Aprender a volar

domingo, 31 de enero de 2010

I
- What?

- ¿Qué esperabas? ¿Que un frenético como yo se quedara tranquilo a bordo de una cosa que pesa toneladas y que le dicen que es capaz de cruzar el Atlántico? ¡Pamplinas viejo!

Fue en ese momento que caí en cuenta de lo serio que era el problema de Bentham con respecto a los aviones. Fue tambien el momento en que pensé que realmente le tenía que gustar Bélgica como para someterse a algo que no le gustaba, eso de volar.

- Tranca viejo. Mira el nivel de tecnología que tienen, aparatos para todo, altura velocidad presión latitud... y creo que te traen una cerveza con la cena - dije.

- Igual no te preocupes, querido Barthes. A esta altura ya no me importa. Mirá que grandes son esos che.

Azí ez Ezeiza. Como relataba Tomás Eloy Martínez en La novela de Perón, un general zesoso hablaba capicúa: Azi ez e ze iza. Perfecto. Habíamos vagado por el freeshop en busca de candados, pero cuando vimos que el más barato salía treinta dólares decidimos que los que teníamos estaban ok.

El espacio de tránsito en los aeropuertos equivale a un no lugar. Es decir, es mero tránsito y espera, para esfumarse a otro lado, ni siquiera para quedarse en la tierra. Luego del sanguche de milanesa más caro de la historia, decidí retar a Bentham a la escoba de quince, para que se distrajera. En pocos minutos estaríamos a bordo del avión y camino a el aeropuerto de Frankfurt, Rhein-Main.

II
- ¿Cómo estás? - dijo Day.

- Tranquilo, anestesiado. Esa chica la está pasando mal. Me molesta cómo se sacuden estos aparatos, la verdad es que a uno le cuesta admitir que esto pueda sostenerse y prescindir del suelo.

Daytona trataba de soportar a Allen, le tomaba la mano, lo miraba. Pero Allen quería estar completamente tranquilo y existir aparte del mundo, sobre todo de ese maldito avión. Veía la ruta que iban a hacer: bordear la costa de Brasil, hasta que en un punto era oceano adentro por mucho tiempo, hasta la península.

- Y ahí llegamos a Barajas - dijo para sí mismo Allen.

Day lo miró y pensó que sería mejor que intentara dormir.

- De ahí otro avioncito más chiquito a Schiphol, que debe ser un aeropuerto hermoso y sumamente mantenido porque los holandeses son gente muy copada.

Day sonrió.

- Y seguro que ahí todos hablan raro. Quiero estar en un lugar donde no entienda lo que pasa alrededor.

- No te preocupes no vamos a entender nada. Confío en vos para comunicarte en inglés con la gente. Vos sólo tenés que conseguirme un molino, quiero ver uno al menos.

III
El alravoz: Experimentaremos algunas turbulencias por la noche.

- Pero por qué no se van a la mierda...

- Calma Jim, calma. Ya sobrevolaste el oceano, quedate tranqui. El capitán parecía un tipo serio, de esos tipos que cuelgan un cuadro de Picasso en su living y tienen dos nenas chiquitas y quilomberas, toman un vacito de tinto a la noche porque hace bien al corazón, mientras escuchan Fm Aspen.

Traspapelajes

jueves, 28 de enero de 2010

Otro instructivo para comprender mejor (?):

En alguna que otra ocasión habré mencionado (sea online, offline, no me interesa), que los personajes reunían características de varios sujetos, o atribuibles a varias personas. Pero la cosa es más compleja aún.

Hay cruzamientos entre los personajes mismos, y unos toman características que podrían estar originalmente atribuidas a otro, o participan en relatos que podrían haber tenido otros protagonistas. Es decir, en muchos posts cuando aparece un personaje, en verdad el hecho debiera versar sobre otro. Se trata de sustituciones, intercambios, enroques, volatilidades, relatividades, un elemento más de tergiversación. Por ejemplos:

- Allen por Oliver
- Paulie por Luna
- Carla por Day
- July por Guille
- Daniel por Bob
- Bob por Allen
- Orlando por Felipe
- Zunny por Paulie
- Daniel por Bob
- Gallager por Bob

(tomese por "por" como "viceversa")

Esto es más un mecanismo accidental antes que un efecto de planeamiento. En pocas veces podemos hablar de un recurso sintético. En algunos casos sería más usual, en otros no, la verdad no lo investigué demasiado, no voy a hacerlo y no creo que valga la pena hacerlo. El "recurso" no merece más que una mención.

