[¿Una contrapartida de "Animalitos al café"?]
Cuando Jackie entró al Coffee Store el lugar le pareció tremendamente lleno de nada, con todas caras particularmente irreconocibles y un ruido de ambiente que silenciosamente se le fue colando por los huesos. La cara de Jim se le hizo presente al fondo en una punta del local. Era como si él hubiera decidido ubicarse en la esquina del cuadrilátero. Tenía un poco de nervios.
Allí estaba él. Seguramente había llegado temprano, fiel a esa tradición inevitable que lo hace ser quien es. Tenía unos papeles sobre la mesa, evidentemente escribía algo. Ella también había optado por la fidelidad de llegar tarde y enviar un mensaje de texto excusándose por el restraso.
¿Qué era él? Jackie había elaborado una especie de teoría dicotómica en la que Jim era:
- Seguro de sí, de a ratos inestable
- Atento, pero repentinamente colgado
- Impulsivo, pero altamente atado a sus grillas de análisis
- Modesto y a la poseído por la soberbia
- Muy dulce, capaz de convertirse en un iceberg
- Alegre y siempre listo para perder el sentido del humor
Al acercarse esperaba una mirada indiferente. Contrariamente, Jim sonrió al verla, cuando vio su pelo largo acercarse, su pollera roja con calzas negras, su bufanda negra y su morral que en esa ocasión contenía un libro de Gustave Flaubert.
- Hola – dijo Jim después de once días de silencio.
- Hola – contestó ella con una sonrisa que mezclaba la alegría con la tristeza-. ¿Llegaste hace mucho?
Para Jackie este tipo de encuentros se le hacían ridículos: la conversación previa, el “cómo te va”, “¿fuiste al cine?”, “¿qué libro estás leyendo?”. Sabía que Jim pensaba igual, que si alguno de los dos arrancaba la conversación con temas menores y triviales, al otro se le pudría el carácter. Así que sin vericuetos, Jackie dijo:
- Sé que me querés. Mi problema es que a veces me da la sensación de que te olvidás de mi, otras veces me siento opacada por vos. Tu cabeza piensa demasiado, como la mía. Y yo sé lo que pienso, pero vos…
Él la miró prestándole atención, cosa que sólo agravaba los temores de Jackie. ¿Qué se le cruzaba por la cabeza? Los silencios de Jim era más arrolladores que sus palabras, se defendía mejor no demostrando nada, entonces:
- … mandante, ni nada de eso. Sencillamente … Por favor, hablá vos.
- ¿?
- Que hables, quiero escucharte. Estás callado y no sé si me vas a putear o qué pero quiero saberlo ahora.
Jim recordó cómo Bella en su momento le confesó que sus silencios le daban temor, porque “no sé qué decirte ni cómo tratarte cuando te ponés así”.
- Ahora… me alegro de verte. Aunque duele que te ausentes así como así, pero creo que vos dijiste lo mismo de mi. Por lo tanto, el cuchillo corta según quien de los dos lo tenga por el mango.
Jackie escuchaba como Jim declaraba con una solemnidad poco frecuente en él de la que deseaba que se deshiciera. Justo apareció la camarera.
- Yo quiero café de jaba con leche.
- Tomaré lo mismo que la señorita, pues es especialista en el tema. Le gusta esgrimir sus conocimientos al respecto. Agregaré unas medialunas, nada más.
Ambos sonrieron. La camarera se fue.
- Eso.
- ¿Qué? - dijo Jim haciéndose el tonto-. Ah, ¿mi capacidad de intervenir con un dislate en una situación un tanto delicada, tensa o sencillamente inoportuna? Lo lamento, no puedo evitarlo, me gusta desvariar un poco.
- Lo sé. Hay momentos en que eso me encanta, lo juro. Otros momentos donde desearía que te quedes callado, que no te tiente tanto el dislate.
- ¿Tanto te molesta?
- Un poco, a veces. No siempre. Más de una vez me has agarrado desprevenida y me sacudiste una sonrisa.
Jim recordó exactamente lo mismo acerca de Jackie: aquella vez en el teatro donde más que una profesora parecía una colegiala promedio diez, demostrando a todos los asistentes que ella ya había apagado el celular y estaba sentada y lista para que comience la función.
