Sonrisa abajo

martes, 6 de abril de 2010

Entonces ella me miró a los ojos y sonrió, prosiguiendo con su explicación sobre Sartre. Y yo la escuchaba pero al mismo tiempo la miraba a los ojos, observaba sus labios, degustaba sus palabras mediante mis oídos. Un perfecto idiota, creo, totalmente indefenso. Todo esto me ocurre por...

- Creo que Brecht logra una gran unidad psicológica de los personajes - dijo-. Pensalo, cada carácter es perfectamente coherente.

Tenía completamente razón. Creo que luego de eso le habé de la existencia de La Novela de Dos Centavos, secuela no dramática de la Ópera de Dos Centavos. Escuchó con atención que...

- Bertolt escribó luego, utilizando algunos de los personajes de la ópera, una novela. Esta pasa casi desapercibida entre sus escritos, pero bueno, de hecho, Bertolt Brecht escribió una novela.

- No lo sabía.

- Lo encontré navegando en la interné a altas horas de la noche. Se consigue ahora fácil.

Ella era la persona más interesante del mundo y yo era el estúpido más irrelevante. ¿Cómo?

- Dijiste que sos un racionalista en rehabilitación... - dijo ella-. Pero te veo desvariar de a ratos, el otro día hablabas de pintar los sonidos.

- De verde.

- Sí.

No quise explicarle que para mi verde siempre significa Heineken. Tampoco quise aclararle que cuando escribí eso estaba medio ebrio. Y menos quise aclararle que sin verde soy un tipo bastante monocromático. Total, en cualquier momento que tengas te voltearás a ver el mundo en colores...

- Es que Bretch era un tanto comprometido -dijo mirando para abajo mientras tomaba su chop-. Y si lo pensás, era lo único a hacer, teatro de denuncua, intelectual o como quieras llamarle. Ya sé que me vas a decir que es snob y que se queda en el mero espectáculo pero...

No me costó demasiado callarla con un beso. Era muy interesante cómo lograba ella desvariar en su análisis literario y yo me hacía cargo tanto de sus categorías como de sus sonrisas y miradas.

Ella sonrió. Finalmente logré que se relajara al menos brevemente. La miré instándola a que continuara con su exposición, mientras tomaba mi cerveza en aquel olvidado bar de Serrano. Al lado nuestro una mujer ofrecía flores que estuve tentado de comprarle pero no lo hice, y una pantalla en la pared nos convidaba con una escena del unplugged de Nirvana.

- Excelente disco - dijo ella mirándo al muerto en la pantalla.

Presentí mi muerte, en lo que probablemente será ni un céntimo de la misma.

Ella volvió a mirar para abajo sonriendo. Volvimos a besarnos.

- ¿Por qué no podés dormir? - me preguntó de la nada.

Tengo mis teorías, pero ni hoy ni aquí son válidas. No te sientas partícipe de eso, que creo no tenés nada que ver...

Ame´s slight return

jueves, 1 de abril de 2010

El problema era explicarselo al policía...

La acción era simple, Jorge debía dejar el paquete en el buzón mientras yo aguardaba con el auto. Ahora, esto de los deliverys hace años dejó de ser simple:

Para variar, la noche que elegí para dejar el paquete, llovió.

Además, como aún no había arreglado el auto por completo, el motor recalentaba, entonces cuando agarramos la ruta estaba que ardía. Al salir de la autopista lo paré, le puse más agua. Evidentemente tiene una pérdida.

Bueno, y la casa. Desde aquella vez post-drogado que decidí entregar los mensajes en completamente limpio y sobrio. Tardé poco tiempo en flexibilizar la ley seca, que ahora hace juego bonito bonito con los controles de alcoholemia.

Jorge: No te preocupes, que acá el borracho soy yo.

Es tan difícil mantenerse en el anonimato estos días. Bah, en realidad, no creo que sea difícil, sino que yo precisamente no soy bueno para ello. Digo, no debe ser tan jodido idear un mecanismo para...

Cuando llegamos llovía bastante. Tuvimos que aguardar un rato, hasta que la cosa aflojara. Jorge se puso a contarme algo de un viaje que hizo a Corrientes. Había ido sólo por un día, en busca de una leña para hacer un cordero. Le había dicho que esa leña se conseguía únicamente allí, y que el sabor que le dejaba a la carne era espectacular.

