Ambient...

martes, 4 de septiembre de 2007

Allen a Orlando:

Viste que uno en realidad es ese tejido, ese todo integro y palpitante que lo rodea y es uno mismo a la vez. Es ese ser íntimo que es también ese ser proyectado en los otros, esa sensación de comunidad (no pocas veces conflictiva) con los otros y con el mundo.
Hace tiempo que dejé de creer en las meras instrumentaciones. Tincho y Mauricio (no Macri), cada uno a su manera, me han dicho reiteradas veces que uno es en situación, no tanto un ser en el mundo, sino un ser con el mundo.
Y justo ahora, que hay algo que inunda un no sé qué mío, oportunamente ubicado al centro de mi pecho.
Porque allí está el chacra emocional, ¿no? ¿No se trata de ese punto energético estratégicamente ubicado en el cuerpo? Cuando hablaba de las sensaciones acuáticas, hablaba de eso. Siempre me dijeron, cuando estaba angustiado, y me quejaba de que me dolía ese punto de mi cuerpo, que era el chacra congestionado.
En realidad nadie existe por sí sólo, por favor, eso es una tremenda pelotudes. A veces pienso que he reducido la independencia del ser humano a una serie de predisposiciones afectivas. Que uno no decide, que uno transcurre. La racionalidad es sólo un fantasma tétrico. Y lo que uno verdaderamente quiere es lo que uno es, y no puede evitar esa relación de enemistad-amistad-amor-odio con el mundo.
También pensaba que el verdadero ser es en comunicación, ¿no? O sea, no te hablo de a magia divina, ni de cómo hacerse millonario, ni de sexo con ella, ni de familia de uno, ni etcétera etcétera. Creo que lo que verdaderamente está abajo, lo que realmente hace ser, es la comunicación, poder implicarse con los otros. Todos los arreglos afectivos, de poder, de dinero, de desmán, todas las piruetas ergonómicas, son eso.
Y a todo esto viene una situación de arrastre. Pues ahora, como dije, ese no sé qué del ambiente reactiva ese no sé qué de la burbuja interna, que entra a convulsionarse de a ratitos para ver si nos desparramamos un poco en el sentimiento ajeno. Me parece que estoy entre ese "no me importa nada" y esa clara reflexión emotiva de que todo me importa demasiado...
No sé si es esa sensación irrefutable de que nada va a cambiar, o ese impulso de inmiscuirse un poco más en la existencia, adquiriendo nuevos pagarés, una Corona frente al río nocturno, o hacer que el tiempo (creativo) fluya de una maldita vez, que el castor ya se ha aburrido.

(Chocan los chops, con su ya clásico cántico: "Y que se caiga el sistema".)

Conversación con el enemigo

domingo, 2 de septiembre de 2007

#) Hola.

1) Hola. ¿Cómo estás?

#) Bien.

1) No puedo creer que estemos acá, los dos frente a frente sin que se estén cayendo las paredes, sin que resplandesca esa necesidad de huir...

#) Lo mismo digo. Sé que te cuesta estar acá, que te has implantado esa reticencia a mi. Lamento eso. Pero respeto que estés acá ahora, que no hayas optado por no venir.

1) Si. Yo también lo lamento. Y reconozco explícitamente el esfuerzo emotivo que estoy sufriendo ya.

#) Tenía razón cuando dije que no podíamos quedarnos con todo esto embotellado, esa vez abajo de la lluvia. Tuve que perseguirte casi, alcanzarte, lograr que pararas, para poder hablarte. Tanto tiempo a pasado Allen. Ese mismo tiempo que susurra su verdad, no la mía.

1) No sé. Tengo que admitir que recién ahora me doy cuenta de ciertos mecanismos. Y creo que fui efectivo de desarmarlos, sin darme cuenta. Vos no querías que los desarmara, pero creo que tenía que abandonarlos.

#) Creo que no los abandonaste del todo. Entendeme. Renuncié a vos porque no quedaba otra escapatoria, y te digo bien claro, fuiste una de las renuncias más dolorosas que tuve que hacer. Intenté volver, acercarme un poco. Pero siempre me respondiste con una repelencia asombroza, con bombas y estallidos.

