- Cuando digo que voy a dejar el alcohol eso tiene tanta validez como cuando digo que voy a dejar de leer a Foucault. Es sólo cuestión de que te propongas algo para que repentinamente el mundo atente contra vos. Es un hecho, ni se te ocurra dudarlo.
Allen vagaba por Las Heras, por el parque maldito de Las Heras, El Cemic y todas las imitaciones que la noche porteña pueda ofrecer. Se encontraba un tanto perdido. Esthershack lo había llamado para salir. "No tengo ganas de salir", había respondido Allen. Acto seguido tomó las llaves, cruzó la puerta hacia el pasillo y salió a caminar.
- Y la noche está linda. El día estuvo lindo, aunque para nosotros no existen los días soleados.
Allen hablaba con un gato negro que casualmente encontrábase vagabudeando por el parque. Los autos pasaban por la avenida, los transeuntes concurrían a sus dispensers con botellas en la mano y alguna que otra idea sobre lo que es esto de vivir. "So there´s the sober, the drunkies, the druguies and... somwhere else", dijo Allen.
- Mirá, es evidente que nadie sabe a dónde va esto. Quizás vos tengas alguna idea, pero, claramente no vas a compartirla. Ojo, todo bien, sé que no es porque seas canuto, sino porque quién mierda te haría caso. Por favor, decime, somos todos tan tontos para no hacerte caso...
El gato no contestó. Se quedaba al lado de Allen. Ronrroneaba un poco, jugaba. Sería cachorro, seguro. Cuando pasaron un par de quiceañeras riéndose por la vereda de enfrente Allen limitó sus comentarios. Era evidente que él por sobre todos los seres, estaba equivocado.
- Para vos es fácil. No pensás, sólo sentís. Galllagher es un poco así, va más con lo que las cosas son antes que con lo que podamos pensar de ellas. Entonces cuando él se da cuenta de mis pifies me maulla las cosas. El 98% de las veces no le doy bola, pero no porque no aprecie el esfuerzo, sino porque soy un deportista de la nada.
En ese momento Orlando telefoneaba al celular de Jana. El mismo sonaba y sonaba en la mesa del living. Si Allen hubiera reparado en el eolvido lo hubiera disfrutado: "Ah, qué lindo es estar desconectado". Pero no, como se olvidó resulta que no lo disfrutó a conciencia.
- Y decime, ¿vos siempre te encontrás con gente borracha acá, no? Me imagino. La juventud de hoy está perdida, sólo se preguntan por cosas como la internet y no saben quién fue John Lennon, y casi no se les ocurren ideas sobre cómo ser un poco menos coherentes.
- Ahora, vos que sos un pibe de calle, un gato hecho y derecho. ¿Tenés idea de qué quise decir con el "somewhere else"? Lo anoté, pero me olvidé de qué quise decir. Tengo los tres términos: sobrios, ebrios, druguies... ¿El cuarto?
El gato contestó sobándose al brazo de Allen. En ese momento unos pibes pasaron por la vereda, cantando canciones de reggaetón. El gato los miraba, no lograba entender por qué tanto desaforismo.
- Sí. Des aforismo. Digo, porque eso como un aforismo pero con des. El aforismo supone un acuerdo universal, gato. Todos pensamos que eso es así, es un sentido común. Generalmente una frase un tanto vacía. Al que madruga dios lo ayuda, ponele. Pero vamos a Flaubert: El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente. En fin, pueden ser muchas.
- Pero el desaforismo, como buen contrario, está en la otra vereda. Digamos, no es un acuerdo universal entre los hombres y no hace uso del sentido común. Y allí, mi estimado recién conocido señor gato, tiene uno andante. Es evidente que los muchachos estaban mal situados, pues pasaron de este lado de avenida Las Heras y CLARAMENTE la vereda de los desaforismos es la siguiente, de paso, pasaban por al lado del Mc Donalds y se compraban una hamburguesa.
Aproximadamente cinco minutos después de esa charla con el gato, apareció Oliver caminando en la otra vereda. Allen lo llamó con un "Hey" que Oliver no pudo eludir, y fue como si una fuerza lo hubiera magnetizado para que cruce la avenida.
