me parece tediosa porque a esta altura han manufacturado todo. Resulta que antes bastaba consumir alguna droga y dejarse el pelo largo para ser revolucionario. Ahora eso nos lo venden en el súper.

Day: Es bueno saber de tí, Allen. Bueno que podamos hablar.

Entonces el imbécil contestó:

Allen: Bueno hablar... Quizás sea mejor no saber, porque en una de esas vuelve a explotar todo y ya conocemos casi al detalle las llamas. ¿Por qué no podemos mirar para el otro lado?

Oliver: Vivir en un departamento, formar una familia, casarse, tener un coche cuatro puertas, comprar un una propiedad y ponerle pileta. La mierda. ¿Tenemos todo eso por delante?

Orlando: Vagar por la vida, emborracharse, alucinar hasta el estrellato, chocar con cuanta chica se te cruce, quebrar toda una semana, pasar por las pastillas, inventar la dinamita en una noche. Todo parece tan fácil de repente.

Day dice que su plan no funcionó. Yo digo que el mío tampoco. Se rompe si no lo forzás, se rompe si no lo intentás...

Una Zunny más calmada me dijo que todo iba mejor ahora, que sus breves vacaciones le habían refrescado la neuronas y estaba más pilas para el trabajo. Lo noté esa mañana que entré en la oficina y ella estaba sonriente.

Eso, desenchufémonos un rato, quizás un fin de semana, bebamos y volvamos listos para comprarnos una pc nueva, una camisa de manga corta, pensar en irnos a la mierda pero quedarnos, putear en el subte, charlar del conflicto de la carne, pensar en lo complejo de las relaciones humanas, las parejas, y ponernos tan mal porque el texto del aviso que hicimos le faltó una coma.