Borroso

domingo, 31 de mayo de 2009

I
Podría ocurrir cualquier día. Sólo deberá flaquear nuestra voluntad, sólo deberemos encontrar unas implacables razones para sabotearnos, y entonces podremos ser un poco más libres, un poco menos necios.

"If you love me, I´ll stick around", cantaba yo con un ánimo artificial, una sonrisa que me costaba horrores. Me habían arrastrado, me habían llevado hasta los confines de mi mismo, para que me asome ahí, a otra casa cualquiera. Muchachos, este ritmo, me suena tanto, ya no salimos así.

- Vamos, mirá, una cerveza negra - me decía Orlando, mientras pedía un chop en la barra-. Mirá, vos tenés que pensar esto como un paso adelante.

- Eso es como un sol indígena, ¿verdad? - arrimaba el bochín Felipe con una rubia que intentaba le sirvieran un daiquiri.

Todo parecía tan simple. Evidentemente yo me hago problema. Quizás sea verdad, como decía Julieta, que tengo esa tendencia congénita a demoler lo que yo mismo invento. Ahora que lo pienso, Day también me decía lo mismo. Y yo, tan poco lúcido, recién ahora caigo.

- Nada de idioteces - me advertía Orlando-. No habrá más penas ni olvidos, carajo. Vamos a demostrarles a esas hijas de puta que sí se puede, ¡mierda!

Tomé a Orlando por el hombro con violencia, nos miramos fríamente.

- No le digas hija de puta - contesté-.

Me había convertido en un perfecto idiota, a estrenar. Orlando simplemente brindó conmigo, clavándome la mirada.

- No te lo tomes tan a pecho, Allen - dijo -. Tu problema es ese, comenzas una y otra vez con la onda expansiva. Ahora sos soltero otra vez, pero vos te ponés a vos mismo en este ataque emotivo que no te va a hacer bien. Mirá, acompañame, charlamos un poco con la gente del lugar, vas a ver que son adorables.

No quería charlar, así como no quería recordar quién era. "Prometeme que seremos inevitables". Mierda, ¿por qué se me vienen esas frases a la cabeza?

- Sólo dame la suficiente cerveza como para no recordar nada - dije.

Felipe continuaba trabajando en la muchacha, que pretendía le sirvieran ese maldito daikiri. Qué difícil es hacerse notar, pensé.

Mirá - me dijo Felipe mostrándome lo que tenía en la mano - si querés luego probamos esto.

No hizo falta que insinuara más. Me parecía una excelente idea, pero antes precisaba unas bebidas más, y deshacerme de una piba bastante molesta que atrás mío intentaba acceder a la barra para pedir un Speed con melón.

II
Usualmente veo borroso. Es una degradación que tengo incrustada en mis ojos, ya no ven claramente desde hace años. Tengo la sensación de que en todo ese proceso tienen que ver mis insomnios. Ahora, progresivamente comencé a percibir las formar con eco. Era el efecto, me habían avisado. Es extraño ser conciente de este tipo de cosas, darse cuenta que uno no está en sus cabales, que nuestro estado mental adulterado, diluido en cualquier cosa.

Un eco, los colores, las formas, la vida era un gran eco. Recuerdo un jarrón azul, esa estela de diferentes azules que se iban desprendiendo, uno a uno. La vida pasaba como un fotomontaje extraño.

Ante todo, le había pedido a Felipe que me explicara si se trataba de una psicoactiva pesada. Los corticoides me tenían con el ritmo cardíaco acelerado desde hacía unos días, así que no pensaba meterme en nada que agravara aún más esa situación. Pero, no, se trataba de una vieja amiga, aunque un tanto cambiada.

Le dije algo a una muchacha que pasaba por el pasillo. Seguro me veía terrible, porque por no hacerme caso y pasar rápidamente. Recordé a Paliers, y me dije que tenía razon, que estas noches nada tiene sentido. Mi propia voz repercutía en un eco, por más de que mis labios no se movían.