En ningún caso debe entenderse esto como equivalencias entre los personajes, o como si estos fueran perfectamente pares sustituibles. Podriamos entenderlo como eclipses, algo transitorio pero que afecta la "luz" con la que surge el relato.

En síntesis: esto es un quilombo.

Los silenciosos

miércoles, 27 de enero de 2010

I
Fue una noche de verano que Ricardo le insistió telefónicamente a Antonella. Dijo que quería verla y que realmente necesitaba hablar con ella. Visto desde afuera, era un episodio de ficción pura, pues quien hubiera podido verdaderamente relatar todo esto:

II
Esa mañana me había encontrado en la cuadra un pasacalles que decía "Te amo Antonella". Yo había logrado deshacerme de él un poco, estar algo con Oswald. Pero Ricardo siempre se caracterizó por su persistencia.

Me ofreció de pasarme a buscar, pero dije que no, que iba sola. Y si, sé que una no tiene que aceptar ir a cenar a la casa de un ex salvo que esté dispuesta a hacerse cargo de todo lo que pueda ocurrir ahí, porque una da a entender que sí y está mal jugar con esas cosas. Pero de todas formas, accedí porque me da cosa escucharlo a Ricardo así, pidiendome una y mil veces que lo vea.

Cuando llegué a su departamento u toque el timbre me di cuenta de que no tenía nervios, pues estaba segura. Además de alguna forma yo tenái ganas de verlo. Me recibió hecho un señor, arregladísimo y hasta con corbata. En la mesa había velas y sonaba música de jazz de fondo. Claro, ¿qué pensaba encontrar? Ahora todo parece evidente, desde el pasacalles hasta sus llamados a las cuatro de la mañana.

Me senté y se tardó muy poco en la cocina. Cenamos lomo strogonoff. Casi no tomé nota o se me borró de la cabeza en verdad, casi olvidé a Charlie Parker sonando de fondo, casi olvidé que yo me acostaba con ese tipo y que nos habíamos dicho que nos amabamos. Todo casi todo casi, porque al principio él me preguntaba cómo andaba mi vida. ¿Y yo qué le hubiera dicho? Sí mirá estoy con alguien y no sé qué onda. Temía cualquier reacción por parte de él.

Hablamos de todo. De casi todo. Cada tanto el me decía que yo estaba linda. No voy a negar que me había arreglado, pero tampoco era para tanto. Yo qué sé, son de esas cosas que una hace, siempre te fijás cómo lucís cuando vas a ver a alquien que te interesa. Y Ricardo me interesa, aunque no como antes y lo que quieran.

En un momento de la noche me quería ir. Era como si no aguantara más estar con nosotros, él y yo, más por él que por mí o como fuera. Sólo bastaban unos cinco segundos de silencio para hacerme vomitar mis agallas de haber venito. Y ahí...

- Te tengo una sorpresa - dijo Ricardo.

- ¿Ah sí? - temí.

Me dio una cajita negra. No quería abrirla. Estaba ahí, sobre la mesa, a la luz de las putas velas y yo no quería abrirla. Y él me dijo "abrila". Hubiera deseado tener la valentía de negarme, pero la abrí. Anillos de compromiso.

- No... no puedo - farfullé.

- Por favor, te amo - complicó él.

Cerré la cajita y la alejé. Cerré los ojos y me di cuenta que quería llorar, pero que no quería llorar frente a él. Él me miraba, me tomó de la mano. Y largué una lágrima nomás de débil idota que soy, pero quería salir de ahí, fugarme.

- Antonella Chejov, por favor no quiero estar más sin vos. Desde que nos separamos que sufro.

Sufre, todos sufren. Dicen eso como si a nosotras nos costara nada estar un fin de semana con otro. Como si no lo lamentaramos en algún punto, como si no...

- No puedo, no sería honesta, Ricardo. Por favor, deberíamos...

- Es que no puedo renunciar a vos.

