Estabamos escuchando este disco... justo llegó este tema:
Oasis - The importance of being idle
A Gallagher le copa. Pau dice que es re hippie. Seguramente los otros personajes cuestionarían la sola inclusión de una obra de los de Manchester aquí.
Si revisan algunos posts anteriores verán que nada estalla así como así, pues hay todo un proceso detrás. Las personas menos perspicaces o muy apabulladas por lo que los rodea, no notan esas cosas.
Pau: Lo que Allen intenta explicar, me imagino, es que nada ocurre de repente más que para los que no llevan nota de los hechos y la trama de tal suceso. Nos es imposible anotar toooooodo lo que ocurre a nuestro alrededor, pero las causalidades que omitamos/olvidemos nos llevarán a preguntarnos "¿Qué demonios...?" cuando la sorpresa se convierta en tal frente a nuestra puerta.
Cuando Ernesto llamó por la tarde, no hubo mucho que decir. Quiere que todo termine bien, todos queremos que termine bien, ¿no? Lo que me intriga al menos un poco es la trama detrás del bien que él quiere... que vaya a saber si es el mismo que el que yo quiero.
El gato no se sorprendió en absoluto. De hecho, creo que olfateó mi celular justo antes de que comenzara a sonar. Hasta yo sabía de quien se trataba...
Pau: Es un plato ese gato. Ay, me salió un verso.
Allen: Plato... esa palabra la dice mi vieja, Paulette.
Pau: No molestes. Explicame eso del javascript que no entiendo, dale. Vamos, muévase. Y quiero otra cerveza, que me quedé sin.
The importance of being idle
Publicado por T. en 20:49 0 comentarios
Spartacus
Si abro la puerta seguro que está ahí, esperando a ver qué tengo que decir. Seguro.
Efectivamente, Gallagher estaba sentadito ahí, frente a la puerta. En seguida nos saludamos, le conté que venía de verla a Zunny, aunque medio al pedo, porque él ya sabía. Hay pocas personas que entienden el arte del desastre, Zunny es una de ellas, tuve que incitarla a festejar.
Zunny: No! No te puedo creer. Contame...
No pienso repetir la historia (aunque uds., queridos lectores ficticios, saben que soy una máquina repetidora). Zunny celebró, me dijo que estaba bien, que para hacer lo que yo había hecho hacía falta... como fue que dijo...
Zunny: Determinación, Allen, determinación.
Eso, determinación. Gallagher me pidió leche, me miraba, sentado al lado del plato.
En un escenario imaginario Paula hubiera aplaudido la obra:
Pau: Eeee Espartaco. ¿Cómo estás? Respondeme, dale, que me tenés mal, decime cómo andás.
Los mensajes de Paula hacen landing en cualquier momento del día y siempre son motivo de sonrisa. Es increible como esa chica se preocupa por mí.
A todo esto, se me armó una pelotera con Eloise. Teniamos que juntarnos, le dije que sí, que no había problema. Y me olvidé nomás que era hoy, estabamos con Zunny tomando algo y me cayeron los mensajes preguntando mi paradero.
El gato se rió. Sí, se rió, luego continuó tomando de su tazón de leche. Claro, total a él no le importa. Él se ríe porque ahora tengo que negociar con Eloise de vuelta, porque sabe que voy a ponerme hecho una seda y le voy a decir que sí a casi todo.
Eloise: No te quiero más. Ahora me tomo toda la Cindor yo sola.
Se la tomó ella, ¿sabés gato? Fue una clara venganza, algún día me la tenía que dar... Eloise ahora me pone condiciones: nada de alcohol ni de drogas.
Eloise: Hagamos las cosas de otra manera. Los ensayos son los ensayos. Nos llevamos bien, tocás bien la guitarra, pero que tal si intentamos ser más centrados, eh? Pablo me dijo eso, que perdamos menos tiempo boludeando, a ver si te dedicas un poco más a esto y menos a...
Zunny: Estamos re caretas entonces.
