Run baby run

lunes, 22 de febrero de 2010

Creo que la sobreexposición de Antonella había llegado a un punto de saturación. Creo que era notorio como ella, que era alguien más bien de perfil bajo, estos últimos días se había dedicado a publicitar su excelente estado de animo. No tardé en pensar que se trataba de una pantalla, claro está. Esto lo pensé no tanto por observador o inteligente, sino por haber sido yo mismo un tipo dedicado a los montajes.

Y fue en una "reunión" entre amigos que ella estaba chispeante, que estaba alegre, riendo todo el tiempo. Ahora tomaba cerveza y hablaba con gente, se había olvidado de su ex y de los problemas. Aunque el día anterior el imbécil no había tenido mejor idea que llamarla a las tres de la mañana. Pero en ese momento, en esta reunión, todo su pasado parecía anulado.

¿Lo efímero de la sonrisa oculta lo sangrante del dolor? ¿Cuán buena actriz sos, Antonella? Cuando le hice esta última pregunta a ella, me miró con cara descolocada.

- ¿Actriz? Cuando era chica era buena, me daban los protagónicos. Pero en la adolescencia me inhibí, no sé qué pasó. Me cansé del éxito, jajaja.

- ¿Y ahora te esforzás nuevamente?

Creo que de alguna forma me hacía enojar que ella no dijera las cosas, un enojo que hasta puedo considerar injustificado, pues no tengo derecho a decirle que hable, presionarla para que escupa lo que sea le esté ocurriendo. Lo que no me gustaba no era que no me dijera las cosas a mi, sino saber que no estaba hablando con nadie.

Cuando nos cruzamos en la cocina, encuentro que no me costó forzar, logré que lo admitiera.

- Bueno, no estoy bien -dijo-. ¿Pero qué querés que haga? A nadie le gustaba que yo saliera con él y ahora él está con otra y además se da el lujo de echarmelo en la cara. ¿Qué voy a decirle? ¿Que estoy mal? Que se curta, que vea que yo estoy bien y que no me importa lo que haga.

No me extrañó para nada el proceso que estaba atravesando Antonella. Se dio cuenta de que ahora él tiene chica nueva y entonces le subió la rabia, quiere salir todo el tiempo, es una pila de vida. Claro que eso es todo acting y está hecha mierda. El asunto es convencerla de que no vale la pena que se guarde todo para ella. Todo eso me sonaba demasiado familiar, y sentí el estúpido impulso de aliviarla, como si realmente yo pudiera hacer algo por ella.

- Jim, no te preocupes - dijo Antonella-. La verdad que vos te portaste de maravillas conmigo, sé que puedo contar con vos. La verdad es que todo el mundo me dice que debería haberlo dejado a él hace rato, pues la mayoría de la gente no aprobaba nuestra relación. Y pasamos tantas cosas juntos...

Un minuto después me enteré que dos años atrás Antonella perdió un embarazo de ocho semanas. Mi pregunta fue obvia: "¿Al menos lo charlaste con alguien?" La respuesta no fue menos obvia: "No. Temía que nadie me ayudara con eso, que fuera peor, que me dijeran cosas". Todo su temor me pareció ahora visible, hasta racional, hasta obvio, pude tener una radiografía detallada de lo que le estanba ocurriendo, y a partir de ese momento su sonrisa me parecería más agrietada, menos colorida, como su hubiera perdido aún más su espectro sinfónico.

- Lamento no haber sido más perceptivo entonces - dije, haciendo un mea culpa que nadie me había pedido-.

- No seas tonto - dijo-. Gracias. Sabés que es una mierda, ¿no? La piba tiene fotos con él, ya se la llevó al campo de la familia. Si es así, es porque la cosa viene en serio. Y yo aún...

Le costaba reconocer, articular su debilidad en palabras.

- Aún sigo enganchada con él como una pendejita de quince. Vos decías que sos un pendex inmaduro, nono. Esto que tenés en frente ahora en una inmadura legítima. Pensé que habría códigos, que él me trataría con más respeto.