Repetí "no puedo" unas quince veces más. Acordamos no volver a hablarnos. El estaba deprimido, triste, destruido, corroido. Hubiera creído que se iba a enojar, pero no, fue tan dócil como un cachorro luego de que alejé esa cajita, me deshice de sus sentimientos como él se deshizo de los míos hacía dos meses ya. Me sentía ignorada y ahora se me propone, hijo de puta.

Así fue como yo adopté esa filosofía que había refutado, el artificio benthamista. Dos semanas antes me había enojado con Jim. No podía entender cómo él la ignoraba de tal forma a Male, como se perdía de hablar con ella si era lo que él realmente quería. Pero ahí estaba yo, la incredula que acataba el mandato de la distancia, que decretaba el alejamiento definitivo y un silencio que atentaba contra mis propia necesidad de ser escuchada.

III
- ¿Anillos de compromiso? - se sorprendió Bentham.

- Si, en una cajita negra. Me los ofreció con cara de perrito mojado.

- Ese pibe entendió las cosas para el otro lado me parece. Hiciste mal en aceptar ir a la casa de él a cenar. Si te tenés que juntar con tu ex, debe ser un lugar público y neutral, corazón.

- Sí, pero me insistió tanto. Y además me da pena.

- Vos me decís que soy cruel, pero creo que para algunas cosas es imposible ser buen tipo. Y vos me decías que no podías creer cómo yo era tan forro, mirate a vos ahora. You mix love with pain, add a little fear, you got silence.

Funny thing about love is that it proves how stupid we are in no time, as a surprise, in our own original & branded way.

My wife

martes, 26 de enero de 2010

I
[My life's in jeopardy
Murdered in cold blood is what I'm gonna be
I ain't been home since Friday night
And now my wife is coming after me]

Comenzó a sonar el celular, y Deleuze no estaba en posición de atender. Pero tenía que atender. Mientras la piba aún dormía, utilizó el truco que él se sabe, que sale casi de forma automática: abrió la ventana, para generar algo de ruido ambiente.

- Hola gorda, buen día. ¿Cómo estás? Pero hey, no no, no te enojés.

A Orlando le decían que tenía las habilidades de un gato, de caer siempre parado.

- Estoy en la calle mi amor, salí a comprarle el regalo a tu mamá. ¿Tenés idea de algo que le pueda gustar? Porque me estoy quedando sin ideas...

Recordó de casualidad que era el cumpleaños de su suegra al otro día. A veces él mismo se sorprendía de su rapidez, tan implacable, tan versátil. La excusa le sirvió para entretenerla al otro lado de la línea, mientras relojeaba que la muchacha tirada en la cama no se despertara ni hablara.

- Ajá, bueno, mirá, yo voy a estar por Belgrano, así que de última nos juntamos para almozar.

La chica seguía durmiendo. Y acababa de comprar al menos dos horas hasta el encuentro con su novia, que también dormía al otro lado de la línea. Aunque por momentos pareciera que las excusas demuestran sus grietas. "Me debo estar volviendo viejo", pensó Deleuze.

[Give me police protection
Gonna buy a gun so
I can look after number one
Give me a bodyguard
A black belt Judo expert with a machine gun]

II
- Bueno, me dio esa sensación de que ella sabía -dijo Deleuze.

- ¿Pero por qué? - replicó Bataille -. Si dijiste que estuvo todo bien.

- Sí me quedé con esa sensación de no sé qué, de que mi excusa era cualquiera, se notó que no había pensado el regalo para nada, que no tenía ni idea. Además es poco defendible decirle que me desperté a las nueve de la mañana de un sábado a comprarle el regalo a mi suegra.

- Opino que quizás por primera vez te estés traicionando a vos mismo - dijo Bentham, mientras inspeccionaba una vidriera con guitarras.

Iban los tres sujetos por la galería Río de la Plata, a eso de las siete de la tarde. Poco tiempo antes Deleuze y su chica habían resuelto lo del dichoso regalo.

- ¿Y la piba con la que estabas te dijo algo? - preguntó Bataille, que había encontrado un teclado que le gustaba e hizo además de entrar a preguntar por el mismo. Y abandonó esa intensión rápido.

- Dormía. Igual era una loca de mierda. Le di un teléfono que no era.

- Perfect.

- Creo que le di el tuyo.

- ¿Qué? - dijo Bentham.