1) Decime, ¿vos tenés esa sensación, cuando estamos con todos, los dos presentes, de que tenemos que omitir lo inomitible? Eso, de que nos negamos el uno al otro pero en realidad estamos tan de frente, tan cerca, dolorosamente cerca desde un abismo.

#) Si. Lamentablemente nos hemos vuelto expertos en esquivarnos. Pero vos iniciaste este proceso. Vos fuiste el que se fue, el que comenzó a volar los puentes, a desintegrarse.

1) No pude con tanto dolor, entonces me fui. Y aprendí a desconfiar de mi mismo, entonces comenzaron las detonaciones. Sabía que si existía el puente, iba a cruzarlo, o peor, a intentar que vos lo cruces. Entonces comencé a detonarlo.

#) Recuerdo, escuchar las explosiones a lo lejos. Por favor, si me has hecho llorar con semejantes cosas. Esa lejanía, ese no reconocimiento de que me quisiste, de que estabamos juntos. Te odio por eso. Negación de que yo estuve en vos y vos estuviste en mi. Negación de que las cosas cambiaron. Procediste a borrar las cosas, a convertirme en la nada.

1) Esa nada es la marca de la presencia absoluta.

#) Si, veo. Me doy cuenta. Estamos de acuerdo en eso. Quiero que sepas que yo no hice todo este montaje, que te recuerdo, que estás... que me pone mal acordarme de vos, pero no por el pasado ese que tuvimos juntos, sino por eso que te volviste ahora, Allen.

1) Estoy absolutamente convencido de que el problema no es con vos, el problema es con quien eras antes, y ese por qué del fracaso. Porque creo que ya no te conozco, pero tengo una imagen demasiado explícita de quién eras. ¿Sabés que hasta recuerdo tu número de documento? Fah...

#) ¿Ves? Negás toda mi realidad, todo eso que soy desplegado en la actualidad, mi yo de hoy, que ha pasado por más cosas que Allen Jana. Te quedás con hipótesis de quien soy, y con certezas (discutibles) de quien yo era. Me matás una y otra vez, todos los días. Pero el que sangra los balazos sos vos.

Algunas formas para decir "te amo"

miércoles, 29 de agosto de 2007

I
Creo que es porque desde que tu mano toma la mía, está esa especie de sensación que me cubre, que me inunda, que sé que sos vos, pasando un rato. Y es mucho mejor decirnos hola, porque detesto esos chaus. El hola es una palabra creativa, inaugura un encuentro, una performance, una estadía en nosotros.

Hola nos sirve siempre de principio, pero sostengo que lo retomamos a cada ratito, para saludarnos nuevamente, no caer en ese solipsismo que a veces nos domina. En cambio, adios es una palabra fea, no me gusta. Es por eso que no te la digo nunca, ni chau ni nos vemos ni hasta luego. Siempre un beso acompañado de una caricia. No me gusta decirte chau, quisiera que fueramos un continuo hola.

El hola me permite desplegare en vos, un domingo, que no llega a lunes. Aunque parece que la semana siempre nos amenaza.

II
Estoy molida - le digo por el celular-. No puedo con nada. Allen, corazón, no salgamos hoy, en la oficina me tuvieron loca. Sólo quiero dormir, ¿si? Gracias por entender. Te prometo que salimos este viernes.

Noto esa caida en tu voz, no te pongas así. Vamos. Je, mirá vos, Allen enamorado, y yo acá, que buen motivo que resulté ser. Me encanta que estés. Lamento hoy no poder verte.

Hoy no quedaba más de July. Con las fechas de entrega por todas partes, esa oficina era un nido de culebras. Hoy te toca hacer todo este papelerío, aceitá tus engranajes, que vas a tener flor de problema hoy. Y en realidad son una cadena, y te quitan la energía, y cuando salí, lo único que quedaba de mi era... nada.

Y después a la facultad. Le mando un mensajito a Allen. "Te quiero. Jules". No me responde. A veces me arma pataletas, parece un nene. Pero se está portando mejor ultimamente, doctor, no hace tanto despiole. Me da besos sin motivo, lo veo perderse en mi. Allen tiene una hermosa mirada, pero ¿sabés lo que es verla en mi? Salgo de clase. Lo único que quiero es pedir algo de comer apenas llegue a casa, tirarme en la cama, que mañana hacemos todo de nuevo. Hoy no sale nada bien.