- Janeiro, ¿qué hacés?
- Nada, charlo con el gato.
- Está linda la noche, ¿y no salís?
- Salí. Efectivamente me encontrás salido, afuera, esta no es mi casa. Más allá de todo, si lo decís por "salir con alguien", me harté. Digo, es evidente que esto no va a niguna parte. No pasa nada.
- Esthershack me dijo que iban a una fiesta en Belgrano. Yo ahora me escabullo para lo de un amigo, pero después en una de esas me uno.
- Genial. Mandales postales. Yo la verdad es que no, hoy no. Un sábado a la noche necesito dormir bien, además a esos les van a escupir la teoría en la cara, hoy no pasa nada.
- ¿Cómo que no pasa nada?
- Me lo dijo el gato. Hoy es la nulidad. Deberías quedarte acá, quizás convencemos al delivery de que nos traigan unas cervezas. Hace un rato pasaron unas pibitas de quince, luego unos pibitos de venite. Nosotros ya tenemos como treinta, nos tenemos que dejar de hacer esas cosas.
Oliver miró al gato como pidiéndole una justificación de todo esto. El gato lo miraba sin ronrronear, quizás la petición le pareciera un tanto inoportuna.
- En verdad, pensaba pasarmela solo, ignorar todo lo que pasara esta noche. Justo apareciste vos caminando por la otra vereda y bueno...
- Podrías no haberme llamado, hubiera seguido caminando.
- No, si ya estaba. Ya me habías reventado la soledad, además, estabas desubicado en esa vereda, debía corregir eso de los desaforismos. Algo parecido hizo el boludo de Bentham. Estuvo desarrollando unas cosas de VC para Facebook y me hinchaba con que las pruebe. Lo mismo con ElectricSkies. Le dije que se fuera bien a la mierda. Me fui.
Probablemente Oliver hubiera respondido lo que Deleuze: "perderá su dedicación en poco tiempo, no te preocupes". Bentham hubiera contestado "Lo sé, pero al menos me ayuda a pasar el rato". El gato no hubiera contestado nada. Oliver no contestaba nada. Allen prosiguió:
- En verdad, nada ocurre nunca. Tengo esa sensación de que nunca pasa nada.
Oliver dijo algo de los martes. Claro, porque solían juntarse los martes en El Imaginario, Los Caminantes, El Mojón. "Escupiendo teoría". Deleuze se hubiera quejado: "Lo que pasa es que a vos todo te ocurre por accidente". "¿Y cómo se supone que tienen que ocurrir las cosas?". "Bueno, tiene que ponerse en juego". El gato no hubiera contestado.
Allen saludaba a Oliver, que retomaba su breve viaje.
- Te llamo en un rato, en una de esas te querés venir.
- Claro.
de haber recordado que no tenía el celular, le hubiera contestado lo mismo. Se quedó con el gato negro hasta aproximadamente las 2 a.m., cuando el gato perdió interés en la conversación y se fue persiguiéndo a otra sombra sobre el pasto, que probablemente fuera otro gato.
La nulidad
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El espacio
I
"El espacio no es el medio contextual (real o lógico) dentro del cual las cosas están dispuestas, sino el medio gracias al cual es posible la disposición de las cosas. Eso es, en lugar de imaginarlo como una especie de éter en el que estarían inmersas todas las cosas, o concebirlo abstractamente como un carácter que les sería común, debemos pensarlo como el poder universal de sus conexiones" (M. Merleau-Ponty. Fenomenología de la Percepción, EN, p. 277).
II
Inserta en el espacio me sentía justo cuando vos me tacleaste. Verás, hay cierto momento en el que las cosas dejan de ocurrir y entonces me enojo. Y justo cuando nada iba a pasar pasaste vos. Pensé que... dudé totalmente del poder universal de nuestra conexión. ¿Hace cuánto que no nos veíamos las caras? Meses. Te iba a preguntar por...
- Bueno -dijo Allen-, sólo te diré que está bien. Con bastante trabajo, pero bien. Ni tiene tiempo de molestar.