Arribó la camarera con ambos cafés de Java. Por más que no había pedido, Jackie se vio tentada por las facturas. Ella no era cabeza dura, no costaba tanto sacarle lo que le pasaba por dentro. Era como si titubeara pero al rato nomás lograra, como si se tratara de algo inevitable decir lo que le pasaba y no tuviera reparos en retractarse de lo dicho.
- Soy un tipo inconstante, lo sé -retomo la conversación Jim-. Pero eso no quita el hecho de que la paso bien con vos y que no sos una carga ni nada por el estilo. En cuanto a lo de demandante, bueno, todo encuentra su equilibrio.
- Jim, me gustás en serio. Pero no sé qué somos, qué podemos llegar a ser. Te estoy contestando con imprecisiones, claro. Es que me siento así, quizás sea por mis historias anteriores o porque aún me falta conocerte, quizás sea porque yo tengo que resolver sosas.
- No te preocupes por las imprecisiones. Sería estúpido de mi parte pedirte eso.
- Siento como que qiuero estar con vos pero no estoy preparada. Y me da la sensación de que a vos a veces te pasa lo mismo, que sentís una cierta reiteración entre nosotros.
Se miraron dos minutos en silencio, como si ambos tuvieran que procesar la idea de que no dejarían de verse pero no estaban resolviendo nada. Como si ambos precisaran liberarse del otro pero sin despedirse, sin dejarse ir, sin soltarse de la mano.
Jackie tomó café. Luego observó de reojo los papeles de Bentham:
- ¿Cómo te está yendo en el taller? ¿Puedo ver?
- Es una miniplay que llevó días sin poder terminar.
Jackie tomó uno de los papeles mirando a Bentham fijamente. Era increíble cómo podía pedir permiso con la mirada. Jim quería escuchar su opinión, sobre todo de los roles asignados.
- ¿Un mendigo? ¿Tu personaje es un mendigo? - dijo Jackie -. ¿Y Jorge es un Rey? -río.
El clima era agradable, como si ambos hubieran logrado una temperatura ambiente realmente cómoda. Jim no tuvo más remedio que decir lo que tenía preparado:
- Creo que vuelve aquella obra de la que te hablé. Iré a verla probablemente este sábado. Si de casualidad te encuentro ahí, no querra decir necesariamente que viniste por mi o conmigo, pero estaríamos juntos. Casualmente, digamos.
Jackie rio y se dieron un beso.
Café sin animalitos
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Los entrometidos
I
Una serie de cruces, ocurridos casualmente todos en corto tiempo y en un mismo lugar:
II
Esperabamos la salida de Bataille, que estaba pronto a recibirse. Nos encontrábamos aprontados en la puerta del aula 124 del Pabellón III de Ciudad Universitaria, con huevos, harina, vino berreta, vinagre y otras cosas sabrosas. Jorge no había querido ver a nadie antes del exámen.
Deleuze era de los más emocionados, iba y venía para todos lados, quería traer más huevos porque decía que eran pocos. Era la previa a una fiesta, pero:
La novia de Deleuze, Clarisa Lispector, estaba cumpungida sentada en el piso, a un costado de la puerta del aula donde rendía Bataille. ¿El problema? No soportaba que la ex novia de Gilles estuviera presente. Peor aún, sufría porque ellos se ponían a hablar.
Gilles hablaba con su ex, largo y tendido, como si no se vieran hacía años. Lo cual era verdad, pues más allá de que vivan en frente, hacía años que nadie sabía mucho de Angelina. Desde el piso Clarisa observaba. Odiaba a Angelina, no la soportaba, se paseaba tan impune por el Pabellón III, Gilles le prestaba tanta atención. Claro, total a él qué carajo le importaba, él había estado con ella, ahora era su novio. Él estaba en ventaja, las conocía íntimamente a las dos, sabía todo sobre las dos.
- Creo que le otorgás demasiada importancia - le dijo Jim a Clarisa-. Hace tiempo que estuvieron juntos.
- No me pasa nada.
- Vamos, tenés los ojos rojos.
- Es que no me da bola. Le habla más a ella que a mi.
- Igual -dijo Clarisa resentida -, vos no sos quién para decirme que me tome las cosas a la ligera, te recuerdo.
Bentham se hartó de hacer de soporte técnico a una mujer con la que ni siquiera tenía gran trato, así que optó por irse y ya.
