Bye

viernes, 25 de enero de 2013

I
Jimmy retornó a Marsella exactamente al otro día, en el vuelo de RyanAir LRA0045, Barajas-Provenza. No retornó a If ni a St. Nicholas, pero se hospedó en un pequeño hotel en el Vieux-Port.

Dedicó los días subsiguientes a pasearse por bares y recorrer el resto de esa ciudad enorme valiéndose del metro.

Una noche salió bastante borracho de uno de los bares que hay cerca de la Prefecture, y por alguna razón terminó caminando para el lado del Arco del Triunfo en las lowlands. En la rotonda casi lo atropellan unas dos veces, pero él insistía en buscar una casa de música llamada "LeRoy". Probablemente la información que tuvo era vieja, pues sólo encontró los bares y casas de comidas del barrio bajo.

Vale aclarar que eran las tres de la mañana. En caso de dar con dicho local, estaría cerrado.

Estuvo vagando un poco por la calle lindera a La Fayette, cuando se topó con dos tipos que le quisieron robar. No perdió ninguna de sus pertenencias que le pedían: ni billetera, ni celular, ni reloj. Fiel al temperamento de Jimmy en estado semi-ebrio, logró meterle un cross a la mandíbula a uno. El otro sacó un cuchillo. Eran unos ladrones de segunda.

El cuchillo le rozó el brazo a Jimmy, que consiguió patear al tipo justo donde no le da el sol. Ambos estúpidos se fueron corriendo como pudieron. Jimmy los insultó. Estaba demasiado cansado ya como para correrlos, la oscuridad era ridículamente negra.

Continuó su caminata para retornar al hotel. Su humor era tétrico.

Al llegar al Vieux-Port nuevamente, algunos autos tuvieron que esquivarlo. Algunos botes del puerto se preparaban para salir a por la pesca del día. Aún el sol no aparecía, era de noche. Entonces Jimmy escuchó que uno de los marineros que le gritaba, que le decía algo. Le hizo señas de que se dejara de molestarlo. El tipo se le acercó y le insistía, le hizo señas a sus compañeros de que vinieran.

- Monsieur, êtes-vous d'accord?

El hombre lo iluminó con una linterna. Jimmy se miró el estómago y descubrió una gran mancha de sangre. "Bueno, llegaré a mi habitación y me pondré algo de alcohol". Trataron de ayudarlo pero él insistió en que podía solo, que vivía a sólo una cuadra de ahí y que allí lo asistirían.

El conserje lo vio entrar y quedó perplejo. Le preguntó qué le había ocurrido. Jimmy le dijo que subiría a su habitación y si le podía dar un poco de hielo. El conserje le dijo que era mejor llamar a la ambulancia. Jimmy subió por el ascensor sin reparar en lo que el hombre le decía.

Quince minutos después el conserje ingresó con dos agentes de policía y un médico a la habitación de Jimmy.


II
Probablemente se pregunten - o no- qué fue de Jackie. La verdad, no sé demasiado. Sé que no se enteró de lo que le ocurrió a Jim. Todo ocurrió para ella como si finalmente él jamás la hubiera buscado de nuevo, como si de una vez por todas ambos renunciaran.

Convengamos que de alguna forma, eso fue lo que ocurrió.

Después de Madrid sé que se dirigió a Dublin. Sé también que no retornó a Buenos Aires más que para visitar a su familia en algunas ocasiones, pero por lo demás, creo que se perdió por Gaena o donde sea. Probablemente, pensando que encontraría a Jimmy ahí, evitó Holanda, Bélgica y el sur de Francia. Porque ella era tan paranoica que pensaba que por estar en el mismo país, podía llegar a encontrarlo.

O quizás fue a buscarlo sin querer. Sea como sea, lo cierto es que jamás dio con él.

It´s is mandatory to say one last thing: Jim really loved her. He realized that a little bit late. I cannot be as certain that Jackie loved him.


III
It´s true. When you die, your life flashes in front of your eyes. I think it´s a way to feel how you did all those years. It´s amazin how things that were almost forgotten come to your head.

I think it depends on how it happens: some people want to be alone, some people want to have company. I must say that I would really liked to be around her, just her. Not anyone else, not Rolland, not George, not Justine, not Gilles. I was ok with all of them, they were all in my memories.

But Jackie... me acordaba de su fleco, sus mirada temerosa pero tierna, su sonrisa. Quería preguntarle qué pensaba de mi, si se arrepentía de haberme conocido, si había sido algo medianamente bueno en su vida. Quería que me contara todo, desde sus dos años hasta el día de ayer.

In my case, I was not aware that my time was up. When I realized what was going on, I had mixed feelings: resignation, sadness, gratefulness, love, peace.

In felt as if existence was dull, pointless. But totally worthy to experience. That amount of time you have to do right, wrong, love, hate, cry, laugh. Or whatever you want.

Time is something that belongs to you. But also, time owns you too.


Viajar sin equipaje

miércoles, 23 de enero de 2013

I
Ella se levantó después de una pésima noche de sueño. Mientras él seguía durmiendo, fue a la cocina a prepararse café y unas tostadas. No se tomó la molestia de ir a peinarse frente al espejo del baño, como todas las mañanas. Sólo quería que la cafetera terminara su labor, le descontara esos cinco minutos de la mañana.

La noche anterior el le había mencionado las vacaciones, que había visto que podían hacer algo diferente, ir a Cuba o a la isla de San Andrés.

En cualquier otro momento de su vida la idea de irse tan lejos la hubiera vuelto loca de alegría. Mientras bebía su café se imaginaba a sí misma caminando por las callecitas de la isla, rodeada de autos viejos y lugareños en bicicleta. Todos vestidos más o menos igual.

Para ella Cuba era eso.

El café era ese pequeño rescate de todas las mañanas. Eso que era siempre igual pero no le molestaba. Ese pequeño pedazo es estabilidad que había logrado adorar.

Lo escuchó roncar desde la habitación. Pensó en ir a acomodarlo o a despertarlo, pero en seguida todo retornó al silencio.

"Si me quitan el café me mato", pensó. "Oh, pero qué dramática que te volviste".

II
L'observatoire:

Hace ya unos meses que Facebook ha preestablecido que las fotos de perfil sean públicas por defecto. Pensé que los usuarios habrían notado, pero pareciera que no. Prueba de esto es que sólo las fotos de perfil más recientes de muchos usuarios aparecen como públicas, pero las más viejas no.

Esto, asumo, debe devenir de que no se dan cuenta de que el álbum de fotos de perfil perdió la configuración que el usuario le presetea (supongamos lo obvio, a "amigos").

Si conjugamos esto con el newsfeed que aparece arriba del chat, en la parte derecha de la pantalla, there you go: a leak.

El comentario obvio es "¿Pero qué me importa?".

El tema es, truth to be told, que una foto esté configurada como pública deja ver comentarios y amistades. El problema no es la información que aparece ahí, sino los cruces que pueden realizarse de la misma. Pues una actualización de foto de perfil indica, por ejemplo, fecha y destino de vacaciones.


III
Con Bentham fuera de combate no sé demasiado qué hacer. Quizás Jackie pueda ayudarme a continuar:

"Honey would you pass me the wine. Just another glass and I´ll be intact."

Mi problema es escapar a los clichés.

IV
- Sé que Cuba te va a encantar, tengo un amigo ahí que incluso nos consigue coche. Igual la isla no es grande, con una semana creo que vamos a estar bien.

Ella estaba tomando sol en la reposera, los mediodías de verano eran como caer dormida de vuelta. Nada pasaba, nada tenía que pasar. Tampoco quería que nada pasara.

- Dicen que incluso allá te ofrecen plata por tu ropa, porque no saben lo que son las marcas, viste. Allá nadie se distingue con la pipa de Nike o con unas Adidas. Las identidades son otras.

- Ajam.

Ella abrió los ojos y miró a su alrededor. Se acordaba de cuando se despertaba a esa hora y algo de la noche anterior la perseguía. Se acordaba de los bares, de las salidas, de hablar con un desconocido, de la decisión de si darle o no su número telefónico.

Es cuando el tiempo pasa que uno cobra noción de que el tiempo pasa, de que las cosas no están para quedarse. Y un día te encontrás con una persona con la que ni te imaginabas que ibas a estar, definiendo un viaje a Cuba y pensando en almorzar carne a la parrilla.

- Hay un lomo en la heladera - dijo él.

V
- ¿Y qué sensación tenés al despertarte?

- Me despierto, pero tengo ganas de seguir durmiendo. De hecho, hago el esfuerzo. El problema es cuando no tengo nada que hacer, ahí son motivos los que me faltan.

Por un momento pensó si su psicólogo estaría dibujando elefantitos.

- El problema es que veo lo que tengo y no me gusta. Y no es que no tenga nada, sino que me doy cuenta de que estoy acá por seguir algo que creí que me iba a hacer bien, pero lo veo en retrospectiva y no es así.

- ¿Por ejemplo?

Elefantito, casi seguro que estaba dibujando eso.

- No sé. Como si mi imperativo hubiera sido formar una familia antes de los 35. Como si, al terminar con mi ex, hubiera automáticamente buscado un plan b, sin importar si era bueno. Y ahora me doy cuenta de que en ciertas cosas sólo puede haber un plan a.

- Es un cuadro depresivo. Mi duda es hace cuánto que sentís esto con precisión, ¿te acordás de la primera vez que te sentiste agotada, que empezaste a tener esos pensamientos de... de... estem...

- ¿Hartazgo? ¿Tedio? ¿Hastío?

El elefante tiene memoria. El elefante además prueba qué palabras usa su paciente para describirse a sí mismo. El elefante es sólo un dibujo en una hoja, figura fondo, teoría de la percepción. Ver es interpretar, pero no hay una única interpretación.

- ... en principio, me parece que necesitás hacer algo que de verdad te guste. Pensá en alguna actividad que disfrutes y a la que no le dediques tiempo. Aunque no sientas muchas ganas, comenzá a hacer esa actividad.

- ¿Pintar? ¿Escribir? Dejé ambas porque no soy buena. Lo pensé doc, pero siempre que llega el momento no tengo ganas de hacer nada.

- Puede ser algo que no hayas hecho nunca. Viajar es una buena opción, pero evidentemente no a Cuba, y quizás no con tu pareja. ¿Tenés ganas de conocer algún lado en particular?

- Me encantaría ir a Rusia, aunque es carísimo, en exceso, hablamos de lo imposible. Sino, me gustaría volver a Roma, es una ciudad hermosa.

- ¿Y es imposible? ¿Realmente?

El elefante es ese empujón que, por más que me hace dudar de su sinceridad, al menos está ahí, me cuestiona. Reafirma lo que yo digo a medias. Mi "quizás" él lo pone en tela de juicio, me lo quiere cambiar por un "definitivamente sí". Yo me asomo, él me dice desfilá por la pasarela.

VI
Llevo ya semanas buscando una cita de Foucault que dice "Las personas son más libres de lo que creen", o algo por el estilo.

scraps

martes, 22 de enero de 2013

Seré sincero:

Con Bentham muerto no sé qué hacer. Es como quedarse sin matriz de pensamiento, núcleo organizador, o lo que sea. Creo que la dinámica entre él y Jackie me resultaba relativamente fácil de llevar.

Pero también es cierto que me encontré en un callejón sin salida.

A su vez, podría ocurrir que todo siga igual. Puedo de hecho elegir otro personaje y listo. Pero las chances de que se pareciera a JB son muchísimas. De hecho, los paralelismos entre Allen y Jimmy creo que son evidentes.

Punto muerto, entonces.

Revisando mis notas, encontré esta:


Los Inexpertos

(Esto podría ser una de las primeras partes)

Recuerdo cuando Clarice me dio mi primer beso. Ella tenía un año más que yo: ocho, pues yo tenía siete. Ella llevaba esos anteojos de marco negro, con aparatos. Yo tenía ese corte de casquito que siempre le reproché a mi madre, pues me hacía cortármelo así desde los tres años. Cuando iba al peluquero ella me decía "No te rapes, Allen. No te rapes". Jamás me rapé como hasta los catorce.

Bueno, les cuento: Aquel día Clarice llevaba unos jeans medio gastados y una trenza larga que le llegaba casi hasta la cola. Yo siempre fui un desgreñado. Mis pantalones rotos por la rodilla, mi camperita que había sido de mi primo. Ella y yo eramos dos sujetos raros perdidos en ese bosque de pinos, justo al lado de las canchas de fútbol y del cole. Las ventajas de haber crecido cerca del puerto, en zona norte.

Nos habíamos escabullido un momento de los juegos del día de la familia. El equipo rojo le iba ganando al equipo azul por veinte puntos. Pero aún faltaba que yo corriera velocidad, y era el más rápido de todos. Clarice y yo nos habíamos entretenido charlando, caminando, ella comía una hamburguesa recién salida mientras yo aún no probaba bocado. Sin querer nos metimos en el bosque de pinos, al lado de las canchas de fútbol, ese lugar del cual yo escribí un cuento un año antes.