El ascensor al quinto. La llave en el B. giro, y vamos... July se encontró con un pollo recién hecho, servido sobre la mesa del living. Había agua mineral y jugo de naranja. La vajilla correctamente dispuesta, servilletas. En la cocina, los platos sucios de ayer no estaban, y un cartelito pegado en la heladera: "hay un cuarto de helado; banana split, chocolate crocante y mousse de limón". La habitación estaba arregladísima, cama hecha (esta mañana era un desastre). Le dejó un bombón sobre la almohada (con un papelito: "Encontré a tu hermanito menor"). Sobre el escritorio, una nota: "no te podía decir esto por mensaje de texto".

Seguro que Allen estuvo hasta hace dos minutos aquí adentro. Qué sincronización.

III
Me estaba mirando desde hacía rato ya. Yo me hacía la dormida, pero él me miraba, lo sabía, me acariciaba el pelo, su nariz jugaba de repente en mi frente, como en esos roces en los que Allen es experto. Cuando la superficie de contacto es tan ínfima, pero todo tiembla tanto tanto, que casi no me puedo contener.

Y me dice al oido, y esta sonriendo, lo sé, aunque mantengo los ojos cerrados. Quería quedarme así un buen rato, que él me recorra. Tan apasiblemente, porque para la danza siempre encontramos nuestro momento, pero los amaneceres de sábado al medio día son los amaneceres de sábado al medio día.

Siempre me dice que me no le satisfacen las palabras, que le quedan cortas, que yo soy más que eso y que su mano está... llegando desde otro flanco. Y nuestros cachetes se rozan, está haciendo arte, esa forma tan linda de hacer las cosas. Allen, Allen, sos un dislate vos. Y te juro que me olvido de los enojos, porque ahora estás pintando un cuadro conmigo, que empezaste por mi cara y seguís por mi cuerpo. Yo sigo dormida, pero te juro que me estoy guardando este momento, que me lo quedo.

Y yo ahora decidí que sos mío.

IV
Si nos ponemos así de cerca, cara con cara, hacemos el uniojo. Parece que tenemos un ojo. Y hace cuarenta minutos que estamos así, perdidos, sin registrar al nene que le tira arena a la hermana en el arenero, al chiquito que hace la vertical, otro viajando en tobogán hasta la luna, y un picadito de gritos, corridas atónitas ante una pelota que se deja querer sólo de a ratos.

Te tengo en frente mío, así, mirandote a distancia nula, queriendo llegar, aunque sé que más lejos que esto no llego. ¿O si?

Allen, las distancias no son cuestiones físicas nomás.

Claro Guille, porque creo que adentro de tus ojos me veo un poco, y debe ser la primera vez que mi imagen no me molesta. Te abrazo y me dejo caer, pero caer en vos es una de mis sensaciones preferidas, es todo tan nuevo... y si navegar por tus brazos es para perder la brújula un poco más, pero para encontrarme menos perdido.

V
La improvisación es la siguiente:

Sonó el timbre. Era una salida extraoficial, un claro intento de ponernos de acuerdo aunque sabíamos perfectamente que no nos podríamos de acuerdo, ni en transición, ni en una playa en Mar del Plata en pleno enero.

Y abrí, y estaba él, vestido de traje formal. Detestaba hacer eso, pero ahí estaba. Ay Allen, y yo vestida así nomás. Bueno vamos.

Camisa, corbata, pantalones, sólo te vi así en un casamiento al que fuimos, que me contaste que detestas la formalidad. Y bien que te conozco que la detestás, porque sos muy... muy "casual", como quien dice. Y manejas, me llevas, sonrisa, juego de labios, mi mano en tu pierna.

Me llevaste a comer a tu casa, y estaba casi todo hecho, solo faltaba calentar un poco el pollo con el arroz. Me dijiste que quería tomar. Yo contesté que agua estaba bien pero ya tenías la cerveza en la mano. No cocinás mal, y al poco tiempo me demostrarás que además tenés otras hablidades culinarias. Y seguirás inventando platos, conmigo de por medio.