Jim: ¿Y? ¿Al final cómo salió el cordero?

Genial. ¿Qué me iba a decir? ¿Que se había ido hasta Corrientes con la camioneta, cruzado un laguito en una balsa hecha mierda, encontrado un localcito en la loma del ojete donde tenían la leña, y que al final el cordero estaba mal?

Jim: Fijate.

Jorge salió del auto. Aún llovía, pero ambos teníamos ganas de deshacernos de esto -en realidad, de llevar acabo la "tarea" de forma prolija y lúdica-.

Encima estaba el perro ese de miércoles que tiene ella, que ladra a todos y a todo. Jorge miró, se asomó, dio caminó un poco frente a la entrada de la casa. Yo pensé que lo iban a ver, le hice señas de que venga. Además, como suele ocurrirme, el garitero miraba, encaró para acercarse. Ahí simplemente pensé que Jorge debía quedarse ahí y yo tenía que reestructurar la lógica de estas cosas, porque los riesgos eran menos inocentes de lo que nos dabamos cuenta.

El garitero venía y entonces Jorge volvió al auto. Tomó el paquete y lo tiró en alguna parte del jardín. En menos de cinco segundos nos estabamos dando a la fuga de un garitero que venía caminando pancho con una linterna y lejos de habernos afanado algo, habíamos perdido algo.

Fue pasando unas siete cuadras que un patrullero nos detuvo. Según le habían dicho al agente, había unos tipos merodeando en un Gol. Y nosotros estábamos en un Gol. El tema era explicarle al cana que somos tipos normales y que el tema de Jorge con olor a vodka es sólo eventual.

"¿Qué hacen por acá muchachos?", preguntaba el uniformado. "¿Anduvieron fumando?", me preguntó. Contesté que yo era alérgico, respuesta bastante pelotuda pero la dije con una espontaneidad que pasó como piña.

Felipe decía que no estábamos haciendo nada. Yo apliqué la tergiversación de la verdad: "estamos yendo a lo de un amigo de por acá. Si quiere puede escoltarnos y va a ver que nos esperan". "Y estamos tarde", acotó Jorge, fuera de estado.

- ¿Abren el baúl, muchachos? - el otro cana said.

No había nada, claro. Aunque que encontraran una reposera de playa de hace años ahí toda hecha percha me dio vergüencita. Teníamos un par de botellas en el asiento trasero, pero nada llamativo.

- Tu amigo no está como para seguir, me parece - dijo el poli-. ¿Van a seguir tomando?

- No se preocupe que el no maneja. Le quitaron la camioneta la última vez, tuvo que ir a buscarla a campana. Por lo demás, únicamente pasamos por la zona de camino a la calle Pridiliano Pueyrredón, Martínez, pues concurrimos a juntarnos con unos amigos.

Se ve que mi cara de tipo inocente e inofensivo terminó de convencer a ambos polis. En verdad tampoco tenían ganas de detener a nadie, y menos cuando no había pasado nada, ¿verdad?

Seguramente en los días siguientes reforzaron la vigilancia en la cuadra, alegando que un intento de robo había tenido lugar, o que se estaba planificando algún golpe. Y nosotros de ahí que sólo de ahí nos fuimos a una perdición, como odio San Isidro. Jorge terminó derrapando de temprano. Yo tuve que aguantarlo en avenida Libertador a altas horas de la madrugada, cuando lo convencí de que se recueste en el auto y duerma, mientras yo me perdía por ahí un rato.

Cuando quise arrancar el auto, estaba palmado. Volví el colectivo a casa.

El especialista

martes, 30 de marzo de 2010

[Otro borrador perdido:]

I
A las 10.33 del sábado Allen abrió sus ojos. Llevaba dormido tan solo unas tres horas. La noche anterior ni siquiera había dormido en casa. Todo era para el olvido. El sabor del café se le vino a la mente. "Ahora sí que soy un especialista, beibi", pensó.

La noche anterior no había transcurrido nada, pero no había podido dormir debido a los efectos de la ooootra noche anterior. A saber:

II
Hubiera querido quedarme callado, pero tengo un muy mal hábito de opinar cuando no me incumbe, como si pudiera tener alguna respuesta sobre esto. En principio, cuando me enteré de que Orlando traía a Lyla, la cosa me olió mal, pues el hecho de que viniera Ludmila complicaba la situación un tanto.