Algo de razón tenía. Gilles parecía demasiado dedicado a Angelina. Pensé en enviarle un mensaje para avivarlo, pero solito se dio cuenta de que su novia se sentía más abandonada que perrito de la calle.
- ¿Qué pasa corazón? - dijo Deleuze, sentándose junto a ella y abrazándola.
- Quiero que se vaya.
- Pero corazón, ella es amiga de Bataille. Lo que importa es la recibida de Jorge, nada más. No le des bola.
Es probable que Clarisa no le haya podido quitar sus ojos maliciosos de encima a Angelina en toda la noche.
III
Ciudad Universitaria es grande. Pero aún así, si hay alguien a quien me podía encontrar era a
Justine.
- ¿Así que Jaqueline Rousseau es tu nueva novia?
- No estamos de novios. Simplemente salimos - contesté defendiéndome innecesariamente.
¿Será posible que Justine conozca a Jackie por el solo hecho de vivir ambas en Olivos? ¿Serán compañeras del secundario? ¿Irán al mismo almacén? Así tan frontal, Justine había venido a hablarme. A mi no me interesaba en lo más mínimo, pero ella con total impunidad se presentó y me saludó. Todo esto en la previa a la recibida de Bataille.
- Así que no es tu novia... Claro. Una fija - dijo Justine, guiñándome el ojo.
Iba a decirle que no era así, que simplemente quizás estabamos en el estadío previo a ponernos en serio, o quizás no. Que todo es relativo y volátil con Rousseau, que somos dos juntos y a veces separados. Pero me di cuenta de que no tenía por qué darle explicaciones.
- En fin... Pensé que vendrías a dar clases los miércoles. Veo que te cambiaron de día.
- Sep. Echaron al ayudante que estaba en la comisión de los martes. Se puso a salir con una alumna y se armó quilombo. Tenemos un jefe de cátedra bastante conservador. ¿Cómo va la banda?
¿Cómo mierda estaba enterad...? Claaaro... Pero qué tipo pelotudo que soy. Víctima de un laburo de contrainteligencia. Por más de que yo no pregunte por ella, Justine mantiene cierto contacto con gente de mi entorno.
- Ahí. Sólo preparamos un minishow, en cuando hagamos eso automáticamente la formación queda disuelta.
- ¿Disuelta? ¿O sos tan soberbio que por el sólo hecho de que tu salida desecadenará la disolución?
- Debo admitir que tenés razón. Reformulo tomando tu versión: luego de que toquemos me abro. Que el resto haga lo que quiera.
- ¿Puedo preguntar por qué esa inconstancia? ¿Por qué esa necesidad de desarmar lo que hacés?
- Solo sí puedo preguntar por qué te interesa tanto que yo desarme o rearme - retruqué un tanto cansado de la indagatoria.
- Debo ir a clase, hay entrega. En fin, bueno nos vemos. Ah, y felicitaciones por tu recibimiento.
Justine lucía soberbia, se alejó cruzando el patio central del tercer pabellón. Era evidente que había preguntado por mi, sabía cosas que no podía saber.
IV
Yo no quiero que venga nadie, no quiero ver a nadie, me tomé como cincuenta tés de tilo y estoy un tanto tranquilo. Camino para todos lados, pero es sólo por divertimento. Lo vi a Deleuze dando vueltas, ¿estará el resto? Los mato.
Y vos decime, ¿será posible que vos también te recibas el mismo día que yo? ¿Será posible que arquitectura legal se rinda en el mismo momento que Diseño Editorial? La puta madre, Sontag, pareciera imposible liberarse de vos.
Yo en el aula 124. Vos en el aula 122. Increible parece.
Yo te vi, vos me viste. ¿Estamos ofendidos? Vos porque te tiré un balde por la cabeza, yo porque siempre fuimos sólo amigos. Podriamos haber coordinado para ni cruzarnos. Y escuchame vos, Deleuze, ¿por qué mierda vas y la saludas? Estás acá por mi, no por ella, se sabe ya. No me importa que ella se reciba el mismo día que yo.
Y esto de tener que esperar dos horas en la puerta de un aula para rendir es una mierda. Y tembién es una mierda que me tomen escrito y luego oral. Probablemente Susana defienda un trabajito que entregó hace dos semanas y como además tiene todo promedio diez, está todo resuelto.