- No es un tema de respeto, creo. La verdad cruda es que él puede andar con quien quiera, y si te toca cruzártelo, alpiste. En algunos casos no pasa nada, en otros se establece como vos decís, códigos: si uno sabe que va el ex entonces no va con su actual, o trata las cosas delicadamente. Pero no creo que haya mala fe en este caso, aunque sí precisás alejarte de él, borrarlo al menos un rato.

- No puedo, él me busca.

- Hay veces que hay que ser un poco cruel...

- Jajajaja, ¿Como tu relato de la muchacha cruel?

- Por ahí venía el asunto: el egoista, la muchacha cruel y el sobervio. Jamás logré articularlos explícitamente, más allá de ese dislate teórico. Lo que más me importaba era la metáfora del subibaja.

- Lo que a mi me gustaba era el cambio de roles que sugerías. Te pregunto cuál sos vos. ¿El sobervio?

Asentí con la cabeza.

- Creo que ambos somos un tanto duro con nosotros mismos, eso es algo que compartimos, ¿no Jim? En definitiva, será un placer tomar para olvidar. Olvidemos juntos, creo que tu ayuda no me vendrá mal, quizás podamos hacernos reir un rato, espero tus ocurrencias y te ofrezco mis observaciones satíricas, aunque no esté tan lúcida hoy...

Heroin Girl

jueves, 18 de febrero de 2010

- ¡Así que ahora te hacés el recatado!

- Recatado no, sólo te aviso de a dónde no querés ir.

- ¡Por favor Jim, por favor! Me parece hipócrita de tu parte que me digas qué hacer cuando vos tantas otras veces no haz estado en tus cabales. Me parece injusto. Vos lo que realmente temés es que me vaya con otro...

Era como si Bella estuviera atacando a Jim con armas nuevas, todas a la vez, para intentar sacarle ese algo que el muchacho se estaba guardando. Todo esto en el luger menos adecuado, uno de esos lugares de la capital que uno ve inocentemente pero se trata de alguna casa perdida, esquiva, o como quieran llamarle.

- Sabía de su depresión, sabía que estaba yendo al psicólogo - le dijo Bentham a Debord -. Pero la verdad es que no soporto verla en este pico.

Era todo tan dramático, tan convulsionado. Y Bentham preocupándose por Bella antes de aquella otra mujer que realmente debería ser el motivo de su atención. Ni bien entraron ambos sujetos, Debord y Bentham, notaron la presencia de Bella, una muy linda e inteligente joven. En ere momento Debord preguntó, como si hubiera tenido un presentimiendo:

- ¿Preferís que nos vayamos?

- No - contestó Bentham siguiendo a Bella con los ojos.

¿El lugar? Una casa en Villa Urquiza. La dueña de casa había hecho chocotorta, y el caradura de Bentham había comido como tres pedazos, pidiendo como hasta las tres de la mañana. Y Debord, un tanto eshausto de tanta rutina, charlaba con una tal Jennifer, relacionada en algún momento a algún tal Allen.


El problema surgió cuando en la mesa alguién dejó pastillas. Debord notó la cara de ojete de Jim al ver el evento. ¿Por qué?, pensó Debord. No era nada raro. Luego, al ver cómo Bella era convidada porun piibe cuyo nomnbre ella quizás desconozca. El ver a Bella tomando un cuarto de pastilla obligó a Bentham a acercarse a la chica. Y todo terminó en una discusión:

- ... Me doy cuenta de que tenés miedo de mí -decía ella-. ¿Aún puedo herirte, verdad? Te molesta eso. Te molesta la idea de que yo pueda irme con otro esta noche. Pero sos un mentiroso, porque sé que vos te irías con otra. ¿So?

- Bella... por favor, creo que te pasaste de drogas.