¿Te acordás de esa vez que discutimos sobre nosotros? Ahora bailamos, ahora retornamos a nosotros. Pero... ¿Qué hubiera sido de nosotros si vos me dabas un beso cuando querías darmelo? Ahh ah.
Creo que por un momento pensé que ibas a tirarme los perros, Allen. Y la verdad, no me hubiera gustado retirarme de vos, me hubiera dolido. Es que verás, con un par de salidas así nomás, a poco de conocernos, una se siente yendo hacia ese lugar. Y quizás la época, o quizás que nosotros nos llevamos bien y simplemente debe quedar así.
¿Me hubieras odiado si te hubiera dicho que no? Puf, justo hoy. Te detesto un poco cuando me hacés preguntarme estas cosas que no tienen sentido. Pero el reencuentro es lindo, veo que aprendiste un par de pasos de baile. No te pienso preguntar con quién, son curiosidades que me guardo. A veces pensé en nosotros, y como vos una vez dijiste, nos hubieramos terminado peleando mal. Ninguno de los dos sabe responder bien por qué, pero nos hubieramos separado escandalosamente. ¿Miedos por las debacles anteriores? - ahora damos la vueltita- ¿Para que chocar de forma tan segura? - te has vuelto medio competente - A veces me pregundo de dónde sacamos este tipo de conclusiones, de que no somos el uno para el otro y que amigos es lo mejor.
Te extrañé. Vos me extrañaste. Sí, ya sé que te debo una charla. ¿Domingo? Ok ok, el domingo no. Sugeriría volver a los martes de gloria en los que todo el mundo suponía que nos acostabamos, pero que sólo escuchabamos Pink Floyd y los Beatles, cerveza y psicodelia.
- Martes suena bien, pero el próximo -contestó Allen.
III
Algo así como la bibliografía de la época:
- Justo cuando pensé que tenía que alejarme de Foucault, recibo tres libros en seguidilla. So, nada de vacaciones teóricas che.
- No es casual que todas estas recientes impresiones tengan se me presenten con cierto aire Rayuelesco (sobre todo pensando en el magnifico y crucial capítulo 28). Entonces Jimmy es a Allen lo que Morelli es a Oliveira, ¿?
- Se supone que adeudo lecturas de Palahniuk.
( - Y sólo a modo de decoración sonora: She reaches out to grab his hand / But he must be the world´s most tired man...)
IV
Desde otro ángulo:
"Y el medio aparece por último como un campo de intervención donde, en vez de afectar a los individuos como un conjunto de sujetos de derecho capaces de acciones voluntarias -así sucedía con la soberanía-, en vez de afectarlos como una multiplicidad de organismos, de cuerpos susceptibles de prestaciones, y de prestaciones exigidas como en la disciplina, se tratará de afectar, precisamente, una población. Me refiero a una multiplicidad de individuos que están y sólo existen profundam esencial, biológicamente ligados a una materialidad dentro de la cual existen" (M. Foucault. Seguridad, Territorio, Población, FCE, pp. 41-42).
IV
- ¿Me decís que jamás le tuviste ganas? - Arremetía Paliers, no sin cierto desagrado.
- Ponele. Al principio salimos juntos. Ibamos a un bar que se llamaba Katmandú y queda en Sarmiento y... casi Medrano. Lindo lugar, tienen Warsteiner.
- No entiendo cómo jamás me contaste de esto. Digo, terminó siendo mi novia y resulta que yo jamás supe que estuvo con vos.
Allen levantó levemente la mirada. ¿Por qué se tenía que poner a explicar ahora esto, que encima no era nada? Contestó con un bufido mientras terminaba de cortar el queso. El salamín había sido acomodado por Paliers de una forma incorrecta: en una esquina. Es sabido que debe ir en el centro.
- No entiendo por qué te hacés mambos - dijo Allen-. No pasó nada entre Paula y yo. Salimos, pero como pueden salir dos amigos. Sino de esa forma tendrías que pensar que cada vez que me juntaba con ella hacíamos el amor, y te aseguro que no.