Ecos. Ecos de colores, y las formas se volvían su propia réplica, distanciándose centímetro a centímetro de todo. La realidad hecha a la medida de la pantalla deforme. Creo que ahí fue que me desmayé.

III
¿Pretendés que entienda? Ya nos dolemos lo suficiente, ¿no? Lo que pasa es que a vos te gusta tomar este camino, y yo, la verdad, no puedo compartirlo. Sabía que te ibas a poner mal. Por favor, temía que hasta te hicieras algo serio, Allen. Pero tuve que dejarte ir, dejarte que vos asumieras tus propios riesgos.

Los ecos no son más que ilusiones, Allen. Nada más. Pero vos no sos una ilusión de nadie, creeme. Me desiluciona lo que hiciste, no tuviste voluntad, no tuviste compasión. Hiciste lo que siempre hacés.

IV
Los exitosos, los desintoxiados, los héroes y las bailarinas. Prefiero no tener nada que ver con ellos. Uno siempre piensa que ser un tipo cualquiera sería genial. Pues peor, de hecho, somos un tipo cualquiera y no es nada genial.

Yo llevaba al menos cinco horas tirado en la cama, sin poder moverme casi. Mis músculos no me respondían, me costaba abrir los ojos. Alguna alucinación me había hecho creer que estaba al borde de una pileta, en una reposera celeste, en un día de verano. Felipe decía algo desde afuera, pero no entendía. Trataba de abrir los ojos pero mis párpados no me hacían caso.

Cuando reaccioné, Orlando y Felipe estaban alrededor mío. Tenía un paño húmedo en la frente.

- Bueno hermano, estás bien - dijo Orlando.

- Nada malo. Te desvaneciste - dijo Felipe-. No tenías que tomarte todo. Aunque me imagino que el viaje debe haber estado bueno. Lástima estrellarse. Pero estamos ok, ¿verdad?

- Creo que llamaste a Day - dijo Orlando-. Eso debe haber sido contraproducente. Si vamos a volver, es preciso que te tomes las cosas de otra manera. Pero te extrañamos.

(Mmm, she´s going away, i think i´ll be home tonite. all this, somehow, reminds me of an old post, El Terror)

Bipartidistas

viernes, 29 de mayo de 2009

I
- Nuestra relación se había vuelto una maqueta a esta altura. En las calles de esa maqueta nos podíamos pasear muy bien los dos, tomados de la mano, mirando un cielo poblado de alquimistas. Creo que cuando todo parece perfecto es cuando realmente los peores problemas se avecinan.

Paula tomaba algo de cerveza, mientras esuchabamos Pink Floyd otra vez en el living. Estaba en el punto justo de bebida como para filosofar gratuitamente.

- ¿Maqueta? -pregunté-. La verdad que no estaba al tanto.

- Lo que pasa es que vos no sos nada observador cuando querés. Mirá, yo ya tengo mi lista de ex novios, sé cómo viene la mano. Cuando una ya no siente cosquillas es cuando se está todo por ir a la mierda - agitaba el vaso, algo de cerveza chisporroteó hacia el suelo-. En realidad, no creo en las relaciones duraderas. Creo que no estuve más de año y medio con nadie.

- Sí. Es tan difícil creer en lo durable.

- Igual, yo le metí los cuernos antes. Muchas veces.

La declaración me tomó por sorpresa, o me sumergió rudamente en mi estupidez, que es lo mismo. Pensé que se vengaba, que sembraba la discordia para que esa versión de la historia llegara a Paliers. El drogadicto y la promiscua. Pensé que era mentira, la venganza de Paula.

- ¿La verdad? Entonces no entiendo para qué le hiciste tanto escándalo. De última, él ejercía la misma práctica que vos.

Me llevé el chop a los labios, la miré. Yo tenía la razón.

- De ninguna manera -contestó casi colérica-. Él perdió ese derecho desde el mismo instante en que me hizo comprobar que yo tenía razón, que estabamos en una maqueta. Estúpido.

No sé si me insultó a mí o a Paliers. O a ambos.