Casi no intercambié mensajes con Oliver, pero brevemente:
Oliver: Sos un groso. La verdad, muy bueno. Pintaste una situación colorida, con un remate cinematográfico.
Carla: No lo festejes. Allen, ¿no te parece que te fuiste de mambo? Acá estamos, todo me parece más vacío sin vos. Sé que no supe decirtelo, pero se nota que ya no estás, se nota que te fuiste, que hay cosas que no se decían y ahora no hay nadie que no las diga como no las decías vos.
Oliver: Relajesé. Sé que es una lástima, pero hay que ver el lado positivo.
Allen: Soy solo un detalle, solo una metáfora mal desarrollada. Mi ausencia es sólo mi presencia prefeccionada, nada más.
Carla: Te ponés en tonto a veces... Sos más inteligente, lo sé.
Gato, estuve mal, ¿no? Como vos decís, soy contestatario pero no rebelde. Yo ya tenía mi chop en mi mano, el gato miraba y miraba, me hablaba todo el tiempo. Retomamos las teorizaciones sobre la industria y la sociedad postdisciplinaria. Gallagher es un gato muy inteligente, muy leído.
Eloise: Pero no, no no... nada de eso, te tengo que tener a raya, veo no aflojás vos. Ahora las reglas del juego cambiaron.
Creo que todos me hubieran mirado en ese momento, a ver si Allen Jana aceptaba la autoridad así como así. Sí, acepté de momento al menos. Gallagher me dijo dos cosas: Bien por aflojar. Y sos un salame pibe, te rendiste ante sus condiciones.
La industria, gato, la industria. ¿Cuánto nos dura esto? Rock n roll: dicese del arte de hacer quilombo. Yo creo que está todo industrializado a esta altura, pero imaginate que no tengo un mejor plan.
Gallagher se acostó, ya tenía la panza llena. Maulló un chau, nos vemos.
Leaving song pt2
Fue una mañana después de la lluvia. Según me enteré, los chicos habían estado arreglando a altas horas de la noche pelotazos en la red, como suele decir Allen. Yo sabía que la cosa había estado heavy, que un problemita cualquiera era la excusa perfecta para que el jefe comenzara a patalear y vociferar...
"Que Carla haga el café, que Carla haga café", me decían. Yo les contesté que no jodieran, que estaba ocupada, que se levanten ellos solitos.
Entonces llegó él, más rápido que de costumbre. Preguntó dónde estaba Ernesto. No estaba, el jefe vaya a saber dónde andaría, seguro por la calle, en alguna reunión, en algún destino comercial o gastando su billete.
Oliver miraba a Allen. La oficina entera se paralizó. Me miraban a mí, como si yo supiera algo. Él ni se molestó en revisar si había café, saludó atentamente como siempre, aunque fue más frío que de costumbre. Prendió su computadora como si se tratara de un gesto inútil, como si nada de lo que pudiera surgir de allí valiera la pena.
Oliver: Me doy cuenta de que tenía mucha razón.
Sebastián se asomaba desde su box, mientras alguna telemarketer lograba darse cuenta de que su llamada telefónica no valía nada comparado a lo que estaba por ocurrir.
Entonces tomó el nextel, se deshizo de los cables y simplemente le comenzó a hablar.
Ernesto: Todo lo que pase en ese dominio es tu responsabilidad, incluso los trabajos ajenos. Es preciso que le heches a todo el ojo encima. Sé que hay problemas, pero vos trabajás muy bien, sabés responder bien.
Allen: ¿Estás diciendo que yo debo hacerme responsable de todos los trabajos de agencias ajenas, incluso cuando los mismos estén fuera de término?
Sebastián: Limó. Este pibe es de película.
Sebastián miraba la escena, notaba cierto aire combativo, un espesor que se coló por la puerta justo cuando Jana pisó el la oficina. Ernesto se esforzaba por minimizar la cosa, pero sin perder su voz de jefe, su autoridad.