Somos grandes, ¿no? Ya no hacemos esas cosas como transmitir por fm o pegarle un cross al otro muchacho porque se lo merece, ¿verdad? Es increible lo que puede golpear una persona enojada, es increible cómo nos cobran doce pesos un porrón que vale tres. "¿Qué tiene de increible? - respondía con una pregunta Paliers-. Es el simple modelo de acumulación capitalista."

El cumple de Luna estaba lleno de obviedades, entre ellas, Lyla (y Orlando) y Ludmila y Lisa. Cuando Lisa vio a Allen creo que sentí congelarse la habitación.

- No tengo más problemas allí - dijo Allen-. Acordamos cortar comunicaciones.

- Ah, ese método es usual en vos, ¿no? - observé.

Como si a mi realmente me interesara lo que a él le pasaba con Lisa. Pero el frío que hacía, tan de repente, era ineludible. Ahora, jamás imaginé que...

III
... Ludi iba a entrar tan triunfal al lugar. Creo que todos nos quedamos mirándola un poco, olvidándonos de quién se trataba. Vestido negro, zapatos, tenía la figura esculpida, vestida para matar. No recuerdo precisamente en qué circunstancias pero terminamos en tequilazo y luego... reímos. Ella me comentó que:

-Ese tal Paliers es el personaje. Fue el que le firmó como "Pooh, Winnie The", "González, Yuyito", "Cop, Robo". Veinte minutos antes de comenzar la clase nos tuvo diciéndo que no podía ser, que esto era una facultad y que no se hacen esas cosas.

Efectivamente. Paliers se había egresado de la misma carrera que Ludmila. Cuando ese sujeto llegó, se quedaron hablando largo y tendido... de la maldita facultad. Ludi felicitándolo por su título recién adquirido, Paliers ingiriendo vodka con jugo de naranja.

De tanto en tanto creo que Orlando relojeaba a ver en qué andaba Ludmila. Pero no podía relojear de más porque sino Ly se le iba a enojar. Entonces creo ella que charlaba con Lisa, que no me podía ni ver, así que intenté deshacerme de mi mismo un rato y dejarlos a los dos con su charla. Encontré a Bob.

- ¿Cuánto crees que tarda la rehabilitación?

Bob emitió su análisis clínico exhaustivo de cinco segundos:

- No te lo recomiendo. Ya fue, no vale la pena jugar. Por otro lado, tengo que decir que me parece bien lo que hiciste, que te demostraste fuerte. Pero ahora estás casi afuera, ¿para qué volver?

Paliers lo dijo, y le creo. Esto no va a ocurrir seguido. Eso le dije a Bob, que me dijo "pero siempre hay una excusa, entonces lo excepcional se vuelve recurrente". Me dijo que no dejara que las puntas de los cables se tocaran. Ya lo sé, cortocircuito.

IV
- Mirá, creo que por tu chistecito de Campolongo ahora el tipo toma lista justo antes de terminar la clase. Creo que sos responsable, Paliers.

- Ja! No creo sea para tanto. Pero en tal caso, corazón, te presto mis resúmenes auráticos. Todos los que estudiamos de allí aprobamos de primera.

Por la puerta del baño Paliers pudo percibir algo de quilombo. Básicamente eso cortó todo lo que Ludi y Paliers tenían para decirse. Allen discutía con un tipo bastante alterado. Seguridad se aproximaba, y...

- Simplemente un idiota - dijo Allen-. Se estaba echando una línea en el baño y porque yo lo empujo sin querer se le fue todo a la mierda. Se ponen así, con su maldita abstinencia.

- Y lo que le habrá salido la merca - acotó Paliers-.

Para cuando llegaron los de seguridad estaban sobre nosotros, Allen improvisó: el muchacho está con un ataque de claustrofobia.

Efectivamente, parecía un tanto alterado. Efectivamente, pero estaba lo suficientemente lúcido como para saber que no tenía que decir "me tiró la línea de cocaína a la mierda". Pero estaba en pausa. Pero algo entendía. Pero no podría hacer demasiado. Allen se mantuvo sereno, quería que rajen al tipo y le dejen de romper las pelotas. El tipo no podía manejarla, estaba en pausa, se daba cuenta de que no podía putear más a Allen, pero su respiración era la de un búfalo. Su pelada transpiraba, se le había caído un billete de dos pesos al piso, todo mojado. Era evidente para los de seguridad que este especimen había iniciado la gresca.