- Sólo opino que deberías habérmelo dicho - contestó Paliers mientras acomodaba el jamón en la tabla-. ¿Te parece bien ella en la cama?
Allen levantó la vista. El proceso de cortado de queso quedó momentaneamente detenido. Y no se comprendía qué parte de la conversación iba mal.
- Estás siendo un tanto pelotudo.
- Estás siendo otro tanto mal amigo.
- Por eso no te preocupes, vos viste que a mi me gusta hacer quilombo y no tuve mejor idea que convencer a Paula de que nos veamos furtivamente. Aunque por así decirlo no me costó tanto, porque a mi me conoció antes que a vos -desafió desafortunadamente Allen.
Repentinamente Paliers estaba al lado de Allen, furioso. Allen sonrió, clavó el cuchillo en la tabla. No sabía si Paliers caería en una interpretación satírica de su sonrisa o pensaría que al fin le revelaba el amorío.
Paliers golpeó en el hombro a Allen.
- Sos un pelotudo - dijo Paliers-. ¿Cómo me decís eso? Si no querías preocuparme, simplemente me hubieras contado. Cuando comenzaba a salir con ella hubiera sido un buen momento, no me hubiera importado, lo hubiera tomado como lo que era. Ahora yo qué sé, me cayó como balde de agua fría.
- No te lo conté para no condicionar la relación. A ver si arrancabas con esto. Digamos que estratégicamente decidí que uno de los elementos que tenía que ser obligadamente inofensivo en el panorama era yo. La regulación de la vida amorosa por un elemento excluido de esa relación amorosa. Fue como una diagramación del espacio, y tengo que decir que cuando los vi besándose la primera vez me pensé como un gran artífice. Ahora heceme el favor y ubicá el salamín en el centro de la tabla.
Paliers obedeció, encerrado en sus propios razonamientos. Al fin y al cabo, era cierto: Paliers y Paula habían sido presentador por el mismo Allen. Allen retomó el cortado de queso. Él era un auténtico fundamentalista del pategrás, queso que debe asistir a todas las picadas.
- Destapá una cerveza, dale que ya esta humedad no se soporta -dijo Allen, a quien le reventaba tener este tipo de problemas por nada.
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Convergencia, y lo que venga después
I
Ah, pero no importa que trates de que la realidad no se agriete. ¿Vos te pensás que por que te manejes así con tus cautelas, nadie puede ponerte en situaciones complicadas? Por favor, a esta altura del partido esa serie de utilerías nos es prescindible...
- La realidad -decía Bob-, es irrefutable. Digamos. Vos ves este chop y yo también lo veo. Y vos escuchás mis palabras porque yo hablo y te miro y vos me percibís.
- Básicamente vamos con algo así -contesté-: claro, nos vemos. Pero dar eso por supuesto me parece una paparuchada, doctor. Porque vos me ves y yo te veo, pero no llevamos la misma mochila de supuestos, porque vos ves un chop y yo veo mi chop, porque está un tanto lleno de cerveza no tan caliente ni tan fría. Por otro lado, creo que si basamos la realidad en chops desvirtuamos la cosa.
- Bueno bueno. Pero la realidad es irrefutable, yo sólo presenté un ejemplo simple.
- ¿La realidad es la sumatoria de experiencias dispares, distintas y que de alguna forma se niegan y confirman las unas a las otras?
- Claro, supongamos que por ejemplo, Day es para mí familia y para vos tu ex. Un mismo referente para dos mundos ciertamente en pura distancia incapaz de evadir la elocuencia.
- Por ese lado quería ir. ¡Los chops no son más que parte del cuadro! De nada nos sirve decir que existen. Nos sirve más ver qué ocurre con ellos, si estamos sentados en la terraza de un bar en plaza Serrano con un amigo, en La Rosadita con una dama o arrojados en cualqiuer otra circunstancia, por ejemplo en Barrancas de Belgrano.
II
La realidad parece un tanto áspera cuando el 60 te hace luces a dos metros del auto. La avenida putea, el bondi putea, yo puteo. Todos puteamos, vosotros puteaís, ellos putean, ella puteará. El auto se encuentra detenido medio cruzado en Juramento, casí en la vía, claramente mal ubicado. El 60 frenó, porque venía lento, iba a doblar para tomar juramento.