II
- ¿Te vas a poner romántico ahora? Vamos, sabés que las cosas no son así. Nos distrajimos un rato juntos, yo qué sé. Bah, la verdad, la quiero.

- Es linda chica -contesté.

- No necesito que me digas eso ahora, flaco -arremetió Paliers-. Por un lado todo esto es una boludés. ¿Sabés que desde que empecé a salir con ella, sólo estuve con otra en dos oportunidades? La del finde pasado fue la segunda, el final. La primera fue justo cuando nos empezabamos a ver. Que loco, dar comienzo y fin a algo de esa manera.

- Loco no. Suena hasta lógico. Cuando estaban empezando a verse todo era más informal, entonces era más fácil andar con otra. Y bueno, el final, claro. Andar con otra fue lo que inventó el final, ¿no?

Creo que a Paliers lo atormentaba un poco la ruptura. Más de lo que se dignaba a expresar, diría. Ahora, no notaba un cambio en sus hábitos. Nos hablabamos tan seguido como antes, de cosas parecidas como el PRO o algunas lecciones de historia.

- ¿Intentaste hablarle? -pregunté.

Negó.

- Si te interesa ella de verdad, deberías.

- Oh vamos, sabés que para este tipo de cosas no hay reparación real, solamente existen parches que adornan la relación de una manera desastroza. Se trata de pitucones que la gente lleva cuando van caminando tomados de la mano, uniéndolos de una forma tan artificial.

III
- Tenía que pasar - decía Paulie-. Aunque llegué a pensar que él no era como otros, que realmente era un tipo serio. Luego, bueno, su carácter...

Paula seguía la batería de Sheep, relampagueante, sobre su regazo. Cuando la llamé por la tarde estaba desecha, moqueaba, decía cosas. Le costó tres botellas y algunas pitadas el ponerse a devolver un par de verdades.

- Pensé que lo amaba en una época. Otoño. Creo que sólo puedo querer a la gente durante el otoño.

Miró hacia abajo. Sus cabellos castaños le tapaban la cara. Ya a esta altura me sentía un árbitro de nada, yo mismo estaba en litigio por esto. ¿Qué hacer? ¿Condenar todo esto? Para nada. Me había vuelto bipartidista.

- ¿Pensás que soy una puta, no?

- No.

- ¿Seguro? ¿No hay algo en mí que te parece malo, repudiable?

- Mirá Pau - contesté, casi defendiéndome-, no tengo las verdades universales. Es raro porque los conozco a ambos. Ahora enterarme de que andabas con otros mientras estabas con él, no me gusta más que lo que hizo él.

- Pero él es un mal maquetador...

- Él no podía vivir solo en esa maqueta.

- Pues sí, lo hizo. Yo lo acompañana de a ratos. Otros momentos, estaba en otro lado. Yo creo que no me tenés que acusar así.

- No te acusé.

- Te conozco - dijo ella levantando la ceja-. Sé que cuando te formas una idea no la decís, pero no hay quien te la saque de la cabeza.

- Dos verdades, pero en este caso apuntan a una mentira. No creo que haya que crucificar a nadie, y la verdad, había momentos en que se me hacía incómodo estar con ustedes dos juntos.

- ¡Ja! ¿Daytona que opina?

- Yo qué sé. Seguro que va a tirar contra Paliers, la conozco. Pero eso porque no conoce tu historia.

IV
Fue una semana después que entre las distancias ellos dos se cruzaron. Las cosas pasan rápido, al menos para ellos dos. Terminaron muy cerca el uno del otro en un cumpleaños, mientras yo charlaba con Day sobre... ya no recuerdo.

- Bueno, parece que se estrañaban - comentó Day, mientras veía a Paliers y Paula en su reencuentro.

- Sostengo que es así. Un bipartidismo selectivo, por otro lado, quizás eso fue siempre así, sólo que ahora está todo un poco más claro.

Dos segundos

miércoles, 20 de mayo de 2009

I
- Una especie de magia boludo, posta. El resto, no sé, la verdad que no lo puedo creer. Encima la piba me manda mensajes, y la verdad, me cuesta pensar en eso. La imagen de Paula mandándome a la mierda no me la sacan más de la cabeza nunca más.

