Well, in this article I will introduce you to the non-working world of the garchs.
The garchs, specifically, are web pages, apis, gadgets, etc. that don´t work. This ussually happens because people who developed them screwed up at some point of the process.
For example: a swf ad that has an incorrect link. An awfully crafted piece of e-mail, a web form that when you send it it redirects you to a page that sais "404 fuck you!".
Then, this tends to happen at critical hours, like lunch, 9am when your still yawning, making some curious PS mock up, or when you are having your coffee discussiing with your girlfriend which movie are you going to watch tonite: "Wall E", says her. "Fight Club" says you.
Puff, back to the topic:
When this things -apis, web pages - don´t work properly or look like hell, it´s time to call the Garch Optimizer. This commonly unknown character has the specific function of "fix other´s mistakes". The situacions are ussually de following:
"hey, i´ve received the banner. The link does not work"
"Fuck, this form is making cualquier!!"
"Crap, the typo is awful there, look like shit on the corner of the html"
"Is that the logo? I think it´s so crappy it´s melting my brand new Core2 Quad Processor"
In these situations, one needs to call the Garch Optimizer.
- "Hey, Garch Optimizer... This is a garch, it does not work... Can you fix it?"
- "Of course. You´ll have it this afternoon"
- "But I need it for yesterday!"
So the Garch Optimizer, under crappy conditions, with no materials and only a big problem, fixes the garch, so it becomes not a garch... it becomes a working banner, nice email, online and fine web form, etc.
Thank you garch optimizer!!
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La definición de Garch: "non working web object".
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* Originalmente publicado en el sitio Garch FB.
The Garch Optimizer*
Publicado por T. en 20:48 3 comentarios
Etiquetas: essay
Antes de llover
Era la previa del sábado. O de lo que fuera, porque en realidad no era imposible determinar si era una noche de sábado como corresponde, o era simplemente una imitación de fin de semana. Había sido el cumpleaños de Ludi, personaje personaje que lleva su historia aquí. Entonces, firme con ese hábito que me ha traido problemas, me dispuse a la entrega un paquete ideado a tal fin. Momento lúdico de Ludi, o algo así le había puesto.
Debo decir que me encantan mis misiones de este estilo.
Para variar, una tormenta amenazaba todo lo poco que quedaba de fin de semana. Esthershack me había dicho de juntarnos a comer -tarde- en La Farola.
Esthershack: Dale, que después te vas. Según Bob tendrías que hacer fiesta, te vamos a extrañar.
Allen: Son sólo vacaciones, ¿no?
En fin, perdón por perderme en tan efímero relato (Felipe Esthershack, difícil de hacer enojar, me puteó porque llegué como once y media, pero no importa). Tiré el auto frente a un garage en la cuadra de la calle Peña al 2000. Esperaba que el dueño no pretendiera entrar o sacar su móvil en esos minutos.
La escena era simple: si bien el encargado del edificio estaba en su escritorio, leyendo una revista, lo único que debía hacer era dejar en el buzón la cuestión y largarme a la pizzería (A propósito, otro de los litigios con Esthershack fue a cuál Farola concurrir. Logré negociar la de Urquiza, que tiene buena milanesa con fritas, porque no tenía ganas de tirar hasta zona norte). Entonces me cayó la pregunta... ¿Orlando estaba ok con todo esto? Ludi era para el ese espacio en blanco que si bien era pasado, se caracterizaba por una permanencia a veces incómoda.
Frente al edificio de Ludi, me dispuse a tomar la medida de precaución de consultar al susodicho. Celular y...
Orlando: ¿Qué?
Allen: No es nada loco, sólo que vengo a dejarle el regalo a Ludi y me figuré que sería bueno consultarte sí estaba bien.
Orlando: Pero, ¿decime qué tengo que ver yo ya con eso? ¿Está ella?
Allen: Esperá, no me pongas en esa situación, si ella está o se fue es tema de ella, ¿no?
Orlando: Bárbaro. Entonces, ¿para qué me llamaste?