El papá de Clarice andaba por ahí, supervisando el asado para que saliera perfecto y cagando a pedos al encargado porque la madera para el fuego no era buena. Pero era genial que él estuviera entretenido en ese fuego Pensé que si el papá de Clarise nos veía me iba a meter en problemas.

Caminamos, nos perdimos por ahí. Yo jugaba con una rama que usaba de bastón, espada y escopeta. Me sentía en una excursión de aventura con ella. De hecho, lo recuerdo, me sentía raro, sabía que algo pasaba.

"Querés que te de un beso", me dijo ella de repente. Se la notaba nerviosa, o sin saber exactamente cómo decirlo. No supe qué responder. Hacía dos segundos charlábamos de los grandes, de cómo no tenían asaltos sino reuniones, de cómo no veían dibujitos. Y así nomás, eso. No me tuvo misericordia, así como me lo dijo me estampó un beso.

Sentí cosquillas en la panza. Sentí mi cabeza volar por las copas de los árboles. Pensé en qué loco sería que esté todo dado vuelta. Ella dijo "mmm". Yo no sabía si preguntarle si estaba bien o quedarme callado. Por las dudas la tomé de la mano. Mientras nuestros labios tendían un puente entre el uno y el otro.

Fue gracioso. No abríamos los labios. Ella después de no se cuánto los abrió un poquito. Entonces cuando nos dejamos de dar un beso nos quedamos mirando. Ella se rió. Yo me reí, aunque no sabía bien de qué: estaba confundido.

Yo no le solté la mano. Nos quedamos sonriendo un rato, yo le pregunté si le gustaban los árboles. ¡Le pregunté si le gustaban los árboles! ¡Qué pregunta pelotuda! Cuando volvimos con los demás, el padre de ella estaba buscándola. Que dónde estaba Clarice, que ya le había preparado su otra hamburguesa.

"¿Querés que te de un beso?" Ahora digo, ¿qué pasó con lo directa que era Clarice? Debo decir que fue valiente: se aventuró a algo que ninguno de los dos conocía, tomó la decisión por los dos. Clarice no me preguntó si quería un beso. En realidad afirmó "te voy a dar un beso, Allen".

¿Y yo con siete años que iba a decir? "No, que no sé cómo es eso". "Perdón, no se hace". No me dio tiempo (por suerte), a opinar. Eramos eso: unos inexpertos. Creo que después perdemos algo de la magia o nos volvemos mucho más diestros. Un beso de inexpertos es un beso sin precedentes, un ensayo total, eso que queremos hacer pero no nos sale, no tanto porque supongamos que sea difícil sino porque nos damos cuenta de que nunca lo hicimos.

Ella me miró y se fue. Yo me quedé pensando en quiénes eramos Clarice y yo. ¿Eramos novios? ¿La gente se vuelve pareja cuando se besa? Digo yo, algún tipo de acuerdo común tiene que haber para aceptar eso, es un beso.

En el recreo del lunes ella me sonreía. A mi, que era algo así como el don nadie del aula. Ella me decía que no podía invitarme a ver tele a la casa. De todas formas, yo casi no miraba tele. Ir a tomar helado me pareció cursi. Pero una vez dijimos de ir al cine, de escaparnos del cole. Me acuerdo que fuimos al Unicenter, a ver una de una tal Julia Roberts. Malísima, pero la pasé bárbaro.

Over here

viernes, 11 de enero de 2013

- Hey, are you in bed?

- Nuh,

- Do you want to go out?

- Well, it's kinda late. And I work tomorrow...

- Just a little while. I had a though day and I really need to relax, let my head go... and I totally think that you should go out too.

- Why's that?

- Because if you do not go out you stay at your place and drink.

- I did not drink a single drop tonight. And anyways, there's nothing wrong with that. It's ok to have something to drink whe you are not with somebody.

- Yes there is something wrong.

- And why?

- Because if you stay at your place drinking, then I am alone.

- That... So, if I drink you get lonely?

- I mean, we can be alone together and drink... It would be fun, be can go out and be alone. Oh, well, that's not so clever. I think you should come to my place?

- You are foward...

- You already know that...

- Yes, but I tought that the other day was just you on a really horny day.

- Probably. But, this time we can just talk. I mean, we can get to know each other better. Because I hate it when you behave like a dumbass. But when we talk I fell I can really get you thinking, and that you are smart, and I enjoy you being smart.

- I hardly know you, but I think I'm going to.

- Well, I'd like to see you. Why is it so hard for you to say that? I know you want to see me.

- How do you know that?

- Because I noticed that when you like me you start asking a lot of questions about me and what I am traying to say, as if you were trying to crack some sort of code. And I like it a little bit, so now come over here, ok?

La rupture

jueves, 10 de enero de 2013

It breaks.

I mean, you have to break it. Unless you want all things to be the same. In that case, I may have the feeling that you are just afraid of chance. Well, everyone feels that some days.

Sometimes to feel free, to experience that ephemeral feeling that happiness can be, you must go against your own thoughts, your own ideas, your own habits, perhaps even feelings.

I mean, just ask yourself why you would not do a certain thing. Parrhesia, speak frankly. Check your feelings and see why you don't want to do that. Because sometimes you want to do things, but you just don't have the nerve.

Burn with life.

The Bentham Method certainly lacked of stability, but with it a few things were discovered: that love is not a "one way" thing, that music can be more joyful and complex, that the human body is a world we make up every day. That good things can happen when you just let go.

Just let go.

That man, Jimmy, felt that creation should happen every day, all the time, as we breathe. And he was deeply troubled with the perception that sometimes nothing happened. He also was troubled with the process of life, the process of things.

To him, the way you reached a solution was more important than the solution itself. No, wait, let me rephrase that: the way you reach a solution and the solution are the same thing. That was what he believed.

Now, a "system" (if you may call it that way) that has the distinctive characteristic of attempting against itself is quite a contradiction, it cannot endure much. Is a profound knowledge that change must occur. Not only that, it is the perception that one self, as a person is the motor of change.

In other words: really, this way of thinking ends up with the major crisis of self termination.

What I am trying to tell you here is what I really think: that one must embrace the idea that change occurs beyond one's will. And sometimes things may seem a little too dull, way boring, stationary, muted. But that is just a phase. Just a phase.

When I witness something unexpected or come across some "interesting" event I think "life may happen any time". But that because I am a cinic, because I know that life has it rutinary moments and it's amazing moments.

Life. Sometimes, it breaks if you don't force it.

Bye Jimmy.

Ver morir a JB

lunes, 7 de enero de 2013

Mi tren arribó a las cinco y trece. Amo los Renfe, funcionan tan bien, tan perfectos. No como los malditos trenes franceses o alemanes.


Vi la pequeña jungla interna en el centro de Atocha, ese gran amor que tengo por ella. Hojas verdes, pajaritos, luz. Me imagino que entre esos árboles hay de todo: tucanes, serpientes, pumas, chimpancés, velociraptors. Nada que ver con la porquería de Termini.

Lo que no esperaba ver entre la jungla era a Jackie. Ella no me había visto, porque yo venía del lado contrario del que ella me esperaba, pero entre las ramas la vi. Miraba el panel, intentaba ubicar en cuál plataforma arribaría yo. Se calzó los anteojos, un amor.

Cuando me encuentro en ciertas situaciones ocurre alguna de las dos cosas, que no sé si son la misma: o mi cerebro empieza a procesar y reaccionar a una velocidad abismal, o mi cuerpo empieza a tomar decisiones con la precisión de un láser.

Me agaché un poco y me fui para el lado de la entrada de la derecha. Le envié un mensaje.

"¿Por qué no me avisaste que estarías acá?"

Tardó cinco minutos, pero cuando agarró el teléfono pude ver su cara de desconcierto. Odio que a mi me tomen por sorpresa. Yo tomo a la gente por sorpresa, no ellos a mi. Entonces Jackie comenzó a mirar, pero yo ya no estaba a la vista, ella podía mirar para cualquier lado que no me iba a encontrar.

Entonces me mandó un mensaje:

"Es que no hice a tiempo de avisarte. ¿Dónde estás?".

Jackie guardaba completa corrección gramática, incluso en los mensajes de texto: tildes, aperturas de signos de interrogación, exclamaciones, todo.

Yo guardaba completa corrección protocolar, incluso en los encuentros post relación, con los acentos en lo bueno, las interrogaciones en los por qués y las exclamaciones en los reclamos.

Entonces la llamé.

- La verdad que no entiendo esta emboscada, Jackie. Hace cinco días que no sé de vos y ahora me venís a esperar acá. Eso, o soy más idiota de lo que creo, porque en una de esas estás esperando a otro y tenés tanta mala suerte que llega en el mismo horario que yo.

- Jimmy, escuchame. No te voy a mentir, ni te voy a dar vueltas. Vine así porque no quería hacer gran escándalo ni nada. Pensé que era mejor para los dos si todo aparecía como fortuito.

- Creo que vos y yo no tenemos el mismo concepto de fortuna.

- ¿Dónde estás?

- Voy a mantener la ventaja de la invisibilidad, me parece.

- No seas ridículo por favor, ya está. Si querés me desbarataste la sorpresa pero no por eso tenés que vos hacerte el sorpresivo.

Off topic...

- Pasame el blog tuyo.

- ¿Qué?

- Eso. Quiero que me pases el blog, me interesaría leerlo. Leí el cuento y quiero saber quién es Michelle.

- Ah, bueno, cuando pueda te lo paso.

- Dale, decimelo ahora. No te cuesta nada.

- No recuerdo la url. Después te la paso.

Hubo un breve silencio, como si a ambos nos hubiera desconcertado ese breve lapso de reclamo.

- ¿Me podés decir dónde estás?

Entonces se escuchó el bocinazo de un camión que hizo temblar todo. Como se escuchó por el teléfono, Jackie supo en dónde me encontraba: del lado de afuera, a su izquierda.

Pensé en reubicarme para perderla, pero me di cuenta de que no quería.

Entonces ella salió y vi su silueta dibujarse con la luz del sol que se ponía. Me pareció hermosa. Me saludó a la distancia, unos cuatro metros. Quería mantener mi actitud de rudo, pero no pude. Una leve sonrisa se me escapaba, pues me encantaba verla y tenerla en frente y escucharla de vuelta.

Jackie lucía una sonrisa tenue, casi de lástima diría. Tenía pinta de estar estresada, de no haber descansado bien. Como si hubiera estado todo el día afuera, caminando.

- No entiendo igual por qué no me avisaste. Si querías, me hubieras enviado un mensaje de texto ayer, u hoy a la mañana.

- Sí, lo sé. Perdón, es que no sé. No quise, o no sabía si venir, medio que lo decidí a último momento.

Entendí perfectamente. No quería generar tanta expectativa. Aunque si bien conmigo tuvo éxito, ella no lucía como que le haya hecho tan bien.

Las conversaciones con Jackie Rousseau estaban signadas por la negociación: conseguir que ella me diga lo que le está pasando. Y a su vez, ella siempre quería saber qué se me cruzaba a mi por la cabeza. Eramos como una especie de test de Rorschach recíproco, intentando observar al otro, midiendo sus palabras, examinando los gestos.

Mis manos temblaban un poco. Mis ojos la observaban todo el tiempo, mi ritmo cardíaco estaba levemente acelerado a cien pulsaciones por minuto. Lo sé porque me lo tomé en ese momento.

- ¿Cómo estás?

- He tenido mejores días.

Ella trataba de que el sol lo le quite la vista, miraba un poco para abajo, respiraba profundamente porque probablemente intentara relajarse. Respiración abdominal. Inhala en cuatro tiempos. Retiene el aire cuatro tiempos. Exhala en cuatro tiempos. Repite.

¿Qué vemos en la figura? Ella ve al mercenario venido a menos. Yo veo a la princesa desarreglada. Ella ve una mancha que no se espeja, porque es todo una: un animal. Si es salvaje, significa miedo. Yo veo un paisaje que sí se espeja, como si fuera la superficie de una laguna, con árboles. La apertura del espacio.

- ¿Porque nos íbamos a ver?

- Cómo saberlo, la verdad. Definitivamente no esperaba esto.

Pasó una pareja que discutía sobre si ir a Málaga el fin de semana o no. Se detuvieron unos cuántos metros atrás, porque parecía que el tema venía tenso.

Es muy importante la fecha en la que nace uno. El signo, la época del año, todos tus futuros cumpleaños. Tus años, todas tus declaraciones juradas, tu estándar de vida, el carnet de conductor, beber legalmente. Me pregunté cuán importante sería la fecha en al que muere uno.