-¿Mmmm? - dijo Allen-. Volvamos a la barra.

Pensé que Orlando intentaría bloquear cualquier intento de que el diálogo Ludi-Paliers prosiguiera, pero lo vi tranquilo. Allen por su cuenta estaba cuasi borracho y en algún momento de la noche estoy seguro terminó mandándose mensajes con Paula, lo cual le hubiera molestado a Paliers que daba calambre.

- Mirá quién apareció - dijo Ly ver falsamente por primera vez a Ludi-. ¿Cómo andás loquita?

Entonces teníamos una trinidad: Ly, Ludi & Lisa. Las tres L. Ludi, you know. Ly, a police girl. Lisa, parece que había pegado onda con un pibe, sobre el que ninguno reparó. Fue en algún momento de la noche que una amiga de Luna terminó hablando con Allen, y...

V
Comenzamos hablando de boludeces varias, como que la camarera llevaba esos zapatos de goma con agujeros que son horribles. Y terminé contando cómo la única vez que me gané algo, fueron unos de esos, los que terminé regalando a Verónica para que se los regale a su abuelo. Cuento irrelevante, pero le pareció gracioso a ella.

Ella era una mujer inteligente. Cuando me dijo a qué se dedicaba pensé que mis temas de conversación serían limitados, pero resulta que nos llevabamos bárbaro. De hecho, hasta sincronizados, pues mientras yo leía Divertimento ella leía Rayuela, lo que nos hizo perdernos levemente en el universo cortazariano. Le pregunté si quería cerveza, pero accedió a una Sprite.

Problablemente Orlando se rió cuando pasó por al lado nuestro y escuchó una conversación sobre Castoriadis. Lo vi voltearse para mirarme y que sus ojos me dijeran "qué hijo de puta". Pero de tanta charla, ella me sacó a bailar, no sin que yo me resistiera un poco. Me resistí porque soy mal danzante, no porque no quisiera.

- Vamos - dictamnó ella con una sonrisa mientras me llevaba.

Luego de un par de pasos creo que terminé soltándome más. Por algún motivo me preocupaba la proximidad de Lisa, pero hacía rato que no la veía. Quizás...

Entonces ella y yo bailamos música que ya no recuerdo, que jamás me importó. Opté por hacerme el divertido, omitir mis usuales quejas al respecto. En algún momento que no logro precisar ella yo la tomé de la cintura, mientras ella me abrazó un poco.

- El lenguaje corporal - dijo ella-, no es tan malo como crees.

Recién ahí le pregunté cómo se llamaba. El juego: termina con O. No lo pude sacar. Seguimos bailando y perdí la concentración con este asunto, pues no me venía a la cabeza ningún nombre femenino terminado en O. Sabía que ella vivía cerca del lugar, hasta sabía que tenía dos hermanos y que le gustaba el reggae, aunque "escuchaba de todo". Pero no podía ponerle nombre aún.

¿De dónde sacó esa observación pontiana?, pensé. Y cómo ella me sonreía. Pero continuabamos bailando al ritmo de cualquier cosa, cuando ella me alejó del resto, quería perderse entre cualquier multitud, sin reconocer ningún rostro.

- Creo que sería un buen momento para que nos dieramos un beso - me dijo al oído.

VI
Me desperté súbitamente, como ocurre cada vez que no duermo en mi cama. Ella me abrazaba sonriente, quizás hubiera tenido un sueño lindo. La acaricié, inmediatamente sentí mi necesidad de café, mis papilas gustativas recordaron ese sabor como si se tratara de un recuerdo melancólico. ¿Tendría ella café aquí? No quiero nada de instantáneos, por favor.

[Y bla bla bla bla... here]

El desorden

[Fecha original: 27 de septiembre 09. Con algo de info retocada, y hay una leve mezcla de personajes.]