Sorpresa, de helado. Ese que que yo quería, cómo tomás nota. Me sorprende que recuerdes detalles, que recuerdes tanto de mi. Veo que me prestás atención, y que ahora y las órdenes las doy yo, que vos ya dijiste demasiado...

Postales

lunes, 27 de agosto de 2007

I
Y claro, ¿por qué no? ¿Por qué no omitir un rato que vos estás del otro lado del teléfono, imaginándome a mi del otro lado del teléfono, haciéndole caras al techo y olvidándote de que es por vos que estamos acá reunidos pero separados?

Porque sostengo que entre los capítulos, entre la líneas, vos lees más de lo que te dignas a explicar, Allen. Porque sos claramente vos el que está detonando los puentes, renunciando a cada palabra que digo. Y es horrible que ya no me escuches...

(Ya se te va a pasar, lo sabés, estas cosas se superan. Lo que no quita que sos lo único que da vueltas en mi cabeza desde hace días...)

Duele que digas eso. Sé que lo haces por mi bien, lo cual llega a sorprenderme, cómo podés ser tan crudo y decirme que la realidad es que no me conviene estar con vos.

II
Navego desde tus pies hasta tus piernas, pero me gusta naevegar lento, imponer mis tiempos, que total sé que vos estás ahí, esperando, sintiendo cada desmán, cada temblor, cada movimiento que es un mundo demasiado táctil. July, sabés que me gustan las expediciones, abstraerme en el paisaje, que la luz del velador me muestre sólo tu perfil, que sea domingo y no tenga que salir corriendo, sino estar acá con vos dejándome circular un poco entre los dos.

(¿Y te conté que mis pies son un trampolín hechos para que vos saltes desde ellos? ¿Te diste cuenta de que hay verdades que se hacen con el cuerpo al lado, no con la vista? Sé que te gusta jugar, cada vez un poco más lento, un poco más rápido. No querés quedarte en ningún lado demasiado tiempo.)

... en el ombligo, cerca de la costa sur. Pero me la saltee, porque todavía no tengo que star ahí, sino visitar tus ojos, que me quedan arriba. Vos mirás y te reís, July, pero en verdad estamos los dos riéndonos. Nos soltamos un poco y hacemos cosquillas con la mano, que va haciendo malabares, que va improvisando multitudes. Pero parece que hay terremotos, que abriste los ojos y...

Primero león, luego cordero.

III
(originalmente, un comentario que dejé en el blog de Lusmala)

Y ni te hubieras molestado en derramar el café, que ahora hace siluetas de animalitos en la mesa.Ahora chapoteando me entero de las cigueñas, de los divanes, de las tostadas desaparecidas y los rebeldes que abordaron tus agallas.

Yo jamás te dí garantías contra los cristales rotos, contra las bombas de tiempo (que admito, suelo colocar), ni prometí ambulancias para los heridos. No chiquita, eso te lo prometiste a vos por mi...

Ni contra los llamados de mi alter ego, que encima cuando la atiendo me corta. tu tuu tu... Siempre me encuentro con ese tonito, que yo sé me lo está tirando una máquina, pero es ella, es ella.

Te estás cortando con los critales, chiquita.

Sabías que me iba a cortar. Dejaste que me cortara... y no me digas chiquita.

IV
- No me digas de nuevo que estás ahí, recomenzando por décima vez las cosas. No, no me gusta esa falta de dirección. No entiendo por qué desarmás y rearmás todo, constantemente. Es como si te cansaras de todo, y optaras por detonar.

- Tengo esa sensación. Ya me dijeron alg parecido, y no estoy de acuerdo, pero entiendo de dónde sacás la versión. Es una mala versión, creo que hay evidencia para sostener en contra de eso que decís.

- Es que solés tirar tus proyectos por la borda Allen. Reconocelo. Sé que no es la totalidad de lo que haces, que creaste inventos que considero brillantes. Pero veo cierta tendencia abortiva, cierto afán demoledor.

- ... ¿Y por qué no ves también el afán constructor? ¿Por qué no te das cuenta de los movimientos repentinos para rescatar las cosas, para darles nueva vida porque si las cosas no camban entonces no están vivas? Sostener algo no es mantenerlo inmutable, es lograr su fluir en el tiempo y el espacio, es hacerlo existir, que no es existir siempre de la misma manera. Temo que vos tengas una tendencia a la rutina...