- ¿Dijiste que querías hablarme?

- Sí. Podemos ir a algún lado si preferís.

- No.

Era como si estuvieramos midiendo las armas de cada uno. ¿Ella sabía? ¿Yo sabía? A veces tengo la impresión de que cualquier persona que viera nuestras situaciones de afuera sabría qué hacer mucho mejor que nosotros.

Como me di cuenta que ella no pensaba acercarse, caminé yo en pos de reducir esos cuatro metros.

- Ya no sé qué hacer con vos - le dije -. ¿Viste cuando alguien te marca en la vida? Bueno, eso. Hasta nuestras peores conversaciones me hacen sentir de otra forma, como más ligero. Quién dice, hasta contento.

- Lo sé. Es un tema.

- A veces pensé que ya ni te acordabas de mi.

- ¿Cómo me voy a olvidar de vos? Sos la relación más importante que he tenido en los últimos siete años.

Entonces me acerqué más a ella y la abracé.

- Entonces deberíamos volver a hablarnos, a...

- No, Jimmy. No podemos. Ya esto fue.

Se alejó.

- Esperaste demasiado tiempo, me parece.

- Quiero que volvamos y que resolvamos todo. Creo que podemos.

- No Jimmy. Porque no me amás y yo no te amo. Y no importa, ya no podemos cambiar eso. Tenemos que olvidarnos el uno del otro. Vos estarás con otra, yo conoceré también a alguien. Pero mientras nos rebolotemos el uno al otro, aunque sea fantasmagóricamente, no podremos avanzar.

Silencio.

A lo lejos, la pareja que discutía sobre si ir a Málaga o no, sin saberlo, verían morir a Bentham.

El día que muere uno deja de ser importante el día que te morís. Porque en los días de tu vida, los previos a tu muerte, te podés preguntar sobre el tema. Pensás cómo serás de viejo, quizás te acuerdes del último día de la vida de alguien, pensarás si será así el tuyo. El día de tu muerte es, durante toda tu vida, esa tragedia que minimizás sin darte cuenta: "el día que me muera". Pero cuando te morís, el día de tu muerte pasa a ser la pura nada para vos.

Recording process

When you start a recording process, this means that you will hear the same song over and over again. It also means that you will play as horrible as you ever played.

A few tips:
When recording, don't drink
And try to go to your recording session after a good night sleep
If the first take fails, keep going. It's training.
Always check your tuning before the session
If you want to try new arrangements, first do a take as you always do. Then, use the followings to experiment.
If your sessions are extremely limited, rehearse the songs before going to the studio.
Always start your eq at flat.
Go to your session relaxed, and knowing that a few takes will surely go wrong
Don't ever ever ever do just one take. Doesn't matter if you think the first you did went perfect.


Now, the songs:

01. War boy
      (Music: Bayton/Singier/Mr. X. Lyrics: Proust)
02. Violence goes
      (Music: Bayton/Singier. Lyrics: Proust)
03. Keep out
      (Music: Bayton. Lyrics: Proust)
04. And there is nothing like taking your bullets in the morning, baby
      (Music & Lyrics: Bayton)
05. I'm lost when she's out of bed
      (Music & Lyrics: Bayton)
06. Leviatan
      (Music: Bayton. Lyrics: Proust)
07. The easy life
      (Music & Lyrics: Bayton)
08. Wake up and revive her
      (Music & Lyrics: Bayton)
09. Ponty
      (Music & Lyrics: Bayton)
10. Fire in my soul
      (Music: Singier. Lyrics: Proust)
11. Tv show head
      (Music & Lyrics: Bayton)
12. Rebels
      (Music: Singier/Bayton. Lyrics: Proust)

Personel.
Solange Proust. Sang lead vocals. Attitude.
Matin Singier: Played electric and acoustic guitars. Efx. Production and recording. Magic.
Jonathan Bayton: Played bass lines, some electric guitar and ukelele. Complaints.
Mr. X: Beated the dumkit, percussion. Happiness.

All songs arranged by Singier/Bayton/Mr. X/Proust.

el anti post

viernes, 4 de enero de 2013

Buscando entre archivos encontré un cuento sin finalizar. No importa de qué se trataba, lo que importa es un recurso que usé: en el cuento había muchas notas al pie, las que no agregaban data, sino que eran pequeños cuentos y relatos adentro del cuento.

Por ejemplo, un doctor recibe una carta. Pero como debe irse apurado, no la abre. Eso totalmente anecdótico. En ese caso, la nota al pie nos cuenta que la carta se la escribe un hijo de él al que ni conoce y lo está buscando.

Un pequeño cuento adentro de otro cuento.

Cuestión, más allá de todo, que tengo ocho borradores sin terminar, ya sea porque no me gustan o porque pierdo interés en lo que estoy escribiendo.

Así que no sé, vamos a hablar de otra cosa. Voy a hacer comentarios idiotas, aquí voy.

Les cuento algo: quiero deshacerme de JB, pero no puedo. En serio lo sigo. Mi idea era borrarlo al pasar a la nueva temporada, para comenzar a utilizar a Jonathan Bayton como personaje central. Como habrán visto, fracasé.

Hay algo que siempre recuerdo de este blog. El primer post se llama "Final". Es decir, inicio esto con algo que indica un cierre.

No sé si se dieron cuenta, pero cuando utilizo números para indicar los interlocutores, se trata más de pensamientos que de diálogo. Y cuando aparece el número 3, ese indica que ambos personajes coinciden en lo que están pensando.

Me encantaría poder retomar la modalidad del inicio, en la cual listaba los personajes que iba a utilizar en el post. Era como un inventario, suele utilizarse en las obras de teatro.

También comenté en reiteradas ocasiones que si bien las cosas que aquí relato son todas mentira, los personajes toman elementos o facetas de personas que conozco. O sea que no invento nada, sino que lo robo.

En pocas ocasiones, pero algunas al fin, gente que ha leído este blog le ha tomado cierto cariño a algunos personajes. También ocurre que cuando alguien sabe que tiene un personaje, o descubre que de alguna manera está presente en X personaje de acá, lo siguen.

Hablando de personajes, por favor si alguno me indica se lo agradeceré: ¿por qué los personajes femeninos son más populares que los masculinos? Es decir, las etiquetas más cliqueadas acá son las de Jackie, o Day, o Solange, o July , etcétera. Eso me despista un poco.

También me ha ocurrido que me comentan que no les gusta lo que le pasó al personaje X. Por ejemplo, recuerdo que me habían dicho "Che, pobre Veronique".

Este blog era más popular en la temporada 1 y la 2. Luego no sé, me fui al tacho... Por algo será. Esto es el anti post.


Hit girl

jueves, 27 de diciembre de 2012

Well, she arrived at my place around nine, and I was trying to get dinner done. I was supposed to help her with some studies about Merleau-Ponty, cause some friends told her that I was good at that stuff. The thing is that she came in, we talked and shortly after she was pushing me to bed.

Literaly, she took me to my own bedroom and threw me into the bed. As I was laying there, she jumped on top of me.

- Well, here we are.

- Certainly. So, was all this Merleau-Ponty stuff just an excuse?

- Yes and no. I mean, I should study. But If I have to choose, I'll have you instead.

She smiled and gave me a kiss. Then started licking my neck, while she was holding my hands so I couldn't move. Crazy girl.

So, as I could, I freed my hands and started touching her back, letting her know that I was going to soon remove her shirt.

By soon I meand that ten minutes later, let say, she was half naked.

And i had to be in control, so I turned things around: she had to lay on the bed because I was going to take my time. It was mandatory that I spent some real time on her neck and her chest. And her arms, and her legs, and her ears.

She was acting kinda crazy, she dfinitely liked it. She complained that I still had my shirt on. It took her thirty seconds to throw it at the side of the bed.

- And please, let me check you buty - she said.

It was weird to hear that request, but well. That meant that I was totally naked and she was smiling.

- Let me bit it.

- Oh, really.

It hurted a little. But she was trying to be nice and gentle. Or something like that.

She then said that she really liked my back, and she had already spoted me two weeks ago, at a concert we all went together.

- And what do you want now? - I asked, while I was pulling of ther pants.

- Well. It would be great if you lick my nipples.

I certeainly agreed. She had quite good breasts, so I took a tour around them. And then went back to her neck, and then her ear, and then...

- Oh, I have to fuck your brains out.

So she turned me over and put herself on top of me again.

- Have you got any protection, boy?

Had to fetch my pants, my wallet, to get some. This girl really liked to be in control. It was as if she just wanted to let herself go, and didn't care that much if I agreed or not with what she was doing. She actually moved quite wildly, and sometimes it hurted. If you know what I mean.

That's was certainly not good for my sex drive.

But we managed to go on for twenty minutes or so. Hit girl just graved my arms and scrarched her nails on my chest. Moved hard, said some things. I don't know if she really meant those words.

The bed was a mess. The whole room was a mess. And I still had to cook dinner, we ate at midnite.

La guerilla

martes, 25 de diciembre de 2012

I

Caminaba en dirección a Sol, una tarde de semana, calle llena de gente y un calor notorio. Me pararon como tres veces los de Green Peace diciéndome "Dale hombre, échanos una mano", mientras yo pensaba en llegar al Fnac a por el último disco de los Posies.

Y la vi. Corrí.

- ¡Jackie! - grité.

Se dio vuelta y allí estaba, esa chica de anteojos y jeans rotos. Me sonrió sorprendida. Me detuve jadeante frente a ella.

- Jonny, hey. ¿Cómo andás? Te ves... cansado. ¿Cómo haz estado?

Ella me hablaba en neutro, como si precisara hubicarse en el mismo espacio lingüístico que yo. Había olvidado cómo sonaba un argentino tratando de hablar como español.

- Yo bien, ¿vos? Digo, ¿tú? Bah, hablemos en argentino, ¿está?

El pique corto me dejó con las manos apoyadas en las rodillas, tratando de sostenerme. Me di cuenta de lo fuera de forma que estaba.

- Está bien, tenés razón. Es que se me pega, viste. Yo estoy bien, acá yendo para la estación. 

- A la estación. ¿Estás de paso? Podemos ir al 100 Montaditos a por unas cañas, ¿o estás justa de tiempo?

- De hecho, tengo tiempo de sobra. Vale.

Vale. Creo que a ella le gusta mezclar cuando modismo idiomático pueda. Como ella es profesora, debe tener que seguir las reglas gramáticas y ortográficas al pie de la letra durante todo el ciclo lectivo en el colegio. Y entonces son pequeñas venganzas que ella ejerce durante sus estadías afuera.

El sol me pegaba directo en la frente. Si no entrábamos rápido al bar me iba a derretir. Pedimos unos montaditos y dos cañas de cerveza.

- Bueno, ¿qué contás? - me preguntó ella.

- Bien, vuelto al trabajo y pensando en volver a los estudios. Y...

- Me parece una excelente idea, sos muy inteligente. No te oxides como yo. Ni bien regrese a Buenos Aires tengo el mismo plan.

- ¿Por qué desapareciste?

Ella me miró. Siguió sonriendo pero con algo de tristeza.  Entonces nos avisaron que ya estaban listos los montaditos, así que fui a buscarlos. Y así la dejé pensar para cuando volviera yo con el pedido.

- Perdón Jonny, digamos que nos encontramos en una etapa particular de mi vida donde yo necesitaba no pensar las cosas. Y cuando no pensás las cosas hacés todo por impulso, y me fui. Lo sé, te pido disculpas, no entendiste nada.

- Mas vale que no. Aunque luego fui armando el rompecabezas - le contesté, intentando demostrarle lo más claramente posible que no estaba enojado.

- ¿Sabés? Cuando realmente querés a alguien le bancás cosas que al resto no. Y a veces, cuando la relación pasa momentos de tensión aguda, una se pregunta si no está cediendo demasiado. Bueno, en plena crisis me conociste.

- Algo me dijiste. Que estabas tratanto de terminar un noviazgo largo, o empezando a terminarlo.

- Sí. Eso pensé. No me caracterizo por mis procesos claros. Yo misma no me doy cuenta de lo que quiero, o me asusto de lo que quiero. 

- ¿Y ahora volviste para irte? ¿Volvés ya a Buenos Aires? ¿O te vas para otra ciudad de acá?

La ametrallé con preguntas. Quería que se quedara, o en realidad quería que finalmente se sintiera tranquila. Me hubiera gustado tomarle la mano al menos.

- Voy para Atocha porque espero en una hora aproximadamente encontrarme con Jimmy.

II
Rolland Barthes ingresa al escenario, luce un traje desalineado, con la camisa afuera y la corbata desarreglada. Parece que hubiera salido de un casamiento a las seis de la mañana. Tiene una copa de champán o sidra o algo en la mano, que sacude mientras habla.