Ingresa Jim Bentham por la derecha del escenario. Cabizbajo, no presta atención a lo que lo rodea. Al pasar la mitad del escenario se detiene, piensa un tanto, mira al público. Recién luego de una leve inspección al vacío, comenzará a hablar:

Bentham: Básicamente los silencios son una forma de comunicar, porque como debieramos saber todos a esta altura, entre dos seres la nada no existe. Hay ocasiones en las que nos significamos a nosotros mismos de forma muy traicionera.

Será preciso que el escenario esté inundado de oscuridad, salvo por el spot de luz que cae sobre Jim. El mismo irá haciéndose más grande, para poder iluminar la aproximación del resto de sus interlocutores.

Bentham: Si estoy aquí parado ahora, es porque decidicamente el autor no ha encontrado el espacio en su imaginación para disponer de los relatos que debieran seguir. Es decir, tenemos a una serie de pelandrunes intentando ensayar, sobre todo a dos de ellos rememorando sus peleas. Eso iba a ser escrito en el Rehearsal Dairy II, pero está ahí, lo han dejado en borrador.

Una breve pausa aniquila el monólogo, pero sólo en apariencia. A Bentham no le importa si es escuchado, simplemente asume que sus interlocutores están interesados en...

Bentham: No sólo eso, sino más importante, el autor tiene la obligación de explicarnos a todos - a mí inclusive - cómo acordó Allen encontrarse con Rocío. ¿No es esto una incoherencia por parte del personaje? Más aún, cabe cuestionarse la calidad del relato sobre tal episodio. Lo peor, no sabemos cómo iniciose esa peripecia, ya que no ha sido escrita áun al menos. ¿Rocío inventó qué dinamita? ¿Allen qué espera de todo esto?

Ingresa Valeria al escenario. Un tanto enojada quizás, otro tanto ansiosa. El circulo de luz que ha ido creciendo sobre Bentham, puede alojarlos a ambos.

Valeria: Eso no debería ocurrir. Evidentemente debe ser un error del autor.

Bentham: Así lo opino, pero, vamos a los tantos. Para escribir se precisa material, y el material procede de nuestra existencia, reelaborado por nuestra imaginación. El cuerpo es nuestro punto de anclaje en el mundo, dijo Merleau-Pónty, una cita obligada. Tomar otra decisión será una estúpida traición...

Valeria (interrumpiendo): Como sea. Por otro lado creo que tengo yo también posts pendientes.

Bentham: Efectivamente. De hecho, estamos hablando ahora porque lo que iba a decirse de ti, no será dicho. A modo de adelanto, se supone que estás saliendo con alguien. Pero aún no lo hemos relatado, claro.

Valeria: Upppsss. ¿Con quién? Ahora quiero saber.

Bentham ignorará a Valeria para retomar su monólogo. Ella se quedará al lado de él, escuchando atentamente.

Bentham: Las temporalidades están un tanto afectadas. De hecho, este post fue iniciado hace dos meses, y dejado en borrador. "El Espacio" también sufrió un desmán similar, pero de un mes. Todo por... ¿ideas inconclusas? ¿La salud de Gregor? ¿Vos Valeria, te portaste como te portaste? ¿Y Verónica logró desubicar los espacios sentimentales? Ninguno de estos hechos es determinante, hay respuestas parciales pero nadie está interesado en escucharlas, y menos en desarrollarlas.

Valeria: Por otro lado tiene que explicar una serie de frases, como aquel mensaje que me llegó a las tres de la mañana: "La razón nos da los elementos para la creación con la condición de que los utilicemos contra ella misma", es una.

Bentham asiente. Ingresa Deleuze para intervenir. El círculo de luz ahora es lo suficientemente grande para iluminarlos a los tres. Arastra un pequeño pizzarón.

Deleuze: También se pensó en algún momento diagramar una explicación de todo esto. El entramado de relaciones hasta aquí parece demasiado, es poco creíble, nada sostenible, hace agua. Supongamos.

Deleuze comienza a dibujar. Bentham observa, mientras Valeria se ve interesada en ese "diagrama".

Deleuze: Se supone que Day y Allen ya no salen más hace tiempo, pero sorpresivamente, mantienen un diálogo entrecortado. Day encima es parienta de Bob, -como si se tratara de Bella y Barthes- con quien Allen mantiene últimamente demasiadas conversaciones sobre medicina y mujeres.

Bentham: Epa, ni que fuera ginecólogo.