- Oh vamos, a los dos nos gusta joder a la gente. Vos tenes tu estilo bien cuestinable, yo tengo este. Además se que la única forma de picarte a vos es comprometerte en estas cosas. Si no querés no la atiendas.

Bentham comenzó a reirse. Deleuze había tomado ese hábito de molestarlo con esas cosas, regalar su teléfono a desconocidas. Eso le habíoa ayudado a restarle gravedad a las cosas.

- Bueno, pero para mi Jim tiene razón -dijo Bataille despidiéndose del teclado que le gustaba-. Te hacés mucho la cabeza y eso es raro. ¿Resulta que ahora tenés cargo de conciencia?

- No es por limarte, pero creo que uno de estos días tu inconsciente te va a entregar... Venís diciéndolo demasiado.

[All I did was have a bit too much to drink
And I picked the wrong precinct Got picked up by the law
And now I ain't got time to think]

- ¿Qué?

- "Me quiero separar". Por un lado te preocupa que se de cuenta y por otro lado te importa tan poco. Es raro.

- ¿Y a quién no le ha ocurrido? -preguntó Bataille-. Vos mismo dijiste que para estar en una relación uno no tiene que estar seguro de todo. En definitiva lo que hace Deleuze es ser un tanto más pragmático con eso que vos decís, esa relatividad con la que estás casado.

"Estoy casado con la relatividad", pensó Bentham con desilución.

- Sólo dije que siento que estoy perdiendo el toque, que no salgo de los apuros tan bien como antes -explicó Deleuze-. Quizás me agarre culp. En un momento pensé que fui un inconsciente, que no sabía ni quién era esa piba.

- Un derrapé... - dijo Bataille-. ¿Y qué sería de nosotros sin el éxtasis? Hay muchas formas de salirse de uno mismo, y creo que a vos, como a todos, te agarró miedo un poco.

- Yo no tengo miedo.

- Miedo, cierto ruido, un cuarto a la penumbra... -dijo Bentham-. En realidad cuando empezás a pensar es que intentás agarrate de toda la parafernalia racional para explicar.

- ¿Explicar qué? -preguntó Orlando mientras revisaba una vidriera por zapatillas Adidas.

Bentham hizo un gesto de "todo".

Bataille se puso a hablar con una chica que llevaba una remera de Led Zeppelin.

- Además yo estoy seguro de que ella me cagó - remató Deleuze.

- Ah, qué brillante argumento.

- ¿Vos no pensaste que algunas de tus ex te cagó? ¿Aunque no te hayas enterado?

III
Somehow, Bentham remembered a recent conversation that Allen and Paulie had not so long ago:

Paulie: O sea, cuando yo le metí los cuernos a mi ex era porque la relación no estaba bien.

Allen: Con ese criterio, cada vez que uno tiene una discusión de pareja se queda neurotizando toda la noche pensando que lo están cagando

Paulie: Y es que una se siente incompleta, o que el otro no da todo lo que da una por la relación. Yo creo que todos mis ex ponen las manos en el fuego porque yo les fui fiel.

Allen: How so... You sound really... encouraging... And I feel so married to my beliefs.

Paulie: Hey, sólo tomadlo como mi experiencia. Además yo a ella la defiendo...

That´s right, she stands by her.

IV
- Ignorance is bliss... - replicó Bentham-. Y ojo que lo mío no es moralismo, sino una especie de imposibilidad congénita eh.

Volvió Bataille, y retomó sus ideas:

- En definitiva, si se dio cuenta, por cómo es ella, seguro ya anduvo con otro. Son así, te meten los cuernos incluso antes de que vos hagas nada. En algunos casos al menos creo que lo hacen por inseguridad, como si dijeran "ya que me vas a cagar, yo te cago primero"...

[Gonna buy a tank and an aeroplane
When she catches up with me
Won't be no time to explain
She thinks I've been with another woman
And that's enough to send her half insane
Gonna buy a fast car
Put on my lead boots
And take a long, long drive
I may end up spending all my money
But I'll still be alive]

Deleuze no estaba demasiado satisfecho con esa acotación. Bentham pensó que Paulie hubiera podido intervenir fructiferamente en esa conversación. Bataille hizo un gesto de "tengo ganas de ir al Escandinavo a por una Wars pero como está cerrado a esta ahora me imagino que nos conformamos con una Stella en Cinema".