Ernesto: Necesito que estés siempre, no puede ser que te intente ubicar y tengas el celular apagado.
Oliver: Ups...
Crack. Allen y el poder postdisciplinario. Si Ernesto hubiera estado al tanto de la reticencia de Allen con respecto a la nueva sociedad de la información, estoy segura que hubiera elegido otras palabras.
Se trata de un tipo centrado que cuando pierde la cabeza lo hace bien, lo deja a uno boquiabierto, sentado en su butaca, mirando el espectáculo. Vemos que todo pasa tan rápido, vemos que las palabras de Allen se aceleran frenéticamente, se inmiscuyen en la electrónica de un maldito aparato para llegarle a Ernesto, para que le caigan las sílabas con todo su peso.
Allen: Te presento la renuncia.
No se llegó a escuchar qué contestó el jefe, no por la falta de señal del nextel, sino porque le presté más atención a cómo Allen reboleó el aparato por la oficina, tomó sus cosas y saludó al staff.
Tengo esa sensación fea, Allen. ¿Nos veremos? Sé que no aclaramos algunos altercados nuestros, boludeces. Me da pena que te vayas así, que me vengas a saludar con un abrazo, que me tiras la mano de esa manera. Sebastián casi no se da cuenta de lo que pasa, Valeria no llegó.
Oliver: Estaba más cerca de lo que pensé. Allen tiene esa capacidad de ser tan repentino, quebrar la realidad de una manera tan satírica. Miremosló así: reboleó al jefe por el aire.
Sebastián: Eso fue un poema. Revolear al jefe por la oficina es un po e ma.
Allen, ¿tenés idea de lo que vas a hacer ahora? Allen buscó a su partner de diseño, obviamente no la encontró. Ella siempre llega más tarde que el resto, siempre se da esa licencia de dormir hasta tarde.
¿Te pensás que con un "Carla, un placer haber trabajado contigo" la arreglás? Quisiera que te quedes, que me cuentes quién es este tipo que ahora se va para no volver, nos deja a todos parados en medio de la nada que es realmente esta oficina. Allen, ¿tendrías la amabilidad por una vez de contestarme?
Allen: Diganle a Zunny que cuando llegue me llame por favor, voy a necesitarla...
Publicado por T. en 16:04 3 comentarios
Territorio ajeno
(Los personajes no acompañan a Allen en esta situación. Más bien, sus intervenciones son imaginarias, son traspapelajes de conversaciones de uno o dos días antes.)
Ella dijo algo de que debíamos hablar, como si hiciera falta aclarar ese no sabemos qué entre nosotros. Creo que fui claro, sobre todo porque en medio de los pasillos de esa maldita facultad no valía la pena discutir. Entonces llevamos el altercado a la calle, a la lluvia, al desastre.
No recuerdo cómo estaba vestida ella. Seguro de colores claros, como suele hacerlo. Con su pelo castaño medio largo, su anillo negro y sus ojos grandes mirándome. De eso sí me acuerdo, de sus ojos.
Y creo fue lo último que ocurrió entre ella y yo cara a cara.
Ahora estoy acá, con un paquete en mis manos, otra vez en mi auto. Esta esquina es su territorio, una zona delimitada claramente por las emosiones, en donde yo soy ese pedazo de historia contestatario pero jamás rebelde. Miles de veces he pasado, he visto las luces prendidas de su casa, pasaba con el auto, en movimiento furtivo por sus alrededores. Ahora es diferente, estoy emplazado en esta maldita esquina, soy un blanco fácil, soy un blanco sólo. No tengo idea de si puede aparecer, de si puede caer sorprendida detrás mío.
Ludi: Tendrías que explicarle todo. No te conviene.
Muchas veces tiendo a hacer lo que no me conviene.
Zunny: Hey, mirá, sé que es difícil, pero creo que no tenés que volver. No sería bueno para nadie. Ya lo dijiste con respecto a Day, creo que deberías mantener el mismo espíritu para con...
