- A veces me doy cuenta que no te das cuenta. Te inunda esa navieté. Una vez me dijiste que en realidad te haces el boludo.
I
Una recopilación de historias cualquiera, todas encarnadas en una manga de sujetos que recorre la ciudad nocturna sin un punto fijo de fuga. Cualquier plan los hubiera saboteado. En cambio, pedían improvisar lo más posible, dejarse ser un poco, olvidarse de Buenos Aires -item importantísimo- y pensarse en...
Jim: Bélgica. Claramente esto debería ocurrir en Bélgica.
George: ¿Sí? Yo pensaba en Hungría. No por alguna razón en particular, deben ser las ganas nomás.
Bataille, Debord, Barthes y Bentham se encontraban frente a la gran puerta de una casa bastante paqueta. Las paredes de ladrillo a la vista separaban a los personajes de lo que parecía ser un jardín enorme, con árboles sembrados por doquier y un perro que ladraba en las lejanías. Algunas columnas blancas, estilo griego, hacían juego con la luz de las antorchas que descubrió la puerta de madera al abrirse.
Jim: Brujas. Esto me hace acordar a Brujas, sobre todo el grabado en piedra del tipo con el sol.
I hear the sound of drums... La música recién comenzaba. Jorge llevaba su cajón de cerveza. Parecía casi custodiarlo, aunque luego se olvidaría de él para hacerse amigo del barman. "Voy a ser tu mejor cliente de la noche, quizás de la década", le dijo.
Barthes saludó a un par de gentes que los otros tres sujetos no conocían.
Roland: Bienvenidos, enjoy.
II
- Ahora, digo yo... Lo que más te delata es no habérmelo contado de entrada. ¿Tan poca confianza me tenés? Oh corazón, eso me lastima más que lo que pueda hacer esa chiruza (reventada). Ya sé cómo son estas cosas, no te voy a pedir que dejes de ser hombre. En definitiva, por más que algunos se hagan los buenitos, sabemos todas en el fondo que no son muy resistentes a las insinuaciones.
- ¿Insinuaciones? No se trató más que de una charla. No se entiende, se supone que este tipo de cosas se superan, se dejan atrás. No podés pedirme que me deshaga de mi pasado así como yo jamás de digo que te desentiendas del tuyo.
- Insinuaciones, tratativas, un daikiri de durazno. Vos jamás tomás daikiri de durazno...
III
Venían signados por una estela de pasado. Precisamente, de mujeres, y según a quién se le pregunte, de tiempos mejores o peores. El primer caso podría datarse del alejamiento entre Susana y Jorge, lo que era más un intento de relación frustrada antes que cualquier otra cosa. Por otra parte, Debord había finalmente estallado y su relación con Miss Emma, aunque los diálogos permanecían. Bentham se encontraba algo asustado sobre Justine. El único que desvariaba igual que siempre era Barthes.
Era de esperarse: Jorge tardo poco en terminar como un chapuzón en la pileta. Si se le preguntara, diría que no la extrañaba, que Susana se podía ir al reverendo carajo. Claramente mentía. Según Barthes, Susana era un tanto "extraña".
- Extraña, digo. Le tiraron los perros casi todooooos los que conozco, y ella salía con su amiguita la otra que también es bastante rara, ya que estamos.
Los problemas comenzaron cuando Emma entró de la mano de otro tipo. Imaginamos que nada de esto había sido planeado. El problema fue Debord, que automáticamente entró en una especie de transe durante el cuál era imposible comunicarse.
- No se entiende -decía Guy-. A tan poco tiempo de haber cortado... Sé que puede salir con quien quiera, pero el detalle es desastroso.
Bentham hubiera respondido que "bienvenido al mundo. Ellas salen con otros después de que terminan de salir con uno." A lo que Barthes hubiera replicado "Bueno, dejalo, a vos te costó darte cuenta de eso". Guy Debord, en el transcurso de ese breve diálogo, engulló tres tequilas sin sal ni nada.
- Viva la patria.
En épocas anteriores Justine le hubiera reprochado a Bentham esas actitudes. No porque ella fuera aburrida, sino porque tenía esa forma de reclamar que no hacía juego con las actitudes de nadie, para decir verdad. A Deleuze nunca le había caído del todo bien, y Bataille recién estos últimos meses había entablado algo que podría denominarse, una amistad.
- Lo que no entiendo del todo es cómo mierda se sienten ellas cuando pasan estas cosas - decía Bentham mientras se tomana la cerveza número lo que sea-.
- Lo peor es que se cae el mundo, mi amigo, y nadie está ahí para sostenerlo -decía un cada vez más deprimido Debord-. Es mi historia, es que soy demasiado sensible.
IV
-¿Insensible? ¿A vos te parece que yo soy insensible? Qué me decís de las cosas que me tuve que bancar yo, ¿Eh? Creeme, no soy tan insensible como vos cuando tomás daikiri de durazno, como cuando hacés de cuenta que no existo. Me lastimaste con eso, y mucho...
Era como una onda expansiva que lo rompía todo en un radio unos metros que iban entre ella y yo, justo donde antes estaban esos centímetros que fracasaban en separarnos antes de cada beso.