Jim recordaba aquel encuentro con Bella. Ella, una persona completamente dominada por la legalidad, una noche invadió su cancha de juego de la vida para notificarle que finalmente había probado al menos de fumarse un porro. Dicho con mucho mayor nivel, claro. Y Jim pensaba cuánto había camgiado Bella en todo ese tiempo.

- Ay, Jim - dijo Bella-. Sos un tonto. Yo ya me desquité de vos, no necesito tirarme a nadie esta noche. Sería de mala sangre y no, no lo haría. Así como sé que vos, por ese respeto que invocás, tampoco siquiera bailarías con otra, porque yo estoy aquí.

- Sólo trato de ser políticamente correcto, digamos - contestó Jim tomándola del brazo-. Se trata más de ser gentil con el otro antes de que irle con crudezas. Igual no es eso lo que me preocupa ahora, sino más bien que no sé qué tomaste.

- ¡Y la Jose!

La Jose la Jose. Fue increíble como Bella atacó a Bentham con semejante metáfora. Ella le estaba ganando en su propio terreno... al menos ella creía. Bentham pensó sólo quince segundos y logró decodificarla.

- Ok. Entonces es una excelente razón para no tomar nada de eso. Hay una ley que conocés bien que es "no mezcles". En verdad no aplica para el alcohol, pero si aplica, por razones delicadas, a este tipo de cosas.

Fue momento de polémica. Ni Bentham ni Debord pudieron notar si Bella había tomado algo más, pero la verdad es que ella se callmó, como si alguien la hubiera llamado a sus cabales. Y Bentham se dio cuenta de lo preocupado que estaba, y Debord pensó "qué copado que tu ex novia se drogue y se ponga histérica, probablemente para tirársele a otro flaco en frente tuyo". Todo eso, claro. Bella había encontrado el arma perfecta para pegarle un balazo a Bentham, ese iceberg que supo conocer como si fuera un verdadero hogar.

- Debord - solicitó Bentham mientras veía como Bella se alejaba de él, harta de su desubicada intervención-. Esto es una cagada. ¿Ella llegó a sentir esto?

- No creo, pues ella a vos sólo te vio fumando. Aunque ella era conservadora en esa época. Vos sabés, el efecto dramático de la navieté.

- Y sabés que creo que este fue un especial acto de venganza. No puedo evitar desglozar analíticamente esto: tomó exactamente lo que yo digo que no me gusta, las drogas psicoactivas. Fue como si yo hubiera dicho derecha y ella ahora estuviera yendo a la izquierda.

- Muchas lecturas puedo hacer de eso...

- En serio pelotudo. Ahora la conservadora se hace tan la extremista que me hace parecer a mi, un supuesto "liberal", como el mismo papa de la iglesia católica y todos los santos.

- Pensás demasiado, Jim. Pensás que lo hace para joderte.

- No sólo eso. Más allá de mi ego, digo que no me gusta que se meta en esas cosas, sobre todo porque si se emociona de repente, así de rápido, es peor. Y por más que ella ser una mujer madura uno jamás, jamás, deja de hacer boludeces graves.


- Relax. Sé que mañana la vas a llamar, porque sé que no te aguantás cómo termine. Pero Jim, por favor, dejala ser. Llamala en unos días, no creo que ella termine mal. Se pasó un toque, ¿y? Entonces como vos decís, te cagó.


Sorpresivamente Bentham logró contenerse hasta el miércoles. Ahí le envió un mensaje a Bella, preguntándole si estaba bien. Bella tardó dos horas en llamar, para decir que estaba bien y que la perdonara si había sido medio bruta. Bentham dudó. ¿Él tendría que haberse disculpado en su momento? Por supuesto que no, pues él sabía lo que hacía.