El mismo espíritu. El cielo nocturno pareciera ser mi aliado en estas circunstancias. Hoy no hay margen de error aceptable, no hay sincronías que puedan estar lo suficientemente aceitadas como para no chirriar del todo. No tengo idea de dónde estará ella ahora...
Ludi: No querés saber eso, te lo aseguro.
Todos me aconsejaron no hacerlo. Acá estoy, solo en el maldito auto, en esta maldita esquina estancada en maldito territorio ajeno. Encima hay gariteros. Era mejor cuando tenía socios, recuerdo que en este momento envíe a hacer este trabajo a otra persona.
Luna: Ni aún así salió como querías. Vos mismo lo dijiste, el montaje se caía sólo, estaba fallado, no resistía el menor análisis.
Es cierto, era un desastre. Cada vez que trazaba el cuadro del plan, me daba cuenta de todas las fisuras. Sabía que se iba a caer, era cuestión de atar un par de cabos y toda la evidencia apuntaría contra mí. Seguí de todas formas, porque todo esto valió la pena, ¿no?
Zunny: Tengo esa sensación de que voy a tener que bancarme tus malos humores nuevamente por aquí. Lo tuyo es como ir a colisionar directo contra las llamas, darse contra la pared. No me gusta pero lo he sentido, te entiendo.
Pensaba en tantas cosas. ¿Y si se invierte la escena? ¿Si me toca a mí caer en cualquier momento sin sol en la casa de Ludmila porque estoy hecho un desastre?
Ludi: ...
Una imaginaria Zunny me tomó del hombro, me sacudió diciéndome "Hey, vamos, ¿qué estás haciendo?"
Ya me acostumbre a mirar al cielo en estas ocasiones. Recuerdo que el año pasado, cerca de mi cataclismo, me encontraba mirando las nubes, comenzaba a llover y me di cuenta de que estaba acostumbrado a hacer esto así ya.
Zunny: Es un lindo detalle. En eso me gustaría que no perdieras la práctica.
La escena ameritaba que yo prendiera un cigarrillo, pero no fumo. Ameritaba tantas cosas esto, mientras yo miraba la casa de ella a lo lejos, mientras el garitero ya me tiene calado.
Recuerdo que hace años atrás me encontré en lo que podríamos contar como situación antecedente. La cuestión es que me quedé merodeando en esta misma esquina a ver cuando aparecía ella, nos habíamos peleado y quería ver si la encontraba volviendo a su casa a eso de las tres de la mañana. Nunca apareció, y todo eso fue un error arrastrado, una cadena de dislates mal formados.
Luna: Todo eso fue previo, fue tan germinal, tan distante. ¿Ahora te ponés a pensar en eso? No existía nada en ese entonces.
Existía. Todo con otras formas, con otros usos. Pero lo germinal estaba, y quizás ese accidente me haya hecho recapacitar, me haya hecho subirme al auto, poner primera, dejar al garitero que se aburra en paz, pasar frente a la casa, esta noche sin luces prendidas.
Seguro ni te acordás, pero yo sí. Por eso acá estoy, en tu territorio. Algún momento fui local, ahora soy un desterrado. Creo que yo mismo quemé mi pasaporte para ingresar aquí. Seguro esto es un accidente, mi paquete no es bomba, pero en su momento fue incendiario. A veces soy una persona muy inverosímil, sabés.
Ludi: ¿Para qué te preguntás dónde está, si no estás dispuesto a escuchar la respuesta?
Simplemente el paquete se quedó en el asiento del acompañante. Aún no sé qué haré de él, se me ocurre dejarlo en el olvido, derribarlo de su objetivo principal o quizás exiliarlo ante alguien que no comprenda. Cruzar Maipú me dejó un poco de esa sensación de antes. No debería, aunque mi óptica ahora es otra...
Simplemente volví, tomé el volante y me fui sin hacer nada.