- Vieron que Jimmy de momentos parece un personaje omnisciente. Tiene respuesta para todo, aparece como si nada, sabe lo que pasa, sabe qué le van a decir. Saca conjeturas, utiliza a más no poder su teoría de las ecuaciones.

Se escucha brevemente música de los años cincuenta: Guilty.

- Bueno, pero Jimmy jamás pudo poner en su cuadrilla a Jackie. Jimmy sabe algunas cosas, teoriza sobre ella, pero sabe perfectamente que no llega a más que quimeras. Ella está afuera de su dominio. De la misma forma, Jackie se pensó que tenía a Jimmy al dedillo y cuando se dio cuenta de que no era así, todo se desmadró.

Rolland toma un poco de lo que sea que haya en la copa.

- Esto está caliente - dice con cara de asco, y vuelve a tomar-. El hecho de que ambos estén dirigiéndose en este preciso instante a Atocha no es casual.

Se saca la corbata, que le resulta insoportable.

III
- ¿Entonces? Te vas a encontrar con él. ¿Él te llamó? ¿Vos lo llamaste?

Jackie se puso un poco incómoda. Habrá sido porque hablar del otro conmigo no le parecía del todo correcto. Pero contestó.

- Él dijo que quería verme.

- Y vos querías verlo, pues sino no hubieras accedido a encontrarte con él.

- No accedí a nada. Él no sabe que estoy acá y no sabe que nos vamos a encontrar. Sencillamente le contesté que sí, y él me dijo que llegaba hoy a Madrid desde Tarragona. Solo busqué el único tren que conectara directo, y aquí estoy.

La miré extrañado. Pues hubiera sido más fácil que arreglaran antes todo. Incluso Jim podría haber cambiado el pasaje, o haber hecho una combinación. Además me imagino que ella lo dejó sin respuesta desde hace días.

- No sé qué ocurrirá, trato de no pensar. ¿Vos en qué andás, Jonny?

IV
I was searching through my files, looking for nothing, when I found this pice of lyric:


I´ve escaped your ideas a life time,
Suddenly I found out that you stole them from me...
 

I really don't know what to do with it, but I should definitely use those two lines.

Sobre los personajes

viernes, 14 de diciembre de 2012

Me tomo este post para hablar de los personajes:

- Michelle Foucault: estudiante de psicología, que antes estudió Administración de Empresas pero abandonó la carrera cuando a ella la abandonó su ex novio. Un tanto tímida, pero segura de si misma. A veces se le patinan las cosas.

- Jonathan Bayton: joven, enérgico e inexperto. Es un tipo rápido, menos intelectual que los personajes centrales de las temporadas anteriores. Más impulsivo, pero no por eso menos resuelto. Es quizás el más consistente en cuanto a carácter.

- Jacqueline Rousseau: intelectual maestra de lengua y literatura. Trementamente simpática y agradable, es conquistadora serial de corazones. También es bastante vueltera con sus relaciones y un tanto insegura cuando alguien se le planta.

- Juan Pablo Sartre: una bomba de tiempo. Es el elemento desestabilizador, carece de ética pero es un excelente amigo. Mujeriego, es una versión actualizada de Orlando de la temporada 1 y de Gilles Deleuze de la temporada 2.

- Jim Bentham: calculador, racionalista y moralista criminal. Casi insoportable. Personaje casi omniciente, pues sabe la mayoría de las cosas que van a pasar y posee explicaciones para todo y todos. A excepción de Jackie Rousseau, quien es su point de capitón.

- Solange: Amante ocasional de Jonathan Bayton, con quien tiene una relación de casi admiración mutua, aunque con bastantes miedos involucrados. Esta chica es alta y morocha, muy sensual. Aparenta estar segura de todo pero en verdad todo la preocupa.

- Emma: novia por descarte de Jonathan. Bastante mayor que él, se trata de una mujer que está llegando a la crisis de los cuarenta, que es sensible y extremadamente amable. Ella cree que merece ciertas cosas en la vida, y lucha por conseguirlas.

Never write a love letter when you're drunk (II)

jueves, 13 de diciembre de 2012

I
Corazón corazón:

No importa cuánto cierre las ventanas, cuánto baje las persianas, siempre terminás haciendo oleajes en mi living. Ese cosquilleo que siento cuando nos vemos. Nunca te lo dije, pero cuando te veo venir se me incineran las ganas de estar solo.

Ah, eso, hay algo que no te dije: me pasan cosas con vos. Dos tipos de cosas: unas son cuando creo que sos perfecta y te adoro, cuando me encanta cualquier cosa que hagas. El segundo tipo de cosa que me pasa con vos es cuando me doy cuenta que no sos perfecta porque me hacés alguna canallada y te odio.

Si fuera por mi, si me dejaras, sólo sentiría el primer tipo de cosas, el que te mencioné primero.

Sólo quisiera que te tomaras el tiempo...

II
Te juro que no sé o no recuerdo o no me importa qué tiene el vaso, pero es genial. ¿Escuchaste lo que están pasando? Ace of Base. A mi se me mezclan las cosas, creo que poner Ace of Base ahora es criminalmente hermoso, humillantemente tierno, heroicamente reventado.

Me siento muy linda hoy. Eso. No me importa la mina del Departamento de Deportes, con sus tetas enormes y sus piernas moldeadas. No me importa porque yo soy mucho más inteligente e interesante.

Al menos, eso quiero que creas.

¿Van a poner todo el disco de Ace of Base? Pregunto, porque es la primera fiesta en diez años que debe pasar esa música. Igual me encanta.

Lo vi a Héctor, le dije hola y le di un beso en el hombro. Me serví un daikiri de frutillas. Lo mismo que toma la perra del Departamento de Deportes. Decir que sé que no te le vas a acercar, entonces estoy tranquila y bailo con tu amigo Héctor.

Soy muy mala bailando. Y vos sos... Somos dos tronquitos, aunque de repente te inspirás. No sé cómo terminamos uno al lado del otro y me tomaste de las manos y te seguí los pasos. ¿Cuántas cervezas tomaste? No te creo que solo dos. Tampoco te creo cuando me esquivás con la mirada, cuando pretendés que no te importo.

Me voy dos segundos o una hora. La pasé bien, pero voy a ver si Héctor me da bola. Solo para saber, viste. Y para dejarte bien en claro que yo no te pertenezco.

Me sirvo otro daikiri, pero de durazno. Porque la estúpida de Deportes le está agitando las tetas a los de recepción, que acaban de llegar más puestos que el Pity Álvarez. Yo no ando mostrándome así, prefiero ser más sugestiva. Así logro que me mires desde la otra punta de la habitación.

¿Se piensan que es fácil ser mujer y venir a una fiesta? Para nada, me tomo mi cuidado, me preparo. Pienso mucho cómo va a ser, con quién quiero hablar, con quién quiero estar. Además de la expectativa, pues una nunca sabe a qué persona puede conocer.

Estamos escuchando a los wachiturros de repente. No me importa tanto. Si me preguntaran qué quiero escuchar, no sabría qué decir. Es como si a esta altura no pudiera soportar el compromiso de tomar una decisión. Vos, devolveme la mirada. Vos, sí: necesito que las cosas simplemente me pasen, ¿ok?

Voy nuevamente a tu lado, te tomo por la cintura, te sonrío y apoyo mi cabeza en tu hombro. Te dige que me caes bien, que quiero que nos llevemos súper pero para eso necesito que me trates mejor. Eso. ¿Por qué a la de Deportes le respondés sus mensajes y a mi no? Si es una reventada, si no te gusta. Yo sé que no te gusta, es burda. Yo no soy burda.

Intelligence is sexy. ¿Soy sexy para vos? Perdón, perdón, es que tomé mucho daikiri. Lo que te quiero preguntar es si podemos no darnos un beso hoy, pero si seguir hablando porque me gustaría conocerte. No, no me tires la boca, no. Sólo quiero que hablemos.

Y te juro por mi vida que  aunque te hacés el anti me caes bien, hasta me gustás. Se me lengua la traba.

Sos un tipo reservado. En verdad, hablás de algunas cosas de vos, pero de otras no. ¿Es verdad que salías con la hermana de Héctor? ¿Y cómo lo tomó él cuando se enteró? Ella es linda. ¿Pensás que es más linda que yo?

Bueno, como están pasando un tema de The Killers que me gusta me voy a bailar con otro y te dejo abandonado. Así, aunque pongas cara de perrito mojado te dejo. No te odio, sólo necesito que sepas que soy independiente de vos, que puedo ser feliz sin vos.

Y eso es lo último que sabrás de mi. Luego voy a estar ocupada, colapsando.

III
... para verme, o para que estemos juntos. Porque ahora, así como estamos, tengo le sensación de que un día de estos, por el motivo que sea - conociste a otro, te fuiste, lo que sea - no nos vamos a ver más. Eso a veces me angustia.

Sí, es ridículo, lo sé, no somos nada serio. ¿Cómo voy a ponerme así? Perdoná, no es una escena esto. Yo te escribo así porque a veces no me sale decir las cosas. Sos una persona muy linda. Re inteligente. Re tierna. Pero lo que quiero decirte es...

IV
Si hay algo que no entendí fue esa vez que te me acercaste y me dijiste que te encantaría ser mi amiga pero que había algo de mi que te llamaba la atención. Me dijiste "la verdad, no sé qué hacer con vos". ¿Qué hacer conmigo? Bueno, te doy una idea: ¿salimos?

Que no.

¿Entonces? Decidís que durante dos semanas no me vas a dirigir la palabra. Genia, brillante lo tuyo, muchacha.

Un día venís, te sentás, me escuchás tocar la guitarra. Me decís que suena lindo, te sentás al lado mío. Mirás, sonreís, tenés todo controlado. Me pedís que toque otra, me pedís que toque esa canción que te gustó.

Yo, si tuviera algo de voluntad, te mando a freir churros.

Y entonces me tomás de la mano, nos recostamos un poco, me mirás desde abajo. Me querés, o algo te pasa. No me preguntás cuáles libros me gustan, no me preguntás qué música suelo escuchar, no me preguntás que películas veo. Ya lo sabés todo, hablamos con un nivel de simbiosis llamativo.

Después me di cuenta que no es la simbiosis. ¿Sabés cuál es el problema de ser un tipo extremadamente racional? Que las casualidades no existen y que las ilusiones te duran poco. Me las sé todas, me la doy de mente brillante.

Hasta que llegás vos y volvés en mi contra todos mis trucos.

Cuando te digo trucos pensás que te engaño. Corazón, no tengo como engañarte si no estoy con vos, ¿entendés? Tampoco me interesa engañarte. Tu miedo es más un justificativo que una realidad.

Ah, pero no te preocupes, quedate con mis ganas, quedate con mis ilusiones, quedate con mis instantáneas de vos. Total, no creo que vaya a necesitar todo eso.

V
... que no puedo estar así con vos. Estamos fuera de sintonía, porque siempre que te busco no estás, o estás en cualquier lado haciendo cualquier otra cosa que te resulte más interesante.

Trato de no hacer un escándalo de nada. Me pediste que fuera una persona serena, que te dejara tu espacio, que sos libre. ¿Pero pensaste dos segundos en lo que te dije?

Hola, la paso bien con vos, me gusta cuando hablamos, me divierto.

Ni bola, me contestás cualquier cosa. Sos insensible. Tu soberbia te sienta mal. Sabés qué, andate a la mierda.

Te mando un beso.

Los implícitos

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hay cosas que se saben pero no se dicen. Porque decirlas es ponerlas de manifiesto, lo que entonces conlleva enfrentarlas. Lo explícito es lo ineludible. Las palabras, muchas veces, sirven para enmascarar lo que nuestros gestos corporales indican.

Entonces, un miércoles cualquiera de junio volvió una amiga, a quién no presentaré hasta luego porque no quiero poner nombres acá, porque con nombres la gente se imagina cosas, vieron.

Ella se mudó cerca de casa, por Anton Martín. Un departamento bonito, con balcón francés. Solíamos comer pizza los días de mucho calor, mientras tomábamos cerveza y hablábamos de todo, de Rajoy, de la crisis, de Pink Floyd, de su carrera, de la mía.

Incluso en ocasiones hablábamos de nuestros roces de pareja, de cómo ella sólo se cruzaba con tipos rayados y yo me cruzaba con treintañeras indecisas.

1) Lo que pasa, corazón, es que vos sos especialista en poner insegura a la otra persona. Tu seguridad es algo remarcable en vos, pero de repente te agarran esos rayes de pánico que al otro le provocan dudas.

2) Creo, son fisuras que tenemos todos. La contradicción somos nosotros, hasta el tipo más seguro del mundo tiene algún momento en que se siente reducido a un niñito indefenso.

1) Lo tuyo son esos dos extremos, que curiosamente, terminan conformando un gris.

