Vondelpark

sábado, 14 de marzo de 2009


En fin.

See you...

Such a rational kid

lunes, 9 de marzo de 2009

(Oh... He is such a rational kid... makes you want to hit him till...)

No debe ser difícil, sólo es cuestión de tomar el primer paso. Ahora, cuando ella se encuentra tirada en el sofá un domingo luego de habernos perdido el uno al otro en plena noche de sábado, dar el primer paso se asemeja a:

- revolver ese cuchillo que aún tenemos clavado en alguna parte del cuerpo, pero no podemos precisar en cuál, pues la resaca no nos permite tener una noción concreta de nuestro cuerpo.

- revelar que realmente te importa todo eso que entonces decías que no te importaba, por lo que estarías traicionando esa estúpida religión que inventaste para vos mismo hará al menos unos 5 años (o 15 minutos, por qué no), que caló hondo en tu ser.

- como admitir, tú con 4 años mentales, frente a tu madre, que lo que piensas y sientes y haces no es del todo correcto y entonces hay que hacer penitencia de una forma ridícula en un rincón.

Ahora, es ella la que también se pone en tal situación. Me doy cuenta cómo le cuesta decir las cosas, y más, cómo le molesta pensar que yo puedo ser un ser irracional e incoherente. Ante todo, es difícil para alguien que está tirado en un sofá reconocer que esa especie de ser oligofrénico del sábado a la noche con cinco cervezas encima era casi el mismo tipo que el del viernes a la tarde que le trajo chocolates y una sonrisa elocuente.

Entonces ella rompe el hielo, porque tiene mucha más coherencia y cohesión (y pelotas, por qué no) para confesarme que también le molesta el trato que yo tengo con esa tilinga (que no es precisamente una tilinga, pero bah).

Lo peor de iniciar una conversación es que temo que va a ser más grande que el tremendo dolor de cabeza que me hace pensar que voy a morir irrefutablemente de una hemorragia cerebral. Pero contesto algo lo más delicado posible, algo como "la puta madre, callate por favor". Se da vuelta y mira el resto del sofá, que le debe resultar mucho más ameno que mi cara de quebrado mal educado.

Me imagino que tras algunas horas de trabajo lograremos que ella reconozca su paranoia y yo reconozca los cinco litros de cerveza del sábado a la noche.

The Garch Optimizer*

jueves, 5 de marzo de 2009

Well, in this article I will introduce you to the non-working world of the garchs.

The garchs, specifically, are web pages, apis, gadgets, etc. that don´t work. This ussually happens because people who developed them screwed up at some point of the process.

For example: a swf ad that has an incorrect link. An awfully crafted piece of e-mail, a web form that when you send it it redirects you to a page that sais "404 fuck you!".

Then, this tends to happen at critical hours, like lunch, 9am when your still yawning, making some curious PS mock up, or when you are having your coffee discussiing with your girlfriend which movie are you going to watch tonite: "Wall E", says her. "Fight Club" says you.

Puff, back to the topic:

When this things -apis, web pages - don´t work properly or look like hell, it´s time to call the Garch Optimizer. This commonly unknown character has the specific function of "fix other´s mistakes". The situacions are ussually de following:

"hey, i´ve received the banner. The link does not work"

"Fuck, this form is making cualquier!!"

"Crap, the typo is awful there, look like shit on the corner of the html"

"Is that the logo? I think it´s so crappy it´s melting my brand new Core2 Quad Processor"

In these situations, one needs to call the Garch Optimizer.

- "Hey, Garch Optimizer... This is a garch, it does not work... Can you fix it?"

- "Of course. You´ll have it this afternoon"

- "But I need it for yesterday!"

So the Garch Optimizer, under crappy conditions, with no materials and only a big problem, fixes the garch, so it becomes not a garch... it becomes a working banner, nice email, online and fine web form, etc.

Thank you garch optimizer!!
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La definición de Garch: "non working web object".

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* Originalmente publicado en el sitio Garch FB.