Paliers fumaba peseándose por el living, mientras Bob y yo analizabamos su caso. Yo estaba sentado en el puff, mientras el doctor estimaba el caso cuidadosamente desde el sillón rosa. Había llegado a oídos de Paula lo sucedido el sábado anterior a la noche, momento en que:

II
En realidad, no teníamos nada en común, salvo esa especie de desubicación en el lugar. No me gusta la electrónica, no da para nada, uno no puede siquiera hacercarse a charlar con una chica. Por otro lado, las que hay, la verdad, no me gustan. Pero ella era diferente. Tan diferente como me parecen todas tras cuatro tequilas y un cuba libre. Ella, tan rubia, tan egocéntrica, tan libertina, me cayó bien de entrada.

Cuando se me acercó, no le entendí lo que dijo. Le contesté que sí con una sonrisa, pero la verdad, no tenía los rastros de sus palabras. Se quedó a mi lado, bailando. Pensé que era como Capusotto, bailando como un pelotudo con una mina al lado. Cuando vi que se llevaba un cigarillo a la boca le ofrecí fuego.

- Gracias.

Nada en común. Creo que ella trabaja de contadora, aunque no recuerdo bien. Recuerdo que sus besos eran fogosos, casi violentos, una inspección de amigdalas.

III
- La verdad, una pelodudés - dije al escuchar la historia.

Bob no había dicho nada hasta el momento, simplemente tomaba algo de su cerveza y ideaba un veredicto, consejo, artimaña o lo que fuera.

- Ni idea de que alguna amiga de ella andaba por ahí -contestó Paliers-. Yo estaba concentrado en la rubia. Imaginate que mi nivel de registro de la realidad era ínfimo. Además, ni siquiera me acordaba de que Paula existía.

Se me hacía difícil entender cómo se había dejado llevar tan a la ligera él, que es de los más inteligentes que conozco. En realidad, me daba bronca todo el asunto, porque ahora Paula andaría con un humor de cuarta. ¿Cómo estaba? En definitiva, tampoco creía que la relación durara mucho más, pero...

- No se trata de elecciones, Allen. Cada uno tiene sus mambos, ¿o no? Por otro lado, Paula y yo no eramos novios, no eramos nada. Simplementae nos acompañábamos.

Ese tipo de cosas son siempre iguales. Como freelancer del amor está todo bien hasta que le compran a otro. Entonces se arma, muchachos.

- Una pelotudés - dije.

- Bueno, en realidad, podrías no haber sido vos -dijo Bob-. En una de esas parecías de lejos. Lo que pasa es que no negaste nada. ¿Estabas aburrido de Paula? Me da la impresión de que no tuviste mucho ímpetu a la hora de defenderte.

Quizás. Cierto es que Paliers andaba medio perdido, un tanto raro, otro tanto normal. Eso no es común en ese tipo.

- En realidad - acoté -, lo que hiciste lo hiciste al pedo. Es decir, te agarraste a una mina de la cual ahora no querés saber nada y a Paula la hiciste mierda. Aunque no fueran novios, y todas las alucinaciones que se te ocurran. Si querías hacer la tuya la mejor era ir de frente, no estas pendejadas.

- No es tan simple -se enojó Paliers-. Si, vos lo planteás como que es todo fácil, mirá el amor es tan fiel, nos quedamos juntitos y somos felices. Eso es una reverenda estupidez. Sino pensá en tu propia historia, Allen: cuando te mandaste a decir las cosas armaste quilombo, tenés a una de las personas más importantes de tu vida con la cual no te dirigís la palabra y luego Valeria te costó un amigo. Salvo que pienses que me estás hablando desde la experiencia, lo cual te hace aún más idiota.

- Desde la experiencia te hablo, claro. Pero además, creo que tus objetivos son un tanto pobres. Una rubia es una rubia y ya.