- ¿Es eso? Pensás que soy rutinaria, siempre más de lo mismo, una figurita repetida en tu vida. ¿Qué pasa Allen?

- ¿Qué pasa? No sé cómo reconstruirte. No me malinterpretes, no me voy, me quedo, me quiero quedar. Estoy acá, hablándote, con más urgencia que nunca, porque no me voy...

- Me alegra eso. Me alegra que me estés besando en este momento, que tus brazos me hayan atrapado y me tengan fuerte. Yo tampoco me voy. Me alegra que nos podamos comunicar, que no estemos perdiendo las sensaciones por completo.

V
(originalmente, un comentario a un post de Hani)

Te quiero pero por otro lado: (Cosas que no le dijo J. a A. pero las pensó)

- Fijate que por la derecha está bloqueado, porque se estacionó ese con el que ya no quiero tener nada que ver y molesta el molesto eh. Y guarda con venir desde el frente xq no me gustan los choques bruscos, nada de eso. Por atrás ni hablar, olvidalo querido... ¿Izquierda? Hasta para los besos sos zurdito, che. Quizás, fijate si llegás a quererme por ese lado...

VI
No, si, claro, cómo no. Ajá, ajá. Te aseguro que aunque encuentres mi mirada perdida, estoy acá presente. Si, fue buen recital, y no recuerdo precisamente si volví a casa o me digné a salir luego.

Que raro, vos siempre tenés algo para hacer.

Eso no es verdad (y detesto esa imagen errada que te has hecho de mi).

Y bueno, eso es culpa tuya, ser construcciónficional. Porque si sos el chico malo del lugar, si tu comedia nos involucra a todos, si las ideas se te escurren en disparates... al fin y al cabo, sos vos.

No creo en explicaciones tan simplistas. Me duele que pienses así, porque en realidad tengo otro punto de vista de mi mismo. Duele porque resulta que uno construye de manera equivocada entonces, y encima no es realista, porque paf, uno termina siendo una ilusión óptica.

Claro, a vos no hay nada que te caiga peor que el hecho de que vos seas irrealista.

El síndrome

viernes, 24 de agosto de 2007

Personajes:
- Ludi
- Luna
- Orlando
- Felipe
- Allen
- Lisa
- Seres nocturnos varios

Creo que nos habíamos olvidado en el auto la coherencia, que el cielo de la noche no nos negaba nada y que fue recién al otro día que nos volvimos un poco menos santos y otro tanto más maniáticos. Un cajón de cervezas en el baul, 35 conitos de plástico naranja que adornan la pileta del club, deshechos tóxicos en pleno patiodevenidoenpistadebaile. Porque nadie vio a nadie taponar los inodoros con toda la fruta que había, ni nadie fue el responsable del sex on the beach que aterrizó en la consola de musicalización. Son los percances de haber conocido a esta gente, ¿no? - Decía Lisa.

Yo lo miraba bailar entre toda esa gente, y era él solito que le ponía mute al mundo y me venían esas ganas de correr, arrebatarlo de sí, llevarmelo a los arbolitos y... Pero no, Orlando es de todas esta noche, me imagino. Mientras Felipe se encuentra con el décimo tequila (su mejor amigo hoy), Allen está tramando algo (nos damos cuenta, por su mirada pícara y su merodear ciertas partes del lugar). La pequeña Luna es el único ser medianmente racional en eta tierra de la danza hacia la derecha, ideal para el reconcimiento de plataformas no submarinas. ¿Desde cuando Orlando me gusta? Desde que Yo, Ludi, me hago cargo un poco de todo esto que me atraganta, desde que mandé a la mierda el trabajo, desde que dejé a mi escapadita de los fines de semana, desde que inventé nuevas formas de olvidarme que yo no soy de este mundo, porque se equivocaron al traerme acá.

Orlando bailaba como nunca, con un grupo de absolutas desconocidas. Era evidente que los nombres ya surgirían, que los encuentros serían los domingos, que el martes nos encontramos después de clase a las diez, y que Felipe después va a preguntar de dónde salió esa morocha.