- Me imagino que estas cosas son así, jamás salen bien.
- Me imagino, me imagino. Depende, uno puede hacer las cosas para que no sea tan grave, para no lastimar tanto.
V
- Ohh, lastimado, herido... -gemía Debord mientras le hablaba a uno de los enanos de yeso que había en el jardín-.
- Perfecto, justo hoy que mi amiguita está on fire, descubrimos que estos tienen sentimientos -protestó Basthes-.
Aún así, Roland es un tipo muy pragmático. Sabía que las heridas de los dos soldados sanarían, así que fue en busca de otra compañía.
Fue cuando Bataille llamó a Susana.
- ¿Qué me decís? Ayer me dijiste que no me querías ver más. Ahora me llamás... ¡Estás hecho una histérica Jorge!
- Es que no lo puedo evitar -decía Jorge tomándose otro Vodka con Speed-. Sé que todo esto no tiene sentido, pero bueno, marqué tu número porque en realidad quería ver cómo andabas y quizás podíamos relativizar las cosas.
VI
- Creo, sinceramente, que no es para tanto lo que me decís. Ok, bienvenida, no soy perfecto. Es más, soy un imbécil. Parado frente a tí, un imbécil, un gusto en conocerla -extendí mi mano para estrechar la suya. Me pegó-.
- No es momento para tus sarcasmos. Me hago problema porque yo a esa chiruza la tengo calada, qué te crees que no veo como se te acerca y te dice "Hola Ji..."
VIII
-...mmy. No sabía que venías para acá, pensé que se iban para San Isidro.
- Prácticamente estamos en San Isidro...
- Chep, ¿por qué Guy charla con el pasto?
- No es el pasto. No se ve, justo lo está tapando el flaco de remera roja, pero ahí hay un enano de jardín que Debord ha escojido como confesor. Es que se peleó con Emma.
- Huy, pobrecín. Igual, Emma Bovary no era para él. No entiendo cómo duraron tanto.
- Era una de esas parejas, un tanto tensas. Pero creo que esa tensión formaba parte de la atracción que sentían el uno por el otro. Química de pareja, no todos funcionamos igual.
Bataille había logrado subirse a uno de los enormes parlantes que había en el jardín. Una piba le gritaba para que se bajara, pero él seguía en una conversación telefónica con Susana.
- No sabés la vista que hay... Es fun da men tal.
- No se te entiende nada - replicó Susana del otro lado del teléfono-.
- Lo que pasa es que yo no soy alto, entonces, ponele, al ver a Roland desde arriba, es todo un flash para mí.
- ¿Por qué hablamos de Roland?
IX
- ¿Estás enojado conmigo? Me das esa sensación a veces...
- ¿Enojado?
- Sí, enojado. O molesto. O desilucionado.
X
- Ayudame con este daikiri, que no lo puedo terminar. Encima vengo de una semanita, por favor, tengo que aflojar un poco.
- Seguro.
- Y hoy terminé el día con ciencia ficción... Me agregó Carlos al msn...
- ¿Carlos? Pero ya fue... ¿Lo aceptaste?
- Y... una siente curiosidad.
- Ni hablar, Caroline.
- Bueno, me agarró medio débil. Yo que sé, al final con este sureño nada. Creo que necesito sentirme linda o algo, y bueno, él es un pedazo re importante de mi historia.
- Quedate tranquila que sos linda, pero no estás para los jueguitos de él. Ya los conocés -respondió Bentham omitiendo su propia historia-.
- ¿Vos no me extrañás? - Apuntó Caroline.
Mas o menos en ese instante Bataille logró caerse, derramando su trago sobre la gritona, rompiendo el celular y perdiendo algo más que la comunicación con Susana.
Barthes efectivamente se hallaba "trabajando", pero terminó perdiendo terreno con "la amiga de la amiga de esa piba que no me acuerdo como se llama". Bueno, ella, en definitiva, le corrió la cara justo cuando el tiró toda la artillería. Entonces, cuando quizo buscar a sus amigos, Roland se encontró con: Un desquiciado que le hablaba a un enano de jardín sobre el desamor. Un separatista que luego de danzar sobre un parlante reía de dolor clamando "menos mal que no me fracturé", mientras estiraba su brazo buscando lo que quedaba de su trago. A Bentham y Caroline en una situación parecida -no igual- a aquella en la que el primero le estampó un beso a la segunda.
- La historia tiene formas curiosas de reirsenos en la cara, muchachos -dijo Roland al vacío.
XI
- Estimado enano, -decía Debord- vos no te hagas problema por lo que hagan ellas. Siempre, al fin y al cabo, te dejan ahí, tirado en el medio de todo. Como te habrán hecho a vos. Como me hicieron a mí. Miralo a Jorge, está hecho moco en el piso. No importa cuánto Barthes trabaje con alguna morocha, todos terminamos en medio del parque. Ni hablar de Bentham, que ahora se le viene el estallido. Oh estimado enano, de tantas rupturas y fracturas habrás terminado hecho de yeso.