-En definitiva, todo es del orden de la creencia y los implícitos nos pueden jugar fantásticamente en contra - acotó Bentham mientras emprendían marcha-. Debería olvidarme de las palabras y dedicarme a lo no dicho. ¿So qué onda con la Zeppelin girl, George?...

[This post includes extracts from My Wife, by John Entwistle. Released on Who´s Next (1971) by The Who]

Camino a Brugge

lunes, 18 de enero de 2010

Nos despertamos a las 9.30 para llegar al desayuno, que lo dan hasta las 10 am. Si lo pienso, nos estamos levantando a las 5.30 de Argentina, y el cuerpo algo nota pero la mente se queda con lo que le indiquen las agujas. Entonces uno tiene una bipolaridad de las sensaciones que queda arrastrada cuando camina por cualquier parque de Bruselas. Y hacía fresquete.

La estación de trenes de la ciudad se parece a un aeropuerto subterraneo, con gente que va y viene para todos lados, valijas envueltas en plástico verde y nosotros, Roland & myself, incrustados en el paisaje mirando el mapa.

- Gante queda de camino a Brugge, pero en un momento el ramal se parte en dos. Menos mal que esto está in inglés - me dijo Roland concentrándose en qué tikect debíamos sacar.

- Wouter me dio direcciones para Gante, o sea que si le pifiamos de ramal de última llegamos a casa de sus familiares. Mirá, esa tipa se parece a Michelle Bachellet.

- Ni en pedo, es más achinada che.

Ahí nos enteramos que el tren nos iba a doler 66 Euros.

Si Europa debía tener una capital, definitivamente debía ser Bruselas. En esa gran plaza poblada de millones (¡Millones!) de chinos (orientales, es lo mismo, no aplicaremos distinciones) con sus cámaras, se alzaba una torre sublime, perteneciente a un palacio sublime. Desde arriba de todo se escuchaba una voz. Sería el Gran Hermano Belga, al que no le gustaba ser bedette entre tanto ojo rasgado y dos sujetos un tanto divertidamente perdidos.

Un par de cuadras nos adentramos en los pasajes y los maitres nos ofrecían entrar a almorzar. Pero nuestro presupuesto no daba para mejillones, y yo de momento sólo quería tomarme una Leffe y Roland estaba con la idea de probar unos waffles. Pero antes...

- Hey, en las chocolaterías dan muestras gratis.

Según explicó un viejo que atendia un local, en un inglés un tanto tropezado:

- Todos hablan del chocolate suizo. Cualquiera puede hacer chocolate, el tema es hacer chocolate relleno.

Fue así que nos enteramos de la pica entre el chocolate suizo y el chocolate belga, el chocolate de cuentas bancarias y el chocolate políticamente correcto. Así, Roland definió que debíamos explotar eso diciendo que veníamos directo de Suiza. En dos ocasiones obtuvimos más chocolate porque el tipo quería mostrarnos cuán superiores eran.

- Good good -contesté yo mientras elegía qué me llevaba a boca.

Y almorzamos a media tarde, luego de una ardua recorrida chocolatística. Dimos con un lugarcito que por 6 euros nos daba un plato de pasta (algo así como una lasagna), y además la cerveza de la casa era Leffe, asunto que me puso contento. Y Roland pudo finalmente comer su waffle de postre, con crema.

Retornamos al airport digo la estación de tren para emprender el viajecito final a la antigua ciudad de destino. Y si terminabamos en Gante al verdad que me daba lo mismo.

La llegada da Brugge fue especial. Luego de atravesar toda la ciudad, casi de noche, llegamos al hostel. Simplemente tiramos todo y esa noche con Roland nos dedicamos a recorrer los pubs. En uno el happy hour era de ocho a nueve, en el de al lado, de nueve a diez, en el de al lado, de diez a once. Así que rotabamos y dimos justo con una muchacha que había estado viviendo un año de estudios en Londres, y retornaba en quince días a Argentina. Y paseamos también un poco por la torre de la plaza central, donde los puestos vendían hamburguesas con salsas y la chica decía que extrañaba un buen asado. En verdad, todos extrañamos un buen asado en ese momento.

En el desayuno del hostel hubo Nutela. Importantísimo.