2) A mi me gusta pensar en colores, que tengo muchas gamas de colorado, verde, azul, violeta, incluso amarillo. Los grises son matices aburridos, no sé por qué la gente habla de grises cuando la vida tiene colores.

1) Colores. ¿Te conté de cuando salí con el daltónico? Ese no era el problema del tipo. Resultó que era voyeur.

2) ¿Cómo voyeur?

1) Sí, o sea, no me quería ni tocar. Sólo le gustaba ver que me tocara yo. Lo saqué cagando, para hacer eso una no necesita a nadie, y menos que sólo mire.

Me reí.

2) Y, digamos que es un poco limitado el asunto. ¿Pero no quería al menos meter mano él?

1) No. Si era por él, se sentaba al lado mientras yo hacía mis cosas.

No sé por qué, me acordé de una chica con la que yo salia, a la que no le gustaba que se tocaran nuestros pies y por eso cuando estábamos juntos siempre tenía medias. Siempre, en todo momento. Pero esa es otra historia.

2) ¿Te acordás cuando terminamos en esa fiesta llevándole el sonido al que organizaba, pseudo borrachos, cruzando hasta Atocha?

Lo recuerdo. Era la época dónde salíamos seguido, ibamos a bailes que se organizaban en diversos clubes y barcitos semi clandestinos. La gente era amena y no eran caros, podías beberte una caña por un euro tranquilamente.

En esos lugares conocías a personas que al menos esa noche, eran las más interesantes del mundo. Según el estado de la conversación, podías terminar hablando de Dalí o encamado en una habitación de una casa que no era la tuya.

Hace poco volvimos a uno de esas fiestas, en un lugar cerca de la rambla.

1) Esta noche es raro, acá no bailan mucho.

Había dos o tres que pasaban diapositivas, mucha gente en la barra y otra mucha charlando, en grupos. Pasaban música de los ochenta, sonaba The Cure. Compramos dos cervezas en la barra.

1) Quizás en este tiempo cambiaron los códigos y ahora esto es así. O quizás a las doce de la noche aún nada de esto arrancó.

2) Antes veníamos a las diez y media y ya estaba todo explotando. Los jóvenes no saben divertirse hoy en día.

Me reí. Fuimos a comprar otra cerveza y bailamos un poco. Hacía bastante calor esa noche. Tomábamos como si fuera agua.

2) Tengo un paso que aprendí el otro día, mirá.

1) Sí, dale, pero ¿seguro que es pasando las manos por detrás? Ah, sí. ya sé cuál es. Ojo con la cerveza no la vuelques. Ay!

2) No te preocupes, además hay que comprar otra, eso ya está caliente. Mirá, lo dejamos acá. Ahora, fijate cómo este tema da para que atravesemos todo el lugar así, mirándo fijo, y tomados de la mano.

1) Me hacés reir con tus caras.

2) Entonces habrimos las manos, ¿viste la chica esa, que está en una toga? Es la justicia. Le quiero decir que no estoy de acuerdo con ella.

1) Jajajaja, está loca la mina, hace calor y está vestida así. Seguro va a terminar toda ebria. Bailemos hasta la barra de vuelta por favor, se me secó la garganta.

2) Estoy en ese momento de la noche donde no distingo entre el bien y el mal, pero cuando lo logre, elegiré el mal.

1) Eso lo decía un personaje de un blog que leía, un tal Felipe Esthershack.

2) Sí, el mismo.

1) Odio cuando, entrada la noche, ya te dan de beber en vasos de plástico. ¿Ves? Algunas cosas nunca cambian. Ahora la gente empieza a moverse.

2) Los inspiramos, nos vieron cruzar todo el lugar haciendo el baile ese del egipcio.

1) El baile egipcio, mientras agitamos las caderas, mientras tomamos otro poco de cerveza y yo desearía estar en un lugar más fresco como Suecia. Y todos esta noche queremos la revolución.

2) Todos. El problema es que como hacemos siempre lo mismo estamos condenados a repetir lo que nos pasa.

1) Esto se baila así, con las manos en la cintura, vos agarrame y vamos a hacer de cuenta que sabemos mobernos, y...

3) ... cuando te acerques entonces nos miramos de cerca, sin comprender demasiado, pero nos sale un beso de alcohol y calor. Ninguno de los dos se detiene, es un accidente, pero ningún accidente está completo si no nos exponemos un poco, ya sea lastimándonos, muriéndonos o quedando atontados en un beso en medio de todos. Decir cualquier cosa ahora está mal, porque incluso cuando nos retiramos un poco, nos miramos y sin decir nada nos volvemos a besar. La cerveza se cayó, vamos a tener que comprar otra, pero no nos importa.

2) Bueno, no sabía que podíamos hacer eso.

1) No sabía. Somos amigos, ¿de dónde salió esto? ¿Quién sos ahora? Somos los mismos, somos exactamente los mismos. Las cosas cambian, pero no tanto, ¿verdad?

2) La interacción de las mismas personas, en contextos diferentes, da un resultado diferente. Eso es lo que Jimmy Bentham intenta explicar con su estúpida teoría de las ecuaciones emotivas.

1) ¿Me querías besar desde hace mucho? ¿Improvisamos? No sé qué pensar cuando hacés estas cosas.

2) Ahora soy yo el que hace las cosas. Claro, porque yo hago lo que yo quiero, sobre todo con vos que sos tan dócil.

1) Te cuesta. No podés decir todo sin que el otro lo diga primero, querés tener la última palabra. Cuando te ponés así te odio.

2) Hace dos minutos me estabas besando y ahora resulta que me odias. Somos amigos y ahora resulta que yo hago las cosas... pensá lo que decís. Además, nunca pensaste en qué pasaría con nosotros si....

1) No me lo digas, no me lo digas por favor.

La B

martes, 11 de diciembre de 2012

Todo comenzó un sábado a la noche, con un llamado de Juan Pablo:


- Master, necesito que me banques con unas minas. Son dos, hacemos salida de cuatro. Espero no tengas ningún plan.

Mi vida estaba entre dos mujeres que no me querían: Michelle por un lado, y Emma por otro. Me pareció bien salir, ver qué pasaba. Deseé solamente que las amigas de las que me hablaba Juan Pablo fueran al menos simpáticas. Sólo pedí eso, que fueran simpáticas y un poco lindas.

Las esperamos en uno de los bares de Sol. Él se la pasaba dale que dale con los mensajitos. Ellas le decían que estaban viendo a dónde ir, que una se estaba cambiando y además no sabían si venía una tercera.

Mientras tomábamos cerveza y conversábamos de manera intermitente, yo pensaba que eso no era lo que yo quería para un sábado a la noche. Yo quería pedirle el teléfono a la mesera o quizás hablar con las chicas de la mesa del bar de enfrente.

Pero Juan Pablo era el que manejaba la situación, yo sólo era un resentido al que no le daban bola ninguna de las dos mujeres con las que andaba. Era como si hubiera perdido derecho a voto en esto de salir con mujeres. Entonces me arrastraban.

- Pero sí, dale, vengan para acá, que está linda la noche. Después vamos para el baile. Jonny es muy bueno bailando, van a ver.

La noche estaba genial. Tan genial que si al día siguiente estaba así, y si mis fuerzas me lo permitían, pensaba escaparme a Toledo para pasearme por el museo militar.

Tras tomarnos tres cervezas llegaron. Eran dos chicas delgadas, realmente bonitas. Una se llamaba Denise y tenía el pelo medio corto, castaño. La otra se llamaba María y era rubia. 

El problema era que ambas tenían veinte años.

Era como irse a la B de alguna forma. Porque Michelle estaba en cualquiera, y Emma me odiaba, al menos hasta el próximo fin de semana. Y si bien eran lindas, no me sentía del todo agusto.

- Relajate - me dijo Juan Pablo -. Estas cosas hay que disfrutarlas, cuando seas viejo y no puedas tener una de veinte te vas a querer matar.

Denise era bastante inteligente, se la pasaba hablando de libros y películas. Era una chica culta y curiosa. María era un poco más callada, pero con un par de chistes logramos que se soltara un poco. Ambas en verdad, eran dos muchachas que podían llamarle la atención a cualquiera, sólo con lo que dijeran.

Ahí recordé otra de mis citas preferidas:

"Intelligence is sexy".

Hice lo mejor que podía hacer: dejar las cosas correr libres, despreocuparme por la cadencia de los hechos.

Charlamos bastante en el bar, ambas chicas se pidieron dos tragos: Sex on the beach. Hablé un poco más con María, a quien podía descolocar con mis comentarios en doble sentido y que afortunadamente ella se tomaba con humor. Igual decidí no abusar de ese recurso, por lo que le hablé de cosas menos importantes, como dónde trabajábamos.

- Te gusta decir el nombre complicado de donde trabajás porque suena importante, veo - dijo ella cuando le comenté.

- Bastante perceptiva sos, María - dije-. Sí, es un juego que hago. Lo digo y veo qué reacción tienen las personas. Usualmente les parece gran cosa, pero no es demasiado. Todo ornamenta, nada más. Igual, en general creo que la gente no describe bien a qué se dedica.

- ¿En general?

- Suponete. Por ejemplo, te pregunté de qué trabajabas vos y me contestaste "en diseño" y no "soy diseñadora gráfica en un estudio".

- Te odio. Tenés razón - dijo, mientras jugaba con los hielos de su Sex on the beach.

Juan Pablo iba para cualquier lado: abrazaba a Denise pero le charlaba a María. Y yo, que estaba peleando el descenso, a veces me perdía en todo eso. Enfilamos para el boliche entonces. Entramos rápido, y lo primero que hicimos fue ir al baño. Allí:

- Pero boludo, estás callado ahora - me decía Juan Pablo-. Venías bien, vos dale para adelante.

- Dale. Voy a ver si le invito un álbum de figuritas o a comer una cajita feliz al McDonald's - contesté-. Y boludo fijate para donde apuntás que vas a mear todo.

- No seas estúpido. Están buenas, ¿si la piba te decía que tenía veinticinto le dás? Además nadie te dice que te pongas de novio, sino que si te parece linda y ves que tiene onda, lo disfrutes.

- Vengo escuchando mucho eso últimamente.

- ¿Qué? - dijo Juan Pablo, mientras se cerraba la bragueta.

- Eso. Que me tengo que relajar y disfrutar de las cosas.

Cuando volvimos las chicas estaban en la barra. En ese momento le pregunté a María que quería.

- Pedí dos destornilladores.

- A perfecto, creo que voy a pedir lo mismo.

- Uno es para vos. Dijiste que te gustaban.

La miré extrañado. Pero claro, toda la situación era extraña. Yo con una quinceañera que encima me paga las bebidas. Pensé que estaba en un universo paralelo.

- Pero dejame invitarte a mi.

- Pero no, que ustedes pagaron lo del bar. Así que tocás la guitarra, ¿tenés banda?

Así fue como la cosa con María se puso más foward. Mientras Juan Pablo intentaba acercarse a Denise, que de vez en cuando le corría la cara y se reía, pero no se iba, yo no sabía si esta otra chica me iba a tirar los labios para que la besara o para que le diera el chupete.

Acá, Jonathan Bayton peleando el descenso. Si Emma me hubiera visto me mataba. Si Michelle me hubiera visto, hubiera perdido la poca credibilidad que me queda con ella. No era algo que tuviera importancia, pero... A LA B.

Pelear el descenso era eso: tener a una chica casi diez años menor que yo en frente, charlando sugestivamente, cada vez más cerca. Y yo que no quería, pero un poco quería, pero otro poco no me interesaba.

Porque en verdad yo no quería eso. Eso era lo que tenía, María era la persona que me prestaba atención. No Emma, no Michelle. No Jackie, no Solange.

La B no era porque la chica fuera fea, ni porque fuera menor, ni porque fuera tonta, ni porque me cayera mal. El feo era yo, el pendejo era yo, el tonto era yo y el que me caía pésimo en ese momento era yo. Irme a la B no era cuestión de darle un beso a María o no.

Ya estaba en la B.

María me hablaba cada vez más cerca. Yo, en algún momento, la había tomado por la cintura. Decidí que era el mejor momento de hablarle de Michelle, de contarle todo lo que pensaba. Decidí hablarle de Emma también. Decidí que si me iba a ir a la B, que fuera público.

Pasaron dos cosas: le bajé el tono al encuentro con María, pero de una forma amable. Y además obtuve opiniones al respecto. Me dijo que Michelle me quería, que la confundía yo, y que en una de esas en alguna circunstancia podríamos haber llegado a estar juntos.

Me dijo que deje de jugar con Emma.

Mientras, Juan Pablo lograba robarle algún beso a Denise yo hacía mi terapia con María. Me era necesario escuchar una opinión femenina, alguien que me dijera que yo no hacía todo mal, que sencillamente ocurría esto y aquello.