Pero yo, estoy al horno. Hola Justine, qué hacés. Sí, voy a dar mi último final, así que quizás me reciba, aunque... Sí, se recibió hará unos meses, si a mi me va bien nos ponemos a full con la banda. ¿Vas a dar clase? Tratalos bien a tus alumnos, mirá como sufrimos. No tiemblo de nervios, tiemblo por las esperanzas. Chau, sí, nos vemos claro.
Ahora me pasás por al lado. Mirá, yo soy menos cabeza dura que vos, te saludo. Hola, ¿cómo andás? Te saludo porque sé que no querés que te salude.
Y mirá que lo ensayamos eh:
Hola me dijo sorprendida Susana, como si nunca me hubiera visto. Yo le dije que la había visto, pero pensé que no quería que le hable. Ella mintió y dijo que no, que nada que ver. Yo le pregunté qué rendía, aunque ya lo sabía por Bentham. Ella dijo que Diseño Editorial. ¿No es esa la materia que da Justine?
En qué andás me preguntó ella. Yo contesté que me recibía. Ella también me dijo que se recibía. Y entonces le pregunté si estaba con alguien. Se tomó la pregunta para el orto.
Justo me llamaron. Entré, se presurizó el aula. Comencé a escribir, escribí como un frenético. Oral luego. Se me perdían las palabras, le decía "no sé" a la profesora. La mina me decía "pero lo dijiste recién", se me mezclaba todo. Una piba que estaba rindiendo en una mesa de más adelante se desmayó, entró el médico. Yo dije algo de la legislación sobre los pulmones de manzana. Me habían preguntado sobre espacios verdes.
Seis.
V
Alzamos entre todos a Bataille, recién recibido. Alguien le pasó la maquinita de cortar el pelo y cayeron uns mechones. Lo sacamos del Pabellón III, bajó las escaleras rápidamente y los huevos comenzaron a lloverle, la mayoría errando.
En menos de cinco minutos Bataille era un enchastre de huevo, harina, ketchup. El vinagre le picaba los ojos. Le tiré medio litro de Termidor en la cabeza: el peor olor del mundo. Polenta en sus pantalones. Mi remera parecía un batik, aunque Gilles estaba peor: parecía que él también se había recibido.
Alguien le alunizó un huevaso de Angelina en la frente. Sonó duro.
Justine me saludó saliéndo del Pabellón III, por las escaleras. La perdí al instante.
Sontag escapó sutilmente por la otra escalera, la vimos alejarse: no quería terminar hecha un enchastre, y sobre todo ser atacada por el gran enchastrado.
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Etiquetas: bataille, bentham, deleuze, frischmann, Lispector
Cómo echar a perder una miniplay
[Borrador de hace tres semanas]
Just came up with...
I
Totalmente me olvidé de llegar, lo que equivale a no haber estado. También podemos decir que se trata de fallarte otra vez o de haber generado una ausencia que te dolió de momento. Y uno no se da cuenta cuando está ocurriento todo, sino hasta después de,,,
II
Cuando Bentham llegó el número de ella ya había pasado. Pensó reconocerla detrás del telón espiando, pero no estaba. Entonces se quedó al costado de las gradas, donde estaba sentado el público. Se encontraba en el pasillo, el lugar de la gente que no tiene lugar. Algún asistente de producción pasaba de vez en cuando.
Las piernas le molestaban, no quería estar parado. Podría apoyarse, pero no era lo mismo. Y sentarse no, pues entorpecía el paso. ¿Cuánto faltaría? Del escenario eran dueños un grupo de batucada. Luego hubo un numerito de tango medio actuado que a Bentham le llamó la atención. ¿Habría un programa, para ver si Jackie ya pasó?
Pasó otro número danzante de gentes pintadas, pazó tambien una payada que sonaba al Martín fierro. Y realmente Bentham recordó como le gustaban esos pequeños espectáculos, esos momentos de una simpleza tan complicada de lograr.
III
De repente todo era un tremendo lío. Tenía que estar en cuatro lados a la vez, maso, y mi capacidad de diagramar la vida evidentemente está desdibujada o lo que quieran.
La noche anterior había sido el cumpleaños de una amiga de Antonella, y me ocupé de marearme lo suficiente como para no poder dormir en toda la noche. Mi estado era catastrófico, y para colmo de males me pasé el día afuera.