Merleau, Foucault, la medicina y The Who

miércoles, 17 de febrero de 2010

(Exposición esquemática dada por Bentham ante Debord, en algún bar)

Revisemos junto a Merleau-Ponty y Foucault algunas cuestiones referentes a The Who:

Las dos operas rock (cantatas rock, en verdad) de la banda, Tommy y Quadrophenia, presentan dos caracteres de los que Foucault habló bastante:

- el anormal: Tommy para el primer disco mencionado. Jimmy para el segundo.
- el doctor: autoridad que establece qué es desviación y qué no, referente académico y representante de "normas" sociales.

Merleau trabajaría esta "dupla" de forma implícita, por ponerlo de alguna otra forma. Y ahora paso a desglozar algunas ideas destartaladas:

Tommy era un chico que había quedado traumado por presenciar el asesinato del amante de su madre, en manos de su padre. Los mismos padres le dicen al chico que él no ha visto nada y que no diga nada. A partir de ahí, el pequeño deja de hablar y oír, además de volverse ciego. Con el desarrollo de la historia, Tommy debendría en un líder religioso.

En el caso de Tommy, el doctor establece que el muchacho puede ser y escuchar perfectamente, pero no responde a su entorno. Una especie de autista por opción, solipsista voluntario, un ser que ha cancelado su relación fluida con el mundo. En el doctor (interpretado por Jack Nicholson en la peli) deposita la madre de Tommy sus esperanzas. El doctor no halla en Tommy más que una negación del mundo que lo rodea, pues fisiológicamente, el pibe anda bárbaro.

O sea: la bien reputada institución médica desestima el problema de Tommy, porque no se trata más que de un cabeza dura desviado que no quiere hablar ni ver. La medicina, que Townshend plantea de forma cartesiana, lejos intentar sobrepasar las limitaciones de su enfoque inicial, decreta que no hay nada malo con el desviado, salvo por su deseo de no curarse de esa dolencia que ni siquiera le ocurre. Tema pontiano si lo hay.

Yendo a Quadrophenia: un joven descontento con todo, en búsqueda de su identidad, no encuentra ayuda ni en su fanilia, ni en su novia, ni ante todos quienes lo rodean. Entonces se toma el palo en un viaje a ninguna parte. Entre quilombetes termina arrojado en una moto a un río. Según podemos epilogar, la carrera por la autodefinición de Jimmy termina en que él no debe definirse -como quien quiere cerrar su identidad-.

Dice Jimmy en The real me, "Can you see the real me, doctor?", para la ceguera del médico ante sus problemas de adolescente. Esto es como si el protagonista solicitara al doc que se despegue de su mirada un netamente clínica, para ahondar en el carácter inexplicable de la naturaleza humana. Tal como en Tommy, el "desviado" no padece ninguna dolencia física, pero algo en su alma no está bien, la moda y la vida cotidiana lo han hartado.

Ante todo, Townshend logra nuevamente declarar la limitación del discurso médico para dar cuenta en profundidad de la naturaleza humana. Los cuatro themes del disco (el hipócrita, el lunático, el romántico y el "bailarín impotente") son cuatro formas de declinar la normalidad, de disparar contra la coherencia.

En ambos mencionados casos, el doctor es una autoridad que establece lo normal y lo anormal, árbitro que declara los off-sides de la sociedad. Es en Tommy donde se muestra lo limitado de la percepción clínica, y es en Quadrophenia donde el "desviado" hecha en cara a la autoridad su ceguera, esa incapacidad conceptual para al menos reconocer que eso de la normalidad es más un estándar tiránico antes que un valor natural y normal con el cual pueda medirse al hombre.

- Bueno, interesante... - dijo Debord-. De hecho, el lugar de desvariar con tu tesina sobre web 2.0, podrías haber inventado algo como esto, ¿verdad? Una tesina sobre Merleau, Foucault, la medicina y The Who. yo te hubiera bancado...

- Ni que lo digas, pero como tantas otras veces, bailo lento y a destiempo...