Allen: Sólo una consulta. Dejo el paquete. Es que vos sabés, vos sos mi buen amigo, ella también es amiga. La otra vez me contó que anda medio ciclotímica, que cree que es ansiedad. Pero bueno, no importa. El tema acá es cómo estás vos con esto. Total, es sólo un regalo.
Orlando parecía menospreciar la atención que yo estaba teniendo para él. Luego Esthershack justamente me preguntó lo mismo: ¿Para qué lo llamaste a Orlando? Ya fue, además seguro Ludi ya está con otro. Acto seguido, me reprochó que se había tenido que tomar una Stella él solo mientras me esperaba.
Orlando: Todo bien. No voy a negar que alguna vez me llamó la atención la buena relación que tienen. Pero entiendo, además sé que no andás con ella porque estás con Day.
Puf, me senté en la vereda. ¿Para qué trajo a Day a la conversación? Miré al cielo. Todo nublado, seguro se iba a largar. Por suerte el dueño del garage no había aparecido.
Allen: Claro. El otro día Day me dijo que tengo demasiadas amigas. ¿Pensás lo mismo? ¿Demasiadas amistades femeninas tengo?
Orlando: Sep. De hecho, cuando no estabas en pareja llamaba la atención. ¿Cómo mierda no andabas con Paula, eso jamás lo comprenderé?
Allen: Paraaaa... Bueno no nos desviemos del asunto, que me espera Esthershack.
(En La Farola de Olivos Esthershack es un personaje conocido, pero en al de Urquiza no. Me imagino que se molestó por estar esperando solo de visitante... aunque considero que no es tab grave, además, llegué tarde por una buena causa y por tomar todos los recaudos al respecto, ¿no?)
Orlando: Bueno, mirá. No me muero porque continues tu amistad con ella. La última vez me re puteó, no quedó todo liso. Yo qué sé.
Estaban empezando a caer unas gotas. Era el signo irrefutable de que tenía que apresurar la gestión.
Allen: Entonces, todo ok. Yo sé cómo son estas cosas. Acordate de cómo cerré los canales de comunicación yo con Guille o July. En realidad, fue eso lo que me llevó a consultarte. Porque por ejemplo, Esthershack tenía buena relación con July. Jamás me consultó, aunque le hubiera dicho que estaba todo ok, viste. Después dejaron de verse, y me quedó la duda de si dejaron de ser amigos por algo relacionado a mí.
Orlando: Jana, pará de hacerte problema por pelotudeces. Dejame de hinchar las bolas, dejá el regalo y andate con Esthershack. Después nos vemos en Video Bar.
Allen: No, que Video Bar está lejos.
Orlando: Para vos.
Allen: Creo que vamos a Serrano, tengo ganas de ir a Sullivans o quizás a Van Konning.
Orlando: ¿No se supone que tenés que ahorrar? Ya estás casi afuera...
Es cierto. Planeo jactarme ante Day sobre la fuerza de voluntad que tengo. Dejé mi conversación con Orlando, ya que también lo estaba retrasando a él, que en definitiva luego se juntaba con nosotros. Dejé el paquete en el buzón sin problemas -no lo podía creer- y llegué al auto medio mojado, pues las gotas ya comenzaban a duchar Buenos Aires. Menos mal, los últimos días el calor había sido intenso, tanto que me costaba pensar lúcidamente.
Publicado por T. en 16:15 0 comentarios
Comunicación
Nos encontramos ante un escenario, cuya única iluminación es un reflector que dibuja una especie de círculo deforme y blanco. Entonces, vestido con camisa y pantalones negros, entra Jim Bentham. Se para justo bajo la luz del reflector, erguido, y con sus manos cruzadas tras la espalda, comienza:
Jim: La comunicación, a esta altura del partido, debe ser entendida como la forma de realización del hombre. ¿Qué es la felicidad, sino una forma de comunicación? ¿Qué es el amor, sino esa especie de fluido a veces tóxico otras veces alucinógeno, que fluye entre nosotros y un otro? Nadie es solo, ni siquiera el ermitaño.