Al acostarme un rato a la tarde, me ocupé de detonar mi cabeza con algo que me garantizara dormir. Pocas veces hago eso, pero cuando lo hago, es en fechas críticas y por lo general llego tarde a lugares. Por ejemplo mi propio cumpleaños. O mi fiesta de recibimiento. O el casamiento de mi prima.
IV
Al final la vi bailar un poco. Era el otro número que me había comentado, donde la participación de ella era más secundaria. Pero al menos logré verla. Era danza-teatro, según decían.
Introducción, una muchacha sentada en el suelo triste. Llegaba el muchacho y contentos bailaban. Entonces un señor mayor, el padre de la muchacha asumimos, aparecía y los apartaba. Entonces él se retiraba dolido. El padre regañaba a la hija, esta quedaba llorando. Entonces aparecían las amigas, una de las cuales era Jackie, para reconfortarla. Escondido aparecía el muchacho, y volvían a verse. Ahí las amigas se retiraban. Entonces se escapaban, y al padre al llegar y no encontrar a si hija, iba a perseguirlos. Al encontrarlos, el padre y el muchacho peleaban con cuchillos. El padre lograba herir al muchacho, que quedaba tendido. Ella se interponía entre los dos y recibía del padre una herida. En los brazos del padre, la chica le hablaba, tomaba la mano del muchacho. El padre los abrazaba a ambos.
Un breve pero interesante plot, pensó Bentham. Cuando el staff escénico salió para saludar, Bentham estiró los brazos con esfuerzo para que Jackie notara su presencia. Al final lo miró como si no hubiera visto a nadie.
V
- No te preocupes - dijo Jackie con evidente desgano de hablarme.
- Es que realmente no pensé que... esto no me pasaba desde hacía dos años.
Jackie no me miró. Ella no me decía nada, y eso me resultaba preocupante.
- Me imagino que es mi culpa - dijo dolida, pero no enojada-. No era importante, total no...
Claro que era importante, claro que lo era. Justo cuando pensé que encontré a alguien con quien entenderme en todos mis implícitos, ocurre esto y se me pasan las cosas de largo. Ahora no sé cómo viene la mano.
Por más que Jackie diga que ella tiene un humor de mierda, se trata más de lo contrario. A veces creo que es incapaz de enojarse, que es la maestra buena onda. Me cuesta imaginármela retando a chicos, pero veo que su mecanismo es más complejo.
- No me debés nada, todo bien. Si no llegaste no llegaste.
Era un reclamo fuera de lugar pero completamente pertinente, totalmente ubicado, perfectamente elaborado. Si algún derecho tenía de opinar al contrario, lo había perdido desde el momento en que me había demostrado más que interesado en acudir a verla. No porque faltaran ganas, sino porque evidentemente me faltó... sueño.
Fue ahí que comenzaron los problemas de nomenclaturas. ¿Qué somos? ¿Pareja, novios, amantes, amigos con derecho a roce? No, Jackie y yo no podemos ser amigos, podemos estar en el marco de lo indeterminado pero sé qué no somos, aunque no sé qué somos.
- Voy a tomar algo con los chicos. Si querés podés venir.
Fui, pero me sentí tremendamente fuera de lugar.
VI
El gran problema es una cuestión de medios, que siempre claro, conllevan fines. La alteración artificial por la toma de una pastilla tiende a la misma que ocurre por medios naturales.
Barthes diría que el efecto eso el mismo: un anestésico. Pero dirá que no es lo mismo una anestesia "natural", el sueño, digamos, a una anestesia totalitaria, inyectable.
Publicado por T. en 19:16 0 comentarios
No te duermas y llamala
Cuando Jim se despertó estaba tirado en el medio del living. No sabía cómo había llegado allí, aunque sí tenía por certero que se había acostado en su cama. Cuando en su mano descubrió su celular apagado, sobresaltado comenzó a revisar el historial de llamados. Nada. Llamó a Jackie.
- ¿Hola?
- Sí, perdón. ¿Hablamos ayer? - dijo Jim.
- No. ¿Qué ocurre?
- Me desperté con el celular en la mano, se ve que lo agarré dormido. Pero no llamé a nadie ni nadie me llamó. Estaba apagado, pero no recuerdo si lo apagué yo antes de dormir o...