Videoteque

domingo, 7 de febrero de 2010

Me vi obligado (por razones ficticias) a asociar un video (canción en verdad) a cada personaje (o lo que sean). Digamos (escribamos) que serían una especie (suerte de) indicador del carácter (o delineamiento), y que no pretenden explicar nada (jamás lo hago, ¿verdad?). Aquí van:

Jim Bentham:
Kashmir - Graceland


Rose Luxemburg:
The Beatles - Can´t buy me love


Rolando Barthes:
Blur - Country house


Antonella Chejov:
Miss world - Hole


Male Ponty:
In circles - Sunny Day Real Estate


Jorge Bataille:
Lord don´t slow me down - Oasis


Bella:
Run baby run - Garbage


Gilles Deleuze:
Aeroplane - Red Hot Chili Peppers


Algo así. Las canciones serían otras de atenernos a Jana, Orlando, Felipe, Zunny, Luna, Valerie, etc etc etc.

Los silenciosos II

martes, 2 de febrero de 2010

- Bueno, fue eso... Juro que no pasó nada, que lo dejé así como llegué.

- No te preocupes, te creo. Aún así no entiendo por qué fuiste a su casa. Hubiera sido mejor un terreno neutral, ¿no?

- Por favor, no necesito de tus celos ahora.

- No no, esperá. No son celos, linda. Es una simple observación. La neutralidad del terreno te diría que es fundamental, es un escenario en el que ese tipo de avanzadas quierem de una audacia superlativa. Y si bien pensás que Ricardo es audaz, te juro que no lo es tanto.

- Pensé que te molestaría...

- No te digo que me encantó la idea de que lo vieras, si te comparto mi opinión. Entiendo que el pobre está hecho bosta. Me da lástima, claro, porque parece arrepentido. Pero por lo que contás, tengo la certeza de que sus sentimientos te traicionan.

Ella lo miró fijo, sin saber exactamente de qué lado estaba. Es decir, estaba al lado de él, pero ¿él estaba del lado de Ricardo o en contra. Esa idea le molestaba.

- No sé. Parece muy firme.

- Es todo cuestión de acción y reacción, por favor. Diría que entre tanto melodrama era obvio que él iba a hacer eso y que vos ibas a ir a la casa y... lo único que se escapa un poco a mi diagrama es... no importa.

- ¿Qué?

- No importa. Es sólo la opinión de un romántico, de un lunático a la deriva. En definitiva, creo que él se va a poner bien. Las cosas cambian, algunas cosas rebotan y otras se pierden para no volver.

Él la abrazó, mientras ella le besó el hombro y se quedó ahí un rato. Luego se acercó a su cuello, para perderse un poco en su cabellera.

- Te soy sincero si te digo que no me sorprende, que todo esto era una especie de historia embotellada, enlatada. Yo sabía que no ibas a seguir mucho más con él cuando te conocí, no sé por qué, no me pidas explicaciones...

- No, no te las pido.

Ella levantó la cabeza para mirarlo.

- Aunque me gustaría que me hables. No esto, sino que me digas qué te pasa realmente, qué pensás, qué sentís. Hasta ahora me arrojás teorías. Pero por favor, ¿qué soy para vos? ¿Me podés decir? Y después me decís que tengo que bajar la ansiedad.

- Pero si te digo cosas, te cuento lo que pienso...

- Sí sí, pero no necesito que me cuentes, sino que necesito que me hables. A veces me siento tan sola cuando estoy con vos... Y en una de esas sos tan dulce y en seguida te volvés un freezer. Quiero que me hablés, nada de teorías sobre él o sobre si yo debería haber ido a la casa de él.

- Sólo opiné como un tipo imparcial.

- Ese es el problema. Me decís cosas imparcialmente. "No deberías haber ido a cenar a lo de él. Es mejor un terreno neutral". No te involucrás en lo que vos decís, y por ende no me podés transmitir lo que sentís. Hablás como si estuvieras afuera de todo. Ni siquiera sos capaz de decir que te molestó.

Se levantó rápidamente y se fue. Él la miraba como quien ve una vidriera al pasar.