Antes de llover

martes, 3 de marzo de 2009

Era la previa del sábado. O de lo que fuera, porque en realidad no era imposible determinar si era una noche de sábado como corresponde, o era simplemente una imitación de fin de semana. Había sido el cumpleaños de Ludi, personaje personaje que lleva su historia aquí. Entonces, firme con ese hábito que me ha traido problemas, me dispuse a la entrega un paquete ideado a tal fin. Momento lúdico de Ludi, o algo así le había puesto.

Debo decir que me encantan mis misiones de este estilo.

Para variar, una tormenta amenazaba todo lo poco que quedaba de fin de semana. Esthershack me había dicho de juntarnos a comer -tarde- en La Farola.

Esthershack: Dale, que después te vas. Según Bob tendrías que hacer fiesta, te vamos a extrañar.

Allen: Son sólo vacaciones, ¿no?

En fin, perdón por perderme en tan efímero relato (Felipe Esthershack, difícil de hacer enojar, me puteó porque llegué como once y media, pero no importa). Tiré el auto frente a un garage en la cuadra de la calle Peña al 2000. Esperaba que el dueño no pretendiera entrar o sacar su móvil en esos minutos.

La escena era simple: si bien el encargado del edificio estaba en su escritorio, leyendo una revista, lo único que debía hacer era dejar en el buzón la cuestión y largarme a la pizzería (A propósito, otro de los litigios con Esthershack fue a cuál Farola concurrir. Logré negociar la de Urquiza, que tiene buena milanesa con fritas, porque no tenía ganas de tirar hasta zona norte). Entonces me cayó la pregunta... ¿Orlando estaba ok con todo esto? Ludi era para el ese espacio en blanco que si bien era pasado, se caracterizaba por una permanencia a veces incómoda.

Frente al edificio de Ludi, me dispuse a tomar la medida de precaución de consultar al susodicho. Celular y...

Orlando: ¿Qué?

Allen: No es nada loco, sólo que vengo a dejarle el regalo a Ludi y me figuré que sería bueno consultarte sí estaba bien.

Orlando: Pero, ¿decime qué tengo que ver yo ya con eso? ¿Está ella?

Allen: Esperá, no me pongas en esa situación, si ella está o se fue es tema de ella, ¿no?

Orlando: Bárbaro. Entonces, ¿para qué me llamaste?

Allen: Sólo una consulta. Dejo el paquete. Es que vos sabés, vos sos mi buen amigo, ella también es amiga. La otra vez me contó que anda medio ciclotímica, que cree que es ansiedad. Pero bueno, no importa. El tema acá es cómo estás vos con esto. Total, es sólo un regalo.

Orlando parecía menospreciar la atención que yo estaba teniendo para él. Luego Esthershack justamente me preguntó lo mismo: ¿Para qué lo llamaste a Orlando? Ya fue, además seguro Ludi ya está con otro. Acto seguido, me reprochó que se había tenido que tomar una Stella él solo mientras me esperaba.

Orlando: Todo bien. No voy a negar que alguna vez me llamó la atención la buena relación que tienen. Pero entiendo, además sé que no andás con ella porque estás con Day.

Puf, me senté en la vereda. ¿Para qué trajo a Day a la conversación? Miré al cielo. Todo nublado, seguro se iba a largar. Por suerte el dueño del garage no había aparecido.

Allen: Claro. El otro día Day me dijo que tengo demasiadas amigas. ¿Pensás lo mismo? ¿Demasiadas amistades femeninas tengo?

Orlando: Sep. De hecho, cuando no estabas en pareja llamaba la atención. ¿Cómo mierda no andabas con Paula, eso jamás lo comprenderé?

Allen: Paraaaa... Bueno no nos desviemos del asunto, que me espera Esthershack.

(En La Farola de Olivos Esthershack es un personaje conocido, pero en al de Urquiza no. Me imagino que se molestó por estar esperando solo de visitante... aunque considero que no es tab grave, además, llegué tarde por una buena causa y por tomar todos los recaudos al respecto, ¿no?)