Se enciende una luz en ese momento, dibujando una pequeña escena alterna ubicada atrás y a la derecha de Bentham. En ella participan Debord sentado en una silla y su novia Rose Luzemburg, de pie, junto a él. Ninguno de los dos puede ver a Bentham, pero este, se voltea para observar lo que dirán.
Guy: No es que quiera irme de vos, pero sí quiero alejarme de la ciudad. Estaremos más lejos, sí, pero me ayudará a mi a desintoxicarme de este cruel suelo del Abasto.
Rose: Lo sé, sé que sufrís la monotonía de cada calle, de cada cuadra, de cada parada de colectivo corroida por los años. Pero... ¿Qué querés? Yo no me quiero ir. Y estamos tan cerca ahora. ¿Pensaste en un futuro juntos? ¿Cuál será? ¿Tu campo y mi ciudad?
Guy: No creo sea este momento de hacernos cargo de esa decisión, que ni siquiera hemos esbozado en nuestras mentes.
Rose: ¿Ni siquiera hemos esbozado? No hables en plura.
Jim -dirigiéndose al frente-: Incluso la no comunicación es comunicación. Al no decir, decimos, el que calla otorga y el que huye jamás escapa del todo...
Rose: Ya el otro día te dije de salir, de vernos... Y me dijiste que tenías que leer... Y jamás notaste ni mi corte de pelo de de la semana pasada, así como tampoco recordaste que cumplimos once meses juntos.
Guy: ¿Es ese el problema? ¿Pensás que nos estamos alejando? Por favor, no...
Jim: Es increible la lógica de lo inevitable. Lo que no se ha dicho termina desparramado, de una forma u otra, sobre el juego.
Rose se va. Queda Debord, que no ha atinado a levantarse de su silla. Mira al suelo algo ido, despide un suspiro que cae roto contra el piso. Alza la mirada, ve a Bentham que lo observa. La luz que lo iluminaba se esfuma.
Es a la izquierda de Bentham que un nuevo y gran círculo da lugar a la interpretación de Bataille frente a Susana Sontag. Sólo dos metros tienen entre sí, pero ambos permanecen de frente, mirándose pero eludiéndose.
Casi si darse cuenta, los personajes se van aproximando. Susana, entre más se acerca a Jorge, menos lo mira. Jorge le clava la mirada, mientras continua aproximándose. Justo antes de que su mano encuentre la de ella, deja de mirar.
Jim: Y cuando hablamos de comunicación, no hablamos necesariamente de la palabra, de los vocablos, de las claves secretas. En realidad, creo, es el cuerpo el que no puede evitar comunicar. Es por eso que esto de la comunicación, de ser uno con el mundo, es una cuestión bastante central.
Susana le muestra las palmas de las manos a jorge. Él suma sus palmas. La luz se concentra en ellos dos, mientras que ella comienza a llevar a Jorge por el resto del escenario. Al pasar al lado de Bentham, Jorge le dirige una mirada...
Jim: Bueno. Lo disfruta. Claro, los indeterminados de la comunicación son ese punto preciso en el cual nos realizamos en ella. Porque en nuestras imprecisiones somos nosotros mismos de forma más libre. Lo explícito es sólo una forma -no por ello menos rica- que intenta presentarse como la más común. En realidad, si vamos a los tantos, el cuerpo, sin valerse de la palabra, habla mucho más.
Jorge acompaña los suaves pero rápidos movimientos de Susana. Se sientan, se dejan caer. Ella juega a la muerta, Jorge intenta levantarla. Es cuando lo logra que ella lo toma de la mano y lleva a Jorge fuera del escenario. Con ellos, la luz que los perseguía.
Jim: Digamos... nada puede ser en sí mismo. Entonces, ser es comunicar. Cuerpo, palabra, expresión. En realidad, son todo lo mismo, diferentes formas de algo inevitable.
Un circulo, al lado de Bentham, ilumina a Deleuze. Su mirada es de angustia, es evidente que quiere llorar y no se anima.
Gilles: Se fue. En realidad, siempre supe que se iría. Es por eso que andaba con la otra. No de malo, sino de... descreido. Lo que pasa es que tantas veces uno termina solo. Vos me vas a decir que eso no justifica nada, que al amor hay que corresponderlo. Andá vos, con tu mundo perfecto.