Cosas que se dicen por ahí

lunes, 10 de diciembre de 2012

A list of phrases I came up with, at different times, while I was drunk:

"La razón nos da los elementos para la creación, pero a condición de que los usemos contra ella misma".

"La ficción no es más que realidad. Sólo que está muy maquillada".

"It´s unbelievable how, even though I am sad I can still make people laugh. And it´s also unbelievable how every once in a while they try to cheer me up but they just fail".

"El miedo a perder a alguien es quizás la forma más común de perder a alguien".

"El problema no es que yo sea pesimista. El problema es que usualmente tengo razón".

"Drinking makes facebooking easier".

"There´s a slight difference between love and what you can get from me".

"La verdad no existe. Lo que existe es lo verosímil".

"Never write a love letter when you are drunk".




II
Y ahora una lista de mis citas favoritas:

"El tiempo es creación o no es nada" (Cornelius Castoriadis)

"La imaginación es inteligencia con una erección" (Victor Hugo)

"¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?" (Popular knowledge)

"Las estadísticas son como los bikinis: muestran mucho pero ocultan lo más importante" (no sé a quién atribuirla, pero es de Economía)

"Por estar en el mundo estamos condenados al sentido; y no podemos hacer nada, no podemos decir nada que no tome un nombre en la historia" (Maurice Merleau-Ponty)

"No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo" (Michelle Foucault)

"¿Cuál es el delito de robar un banco comparado con el crimen de fundar uno?" (Bertolt Brecht)

la hacker

viernes, 7 de diciembre de 2012

I
Creo que algo llamativo me ocurrió durante el último año: diversas personas, en diversas situaciones inconexas, me preguntaron si daba clases. Yo no sé por qué lo relaciono a que efectivamente supe dar clases, como si eso saliera a la luz en mi cara o en mis gestos.

La verdad es que, pensándolo bien, no hay ningún indicio de que yo me haya dedicado a dar clases. Además cuando me lo preguntaron fue sobre diversas disciplinas.

Lo que quiero decir es que a lo largo de este año me preguntaron si me dedico a enseñar, y no entiendo por qué.

II
Jonathan Bayton entró y se encontró a Emma en camisón, tomando brandi. Estaba algo borracha, le sonrió. Él le dio un beso en la frente y fue a la habitación a cambiarse. Ella de vez en cuando decía cosas, como si estuviera frente a ella.

Mientras Jonathan se ponía una remera y unos pantalones, escuchaba:

- Hoy compuse tres sinfonías, viste, en hojas pentagramadas. Terminaba una y la rompía. Eso, te escribí tres sinfonías para vos y las rompí.

Entonces Emma rió. Jonathan no entendía demasiado. ¿Por qué ella habría comprado hojas pentagramadas, había escrito música dedicada a él y sin que llegara siguiera a verlas, las haría trizas?

Jon salió de la habitación.

- ¿Que hiciste qué?

- Que rompí tu música.

- Y ¿cómo era?

- Había una melodía muy dulce, luego otra muy triste y la tercera era bastante... cargada - contestó Emma.

A ella le gustaba tener la atención de él. Se sentía atendida. Un par de hojas pentagramadas, eso hacía falta.

- ¿Por qué hiciste eso? Ni llegué a escucharlas.

Una pequeña venganza: darle algo al otro pero sacárselo antes de que siquiera pueda probarlo. E informarle de los daños acontecidos.

- Y no sé Jonny - contestó ella -. Me hubiera encantado que las escucharas pero...

A medida que hablaba Emma tomaba y comenzaba a quebrarse. No quería llorar de repente, quería hacerlo gradualmente, como si su llanto tuviera que tener cierta cadencia dramática.

Entonces preguntó:

- ¿Quién es Michelle?

III
Días después lo pensé y me di cuenta: no fue tanto la idea de que Jonathan estuviera con Michelle lo que me dolió, sino más que confiaba en ella y no en mi. A ella le decía lo que le pasaba, le hablaba en formas que a mi jamás me habló.

Conmigo Jonathan era un témpano de hielo, en comparación con lo que le escribía a Michelle.

Todo ocurrió cuando en la computadora de Jonny pude acceder accidentalmente a su cuenta de correo electrónico. Encontré varias conversaciones entre ellos, él le escribía como a nadie más. Le escribía canciones, le mandaba versos, le hablaba. Ella le respondía, a veces le decía que le gustaba lo que él le mandaba, otras que no tanto.

Ella le mandaba fotos: de insectos sacados con una lente gran angular, de trenes, de gente en la calle, de paredes con escaleras. Y Jonny siempre le decía que eran hermosas.

Michelle le preguntaba cómo estaba. Se lo preguntaba más de una vez, porque como ella misma escribió, quería chequear varias veces para asegurarse de que Jonathan le dijera las cosas. Ahí me di cuenta de que Jonathan estaba enamorado de ella, y que ella jugaba con él.

"Quiero saber cómo estás, pero decime hasta donde tenga que saber, no más de eso", le decía. Como si ella tuviera que mantenerlo a raya. Y él, como puede ser, le contestaba que estaba bien, que no pasaba nada. En una ocasión le escribió que le gustaría concerla más.

Ella no contestó eso.

Soy mujer y me di cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo Michelle con Jonathan. Me enojé mucho con ella, muchísimo. Y él me dio lástima.

Luego me olvidé de esa reventada, y pasé a estar enojado con Jonathan. Pero como les dije, no porque estuviera hablando con otra, sino porque confiaba más. Se notaba una soltura en cómo Jonathan le escribía, una sinceridad, un placer. Eso, Jonathan era casi completamente honesto con ella y lo disfrutaba.

Y a mi me quedaban las tardes de sexo y las charlas efímeras sobre Rimbaud y Picasso.

IV
Me contó cosas que ni yo recordaba, conversaciones que tuve con Michelle y que ya ni registraba. Lo que me dio bronca, además de la usurpación, fue que me borró todo. Perdí fotos de Michelle y cosas que yo le había escrito. Perdí conversaciones que duraron semanas.

Emma es toda una mujer, pero ese día no sé que pasó. Quebró. Nunca había tenido un planteo, nunca había tenido un reclamo.

Por accidente o destino, o por acto fallido mío, logró meterse en mi vida, llegar a Michelle, verla, palparla, conocerla como yo la conocía. Cuando te miran a vos, cuando te urgan en los sentimientos, te sentís invadido. Pero cuando urgan en los sentimientos que otra persona te contó sólo a vos, te sentís saqueado.

Digo, porque que la otra persona te haya mostrado eso es algo que lo lograste vos, es algo que tenés vos y antes no tenías, que lo conservás para vos. Y nadie te lo puede sacar. Pero cuando alguien toma lo que otro te dio a vos, es peor.

Me enojé con Emma, le dije de todo. Ella se reía, me decía idiota. No me puteaba, pero me decía que Michelle no me quería, y que ella tampoco. Cuando logré mandarla a su casa en taxi me quedé sentado en el living, mirando la botella de brandi por la mitad. En ese momento, al decir verdad, la veía medio vacía.

Restart your heart

jueves, 29 de noviembre de 2012

I
Restart you heart here:



II
Estoy tratando de estructurar un cuento en el que Jimmy Bentham, Jonatham Bayton y Michelle Foucault terminan involucrados. Incluye algunos episodios aquí ya descritos, pero la verdad que cuesta poner todo esto en una secuencia más clara.

La secuencia en la que trabajo aún así, reconfigura la relación entre los tres. En ella Jim es un soberbio infumable, Bayton un tipo mucho más inseguro y Michelle no es lesbiana.

Pero al ir escribiéndolos nuevamente me di cuenta que casi los quiero, como si existieran.

El hecho de que esté tratando de escribir un cuento es mi excusa de no estar actualizando este blog que uds. están leyendo ahora.

III
La novia bailaba el vals con una sonrisa de oreja a oreja y los abuelos del novio no podían parar de aplaudir. Yo bailé con la novia al principio casi, luego del tío o quien fuera, para luego dedicarme a setear un micrófono del Rickenbacker que había sido modificado por un imbécil.

Terminaba el Vals, algunas canciones y tocábamos.. Y yo me encontraba con un destornillador ajustando el Toaster.

- ¿Y? - me decía Fernando, el hermano del novio -. Pudiste hacerlo andar.

- Andar anda. El tema es que no quiero que sature, y para eso tengo que alejarlo, no como lo ubicó este imbécil.

Es difícil tratar de ajustar un tornillo con un destornillador que no es, hay que tener cuidado de no dañar nada. Mi cara debía ser la de un cirujano en una intervención coronaria.

- ¿Ahora te ponés a arreglar el bajo? - me dijo ella.

La miré dos segundos, ah sos vos. Sí, mirá, sacame fotos de todo esto que estoy sufriendo mientras estos se cagan de risa.

La fotógrafa se reía. Habíamos comenzado a hablar por la tarde, durante la prueba de sonido. Era bastante contrera, decía con facilidad cosas como "te estás equivocando en la afinación", ese tipo de asuntos que para mi son sensibles.

Y en ese momento me sacó una foto y me dijo:

- No sos gran bailarín de Vals, pero con esto para mi ya sos un luthier.

- Ja. No, los luthieres son gente seria y grande.

- Parecés un tipo serio...

- Las apariencias engañan.

- Y bueno, si, estás un poco viejito.

- Ah bueno. Eso no era para que lo reafirmes, sino para que por cordialidad al menos me dijeras algo como "pero no parecés tan mayor", o no sé, esas cosas que saben decir ustedes las mujeres que son sensibles.

- ¿Yo? ¿Sensible? Soy Loiuse, olvidate. Pienso más como hombre que como mujer.

Yo venía de una semana maratónica de discusiones con Emma: si iba a dormir, si nos veíamos, si los champignones tenían malas energías, si mi cara a la mañana no era del todo alegre, si ella quería que salieramos con las amigas; en fin, como era de esperarse se había puesto un poco demandante.

Y Louse era tan jovencita... lo genial de ella era que no coincidiamos en nada, pero tampoco hacía falta. Nos quedamos hablando casi toda la noche, ni bailamos. Registré que cuando tocamos la tuve en frente a mi, que casi todo el tiempo toqué con los ojos cerrados - no sé por qué, creo que fue el hecho de tener que cantar -.

- Mirá, acá saliste lindo - me dijo -.

- Ah, mirá vos, por fin un cumplido, muchas gracias.

- De nada.

Me fue mucho más fácil abrazarla luego de eso. Restart your heart, here.

IV
Llegué a Tarragona en busca del Coliseo al lado del mar. En la época de la Antigua Roma, Cataluña había sido territorio del imperio y en esta ciudad que les cuento existía un circo, justo al lado del Mediterraneo.


Sencillamente es brillante la idea de poner un Coliseo al lado del mar. Cruzando la calle, a unos doscientos metros, se encontraban el resto de las instalaciones de este circo: una serie de ruinas y cabernas, con torres desde las que se puede ver el resto de la ciudad.

No sé por qué, pero decidí informar a Rousseau sobre mi locación, no tanto para que viniera a verme sino para que viniera a ver lo que quedaba de todo esto. Sobre todo para ella, amante de las mitologías, esto debía resultar hermoso.

Sorpresivamente me contestó a los días - ya había abandonado Tarragona y me encontraba en Barcelona, camino a Girona, para volver unos días a Marseille-, me dijo que ya conocía el lugar, que había estado últimos días de febrero.

O sea que no me había cruzado con Jackie de casualidad, pues mi visita ocurrió el dos de marzo.

"Viste la muñeca del año 1200? No puedo creer que fuera articulada, los nenes jugaban con eso".

También era sorprendente que ella supiera que yo me iba a interesar por esa muñeca, una figura de una mujer en miniatura, hecha de marfil, que podía ser movida y puesta en diversas posiciones. De la misma manera que yo sé que fue a la biblioteca de Tarraco (Tarragona en catalán) y ella sabe que fui a la disquería esa que estaba a otros doscientos metros del circo.

Porque las cosas inconexas, aunque no lo crean, aunque no parezca, se relacionan. Y como de alguna forma, por un evento accidental, algo que no tenía demasiado sentido, como puede ser una visita a un Coliseo al lado del mar resulta en el reinicio del diálogo con esa persona que aún querés.

Restart your heart here.

May happen any day

viernes, 2 de noviembre de 2012

Allen Jana corre. Corre como jamás lo hizo en su vida, sus músculos tienen la fuerza que nunca tuvieron. Él esquiva la gente que va por la vereda, alza la vista buscándola, intenta dar con ella. Sigue corriendo.

La gente por la avenida lo observa molesto. Alguno lo insulta cuando casi se lo lleva puesto. Pasaron minutos de las siete de la tarde y él corre como si no hubiera mañana.