Orlando: Bueno, mirá. No me muero porque continues tu amistad con ella. La última vez me re puteó, no quedó todo liso. Yo qué sé.

Estaban empezando a caer unas gotas. Era el signo irrefutable de que tenía que apresurar la gestión.

Allen: Entonces, todo ok. Yo sé cómo son estas cosas. Acordate de cómo cerré los canales de comunicación yo con Guille o July. En realidad, fue eso lo que me llevó a consultarte. Porque por ejemplo, Esthershack tenía buena relación con July. Jamás me consultó, aunque le hubiera dicho que estaba todo ok, viste. Después dejaron de verse, y me quedó la duda de si dejaron de ser amigos por algo relacionado a mí.

Orlando: Jana, pará de hacerte problema por pelotudeces. Dejame de hinchar las bolas, dejá el regalo y andate con Esthershack. Después nos vemos en Video Bar.

Allen: No, que Video Bar está lejos.

Orlando: Para vos.

Allen: Creo que vamos a Serrano, tengo ganas de ir a Sullivans o quizás a Van Konning.

Orlando: ¿No se supone que tenés que ahorrar? Ya estás casi afuera...

Es cierto. Planeo jactarme ante Day sobre la fuerza de voluntad que tengo. Dejé mi conversación con Orlando, ya que también lo estaba retrasando a él, que en definitiva luego se juntaba con nosotros. Dejé el paquete en el buzón sin problemas -no lo podía creer- y llegué al auto medio mojado, pues las gotas ya comenzaban a duchar Buenos Aires. Menos mal, los últimos días el calor había sido intenso, tanto que me costaba pensar lúcidamente.

Comunicación

miércoles, 25 de febrero de 2009

Nos encontramos ante un escenario, cuya única iluminación es un reflector que dibuja una especie de círculo deforme y blanco. Entonces, vestido con camisa y pantalones negros, entra Jim Bentham. Se para justo bajo la luz del reflector, erguido, y con sus manos cruzadas tras la espalda, comienza:

Jim: La comunicación, a esta altura del partido, debe ser entendida como la forma de realización del hombre. ¿Qué es la felicidad, sino una forma de comunicación? ¿Qué es el amor, sino esa especie de fluido a veces tóxico otras veces alucinógeno, que fluye entre nosotros y un otro? Nadie es solo, ni siquiera el ermitaño.

Se enciende una luz en ese momento, dibujando una pequeña escena alterna ubicada atrás y a la derecha de Bentham. En ella participan Debord sentado en una silla y su novia Rose Luzemburg, de pie, junto a él. Ninguno de los dos puede ver a Bentham, pero este, se voltea para observar lo que dirán.

Guy: No es que quiera irme de vos, pero sí quiero alejarme de la ciudad. Estaremos más lejos, sí, pero me ayudará a mi a desintoxicarme de este cruel suelo del Abasto.

Rose: Lo sé, sé que sufrís la monotonía de cada calle, de cada cuadra, de cada parada de colectivo corroida por los años. Pero... ¿Qué querés? Yo no me quiero ir. Y estamos tan cerca ahora. ¿Pensaste en un futuro juntos? ¿Cuál será? ¿Tu campo y mi ciudad?

Guy: No creo sea este momento de hacernos cargo de esa decisión, que ni siquiera hemos esbozado en nuestras mentes.

Rose: ¿Ni siquiera hemos esbozado? No hables en plura.

Jim -dirigiéndose al frente-: Incluso la no comunicación es comunicación. Al no decir, decimos, el que calla otorga y el que huye jamás escapa del todo...

Rose: Ya el otro día te dije de salir, de vernos... Y me dijiste que tenías que leer... Y jamás notaste ni mi corte de pelo de de la semana pasada, así como tampoco recordaste que cumplimos once meses juntos.

Guy: ¿Es ese el problema? ¿Pensás que nos estamos alejando? Por favor, no...