Cinco minutos antes yo manejaba por juramento, dirigiéndome a Libertador. Llevaba a Verónica, pues ella vive en Libertador y Olazabal (creo, ya saben, no soy bueno ubicándome). Ella estaba un tanto alegre, yo otro tanto cansado. La sinceridad era que no tenía ganas de alcanzarla hasta la casa, que me quedaba lejos y ahora tenía que volver.
Verónica es así: entre el silencio decide vomitar frases del estilo "¿Y por qué me odiás?". Me da sueño cuando la escucho decir esas cosas ya.
- Siempre me tratás mal - me dijo Veronique casi llegando a las lomas, donde comienza el verde y están esos edificios en los que uno se pregunta quién mierda vive ahí y cuándo heredó ese balcón.
- No te odio -respondí sin ganas-. De hecho vos me tratás mal a mí, yo siempre te resuelvo todo en la oficina.
Risueña y un tanto alcoholizada sonrió. Se arrimó a mi y me abrazó con toda torpeza, casi arrojándose contra mi. Ese movimiento me hizo perder un poco el control del auto de tal forma que quedamos en la mano contraria. Mi breve experiencia con vehículos fuera de control me dice que: no me gustan.
III
- Etapas -le explicaba a Bob-. De eso se trata ¿no? El ser humano es un animal de ritos: navidad, cumpleaños, día del niño, divorcios y bart mitzvas. En este caso, uno que se iba del trabajo, entonces, juntados en El Carnal. Pero ante eventos no menos relevantes, las señales son más sutiles.
- Ajá... - Asintió Bob, mientras extendía el brazo llamando a la moza. Era otra Quilmes Bock.
- ¿Cuántas miradas pueden ocurrir entre dos personas hasta que crucen la primera palabra? Yo diría que uno habla de antes de mover los labios, porque tanta actitud destilada no ocurre de forma gratuita. Sinceramente no tenía demasiadas ganas de hablar con Verónica, pero yo qué sé.
Bob quizás descreyera un tanto de las cuestiones. Es decir, que no tenía ganas de estar con Verónica y que a pesar de eso terminé teniendo una larga charla con ella y hasta la llevé a la casa.
- Simple: estaba medio tomada. Nadie más con auto a la 1am. No la iba a dejar volverse sola.
IV
Había logrado frenar. Creo que el momento en el que la realidad de Verónica y mi realidad coincidieron fue cuando ella miraba con los ojos bien abiertos el 60 parado frente a nosotros. Todo converge en algún punto, ¿no? Probablemente la realidad del señor bondi driver fuera otra, pues se asomó para decir "qué hacés pelotudo" y algunas otras cosas más.
Mi reflejo fue mirar hacia atrás. Claro que había autos atrás, sino hubieramos chocado. Entonces fue aproximadamente en ese instante en que Verónica comenzó a decir varias veces en continuo "perdón perdón perdón". Mientras el bondi driver me miraba con cara enfurecida decidí que la mejor opción era acomodar el coche para cruzar a discresión la barrera y huir hacia Libertador.
- Perdón, perdón, no me di cuenta.
- No te hagás problema, menos mal que el colectivo no iba rápido - contesté forzado a mirarla. Pues no podría no mirarla, porque entonces se va a pensar que la odio y... - ¿Estás bien?
- Sí si, solo me quedé nerviosa.
V
- Ok, esa es la parte crucial - satirizaba Bob-. ¿Qué hará nuestro antihéroe? ¿Reconfortará a la dama? Es difícil, porque vos querés dejarla en su casa e irte, pero sabés que está mal dejarla así nomás, entonces tenés una especie de cruzada dentro tuyo que sabés que va a ganar el caballero. Bah, te conozco, va a ganar el caballero.
- Sí, la dejé en la casa. Le hablé, le dije que no se preocupe, que bueno, que no se dio cuenta. Pero que tenga cuidado, que...
- ¿Y?