Minutos antes, en una conversación telefónica ella le decía que se iba, que se volvía para lo de sus padres. Se iba de Buenos Aires. No se lo había dicho, según ella, para no hacer las cosas más difíciles. Entonces él intentó encontrarla a la salida del trabajo de ella. Pero no llegó, ella recién se había ido.

Así que corre.

Toda la semana la situación entre ellos dos había sido tensa, casi no se hablaron. Él estaba ofendido con ella porque le había hecho un escándalo sobre una ex - o algo así - de él. Casi un clásico "we were on a break". Ella estaba bastante deprimida, y había intentado aclarar la situación pero Allen se lo hacía difícil. Inaccesible, sordo, testarudo.

Toda la semana así, por una estupidez.

La estupidez había ocurrido hacía dos meses, en un momento donde se habían peleado los dos fieramente, cuando él le dijo que pensaba irse de vacaciones por su cuenta con Orlando. Ella no lo tomó tan bien, y la discusión derivó en -también- otra semana de no hablarse. Puntualmente ella le dijo "no me hablés nunca más".

Como quien lo toma literal, Allen salió con una chica llamada Jennifer y aunque el mundo crea que pasaron ciertas cosas, aunque la historia oficial diga que los hechos fueron intensos, no pasó nada. Pero muchas veces la verdad es más indefendible que la ficción.

Eso fue lo que originó esa, la última pelea de la que les hablo. Cuando ella se enteró del asunto, debido a un desliz de Felipe, chau. Crisis, welcome again.

Y corre. Corre y los músculos de sus piernas mañana van a arderle. Hoy ya no sienten nada. Y cree verla, su cabellera castaña, entre una multitud. Corre más entonces.

Cuando cruza la calle a velocidad de gacela paf, un auto lo atropella. Vuela unos tres metros, el auto frena repentinamente, Allen queda tendido sobre el asfalto de Avenida Santa Fe. Queda boca arriba, con los labios ensangrentados y el pantalón roto a la altura de la rodilla. Su remera está desgarrada y con sangre.

Allen escucha gritos, varias personas se acercan, él las ve sobre el fondo de un cielo celeste. Se siente raro porque no le duele nada, no se da cuenta. Una mujer pide que alguien llame a una ambulancia. Otro hombre se agacha junto a él, le habla, pero Allen no reacciona.

Entre el tumulto que se va formando al rededor de él, aparece una cara barbuda. Un tipo sereno, lo mira seriamente. Se pone también a su lado, se agacha y le levanta la cabeza, lo mira.

Allen lo observa, le pregunta qué pasa. Escupe sangre.

Él hombre mantiene su mirada clavada en los ojos de Allen. Parece casi enojado con el curso de los hechos, con ese auto parado a tres metros que tuvo que frenar repentinamente porque alguien se interpuso en su camino.

- Allen, soy Jimmy - le dice -. Allen, ¿me escuchás?

Allen le dice que sí. Intenta mover la cabeza con dificultad. Debe tener huesos rotos, debe tener hemorragias, probablemente vaya a perder el conocimiento en unos minutos, o segundos, u horas, o días.

- Allen. El terror de perder a alguien es quizás una de las formas más comunes de perder a alguien - dice el Jim, y momentos después deja que Allen repose su cabeza nuevamente en el asfalto. Se levanta, y se retira.

Allen intenta seguirlo con la vista. Lo llama, perdiendo sangre por la boca que le cae a uno de los tipos que tiene al lado.

- Jimmy, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ella?

La lucidez

lunes, 29 de octubre de 2012

I
Oh, yeah, clever boy, you coming back home wasted, as I have to watch what's left of you bump into the living room. You are clearly drunk, you can barely talk, but you insist "everything's fine, sunshine".

I wonder where were you. I wonder how you managed to get back home. I know that you drank tequila, obviously large amounts of beer. I am sure that at some point of the night, the dj played Wonderwall and you started jumping around like a moron...

You know it hurts a little bit to call you a moron... don't you?

You walk, trying to reach the room. You can't walk straight. I look at you and I am angry. I wish I wasn't, but I am. And it's funny, I'm not mad about you being drumk. I am mad because you are drunk and, this specific time, you were supposed to come to my place.

You did. You are a man of your word.

But I didn't expect this. I expected my boyfriend to come home in good shape.

You walk towards the room, you say something like "lesht gotobed, honay". And I don't know. You are drunk, I can't kick you out. You are going to be asleep in thirty seconds. And I hope my mood swings, and I can go to sleep too. But tomorrow we are having a nice conversation, be sure of that.

Sometimes you behave like a brat, Jimmy.

II
Puede ser que lleves una vida saludable, que comas verduras, que no te guste comer demasiado embutidos ni congelados. Puede ser también que no comas tanta carne roja, que seas más de comer pescado y pollo. Tus niveles de colesterol pueden ser más que óptimos, tu metabolismo puede ser un relojito.

Puede ocurrir que desayunar frutas todos los días sea uno de tus placeres, que odies las frituras y que te encante fibras y cereales y esas cosas.

Puede ser que incluso tengas una especie de hábito por lo light y el L. Casei Defensis, que tengas una dieta rica en hierro y vitaminas, no eches de menos los azúcares.

Puede ser que hagas ejercicio casi a diario, que lleves un ritmo de vida descansado y sin stress. En una de esas sos de esas personas que lleva bien la rutina, que ha logrado acomodar los cánones de su vida al cronograma del hombre, un ser de hábito.

Y por más que hagas todo eso, sea por genética o por algún accidente histórico del que no te percataste, un día podés tener cáncer.

III
Pasaron cinco años:

Allen Jana había llegado como un meteorito a la casa de Esthershack, en plan de permanecer la noche en una fiesta en el SUM de su edificio. Cuando se encontraron en el jardín, ambos estaban en una entonación media. Esthershack charlaba con Charlie, uno de sus amigos de vaya a saber dónde.

- Hola, Hola.

Esthershack y Jana observaron la situación, un salón repleto y ellos esperando a Orlando, Bob y Oliver. Adicionalmente, había que convencer a la host de la fiesta de que permitiera el ingreso de todos gratis, ya que a último momento se le había antojado cobrar entrada.

- Bueno, ok, pero traigan bebidas - dijo la anfitriona, que en seguida miró por encima del hombro de Felipe para dar con una recién llegada amiga suya. Y justo cuando iban a ocurrir las presentaciones:

- Hola, ¿Allen? - dijo July.

El intercambio de miradas fue letal, era evidente el pedazo de historia que había resurgido en ese preciso instante. Se miraron con clara sorpresa, y el tiempo se detuvo durante unos segundos. Felipe miraba desde afuera, mientras se acercaba su amigo Charlie, quien también había percibido el congelamiento temporal.

- ¿Se conocen? - dijo Charlie, tomando a July por la cintura.

Las miradas continuaban siendo evidentes. Esos dos no sólo se conocían, sino que...

- Estás igual - continuó July -. Aunque con barba, pero igual.

Llegaron Orlando, Bob y Oliver, que contemplaron la escena y se dieron cuenta que efectivamente el tiempo había sido congelado.

July estaba casi igual, aunque bastante entrada en peso. Mientras Charloe explicaba que la había conocido justo cuando ella terminaba la carrera, Allen sonreía y trataba de no mirar demasiado fijo a su ex. Acto seguido, una ametralladora de preguntas de parte de Julieta, desde "¿En qué andás?" hasta "Supe que anduviste viajando" o "Veo que te seguís viendo con el salame de Orlando".

La troupe no duró mucho en la fiesta. Este hecho no tuvo nada que ver con el reencuentro July-Allen, sino conque tempranamente Felipe vomitó sobre el castillo inflable que la anfitriona había alquilado y entonces las cosas se pusieron tensas. Entonces fueron a Serrano.

IV
In & out of love.

O las incongruencias de la creación, porque uno toma elementos y constituye un sistema, algo que le permita avanzar.

El tiempo o es creación o no es nada.

Y sí la razón nos da los elementos para la creación con la condición de que los usemos contra ella misma, entonces:

no hay estabilidad posible, ya que los sistemas tienden continuamente a la ruptura, al desequilibrio, a autodestruirse. Qué dramático que suena, pero en verdad no debería ser así.

El problema del pensar paradigmático es que sabés que en algún momento, ese sistema de pensamiento va a perecer. O sea, es como si uno alcanzara la conciencia plena, el saber que en algún momento el caos retornará porque incluso las fórmulas que promueve, a la larga, tienden a la corrosión sistémica.

Y el otro día me desperté en pleno sueño, todo transpirado, agitado, con el corazón a unas 130 pulsaciones por minuto. Y dije:

"Fear of losing someone is perhaps the most common way of losing someone".

Aún no lo puedo conectar a un texto mayor. De momento, será Jimmy el que le diga eso a Bayton, porque vieron que Bentham tomó un cuasi rol omnisciente en todo esto.

En fin, lo que quería decir es que la lucidez no es un beneficio. Por a o por b, estoy empezando a creer que es mejor directamente no saber. La lucidez se reconoce como no infinita, espera su crisis y sabe que no puede hacer nada más que provocarla

Solíamos salir a cenar los viernes

lunes, 22 de octubre de 2012

(En 2006 escribí esto. No pienso corregirlo. Besos.)