Valeria pone cara de "¿qué dijiste, pelotudo?". Deleuze se detiene para mirar serio a Bentham. Hace un gesto mofándose y continúa:

Deleuze: Valeria salió con Allen en dos épocas, quedando ambas anuladas por offside. Y creo que a esta altura... ¿te acordás de Meri? Bueno, algo parecido lo que pasa es que... En realidad Meri se parece más a Verónica.

En el pizarrón hay un dibujo de un hombrecito, hecho con palitos. A su alrededor Gilles ha dibujado tres mujeres con palitos -se distinguen por el triangulito que hace de pollera-. Bentham observa el diagrama.

Bentham: De ninguna manera, Meri no es rubia.

Valeria: Eso no es lo que importa, estás perdiendo el punto.

Bentham: Y yo sé que en verdad querés ubicar más lejos a otra, por la época.

Deleuze: Con toda efectividad.

Dibuja una tercer mujer, más lejos. Se trata de Guillermina.

Deleuze: Los kilómetros hasta aquí, kilometros, Valery. Esto también aplicará a Bataille, como se verá en el futuro.(*)

Valeria: No la conozco pero la verdad es que no me gusta ella.

Ingresa Antonella Chejov, caminando decidida y firme.

Antonella: Sé que no cambiaré nada pero mis acotaciones siguen siendo las mismas. Allen y Guillermine need a talk. Pero es un problema porque ella se aproxima demasiado suelta y él mantiene esa posición ridícula de silencio. Ambos dos tienen una conjugación trunca.

Deleuze y Bentham miran a Chejov, quien sostiene su mirada ante ellos. Valery se está aburriendo, es ella la única del elenco anterior que permanece en escena.

Ingresa Felipe, bebiendo vodka de un vaso y con una botella de Smirnoff.

Felipe: No pude evitar escuchar. Mirá, estás omitiendo a Day de forma grosera. Gilles, no seas gil. Giles en plural, o como sea.

Le arrebata la tiza (puede ser un marcador) con el que Deleuze dibujó en el pizarrón, y dibuja a Day (escribe a su lado, "Daytona").

Bentham: En definitiva, si hemos de ir a los tantos, a Day jamás le gusto todo el mundo circundante a Allen.

Valeria: Dicen que soy paranóica pero cada vez que me acercaba a hablar con Allen, Day aparecía a los dos segundos como si estuviera cuidando.

Deleuze: La intuición de que algo había pasado, querida Valery. En fin, continuo: el tema Rocío aún así será sepultado. Con vos, querida Val, Allen ya no tiene tanto que hablar. Ahora, de seguir en la tira el personaje de Paula tendría un valor similar al que tuvo Luna en los inicios. Pero bien sabemos que Paula es reemplazada, al menos parcialmente por...

Antonella mira al escenario, mira a cualquier punto. No está prestando atención, probablemente halló en cualquier lado de la sala algo más interesante sobre qué concentrarse.

Felipe dibuja un tipito: Bataille. A una chica: Sontag. Traza una línea punteada que los une. Tacha a la chica.

Felipe: Ya fue.

Bentham: Pero en ese caso habría que dibujar toda una serie de paralelos. Por ejemplo Orlando con Ly, y varios puntos de fuga.

Deleuze se ríe.

Bentham: Y además de que Bob se trae algo. Pero de eso se hablará bastante después, y con otros nombres y palabras, con una convergencia de escenarios y una total vaguedad con respecto a las referencias temporales. Los años convergen en páginas, entre letras, se.

Valeria: Pero toda esta discusión no aporta nada. O sea, no entiendo un carajo. Y ni siquiera tengo un adelanto de lo que pasará.

Felipe: Bah, tanto mejor. Ni me lo digan. Y ahora que lo pienso, hay una inversión de roles. Piensen: Bataille con Sontag, el imbécil con la chica inteligente. Y la inversa: Barthes con la Rusa. A todo esto jamás se aclaró demasiado de esto último (**)

Felipe vuelca un poco de su Smirnoff. Se calla, como si estuviera de luto por haber derrochado el precioso líquido.

Deleuze: Sobre la crisis de predicciones, sobre ese racionalismo exponencial, se supone rezarán los próximos post, con la inclusión de Rousseau. Pero esa es otra historia, ¿No Jimmy?