Publicado por T. en 2:23 0 comentarios
Oliver's day
Cumplió años Oliver, un groso, toda una personalidad, un tipo que sabe siempre de lo que habla y además apronta cervezas como pocos. Alguien que realmente sabe improvisar en todo escenario y si bien a veces nos parece un poco apocalíptico, es una institución a esta altura.
Feliz cumple Oliver.
Y le invadimos la casa nomás, con total impunidad esta serie de abusadores que somos. La previa de mensajes fue un acuerdo de esperar a estar los tres juntos, Paula, Zunny y yo en la puerta de Oliverland. En el recinto ya se encontraban Esthershack, Bob y Orlando.
Sí, le descontrolamos todo un martes. Así somos nosotros. Oliver nos recibió gesticulando una alegría de vernos, una tristeza de ser un año más viejo. Pero che, si al fin y al cabo ya encaramos todos para los treinta, no hay problema.
Se arrinconaron Pau y Zunny. Mientras discutía yo temas musicales con Esthershack, de quien recordamos esa Zamba de Janeiro que improvisó un mes atrás (un total colgado y maestro). Orlando navegaba entre las desconocidas amigas de Oliver, acompañado de un Bob que en pocas horas cumpliría un año más.
Esthershack: Todos los cumples juntos nos vienen. En poco tiempo me toca a mí.
Allen: Espero que tu cumple sea... todo un espectáculo.
Cuando me senté al lado de Paula la conversación era la siguiente:
Zunny: Eh, pero vení que me gustás.
Paula: Pero salí boluda, me das asco. La puta madre, dejá de tocarme la pierna.
Es normal que luego de algunas cervezas Zunny haga cosas como menearle a su amiga, o hacerle una simulación de streep dance en frente a todos mientras yo me río. Sí, ya sé que contado no garpa, pero la situación fue graciosa.
Zunny: Es que yo te quiero enseñar lo que es el amor entre dos mujeres.
Entre sonrisas Paula le escapaba como podía y yo simplemente alentaba la discordia. Oliver legó algo atrasado y dijo que se reconciliaran con un beso. Entonces Zunny le tiró la boca a Paula para que la última pusiera cara de asquete y se refugiara en mi hombro.
Allen: No es para tanto.
Paula: Es que me mira la guacha, me pone esa cara...
Zunny: Pará, que soy sensible.
Oliver: Cuánto amor no correspondido che, no vale esto, no quiero que en mi aniversario haya corazones rotos. Vamos, reconciliensé por nosotros, al menos por mí que encima estoy más viejo.
Estabamos todos re caretas, como diría la pensadora contenporánea. Esthershack más presentable que nuncav y Orlando un gentleman, para variar.
Orlando: Aunque no saqué números telefónicos. Nada interesante.
Raro, las amigas de Oliver no eran chicas feas precisamente. Quizás en un par de posts entienda qué mierda pasó.
No hay mucho más que decir: Zunny terminó limpiando el vaso que estrelló en el parqué, Esthershack y Oliver dieron unas clases magistrales de guitarra mientras que yo me abstuve de pasar verguenza en el área. Paula tocó Shine on you crazy diamond de Floyd. Lo hace realmente bien, no puedo yo animarme frente a demostraciones de tal calibre.
Paula: This is the end...
Tenemos que trabajar en unas horas, vio. Paula con sus diseños, nos quedamos charlando. Resulta que mandé un aviso a impresión con las medidas un centímetro pifiadas. Mañana quizás me importe, hoy no. A Paula le preocupaba su campaña para una marca de impresoras. ¿Compartimos esa serie de preocupaciones sobredimensionadas?
Allen: No te preocupes, hemos hecho cada improvisación con Oliver.
Entonces le conté de la campaña que desarrollamos el cumpleañero y yo prácticamente borrachos en la oficina. También, tema de otro post.
Orlando: Después hablamos un par de cosas...
Una serie de fósforos todos juntos sobre una porcion de pizza oficiaron de torta para Oliver. Somos tiernos, pero somos unos impresentables. En fin...