Yo no me ando con más cosas entre manos que el amor puro, viste. Puro porque es lo que realmente me vale, y no me importan los reproches del otro día, el dolor de cabeza ese que me parte el cráneo, o la verdad de la milanesa. Para eso está...

... Allen, esa persona que está entre los árboles, que fichó los cajones de cerveza, que se aburrió de esta fiesta de rugbiers high class (¡me llevarón a ella!), al lado de la autopista Illia, en un club de vaya a saber qué náutico. Hay que inventar, che, se safó el cabito, la térmica quiere estallar, quiere dar vuelta un poco toda la noche.

Allen) Hace falta caos acá, tanto desorden controlado me pone mal. Necesitamos un disparate ya.

Luna estaba monitoreando las diferentes situaciones: Amiga 1 conociendo a chico X, que mañana no le importaría. Amigo 2 tratando de levantarse (as usual) todo lo que tuviera tetas. Amigo 3 pasadísimo de tequila, un desastre en potencia. Amiga 4 con un aire de tristeza (Lisa, si no me contás que te pasa, cada vez te conozco menos). Amigo 5, por favor, no.

Felipe bailaba. Se aproximaba a un grupo de señoritas. Lindas chicas, como todas, eran su target. Tequila tequila que vamos para adentro, que el cuerpo de Felipe es un barco que vaya a saber dónde encalla hoy, pues todos saben que él es experto en dejar los problemas mal planteados pero funcionando. Las ideas se le escapan como el vaso con su trago que salió disparado...

Aterrizó en la cabeza del dj. Terror. Al tipo le chorreaba todo el líquido, un desastre todo pegote, una idea que Allen festejaba desde el anonimato. Felipe hizo casi cuerpo a tierra entre los danzantes, se agachó, tenía que rajar de ahí, antes de que se dieran cuenta de dónde había salido el proyectil. La noche era genial, el cielo era el mejor techo de todos, derramaba un poco de luz de cada una de las estrellas. El pasto del campo era una mugre de vasos, puchos, papelitos, una lástima. Parecía lindo club, lástima que caímos nosotros y parece que estamos aplicando los clásicos esquemas de lo que nosotros llamamos "ponerle onda".

Allen estudiaba claramente la situación: tenía el auto de Orlando afuera del alambrado. Los cajones de cerveza estaban abajo de un árbol, pero bastante alejados del griterío, la música, los barmans y sobretodo, el equipo de rugby claramente presente entre los asistentes. Era tomar eso, ir por el fondo, sigilosamente, tirar el cajón del otro lado del alambrado, y buscarlo en el momento oportuno de salir porque "me olvidé el celular en el auto".

Orlando) No Allen. Te van a cagar a trompadas. Pará, no es el momento ni el lugar para tus jugarretas - había aparecido de entre los suyos, la voz de la razón, que se hacía medio el sota porque bien que había acompañado a Allen en más de una, pero de repente se le ocurre crecer. En seguida retorno a las chicas, y dejó a un Allen advertido, aunque no impedido.

Entonces Ludi conoció a un tal fulano que le ecordaba a un mengano que le hacía olvidar a Orlando, y que se puso a visitar su lengua en medio del quilombo de gente, casi sin preludios.

Era lo que yo necesitaba, no pedía nada más que un poco de alguien, quería ese cosquilleo que me producen los besos, aunque te los den mal. Pero odio cuando dan mal los besos, pibe, no necesito que me rompas la boca, que me tengo que buscar una nueva, a ver está bien vení. Es medio errático esto, viste, pero a ninguno de los dos nos importa tanto, y resulta que me vio Orlando. Jodete. Vos no te diste cuenta de que yo estoy acá, andá con la otra, que nadie te quiere acá, salvo esta estúpida acá en pleno acto de degradación sólo por un cosquilleo.

Lisa miraba anonadada a su amiga Ludi, irreconocible. Ludi a los frontazos con ese otro pibe, y podría haberse agarrado a uno mejor. No gracias, tu amigo no me interesa, gracias, tengo cerveza ya, no fumo, no me interesa tu habitación de hotel y no necesito que me revisen el aceite. ¿Lisa la mejor rebotera del mundo?