- ¿Un tanto pobres? En última instancia, es todo cuestión de ensayo y error, ¿no te parece? En cambio, si no mal recuerdo, lo tuyo fue error y error, pues Julieta terminó siendo tu propia copia, mientras que Guillermina terminó por darse cuenta que era mejor un tipo maduro antes que seguir flagelándose con vos.

Me costó dos segundos pararme y empujar a Paliers. Le tomó otros dos segundos contestar furibundo con la mirada. Bob decía algo, pero no le dimos pelota. "Pará pelotudo". Hay momentos en los que no sé frenar, simplemente estiré mi brazo. Pero Paliers, más rápido, hizo alunizar una trompada en mi cachete izquierdo.

- La puta que te parió.

- Muchachos -intervino Bob-. Quizás sea mejor que nos tomemos con calma nuestras cervezas.

- Quizás - dijo Paliers, mientras se fijaba cómo estaba yo-. Se me fue la mano, es que pensé que ibas a pegar.

Me costó dos segundos pegarle. Fue hermoso.

- Ah bueno, la escena es genial ahora - dijo Bob.

Mientras yo continuaba tomándome el cachete, que dolía bastante, Paliers se agarraba de la mandíbula. Lindo cross.

- Puta madre. Boludo. Bueno, está bien, es justo...

- Pueden dejarse de boludear - dijo Bob-. No se trata de que seas un imbécil, Paliers. Son cosas que pasan, vio. Lo que no te vuelve inocente, pero en fin, la historia es la historia. Y vos, Allen, sí, sos medio extraño con tus cosas, tenés una tendencia a repetir cagadas de innovadoras formas. Pero ya está, quedate tranquilo que de última siempre tenés algo que contar.

- O no... - acoté.

- Me llegó un mensaje -dijo Paliers-. Ah, rubia estúpida, ahora se te ocurre...

- Fijate. Esa mujer ya tiene el sinsabor del desastre.

- Ojo -dije yo-, que a veces es eso precisamente lo que las vuelve tan atractivas.

Paliers se puso a contestar el mensaje. Yo encima había quedado en cenar con Paula el jueves. Vaya a saber con qué me encuentro. ¿Deprimida, enojada, o revolucionaria? Todo sea por sostener lo que sea normal.

H_B_D_II

miércoles, 13 de mayo de 2009

1) Simplemente era para saber cómo estabas... nada más. Pero vos no sabías entender, claro. Te concentrabas demasiado en tus pánicos.

2) ¿Y qué mierda sabés vos de mis pánicos?

1) Ahora algo, y no gracias a vos, sino gracias a mis deducciones. Quizás deberías preguntarte si realmente querés lo que vos decís que querés, o estás planteandote una necesidad histérica, un tanto ridícula, otro tanto paradójicamente sostenible, en la que no te haces cargo de que me querés.

2) Excelentes tus palabras...

1) Gracias, aunque no me interesa que me digas cuánta razón tengo.

2) Ok, como digas.

1) "Ok, como digas". Que respuestas que das cuando querés... Me imagino que no importa, o que no te vas a volver un gran colaborador justo hoy. ¿Te quitaste los aros?

2) Digamos que jamás volví a ponérmelos.

1) ¿Seguís creyendo en las infinidades del amor?

2) ¿Qué pregunta es esa? Bah, por otro lado, digamos que creo, pero de otra manera...

1) Si, bueno. Yo también, lo mismo, de otra manera. Al final vamos cambiando, viste...

2) No para tanto, en realidad, creo que vamos sufriendo pequeñas modificaciones, ciertos cambios de perspectiva... Sólo eso.

1) Veo que los cambios de perspectiva no te han vuelto más accesible... De tal manera que ni siquiera podés decirme que realmente me viniste a saludar. No podés, no te sale. Esta manera retorcida que tenés de hacer las cosas... ¿Tanto te cuesta? Simplemente me podrías decir hola, que tal, feliz...

2) Sabés que no hace falta ni siquiera que diga eso... simplemente lo pienso, lo pienso y lo deseo. En fin, sep, todo un artífice...