- Sólo eso, hablamos un poco más en la puerta de su casa. Seguía diciendo perdón perdón perdón. Me imagino que le habría agarrado vergüenza o no sé cuál es el sentimiento correspondiente. A esa altura nuestras realidades no coincidían más. Luego simplemente entró.
- Linda forma de terminar la semana - rió bob-. Por ejemplo, si siguieras de novio con Daytona y a sabiendas de que Vero al menos tiene algún filito con vos, ¿la hubieras llevado a la casa? Un hecho al que se le suman tres realidades dispares, por no mencionar la mía de mero testigo hipotético.
Dije que sí, que la hubiera llevado lo mismo, pues no tenía importancia. Por otro lado sostuve la hipótesis de que mi estado civil era condición sinequenon de que Verónica hiciera o no ese movimiento en el auto.
- ¿Te parece? Allen, sabés perfectamente que en ocasiones dejamos nuestra coherencia y alguna vez te habrás dado cuenta que estabas haciendo algo que dijiste que no ibas a hacer.
- Claro, definitivamente. Pensamos que tenemos la teoría, y muchas veces vivimos la teoría. Pero jamás podemos totalizar.
Nuevamente Bob se estaba adelantando a mis desarrollos. ¿Si dijera que todo lo que sigue yo lo había pensado en diferido cinco segundos antes? Pero el guacho ya se me había adelantado:
- Lo cual implica que Verónica hubiera sido consecuente en cualquiera de los dos mundos recién bosquejados. Y también, lo cual nos llevaría por ejemplo a poder dar crédito al teorema de Rocío "Yo no suelo hacer estas cosas". Porque perfectamente ella puede adherir a esa teoría pero, al menos en los sucesos conocidos, haber caído en la falla que la derrota.
Puse cara de culo, no sólo por Rocío sino por otras tantas cosas que Bob acababa de tirar por la borda. Puta, me hubiera gustado llevarme el crédito por eso.
Publicado por T. en 18:31 0 comentarios
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Mensaje de soporte técnico:
Tenía hosteadas las imagenes del header anterior en un host gratis que un día optó por removerlas.
Sería un trabajo fácil volver a subirlas a algún otro lado si tuviera rastros de la imaginería anterior. Pero evidentemente ni siquiera los elementos para reformar el psd. Ergo, a rehacer.
Puede apreciarse que se reemplazaron las imagenes del header. También puede apreciarse que no quedaron "pipí cucú", como diría don Carlos. Todo por un maldito div que llama a un estilo que no sé de dónde saca el valor "margin-top: 50px". Pero bueno, el leitmotiv sigue. No porque sea recontra copado sino porque ya es como una especie de branding y no se me ocurre nada mejor.
En fin. No quedó joya, pero bueno... al menos hay algo.
Sepa disculpar las molestias. Estamos trabajando para atenderlo menos peor.
Publicado por T. en 22:11 0 comentarios
Etiquetas: estupidos
Nenas nuevas
- Es que no sé qué decirte - había dicho Allen.
- ¿Cómo que no sabés? Vamos, ya hablamos de todo vos y yo -había sido la respuesta.
Allen Jana tenía que ir a visitar a Valeria luego de su operación de pechos. Mientras manejaba hasta la casa de la susodicha se preguntaba cosas como:
- No puedo no hacerle un comentario, decirle nada. Ella me contó que se iba a operar. Además, aunque no supiera, saltará a la vista que ahora tiene más. Entonces le digo que le quedan bien. Ah, mirá, te quedan bien eh. Mmm no. Quizás si voy a algo más jocoso, algo como "¿cuando salimos a estrenarlas?" Pero qué hijo de puta. Afirmación tremendamente pelotuda, yo no quiero estrenar nada.
Al abrir la puerta Valeria estaba toda sonriente. Allen se la esperaba en musculosa, pero no, llevaba una remera púrpura. Seguro aún tendría moretones y marcas de la operación. Él recordó cuando su abuela se había hecho el lifting, cómo había tenido la cara durante los primeros días, hinchada, esa mancha que le iba bajando desde el cuello por el resto del cuerpo.
¿Tendría Valeria una mancha grande que le iría bajando? Quizás anduviera cerca del ombligo.