Jim: Somos expresión de nosotros mismos. No importa cuánto intentemos engañarnos, la realidad de lo que somos siempre llega. Tarde o temprano. Lo mejor es intentar conocerse antes de tener sesenta, porque entonces la mentira parece haber sido demasiado larga, casi tanto como una vida.
Gilles: Lo trágico. No la dejaba porque no me quería sentir solo. Lo estúpido. Era justamente porque estaba con demasiada gente que ella ahora no está. No sabés lo que tenés hasta que lo perdés, como dijo alguien...
Bentham miró de reojo a Deleuze. La cita de Jana era más que inoportuna...
Gilles: Es que sentía todo como un retroceso. Eso me dijo ella, pero no podía más. Se tuvo que volver a la casa de los padres. Una cagada. ¿Cómo me siento yo? Imagínense. Les juro que traté, pero no soy tan buen tipo...
Bentham se aproximó a Deleuze, lo abrazó. Mientras lo acompañaba afuera del escenario...
Jim: Lo inevitable... Es preferible pasarla mal ahora que terminar en un completo desastre después. No hay que preocuparse, pues todo puede parecer negro ahora, pero no es más que la vida entera lo que nos queda por delante...
Te borré
- Che, hace mil que no te veo en el msn.
- Ah sí, creo que ya no te tengo más.
- ¿Eh?
- Nada. Te debo haber borrado. Bah, nunca nos hablabamos. En realidad, hablo más con tu hermana. Igual todo bien, ¿no?
- Pero eso no se hace. ¿Para qué me borraste? ¿Qué pasa si te quiero hablar?
- Bueno bueno, igual tenes mi mail y el celular. Es que de vez en cuando limpio contactos del msn, vio. Me dan la sensacion de que abren demasiadas conexiones y me alerdan la máquina.
- Cualquiera, además, ¿qué tiene que no nos hablemos mucho? Bueno, vos sabrás...
- Me aburrí de la conversación.
Entonces empezó a decir que era cualquiera, porque yo la había agregado a ella en un primer lugar, pero bue, qué carajo. Ahora se ofende. No es para tanto. Encima como ni le propongo volverla a agregar, se enoja más. Loca de mierda...
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Etiquetas: anonimos
Matar a Bentham
Hubo un complot para matar a Bentham. Según fuentes no policiales, Deleuze y Bataille complotaron contra el racionalista, porque según a juicio suyo, este era demasiado inmune.
Fue en la casa de Debord, a la vuelta de las vacaciones, un día de febrero o enero, no nos interesa la fecha. Gilles y Jorge habían adquirido en tierra brasileña unos chiles en conserva, de forma secreta, una noche. Lo consiguieron en un restorancito de Guarda, cuando casi mueren intoxicados con semejante picante. Entonces, decidieron que la supuesta inmunidad de Bentham a los hemorroides debía ser testeada.
Quince días planificando la situación, hasta que Bataille envió el correo que dictaminaba la reunión en el departamento de Guy Debord, la cual no carece de cierta cuota de surrealismo, pues esos patos que hacen de canilla son llamativos. Y las pinturas de Dalí en las paredes. Y el perro de cerámica en el dormitorio.
En la cocina se compenetró Barthes, también confabulado para el envenenamiento contra Jim. Preparaba cuidadosamente el relleno de los tacos mientras Bentham y Debord desvariaban sobre las teorías del punto de fuga, discusión en la que hubiera sido pertinente la intervención de Gilles, pero este elaboraba una salsa a base de los mencionados agies picantes, cayasa y ajo.
Se dice que la conversación entre Debord y Bentham se volvió más aspera cuando se aludió al asunto "radiohead en Argentina". Puede haber ocurrido así:
Jim: Son unos chorros.
Guy: Eeee, pará, es que son una banda grosa. Mucho más progres que tus queridos hermanos Gallagher...
Jim: Radiohead está cobrando tres gambas. ¿Quiénes se creen? ¿Noel Gallagher?
La alusión ha la famosa cita del cejijunto sobre el rey del pop -adaptada para los Yorkes en este caso- sólo logró profundizar el debate "neo emos" vs. "brit pop".