Bentham afirma, sin querer ser muy demostrativo al respecto. Val lo mira, queriendo comprender de quién hablan, pero simplemente nadie dice nada más. Chejov pregunta espontáneamente:

Antonella: ¿Qué se sabe de Lola? ¿Sabían que desapareció?

Bentham y Deleuze ríen. Felipe también. Valeria se retira frustrada del escenario, pues no ha sacado nada en concreto. Antonella mira cómo los otros tres sujetos se ríen mientras las luces bajan. La escena se pierde en la oscuridad.

--
(*): Sobre el caso de Bataille, hay un post a tal fin ya. Cuando se escribió originalmente este post se suponía que aún el cruce entre Sontag y Jorge estaba por ocurrir. El post data del 23 de diciembre de 2009.

(**): Ese post jamás se publicó. En el mismo se relataba la conversación en el auto entre Bentham, Chejov y Barthes, al respecto de lo sucedido esa misma noche con la Rusa.

Saraza

- No creo que te haya contestado "saraza" -dijo Antonella mientras tomaba un libro de Sartre de mi mesa del living-. ¿Vos lees esto por divertimento? Con razón no te relajás.

- Ya sé. No digo que su "saraza" sea una ficción, sino que utilizó un argumento existente para despacharme. "Ya quedé en ir a verla con una amiga". ¿De por vida se va a ver con la amiga?

- No estoy tan de acuerdo. Ya va a aparecer, vos dejala. Let her be -repasó algunas páginas del libro, pero lo dejó rápidamente por evidente falta de interés-.

- Seamos analíticos al respecto: si realmente quisiera salir nuevamente me hubiera dicho que esta semana no pero la siguiente. Digamos... creo... sostengo. Ergo, evidentemente trata de deshacerse de mi.

Antonella puso cara. La mente complotista. Las distancias entre el hombre y la mujer. Lo que ellas piensan y ellos no comprenden. Lo que ellos sienten y ellas ni se imaginan. Y todo eso mezclado en pequeños dramas, mini novelitas de menor o mayor tenor circunstancial. Y Jim Bentham se preguntaba por qué demonios se había metido con otra racionalista.

- ¿Sabés qué? No quiero hablar más de ella, olvidémosla - dijo Bentham-. ¿Cómo va tu búsqueda laboral?

Anto se prestó a seguirle la corriente a Jim. Contestó que no lograba decidirse entre tres puestos, porque uno era de ocho horas, el otro era lejos y el otro no le gustaba el ambiente de la oficina.

- A bueno, qué problemitas eee - contestó Bentham riéndose.

- Bueno, no es fácil - dijo Antonella mientras tomaba el libro de Sartre nuevamente, sólo para jugar con sus páginas-. Vos viste que en una de esas...

Un mensaje arribó al celular de Bentham: "Hey, preciso que me expliques cómo configurar la seguridad de mi Facebook. Me dejaste paranóica! jajja". Pareciera que Jackie esperaba a que Jim despejara su mente de ella, y así intervenir nuevamente. La teoría benthamista dice Rousseau aguarda a que Bentham baje la guardia, que percibe sus ansiedades y aguarda a que se discipen.

- ¡Hija de puta! Jacqueline Rousseau, eres adorable pero pienso que tienes la mente de una macabra estratega.

Antonella le puso cara de "viste viste, te dije te cagué yo tengo razón y vos no". Bentham le mostró el mensaje.

- Bueno. Good. ¿Así que la dejaste paranóica? Ok, primera cuestión: son dos letraditos ustedes. La próxima vez que salgan no hablen de la puta facultad. No te digo que eviten los libros porque no lo van a lograr, pero yo qué sé, algo más.

- ¿No se supone que vamos a dejar de hablar de Jackie? Justo cuando nos encaminamos a dejar el tema aparece la guacha. Convengamos en que es una muchacha rara.

Antonella hizo ademán de continuar su teoría sobre la mente de Rousseau, pero Bentham alegó que era mejor continuar hablando de cualquier otra cosa. Entonces continuaron con divagues sobre las relaciones hombres/mujeres, en las que Bentham tomaba nota y Rousseau recapitulaba cosas como "aah, ok, entonces eso a un tipo lo pone mala onda".

- Anto, extrañaba nuestras conversaciones de los martes.