1) Creo que sí, que te acordás, sobre todo porque yo estoy acá, frente a vos, de alguna forma. Y vos, frente a mi, de alguna forma. Aunque no es la manera convencional de hacer las cosas, pero bueno, ¿qué decir? Me imagino que no puedo pedirte más. Gracias por acordarte al menos, sólo eso.

2) De nada... creo...

1) ¿Me pasas las tostadas? Mi café precisa compañía.

2) Sí claro, van. Aunque no entiendo cómo podés ponerle manteca y dulce... Con dulce nomás está...

Los vándalos

Un auto estaba medio incrustado en la entrade de un garage. Como si alguien hubiera querido ingresar como se debe, y un leve error hubiera elevado el quilombo a la décima potencia. Todo esto se desarrollaba mientras podía escucharse:

I danced with Linda
I danced with Jean
I danced with Cindy
Then I suddenly see

Mary-Anne with the shaky hands
What they've done to her man
Those shaky hands

Mientras Allen tocaba la guitarra, sentado en los azulejos de la entrada, una tal Mariana discutía con Orlando porque "estacionó un poco mal el auto".

Orlando: Pará, es que esto estaba mal iluminado. Mirá, no se vé que acá empieza la columna. Y eso que yo tenía las luces prendidas, pero bueno, yendo para atrás la cosa es más difícil. Es más, debería yo ser el que protesta.

Mariana: Sos un pelotudo. Mi viejo entra el auto todos los días ahí, nunca se llevó puesto nada. Decime cómo hace por favor.

Orlando: Es que el ya conoce el área...

Felipe se encontraba acampando en la barra desde hace rato. Al principio participaron todos de la discusión. Después vimos que a esta tal Mariana le gustaba hacer quilombo, Allen, Bob y Felipe notaron que la casa era un tanto linda, además de caer en la cuenta de que parece que la piba tiene el futuro asegurado, por no hablar del de sus hijos y nietos. Entonces todo se volvió una especie de comedia en la que una chica llora y un vivo intenta pasarse de listo.

Orlando: Seguro que tu viejo usa el gps para poder entrar el auto. Qué querés que te diga, no tengo guita para eso. Además, de haber sabido que tenia que tener gps ni aceptaba tu invitación a entrar mi coche.

Linda can cook
Jean reads books
Cindy can sew
But I'd rather know

Mary-Anne with the shaky hands
What they've done to her man
Those shaky hands

Bob: Es evidente que deberías despreocuparte, mirá, hay gente que está jugando con esos adornos del living.

Mariana: Noooooooooooooooo...

Mariana salió disparada hacia el living, donde algunos de sus invitados jugaban con unas gaviotas que colgaban del techo. Alguna de esas aves de madera ya habría caido de su sosten para cuando la histerica llegó, tratando de controlar a esa orda de maníacos que parecía odiar a las imitaciones de la fauna animal.

Bob: Bueno, viste, mi intervención es oportuna. ¿Ingresas de hecho a la fiesta?

Orlando: He de decirlo, sos un tipo muy piola.

Felipe: El destornillador lo hacen con Tang, no lo prueba.

Efectivamente, Felipe estame medio escupiendo algo, además de arrojar un vaso entre los arbustos.

Orlando: ¿Y vos, Romeo?

Mary-Anne with the shaky hands
What they've done to her man
Those shaky hands

Allen detuvo su ejecución.

Alllen: ¿Romeo qué? Pará, tampoco vamos a traer historias el día de hoy. Menos que menos el día de hoy.

Felipe: No sé si te diste cuenta, es de noche.

Allen: Anways...

Felipe: Creo fervientemente en que deberíamos acercarnos a esas chicas que danzan al lado del parlante.

Orlando: Me uno a tu religión ya.

Bob: Mmmm... claro, ¿por qué no?

Allen dejó la guitarra. Comenzaba a extrañar a Mariana, que no mucho después vagaría por la casa preguntándose quién había puesto mostaza en los tubos de dentrífico e iniciado en la bañera una batalla naval de barquitos de papel.