Guy: Neo emos tu vieja.
Jim: Manga de depresivos automáticos...
Mientras la discusión llegaba a ningún lado -la deriva-, Deleuze seguía preparando -mal- la salsa tal como se la había comentado el mozo del restorancito de Guarda. No le había dado las medidas, pero al menos ahora sabía menos tóxico, el veneno era más sutil.
Roland: Che, ya estoy. Esto está para darle.
Noche de muchachos, no girls around. El escenario ideal para atentar contra la vida de alguno de los presentes, por motivos tan justos como inmorales. Entonces Roland Barthes llevó todo su significante de los tacos -pollo y carne vacuna, de primera- a la mesa. Deleuze dispuso la salsa en un frasco de tabasco, para que todo pareciera natiural.
Jorge: Todo lucirá como un accidente...
Los confabulados se acercaron a preparar sus tacos, mientras el despreocupado Bentham, deshecho de su manía por el control unidireccional de las cosas, se dispuso a preparar su taco.
Jorge: Ohhh, que tonto de mí, le he puesto demasiada salsa picante. Ohhh, Bentham, a vos que te gusta lo picante, ¿quieres mi taco? Tu sabes que no tengo tu resistencia.
Por detrás reíanse Roland & Gilles, mientras Guy engullía su chicken taco libre de toda toxina.
Eso tenía un baño de salsa. Bentham agarró la botella de salsa y probó un poco. Tenía un gusto a cayasa espantoso.
Jim: Esto tiene alcohol...
Gilles: Mirá, lo compramos ahí en el chino, parece rico... Mmmmm
Jim: A esto le pusieron algo...
Jorge: Naa, además, vos no estás vivo, resistís todos los picantes.
Entonces Bentham, sabiéndose en medio de un complot, simplemente cenó su taco, siendo el espectáculo de todos. Sí, luego de medio taco -ácido- seguía vivo.
Jorge y Gilles miraban como su victima continuaba comiendo el veneno, pero nada parecía detenerlo.
Jim: Bueno, ya que están tan fanáticos para que pruebe esto (que no tiene tan buen gusto, tiene demasiado alcohol, permitanmé decirles), ¿de dónde mierda lo sacaron?
Fue allí el momento de la confesión, que venían elucubrando esto desde hace quince días, que habían dispuesto frascos y frascos de estos agies picantes, que casi mueren aquella noche ausente en Guarda.
Jim: Débiles -y se terminó el taco-.
Jorge: No tenés corazón. Eres un cadáver vivo.
Jim: Vos... -dirigiéndose a Jorge- ¡oh, acéfalo!
Gilles: Pará, ok ok, como intento de matarte, ¿Cuánto le ponés? Un diez, la verdad que bastante bien.
Jim: Mmmm, no está mal. Pero demasiada cayasa, es una bebida que no me gusta. Démosle un nueve.
Debord: No entiendo cómo te estás preparando otro.
Luego Jim le contaría a Bella que intentaron matarlo. Bella, risueñamente indignada, le dijo que esas son cosas que hacen los hombres cuando están solos. Manga de brutos.
Dieron las doce, Gilles y Roland automáticamente sacaron sus celulares para enviar los mensajes correspondientes del día de los enamorados (lo que descarta la hipótesis inicial de que era una noche de enero).
Jim: Débiles -comía su taco-.
Aunque al rato de dió cuenta de que si bien el veneno no lo había matado, la cantidad de cerveza ingerida lo había vuelto tan torpe como para que se le cayera un vaso por el balcón e iniciar otra discusión con el dueño de casa, que no llegaría a ningún lado...
Por lo que resta, resulta que Gilles comió un taco que estaba pasado en salsa y terminó tomando agua directo de la canilla de la cocina. Luego, después de una cuasi zambullida en el baño, se acostó medio húmedo para reponerse. Lo habrán tidado en la casa, porque no podía más. Guy re reía, Bentham sentía vértigo de la idea de tan sólo parase, y Bataille estaba intacto, pues ese sujeto es inmune al alcohol.