-          Recuerdo que solíamos salir a cenar todos los viernes. Nos encantaba. Teníamos nuestra listita de lugares habituales, y según el antojo, íbamos a cenar a tal o cual lado.
-          Tenés como cierta melancolía por ese tipo. Tanto lo reprochas, pero ahí está – y le señaló la cara sonrojada - , ese gesto me demuestra que todavía lo querés.
-          Obvio que lo quiero. Eso jamás lo dudo.
-          Pero sin embargo, hace media hora que lo único que haces es despotricarte contra él. ¿Es relator me dijiste, verdad?
-          Si. Se fue a cubrir alguna de esas cosas. El fútbol de las Olimpiadas, o yo que sé qué corchos…
-          Ah… Lo debo conocer entonces.
-          Si. Pero tenemos un trato…
-          Nada de nombres. Sos una completa extraña para mí, pero sin embargo siento que te conozco tanto. El cuento que me contás siempre que nos vemos es un cuento incompleto, sin personaje principal y con escenarios vagos y borroneados por un autor que no quería privar al lector de las libertades de la imaginación. En realidad, como hablamos de estas cosas. ¿Hablás con alguien más? Alguna amiga…
-          No. El tema es que con vos, al estar ya reunidos de una forma clandestina, te puedo contar todo. Y encima ni sabés quien soy. ¿Cuántos años me das?
Meditó, buscando un número. Era algo difícil, pues ninguno le satisfacía. ¿Y si le pegaba? ¿Cuál era la diferencia? Seguro, jamás lo sabría. Y era mejor así. Su mano comenzó a recorrer lentamente las piernas de ella. Esa pierna desconocida, pero en ese momento vecina, incluso habitable. Era hermosa, pero se alejaba siempre al otro día. Podía pasar una semana sin que ella se dignara a llamarlo. Y de repente, el teléfono, ese endemoniado enano buchón, chillaba porque ella lo buscaba nuevamente, con ganas de abrazar un cuerpo extraño. Entonces, él entraba en escena.
-          Hmmm….
-          Me parece que estás pensando en cualquier cosa menos en mi edad.
-          38.
-          Yo me hago la idea de que vos tenés 42.
-          No pregunté, pero ahora ya sé que pensás de mi.
Si ella tenía ojos apagados, él lograba encendérselos un poco. El brillo de su juventud volvía por unas horas. A él siempre le gusto como los ojos de ella se perdían en los suyos. Lo único que ella necesitaba era a un extraño. Pero a esa altura, ella sabía que no podía conformarse con cualquier extraño. Él era su extraño, su amor que jamás flotaría en la superficie. Era su enamorado subacuático. Tanto le había costado encontrar a éste, que era apuesto y encima buena persona. La calle estaba llena de estúpidos, eso su historia lo había demostrado a cachetadas.
-          ¿No tenés miedo de que se entere? – Preguntó él.
-          No… es como si no me importara. Bah… no es que no me importe, pero siento que nada puedo hacer y que mi marido jamás se enterará o jamás le llevará el apunte. No me malinterpretes. Si hay algo que mi marido sabe es como tratar a una mujer- él le puso un gesto de molestia, pues odia que una mujer le diga que es otro el que sabe como tratarla-. Lo único que ocurre es que quizás eso se ha perdido un poco. No sé por qué se perdió, pero sé que ahora que él no está, yo quiero estar con vos.
-          Bueno que digas eso. Aunque por tus palabras eso de “se perdió un poco” me parece un fiel intento de rescatar a tu marido de la hoguera en que lo pusiste… o al menos un intento de que la llama lo queme menos.
Ella lo miró fijamente. ¿Se daba cuenta que la mano de él estaba casi en su entrepierna? Los domingos por la mañana eran geniales para quedarse remoloneando en la cama. El no había cesado de clavarle esos ojos negros, de tal oscuridad que daban ganas de meterse adentro y averiguar que pasaba adentro. Pero siempre, esos ojos negros le significaban a ella una distancia insalvable.
Su otro brazo pasaba atrás de su cuello y salía del otro lado, para descansar en el hombro de ella. Ambas cabezas se habían posado en la almohada la noche anterior, y allí seguían. Nunca habían hablado tanto de sí mismos. Era indudable que en algún momento los dos alternativamente habían sentido el deseo de revelar su nombre, de saltar del anonimato, con documento y todo, de mostrar toda su desnudez por completo, sin esconder absolutamente nada. Pero ambos se dedicaban a recordarse su pacto.
-          Nada de nombres – dijo ella aquella vez que se conocieron, hace tres meses -. No quiero saber quien sos. No me interesa quien sos, tu identidad. Me interesa el extraño que sos. Sólo quiero pasar mi tiempo con un desconocido y que no me pregunten nada.
-          Bárbaro. Así que te importa un pito conocerme, pero te va acostarte conmigo.
-          Parece que no entendiste. No es que no me intereses, sino todo lo contrario. Pero tengo la necesidad de jugar con el anonimato, de desconocer los detalles básicos de tu persona. Llevamos hablando casi una hora y media y ni sabemos nuestros nombres.
-          ¿Y cómo te llamas?
-          No te lo voy a decir, y además te prohíbo que vos me digas tu nombre – le dijo acercando sus labios a los de él, pero sin llegar a besarlo. Era obvio que lo estaba provocando con gestos alocados.
-          Podríamos ser dos almas que sin nombre se identifiquen mutuamente.
¿Cómo había llegado a sus oídos que ella era casada con un relator de fútbol? Ella no se acuerda. En él, el recuerdo quedó tatuado en su frente. Ella terminó llorando como una condenada a la tercera vez que salieron. Ni siquiera se habían acostado, pero era cierto que se sentía como las cosas avanzaban al trote, agitadamente. Estaban en la puerta del departamento de ella. Ella quería invitarlo a subir. Él quería ser invitado a subir. ¿Era lo que debía ocurrir? Seguro. Nadie lo dudaba. Ni siquiera aquel relator de fútbol que se encontraba en Perú, para cubrir la final de Argentina – Brasil y que ya había pasado por más labios que una bombilla de mate.
-          ¿Qué dedos estarán rozando las caderas de mi mujer? – preguntó el periodista deportivo a uno de sus compañeros de trabajo.
-          Yo creo que los dos saben muy bien lo que hacen – fue la respuesta. – Y es bárbaro porque ninguno dice nada.
Si ahora ella se arrojaba, al menos por un rato, en los brazos de otro, no era su culpa.  No era de ninguno en realidad, pues así eran las cosas. Ella, vestida de novia y caminado hacia el altar, no se imaginó que necesitaría recurrir desesperadamente a otro hombre, que si apreciaba, simplemente no amaba.
-          Es mentira eso de “hasta que la muerte los separe” – dijo en tono reprochón. – A nosotros siempre nos separó River-Boca, la Libertadores y el Mundial.
-          Pero siempre volvieron a estar juntos. Yo creo que lo que intentó decirles el cura ese día es que estarían juntos como pareja hasta que la muerte los separe. Entonces, se reencontraran en otro mundo.
-          A veces decís demasiadas pavadas. No necesito que me expliques que quiso decir el cura.
En ese momento los ojos de él despegaron irremediablemente en un vuelo fugaz e irreflexivo. Estaban destinados a estrellarse de nuevo en el rostro de su amante, pero el vuelo continuaría lo más que pudiera.
-          No te ofendas.
¿A qué hora tenía que estar él en la reunión de mañana? Tendría que llamar a su secretaria temprano para que se lo recuerde. Odiaba molestarla. Sentía por esa otra mujer (su secretaria) una atracción que jamás confesó a nadie. Y era extraño, pues el siendo soltero y jamás casado, podría haber intentado algo. Pero allí estaba él, al lado de una mujer que no lo amaba, posando su mano sobre los muslos de una desdichada. ¿Y él no era desdichado? ¿No estaba parado siempre, rodeado de nadie? Las otras personas no eran para él otra cosa que puntos de vista, lejanos en la distancia, que le decían que tenía que hacer. Jamás les había podido hacer caso.
Una mano femenina se posó sobre su pecho y lo acarició. ¿Pedía perdón? ¿Era para tanto? No. Seguro que no hacía falta enojarse. Nadie en la habitación estaba enojado. El silencio inundaba el espacio, pero nada más. Él no tenía ya ganas de hablar del cura, de maridos en el extranjero, etc.
-          Amo a mi secretaria.
-          ¿Qué? ¿Amás a tu secretaria?
-          Eso dije.
-          Pero, ustedes no están saliendo. ¿O si? No me gustaría que le metas los cuernos conmigo a la mujer que amas.
-          Perdón… vos le estas metiendo los cuernos a tu marido conmigo, así que por qué no podría hacer yo lo mismo.
Ella lo miró sorprendido. Tomó aquel último comentario como una confirmación de que su amante estaba con otra. Él sabía lo que le había dado a entender a la mujer que yacía a su lado y no se preocupó por desmentir el malentendido. ¿Cómo sería amar a su secretaria, o más bien, ser amado por ella? Se sonrió sin darse cuenta.
-          No me esperaba que salieras con alguien más. ¿Hace mucho?
-          Tenemos un trato…
Los ojos de ella tuvieron que frenar ante la reserva de los ojos negros de él. Las dos oscuras esferas que le devolvían por fin la mirada, pero parecían más oscuras. Era como si aquel vuelo provocado por el recuerdo de las palabras del cura los hubiera quemado hasta volverlos carbón. Ella sintió que el levantaba la mano de su pierna. Ni se había dado cuenta, pero sintió la ausencia de aquella mano como quien siente a su verdadero amor partir.
-          Mi marido seguro debe estar con otra.
-          ¿Eso pensás?
-          Seguro. Si yo estoy con vos, ¿por qué él se va a privar de conocer a otra?
Los dos ojos oscuros se aproximaron a los de ella. Se besaron, sin siquiera ellos entender por qué. Los labios no importaban, eran los ojos lo que se besaban realmente. Esos ojos oscuros se habían acercado a esos ojos pardos. Cada globo ocular oscuro había tomado por pareja a otro globo ocular pardo. Querían danzar, un vals hubiera sido ideal. Ambos creyeron escuchar la música, pero los ojos no bailaron.
Los vidrios rotos cayeron al suelo cuando él separó su cuerpo del de ella y se sentó al borde de la cama. Ella miraba su espalda. Desde que lo había visto sin ropa la espalda de ese hombre le provocaba. Sentía ganas de tirársele encima por detrás y no dejarlo ir, prenderse a él como un animal salvaje a su presa. Pero en ese momento el animal salvaje estaba quieto, parecía domesticado. Era horrible que alguien hubiera domesticado a tan precioso animal. Lo mismo opinaba él, pero ella no tenía forma de saberlo.
-          Odio los domingos a la mañana – dijo él mientras se estiraba y un bostezo escapaba desde la garganta a la libertad.
-          Para mi están bien. Lo que si odio son los lunes a la mañana.
-          ¿Sabes cuando vuelve tu marido?
-          No… bah… mas o menos. Todo depende de cómo le vaya a la selección en los juegos.
Entonces él se volteó y sin mirarla le preguntó.
-          y… ¿Vos querés que la selección llegué lejos en los juegos olímpicos o pierda pronto?
Ella se levantó súbitamente y lo abrazó.
-          Quisiera que jueguen para siempre.
La respuesta le resultó extraña. ¿Qué tipo de persona deseaba que su amado no volviera nunca? Por más de que le gustara andar con otra gente y tener un amante, ella amaba a su marido más que a nadie.
-          En este momento – dijo casi entre lágrimas- quisiera deshacerme del amor que le tengo a mi marido. Vos me mirás como quien ha dicho una barbaridad, pero es así. Amo a mi marido, y quiero desembarazarme del amor que por él siento. No necesito amarlo de esta manera, necesito otra cosa.
-          ¿Y por qué no te divorcias?
-          No es posible. Estoy atrapada. No puedo decirle de separarnos. No quiero estar sola.
-          Estoy yo.
-          Si, pero vos estás con otra. Si pierdo a quien todavía amo nadie quedará para mí. Le temo a la soledad, pues ya no soy una purreta que puede levantarse a cualquier macho.
Hubiera querido reconfortarla, sabía qué cosas podía decirle para aliviarla, pero no lo hizo. Cualquier cosa que él le hubiera dicho hubiera sido en vano. Él sostenía que lo mejor que alguien podía hacer cuando se enfrentaba a alguien deprimido era dejarlo en paz. Ahogándose en sus penas. Una lástima que ahora le tocara a ella. La última vez que él la había intentado reconfortar se había enterado de la profesión de su marido y de los problemas que eso le acarreaba a la mujer.
-          Y vos… ¿Por qué estas conmigo si amas a otra? – Le preguntó ella.
Desde que se había enterado de lo de la secretaria, esa pregunta le hacía bochinche en la cabeza, pugnando por salir. No se había animado a preguntar, hasta ese momento en que los ojos negros ni siquiera merodeaban cerca de se figura.
-          Tenemos un pacto.
-          Yo te conté a vos. No seas así…
-          Ella no me ama. Yo lo sé. Lo peor es que ni siquiera sé a qué hombre pertenecen sus añoranzas y sentimientos. Es odioso no poder enamorarla.
Ella le tomó del brazo. Ahora se había sentado a su lado. Eran dos compañeros con tanto en común, pero no eran iguales. Eran los solitarios amantes de una ciudad que jamás les había demostrado cariño, que jamás les había preguntado como les iba en su casa o con el estudio, que a duras penas les había reconocido algún éxito laboral. La ciudad no los quería, pero tenía que soportarlos. La secretaria no lo amaba a él. A ella su marido la había engañado a los dos meses de casados. Ella había perdido un embarazo hace poco más de un año. Él logró, no sin apelar a toda clase de medios, que una ex novia suya abortara a los 19 años. Las vidas se perdían. Ellos estaban vivos, pero no vivían. Tenían la impresión de jamás haber estado realmente vivos.
-          Sos un hombre apuesto. Seguro que podes reconquistarla – le dijo ella para reconfortarlo.
-          No es solo cuestión de cómo me vea. Además, seguro que muchas mujeres, incluida ella, disiden con vos.
-          No me vas a decir como se llama, ¿no?
Los ojos negros le contestaron que no sin hacer absolutamente nada. Fue el no más silencioso del mundo.
-          Yo no te digo como se llama mi marido porque vos seguro que lo conoces. Al menos así no sabes quien es – se atajo ella, para justificar su propia negativa a revelar el dato.
¿En qué cambia eso las cosas?, pensó él. Era totalmente innecesario hacer referencia alguna a nombres. Esa habitación era la zona de veda. Nadie sabía nada de nadie, y sin embargo todos se conocían. Esa habitación era la imagen microscópica de una Buenos Aires desolada, tan viva y tan indiferente. El amor de la ciudad a sus hijos es indiferente.
Los dedos de ella jugaban en la alfombra del puso. Le encantaba rozar las yemas de los dedos contra la felpita. Era automático. Él le tomó la mano y se la besó.
-          Te voy a decir una cosa, – comenzó a decir él mientras ella le regalaba toda su atención, con un moño y el papel de regalo más bello que él había recibido en años – mas allá de que ciertamente mi vida no ha dado resultado, debo decirte que te quiero.
La afirmación no le cayó muy bien a ella. Entonces intentó frenar la declaración.
-          No me vas a callar – atacó antes él -. No te voy a decir que te amo porque no es así. Pero eso no quita que tenga sentimientos de cariño por vos, y sinceramente quisiera que estuvieras mejor con vos misma y tu marido. Es estúpido negar que me gustás, de alguna manera. No voy a negarlo. Deseo volver a verte. Si me querés sorprender entonces decirme que no me querés volver a ver, y entonces…
-          Te entiendo. Tenés razón.
Fue entonces cuando ella comenzó a mirar sus prendas. Era hora de vestirse. Los pantalones de él no pudieron esconderse durante mucho tiempo. La camisa le quedaba holgada. Se sentía más flaco que la noche anterior. Era como si hasta parte de su ser lo hubiera abandonado para irse con otra parte de ella, a algún lugar mejor. Ella se vestía, completamente ausente. De la habitación del hotel salieron dos personas huyéndole al destino. Ella volvería a su marido, para vivir el romance más insípido que alguien pueda contar. Él encontrará el lunes el mensaje de su secretaria diciéndole que se va a Nápoles con su novio, para casarse allí. Poco después llegó el telegrama de renuncia.