Antonella escuchaba todo y pensaba que en cuanto le dijera a Jim que vaya al médico, él la mandaría a cagar.
- Pensé que la había llamado a ella, tu sabes.
- Pues deberías llamarla ya, me parece. No ahora, porque quizás duerme. Pero ya que tu instinto parece que quiere llamarla, sugiero que le hagás caso.
Cortaron y Bentham merodeó el living pensativo durante al menos cuarenta minutos. Quizás un mensaje de texto sería mejor, para darle oportunidad a Jackie de responder o no. Como una sincronía, llegó un mensaje.
"Hola, que tal? como estas? Estoy tomando mi cafe matutino y penze en vos. Jackie"
Era irrefutable. La había llamado dormido o algo, tanta sincronía era demasiado. Tanto solapamiento era inaudito, tanta reiteración, tanto doblaje, todo tan parejo.
"Bien, recién despierto. Aún no puedo penZZZar tan claramente como vos me parece".
Respuesta:
"No me dejás pasar una, guacho. Tenemos que hablar".
Publicado por T. en 17:39 0 comentarios
Terapeutica
- Mmm, ¿te puedo decir algo?
- Claro.
- Jackie no era para vos... era demasiado... racional, estructurada. No es que sea mala chica, pero era como que sus dos identidades se separaban.
- Ok, me estás diciendo racional y estructurado.
- Un poco sí, otro poco no. Lo que digo es que sus conversaciones tenían algo de reiteración, de reafirmación de lo que uno decía en los gestos del otro - explicó Lux.
No entendía por qué Rose hablaba de repente de Rousseau, como si yo le hubiera pedido.
- Anyways, no importa -contesté-. Tengo otras cosas en la cabeza ahora.
- Yo no volví a hablar con él, ya fue y lo dejé, no quiero verlo más.
Me sorprendió la declaración de Rose. Era como si hubiera utilizado a Rousseau para llevar la conversación a "su asunto". Ella lo tiene en su recuerdo como quien convive con un fantasma.
- Ruptura. Una leve vuelta en U. Un quiebre gentil - dije-. Creo que te hará bien alejarte.
- Es difícil, me da cosa no verlo más.
- Que te alejes ahora no significa que no lo vayas a ver más, sino que simplemente ahora necesitás despejarte, deshacerte de él un rato. Es bueno y necesario. Quién sabe luego qué ocurrirá, los caminos de la vida...
- Si, debés tener razón. No quiero dramatizar pero me cuesta, me parece trágico de repente. Como si realmente esta vez me hubiera dolido, como si las anteriores veces no hubiera pasado nada entonces, como si esta cortadura sangrara más de lo yo esperaba.
- Qué raro vos así, decaída. Siempre andás radiante por la vida pero hoy te veo opaca. Se nota que lo querías.
- No me di cuenta hasta que terminamos. Y admito que en algún momento del día suelo pensar que me voy a arrepentir y que me mandé una harta cagada.
- Happens almost everyfucking time.
Medité sobre mis casos en particular porque me pareció bueno tener un estudio de casuística al respecto. Pensé que además este breve estudio sería relacionable con la teoría de los porcentajes que había desarrollado un tal Jana. Debía trabajar con una tricotomía.
Rose estaba llorosa así que la abrazé. Es raro porque ella no se deja usualmente, o porque no nace abrazarla. Pero no me gustaba la idea de quedarme parado junto a ella así nomás.
Hide your love away ubiera sido una buena banda sonora.
hay una forma terapéutica que descubrí hace rato para estas cosas: lo primero que hay que hacer es escuchar a la otra persona, dejarla decir cosas, dejarla drenar sus penas, por decirlo de alguna forma. Luego, en cierto momento, la conversación decantará sobre temas más triviales para que la otra persona mejore. Es un breve ejercicio de concentración primero y dispersión después. La parte de dispersión no debe ser sobre cosas malas, sobre cuánto trabajo en la oficina o problemas de dinero, sino sobre cosas bonitas o interesantes, personales.
No es ningún descrubrimiento, sólo una especie de análisis.
Cuando comenzamos a hablar de que ella se quiere comprar un auto. Recién ahí comencé a lograr algunas sonrisas.
Publicado por T. en 11:49 0 comentarios