- Bueno, ¿Y? - increpó Valeria.
- Están bien. Digamos, me parece bien que no te hayas puesto demasiado -contestó Allen sin querer mirar tanto.
- La verdad, pensé que iba a ser más asunto esto. Pero me siento bien.
Allen pasó al living, donde se sentó automáticamente en el sillón. La imagen de cualquier operación le indigestaba.
- Te traigo cerveza.
- No gracias. Estoy en semana de desintoxicación. Agua está bien. Hace calorcito.
Valeria no toma cerveza. ¿Compró especialmente para Allen? Fue una pregunta tan efímera que le duró dos segundos en la cabeza. Por otro lado se preguntaba cuán delicada era la situación. ¿Cuanto tiempo hasta que las nenas estén "completamente funcionales"?
- ¿Una Stella no?
- Agua. ¿Ya volvés a la oficina?
Valeria se sentó. Era imposible que Allen no las viera. La fisonomía de Valeria había cambiado.
- Bueno, no me mires así. Ya sé que no estabas de acuerdo con que me opere. Pero ya está, soy así.
Soy así. Valeria ahora era así: con tetas. Allen pensaba en las variables actitudinales que cambiarían en ella. ¿Más confianza? Seguro. ¿Se sentía más linda, o se sentía más atrevida?
- Está bien. Tenés que hacer lo que vos quieras, no lo que yo piense que tenés que hacer.
- Mirá, nos hubieramos puesto de novios me hubiera operado igual. Es más, sería normal que ya las hubieras tocado y todo.
Valeria y Allen tenían esa relación de cachetazo sorpresa: de repente alguno de los dos le largaba al otro alguna frase/acción de guerrilla, sorpresa, que dejaba al otro descolocado.
Efectivamente, quizás la única curiosidad que sentía Allen era ciertamente científica, cuasi empirica: ¿Cómo serían al tacto? Él se imaginaba una suerte de bola rígida. Era difícil de estipular, pues no tenía certezas sobre eso. Las siliconas no eran su especialidad.
Definitivamente un par de gomas otorgan a una mujer confianza. No es que a Valeria le faltara: se trataba de una chica atractiva y muy simpática. Aunque quizás un tanto apabullante...
II
Sobre esto último dijo Oliver en otro momento pretérito:
- Valeria y vos no funcionaron por eso. Digamos que vos no estabas lo más agarrado de la tierra que digamos, y ella... se hacía preguntas. Aunque yo que vos le hubiera dado matraca.
- Claro. Todos le hubieran dado matraca.
- Miguel le dio matraca.
- Me importa tres carajos Miguel -se detuvo Jana-. Jamás pensé que yo fuera el que dijera "bajá un cambio" en una relación. Con ella estamos muy bien sincronizados, a condición de que no suceda nada entre nosotros.
- Bueno, pero digo que justo cuando se pusieron a salir vos estabas óptimo, relajado. Y ella te cortó el mambo. Sabés que es así, que hubieran durado más si ella no te ametrallara a preguntas cada vez que salían. El problema es que están sincronizados y esa sincronía genera las condiciones para pasar a... y entonces todo se dessincroniza... y...
III
Vuelta al estreno de lolas en el living de Val:
- Bueno, te veo contenta. Eso es bueno.
Allen siempre se siente tremendo pelotudo cuando le dice a alguien "eso es bueno".
- Y, es que... Me siento diferente. No es que quiera salir en topless a la calle, pero si decís: "ah mirá como se destacan con esta remerita".
Allen arrojó un:
- Si no se destacaran te operaste al pedo. Decime si te vas a agregar tetas para que no se note. Era lo que venía pensando, ese "qué le digo" -ya le dijiste, Jana-. Te quedan bien, a ver dejame testear, mirá no sé. Es que como no te vi en bikini no sé cuánto era el antes y cuánto el ahora. Digamos que está todo muy librado a la imaginación.
- La imaginación. Ahí nos quedamos, ¿ok?
Eso. Sincronicemos porfa.
Publicado por T. en 21:27 0 comentarios
Etiquetas: val