Jim: Es increible la lógica de lo inevitable. Lo que no se ha dicho termina desparramado, de una forma u otra, sobre el juego.

Rose se va. Queda Debord, que no ha atinado a levantarse de su silla. Mira al suelo algo ido, despide un suspiro que cae roto contra el piso. Alza la mirada, ve a Bentham que lo observa. La luz que lo iluminaba se esfuma.

Es a la izquierda de Bentham que un nuevo y gran círculo da lugar a la interpretación de Bataille frente a Susana Sontag. Sólo dos metros tienen entre sí, pero ambos permanecen de frente, mirándose pero eludiéndose.

Casi si darse cuenta, los personajes se van aproximando. Susana, entre más se acerca a Jorge, menos lo mira. Jorge le clava la mirada, mientras continua aproximándose. Justo antes de que su mano encuentre la de ella, deja de mirar.

Jim: Y cuando hablamos de comunicación, no hablamos necesariamente de la palabra, de los vocablos, de las claves secretas. En realidad, creo, es el cuerpo el que no puede evitar comunicar. Es por eso que esto de la comunicación, de ser uno con el mundo, es una cuestión bastante central.

Susana le muestra las palmas de las manos a jorge. Él suma sus palmas. La luz se concentra en ellos dos, mientras que ella comienza a llevar a Jorge por el resto del escenario. Al pasar al lado de Bentham, Jorge le dirige una mirada...

Jim: Bueno. Lo disfruta. Claro, los indeterminados de la comunicación son ese punto preciso en el cual nos realizamos en ella. Porque en nuestras imprecisiones somos nosotros mismos de forma más libre. Lo explícito es sólo una forma -no por ello menos rica- que intenta presentarse como la más común. En realidad, si vamos a los tantos, el cuerpo, sin valerse de la palabra, habla mucho más.

Jorge acompaña los suaves pero rápidos movimientos de Susana. Se sientan, se dejan caer. Ella juega a la muerta, Jorge intenta levantarla. Es cuando lo logra que ella lo toma de la mano y lleva a Jorge fuera del escenario. Con ellos, la luz que los perseguía.

Jim: Digamos... nada puede ser en sí mismo. Entonces, ser es comunicar. Cuerpo, palabra, expresión. En realidad, son todo lo mismo, diferentes formas de algo inevitable.

Un circulo, al lado de Bentham, ilumina a Deleuze. Su mirada es de angustia, es evidente que quiere llorar y no se anima.

Gilles: Se fue. En realidad, siempre supe que se iría. Es por eso que andaba con la otra. No de malo, sino de... descreido. Lo que pasa es que tantas veces uno termina solo. Vos me vas a decir que eso no justifica nada, que al amor hay que corresponderlo. Andá vos, con tu mundo perfecto.

Jim: Somos expresión de nosotros mismos. No importa cuánto intentemos engañarnos, la realidad de lo que somos siempre llega. Tarde o temprano. Lo mejor es intentar conocerse antes de tener sesenta, porque entonces la mentira parece haber sido demasiado larga, casi tanto como una vida.

Gilles: Lo trágico. No la dejaba porque no me quería sentir solo. Lo estúpido. Era justamente porque estaba con demasiada gente que ella ahora no está. No sabés lo que tenés hasta que lo perdés, como dijo alguien...

Bentham miró de reojo a Deleuze. La cita de Jana era más que inoportuna...

Gilles: Es que sentía todo como un retroceso. Eso me dijo ella, pero no podía más. Se tuvo que volver a la casa de los padres. Una cagada. ¿Cómo me siento yo? Imagínense. Les juro que traté, pero no soy tan buen tipo...

Bentham se aproximó a Deleuze, lo abrazó. Mientras lo acompañaba afuera del escenario...

Jim: Lo inevitable... Es preferible pasarla mal ahora que terminar en un completo desastre después. No hay que preocuparse, pues todo puede parecer negro ahora, pero no es más que la vida entera lo que nos queda por delante...