Lisa estaba ahí, en medio de la multitud, haciendo de cuenta que la estaba pasando bárbaro. Pero lo que la tenía un poco con las lagrimas adentro era que nada le pasaba en realidad, que era lo mismo que estuviera o no, que se hubiera quedado en casa durmiendo, porque aquí no estaba él, esperando conocerla, con una calidez que ella no conocía. En vez de eso, estaba el frío (era el final del verano, en realidad), el frío de Orlando con una, Ludi no admitiendo que la cosa no estaba bien, Allen siendo Allen, Felipe...

... Se dio vuelta, las pibas estaban bailando, y vomitó ahí nomás el tarado - contaría dos días después Luna-.Yo lo vi, estaba al lado de Feli. Ya ni pelota me daba ya, pero tenía miedo que termine tirado en coma alcohólico. Las pibas vieron como les caía esa inmundicia frente a ellas, salpicones, y la puta que te parió. Allen se reía, había alejádose de su objetivo momentáneamente para compartir con nosotros eso que somos.

Luna) Y vos, nene, ayudame un poco. Dale, que Felipe está bien.

Lo bueno de Allen es que se pone las pilas cuando hay que poner. Entonces nos ocupamos de llevar al borrachito este a un lugar de reposo, al lado de las duchas del club, donde lo tuvieramos a mano. Y Feli quedó ahí, hasta que nos tocó llevarlo al auto.

Luna) Allen. ¿Vos cómo estás? Noté que July no vino.

Allen) Si. Salía con otras amigas. Sinceramente la extraño, me viene la ola destructiva.

Luna) Bueno. Hace mucho que no hablamos, sin July de por medio ¿no? ¿Por qué no me contás cómo estás? Y no me vengas a esquivar, quiero saber cómo andás de tu insomnio y de tus inestabilidades, que noto hoy están en voga.

Allen) ¿Sabés algo? Te extraño a vos también a veces. Nunca te lo dije pero me gusta eso de que opinemos tan diferente. Creo que si dijeras exactamente lo mismo que yo ni me caerías bien. Eso, me prometí que te iba a decir esto, porque a veces parece que no te reconozco que sos buena en lo que haces. Aunque a veces me enervan algunas de tus respuestas empapadas de realidad y joyas de verano.

Previamente Allen había hecho muchas de las cosas que nos fuimos enterando. Inodoros con problemas, y desde el fondo vino corriendo uno de los organizadores, diciendo que alguien había iniciado un chapuzón de conitos, y que mañana iban a tener un lío con los del club. El cajón de cerveza había caminado desde los árboles, bordeando la valla que separaba la fiesta con la cancha, y luego de trepar y trepar por el alambrado paf estaba del otro lado, a pasitos del Reanult Clio, móvil de esta noche.

Luna miró a Allen. Allen esbozó esa sonrisa. Ella estaba obligada a ser complice, para que no le dieran una golpiza a su amigo.

Orlando estaba bien acompañado, la morocha era cita del domingo a la tarde. Ni se percataba de que lo querían mucho ahí nomás, a siete metros, Ludi, que lloraba en otro beso, porque lo único que quería era no ser tan Lisa, que estaba allí, esperando el milagro, pero ni siquiera dispuesta a mover un dedo por el cielo, que Allen estaba dispuesto a enjuiciar hasta instancias ridículas, porque July hacía lo que podía pero no corresponde hecharle semejante carga encima. Orlando puteaba porque lo obligaban a dejar a su conquista ahí en la fiesta, para irse nomás. Menos mal que tu celular ya realizó nuevas adquisiciones, nene.

Luna me dice a mi - Allen - que nos juntamos luego, que le explico esto del cajón de cerveza en el baúl, de los sueños rotos que total no uso porque ni duermo casi, hace 48 horas que mi conciencia artificial es casi todo mi ser, que por qué llevamos a Felipe ella de los brazos y yo de los pies, y por qué hace tanto que dejamos de resplandecer para disolvernos. Orlando putea porque nos vamos y la morocha se queda. Los rugbiers miran a un Allen demasiado jocoso, Lisa agradece el escape, al igual que Ludi, que viajará sentada en el regazo de Orlando.